El error 0.2
Las segundas partes no tienen porque ser malas.
-Gira y golpea.- Aconsejó en voz baja.- Gira y…
Hermione se llevó las manos a la cara para no ver el golpe. Ronald salió por los aires golpeándose contra el techo del aula de Defensa y cayendo contra el suelo de piedra como un saco de patatas.
-¡Weasley!- Gruñó Snape acercándose a él como un huracán desde la otra punta del aula. Ron estaba en el suelo, quejándose mientras se sobaba el culo y trataba de averiguar qué había ocurrido.- Cómo de nefasto e inútil es, que incluso con Granger diciéndole lo que tenía que hacer lo ha hecho mal.- Quiso saber impaciente.- Quince puntos menos para Gryffindor por ser un inútil.- Esto último lo dijo con más énfasis mientras miraba para él con mas rencor que nunca.- Y Granger…- Hermione levantó la cabeza brevemente.- Otros diez, para que aprenda a tener la boca cerrada.- Seseó extremadamente molesto.- ¡Y levántese del suelo Weasley!- Ordenó con asco mirando al resto.- Para los demás… Que os sirva de ejemplo a ver si aprendéis a bloquear de una vez.
-Joder Hermione…- Le susurró Harry en la oreja.- ¿Qué le hiciste a Snape en Navidad que lleva dos semanas insoportable?- Comentó casi echándoselo en cara.- ¿Echa de menos tus abrazos o qué?- Se burló el chico con una sonrisilla recordándole aquella escena abrazados en la Madriguera.
-Echa de menos el sexo conmigo, es normal después de haberle…
-¡Eh! ¡Vale!- Se quejó Potter de nuevo poniendo cara de asco.- No hacía falta que bromearas con esas cosas, lo pillo, ya me callo, no mas chistes sobre ese día.
Harry trató de disimular cuando Snape miró hacia ellos.
-Pero en serio Hermione…- Susurró para que el profesor no los escuchara.- Tendrás que reconocer que está raro.
-¿Y tiene que ser algo que pasó allí y además tiene que ser culpa mía?- Preguntó con una ceja alzada.- No hay más opciones ¿no?
-Tienes ra….
-¡Señor Potter!- Le gritó.- Si tiene algo interesante que compartir con la clase estaremos encantados de oírlo.- Masculló entre dientes. Harry agachó la cabeza mientras Hermione trataba de esconderse tras uno de sus compañeros para pasar desapercibida.- Lo que yo decía.
Snape continuó andando por la clase, observando el pésimo intento de sus alumnos de realizar aquel hechizo de bloqueo automático.
-Tú crees…
-Aquí no.- Le cortó Hermione a tiempo de que Snape se les abalanzara encima como si fueran cervatillos.
El timbre sonó, y cómo alma que llevaba el diablo los alumnos se agolparon a la salida del aula como una marabunta asustada.
-Ustedes tres.- Murmuró arrastrando las palabras con asco. Hermione, Harry y Ron se quedaron quietos, frente a la puerta, a solo un par de metros de la libertad mientras observaban como sus compañeros huían de la escena sin mirar atrás.
-Genial.- Se quejó Ron resoplando.
-Esta tarde los tres castigados.- Dijo sin más.- A las cinco en la oficina de Filch.- Y después, tras mirarlos con aquella mirada oscura e inquisitiva les bufó para que salieran del aula.
-Genial Ron.- Se quejó Harry en el pasillo.- Tenía entrenamiento de Quidditch.
-¿Por qué la culpa es mía?- Protestó.- Fue Hermione la que me dijo lo que tenía que hacer.- Le echó en cara el pelirrojo.
-¡Eso! ¿Encima de que te ayudo me echas la culpa?- Le recriminó.- Hasta con ayuda saliste volando por los aires, eres un torpe Ronald Weasley.
-¡Oye! Eso dolió.- Se quejó recordando la caída y sobándose el culo. -Si Harry no se hubiera empeñado en hablarte tanto, el murciélago no nos hubiera dicho nada.- Espetó Ron a la defensiva.
-Claro, ahora voy a tener yo la culpa de que Snape sea un capullo con nosotros.- Se defendió el moreno.- Sigo diciendo que está raro con Hermione.
-¡Que yo no tengo nada que ver!- Se defendió la chica, a pesar de que sabía que si que era posible que fuera por ella. Muy posible.
Casi seguro.
Aunque le bromeara a Harry con que se habían acostado con él porque sabía que no se lo creería, si había sido cierto. Al igual que también podía ser cierto que Snape estuviera así de raro por eso. Pero en lo que a sus amigos respectaba, ella no tenía, ni tendría jamás la culpa de eso.
-No importa chicos.- Trató de calmarlos.- Ya está, ahora tenemos que cumplir el castigo.- Les recordó mientras se lamentaba y ponía mala cara.
-No es justo Hermione, yo tenía cosas que hacer.- Protestó Weasley.
-¿Estudiar quizás?- Preguntó la bruja alzando una ceja. Ron la miró unos segundos, pero luego negó muy disimuladamente mientras apartaba sus ojos azules de aquella mirada inquisitoria que le lanzaba su amiga.- Eso pensé.- Susurró con acidez mientras levantaba una ceja.- Así que a callar.
-Merlín Hermione, tienes el mismo carácter que Snape, yo no digo nada pero al final a ver si va a ser cierto que… ¡Ay!- Gritó Ron al recibir un puñetazo en el hombro.- ¡Hermione! Que eso duele.
-Y da las gracias que el cruciatus sigue siendo ilegal.- Le susurró Harry a su amigo.
-Me voy comer antes de que alguno de vosotros vuelva a meter la pata y acabemos muertos, o peor… Castigados.- Y con las mismas dio media vuelta dejándolos solos en el pasillo serpenteante del tercer piso.
-A mi esa frase me suena.- Comentó el pelirrojo mas para sí mismo que otra cosa mientras fruncía el ceño pensativo. Harry negó con el cabeza resignado.
-Anda Ron, vamos…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hermione le daba vueltas a su Coock a Leekie. Normalmente le encantaba cuando en invierno ponían esa sopa de pollo, puerros y pasas. Pero aquella vez no lo estaba disfrutando nada.
Por su cabeza sólo pasaba una cosa. Una sola.
Había pasado quince días más o menos bien, sin darle más importancia de la que realmente tenía. Se había acostado con Snape, bien. No había que hacer un mundo de ello. Era cierto que era él. Si. Era raro…
Pero tampoco es que hubiera sido una burrada. El momento y el sitio, eso sí había sido una locura, pero el acto en sí, no. Al menos no para ella. Sin embargo, no podía evitar pensar que quizás Harry y Ron tenían razón. Quizás Severus Snape estaba así por lo que había pasado aquella noche en la Madriguera. Y todo eso, sólo la llevaba a pensar en aquel breve momento de pasión y lujuria desenfrenada. Por nada en el mundo se arrepentiría de aquella noche, de ninguna de las maneras. Se lo había dicho a Snape en su momento y lo mantenía. Aunque se pudiera considerar una locura, para ella había sido el mejor acierto que había cometido en su vida. Si, hasta ese punto había sido bueno. Hasta ese punto…
No quería pensar demasiado en ello, y no por vergüenza, si no por no encenderse al recordar lo que le había hecho, porque sólo de recordarlo, aunque fuera vagamente, hacía que los pelos de la nuca se le erizaran y su cuerpo se agitara. Había sido para nota.
Pero por supuesto estaba claro que aquello que le había dicho al profesor de que solo era sexo, había valido para ella, pero no para él.
El jefe de Slytherin, como bien habían remarcado sus amigos, había estado insoportable desde entonces. Sus clases se habían convertido en una auténtica ruleta rusa. Lo mismo los ignoraba, que los humillaba, que lo hacía todo a la vez. Pasaba del sarcasmo a la frialdad en una abrir y cerrar de ojos, para luego ser simplemente desagradable y al momento ignorarlos, especialmente con ella. Y todo eso con miradas inquisidoras, desplantes y sustracción de puntos, la mayoría de las veces sin razón.
Cogió aire, suspiró, miró su sopa fría y se levantó en silencio saliendo del comedor ante la atenta mirada de Severus Snape que no le había quitado la vista de encima desde hacía quince días.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Tenemos que hablar de esto ahora?- Preguntó suavemente Hermione.
-Es un momento como cualquier otro.- Ginny se encogió de hombros.
-Estamos en medio del pasillo.- Le recordó Hermione.
-Yo no tengo problema.
-Yo sí, no voy a hablar de mi vida aquí.- Sentenció la castaña parándose un momento. En sus manos traía varios libros y se la veía con algo de prisas.- Además tengo cosas que hacer.
-Pero…
-Ginny, me acosté con tu hermano, fue un error. Dejé que él se encargara del hechizo anticoncepción, ese fue otro error y me quedé embarazada otro grande error.- Explicó un poco impaciente.
-Y luego abortaste, otro error.
-Fue natural.- Le recordó.- Y no fue un error, eso siempre fue un problema. Sentenció poniéndose un poco seria.- Hubiera tenido que hacerlo de todas formas, y nadie debería tener que verse obligada a algo como eso.
-Pero…
-Ginny, no.
-Señorita Weasley, señorita Granger.- Susurraron con voz a terciopelada a sus espaldas. Hermione puso los ojos en blanco. Ese hombre tenía el don de la oportunidad.
-Buenas tardes profesor Snape.- Saludó Hermione cordialmente con un breve asentamiento de cabeza.
-¿No tiene nada que hacer señorita Weasley?- Preguntó el hombre con voz grave.
-Eh… Estaba hablando con Hermione señor.- Se quejó.
-No, ya no.- Masculló con frialdad.- Váyase.- La pequeña de los Weasley miró a Hermione y a Snape varias veces de uno a otro mientras fruncía el ceño y buscaba el soporte de su amiga. Pero Hermione no dijo nada. La joven indignada se alejó de allí.- No es el mejor sitio para tener este tipo de conversaciones.- Le reprendió con dureza.- Las paredes tienes ojos y no están los tiempos para hacer el tonto.- Siseó con veneno.- ¿Sabe lo que puede ocurrir si esa información llegase hasta manos de quien-no-puede-ser-nombrado?- Escupió con rabia. Hermione lo miró sin decir nada.
¿A qué venía aquel enfado por una tontería así?
-Disculpe señor.- El tono de Hermione se endureció también.- Pero no entiendo como alguien como él puede interesarse por mi vida sexual.- Indicó con seriedad.- Si me disculpa, tengo un castigo al que acudir.- Se despidió con bastante más firmeza que la que hubiera deseado.
-¿A dónde demonios cree que va? El director nos ha mandado llamar.- Y sin decirle nada más, y sin preocuparse de si la joven lo seguía, dio media vuelta y desapareció por uno de los pasillos adyacentes.
Hermione puso los ojos en blanco y lo siguió. Merlín, si no fuera por lo que había sido capaz de hacer… Lo odiaría.
No, daba igual. Lo odiaba de todas maneras.
La mejor noche de sexo de su vida no bastaba para no odiarlo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Seguro que está aquí?
-¿Dónde va a estar Hermione si no?
-Buen punto colega.- Asintió Ron.
-¡Shhhh!- Los mandó callar Madame Pince.
-Perdón.- Susurró Harry. Los chicos pasearon entre los pasillos con estanterías, recorrieron cada rincón de la biblioteca, cada recoveco. Pero Hermione no aparecía por ningún lado.
-¿No dijiste que estaría aquí?- Preguntó el pelirrojo en voz baja.
-Lo siento.- Susurró.- Me equivoqué.
-¡Faltan diez minutos para las cinco!- Chilló en voz baja Ron.- Vamos a llegar tarde. ¿Dónde estará?
-No lo sé, ya vendrá. Sabe donde es.- Le recordó su amigo.- Vámonos…- Instó.
-¿No tienes curiosidad por saber dónde está?- El tono de Ron de repente tenía cierto deje escéptico y posesivo.
-¿A qué te refieres, a si está con alguien?- Comentó lentamente Potter viendo por donde iban los tiros.- No creo que sea problema tuyo.- Indicó Harry.- O nuestro.- Puntualizó.
-¿Porqué no debería ser problema mío?- Gritó.- Era mi novia.- Ron gruñó.
-¡Shhhhh!- Les volvió a mandar callar la bibliotecaria.
-No lo fue tío.- Explicó Harry recordando lo que le había dicho Hermione al día siguiente.- Así que no deberíamos preocuparnos por ella más que como amigos.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ambos entraron en el despacho vacío. Fawkes los recibió con un pequeño ulular, pero rápidamente echó a volar.
-Disculpe señor.- Llamó a Snape suavemente.- ¿Sabe porqué estamos aquí?- El hombre no dijo nada, se limitó a gruñirle y a fulminarla con la mirada, como si su sola presencia lo molestara. Hermione frunció el ceño, pero prefirió quedarse callada. No estaba el horno para bollos.
Aquello era absurdo.
Snape era absurdo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Los chicos llegaron al despacho del conserje. Pero no había rastros de Hermione por ningún lado. Harry frunció el ceño un momento, preguntándose qué demonios estaría pasando para que no estuviera allí. Se estaba empezando a preocupar. Aunque al menos no estaba como Ron, que parecía que en cualquier momento iban a salirle chispas de la cabeza.
-Bien, bien.- Dijo Filch apareciendo con su gata en brazos.- Alguien ha sido malo.- El hombre, sin decir nada les entregó unos cubos maltrechos y sonrió.- Será un placer teneros por aquí. El profesor Snape me dijo que me tomara la tarde libre. Pero aún no limpié los váteres el segundo piso.- Les informó.- Están atascados, tiene una plaga de gusanos de estiércol horrible.- Y sin decirles nada mas, los empujó fuera de su oficina.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Cómo ha estado?- Preguntó Snape sin más.
-¿Ahora le importa?- Preguntó con molestia la bruja. La ceja de Snape se alzó rápidamente pero la de Hermione también.
-Compórtese.
-¿Cómo usted?- Le encaró al hombre. El Slytherin la miró durante varios segundos, mientras resoplaba y la fulminaba con la mirada. Lo normal sería haberle quitado puntos, pero solo bufó enfadado.
-Sé que he estado…
-¿Desagradable? ¿Sarcástico? ¿Frío? ¿Muerto?
-No hacía falta que especificara tanto Granger.- Escupió con rabia.
-Y después… Nada. Cómo si yo no existiera.- Hizo una pausa pensando que Snape diría algo. Pero nada.- Para serle sincera, he visto muertos con más ímpetu que usted.
La ceja alzada de Snape casi rozaba el techo.
-No sea impertinente Granger.
-No sea tan inmaduro. Sólo fue sexo.- Recordó tranquilamente.- Supérelo.
Ambos se miraron, Hermione con los brazos cruzados y el ceño fruncido, mientras Severus la fulminaba con aquellos pozos negros de frialdad.
-¡Muchachos!- Los llamó el director.- Me alegro que estéis aquí. Parecéis un poco tensos. ¿Todo bien?- Preguntó tranquilamente mientras desenvolvía con extremada parsimonia un caramelo de limón ante la crispada mirada del Jefe de Slytherin. Snape tenía tantas ganas de estar ahí, como las mismas que tenía en Navidad de ir a la madriguera.
Aquel pensamiento lo hizo enfadarse consigo mismo. Gracias a Merlín, sus años de espía le habían otorgado una habilidad espectacular para ocultar sus emociones.
-Buenas tardes director.- Saludó Hermione sonriendo con calma, aunque se moría de curiosidad por saber porque los habían llamado.
-Bueno…- Comenzó.- Es bastante sencillo.- Dijo rápidamente.- Me ha llegado un libro que quiero que veáis.- Comentó tranquilamente. El Slytherin alzó una ceja escéptico.
-Un libro.- Masculló el pocionista sin bajar la vista.
-Si.- Afirmó mientras se metía en la boca otro caramelo de limón y se dedicaba a degustarlo con la más absoluta de las calmas.
-Director.- Lo llamó Snape impaciente.
-Ah sí, el libro.- Comentó como si se hubiera olvidado.- Es un libro de pociones y necesito que busquéis algo por mi.- Les pidió.
-¿No puede buscarlo usted directamente? Sabe que tengo trabajo.
-Lo intentaría pero mi vista ya no es lo que era, la letra es demasiado pequeña.- Se excusó.
-Perdone señor.- Lo interrumpió la bruja.- ¿Y qué hago yo aquí?
-Es que no es un libro de pociones en realidad.- El hombre sacó un libro enorme y pesado de cubiertas brillantes y plasticosas con letras grandes y llamativas. Snape alzó la ceja en automático.
-Eso…- Hermione se acercó un poco.- Disculpe director. ¿Eso es un libro de recetas de cocina muggle?
-Sí ¿no es fascinante? Sopas calientes y frías del mediterráneo.- Explicó feliz.- Corren rumores de que es más que un libro de recetas, que en realidad son pociones.- Les explicó.- Necesito saber si es así o no.
El Slytherin lo miró como si se hubiera vuelto loco, algo que no había descartado aún.
-Eso sigue sin responder a la pregunta director.- Espetó Snape.- ¿Qué tiene que ver Granger con todo esto?
-Es un libro muggle, pensé que necesitarías a alguien con unas claras raíces no mágicas que pudieran distinguir si hay algún aparato o procedimiento extraño que se pueda descartar.
-Le tengo que recordar…- Comenzó Severus, pero se calló.
-A pasado demasiado tiempo Severus, necesitas ayuda.
-Aun así.- Masculló.- De todas formas esto es trabajo de investigación.- Las palabras de Snape eran serias. Ya tenía suficiente trabajo con lo de espía como para encima meterle más trabajo de análisis detrás. Su tiempo era muy valioso. Miró al anciano esperando que entendiera lo que le estaba pidiendo.
-Si, por eso pensé que necesitarías ayuda.- Y sin más se fue a la puerta.
-Espere, ¿dónde va?
-Necesitaréis algo de tranquilidad, os dejo solos.- Indicó.
-¿Pretende que lo investiguemos ahora? - La paciencia del hombre estaba llegando a su fin. Aquello no podía ser verdad.- Director, tengo cosas que hacer.- Siseó dándole énfasis a cada palabra, no quería tener que recordarle en voz alta su trabajo en las reuniones de Mortífagos.
-Estarás tranquilo unos días Severus, aprovecha, yo necesito esa información cuanto antes.
-¿Aquí?- Preguntó la bruja con precaución. Procuraba mantenerse al margen de aquella situación extraña. Pero había cosas que no le cuadraban, no le cuadraban para nada.
-¿Porque no? Yo tengo que ir a hacer unos recados, y ya estáis aquí. Poneros cómodos.- Albus se dio media vuelta y desapareció del despacho mientras silbaba divertido.
Ambos se quedaron allí en silencio durante varios minutos. ¿Qué demonios acababa de pasar ahí?
-¿Empezamos?- Sugirió la bruja. Severus la analizó mientras entrecerraba aquellos ojos negros y fríos.- Si tiene algún problema, de verdad no tengo el menor inconveniente en irme.- Le indicó.
-Se nos ha pedido algo y lo haremos.- Siseó.
-Muy bien.- Hermione se acercó al libro a echar un vistazo. En la portada había una gran foto de una crema verde con una línea blanca formando un arabesco.
-Usted siéntese y no toque nada.- Le ordenó de malas maneras.- Si necesito algo ya la avisaré.
-Es usted de lo más desagradable.- Espetó la bruja.- Tuvimos sexo por decisión propia, le agradecería que no lo pagara conmigo como si yo lo hubiera obligado a algo.- Le recordó.
-No me hable así mocosa.- Siseó con rabia mientras se acercaba a ella. - ¿Quién dice que es por lo de la otra noche?
-Muy bien.- Asintió la joven sin más, no quería discutir con él, no le iba a dar pie para que lo pagase con ella. Se sentó en la silla y se cruzó de brazos a esperar.
-No se quede ahí como si nada.
-¿En qué quedamos?- Se quejó la bruja enfadada.- Aclárese.- Le espetó. Snape se acercó a ella con brusquedad, y enfadado la agarró por los brazos mientras hacía fuerza. Hermione se zafó del agarre con brusquedad.- Si no tiene problemas morales por haberse acostado conmigo lo disimula muy mal.- Insistió.
-Lo que hicimos fue un error.- Admitió al fin. Así que si era por eso.
-Siento discrepar.- Hermione se acercó a él, haciendo gala de toda su estatura y de su orgullo Gryffindor.- Para mí fue la mejor noche de sexo de mi vida.- Le recordó. Los ojos del hombre se abrieron ante la sorpresa.
-No diga tonterías.
-Usted estuvo allí también, estoy segura que pudo notar tan bien como yo mi reacción.- El tono de Hermione había perdido ese tono altivo del principio. Estaba calmada, serena.- Sabe que es mejor que Ronald, de hecho sabe que es mejor que la mayoría con los que he estado.- Sus palabras sinceras le sorprendieron, pero también resultaron un jarro de agua fría.- Usted lo dijo y lo sabe. Merezco a alguien como usted.
-Y no tenía que haberlo dicho.
-Pero sabe que es verdad.- Hermione se acercó a él, esperaba rechazo, odio, repulsión. Que la apartara de un manotazo. Pero no lo hizo. La bruja tiró de las solapas de su levita y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca lo besó.
Era un primer roce suave, sensual. Apenas un par de segundos, después se separó de él sin esperar nada a cambio y abrió el libro por el índice. Hermione oyó un fuerte resoplido tras ella, y cuando se giró sólo pudo sentir aquellos labios duros y fríos atraparla con ferocidad y posesión y unos brazos alzarla hasta sentarla sobre el escritorio.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Qué demonios estará haciendo ahora Hermione?- Preguntó Ron mientras arrancaba con asco aquellos gusanos verdes.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Lo sintió gruñir contra sus labios, besarla casi con ferocidad, posesión. Apretarla contra su cuerpo hasta que sus dedos se clavaron en sus caderas. La joven gimió contra él con sorpresa y lujuria. Haberlo besado una vez había sido una sorpresa, pero la segunda vez, eso sí era absolutamente impensable.
Sus caderas se rozaron y Hermione notó la excitación del hombre contra su pierna. Y ella… Ella estaba muy excitada. En unos segundos había sido como encender un potente fuego en su interior. Llevó sus manos a la levita del hombre, a la parte baja, y desabrochó con impaciencia los botones de abajo que le permitían acceder al pantalón.
Sintió los labios de él morder los suyos, succionarlos, besarle el cuello y morderle la clavícula mientras sus dedos hábiles revoloteaban por los pliegues de su falda plisada.
Sus manos se aferraron con fuerza su pantalón negro cuando sintió sus dedos introducirse en ella con una habilidad fuera de lo normal. Gimió contra sus labios con fuerza. La lengua del Slytherin delineó uno de sus labios para luego meterse en su boca para hacerla suya. Hermione se agitó y apretó contra sus dedos.
Snape bufó enfadado. Enfadado porque estaba tan excitado que había perdido el control. No podría parar aunque quisiera. No lo iba a hacer. Le apretó un pecho por encima de la ropa, con la otra sus dedos seguían sin parar. Su boca la hacía suya.
Un movimiento hábil y de repente la mano de la bruja envolvía su excitación con movimientos igual de precisos que los suyos.
Gruñó, gimió y mientras la cogía de la nuca para besarla con fuerza se introdujo en ella con tanta fuerza que los tinteros de la mesa de Albus Dumbledore temblaron con fuerza cayendo contra la madera y el suelo.
Hermione gimió como nunca lo había hecho. Aquella noche de Navidad Snape le había tapado la boca para que no se la oyera, pero esta vez la dejó. Dejó que sus gemidos se metieran en su cerebro como música.
La embistió con intensidad, deseo, lujuria. La embistió mientras la tenía aun sujeta por el cuello. No la quería soltar. Era suya. Hermione se agarró a su cuello, a su levita, a todo lo que tuviera al lado. La mesa crujía antes los envites. Las respiraciones hacía varios minutos que se habían vuelto erráticas.
De repente Hermione se separó con brusquedad, Snape bufó enfadado por el parón, la miró con rabia sólo para ver sus ojos castaños brillar con lujuria y deseo. Lo empujó contra la silla del director y sin esperar más se sentó sobre él con un largo gemido mientras descolgaba el cuello hacia atrás. Las manos de Snape se posaron en aquella cadera para profundizar los movimientos y golpes de la bruja que se movían sobre él con fuerza.
Los gemidos se intensificaron, el agarre se hizo brutal y posesivo, la respiración se agitó. Hermione no pudo más y se dejó llevar mientras se movía sobre él a aquel ritmo frenético gimiendo por aquel intenso orgasmo.
Snape la envistió una última vez acompañado de un fuerte gemido, que acabó con la bruja colapsando sobre él.
El pocionista apenas logró desplazar las manos para abrazar a la bruja que agotada y respirando con dificultad, resoplaba contra su cuello. La oyó reírse suavemente, en automático Snape alzó la ceja, pero la bruja estaba demasiado ocupada tratando de recuperar la respiración como para verlo.
Con un último beso en el cuello de su profesor Hermione se levantó allí. Se quedó apoyada contra la mesa, mientras lo observaba allí, agotado como ella, y con aquel increíble brillo de lujuria aun danzando en sus ojos negros.
La chica sonrió de nuevo, casi divertida. Estaba claro que quería decir algo, pero el hombre la fulminó con la mirada.
-Ni se le ocurra.- La advirtió mientras se ponía de pie y se adecentaba. Hermione le asintió también, aunque sin perder la sonrisa. Se alisó la ropa y colocó la corbata torcida ella, era lo bueno del sexo rápido e intenso, que a veces no hacía falta ni quitarse la ropa.
-Perdón me deje…- Albus entró en el despacho y se quedó quieto viendo la escena.- No sabía que investigar un libro podría resultar tan agotador.- Comentó lentamente, sin embargo no dijo nada mas, sonrió y se llevó un caramelo de limón a la boca.- Os dejo trabajar, os dejo.- Y tras mover su varita para recoger unos pergaminos volvió a salir por la puerta.
-Granger…
-No diga que fue un error.- Le advirtió. Snape se acercó un segundo a ella, parecía por un momento que fuera a maldecirla, pero sólo le sonrió de medio lado.
-Tenemos trabajo que hacer.- Indicó mientras abría el libro.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-Hermione.- La llamó Harry acercándose a ella en el vestíbulo.- ¿Dónde estabas?
-Lo siento, he tenido que hacer otra cosa.- Comentó tranquilamente tratando de ocultar una sonrisa traviesa al acordarse de lo que había hecho con Snape.
-¿Y el castigo? Cuando se lo diga Filch a Snape estarás muerta.- Le informó Ron pálido por la idea.
-No te preocupes, no pasa nada.
-¿Qué demonios era tan importante como para saltarte el castigo?- Insistió el chico.
-¿Quieres dejarlo ya?- Pidió.- He tenido cosas que hacer.- Soltó Hermione un poco molesta, pero solo un poco.
-¡Estábamos preocupados por ti!- Le gritó Ronald.- Tenemos derecho a saber dónde estabas.
-Bien.- Asintió con tranquilidad.- Verás, estaba en el despacho del director con el profesor Snape, nos pidió consejo sobre un libro, pero cómo aun nos teníamos ganas desde navidad, cuando el director se fue decidimos tener sexo encima de su escritorio. ¿Contento?- Soltó de golpe encarándolo.
-Joder Hermione.- El moreno no pudo evitar poner cara de asco.- Si no se lo quieres decir no se lo digas, pero deja de bromear con eso.- La paró mientras levantaba las manos.
Hermione se encogió de hombros. Los miró un momento y se giró para irse.
-¿Espera a dónde vas?- Quiso saber Ron.- ¡Es la hora de la cena!- Hermione sonrió alzando la comisura de la boca, casi con diversión.
-Al despacho del profesor Snape, como me gustó esto de los escritorios pensé que en el suyo…
-¡Vale, nos ha quedado claro! - Se quejó Harry mientras le ponía a Ron la mano en la boca para que no hablara.- No te preguntamos mas.
-Cómo queráis, luego no os quejéis de que no os informo.- Y con las mismas, la bruja desapareció por uno de los pasillos que daban a las mazmorras.
-Oye Harry…- Susurró Ron pensativo.- Tú crees que de verdad Hermione y…
-¿Hermione y Snape? Claro que no… ¿Verdad?
-Claro, que locura…- Y ambos se quedaron ahí, viendo como la bruja desaparecía con una gran sonrisa mientras ellos fruncían el ceño confusos.
.-
.-.-.-
.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Para Anita, que me lanzó el órdago y yo lo recogí. Quería despacho del viejo loco y encima, sobre el escritorio. Pues bien… Ahí lo tienes.
¿Algún reto más?
(Cloe sonriendo cómo una psicópata)
Espero que os haya gustado.
Saludos de Cloe.
