Rosas estériles


Tooru dejó de pelear luego de que el sedante le fue administrado.

Porque era un sedante. Debía serlo, ¿no?

Un sedante, un hipnótico que anulaba las células RC. Tenían eso y mucho más en el CCG. Un ghoul rico podía conseguirlo, emularlo.

El hombre...Kanae, le acarició el cabello, todavía tenía la sangre de Tooru en las manos. Ella le sonrió, el fármaco hizo efecto.

Su herida dejó de doler.

—Los obsequios que llevo al Amo Shuu suelen calmarse así. No quería hacerlo porque altera el sabor de la carne ligeramente. Pero él sabrá entenderlo. Tú...sigues siendo un preciado ghoul de un ojo, igual que el objeto de sus afectos. Sabrá valorarte de todos modos.

Kanae se carcajeó. Hubiese sido hermoso como un príncipe turco, con sus cejas tupidas, si no fuese tan cruel. Olía fuerte a agua de rosas, llevaba un traje de diseño, no como esos ghouls que se arrastraban por las alcantarillas.

Tooru nunca se fijaba en la belleza de los hombres. Pero Kanae estaba tan cerca de ella, le hacía tanto daño.

(Tal vez Haise sí, era hermoso).

—Vamos...

Tooru se descubrió apoyada contra la espalda, los hombros de aquel emisario. A penas y tenía consciencia de qué sucedía.

¿El Amo Shuu? El cerebro de Tooru estaba mezclado pero algunos datos cobraron sentido en rumores.

Tsukiyama Shuu podría pagarse el coche último modelo en el que aquel hombre metió a Tooru como acompañante, sin siquiera molestarse en atarla.

Tooru se observó las manos, parpadeó. Solo no podía moverse sin que el mundo temblara, borroso.

Pensó en robarle una mordida a Kanae. Lo meditó. Pero estaba débil. Sus visceras habían colgado de su vientre hasta momentos atrás.

No podía sino cerrar el ojo destapado.

—Está bien que duermas, es una medicina pesada. Cuando despiertes, te presentaré al Amo Shuu. Te encantará servirle. Aunque tal vez no dures más que una noche. Ha estado hambriento...


Tooru no tenía forma de comunicarse con su escuadrón. Dejó caer su parche en el estacionamiento, un listón en el auto, otro en donde bajaron, pero tal vez era tarde para intentar esa técnica de rastreo.

No le quedaba nada más.

Se imaginó a Sasaki y Urie buscándola. Luego, a Saiko y Shirazu llorando sobre la tumba de ella, vacía. Creyó alucinar con su propia carne en un plato de oro, cuando Kanae la obligó a pararse y salir del automóvil.

La casa era tan...grande. Más que el alojamiento del CCG.

Otros sirvientes auxiliaron a Kanae para tratar con Tooru.

...Ella supo en seguida que la llevaban a las cocinas. Por unos segundos se preguntó si así se sentía ser artista, estrella de cine o cantante, con una pequeña multitud cargándote.

Una ligera esperanza la invadió con calor.

Tal vez no la matarían en seguida. A lo mejor solo le cortarían partes para servírselas al tal Amo Shuu.

Sonaba insoportable. Pero ella se hubiera aferrado a lo que fuera. Podía regenerarse.

Sin embargo, jadeó de tristeza cuando Kanae la sentó en una mesa de madera, la obligó a acostarse y a separar las piernas.

—Hay que administrarle más de ese hipnótico. Algo me dice que se pondría difícil si no —la observó Kanae, recibiendo un par de tijeras de las ayudantas.

Tooru se obligó a no decir nada cuando el filo de metal cortó sin más su vestido amarillo pálido, empezando por el sostén de encaje que realzaba su busto y que Haise Sasaki le hubiera procurado, porque ella jamás había ido a una tienda de ropa interior femenina.

Pero no era lo peor, solo estaban empezando. Kanae arrancó la tela de jirones que cubría el cuerpo trémulo de Tooru, una sirvienta le ofreció un cesto para que los arrojara.

Más lágrimas bajaron por los ojos de Mutsuki. Pero Kanae hizo un gesto feroz y pronto ella se contuvo.

—Necesitamos un enema para limpiarla. Y quiero ramos de hierbas pequeños para adornarla. Tiene que estar hermosa como una novia. El Amo Shuu no merece menos.

"Será mejor que cooperes si no quieres que te lastime como allá —la amenazó Kanae, enseñando los dientes.

Tooru no pudo sino asentir. Su costado a penas y había sanado.

Kanae la puso boca abajo con ayuda de las sirvientas. Los puños de Tooru fueron atados con tiras de plástico cubiertas por finas hierbas y flores frescas.

El secretario principal del Amo Shuu separó las sentaderas de Tooru con cierto asco en la voz.

—Ahora la pera de agua caliente, después el ablandador de carne sazonado. Esto solo es para limpiarla.

Lo que Tooru supuso, era la dichosa pera de agua, le rozó con su pico la entrada que nunca debió usarse como más que una salida. La penetración fue interrumpida por sonidos que Tooru asumió, eran de Kanae colocándose guantes plásticos.

Fue doloroso cuando finalmente sucedió, de no haber recibido más sedante, tal vez habría podido pelear.

Vagos recuerdos afloraron en su interior. Tooru trató de abrazar la droga que fluía por su cuerpo nuevamente ultrajado, para bloquearlos.

No podía transformarse. No lo haría. Alguien debía encontrarla.

Sasaki. Urie.

—Mueve las caderas como si le gustara. Parece que le he encontrado al Amo Shuu una especialmente...ligera...incluso está mojada por esto —replicó Kanae, con moderado desprecio en la voz, como si le costara contenerse de insultar a Tooru y golpearla.

Mutsuki odiaba estar atravesada por el plástico duro y mojado que lavaba y drenaba sus interiores. Sintió la presión del agua en sus tripas. Cuando la vaciaron y limpiaron con trozos de tela, casi vomitó.

—¿Si hago esto, dejarás de quejarte? —suspiró Kanae, con cansancio, metiendo dos dedos repentinamente desnudos adentro del sexo húmedo de Tooru, forzándola con caricias bruscas y penetrativas en segundos. Las cocineras y sirvientas los miraron, rostros que se cubrían, entre fascinados y horrorizados.

Tooru creyó que era la peor de las pesadillas, solo giró en la mesa, mordiéndose el labio, negando con la cabeza. ¿Ese hombre podría violarla? Pensó que debía entregarla limpia al Amo Shuu. Pero tal vez ni eso importaba.

¿Aquellas horrorosas mujeres solo lo permitirían? Tooru las odió por eso, pero no tenía suficiente energía. Los dedos de Kanae hicieron estragos en ella, pellizcaron su clitoris hasta que no le quedó ni una última dignidad.

—Te corriste en las cocinas de los Tsukiyama, mientras que te preparábamos para el banquete del Amo Shuu. Tú quieres ser devorada por él, como su presa. No digas que no, es tu destino, ghoul de un ojo. Algunos son comensales. Otros se convierten en comida —replicó Kanae, sacando hasta tres dedos que había introducido en Tooru, mojados y pegajosos con su espuma caliente.

...Algunos son violadores, otras son violadas, pensó Tooru para sí. Kanae se limpió la mano mojada en su rostro con desprecio y exigió a las cocineras que la cubrieran con ablandador de carne.


Su piel caliente olía muy fuerte, masajeada por los unguentos comestibles de esa familia de caníbales. El estómago de Tooru se retorció de hambre, revuelto como estaba. Tenía las mejillas surcadas por lágrimas, sus labios sangraban de tanto morderlos. Kanae los había lamido con desdén, sin dejar de hablar de cuánto gusto tendría por ellos el Amo Shuu.

Tooru fue colocada en una especie de carrito enorme, envuelta entre ramos de hierbas y flores, con las piernas separadas y las pantorrillas atadas contra los muslos. Su sexo quedaba aún mojado y expuesto, levantado por su cadera obligadamente alzada por las incómodas ataduras.

Kanae discutió con las mujeres de la cocina acerca de si depilar a Tooru o si acaso su pubis recubierto de una pelusa oscura y suave fuese adecuado. Decidieron que el Amo Shuu había amado a Ken Kaneki (fuese quien fuera) "al natural" y que ya muchos artificios "gourmet" tendría su nuevo plato como para alterarlo más. El Joven Amo podía ofenderse hondamente.

Tooru no podía pensar. Indagó acerca de qué clase de horrendo monstruo sería ese hombre, que no era un hombre.

Con un nudo en la garganta, en tanto Kanae empujaba el carrito como si Tooru fuese la cena (lo era...), se preguntó si Shuu Tsukiyama la violaría.

Aquellas mujeres y ese secretario glorificado habían abusado de ella. ¿Podía ser peor que eso?

¿Cuántas horas llevaba allí? ¿Podrían sus amigos encontrarla?

Los pasillos desde la cocina eran largos, Kanae subió a Tooru por un ascensor. Había un olor penetrante a rosas, Tooru no sabía si venía de un jardín o si era artificial. Se le ocurrió que Saiko si, hubiera sabido de inmediato, pero la idea de que su única amiga compartiera con ella una suerte tan triste, solo le arrancó una lágrima más.

Al menos Saiko probablemente seguía en Casa, con sus videojuegos. ¿No? Ella no era útil en el campo de batalla. No se mandan niños a pelear, Urie difícilmente lo entendía.

Tooru adoraba a Saiko. Al menos no habían caído juntas.

El cruel Kanae tenía solo un cuerpo de un ojo oscuro para ofrecer.

Kanae, por cierto, tocó a la puerta de una habitación.


El Amo Shuu era piel y huesos. Un ghoul moribundo ataviado con trajes caros pero venidos a menos. Parecía que el monstruo los usaba en su cama, mientras que lloraba y maldecía por un amor absurdo.

(Tooru deseó nunca amar a nadie así, pero en el sopor de las drogas, Sasaki pasó por sus ojos, sonriendo lejano en un lugar seguro, al que tal vez ella nunca podría volver).

Cuando Kanae liberó sus piernas y la obligó a ponerse de pie, para presentarla, Tooru vio junto a la cama con dosel, cráneos blancos pelados. Todo su cuerpo se estremeció.

Pronto sería una más.

Imaginó entonces a todos sus colegas queridos en el funeral con ataúd vacío.

Sasaki sostendría un paraguas bajo la lluvia y diría cuánto había aprendido como su maestro. Urie dejaría que su rostro se mojara para disimular las lágrimas. Shirazu se sorprendería cuando alguien le dijera que Tooru era mujer y que la habían violado antes de comerla, él tendría la boca abierta y estaría horrorizado durante todo el sepelio falso.

Porque siempre se sabía qué les habían hecho, aunque el informe no lo incluyera.

Saiko abrazaría a Urie, la llamaría "Mucchan", con el corazón roto, porque Mutsuki pidió a Sasaki que la excluyera de la operación a sabiendas de que pudo ser ella.

Si...

—...Es solo para usted, Amo Shuu, una mística ghoul de un ojo, está desnuda y preparada, tuvimos que anestesiarla un poco pero responde bien a estímulos sexuales, así que si quiere poseerla antes, será propicio —explicó Kanae, pasando la punta de los dedos por los hombros de Tooru, bajando pronto sobre sus pezones erectos y mojados en el ablandador de carne, hasta acariciar impúdicamente su vientre y atreverse a separar los labios vaginales para presionar el clitoris, arracándole a Mutsuki un gemido y llanto quieto.

Tooru sintió la mirada del hombre sobre la piel como otro peso al de las caricias bruscas de Kanae. No le hubiera importado. No a esas alturas, cuando ya había asumido que su destino sería morir.

Él sonrió. Cobró una extraña energía. Como la de una aparición fantasmal y demoníaca en su hora mágica.

Merci beaucoup, Kanae, pero no podría comer más que un bocado, por las molestias, como siempre. Además...¿Ella no es la amiga de Kaneki? Oulala, she is! What a coincidence! Wusstest du das?

—Uhm...no. Yo...la encontré en una subasta. Es para usted. No recordaba que Kaneki se rodeara de alguna mujer, aparte de la de cabello azul que suele dirigir.

La voz de Kanae tembló, pero sus dedos pellizcaron el clitoris de Tooru más fuerte y siguieron frotándolo. Mutsuki gimió, bajando la mirada. No podía hacer nada.

—Me encanta verte comer, alimentarte, Kanae, pero...Si es una amiga de Kaneki, él la querrá de vuelta.

Kanae puso los ojos en blanco.

—Seguramente hasta él entenderá que una presa es eso. Y un regalo también.

—Solo un bocado...maybe.

La piel de Tooru se estremeció aún más. Ni ella entendía que movía las caderas entre las caricias forzadas de Kanae.

—¿Quiere usted arrancar su clitoris con los dientes, Amo Shuu? Ella lo disfrutará, es masoquista de corazón y las drogas la están soltando.

La mera idea del dolor anticipado llevó a Tooru al orgasmo entre lágrimas. Kanae rió, metiendo dos dedos entre sus carnes mojadas, bajo una mirada casi tierna del Amo Shuu.

—Me tientas, Kanae, lo reconozco.

—Me esfuerzo cada día por traerle solo lo mejor, Amo Shuu. Podría usted morder el clítoris de esta rebelde y subir hasta degustar su útero, que sangra dulcemente, como ya habrá percibido.

—...Como agua de rosas en tus manos, Kanae, ¡delicatessen!

Voy a morirme así, Sassan, Maestro, sin haber conocido más que de lejos tu dulzura. Al menos te he escuchado recitar haikus y...

Kanae colocó a Tooru de nuevo sobre el carrito, sacó de debajo del mismo un platillo y un bisturí. Cortó el aliento de Tooru al hacer esto, antes que su piel violada.

—¿Lo querrá así? ¿O tiene fuerzas para tomarla usted mismo, Amo Shuu?

El monstruo meditó un instante, con su rostro cadavérico resquebrajado por el hambre y la oscuridad. Tooru jadeó, esperando por su veredicto, que evidenciaría la barbarie de su destino finito y próximo a consumar.

—Kanae...I can't. Tú...Kaneki. Mis más queridos amigos. Kanae, eres el único que me entiende y el que más se esfuerza por mí. He sido...egoísta. Pero te compensaré por eso.

"¿Por qué no te quedas tú con esta mujer medio ghoul? Luego de conocer a Kaneki, puedo decir que son individuos muy especiales. Te enamorará como nunca nadie lo habrá hecho. Por fin podrás tener descendencia como tu padre. Ya es hora de que contraigas matrimonio, después de todo, eres el único de mis sirvientes que no tiene esposa. No aceptaré un "nein" por respuesta.

Kanae se quedó tan mudo como Tooru, aunque Tooru estaba muy abusada y drogada como para hablar.

—Amo Shuu...en serio...¿Esposa? Yo...ICH...

El tal Amo Shuu (un monstruo loco, sin duda), aplaudió como si estuviera rodeado de una comitiva que le sacaba fotos y tomaba notas de sus afirmaciones, que a su ver eran muy generosas e imaginativas.

—Ahora que tenemos un trato, my dearest servant...¿Qué si me ofreces solo un pequeño pedacito del muslo de tu prometida?

"Y júrame que algún día me darás un bocado de tus hijos. Serán deliciosos...

Antes de desvanecerse, Tooru Mutsuki tuvo la intención de alzar una mano y de pedir palabra en esa especie de...reunión informal sobre su destino. Lo intentó, movió la cabeza y los labios hasta llamar la atención de los ghouls.

Shuu la miró con curiosidad en su cansancio anoréxico. Kanae Von Rosewald con irritación.

Tooru pretendía explicar que ella prefería, por mucho, ser matada y comida allí mismo, que la perspectiva de sus amigos llorando frente a una tumba vacía se le hacía mucho más tolerable que la de volver a verlos con un bebé híbrido prendido del pecho, mordisqueando sus carnes, en tanto el Amo Shuu hundía a su vez las fauces en la piel del recién nacido.


Para esa chica fue fácil, se dijo para sus adentros Kanae Von Rosewald, ya en sus aposentos, abriendo los grifos de su baño privado para llenar la tina. Solo porque la muchacha ghoul de un ojo no podía bañarse en su propia rabia.

—Vamos, entra en el agua, mañana es la ceremonia. No puedes oler a ablandador de carne en nuestra boda —explicó Kanae, entre dientes, probando la temperatura del líquido.

La muchacha aún estaba muy drogada, evidentemente. Miró a Kanae con confusión, a pesar de tener las manos liberadas.

—¿Hablé en alemán sin darme cuenta, como para que no entiendas? ¡Hazme caso! —le gritó con brusquedad, señalándola y salpicándola.

Tooru llevaba sobre los hombros la chaqueta a juego de uno de los trajes preferidos de Kanae, arruinado para siempre con ablandador de carne, probablemente. La jovencita se la quitó, haciendo una mueca cansada, como si no hubiese pasado horas con las piernas abiertas, entre caricias dolorosas de Kanae. Sudaba frío cuando Von Rosewald se hartó, la sujetó del cabello y la llevó a la rastra para sumergirla por la fuerza en el agua caliente con sales aromáticas.

La cabeza de Tooru quedó metida en la bañera durante unos segundos, en los que Kanae mostraba los dientes y chillaba, fuera de sí. Finalmente, la soltó con brusquedad, permitiendo que Tooru respirara dificilmente, con su rostro enrojecido, tosiendo.

—¡Maldita sea! Maldita sea...Solo quería algo maravilloso para él. ¿Y has sido maravillosa? No puedo insultarte...eres un regalo que él me ha dado. Pero no sabes cuánto te aborrezco...

Tooru la observó una mezcla de miedo entre ausencias, como si estuviera muy horrorizada, aún en shock por lo ocurrido. Kanae supuso que era una vaca tonta y pasó a ignorarla. Tenía mucho en qué pensar. Buscó en el baño su juego de cuchillas para afeitar, una artesanía alemana hecha con restos de kagunes ancestrales y que el Amo Shuu le había obsequiado.

Kanae no se afeitaba, por supuesto, a lo sumo se rasuraba pequeños pelos que salían en la zona de su bozo y sobre todo, se delineaba las cejas tupidas para que fuesen elegantes y simétricas. Tenía que causarle al Amo Shuu una buena impresión. Como hombre de confianza, casado.

Dejó a un lado la cuchilla más afilada del juego para dirigirse a Tooru.

—Siempre he querido pasar mi apellido. Pero no podré así. No quiero que sea así —se dijo más a sí misma que a su esposa.

La chica se frotaba las manos mojadas, desorientada. Kanae la vio ponerse de pie y envolverse en una toalla, dubitativamente. La miraba como si acaso, Kanae fuese a golpearla otra vez, en cualquier momento.

Y no es que le faltara el deseo de hacerlo.

—¿Cómo diablos iba a reconocerte? Si andabas vestida como prostituta. No me sorprende que te agarraran para venderte, ghoul de un ojo, traidora, con las palomas. Aunque te impregnara, no querría un hijo tuyo si no fuera porque el Amo Shuu me lo manda, ¡no dudes de eso!

Tooru dejó que Kanae le pasara un acondicionador en el cabello, para suavizarlo un poco. Permitió que la joven le pusiera una colonia floral que Shuu les había regalado y finalmente, aún a regañadientes, Kanae dotó a Tooru con uno de los camisones que el Amo hizo traer como regalo de bodas improvisado. Era el más discreto. Blanco, con un escote disimulado.

—¿Qué diablos hacías para Ken Kaneki, de todos modos? ¿Eras su estúpida secretaria? Porque no te has defendido para nada, poco más y estabas feliz de que te llevaran, como si pertenecieras a un plato o una cama donde te gustara ser forzada. Conozco a las que son como tú. Solo quería que él te disfrutara, ¿era pedir demasiado? ¡Demonios!

Tooru se salió del baño para sentarse en la cama de Kanae. Se abrazaba su propia cintura, fruncía las cejas, estaba pálida. Pero no decía nada. Como si todo aquello la confundiera demasiado. Eso también irritó a Kanae, que la siguió hacia la habitación, con los puños apretados. Solo quería terminar de delinearse las cejas. ¿Tendría que dormir apresándose los pechos? No descansaría.

Pero por muy callada que estuviera la muchacha, ¿tenía garantías de que no le diría nada al Amo Shuu? Él estaba tan emocionado con darle posibilidad de descendencia.

...Tendrían que arreglárselas.

—Te cortaré la lengua si le cuentas a alguien lo que sea que veas en este cuarto. Hay maneras de que no crezca otra vez, ¿entiendes, prostituta, secretaria patética? Te sacaré provecho, es que aún no sé cómo. De momento...podrías solo tenderte y abrir las piernas para que beba tu sangre. ¡Eso sería un consuelo! —le dijo Kanae, con los dientes afilados y apretados, mirándose al espejo de su tocador.

Von Rosewald se sorprendió mucho cuando los brazos de Tooru se estrecharon contra sus hombros en un abrazo suave. Se quedó sin palabras un momento.

...Kanae, Karren, no era lesbiana. Pero la chica medio ghoul olía bien, dulce. No representaba una amenaza real.

Tooru besó su mejilla y sonrió. Ambas se vieron en el espejo. Karren comenzó a preguntarse en dónde había dejado su cuchilla para terminar de delinearse las cejas, pero pronto dicho filo (hecho de algo que Tooru conocía mejor como "acero de quinque"), se encajó en su cuello, privándola de gritar cuando el bikaku de Mutsuki (Investigador Ghoul de Rango 3 por entonces) la atravesó.

Y el resto de la noche de bodas sería complicada para Tooru, tenía que apresurarse y ser inteligente para salir de allí. Pero comenzaba a mejorar. No sería abusada otra vez.

Que urgando en los órganos de Karren, la descubriera mujer, no hacía ninguna diferencia en esas circunstancias.