¿QUE PASÓ FICTIONEROS? AQUÍ LES TRAIGO OTRO CAPITULO DE ESTA HISTORIA.
LES QUIERO AGRADECER A TODOS AQUELLOS QUE LEYERON, PUSIERON EN FAVORITOS, SIGUIERON Y COMENTARON EL PRIMER CAPITULO, ME PUSIERON MUY FELIZ, NO LO QUISE HACER ESPERAR Y CON LA ANSIEDAD, SE ME FORMARON NUEVAS IDEAS, ASÍ QUE QUI SE LOS DEJO.
SIN OLVIDARME DE PEDIRLES ENCARECIDAMENTE QUE COMENTEN QUE LES PARECIÓ Y QUE CREEN QUE PASARÁ EN EL TERCER CAP.
SI TIENEN ALGUNAS IDEAS O SUGERENCIAS QUE QUIERAN COMPARTIRME, SOY TODA OÍDOS.
TAMBIÉN LES QUERÍA PEDIR UNA SINCERA DISCULPA POR LOS POSIBLES ERRORES, YA SABEN QUE CON LA EMOCIÓN ME OLVIDO DE CORREGIR
SIN MAS, AQUÍ LES VA.
CAPITULO 2:
La tarde estaba despuntando, Henry entretenido con su música infantil favorita, comía pequeñísimos trozos de manzana cortados en cubo, su madre morena siempre le dejaba esa clase de alimentos para la hora de merendar, argumentando que eran realmente sanos y nutritivos para un bebé en desarrollo.
Arabela trataba de no moverse demasiado de donde estaba sentada, el latido latente y punzante de su espalda le indicaba que sus heridas se estaban curando lentamente, pero eso no le bloqueaba su capacidad de cuidar al pequeño terremoto que andaba en pasos torpes y tropezones.
El sonido de la puerta principal alertó a los dos, tanto a la niñera como al pequeño. El chaval que aunque era todavía un infante, muy inteligente y despierto para su corta edad, miró a su cuidadora, que le indicó con una sonrisa cómplice que fuera con sus madres.
-hola, mi pequeño príncipe-la señora Mills se apareció en la sala de estar junto con su esposa y su hijo en sus brazos, a diferencia de la creencia popular de Storybrooke, era una mujer de carácter sensible, amable, cariñoso con su familia, incluso con la chica que cuidaba de su niño-¿Cómo se comportó, Arabela?-Henry sabiendo que hablaban de él, soltó una inocente risita y escondió su carita en el cuello de su mamá-¿hizo alguna travesura?
-no, es un ángel-Henry y Arabela sabían muy bien, que el diablillo de vez en cuando hacía de las suyas, pero siempre que algo ocurría por su culpa, la servidumbre lo cubría limpiando en el instante.
La joven rubia sacó de su mochila el recipiente de plástico limpio donde había llevado las galletas, y se lo devolvió a la alcaldesa.
-gracias, estuvieron muy buenas-la sheriff no era ninguna tonta al escuchar esa frase, también la decía cuando algo de comer no le gustaba y lo había tirado a la basura o no había probado bocado de lo que le habían dado, claro para no ofender a quien se había esforzado en la faena-a mi mamá le encantaron-otra mentira que Emma detectó en la niña.
-me alegra que te hayan gustado-Regina no era una detective, pero al igual que su mujer podía ver que algo no andaba bien con su empleada más joven.
El atardecer se dio muy rápido, y ella había perdido la noción del tiempo, la joven se asustó de la tardanza con la que llegaba a su casa, la señora De Vil estaría furiosa sin importar que explicación le fuese a dar.
Intentó entrar lo más sigilosamente posible, aunque sorprendentemente fue recibida por el llanto de los mellizos mezclados con los intensos, incoherente e inentendibles gritos de la dueña de la vivienda. Creyendo que lo peor había ocurrido, se precipitó hacia donde escuchaba el alboroto.
La escena que se le presentó en frente era algo surreal, tanto que si no supiera que había ocurrido, la rubia habría dado su paga de todo un mes en apostar que había pasado un tornado por esa habitación, el televisor que siempre estaba encendido con las estúpidas novelas románticas que veía Cruella De Vil, estaba volteado hacia abajo y echando humo negro en el piso, las sillas y la mesa de madera barata estaban dadas vuelta patas arriba y desperdigadas por todo el comedor, el refrigerador estaba abierto y vacío, todos los alimentos que habían comprado para la semana estaban derramados y desechos en el suelo, las paredes y las cortinas estaban manchadas con algo que parecía leche, jugo de tomate, y algo marrón…que Arabela deseaba que fuera solo chocolate.
La mujer que se "encargaba" de ellos, estaba frente a un par de niños de ojos llorosos, aterrados y temblorosos, con la respiración agitada, arrinconados detrás de un pequeño sofá volteado. Casi pegados a la pared.
Quiso hacer ruido, gritar, golpear las palmas, lo que fuera para desviar la atención de esa desequilibrada mental de sus potenciales víctimas de una brutal paliza, pero estaba paralizada, muda de la impresión.
-¿estas son horas de llegar?-Arabela estaba agradecida y temerosa en partes iguales, agradecida de que la señora De Vil se hubiera dado la vuelta para encararla, dándole a los mellizos la oportunidad de huir y encerrarse en su cuarto bajo llave, y temerosa de lo que esa mujer tenía en mente para ella, por el desastre que posiblemente hubieran empezado los pequeños y hubiera terminado su tutora en un arranque de ira y locura. Ya conociendo ese tono acaramelado y sínico, no era buen signo, nada bueno podía traer escucharla así de calmada.
-lo…lo lamento…señora-nunca pudo terminar la frase, la mujer con un ademan de la mano, la hizo callar y con el dedo índice le indicó que se acercara a donde estaba parada.
-sabes que no me gusta que llegues a esta hora y menos cuando hay tanto que hacer-la niña asintió mansamente-llego a casa y veo que esos malditos niños han roto el televisor-la chica sabia ya de antemano lo que posiblemente había sucedido.
-tal…tal vez…fue…fue mi…c…culpa, señora-la mujer aparentemente calmada asintió incitándola a continuar-no…no me di…cuenta…que tenía…que tenía…que levantarlo…cuando…limpié ayer-sin esperarlo sintió que la fina y enguantada mano de su "tutora" se clavaba en su mejilla derecha. El aguijonazo de dolor era tan potente esa vez que estaba segura que tendría los cinco dedos perfectamente pintados en su cara.
En el suelo, desde su perspectiva, veía que las fosas nasales de esa maldita mujer se dilataban y cerraban como si fuera un toro embravecido.
-limpia este desastre-De Vil se agachó hasta estar a la altura de los ojos de Arabela, le tomó el mentón de forma dura, clavándole las uñas en la blanca piel de la chica-y te advierto-las uñas se clavaron más, haciendo que la niña soltara un gemido de sufrimiento-que si mañana vuelves a llegar tarde…será la última vez que puedas ver a ese engendro al que cuidas-sin nada más que añadir, la soltó dejándola sentada en medio de esa catástrofe de cosas volcadas y tiradas.
Había una gran diferencia en limpiar los pisos de las habitaciones y también sacar el polvo, y otra muy grande era limpiar y ordenar una zona de guerra, lavar unas cortinas manchadas con dios sabía qué clase de productos alimenticios, ordenar las sillas y mesa que estaban tirados en el suelo, voltear de nuevo los pesados muebles a su estado original y tirar todos los alimentos que ya no servían para nada, salvo para ser basura.
Arabela tuvo que golpear suavemente la puerta de su habitación compartida para que los pequeños le abrieran, menos mal que aun a las dos de la mañana no se habían dormido aun, y es que a esa corta edad y con el estómago vacío, se les hacía muy difícil conciliar el sueño. Y esa vez, ella no tenía nada que ofrecerles, no le había dado tiempo a la alcaldesa de darle algún bocadillo o alguna golosina.
Esa sería la primera noche que Arabela se sentiría impotente de ver que no podía ayudar en algo a sus hermanos. Las horas para los tres, pasaron lentas y tortuosas, solo se escuchaban dos cosas, las respiraciones de los pequeños y sus estómagos gruñendo, pidiendo que algo, aunque sea una mísera migaja los llenara.
La mañana los despertó malhumorados, cansados del poco dormir y del hambre que los dejaba sin ganas de levantarse. Arabela sabía que ella podría aguantar todo el día, estaba acostumbrada, su cuerpo delgado se había adaptado muy bien a solo soportar el día con solo el desayuno, incluso sin eso…pero los mellizos necesitaban algo de comer, y gracias a la locura de la señora De Vil ni una hogaza de pan tenían.
Tenía ganas de llevárselos con ella, no sabía a donde pero cualquier lugar sería mejor que el calvario al que se enfrentaban todos los días.
-no te preocupes-Neal comprendía siendo aún un pequeño, cual eran las preocupaciones de quien tanto los cuidaban a Ruby y a él, había pasado por muchas casas de acogida, pero ninguna tenía una hermana mayor o alguien que los protegieran como lo hacia ella-comeremos en la escuela.
El camino a la parada del autobús fue realmente un infierno para la rubia, su mente maquinaba mil y una ideas que podrían funcionar para sacarlos de ahí, podría hablarle a su asistente social pero ¿con que propósito? Nunca se preocupaba lo suficiente por ellos, cada vez que hacia su visita obligatoria, ni siquiera se fijaba en el estado de la casa o si estaban bien alimentados o su vestimenta, Arabela estaba cien por ciento segura que si por ella fuera, estarían viviendo debajo de un puente sin siquiera levantar un dedo para cambiar la situación.
Se despidió de los mellizos como siempre y se encaminó a la mansión Swan Mills esperando que su día mejorara al ver al pequeño Henry, también programando decirles a sus jefas que tenía que llegar a casa antes del atardecer, seguramente podría usar la excusa que la señora De Vil siempre inventaba cuando esa mujer que los había metido en ese infierno, hacia sus entrevistas y preguntaba si estaba yendo a la escuela, "estudios en casa", quien quiera que se lo creía era un idiota de primera.
Pero, apenas la puerta principal se abrió para dejarla entrar, esa idea murió sin llegar a los labios, la alcaldesa y la sheriff estaban discutiendo aireadamente, sobre algo importante se podía ver, quizás una reunión municipal o alguna obra.
-no podemos preguntarle eso, tiene trece años-algo que le fastidiaba a la joven niñera era que hablaran de ella en su cara, como si no estuviera presente.
-yo puedo llevarla de regreso a su casa y explicarle a su madre-la cabecita de Henry, que estaba sentado en su pequeño corralito, iba de su madre morena a su mama rubia, como si estuviera viendo un partido de tenis.
-¿Llevarla en esa trampa mortal que llamas auto? ¿Acaso quieres matarla?-la situación se estaba tornando demasiado tensa, incluso pudo ver que la cocinera, el jardinero, la sirvienta y el mayordomo asomaban la cabeza temerosos, desde la cocina.
-eeemmm…buenos días… ¿llego en mal momento?-las dos pararon de discutir al instante.
-no querida-la señora Regina se alisaba una inexistente arruga de su falda lápiz negra-nos surgió un imprevisto, y llegaremos más tarde el día de hoy-la chica ya podía ver su funeral en su cabeza-mi madre no puede venir porque también tiene pendientes-sip, iba a morir a manos de una bruja de cabello blanco y negro, a la corta edad de trece años. Y seguramente nadie encontraría el cadáver.
-estábamos discutiendo las opciones de llevar al pequeño con nosotras, o quedarte a cenar y luego llevarte a tu casa-sabía que estaba por cometer un suicidio, pero nada la hacía más feliz (a parte de sus hermanos) que estar el mayor tiempo posible lejos de la mujer que tanto la odiaba.
-no hay problema, puedo cuidarlo-Henry en todo ese tiempo que lo estaban ignorando, se estaba poniendo de mal humor, no le gustaba que su nana no lo cargara apenas llegar-nos vamos a divertir mucho, ¿verdad Henry?-el niño contento de la vida, de por estar en los brazos de su niñera por fin, se puso a jugar con uno de los mechones rubios de la preadolescente.
-querida ¿Qué te pasó en la mejilla?-sin maquillaje se podía ver que su cara estaba algo hinchada y roja, y con unas marcas alargadas y delgadas que le cubrían la mitad de la boca y la mejilla derecha.
-no es nada…una discusión con mi mamá-Emma y Regina asintieron, sin tragarse esa mentira-fue un impulso, me dijo que no volverá a suceder, estaba muy estresada, no debí molestarla-la alcaldesa estaba preocupada y la sheriff ya estaba pensando en hacer un reporte contra Cruella De Vil por maltrato infantil, pero sin pruebas, más que esa mejilla, no podía hacer mucho, solo una advertencia.
-el estrés no es excusa para golpear a un niño, Arabela-Emma puso sus manos en los hombros de la muchacha-si vuelve a suceder, no importa a qué hora o el día, llámame y te sacaré de ahí en un santiamén-la joven se tensó al escuchar esas palabras, no, no podía hacer eso, sus hermanos se verían alejados de ella, ¿Quién los cuidaría? Podía estar callada y soportar los golpes, pero no podía tolerar la idea de que la separaran de los mellizos.
-llegaremos tarde, pero esta noche hablaremos del tema en la cena-Regina y su mujer se despidieron de ellos con un beso en la frente para cada uno y partieron.
La fachada de alegría y despreocupación se derrumbó apenas escuchó que los autos de alejaban, sus hombros comenzaron a temblar, los ojos se le llenaron de lágrimas, y se aferró a Henry lo más fuerte que pudo contra su pecho mientras se desmoronó de rodillas al piso de la sala. Sintió que le quitaban al bebé de las manos, era Granni, Rumpel la ayudó a sentarse en el sofá blanco de tres cuerpos y dejó que llorara en su hombro, abrazada a él.
-no pueden saberlo…no pueden-era lo único que repetía entre lágrimas y llanto que le rompían el corazón a cualquiera que viera esa imagen tan vulnerable.
-shhhh…tranquila-Rumpel quería golpearse a sí mismo por no hacer nada al respecto, ¿Cuándo se había convertido en un cobarde? ¿A qué punto llegaría eso? ¿Acaso tendría que asistir al funeral de una niña de trece años? ¿Podría vivir con la carga de saber en qué infierno estaba metida esa chiquilla, y no hacer nada?-todo va a estar bien, encontraremos una solución.
Cuatro adultos vieron como un ángel de sonrisa brillante, se había convertido en un pequeño manojo de llanto, lágrimas y desesperación, algo debían hacer, aunque tuvieran que cargar con el odio de esa chica, y posiblemente su inminente despido.
NOS LEEREMOS PRONTO MIS AMIGOS FICTIONES, SE DESPIDE HASTA OTRA.
SU AMIGA: EVIL ANJELICKE
