Advertencias: OoC. Errores de ortografía y cohesión.
Desgracias.
Su mente estaba divagando entre el alivio de un descanso y un lejano sonido de intensa música, gritos y alguna que otra botella de cristal rompiéndose. En circunstancias normales tanto escándalo no lo hubiera dejado dormir, pero aquella noche el cansancio acumulado le estaba pesando más de lo normal.
Ya comenzaba época de exámenes y sabía que era una muerte asegurada. Desvelos tras desvelos ya se hacían frecuentes. Además, su nuevo trabajo no hacía las cosas más fáciles, pero al recordar su atractivo salario aquella preocupación simplemente desaparecía. Y en este instante, también desapareció su apreciable descanso.
— ¡Rubia! Maldita sea, la fiesta es una puta gloria y tú estás aquí durmiendo, levántate ¡mierda! Apenas son las 11 de la noche. —
Sintió una punzada mental al ver que su apreciado sueño estaba siendo interrumpido. Decidió ignorarlo ocultando su rostro tras una almohada. Hidan captó el evidente gesto de desconocerlo, que él más bien tomó como un reto y sin dudarlo, vació su cerveza en la cabeza que aún se asomaba entre las sábanas.
— ¡Carajo Hidan! Quiero descansar. — Gritó el rubio levantándose de la cama con hastió.
—Deidara es una maldita fiesta, vienes aquí a embriagarte, no a dormir. — Interrumpió Kisame entrando a la habitación.
—Traté de irme… Pero Itachi jamás me dejó pasar por la puerta. — Se quejó el rubio tendiendo la cama que le fue prestada, sabiendo que volverla a ocupar sería imposible.
—Mañana es sábado, joder, no hay nada del maldito infierno de la Facultad. Diviértete y tírate una buena mujer, por tu humor se nota que lo necesitas. — Exclamó Hidan saliendo de la habitación para perderse en el mar de gente que afuera estaba extasiada en todo el escándalo.
—Esto es una maldita locura. — Se lamentó Deidara, siguiendo al albino.
Tomó sin rechistar la botella color ámbar que le fue ofrecida, justificándose de que le vendría bien distraerse un poco. Sus ojos notaron con sutileza como Itachi tuvo la cortesía de retirar lámparas, floreros o adornos que pudieran ser destrozados. Muy sabia elección. Sus fiestas solían hacer ruido incluso semanas antes de llevarlas a cabo. Toda la Universidad ya conocía que eran eventos dignos de recordar. Jóvenes se conglomeraban en aquel lujoso espacio. En la sala que siempre relucía por su pulcritud ahora estaba invadida de luces neón, un DJ con talento y jóvenes que se dividían entre bailar al ritmo de la música y restregarse entre ellos. Algo así podía ser estimulante o incómodo.
Sin previo aviso, ahora Kakuzu ofreció una cajetilla de cigarros, con el filtro asomándose, listo para ser tomado. El ojiazul no lo rechazó y al tomarlo de inmediato tuvo frente a él un mechero encendido. Así como su amigo llegó, se retiró. En parte se sintió aliviado de no ser presionado para socializar. Como pudo, alcanzó uno de los sillones principales, tratando de no meterse en la pista de baile. Disfrutaba su alcohol y cigarro en su soledad, que se vio nuevamente interrumpida cuando una chica de abundante cabello verde lo jaló sin aviso de su comodidad, adentrándolo en la multitud. Su colilla encendida resbaló de sus dedos.
—¡Deidara-san! Baila conmigo. — Gritó de inmediato la joven, evidentemente ebria.
La conocía bien. La dulce y escandalosa Kenny, compañera de la Facultad de Arte y amante de las excentricidades. Nunca tenía discreción alguna al predicar su eterna admiración por el ojiazul. Kenny, con el éxtasis de todo el alboroto y sus cero inhibiciones provocadas por el alcohol, colocó su casi extinto cigarro en sus labios, pero obviando lo que acababa de hacer, se acercó sin ningún recato en un claro amago de intentar besar al rubio, quién sólo sintió un inmenso ardor en su cuello. La pequeña Kenny se mareó demasiado y no alcanzó a llegar a su objetivo, pero si cigarro encendido si tuvo tiempo para alojarse en su piel.
—¡Maldición! — Gritó Deidara quien, aprovechando el desliz de la joven, se retiro o más bien, huyó de aquel espacio tan sofocante. ¡¿En qué momento?! Sabía que Kenny podía ser bastante imprudente a la hora de tomar, pero esto era ridículo. Moviéndose con brusquedad y ahogándose porque el humo caló hasta su garganta y ojos, tanteo hasta quitar la colilla aún encendida. Entró de inmediato al baño que afortunadamente encontró libre, vio en el espejo la marca que estaba cerca de su clavícula derecha.
—¡Rubia! Te vi entrar, abre, Kisame tiene que pasar. — Gritó Hidan al mismo tiempo que golpeaba con furia la puerta y trató varias veces de forzar la cerradura. El ojiazul, bastante irritado se aproximó a la puerta listo para lanzar algunos insultos a su amigo pero fue imposible porque de inmediato escuchó un gutural sonido y Kisame agachado frente a él vomitando justo en la puerta del baño.
Su cara descompuesta en asco fue todo un poema.
—Te dije que tenía que entrar. — Se excusó Hidan sin contener su descarada y sinvergüenza risa.
—¡Son unos idiotas! — Gritó a ambos, asqueado porque sus zapatos estaban hechos una porquería. Molesto y bastante cansado simplemente se los quitó procurando tocar solamente el talón y los arrojó a un rincón del baño. Kisame finalmente pudo llegar al inodoro, purgándose de una forma bastante gráfica y hasta grotesca. Conociéndolo, al terminar volvería a beber como poseído.
Esto era una broma. Y muy mal contada.
Él ni siquiera quería estar ahí, sólo deseaba ir a su modesto departamento a descansar. Pronto sería los exámenes finales y necesitaba con urgencia de tiempo libre. Pero Itachi se ponía bastante reacio con sus fiestas y ni hablar del resto. Hidan, Kisame, Kakuzu, Yahiko e incluso Zetsu apoyaban cada maldita locura, sobre todo si involucraba una fiesta de por medio.
Ahora su misión se concentraba en buscar a Sasori, su querido amigo solía ser más moderado en cuanto al alcohol. Pero no llegó a completarlo cuando de inmediato visualizó en su mente la habitación de Itachi y sin ninguna contemplación fue corriendo hacia allá, que se ubicaba en un tercer piso, asegurando la mayor privacidad posible. Pero antes de siquiera llegar al último tramo, su brazo fue jalado como por tercera vez en esa noche.
—Shhh… Itachi está ahí con una chica. — Susurró de inmediato Shisui, quien se aparto del bullicio y sólo descansaba en las escaleras. El rubio por un momento se sintió asqueado. Podía jurar que en la tarde que llego al hogar, justo antes de que Sasuke llegara de la escuela también estaba ocupando la habitación para el mismo propósito. Aquel gesto de aversión fue captado de inmediato por el Uchiha, quien río por aquel gesto y ofreció una lata de alcohol. Deidara, sorprendido por aquello, se percató de que a su lado descansaba un paquete considerable de cervezas.
—¿Porqué estás aquí solo? — Preguntó el rubio, aceptando su tácita invitación y sentándose a su lado.
—Estaba con Itachi tomando cuando una chica habló con él, pensé que no tardarían demasiado, pero de repente ya estaban entrando a la habitación. Decidí esperarlo, allá abajo se ve bastante escandaloso y prefiero quedarme aquí. —
—Es un maldito desastre. ¿No pueden simplemente disfrutar de un trago? Parece que nunca han probado el alcohol. — Expresó enojado, recordando porque terminó huyendo. Y escuchar aquello lo exasperó más. —Itachi es un cretino. ¿Cómo pudo dejarte aquí? Y por una mujer.
Shisui volvió a reír por aquello.
—Él es como mi hermano. Estoy acostumbrado. —
Deidara no llevaba demasiado tiempo conociéndolo, menos tratándolo. Pero era más que evidente la forma tan distinta de ser de ambos. Itachi era un descarado mujeriego, no sabía como tenía tantas mujeres si era el ser más frío que jamás hubiera conocido. Pero Shisui era un ser tan cálido, humano y sencillo. Había escuchado rumores de que la perfección de Itachi era sólo superada por aquel hombre, cuando escuchó eso, pensó en un ser incluso más prepotente e insoportable que Itachi. Pero nada de eso fue cierto. Tenía ante él una de las personas más agradables que jamás hubiera conocido. Siempre estaba sonriendo y relajado. Por un momento olvidó el alcohol derramado en su cabello, las quemaduras con cigarros y la asquerosidad ocurrida en sus pies, todas esas desgracias se fueron y aquel espacio tan pequeño lo podía sentir seguro. Ante él tenía un hombre que jamás hablaría mal de su hermano, aún cuando lo dejó morir por una mujer. Abrió la lata de alcohol y dio un profundo trago.
—Eres artista, ¿cierto? — Preguntó el Uchiha con motivo de iniciar una conversación.
—Sí… apenas llevo poco tiempo en la Universidad, pero estoy en proceso de convertirme en un artista plástico. —
—Eso es increíble, es genial, el mundo necesita más artistas. El arte nos mantiene con vida. — Respondió el Uchiha.
Deidara, por el contrario, se sintió claramente emocionado por aquello. No era ningún secreto que encontrar alguien que apreciara el arte era casi imposible y describirlo de esa forma tan sublime decía más de lo que se pudiera imaginar.
Pasadas dos horas después, la conversación jamás fue incomoda, mucho menos silenciosa. Entre más hablaba con Shisui más conocía a un hombre bastante agradable. Finalmente, Sasori subió las escaleras, que llevaba varios minutos buscándolo.
—Deidara, al fin te encuentro. Lamento interrumpirte, pero ya debo volver a casa y te había dicho que te llevaría. ¿Aún deseas que te deje allá? — Deidara pensó su respuesta unos minutos, por supuesto que no quería irse. La conversación era demasiado interesante como para hacerlo.
Pero no alcanzó a responder ya que la puerta de la habitación de Itachi se abrió y justo detrás de él una muy voluptuosa chica de piel morena y un afro impresionante salió de inmediato, lanzando una muy picara mirada a todos los hombres ahí reunidos y con un gesto silencioso se despidió de Itachi y una gran sonrisa, se retiró.
—Shisui, ¿aún queda alcohol? — Preguntó, pidiéndole de forma silenciosa que lo acompañara a buscar más en caso de que este escaseara.
—Itachi, siempre hay alcohol en tus fiestas. — Afirmó irónico ante su pregunta.
—Tienes razón, hermano. Deidara, Sasori. ¿Nos acompañan a seguir hasta el amanecer? —
Y Deidara sabía que si pasaba otro segundo más con Itachi se daría un balazo. Ya suficiente tenía con verlo todos los días.
—Gracias, pero Sasori no Danna me ofreció llevarme a mi casa y aprovecharé la vuelta. Será después. — Respondió el ojiazul.
—Gracias por la invitación. Hasta luego. — Respondió cordialmente el pelirrojo.
—A ustedes, por venir. — Respondió el Uchiha.
Deidara finalmente regresó al campo de batalla, que ahora lucía bastante distinto. Bastantes lugares eran improvisados como cama, otros tantos invitados seguían bebiendo y muy pocos estaban enfrascados en conversaciones que en aquel estado tenían bastante sentido discutirlos.
Una parada rápida en el baño que ahora era inhabitable y agradeció aún encontrar sus zapatos. Se subió al auto de su amigo mientras se colocaba su calzado cuidando no tocar la suciedad, cortesía de Kisame.
—Te busqué por horas. ¿Dónde estabas? — Preguntó Sasori, encaminándose a su casa.
—Estaba agotado Danna, yo ni siquiera quería estar ahí. Estaba buscando donde dormir, pero termine hablando con Shisui, he estado tratándolo un poco ahora que trabajo en la casa de Itachi, va bastante seguido a su casa y te sorprendería saber que es una persona bastante agradable. —
—¿Tú? Conviviendo con tantos Uchihas te vas a volver loco. Jamás pensé verte en esa casa por tanto tiempo. —
El ojiazul río en complicidad. Tenía toda la razón. Los Uchihas resultaban ser bastante interesantes. Y no sabía si quería conocerlos más.
Acercándose a su casa, notó un auto molestando el área de estacionamiento. Genial. En efecto, él no tenía carro, pero no por eso había porque invadir su espacio. Ya tuvo peleas previas con varios vecinos y no era agradable. Esperaba encontrar al dueño en la mañana, pero lo dudaba sencillamente. El pelirrojo lo dejó metros más lejos, agradeció y se retiró.
Una vez estando a unos metros de aquel auto, lo apreció a detalle. Y con horror lo reconoció.
Con prisa busco sus llaves y las introdujo en la cerradura.
Su lista de desgracias de aquella noche no hizo más que aumentar.
Aun así, estaba confundido, cuando fue a estudiar Universidad y comenzar la vida de estudiante independiente lejos de su hogar, su madre jamás se había tomado la molestia de visitarlo, menos de simplemente llegar a su casa sin avisar. Tampoco recordaba haberle dado llaves de su hogar. Y mucho menos recordaba los furiosos gestos de su madre, quien lo recibió cuando pudo abrir la puerta. Ah, ya recordaba cuando vivía en casa de sus padres y tenía la osadía de llegar a altas horas de la madrugada, como esa noche. La rabia de Kushina era un aspecto de ella que asustaba a cualquiera.
Demonios.
De verdad era una noche de desgracias.
No tengo vergüenza para volver. De verdad no la tengo. Pero no podía dejar esto inconcluso. La última vez que publique seguía con mi devastador estado de ánimo. Sigo devastada pero ya terminé mi universidad. Falta la tesis, malditasea.
ShisuixDei? JAMÁS. Adoro y amo a ese personaje, tenía que introducirlo y la verdad me encanta hablar de él, es demasiado bello. No hubo mucho de itachi, lamentablemente, mucho menos rastros de ItaDei, muy sad el asunto, pero quisiera establecer muy bien primero la convivencia entre todos los elementos para dar pie al romance:)
Estoy feliz de salir del hiatus y feliz de haber superado las página que habitualmente escribo de esa historia. Espero siga siendo leído, si al menos llega a una persona, me sentiré aún mejor.
Agradezco a quien sigue al pendiente, hace poco recibí noticias de esta historia de persona que aún esperan. Eso me sorprendió bastante. La buena noticia es que esta historia resurgió de las cenzas y esta ansiosa por verse publicada más seguido. Gracias por quien aún después de años, siguió en la espera. No los merezco:(
Lamento mucho la tardanza, lamento esta pausa gigantesca y espero de verdad compensarlo con los capítulos siguientes. Fue tanta mi prisa por publicar que no tuve tiempo de revisar bien los errores usuales, me daré mi tiempo de corregirlo más adelante.
Les dejo esto con mucho y a la brevedad seguirá el siguiente episodios. Gracias por seguir aquí. Les mando muchísimo amor.
