Cinco años después

Minerva miró la invitación con un gesto que podía ser tanto asombro cómo felicidad.

No dudó ni un instante y envió su aceptación de inmediato.

Ya sabía cuál sería su regalo de bodas. En realidad, el proyecto había sido tan exitoso, que un comité estudiantil había pasado una propuesta acerca de la desintegración de los espacios físicos entre casas. Y realmente, aunque no le parecía del todo una mala idea, todavía tendrían que mejorar la propuesta en algunos puntos prácticos antes de que ella pudiera reunirse con el comité de profesores y de padres para discutirla.

Hogwarts prácticamente se estaba convirtiendo en un refugio para animales, pues ese proyecto no solo se había llevado a cabo con lechuzas, sino también con un nido de pixies que encontraron abandonado en el bosque prohibido, algunos escarbatos cuya madre se había comido un dragón, unos huevos de salamandras que un estudiante había encontrado durante sus vacaciones a un área rural de Europa, y hasta camadas de gatos y perros que sobre todo los estudiantes nacidos de muggles o mestizos, encontraban (o directamente buscaban y rescataban de las calles y de los refugios muggles, aun cuando no fuera su año del proyecto de unidad de las casas).

Los casos más extremos habían sido el de una mitad acromántula que era discriminada en el bosque prohibido por ser parte tarántula amazónica (a saber cómo había llegado hasta el bosque prohibido), y un hipocampo que tenía problemas en su aletas y cola, por lo que no podía nadar demasiado, ni demasiado rápido. En estas ocasiones los estudiantes a cargo habían sido cuidadosamente escogidos y habían tenido la supervisión de tanto Hagrid, cómo Lana, que ahora era profesora a tiempo parcial y los acompañaba tres días a la semana y en emergencias. La cantidad de animalitos en Hogwarts había desbordado a Hagrid.

Algunos alumnos se encariñaban tanto que se llevaban a sus animalitos del proyecto a casa, otros continuaban con un proceso de reintegración a la vida silvestre en reservas, y otros tantos eran anunciados al mundo mágico para su adopción.

Las lechuzas solían empezar a trabajar tanto como para Hogwarts cómo para el servicio británico mágico de envíos, o compañías privadas, si los estudiantes no los llevaban consigo.

Y es por eso que la directora estaba segura de que Hogwarts no echaría tanto de menos a una lechuza en particular.

Por supuesto que Minerva había comprado también un juego de plumas y papel de lo más elegante que probablemente serían la reserva de un año para los dos, pero no le cabía duda de que los novios se alegrarían mucho más al ver que tendrían a Hestia de vuelta cómo regalo de bodas.

En su interior, Minerva pensaba que ellos debieron quedarse con Hestia tan pronto como Crookshanks le había informado acerca de lo ocurrido en la biblioteca.

Otra sonrisa arrugada se extendió por su boca contra su voluntad.

Merlín, realmente esperaba poder disimularlo durante la boda.


Y si bien a Harry le extrañó que Hermione le pidiera poder llevar a Crookshanks a la boda, no le dedicó un segundo pensamiento durante el gran día hasta ese momento. La verdad es que en general era un animal bastante decente.

Y si Hermione se sorprendió cuando la directora McGonagall le realizó aquella petición, la verdad es que la respetaba demasiado como para cuestionarla o negarse.

Unas cuantas personas exclamaron sorprendidas cuando un gran gato amarillento y bastante desaliñado se lanzó sobre Charlie Weasley y empezó a gruñirle a cualquiera que intentara separarlo de él. Pero todo volvió a la normalidad cuando una señorita bastante alta y elegante se acercó a ayudarle.

—Ya me encargo yo, no te preocupes. Trabajo con bestias mucho más amenazantes que esta.

—La verdad no está tan mal, no tiene las garras tan clavadas. Si tan solo pudieras…

—Mira, ya ha dejado de gruñir. Ven conmigo pequeño… eso es. Vaya que garras tan saludables. Definitivamente tengo que enseñarte a mi hermano, le encantarás.

Charlie se enderezó. La chica sonreía con el gato de su cuñada en brazos, tenía hoyuelos. A Charlie le pareció tan adorable como el gato y se olvidó de que su camisa ahora estaba arruinada.

—Charlie Weasley, un placer.

La chica hizo una pequeña reverencia porque no parecía dispuesta a dejar ir a Crookshanks y necesitaba ambos brazos para cargarlo.

Crookshanks empezó a ronronear.

Y si Minerva Macgonagall tomó unos cuantos tragos de champaña de más para ocultar su sonrisa, nadie más que ella y otro felino conocían la razón.

Según su cuenta, esa era la sexta vez que sonreía por la misma razón en los últimos años.


¿Alguna idea de otra pareja víctima de Crookshanks? Dejen sus teorías.

Gracias por leer, espero que les gustara. Aparte de comentarios y Kudos, también recibo postulaciones para ser BETA de otro Drarry.