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Disclaimer: Personajes de Masashi Kishimoto-sama y la trama es de Hang Yu-rang unni –sazonada a mi manera–. (-u-)

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ELLA Y EL CHICO DE LOS TATUAJES ROJOS


/Distrito Koshi/Residencia Yamanaka/Mañana/Días atrás/

— ¡YA... BASTA... HIDAN! —gritó Ine, pateando para intentar quitárselo de encima, pero todo era un esfuerzo inútil. — ¡Se los diré! —expresó cuando su boca fue liberada de la sofocación.

— ¡Oh, por Jashin-sama! —expresó aburrido, apartó su cuerpo y la almohada de Ine. — ¿Crees que ellos creerán en tus palabras? —manifestó con frialdad.

— ¡C-Claro que sí! —sus ojos estaban dilatados y tomaba aire a grandes bocanadas. Sujetó el teléfono sobre la mesa de noche para usarlo en caso de que se acercara una vez más. — ¡Son mis... ¡cof! mis padres!

— Puede ser, puede ser... —dijo con sarcasmo, soltando la almohada para sujetar con ambas manos el collar en su cuello. —Pero tengo la protección de Jashin-sama, así que no pasará nada. —La expresión de Ine era de espanto, pero la forzaba en una de ira. Hidan se acercó a la puerta y la abrió. —Ve, diles. Dudo mucho que te crean esta vez y, eh... claro. Tu historial con Ino-neesan no te ayudará, pero ve. ¡Ve!

Apretó ambos puños y se levantó de la cama, empujando a Hidan para que no fuera a sujetarla de los brazos.

Bajó las escaleras casi de un salto y allí, cruzando la puerta principal estaban sus progenitores, ingresando con las compras para la semana.

— ¡Madre, padre! —expresó, aguantando las ganas de llorar desconsolada. — ¡Hidan otra vez intentó asfixiarme con la almohada!

— Qué tonterías dices, Ine. —expresó la madre con molestia.

— ¡Pero es cie...!

— Ya no estar de floja en casa. —interrumpió la madre.

— Por fin te conseguimos un colegio, hija. —dijo el padre. —Hay que agradecer a tu hermano.

— ¡Él no es mi hermano! —gritó llena de rabia. Hidan apareció en las escaleras y ella lo señaló con desprecio. — ¡Ustedes sólo lo adoptaron para reemplazar el recuerdo de Ino! ¡Acaso no les basta conmigo! Acaso... ¿Acaso yo no importo? —su voz comenzaba a quebrarse.

— ¿Nos habríamos molestado en buscarte otro colegio, con esas calificaciones y conducta, si no nos importaras? —replicó su madre de forma fría y distante.

Así solo evades mi pregunta, madre. —susurró decepcionada.

— Aún sufre por la pérdida de Ino-neesan, madre. —acotó la voz de Hidan desde la escalera con un rostro dolido; completamente fingido.

Cómo te atreves... ¡Cómo te atreves! —se acercó a él y lo empujó— ¡Tú no tienes derecho a decirle así! ¡INO ERA MI HERMANA! —la señora abrazó al joven y el padre colocó la mano sobre el hombro de la pobre muchacha alterada.

— Cálmate, hi...

— ¡Si ella era tu hermana, por qué la tratabas como la tratabas! —interrumpió a su esposo. Su tono de voz sonaba dolido. Ine negó el gesto de afecto de su progenitor y miró a su cínica madre con resentimiento. Hidan se alejó un poco con ese rostro falso.

— Porque siempre te importó más ella que yo.

— Eso es...

— ¿Mentira? —rodó los ojos antes de acercarse a la mujer— Oh, por favor. Ella era la favorita... ¡Siempre te importó ella más que yo!

— Cómo puedes decir eso.

— ¡Es cierto! —tenía el ceño fruncido y las lágrimas estaba a punto de brotar— ¡NO TE PORTARÍAS ASÍ CON INO SI LA MUERTA FUERA YO!

— ¡Y POR QUÉ NO PASÓ! —respondió la mujer que al darse cuanta de las palabras quedó en shock.

Ine comenzó a temblar. Sentía su corazón hecho pedazos. ¿Por qué había conseguido una familia tan ingrata? ¿Por qué, después de muerta, el recuerdo de su hermana no la dejaba ser feliz? Sus ojos se enfocaron en Hidan, quien sonrió con malicia sin que los adultos lo notaran. Llevó la mano a su rostro para limpiar esas malditas gotas saladas.

Hija... —manifestó el hombre preocupado por la expresión de la muchacha, pero antes de que quisiera disfrazar esa falsa paternidad, salió corriendo sin rumbo fijo.


/Distrito Koshi/Parque/Tarde/

Llevaba casi cuatro horas fuera de casa y su estómago empezaba a gruñir. Hubiera sido buena idea tomar el bolso antes de salir para comprar algo por la calle, o tomar las galletas de la alacena para comerlas por el camino.

Sus ojos estaban fijos en el movimiento de sus pies, de adelante hacia atrás; sentada en una banca debajo de un árbol. Las personas pasaban por el lugar sonriendo, platicando, divirtiéndose... Suspiró con tristeza.

— ¡Cuidado, idiota! —expresó la voz de un hombre de traje— Drogadictos... —Ine levantó la vista.

Distinguió entre la multitud de personas a un muchacho alto de cabello castaño alborotado caminado de forma zigzagueante, chocando con las personas y disculpándose cada tres segundos. —(Él...) —Lo había visto antes. Se levantó intrigada y se abrió paso con cuidado hasta colocar su mano en el hombro de...

— ¡Sí, eres tú! —expresó con un tono alegre al reconocerlo.

— ¡Oh, genial! —expresó rodando los ojos— De todas las personas, hhaa... debías ser tú.

— ¿Qué te pasó?

El muchacho estaba sudando frío y se notaba muy cansado. Respiraba con algo de dificultad. Quiso colocar su mano en la frente para saber si tenía fiebre, pero no se lo permitió y la apartó de los hombros con un solo brazo, fue en ese momento cuando distinguió un trapo mal atado a la altura del hombro... ¿de color rojo?

— ¡Estás sangrando! —expresó preocupada. Quiso revisar, pero volvió a alejarla, esta vez con más rudeza.

— ¡No es asunto tuyo!

— Debes ir a un hospital. ¡Te acom...!

— No. —interrumpió con frialdad y la empujó hacia un lado para continuar su camino. —Déjame solo.

— Pero... ¡Oye! Estúpido... —refunfuñó sin seguirlo y permaneció quieta viendo cómo desaparecía del lugar.


/Distrito Koshi/Residencia Yamanaka/Tiempo actual/Atardecer/

— ¡Que Jashin-sama de bendiga, Ine-nee! —expresó gritando con devoción.

— ¡Lárgate de mi habitación!

— No crees que si quisieras estar lejos de mí, te hubieras marchado de casa ese día. —ella se levantó de la cama y tomó el teléfono en caso de que quisiera acercarse para hacerle algo. —Tranquila, tranquila. Hoy Jashin-sama me ha dicho que no te haga daño.

— No puedo creer que entre tantos... debían adoptarte a ti. —manifestó con asco. —A un loco. —con esas palabras su mirada cambió por completo y perdió el brillo. Un escalofrío recorrió su cuerpo y deseó haber cerrado la puerta.

De un segundo a otro, el muchacho, de su misma edad, se lanzó sobre ella sin darle oportunidad a detenerlo. Tomó asiento sobre su estómago y agarró sus muñecas con aquella fuerza característica de un hombre. Comenzó a gritar por ayuda. Esa postura en particular le traía pésimos recuerdos.

¡PADREEE! ¡MADREEE!

— ¡Cállate! —la soltó sólo para darle un golpe en la cara con el puño. Hidan tomó la almohada más cercana y la volvió a colocar sobre su cara como tantas veces desde que había llegado allí con esos adultos que la habían concebido una vez con amor... ¿O tal vez sólo fue amor para Ino y ella fue un desecho inesperado? Los gritos sordos y la falta de respiración... ¡La estaba asfixiado!

Calculó dónde se encontraría su cabeza para agarrar su cabello blanco grisáseo. Tiró de él para apartarlo de su cuerpo. Lo pateó y corrió a la puerta. Él empezó a reír con sadismo y sin una gota de remordimiento. Llegó a la sala y quedó petrificada al notar que sus padres se hallaban en casa... ¿Acaso no la escucharon gritar? No... No permitirían que él la tratara así. Ella era su hija. ¡Ella lo era!

— Pa-padre... —caminó hacia ellos, pero ninguno la miró. — ¡Hidan volvió a entrar a mi recámara!

— Basta, Ine. —contestó la mujer en el sofá. — Siempre dices lo mismo sobre tu her...

— ¡No lo digas! No... No lo digas...

¿Cuantas veces había escuchado lo mismo? Él no tenía ningún parentesco pero, siempre estaba de su lado. ¿Esto se lo merecía por haber tratado así a Ino? ¿Qué tanto más debía sufrir?

— ¡Me dio un golpe! —la mejilla le dolía y la tenía levemente inflamada. Esas personas la miraron con rapidez, el sujeto a quien decía padre, desvió la mirada con lástima, mientras la mujer mantenía su frialdad.

— Seguro te lo hiciste tú sola. —la mujer apartó la vista de la muchacha— Siempre has sido rebelde.

Ine abrió la boca y la pena la embargó en su totalidad. Las palabras en su cabeza no salían, ¡no lograba salir! No lo podía creer... Volteó y se topó con la mirada sádica de Hidan en la escalera, sujetando esa maldita cadena y rezando con esa cara de lunático. Las lágrimas emergieron y bajó la cabeza.

Salió corriendo por la puerta trasera.


/Distrito Tamana/Hotel-casino/Tarde/

No paró de correr hasta que sus piernas no dieron más. No sabía qué rumbo tomar, pero de algo estaba segura. ¡No quería regresar a esa maldita casa! De todas maneras, nadie la echaría de menos. Por eso estar en la pandilla era divertido. Ella era parte de un grupo, pero ahora...

PLOP, PLOP... PLOP... Levantó la mirada y una gota cayó en su mejilla. Las nubes... ¿Cuándo se había vuelto gris el cielo? ¡BROOOOOM! Dio un brinco y el chaparrón no dudó un segundo más en aparecer con fiereza.

Se resguardó en una parada techada delante de un bello edifico. Su entrada estaba decorada con letras de colores; claramente un casino. Aunque si miraba hacia arriba... Tenía demasiados pisos para ser sólo un lugar de diversión para adultos. — (Seguro también es un hotel.) —pensó.

Corrió una brisa fría y eso la hizo temblar, deseó haber llevado un abrigo, pero al menos no estaba mojada.

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Un auto se detuvo en la entrada del edificio y bajaron cuatro sujetos.

— ¡Eres como la mierda, perro!

— ¡Cierra la boca, Sakon!

— Ya cálmense, ¿sí?

¡grrr! —giró la cara con rabia el chico más bajo y de cabellera blanca con mechones marrones a los costados. — ¿eh? —divisó a la chica del otro lado de la acera antes de entrar. Tocó el hombro de otro de sus compañeros. — Oye, oye. Esa familiar, ¿no te parece una chica?

¡Qué! —no comprendió ni una maldita palabra.

— Quise decir, esa chica. —Señaló a Ine en el paradero. Ella también los miraba intrigada. — ¿Ella no fue la que atacó a aniki ese día? La de la navaja, ¿recuerdas? —su compañero también la observó.

— Sí, es ella. ¿Querrá hablar con el jefe? —ambos se miraron. Siendo los únicos en el lugar, cruzaron la calle con rapidez. Ine se asustó por un momento, hasta que los distinguió. Eran los que acompañaban al chico de los tatuajes rojos en el club de aquella vez.


/Hotel-casino/Noche/

Luego de una tarea más, Kiba llegó cansado a dar su reporte a los superiores. Akamaru lo escuchó entrar en la antesala de la oficina y se levantó del escritorio; donde se estaba quedando dormido.

— Hola Akamaru.

— ¡Aniki! —se acercó emocionado. Para Akamaru, Kiba era un modelo a seguir. — Aniki, tienes visitas. —Una mueca de molestia e intriga apareció en su rostro. — Lleva más de cuatro días en... digo, cuatro horas en la sala.

Kiba rascó su nuca y dio media vuelta. —Primero daré mi reporte.

— ¡Claro, aniki! —respondió con una sonrisa perruna.


/Hotel-casino/Una hora después/

¡grrr! —gruñó molesto— ¡Por qué tardaste tanto! ¡Me está volviendo loco! —Kiba suspiró y abrió la puerta.

— ¡Ya era hora! —reclamó una voz femenina. Sus párpados se abrieron por un momento, pero luego recuperó ese semblante hastiado.

— Tú de nuevo. ¿Qué haces aquí? ¡Cómo diste con este lugar!

— Él me invitó. —respondió con inocencia mientras señalaba a Akamaru. Kiba lanzó una mirada iracunda y su compañero desapareció como el humo. Kiba suspiro y señaló la puerta.

— Vete. Regresa a casa, niña. —Ine dejó esa expresión ruda a un lado y acarició sus manos con cuidad. — ¡Estoy esperando!

— No me quieren en casa. —acotó sin darse cuenta. No tenía miedo al estar a solas con él después de lo que había vivido a causa de esos malditos aquella dolorosa noche. Kiba guardó silencio. Se notaba en su voz y movimientos que no mentía. —Podría desaparecer y a mi familia no le importaría.

— ¿Cómo lo sabes?

— Sólo lo sé. —los rostros despreocupados de esas personas con su misma sangre, y la risa sádica de Hidan, aparecieron como una pesadilla. Kiba volvió a suspirar con pesadez.

— ¿Y qué? ¿Piensas quedarte aquí?

— Sí. —respondió con una sonrisa dulce y coqueta. Algo que no demostraba hace mucho.

— ¡Ni-de-broma! —se calmó un poco. Después de todo, había sido culpa de Akamaru que estuviera allí. ¡A penas se habían visto un par de veces! — ¡VE-TE!

— ¡No seas así! —respondió molesta. Él la alteraba. ¿Por qué?— Además, me lo debes. —Kiba abrió la boca para reclamar pero no salieron palabras ante su cinismo. —Bien, no me lo debes. Pero no dejarías que una chica vaya a esta hora a tomar el metro. —volvió a actuar coqueta. ¡Por qué!

Kiba la miró con los ojos muy, muy cerrados. Ladeo la cabeza. Lo único que pasaba por su mente, en ese momento, era lo desequilibrada que estaba para cambiar de ánimo tan rápido. ¡Casi era aterrador! Se cruzó de brazos. Luego revolvió más su marrones cabellos hasta que tomó una decisión, liberando todo el aire que tenían sus pulmones.


/Estación de trenes/Media noche/

Se sentía decepcionada por no haber logrado convencerlo, pero estaba confundida por esa ligera tristeza en su pecho por no poder convivir más con él.

— ¡Bien! Te traje, ya no hay excusas para que regreses a casa.

— ¡Pero nadie en ese lugar se preocupa por mí!

— Sigue intentando. —ella quedó pasmada por un momento al escuchar lo serio que sonó su respuesta. Un aire varonil y maduro le causó un cosquilleo en el estómago. — Ahora vete, quieres. Necesito dormir y mi departamento está lejos. —ella cruzó el torniquete y antes de dar otro paso más volteó; sintiéndose levemente tonta por lo que iba a decir.

— Si... ¡Si ocurre algo malo, te buscaré! —Kiba ya le estaba dando la espalda, pero al levantar su brazo en respuesta algo apareció en su interior. Algo cálido y suave como la brisa de verano.

Entró al tren, pensando que su apariencia salvaje, era una fachada. Él en realidad era un joven amable... y eso la hizo sonreír.


Besos y abrazos en papel... :3
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