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Disclaimer: Personajes de Masashi Kishimoto-sama y la trama es de Hang Yu-rang unni –sazonada a mi manera–. (-u-)
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MADUREZ, SOLEDAD, CAUTELA, ZOZOBRA
/Distrito Kikuchi/Mansión Uchiha/Atardecer/
Sasuke abrió la puerta sin meditarlo. La presencia que lo recibió en la sala llamó su atención y tuvo que detenerse en el marco de cedro que dividía la sala de la antesala y las escaleras.
—Regresaste antes. —Dijo con un tono atonal.
Su padre deja a un lado el celular y se levanta para darle un vistazo como si examinara una obra de arte abstracta. Su aspecto no le llevaría a nada bueno y sabía que las palabras que saldría de la boca de Fugaku no podrían empeorar más su ya irritado estado de ánimo.
—Rompiste la promesa de pelear, muchacho. Así que romperé la mía también. —comentó con un tono decepcionado y molesto.
Sasuke bajó la mirada. La imagen de Yahiko y Nagato llegó a su mente como una ráfaga de agua helada y la tristeza en los ojos de Hiro le estrujó el corazón.
—Discúlpame, padre. —Dijo con completa sinceridad. —No volveré a cometer un error como este.
Fugaku miró a su hijo a los ojos y se percató que no había arrogancia. Suspiró ligeramente. —Sólo por esta vez, Sasuke. —Dijo. Sasuke hizo una pequeña reverencia.
—Agradezco que cuide y procure por esos pequeños, padre. —Dio media vuelta y se retiró a su alcoba. "Si esos niños son felices, entonces Hiro y yo podremos serlo también un día."
Fugaku no dejó de mirar a su hijo hasta que se perdió en el pasillo del segundo piso. Desde lo que sucedió con Itachi y su amada Mikoto se había vuelto un muchacho muy problemático, pero algo le estaba encaminando lentamente de regreso al hijo atento de antes. Sasuke estaba empezando a madurar al pensar en esos niños de la calle y estaba seguro que se volvería un chico de bien.
/Distrito Nagomi/Mansión/Mañana/Día siguiente/
Revisó la dirección en el papel un par de veces antes de abrir la puertecilla de la reja exterior de aquella residencia con los ojos entrecerrados y un ligero toque de envidia por esa casa que más parecía una mansión. Lo primero que notó fue la falta de guardaespaldas, lo que le dio mala espina y mantuvo la guardia en alto. Tocó el timbre, la melodía tan común como en cualquier otro lugar, y la persona que abrió la puerta fue una jovencita con cabellera marrón de mirada dulce y firme.
Lo examinó de pies a cabeza como si fuera un bicho raro. —Buenos días. ¿Necesita algo?
— ¿Aquí vive un tal Tobi?
— "¿Un tal?" —Repitió ella con leve asombro. —Así que eres a quien escogió. Sígueme. Me llamo Rin, por cierto.
—Soy Kiba. —Ella lo llevó hasta un dojo en la parte trasera de la casa y en el jardín vio la silueta del muchacho hablando por teléfono. — ¡Es para ti!
—Cuando tengas la información me informas, Sakon. —Obito colgó la llamada y corrió a la puerta con una actitud infantil mientras Rin abandonaba el lugar con un rostro ligeramente molesto que Tobi ignoró.— ¡Qué gusto verte, broh! —Exclamó Tobi con un apretón de manos y una palmada en la espalda que Kiba aceptó y devolvió con una mirada de recelo. —Todavía me miras así, eh. Me agradas, sabes. Me miras como si quisieras matarme.
Tobi se alejó y tomó una katana que decoraba la parte lateral del dojo. Empuñó el arma con la punta filosa justo en medio de los ojos de Kiba, pero él no se movió, ni pestañeó. Tobi sonrió de perfil, satisfecho.
—Eres como yo.
—No soy un psicópata. —Contestó Kiba todavía con frialdad y serena distancia. La carcajada de Tobi no demoró en resonar dentro de aquel vacío e impecable lugar.
—Sabes qué. Te voy a dar la oportunidad de golpearme. ¿Qué opinas?
Kiba sonrió con ánimo y aceptó sin dudarlo. Tobi también sonrió de la misma forma y con la katana dio un movimiento tan fugaz y rápido que antes de notarlo Kiba ya tenía la punta de la katana enterrada en el bicep izquierdo. Kiba apretó la mandíbula, dio un paso hacia atrás para sacar el arma de su carne, lanzó una patada rápida con dirección a la cara de Tobi que no lo esquivó ya que la katana se interpuso en el camino; sin embargo el corte en la pantorrilla del muchacho castaño no detuvo la fuerza del ataque y con el pie asestó un golpe limpio en la mejilla.
Ambos dieron un paso hacia atrás.
Tobi bajó la katana y tocó su mejilla roja en hinchada. Miró a Kiba y echó a reír con completa camaradería, pero Kiba no apartó los ojos del loco ni siquiera para mirar las heridas en su cuerpo.
— ¡Eres genial! Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que alguien logró tocarme, sabes. Te voy a tratar como un igual, Kiba. Eso es algo que no hago con nadie. —Guiñó un ojo y chasqueó los dedos en dirección a Kiba, pero él resopló con la nariz.
—Tú y yo jamás seremos iguales.
Tobi enterró la katana en el suelo sin temor alguno en provocar una fisura sobre la madera pulida. Sacó del bolsillo interno de la chaqueta una cajetilla con cigarrillos y le ofreció uno a Kiba, que lo rechazó, pero Tobi sí encendió el suyo propio. Tobi estaba completamente relajado.
—Sé que eres huérfano desde los siete, yo también. —La actitud en guardia de Kiba disminuyó levemente. —La única familia que me queda es Rin, mi hermana menor. —Señaló la puerta con el cigarrillo encendido en la mano. —Ella lo es todo para mí, no sabría qué hacer si le llega a suceder algo. Así que entre tú y yo vamos a cuidarla, algo que nunca le he pedido a nadie, chummy. Como te considero parte de mi familia ahora, puedes llamarme por mi nombre real; Obito.
Kiba relajó por completo la desconfianza en sus ojos y curvó las cejas.
"Así que este loco, de cierto modo, también conoce la soledad." Pensó sin dejar a un lado sus defensas; pues esa volátil personalidad no era de fiar.
/Distrito Tamana/Hotel/Oficinas/Mismo día/
Sasori abre la puerta sin tocar; como de costumbre cuando Madara lo manda a llamar.
— ¿Y bien? —Preguntó Madara mientras se servía un trago del mini-bar con una sonrisa tranquila.
—Él y la joven Rin se están hospedando en la casa del distrito Nagomi.
—La del dojo y la fuente de carpas, no. —Preguntó y Sasori confirmó con un sutil movimiento de cabeza.
—Por petición de Tobi, envié a Kiba unos días a su casa.
—Perfecto, perfecto. Lo que quiera, has de complacerlo. —Madara caminó hasta la ventana para contemplar la ciudad debajo de sus pies. Su calmada tranquilidad le dio oportunidad a Sasori para continuar con un tema a tener muy presente.
—Sin embargo se ha originado un problema, Madara. —dijo Sasori y el hombre giró la cabeza sin dejar de estar sereno. —Desde la fiesta, Tobi ha mostrado interés en el sobrino de Iruka. Tanto así que se inscribió en el colegio como estudiante. ¿No sería mejor contarle el plan a Tobi?
Madara contempló su vaso por un breve momento antes de regresar la mirada al paisaje. —No, Sasori, no es necesario. Gracias por el aviso de todas formas. Eso sí, quiero que vigiles a Hiro porque no es normal que Tobi muestre interés en alguien que no sea él. ¿Entendido?
—Como ordenes, Madara.
/Distrito Tamana/Residencia Haruno/Mañana/Mismo día/
Salió de la recámara con la mochila en el hombro, descendió las escaleras con paso firme como de costumbre y no fue hasta que vio a Sakura en la puerta que se percató que tenía la mente en blanco desde que se había levantado. Los ojos de Sakura lo evitaron con culpa. —Hoy tomarás el bus, Hiro. —ordenó y salió cuando el chofer le abrió la puerta. "Disculpa, Hiro. Espero que entiendas que no quiero desquitarme contigo por el camino así que será mejor si cada quien se va por su propia cuenta..." Meditó una vez el auto arrancó.
Hiro sabía que Sakura estaba sufriendo por su error. No podía culparla si no quería verle, mucho menos hablarle como antes. Contempló cómo el auto desaparecía a unas cuadras y caminó hasta la parada con serenidad.
Mientras avanzaba por la acera, meditó. Se dejó llevar por las profundas cavilaciones de su atormentada cabeza al recordar quién estaba en su salón ahora. No podía bajar la guardia en ningún segundo, así como tampoco podía dejar de estar pendiente de la seguridad de Sakura a la distancia, ni mucho menos tener un rendimiento deficiente en las calificaciones. Desde ese día en adelante tendría que ir diario al dojo a entrenar para mejorar en caso de que ese tal Tobi quisiera enfrentar a Sasuke o, peor, a él.
Al doblar la esquina levantó la mirada cuando escuchó el motor del bus partir de la parada y aunque sabía que el próximo llegaría dentro de diez minutos —lo que le haría llegar tarde— no tuvo ánimo de correr para alcanzarlo y continuó a paso monótono para tomar asiento en las banquetas.
—... sí y luego ella me... Oye, mira quién toma el bus como los mortales. —dijo un muchacho a su compañero dentro del bus.
—Mmm... ¡Eh! Parece que la señorita soy-una-princesa no le dio aventón. No comprendo como Hiro la soporta.
La palabra "Hiro" atrajo la atención de Sasuke como un rayo, estiró el cuepo ligeramente entre el concurrido transporte y cuando se dio cuenta que de verdad Hiro estaba en la parada, empujó a quien estuviera en su camino para tocar el timbre y detener el bus, pero éste ya se había alejado demasiado y lo dejó en la siguiente parada. Sin darle importancia a los reclamos de los adultos a quienes empujó para salir del repleto bus, corrió sin detenerse ni un solo segundo o perdería su oportunidad.
El sonido suave de unos pasos volteó su rostro y se levantó del asiento cuando la presencia de Sasuke se volvía cada vez más grande y definida, hasta llegar justo frente a él con la respiración agitada. Por un segundo, Hiro se perdió en las vaporosas ojeras bajo los ojos de Sasuke y para cuando se percató de su entorno, Sasuke tenía la cabeza apoyada en su hombro como aquella vez en el baño.
—No pude dormir anoche por lo que ocurrió ayer. —comentó con ese tono relajado que sólo le regalaba en la calmada presencia de la soledad que los envolvía.
Llevado por la calidez en el pecho, Hiro colocó su mano en el hombro de Sasuke. Muy en el fondo quería abrazarlo, quería decirle que no se preocupe por él, que podía manejarlo, quería decirle que si estaba agotado podía descansar en su hombro hasta el siguiente autobús, quería decirle tantas cosas... Pero luego recordó que ambos se encontraban a un par de cuadras de la residencia Haruno, recordó las palabras de Kakashi y entonces esa cálida sensación en su estómago por la cercanía del chico se convirtió en un retorcijón.
Lo apartó antes de que aquello se convirtiera en un error irremediable.
—Deja de hacer eso. —Expresó con lejanía, mirándolo a los ojos con frialdad.
Sasuke arrugó la frente levemente, tomó a Hiro por los hombros y lo acercó a él hasta que sus labios sintieron la misma suavidad que en la bodega del gimnasio.
Ella abrió los ojos de par en par y el ardor en sus mejillas se propagó en todo el rostro con una intensidad atroz. La acción no duró más allá de un par de segundos que para ambos fue la pérdida temporal del tiempo. Sasuke se apartó y la contempló de aquella forma dulce y tierna que sólo ella tenía permitido conocer... O más, bien. Aquella parte que Hiro tenía permitido conocer.
—Ya no me importa lo que dirán los demás. Ya no quiero ocultar lo que siento por ti, Hiro.
Las palabras golpearon su pecho como un camión. Sin darse cuenta suspiró y cuando el aire escapó de su labios, también lo hicieron las lágrimas. Sasuke apartó las manos de lo hombros en shock por su reacción. Esperó que un golpe impacte en la mejilla como la vez anterior, pero su actitud lo desconcertó hasta dejarlo sin palabras; sin movimiento. Hiro abrió la boca levemente para decir algo, pero el cuerpo comenzó a temblarle y lo único que pudo hacer en ese momento fue dar media vuelta y huir. Correr lo más rápido y lejos posible de Sasuke.
— ¡Hi...!
— ¡Déjame en paz! —gritó sin medir su tono de voz, acomodó la mochila con una mano y bajó la mirada rogando a todos los dioses que nadie los hubiera visto porque no soportaría que lo alejen de Sasuke para siempre por aquel estúpido descuido. "Por qué, Sasuke-kun... ¡Por qué!"
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Chummy: Es una forma coloquial para decir amigo. Algo así como "pana, yunta, socio, parcero, compadre" (agreguen el común de su país).
Besos y abrazos en papel... :3
