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Disclaimer: Personajes de Masashi Kishimoto-sama y la trama es de Hang Yu-rang unni –sazonada a mi manera–. (-u-)
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ESTO ES LO QUE REALMENTE SIENTO
/Distrito Tamana/Avenida principal/miércoles/07h56/
No pudo conciliar el sueño debido a lo analizado después de ver la foto. Ese día decidió caminar desde casa hasta el colegio para despegar su mente con el aire fresco matinal; además le tocaba ir de esa forma a clases por ya no tener moto.
— ¡Es Sasuke-kun! —expresó Sakura desde dentro de su vehículo, pero Hiro ignoró sus palabras y el auto pasó junto al azabache, quien al distinguir en el asiento de co-piloto el perfil de Hiro empezó a correr de manera impulsiva.
— Detente, por favor. —manifestó con una sonrisa a su chofer la chica de cabello rosa.
— No pares. —dijo Hiro cuando notó la velocidad disminuir, pero el hombre tras el volante obedeció a la señorita y Sasuke alcanzó el auto sólo para detenerse frente a la ventana de Hiro. La chica de ojos verdes abrió la puerta de su lado y bajó para saludar a su querido azabache, pero fue ignorada por completo. Hiro miró al conductor y le pidió que avanzara, de todas formas el colegio estaba a un par de cuadras y ellos seguro querrían conversar, así que el chofér así llevó a cabo la orden.
Pero Sasuke fue tras el auto y la pelirrosa terminó deprimida por la actitud fría del chico al que ama.
El transporte se detuvo frente a la entrada del colegio como de costumbre y Hiro bajó del vehículo su mochila y el bolso de Sakura. Sasuke se paró delante de él al llegar pero fue ignorado, como él hizo con Sakura. — Aquí está su bolso, Sakura-san. —comentó sereno a la pelirrosa cuando ella arribó; Sakura tomó de mala gana su mochila y caminó delante sin pronunciar palabra alguna.
Sasuke sostuvo por el hombro a Hiro pero este se zafó para continuar su camino a clases. Acto que lo desesperaba cada vez más. ¡Ya no lo soportó más!
Agarró el brazo de Hiro con fuerza y tiró de el pequeño Hatake, quien forcejeó. Ambos terminaron en la parte trasera del instituto donde se encontraba el incinerador; lugar donde lo suelta de una vez por todas. Uno frente al otro permanecieron por unos segundos.
— Le pido que no vuelva a hacer eso. Es mejor que se aleje de mí, Uchiha-san —manifiesta con su mirada perdida en el ambiente.
— Dilo de frente.
— ¿Qué?
— "No te vuelvas a acercar a mí." Dímelo a los ojos. —expresó determinado y serio; manteniendo su frustración en el interior.
Su pecho se comprimió y sin apartar sus blancos y brillantes ojos de los de Sasuke tragó ligero. Sus labios se abrieron sutilmente y mantuvo su rostro lo más frío que pudo con el palpitar de su corazón adolorido.
— No vuelvas a acercarte a mí. —replicó sin una seña de duda en su mirada.
Sasuke arrugó la frente y cerró los ojos al mismo tiempo que volvía a sujetar el delgado brazo del peliazul para arrastrarlo dentro de la bodega del gimnasio por la puerta trasera.
Cerró la entrada y soltó el brazo de Hiro con un dejo de molestia, preocupación y ansiedad. Pasó sus manos por su cabellera un par de veces y caminaba por el lugar como un león enjaulado. — Debo regresar a cla...
— ¡Para ya! —vociferó sin elevar el tono de voz, pero claramente inquieto. — Déjate de pendejadas, Hiro. Vuelve a ser el de antes.
— Eso hago. —respondió con indiferencia. — Somos desconocidos. —detuvo su andar, miró fijamente aquellos ojos blancos y brillantes adornados con largas pestañas, suspiró después de sostener esa mirada por varios segundos. Hiro acomodó su mochila en el hombro y dio un par de pasos en dirección a al puerta.
Cada centímetro que se alejaba de él, le quitaba más a prisa la respiración. Sus latidos aceleraron. Los dedos de sus manos temblaban un poco y apretó en puño mientras su rostro se ocultaba tras el cabello. Debía hacer algo, o Hiro se iría...
La mano del peliazul sostuvo el picaporte y antes de poder abrirla por completo las manos del Uchiha se posaron sobre ella y la cerró con fuerza; una a cada lado de su cabeza. Hiro volteó para pedir que lo dejara ir a clases de una vez por todas, pero el azabache sostuvo su mentón con delicadeza y temor, elevó su barbilla con aquellas temblorosas manos y... y...
Lo único que era capaz de contemplar era esas largas pestañas en sus ojos cerrados, tiritando. Sus cabellos negros topaban su rostro y le cosquilleaba un poco. Era capaz de percibir el aroma de su colonia. La respiración que salía de su nariz era cálida. Ella no reaccionaba, ninguna parte de su cuerpo obedecía a su mente. El rostro le ardía y su corazón retumbaba con fiereza en su interior por la calidez de sus labios.
Ese beso desprendía una incontable cantidad de sensaciones en su cuerpo y mente: dulce, cálido, gentil, temeroso, inesperado... La empezaron a envolver poco a poco y sus músculos se relajaron. Sus párpados poco a poco comenzaron a cerrarse para dar paso libre a ese bello acto que tanto tiempo llevaba esperando desde que admitió a sí misma lo que realmente sentía.
"¡Ah, por cierto! Recuerda, te estoy vigilando."
Las palabras de Kakashi retumbaron en su cabeza y esa bella sensación de pertenencia mutua quebró en millones de pedazos que se clavaron en su psique como vidrio. Colocó ambas manos en el pecho del chico y lo empujó con fuerza.
El sonido de la cachetada retumbó en el lugar.
Sasuke levantó la cabeza y observó al chico: mirada angustiada, asustada y las mejillas rojas; su corazón saldría de su lugar en cualquier momento. Los labios de Hiro temblaban un poco, como si quisiera decir algo, pero los sonidos no emergían.
— Eso es lo que realmente siento por ti. —respondió de una vez por todas.
¿Acaso Sasuke pasaría por lo mismo que Naruto? Claramente está confundido por su culpa, por comportase de esa manera cuando están cerca... No cometería ese error dos veces. — (No... tú no... debes... Sasuke-kun.) —respiró profundo y cerró los ojos por un par de segundos antes de propinar en el rostro del Uchiha un golpe directo en la mejilla. Dio media vuelta y salió del lugar con una velocidad impresionante.
— ¡Esto terminó! —gritó con su voz algo quebrada mientras abandonaba el lugar sin mirar atrás. Ya no quería volver a pronunciar su nombre. ¡No quería estar en la pandilla. Extinguiría todo lazo para que él no saliera perjudicado por culpa suya.
El Uchiha llevó su mano a la mejilla y bajó la cabeza. — Tú no decides por mí...
/Avenida principal/Parque/08h32/
Dentro de la cabina telefónica Hiro sacó de su billetera un pequeño papel con un número en él. Su rostro estaba calmado, pero su corazón aún palpitaba con fuerza.
— Aló. ¿Quién habla?
— Soy Hiro.
— ¡¿Hiro?!
— Necesito que vengas por mí a la siguiente dirección...
Media hora después, un vehículo se detuvo frente a la banca donde esperaba sereno. Colocó su maleta en su hombro derecho y se acercó al carro; el conductor abrió la puerta del pasajero de junto y subió. De su bolsillo tomó unos billetes y se los extendió.
— ¿Y eso?
— Es el pago por la cuenta del hospital y el almuerzo de la otra vez.
— ¡Si serás estúpido! —vociferó con las cejas juntas y una sonrisa malvada. Tomó el dinero de todas formas y lo guardó en su pantalón. — Bien, bien. Así ya no estarás fastidiándome. —expresó mientras encendía su coche; Hiro seguía dentro de la cabina con su mirada fija en el frente. — ¿No te piensas bajar? —acusó con la frente arrugada pero ya sin esa encantadora sonrisa perruna.
Agachó la cabeza y su fleco cubrió su rostro. — ¿Podrías... llevarme a otro lado? —el castaño apartó el enfado de su semblante y al no escuchar respuesta, el peliazul acotó en tono bajo— Sólo por un rato.
El movimiento del vehículo le indicó a Hiro que el chico desconocido a su lado comprendía, en pequeña medida, su angustia y dolor.
/Distrito Kamimashiki/Río Midorikawa/Pueblo Kosa/10h06/
Luego de una larga hora, el vehículo se detuvo en la parte baja de un puente, cerca de un pueblito boscoso. Hiro dejó la maleta dentro del vehículo y levantó la vista después de estar en silencio y con la cabeza gacha todo el camino. — ¿Dónde estamos?
— Dijiste que te lleve a otro lado, pero no dónde. —cerró la puerta y puso seguro al vehículo. Los gritos de una chica llamaron su atención y sus labios se distanciaron un poco; Kiba se aproximó para darle un par de golpes en la espalda como impulso para avanzar a la caseta a unos metros de distancia. — Exacto. ¡Bungee jumping*! —exclamó emocionado.
Hiro lo observó algo confundido.
— ¡Hombre! No hay mejor remedio para quitar una cara larga, que un buen salto al vacío.
— Nunca lo he hecho antes. —Kiba compró dos boletos para un salto individual cada uno. — ¿Tú también?
— Ya que conduje hasta aquí, ¿por qué no? —Hiro lo miró tranquilo.
De camino al puente, el castaño de tatuajes percibió la mirada de fascinación del chico en las plantas y el paisaje.
— ¿Sabes su origen? —señaló el lugar donde se realizaba el salto.
— No. —sus perladas pupilas ahora lo contemplaban sólo a él.
— Nació como un ritual de hombría. Cuando un joven llegaba a los 18 años debía atarse una soga a los tobillos y saltar desde una plataforma rústica. Si sobrevivía era considerado un hombre completo y, además, traería buena fortuna en las cosechas del pueblo. Se documentó en la Isla de Pentecostés, Vanuatu. —Hiro quedó asombrado. — ¿Vanuatu? ¡Cerca de Nueva Zelanda! ¡¿Sabes dónde queda Nueva Zelanda?! —dijo molesto creyendo que no le había comprendido.
— Sí, sé donde es.
— ¡¿Entonces por qué me miras así?
— Es un dato... educativo.
— ¡¿Crees que soy un idiota que resuelve todo a golpes?! —bramó con varias venas en le frente.
— No. De hecho es muy interesante. Gracias, Kiba-kun. —sonrió. Kiba se calmó y copió el gesto, mientras rascaba su nariz con algo de ego aumentado por su alago.
Llegaron al sitio señalado por el entrenador. Hiro tragó gordo.
— ¡Te mostraré cómo se hace! —abriéndose paso hacia el instructor, Hiro limitó a observa como colocaban las cuerdas de seguridad y le danba un par de instrucciones. Cruzó la baranda y volteó su cabeza hacia el estudiante, quien lo veía con inquietud. — ¡Cuando saltes, grita aquello que te atormenta y verás como liberas ese incómodo peso de tus hombros!
— ¿En serio?
— ¡Nos vemos abajo! —antes de que pudiera pestañear, vio el cuerpo del castaño caer con una velocidad impresionante. — ¡TE EXTRAÑO, ESTÚPIDO SHINOOOOOOOO! —vociferó con todo su ser mientras pensaba en su difunto amigo. Hiro permaneció aferrado a la baranda viendo como paraba, poco a poco.
Luego de varios minutos, y una vez que Kiba era un diminuto punto desde la distancia donde se encontraba, había llegado su turno. Un poco de temor, pero ese extraño tenía razón. Quizá no había nada mejor que querer deshacerse del peso en sus hombros sobre lo sucedido con el Uchiha hace unas horas.
— ¿Entendiste las indicaciones? —preguntó el operador de mirada perdida.
— Sí.
— Bien. Colócate del otro lado de la barandilla y hazlo cuando estés listo.
Hiro caminó hacia el borde. Miró hacia abajo y sintió un poco de vértigo, pero no se retractaría ahora. Sujetó el fierro con fuerza y cruzó una pierna a la vez con seguridad. Se posó firmemente sobre la plataforma, no más ancha que su pie, y contempló el horizonte por unos segundos... Llenó sus pulmones de aire, cerró los ojos y dejó que su cuerpo fuera arrastrado por la fuerza de gravedad.
— ¡POR FAVOOOOR, NO TE ENAMORES DE MÍ, SASUKE-KUUUUUUUN! —gritó con todo su ser mientras su cuerpo recorría el vacío y sentía el viento en su rostro.
Kiba observaba desde la caseta de pagos las agallas que tenía para estar en sus 16. No logró comprender aquello que le pesaba en la espalda, pero sabía que sea lo que fuere, ahora seguro era más fácil de llevar que antes y sonrió de forma comprensiva.
/Distrito Kamimashiki/Río Midorikawa/Pueblo Kosa/13h16/
Luego de una descarga de adrenalina, ambos subieron al coche y el silencio volvió a ser un pasajero más; sólo que esta vez ya no parecía un peso en aquel escuálido cuerpo del estudiante.
Arribaron a uno de tantos restaurantes con bufet para turistas en la zona, Hiro vio que al castaño gustaba comer mucho y pensaba que debía entrenar con frecuencia para no tener sobrepeso.
Ambos tomaron asiento en una lejana mesa y platicaron cosas triviales como el clima y tareas, autos, lugares. Nada de información personal entre ambos, cosa que los hacía sentir cómodos.
Una vez terminado el cerro de carne en la bandeja de Kiba, se pusieron de pie para cancelar la cuenta. El castaño metió la mano en su bolsillo para sacar la billetera, pero Hiro no se lo permitió.
— Yo lo haré. —Kiba se hizo a un lado con tranquilidad y le señaló a la cajera.
— Son 50.000 yenes. —sacó su billetera con un poco de vergüenza al ver sólo 10.000 yenes y su tarjeta de metro... Una gran gota recorrió su nuca y con ligera timidez en su rostro miró al chico de tatuajes rojos.
— Eh... Yo... Creo que... ¡ah! —Kiba colocó su mano en el hombro y lo empujó con brusquedad.
— ¡Si no tienes dinero para qué te das esos aires de superioridad, idiota! —con la frente arrugada sacó el dinero de su billetera y pagó la cuenta... de nuevo. Hiro salió del lugar con un nubarrón en su cabeza y Kiba lo observó aburrido. — ¡Si vas a estar con esa actitud deprimente te dejaré botado en este lugar! —le da un par de golpes en la espalda para dar ánimo. — Si no cambias esa actitud, volveremos al puente y te lanzaré de él sin la soga.
— Lo siento, Kiba-kun. —expresó con una sonrisa melancólica por su fallo en pagar la deuda y el castaño le dio un fuerte empujón que lo dejó en el suelo.
— ¡Ahora sube al auto! —Hiro sintió un poco de nervios por su salvaje actitud, pero pensó que es una persona confiable de todas formas.
— Ya voy...
*Bungee jumping: Deporte donde se salta de un puente, plataforma o grúa con una cuerda elástica sujeta a los tobillos, así se cae de manera acelerada para luego amortiguar con pequeños rebotes. También se lo conoce como puenting. Además, lo que Kiba le cuenta sobre el deporte es cierto. :D ¡Ven que conmigo —y el fic— se aprende algo nuevo! xD
Besos y abrazos en papel... :3
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