Advertencias: OoC. Lo típico. Yaoi. Ortografía.
Agotado era poco a como se sentía. Y sólo llevaba dos semanas.
Lo peor es que no era un agotamiento físico -su nuevo trabajo no requería mucha energía-, era un agotamiento mental.
El pequeño Sasuke ante su emoción por empezar a manejar arcilla no midió al utilizarla y ahora el rubio esperaba afuera del baño, esperando que el pequeño terminara de bañarse.
Suspiró.
Estos días han sido complicados en la escuela y ni hablar de su nuevo trabajo.
En los últimos días su estadía ahí ha sido... extraña.
Y la causa de ello no era el pequeño que estaba adentro del cuarto, era lo que le seguía de él. Itachi comenzó a tomar el extraño hábito de lanzarle lascivas miradas cuando Sasuke estaba distraído; y aun así el muy descarado no tenía pudor alguno en siquiera disimular aquellas acosadoras miradas.
Deidara, por supuesto, solo decidió no ponerle atención, sabiendo que eran sólo intentos para fastidiarlo, lamentando que debido a que estaba en la casa de la familia Uchiha, no podía permitirse el lujo de gritarle un par de obscenidades en su rostro como habitualmente lo hace cuando están fuera de horas laborales.
Al menos agradeció que esa noche la familia Uchiha saldría esa noche de viaje y volverían hasta el domingo en la noche.
El sonido de agua corriendo se disipó y minutos después salió un Sasuke con cabello húmedo y pijama puesta.
— ¡Listo sensei! —
Deidara estaba a punto de hablar cuando el sonido de un auto estacionándose se hizo presente. El pequeño, conociendo la interpretación de aquel ruido, salió corriendo hacia la puerta principal.
— ¡Llegó mamá!— Y aquella hermosa mujer entró sonriendo cálidamente al recibir la bienvenida de su hijo. Y en respuesta, Sasuke llevó de la mano a su madre para que viera lo que aprendió hoy con su nuevo Sensei. — Mamá, mira, sensei me enseñó a usar arcilla, ¡Ven a ver lo que hice!
Mikoto con un gesto se disculpó de Deidara y acató la orden de su hijo.
El rubio estaba a punto de ir por sus cosas cuando un conocido, pero no por eso agradable rostro se detuvo a seguir con esa ya costumbre de mirarlo de forma descarada.
El rubio devolvió la mirada con hastío.
— ¿Qué quieres?—
— ¿Te quedarás? —
Y fue ahí cuando el rubio recordó que Uchiha Itachi planeó una de sus tantas y salvajes fiestas. Suspiró cansado. Aquel joven no podía ser más atrevido al hacer una fiesta la mismísima noche que sus padres se van a ir.
Asintió con la cabeza e Itachi volvió a su habitación.
Deidara al quedarse solo se sentó en los amplios sillones de la sala, preguntándose en qué demonios pensaba cuando acepto ese trabajo. Y realmente el trabajo no era complicado, Sasuke era un buen alumno, por no decir ideal, aprendía demasiado rápido y tenía energía de sobra, en la parte de mentor-tutorado no tenía inconvenientes, podía casi decir que lo disfrutaba. Pero a la hora de cuidarlo, era bastante diferente; todo el día se la pasaba hablando de su odioso hermano mayor, lo llevaba de un lado a otro en la casa y ni hablar de ciertos días cuando Sasuke recibía visitas, debía cuidar ahora a dos pequeños demonios, en ocasiones hasta tres.
A la hora de la cena, Deidara era un desastre y en más de una ocasión ordenó comida con tal de no acercarse a la cocina; sinceramente, agradecía en el fondo al ver que Sasuke no se intoxicaba en aquellas contadas veces que preparó algo con sus manos.
Y mejor ni hablar de aquel hombre de cabello negro y ojos carmín. Itachi realmente era un joven centrado, maduro y demasiado… mujeriego.
En el tiempo que llevaba ahí, el rubio se percató de la frescura que tenía el Uchiha el llevar chicas a su habitación. Lo más increíble es que era tan discreto que Sasuke jamás se daba cuenta, y por supuesto que con mayor razón sus padres menos notaban ese extraño patrón. Y al rubio realmente no le molestaba aquella situación, mientras no interfiera con su trabajo.
Fue entonces cuando sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Mikoto volvió con Sasuke, y cargando un par de maletas.
—Muchas gracias Deidara, sabes que siempre es un placer tenerte aquí, Sasuke…— Animo la mujer.
—Gracias sensei, tenga buena noche. —
—Buenas noches, Sasuke. —
Y el pequeño corrió ávidamente a su habitación, entonces Mikoto sonrió dulcemente y habló.
—Gracias por estos días, Sasuke está muy feliz desde que llegaste… Su padre y yo trabajamos mucho y aunque Itachi era el encargado de cuidarlo, desde que entró a la Universidad ya no ha tenido mucho tiempo… Así que de nuevo, gracias por aceptar quedarte. Y claro, al fin podré tener un tiempo con mi pequeño este fin de semana.—
Y Deidara dejó su orgullo un momento, sabiendo que las palabras de la morena eran sinceras.
—Gracias a usted… de verdad disfruto hacer esto. —
Y se sorprendió sabiendo que lo que había dicho no era mentira.
—Déjame llevar a tu casa, es tarde ya. — Dijo Mikoto.
—Deidara se quedará, me ayudará con una tarea escolar. — Respondió Itachi, quién ese momento bajaba las escaleras, escuchando a su madre.
—Ah, en ese caso. Buenas noches, ten bonito fin de semana, Sasuke y yo nos divertimos mucho. Es hora de irnos, tu padre nos esperaba en el aeropuerto. —
Mikoto estuvo a punto de retomar nuevamente el pesado equipaje, cuando Itachi le indicó a su madre que él se encargaría de subirlo al auto.
— ¡Hasta el lunes, Sensei!— Exclamó el pequeño con efusión.
Se retiraron por la puerta principal y se hizo audible el sonido del motor del auto alejándose.
Itachi entró nuevamente y el rubio se topó con la no muy agradable vista del pelinegro observándolo de forma impúdica, en respuesta preguntó con desdén.
— ¿Ahora qué?—
Itachi no apartó aquella mirada.
—Vamos por alcohol. —
Deidara rodó los ojos y salió por la puerta, en espera que quizá el descaro de Itachi disminuyera. Que ingenuo de su parte pensar eso.
No tengo perdón a Dios.
El último capítulo aclaré que el Lunes volvía a la Universidad. Hoy salí. Oficialmente, terminado otro semestre:)
Una enorme disculpa la tardanza y ni hablar de lo breve que resultó. Yo no quería, lo juro:C Pero sabía que seguir tratando de sacarlo, me haría tardarme más.
Aquí está, prometo que será más largo el siguiente *llora, esperando realmente poder sacar más de 5 cuartillas*. Un gran abrazo, les mando mucho amor.
