El error

Severus Snape estaba en una esquina de la sala de estar apartado del resto, tratando de pasar desapercibido. Hubiera preferido no estar ahí. Lamentablemente esa opción había estado fuera de la ecuación desde el principio. Así que ahí estaba, haciendo acto de presencia y tratando de pasar inadvertido entre todas aquellas personas ruidosas y encantadoras hasta el hartazgo.

Tras varios intentos fallidos de los asistentes por entablar conversación con él, al final la mayoría habían desistido. De vez en cuando alguno todavía trataba de integrarlo en alguna de las conversaciones, pero rápidamente abandonaban la idea. No era un hombre dado a las tertulias.

En su mano aun seguía la misma copa de vino de hacía un par de horas. Se limitaba a sujetarla sin más y a cambiarla de una mano a otra por mero entretenimiento; porque el pasatiempo alternativo (aunque más divertido desde su punto de vista) no era tan inocuo. Una pena… Estaba seguro que lanzar maleficios y hechizos a la mayoría de los presentes sería mucho más gratificante que sujetar aquella copa de cristal de una mano a otra.

En ese punto muerto estaba.

Atrapado en la madriguera aquella dichosa Navidad.

Tenía mejores cosas que hacer que estar ahí. Golpearse la cabeza contra una pared era infinitamente mejor que pasar por aquello. En ocasiones normales usaría como ejemplo al inútil de Longbottom o el descerebrado cabeza de chorlito de Weasley. Como:

Preferiría darle clases al inútil de Longbottom que estar ahí.

O…

Preferiría compartir la cama con el zanahorio de Weasley antes que estar ahí.

En este caso esos ejemplos no eran válidos, pues a su derecha a pocos metros se hallaba Longbottom y a su izquierda, en la misma sala, el mocoso de Weasley. Desde luego hubiera preferido que Bellatrix lo usara como juguete sexual a estar en esa estancia con los estúpidos de sus alumnos.

Y para mejorar la situación, esos dos no estaban solos. Potter también hacia acto de presencia junto a su insoportable e insufrible sabelotodo amiga, Hermione Granger y varios miembros de la orden incluyendo a la familia Weasley al completo.

No podía estar más feliz.

Voldemort se hacía cada día más fuerte, su papel cómo doble espía era cada vez más importante y extenuante, la presión que ejercía Albus sobre él era cada vez más insoportable y él, con cincuenta mil mejores cosas que hacer, estaba ahí de "fiesta" navideña.

Había intentado por todos los medios zafarse de aquello. Había mentido diciendo que tenía misiones que hacer, pociones que realizar e incluso reuniones de Mortífagos a las que asistir… La excusa hubiera servido para la Orden, nadie lo cuestionaba; pero no para el estrafalario y extravagante director de Hogwarts. Lo había arrastrado a aquella cena de Navidad y luego había tenido la desfachatez de excusarse diciendo que estaba mayor para esas fiestas, y lo había dejado allí tirado, cómo un vulgar títere.

Lo odiaba. Cada vez lo odiaba mas, odio genuino y visceral.

Aunque claro estaba, Albus lo sabía y le daba exactamente igual, porque sabía que por encima de su odio, estaba su sentido del deber. Y así había sido los últimos 16 años.

Lo único medianamente interesante de aquella situación era observarlos en la distancia. Era como ver una documental muggle sobre animales. Sólo que en vivo y en directo.

Su conclusión era simple: todos eran unos hipócritas y unos mezquinos.

Fingían que todo estaba bien cuando sabían de sobra que no lo estaban. Forzaban sus sonrisas de conformidad, sus conversaciones casuales, sus comentarios divertidos y sus gestos de afecto. Todos seguían un papel preestablecido. Y luego era él el actor. Hipocresía.

Molly sonreía a todo el mundo, y ejercía de anfitriona colocando copas llenas y bollos dulces en las manos de cualquier que estuviera ocioso. Arthur entretenía con historias viejas y anécdotas banales, que Lupin se encargaba de validar con algún detalle complementario, normalmente insustancial.

Los mocosos se divertían con sus tonterías, tenían conversaciones triviales, normalmente sobre sus (más bien inexistentes o deprimentes) vidas amorosas. Ya había tenido que evitar varias conversaciones por peligro de que su estómago se declarara en huelga y acabase vomitando en el salón de la madriguera.

Esa fiesta era la hipocresía echa su máxima expresión.

Sus ojos negros viajaron por la sala tratando de distraerse, tratando de pensar en otra cosa que no fueran sus interminables ganas de esfumarse de allí. Pero aun le quedaban varias horas de torturas navideñas.

En el mundo de fantasía Navideña perfecta de la madriguera todos jugaban un papel. O casi todos.

Era imposible no haberse fijado en Granger. La muchacha insufrible que siempre lo sabía todo y que siempre participaba en todo; esta vez estaba bastante ausente. Era la única cuya expresión facial iba acorde a la situación que se les avecinaba encima. Estaba algo mas pálida de lo habitual, sus ojos marrones estaban opacos y lucían unas incipientes ojeras bajo ellos. No es que realmente le importase el estado físico o mental de la insufrible sabelotodo. Pero al menos la chica era la más coherente de todos.

Los minutos se sucedieron lentos y soporíferos, sin embargo, había encontrado algo con lo que soportar aquella tediosa noche.

Contra todo pronóstico, observar los gestos de su alumna estaba resultando curioso, o por lo menos; ligeramente entretenido. Sus movimientos, sus maneras… Había aprendido más de ella en los últimos minutos sólo con un poco de observación, que en 5 años de clases. Era una joven precavida, astuta y calmada que iba más allá de su inteligencia y perfeccionamiento. Rodeada de todas aquellas personas no buscaba la aprobación constante, si no que mantenía el perfil bajo, no era una Gryffindor al uso ¿A qué se debía entonces su altanería en su clase? ¿De dónde venían esas ganas de sobresalir, de ser una sabelotodo insufrible?

Su observación llegó incluso más lejos, pudo apreciar perfectamente el esfuerzo que hacía siempre en segundo plano preocupándose por los demás. ¿Acaso el vago de Potter o el cabeza hueca de Weasley se habían dado cuenta de ello? ¿Alguien de esa maldita casa se había fijado en eso?

Se fijó más en la conversación del grupo en el que estaba ella. Alguien había hecho un comentario y Granger había fruncido los labios; lo hacía cuando algo no le gustaba, sin embargo luego había sonreído de una manera forzada, empleando una sonrisa pequeña e imperceptible. Después vio el discreto toque que ejercía siempre sobre los puños de su blusa. La bruja estaba nerviosa o incómoda por algo que se estaba diciendo, pero aquellas personas que se hacían llamar sus amigas ni se habían percatado de ello. Granger les sonreía y las otras se lo creían. ¿Cómo podían ser tan estúpidas?

En aquel rato que había estado observándola no había perdido detalle de sus pequeños giros de muñeca; eran hechizos no verbales, la mayoría de protección, de ayuda a sus amigos (le había visto conjurar un par de reparos y accios) o simplemente pequeños gestos de confort.

No dejó pasar el pequeño libro de tapa blanda que traía precisamente en unos de los bolsillos traseros de su pantalón y que estaba seguro que llevaba a todos los sitios. Granger la come libros, irónico. Sin embargo estaba seguro de que ella era más que eso. Tener aquel libro de bolsillo ahí le había permitido apreciar varios detalles. ¿Qué clase de persona se llevaba un libro para leer a una fiesta?

Una inteligente, tranquila, reservada y madura, no se comportaba como el resto en ningún aspecto. Siempre parecía buscar la tranquilidad y huir de las aglomeraciones y las fiestas. ¿Por qué iba a tener si no una novela muggle en el bolsillo si no era para leerla durante la velada?

Se dio cuenta de que estaba alerta a todo aunque pareciera lo contrario. Lo sabía, porque la había observado durante un rato y, además, la había visto mirarlo varias veces. Ambos se habían controlado desde que habían entrado en la casa. El juego de miradas de Granger era admirable, casi tanto como el suyo.

Hermione estaba pendiente de él. Pero no sabía porque. No podía decir que no le importase lo que pudiese pensar de él, porque no era del todo cierto. Algo si le importaba; en los últimos minutos se había dado cuenta de que lo que pudiera pensar la joven bruja sobre él le causaba un interés más allá de lo habitual en su persona. ¿Sería odio? ¿Desagrado? ¿Repulsión? ¿Miedo? No, miedo no. Granger no era de las que se dejaban intimidar por él. En algún momento del día tras alguna mirada de refilón, se había planteado lanzarle legeremens un par de veces y averiguar por fin cómo funcionaba ese astuto cerebro Gryffindor y que era lo que tenía esa joven en su cabeza, pero sobretodo… Que pensaba de él. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, sentía aquellos ojos melados observarlo, cómo si intuyera lo que podía ocurrir y al final desistía.

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Con sus gaznates llenos de alcohol y comida, los integrantes de la casa por fin parecían distraerse de la verdadera realidad dispersándose por la casa y los terrenos formando pequeños grupos y conversaciones.

Mejor para él; si la gente estaba ocupada tendía a preocuparse menos de lo que ocurría a su alrededor, lo que le permitía estar tranquilo, en una esquina, contando los minutos hasta que pudiera irse de ahí.

Caminó un poco, en silencio, como si estuviera acechando a una presa o a algunos de sus alumnos, sólo que en esta ocasión no había ninguna presa. Sus pies se detuvieron cuando sin querer oyó una pequeña conversación cerca del gallinero. Era un diálogo suave, estaba claro que querían discreción, intimidad, incluso secretismo. Al menos uno de ellos.

-Sabes… si has venido hasta aquí, lo menos que merezco es un poco de atención.

-Vine hasta aquí para estar con mis amigos y con gente a la que quiero.- Sentenció seria.- No para estar sólo contigo.

-Soy tú…

-¿Eres mi que Ronald?

-Estamos saliendo.- Dijo sin más.

-No, no estamos saliendo.- Le cortó Hermione.

-Nos acostamos juntos.

-Nos hemos acostamos algunas veces.- Remarcó.- Y mira que ocurrió.- Le recordó la bruja.

-Eso fue un error.

-¿Que me quedara embarazada fue un error, o haber tenido sexo sin precauciones fue un error?- Quiso saber. Sus ojos castaños estaban algo opacos, casi fríos, sin embargo su tono de voz era pausado, tranquilo, incluso agradable. Snape abrió ligeramente los ojos sorprendido por el tono que había usado, y sorprendido al escuchar aquello ¿Granger embarazada del inútil de Weasley?

La idea le provocaba nauseas, e incluso cierto resquemor detrás de la garganta. Alguien tan brillante como ella acabando así en las manos de semejante cenutrio. Le hervía la sangre.

-¿Cuál fue el error?- Insistió.

-Ambos.- Confesó Ron.

-¿Y de quien fue?- Preguntó la bruja directamente.- Porque no voy a cargar con una culpa que no es mía.

-Pero ya está arreglado ¿no?- Comentó en voz baja el chico, aunque se notaba que estaba crispado por la situación.

-Lo está.- Su voz se hizo más baja y más serena. No era indiferencia, era seguridad y orgullo.- Pero no por tu ayuda.- Le recordó.- Y ahora, la que tiene que lidiar con las consecuencias de tus errores soy yo.

-Creía que habías…

-Cualquiera de las opciones tenía consecuencias para mi Ron.- Informó más secamente. Weasley no parecía entender nada.- Te veo luego…- Se despidió rápidamente mientras salía de detrás del gallinero. Snape dio unos pasos atrás, escondiéndose en la maleza.

-Buenas noches profesor.- Susurró tranquilamente, Hermione se detuvo y permaneció donde estaba, casi de espaldas a él; en silencio, con las manos escondidas en su abrigo grueso refugiándose del frío.

-Granger.- Saludó escuetamente. Sus ojos se abrieron por la sorpresa de nuevo, aunque era lo suficientemente sutil para que su alumna no se diera cuenta.

-No le voy a preguntar si ha escuchado algo, porque es obvio que si.- Susurró. La templanza que estaba usando la bruja, sin titubeos ni inseguridades, le confirmaron que todas las suposiciones que había hecho de ella esa tarde al observarla eran acertadas y; que todos estos años la había subestimado y encasillado en algo que no era. La actitud Slytherin de ella lo sorprendía. Severus asintió con la cabeza brevemente, confirmándole a la joven que lo había escuchado.

Hermione asintió de nuevo y comenzó a alejarse de allí.

No le interesaba, su vida no le interesaba, lo que Granger hiciera o no, no le interesaba.

-¿Está embarazada?- Masculló entre dientes. Se recriminó su poca discreción y su interés por ella. ¿No se suponía que lo que hiciera ella no le interesaba lo más mínimo?

-No, ya no.- Respondió sin más. Snape asintió de nuevo.

-¿Necesita algo?

La ceja de Hermione se levantó en automático, después agitó la cabeza suevamente tratando de concentrarse.

-Perdone, creo que he escuchado mal.

-Ha escuchado perfectamente.- Siseó impaciente, sus ojos negros habían comenzado a brillar con intensidad bajo la luz de la luna.

-No. Gracias.- Agradeció cortésmente. Snape avanzó hasta su lado, parecía que simplemente era porque Granger estaba en su camino, pero cuando llegó hasta ella se detuvo. El olor de la colonia frutal de la joven sobresalía sobre el olor a pino y nieve de la zona. Por un par de minutos se quedó ahí a su lado en silencio, sintiendo el escrutinio de la bruja sobre él.

Estaban tan cerca que su brazo rozaba suavemente el abrigo de ante de ella. Quería irse de ahí, pero no lo hacía. Sentía una extraña necesidad de…

-Tenga cuidado con lo que hace.- Indicó el profesor.

-Lo tendré en cuenta señor.- Susurró, no había reproche por parte de Hermione, ni molestia por parte de Severus. Parecía simplemente un consejo.

Granger levantó la vista para mirarlo directamente a los ojos. Aquellos pozos negros la examinaban fijamente sin preocuparse de ocultarlo. Hermione respiró con ganas, inhalando el fuerte aroma a hierbas y loción de afeitado de su profesor.

¿Iban a permanecer ahí toda la noche?

A modo de despedida la chica asintió una vez más y se alejó de allí, no para volver al interior de la casa, si no, como él había adivinado horas atrás, para sentarse a resguardo bajo un tronco, sacar el libro que guardaba en el bolsillo y ponerse a leer.

Si, definitivamente Granger no estaba resultando tan insufrible como pensaba, al menos, fuera de la escuela.

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-¡Fred, George!- Gritaron enfadados. Milésimas de segundo más tarde un estruendo hizo temblar la madriguera. Un humo naranja y denso se expandió rápidamente por el salón. Snape entró por la puerta trasera empuñando su varita, odiaba que interrumpieran su lectura. Más les valía que alguien se estuviera muriendo.

-¡George, te dije que no los mezclaras!- Se quejó Fred sacando la varita y tapándose la cara antes de que la casa cobrara vida. El caos inundó el lugar. Los objetos que había sobre la mesa empezaron a revivir, el grifó se movía loco lanzando chorros de agua, los sillones se movían, los relojes chiflaban, las puertas y ventanas se abrían y cerraban, los cuchillos se agitaban en los tocones, las paredes comenzaron a agitarse, las sartenes disparaban huevos fritos y las cucharas lanzaban guisante por los aires, todo en vuelto en aquella niebla naranja.

La orden armada con varitas, comenzaron a defenderse de los objetos domésticos y de la salsa de carne que se abalanzaba contra las caras de los asistentes. Uno de los cuchillos salió disparado hacia la gente, Hermione con gran habilidad lanzó un hechizo bloqueando el movimiento del cubierto y haciendo que este cayera al suelo con un estruendo metálico justo al lado suyo.

-No, ¡tú no Hermione!- Gritó Ron apartándola de todo.

-¿Desde cuándo no puedo ayudar?

-¡Tienes que cuidar tú salud!

-Ron.- Le advirtió.

-¿Por qué iba a tener que cuidar su salud?- Preguntó alguien desde la otra parte mientras se defendía de un montón de revistas.

-¡Por lo del embarazo!- Soltó el pelirrojo. Todo el mundo se quedó callado bajando sus varitas, el grifo siguió lanzando agua, los restos de la cena danzaban sobre sus cabezas y el ponche navideño se paseaba por los muebles como si fuera una especie de animal.

-¿Hermione estás embarazada?- Preguntó Ginny. Granger cogió aire… le esperaba una buena. Le lanzó una mirada reprobatoria a Ronald antes de que la madriguera estallara en preguntas, gritos y reproches.

-Ya está bien.- Habló con calma. Pero todos pedían explicaciones. Molly le preguntaba a ella y Ron, mientras Arthur y el resto de los Weasley le preguntaban solo a Ron. Ginny le decía algo, Remus hablaba con Tonks, Harry los miraba a todos perplejo, confuso y sin saber muy bien que acababa de pasar. El jefe de Slytherin en cambio, estaba en un rincón, con los brazos cruzados y la mirada fija en aquella joven de pelo castaño. – ¡Ya está bien!- Gritó Hermione.

-¿Cómo que está bien?

-Ron te ha dejado embarazada.- Comentó alguien.

-Me dejó, pero ya no lo estoy.- Contestó tratando de zanjar el tema. No era un tipo de conversación para tener delante de toda la Orden. Su vida privada no era motivo de debate colectivo.- Me dejó embarazada porque el hechizo que usó falló. – Explicó brevemente.- No estoy embarazada porque sufrí un aborto tras el accidente que tuve a principios de curso. Cuando fui a la enfermería a hacerme un chequeo ese día me contó que acababa de tener un aborto y que si sabía que había estado embarazada.- Sus palabras eran firmes. Aunque ya no tanto como al principio, volvió a toquetearse los puños de la camisa y Snape se dio cuenta de que estaba incómoda.

Tras la breve explicación, pensó que todo volvería a su cauce. Pero no fue así. Las preguntas volvieron con renovadas fuerzas. Todo era un caos, Ron trataba de dar explicaciones, la gente gritaba, los hechizos de las bromas de los gemelos seguían a sus anchas por la casa con más energía que antes.

En medio del caos una cacerola golpeó a Ronald en la cabeza noqueándolo y dejándolo inconsciente.

-Se acabó.- Snape agarró a uno de los gemelos del brazo con fuerza y lo apartó a un lateral.- ¿Cómo se desactiva?- Preguntó.- ¿Cuál es el hechizo de desactivación?

-No lo sé, era un prototipo, aún estaba en fase de desarrollo.- Se excusó mientras se agachaba para esquivar una escoba y varios cuadros. Snape bufó enfadado, agarró la varita, comenzó a hacer movimientos y a bloquear objetos y comida. Se encontró con Granger en medio de aquel desbarajuste. Se movía con bastante destreza.

-¡Cuidado!- Advirtió alguien. Snape giró la cabeza para ver una silla volar hacia él. Sintió un tirón justo a tiempo de que la silla se hiciera añicos contra la pared que había detrás de él. Trastabilló hasta verse resguardado tras una columna de piedra. Miró hacia abajo sólo para ver a Granger abrazado a él con una mano mientras con la otra blandía la varita y lanzaba hechizos.

Se miraron sin saber que estaba pasando. El pocionista rodeó a la bruja atrayéndola su cuerpo para usar el suyo propio cómo escudo. Hermione quiso protestar. No era una bruja desvalida o débil. Pero tras un segundo se dio cuenta de que la estaba protegiendo por algo más que no lograba comprender. No era por debilidad.

-¡Cuidado!- Gritaron de nuevo. Algo estalló sobre sus cabezas, Snape agachó la cara escondiéndola en el cuello de la joven. Entre el desorden y los gritos, levantó la mirada para ver los ojos de aquella mujer que lo miraban con intensidad.

De repente el silencio volvió a la Madriguera.

Severus hizo el amago de apartarse de ella, per vio como Hermione negaba sutilmente; no quería alejarse de él. El hombre cedió, se quedó ahí con ella sin saber porque accedía a su petición, gruñendo, bufando, mirándola casi con desprecio, pero sin apartarse.

-¿Estáis todos bien?- Preguntó Molly moviéndose por la sala.- ¿Algún herido?- Había algunos cortes, Ron que seguía en el suelo, y mucho caos y cosas rotas, pero parecían todos ilesos.

-¿Hermione?- La llamaron. La joven asomó la cabeza tras el cuerpo del profesor de pociones.

-Estoy bien.- Confirmó tratando de recuperar la respiración. La joven bruja se sintió observada, cómo si no hubiera nada mejor que ver. No sabía porque la miraban tanto. ¿Acaso se había hecho algún corte y no lo veía?- ¿Ocurre algo?- Quiso saber.

-Esperaba que tú nos lo dijeras.- Susurró Molly lentamente. Hermione alzó una ceja para luego mirar hacia arriba, los ojos negros de Snape estaban a pocos centímetros de su cara. Aun estaban abrazados, sin moverse.

-Ah…- Dijo simplemente. Severus la miró durante largos segundos hasta que se enderezó y se apartó un poco, lo justo para no tocarse. El Slytherin gruñó disconforme y se giró solo para fulminar a los presentes. Lupin lo miró curioso, entrecerrando los ojos tratando de averiguar qué pasaba entre esos dos.

-¿Algún problema Lupin? ¿Nunca me habías visto la cara?- Espetó de malos modos mientras devolvía la varita a su sitio.

La madriguera se sumió en el silencio.

Maravilloso. No había nada como un silencio incómodo para animar la situación.

-¡Vosotros dos me vais a matar a disgustos!- Se quejó Molly de repente.- ¡Mirad la que habéis liado! ¿Qué demonios voy a hacer con vosotros?- Ambos agacharon las cabezas, sólo para tratar de disimular la risa que se formaba en sus rostros.

-Será mejor que organicemos esto.- Sugirió Arthur.- Ginny, Harry, vosotros colocar la comida, Fred y George los muebles, Remus por favor.- Lo llamó.- Tú y Tonks los cristales.- Lupin asintió.- Charlie, Molly y yo reforzaremos la estructura, Bill por favor encárgate de la seguridad, y…

-Papá…- Lo llamó Ginny.- Ron sigue en el suelo.

-Ah…- Dijo de repente, estaba claro que se habían olvidado de él. Bastante disgusto les había dado ya con lo de Hermione.- Se me había olvidado.- Soltó por lo bajo.

-Yo me encargo.- Habló rápidamente la castaña.

-Es que…- Titubeó el hombre.

-No estoy embarazada, fue un error, un accidente todo, y fue hace meses. ¡No me pasa nada! No me voy a romper.- Les dijo a todos que la miraban casi con pena.

-Está bien, ve.- Confirmó Molly.- Llévalo a su habitación. Severus…- Lo llamó. Pero no hizo falta nada más. Snape asintió, con un movimiento brusco de varita movió el cuerpo inconsciente del suelo y sin cuidado ninguno lo levitó escaleras arriba.

Nada más llegar a la parte más alta de la casa, el pocionista dejó caer el cuerpo de Ronald sobre la cama sin preocuparse de nada. Su cabeza rebotó contra la almohada golpeándose ligeramente contra el cabecero mientras su mano caía sobre el lateral con fuerza hasta chocar contra el suelo. Hermione le quiso lanzar una mirada reprobatorio, pero Snape bufó molesto ignorándola.

-¿Qué?- Siseó el profesor.- Se merecía que lo dejara caer desde la ventana.- Dijo sin más. La contestación del hombre la asombró. ¿Qué estaba pasando con él?- ¿Esta bien?- Espetó.

-No me voy a romper ¿sabe?- Se quejó.

-Se que no se va a romper.- Gruñó.- Solamente…- Masculló irritado, después bufó y se enderezó.- Buenas noches.- Se despidió bruscamente.

-Espere.- Lo llamó. El ex mortífago se quedó quieto, justo en el umbral de la puerta. No tenía porque quedarse. Pero tampoco tenía que haber aceptado su petición de haberse quedado abrazado a ella antes y lo había aceptado.

Snape resopló irritado y se giró de golpe sólo para tenerla a poco centímetros de él.

-¿No quiere preguntarme nada?

-No me interesa lo que haga con su vida Granger.- Sentenció mordaz. Se miraron a los ojos bajo la luz de la luna que entraba por la ventana de la habitación.- ¿Porque quiere que lo sepa?- Espetó. Hermione no dijo nada, se encogió de hombros y sonrió suavemente.

-No lo sé.- Confesó.

El silencio se hizo entre ambos, sólo interrumpido por el ruido proveniente de abajo y la respiración pausada de Ron.

-¿Weasley?- Preguntó alzando una ceja.- La creía más inteligente.

-Fue sexo, no necesito a alguien inteligente para eso.- Sus palabras sorprendieron al hombre.

-Debería, quizás así sepa usar correctamente un hechizo anticonceptivo.- Le recriminó con sorna.

-Cierto. La próxima vez me aseguraré yo misma.- Admitió.

-Me sorprende Granger.- Siseó casi con burla.

-¿Por qué? ¿Acaso pensaba que era incapaz de acostarme con alguien? Tengo 17 años profesor. ¿Esperaba que fuera virgen hasta el matrimonio? ¿O no creyó que una come libros fuera más que eso? ¿Es eso?- Preguntó con una ceja alzada aunque no estaba molesta.

-No.- Confirmó.- Esperaba que tuviera mejor gusto.- Espetó. Hermione alzó la comisura del labio casi divertida. Estaba teniendo una conversación sobre su vida sexual con Snape. Era surrealista. Se acercó hasta quedar prácticamente pegados, no hizo nada, se quedó ahí, observando cómo las pupilas azabaches del profesor se dilataban de sorpresa. Su rostro impasible era una máscara, pero su respiración ligeramente acelerada lo delataba.- Los hay mejores.- Siseó Snape. Hermione sonrió un poco más, y pasó a su lado con suavidad.

-¿Cómo usted profesor?- Preguntó de repente con una mano sobre su pecho. No esperó respuesta alguna, y sonriendo con satisfacción bajó las escaleras.

¿Era ella, o parecía despertar cierto interés en el profesor Snape?

¿Cuando había ocurrido eso?

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Hermione se acercó al resto para ayudarles a recoger lo poco que quedaba aun sin reparar o colocar. La madriguera estaba casi como siempre. Aunque Molly bufara de vez en cuando los gemelos aun se reían, al igual que Tonks, Bill e incluso Arthur.

-Vais a tener que refinar esa broma hijos.- Sugirió Weasley padre.

-¡Arthur!- Le reprochó Molly.- No les rías las gracias.

-Ha estado gracioso cariño.- Admitió el hombre.- Un poco exagerado, pero gracioso.

-Tú hijo está inconsciente.

-Son cosas de niños.- Comentó quitándole importancia. La mujer negó con la cabeza.

-Hermione.- La saludó.- ¿Qué tal Ron?

-Sobrevivirá.- Siseó con ironía Snape quien acababa de aparecer. Molly no parecía muy contenta por la contestación.- Está inconsciente, pero no es grave.- Indicó despreocupadamente.

-Bueno…- Susurró la matriarca para calmarse.- Mañana le saldrá un buen chichón, quizás sería buena idea darle alguna poción… ¿Hermione, vas a quedarte a dormir?

-Sí, mis padres no me esperan hasta pasado mañana.

-Bien, ¿Entonces porque no llevas a Ron a la habitación de Bill? Está más cerca del baño. Tú puedes quedarte en la cama de Ron.- Sugirió mientras sonreía. Hermione asintió.- Severus podrías darle…

-Por supuesto.- Masculló fríamente.

Snape dio media vuelta y subió rápidamente. Notaba la mirada de la bruja tras él. Pero no le dio importancia. Administró la poción al estúpido de Weasley y lo cambió de habitación. Si hubiera sido por él…

Bueno, ya había dejado claro que lo hubiera tirado por la ventana. Maldito zopenco.

-¿Snape?- Lo llamó, Hermione estaba en la habitación de Ron, mirando por la ventana hacia el cielo. No se giró, ni siquiera sabía si estaba ahí. Cogió aire y se cruzó de brazos, unos segundos después se giró sólo para encontrarse con su profesor delante.

-Granger.- Susurró. Se miraron a los ojos durante lo que pareció una eternidad. Vio como la bruja se mordía el labio, estaba indecisa por algo.

-No me contestó antes…- Comentó suavemente. No tuvo que esperar ninguna respuesta. Oyó un bufido, algo mezcla de enfado y rendición. Severus se acercó a ella, la agarró por el cuello y la besó mientras gruñía contra sus labios. No hizo falta mucho para que Hermione le devolviera el beso. Era extraño, sorpresivo, pero tremendamente excitante. La joven se aferró a su túnica sólo para poder sentir su cuerpo de nuevo contra ella.

Merlín, ¿se estaba besando con Snape?

Los labios de Severus era duros pero cálidos y su aliento la tenía extasiada.

-Si Granger, cómo yo… Yo soy mejor que Weasley.- Afirmó el hombre apartándose unos segundos de ella. Después, con un ansia renovada la abrazó y besó con posesión, empujándola contra una de las paredes.

Sentía su cuerpo delgado y contorneado contra su torso.

¿Qué demonios estaban haciendo?

Se separó de ella a regañadientes. Usando el poco autocontrol que aún le quedaba.

Los labios y mejillas de la bruja estaban sonrojados, su respiración agitada y desacompasada.

-Granger…- Masculló tratando de poner algo de cordura entre ambos.

-No, ahora no se vaya.- Pidió. Snape tenía que irse ya, si no se iba, no iba a poder pararse.

-Esto no está bien.- Gruñó.

-Sólo es sexo profesor.- Recordó tranquilamente.

Snape bufó una última vez antes de agarrarla por las caderas y alzarla en volandas. La besó con mientras sus manos buscaban algo de piel entre su ropa. La empujó de nuevo contra la pared mientras mordisqueaba su cuello y acariciaba unos de sus senos.

-Que cree Granger…- Susurró contra su oreja.- ¿Esto va a ser un error?- Un suave gemido escapó de los labios de la bruja.

-Imposible.- Respondió mientras se abrazaba a su cuello para profundizar las atenciones que recibía en ella. Merlín; era la mejor locura que había hecho nunca.

La excitación era demasiada. Severus la miró directamente a los ojos mientras metía la mano en el interior de sus pantalones y ropa interior. Se deleitó al ver la cara de placer que ponía, cerrando los ojos y mordiéndose el labio. La besó, le mordisqueó el labio, el mentón. Le lamió el cuello desde el lóbulo de la oreja hasta la clavícula, deleitándose en el exquisito olor de su piel. En su textura…

Las manos de Hermione estaban aferradas a su túnica, tratando de no gemir, tratando de controlar los espasmos de placer que aumentaban en su cuerpo. Los dedos de Snape se movían ágiles en su interior. Sabía donde tocar, y como hacerlo.

Definitivamente no era un error. Iba camino de ser el mejor acierto de su vida.

Con las piernas enroscadas alrededor de él sintió su erección rozando su cuerpo.

Miles de estrellas se agolpaba tras sus ojos, su cuerpo se tensó. Snape aumentó la velocidad de sus dedos, Hermione estaba a punto. Un movimiento ágil, unas palabras susurradas y Severus se introdujo en ella. La sorpresa y el placer la cogieron desprevenida haciendo que culminara contra los labios del profesor sólo para acallar el potente gemido que salía de su garganta.

El profesor la besó ansioso, disfrutando de cada uno de los segundos que pasaba con aquella mujer. La tumbó sobre la cama, introduciéndose en ella otra vez con fuerza, con energía. Embistiéndola largamente sólo para ver como aquella deliciosa mujer se retorcía bajo él.

Era incapaz de imaginar como el zanahorio había tenido la suerte de poseerla.

Los gemidos de Hermione se hicieron más fuertes, sus embestidas más profundas. La bruja trató de no gritar, pero el placer que sentía estaba cerca de ser insoportable. Ese hombre era increíble, perfecto. Y era Severus Snape.

Granger sintió una mano taparle la boca al tiempo que salían de ella sólo para introducirse de nuevo con fuerza y rapidez. Hermione cerró los ojos, Snape la sujetó con posesión mientras acababa en ella envuelto en los espasmos de placer del segundo orgasmo de la bruja.

Snape se desplomó sobre su alumna unos segundos, respirando con dificultad contra su cuello, respirando aquel aroma frutal y almizclado por el sudor mientras trataba de recuperar el aliento.

Una suave risa se escuchó en su oído.

-No es el momento de reírse Granger.- Le reprochó fríamente.

-A mi me parece el momento perfecto profesor.- Comentó alegremente. El Slytherin se incorporó rápidamente y se recolocó la ropa un poco arrugada. Ni siquiera se la habían quitado.

-La he subestimado Granger.-Reconoció.

-¿Por qué?- Quiso saber.

-Por todo.- Masculló entre dientes. Un pequeño movimiento de varita fue suficiente para adecentar su aspecto.

Hermione lo imitó, poniéndose de pie, adecentándose el pelo y subiéndose la ropa interior y los pantalones que en algún momento habían sido bajados.

Snape la observó unos segundos, no había arrepentimiento ni dudas en los ojos marrones de la Gryffindor. Ella había tenido razón, había sido sexo. Del mejor que hubiera tenido nunca. Breve, intenso, pasional.

-Quiero que sepa algo.- Comentó Hermione lentamente.- No me acuesto con el primero que veo. Es cierto, sólo es placer, pero no lo hago con cualquiera.

-Lo sé.- Siseó arrastrando las palabras como tan bien sabía hacer.- No hacía falta que lo dijera.- Informó. Hermione asintió, el también. Ambos bajaron las escaleras de vuelta al salón.- Granger…- Susurró casi cuando habían llegado abajo.- Podía haber tenido a cualquier… ¿Porque yo?

-Porque ha sabido ver más en mi en cinco minutos, que otros en toda una vida.- Confesó justo antes de llegar al salón.

-Hermione cariño.- La llamó Molly.- Estabais tardando un poco, ya pensé que había pasado algo. La joven sonrió tranquilamente.

-Le he administrado dos pociones y puesto un pequeño vendaje para evitar la inflamación.- Le respaldó Snape con tono neutro.- Nada grave.

-Perfecto.

Molly volvió a la conversación con el resto de adultos de la orden, seguido por el jefe de Slytherin.

-Con lo que tardaste pensé que te estabas tirando a Snape.- Bromeó Ginny, mientras algunos se reían y otros ponían cara de susto.

-Lo hice, por eso tardamos.- Soltó Hermione siguiendo la broma.

-Muy graciosa.

-Lo sé.- Contestó mientras se sentaba al lado de Harry.

Snape la miró desde el otro lado de la madriguera.

Después de todo, la velada no había sido tan aburrida y si que había acabado en la cama de Ronald Weasley.

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Esto es lo que pasa cuando preguntas según que tipo de cosas.

Alguien dijo en el despacho de Albus, en el de Filch, en lugares públicos y yo dije:

En la madriguera, en la cama de Ron.

Y ahí surgió el OS.

Lugares, donde escribiríais el primer encuentro entre Severus y Hermione. Siempre supisteis que estaba loca. No me lo tengáis en cuenta.

Gracias por todo.

Saludos de Cloe.