Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La idea la saqué de un Tiktok.
Soulmates aren't just lovers
En una realidad en la que Kagome jamás pudo regresar con InuYasha, según Rumiko, ha vivido como si la mitad de su alma hubiera sido arrancada.
—Pero no salgas sola tan tarde.
—Todavía puedo caminar sola, pequeño.
Extremadamente cuidada por los hijos de sus sobrinos, la sacerdotisa de la época moderna dejó escapar una sonrisa conciliadora ante el aviso. Los niños la habían visto descender las escaleras del templo con un rostro lleno de angustia, como si quisieran correr a auxiliarla antes de que un accidente aún inexistente le pasase. Ella había suspirado a como sus ya muy utilizados pulmones le permitieron y les alzó la mano desde abajo. Todo estaría bien.
Siempre lo estaba.
Era como si, a pesar del tiempo y el espacio, él siguiera ahí, cuidándola como lo había prometido aquella noche en su habitación. Sus ojos dorados quemaban la piel y alma incluso después de tantas décadas vividas y aquel día que rememoraba la promesa, como cada año, salía a dar una vuelta por los alrededores del templo, recordando sus paseos y algunas veces también creando momentos que solo ocurrían en su mente.
Con la mitad del alma arrancada, había aprendido a vivir por sus palabras y lo mucho que siempre había preservado su bienestar. Algunas veces, él incluso había estado a punto de dar la vida, a punto de morir, literalmente, si eso la mantenía a salvo. El solo pensar que aquellos sacrificios se irían a la borda por su descuido, le había enseñado a seguir adelante después de todo. Su corazón latía en «paz» la mayoría de las veces y, aunque el tiempo hubiera sido extenso, todavía guardaba la esperanza de volverlo a ver.
Eran muchos años ya.
¿Qué habría sido de todos?
¿Qué habría sido de él? ¿Estaría intacto como la última vez que lo vio? ¿Estaría triste? ¿Pensaría en ella?
En ocasiones era completamente imposible evitar sentir esa opresión en el pecho sabiendo la soledad en la que seguramente lo había dejado sumido con su partida tan repentina. Siempre pasaba en esas fechas, cuando el calendario le repetía una y otra vez, década tras década, que se cumplía un nuevo año desde que sus bocas casi se habían cruzado, sellando una promesa repleta de sentimientos inquebrantables que todavía la embargaban como olas bravas en el mar. La noche era cálida y notaba las manos dentro de su abrigo entrar en calor a pesar del viento nocturno.
Lo único que la vida le había dado era verlo en sueños, sueños lejanos que se sentían tan reales pero que se destruían en el segundo en el que se sentía correr y jamás alcanzarlo. Nunca podía alcanzarlo.
Tan inalcanzable como el infinito y tan doloroso como llagas abiertas en carne viva.
Alzó la vista ante la presencia de un joven alto de cabello negro y ojos azules intensos. El muchacho traía un celular en una mano y unos documentos en la otra. Le sonrió ampliamente cuando la tuvo cerca y se detuvo. Ella también lo hizo.
—Buenas noches, señora. —Hizo una reverencia y pareció muy amable.
La mujer respondió con una pequeña inclinación en su cabeza. Siguió manteniendo sus manos enlazadas en su espalda baja. El chico parecía muy amable.
—¿Sí?
—Estoy haciendo un proyecto para mi universidad acerca de «historias de extraños en la calle» —se rascó la nuca con la mano que sostenía los papeles y sonrió nervioso—, ¿podría responderme una pregunta y permitirme que la grabe?
La mujer abrió los ojos por la sorpresa, no procesando el pedido de forma inmediata. Entreabrió apenas la boca para decir algo, pero inmediatamente negó, ante la mirada avergonzada del joven.
—Adelante. —Le sonrió.
Fue una sonrisa apacible.
El joven agradeció rápidamente, preparó su celular y se quedó a una distancia prudente de la avejentada mujer que tenía en frente.
—¿Cuál era el nombre de su primer amor? —Preguntó con calma y Kagome sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Se sintió muy extraña y hasta asustada. El joven sonreía—, ¿y por qué se enamoró de él?
Su garganta pareció bloquear el flujo de saliva y se tuvo que obligar a carraspear ligeramente para guardar la compostura. Sus ojos marrones brillaron por las cristalinas lagrimillas que se asomaron por ellos. La mente le daba vueltas por sus memorias y todos aquellos momentos a su lado la golpeaban con rudeza. Pudo jurar que sintió su abrazo fuerte protegerla en ese instante. Después de unos segundos de pestañear, completamente muda, se dispuso a hablar.
—Creo que lo más importante para él era mi bienestar —comenzó a relatar, sintiendo el corazón hincharse de dicha y al mismo tiempo encogerse de dolor—, no importaba si era de noche, de día, si llovía o estaba soleado, él siempre estaba pendiente de mí. Mi vida estaba por encima de la suya propia y siempre… —tomó aire por la boca cuando sintió los bordes de sus ojos humedecerse—, siempre estaba a mi lado. Yo podía confiar en sus sentimientos.
—Vaya, eso es realmente increíble… —comentó el chiquillo, mirándola a través de la pantalla.
—Él podía intuir cuando yo estaba en peligro y no importaba lo que pasara, podía tener la seguridad de que él iría por mí a donde quiera que fuera. —Pestañeó varias veces y los momentos en los que él había llegado a tiempo para rescatarla le hacían mella en el corazón. Lo extrañaba tanto que costaba respirar en ese momento—. Incluso al mismo infierno.
El chico abrió la boca por la impresión. Esa había sido la historia de amor más impactante que había grabado hasta ese momento. Por una extraña razón, sintió la pena a través de las palabras, como si el recuerdo estuviera vivo todavía.
—Eran como… ¿almas gemelas?
Kagome volvió a alzar la vista, esta vez sin poder evitar las finas gotas saladas que rodaban por sus mejillas, haciendo un viaje inestable por las arrugas en su piel.
¿Almas gemelas?
¿De ese tipo de almas que vuelven a encontrarse sin importar tiempo, espacio o muerte? ¿De esas almas que se buscan siempre? ¿De esas almas que están destinadas a unirse a través de sus destinos en todas las vidas que les sean posibles? Una pequeña sonrisa se fue instalando en sus labios mientras secaba con suavidad sus lágrimas. Asintió despacio, perdiéndose en sus pensamientos. No había pensado en ese término hasta aquel día, tantas décadas después. Y por alguna extraña razón, su corazón dejó de oprimirse con tal fuerza, dándole paso a unos latidos tranquilos, como si acabaran de soltarse de una atadura.
»—Y… ¿cuál era su nombre? —Volvió a insistir, conmovido.
Kagome miró al cielo, en donde apenas un par de estrellas se dejaban ver, adornado el azulado firmamento. El rostro masculino sonriente apareció plasmado ahí por obra de su mente y sonrió más amplio.
Suspiró de nuevo.
—InuYasha. Su nombre… es InuYasha.
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¿Qué dicen? ¿Que la semana InuKag tiene días de temáticas? Pues yo soy una antisistema, ¡yo rompo las reglas!
InuKag es literalmente la razón por la que me volví ficker, algo debía escribir de ellos en esta semana xd. Vi un Tiktok de esto, me dolió el corazón y decidí hacer algo ligero y un poco diferente inspirado en "Soulmates" /llora.
Gracias por leer, de antemano.
