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Disclaimer: Personajes de Masashi Kishimoto-sama y la trama es de Hang Yu-rang unni –sazonada a mi manera–. (-u-)

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RESCATADA POR EL CAZADOR


/Distrito Nagomi/Mansión tradicional/Habitación principal/

—¡EL AMOR ES SOLO BASURA!

Cansado de los alaridos de Obito fue hasta la alcoba, giró la perilla y entró sin tapujos.— ¡Qué demonios sucede aquí!

"¡¿Kiba-kun?!" Hiro volteó con la mayor velocidad que pudo en el suelo, agarró una almohada y la abrazó con fuerza rogando con todas sus fuerza que él no la viera allí, vestida de esa manera. ¡No había excusa esta vez! Antes usó la obra teatral como fachada, pero estando allí con las vendas en el pecho, usando ese tipo de ropa...

— ¡¿Hiro?! —exclamó anonadado al verlo en el suelo con un vestido celeste de tiras y unas vendas alrededor del torso superior. Kiba subió la mirada hacia Tobi y alzó una ceja, Tobi se levantó de hombros como si no fuera nada, Kiba suspiró pesado, se quitó la chaqueta que llevaba puesta, caminó hasta el pequeño Hiro y cubrió sus hombros con ella. El calor de la chaqueta lo sobresaltó, luego miró a Tobi muy confundido usando la chaqueta para cubrirse por completo. — ¿Eres gay? —Le dijo a Tobi— ¿Esto es algún tipo de fetiche?

Una roca cayó en la cabeza de Tobi que casi lo lleva al suelo y a Hiro lo recorrió una helada calma mientras se ponía de pie cubriendo cada rincón de tu torso con aquella ancha chaqueta para que no lo viera de frente.

— ¿Que mierda? ¡Acaso estas mal de los ojos o eres estúpido! —exclamó Obito estupefacto.

—Ni lo uno ni lo otro. —contestó calmado— ¡Pero, vamos! Vestir de mujer a chicos como Hiro es de locos. —Hiro terminó de subir el cierre de la chaqueta cuando Kiba lo agarró del brazo y tiró de él como un trapo en dirección a la puerta. —Te llevo a casa, niño.

La carcajada de Tobi y su presencia en la puerta, bloqueando el paso, los detuvo a medio camino.

—No te metas en esto, Kiba. Este juego es mío. Mejor encárgate de Rin.

—No. —respondió Kiba sin soltar el brazo de Hiro.

Ambos hombres se observaron directo a los ojos con tal intensidad que Hiro sintió la presión en la habitación volviéndola más y más pequeña. Hiro creyó que si movía un solo dedo provocaría una guerra donde la sangre sería la última en pie. Nunca antes se había sentido tan pequeño e impotente en su vida y quería que terminara pronto.

Tobi volvió a reír con ánimo y dio un paso hacia el costado.

— ¡Vaya que me he divertido bastante hoy! —Kiba y Hiro vieron a Tobi de la misma incómoda y aburrida manera. — ¿Qué? ¿Quieren una invitación? Si no se van en los próximos diez segundos, no volverán a ver la luz del sol.

Kiba apretó el agarre en el brazo de Hiro y lo sacó como si fuera una pluma en el viento. Pero una vez los dos estuvieron afuera de la casa, Hiro se dio cuenta que ese bicho en su nuca que lo había acompañado hasta allí no se fue al dejar esa mansión.

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Tobi caminó por la habitación a paso lento. Estaba molesto. No podía creer que alguien tan imbécil como Kiba la conocía, e incluso la protegía sin saber que era mujer. ¡Era de no creer! Se detuvo delante del uniforme y luego la recordó vestida con aquella prenda femenina. Ella era una gema... Una joya sucia de mierda...

Agarró el uniforme y sonrió. "Hasta yo caí por ti, eh" Se dijo a si mismo de camino al balcón. "Y por ese motivo no dejaré que nadie más te tenga. Serás solo mía."

Llegó al balcón y la vio saliendo a paso rápido con Kiba delante.

— ¡OLVIDASTE ESTO! —Gritó y le tiró la ropa a la cara.


/Jardín/

Obito regresó al interior de la casa y Kiba suspiró. Volteó y contempló la ropa de Hiro cubriendo su cabeza por completo, lo que le hizo pensar en un perchero por un segundo; pero aquella imagen no le hizo gracia y suspiró molesto. —Siempre que me encuentro contigo pasan cosas muy raras. —dijo Kiba con el ceño fruncido.

— ¡N-No es algo que q-quiera! —exclamó avergonzado quitándose la ropa de la cabeza.

Kiba rascó su nuca mientras resoplaba por la nariz con disgusto.

—Vete a casa. —dijo al dar media vuelta para regresar a la casa de Tobi, pero Hiro lo agarró de la camiseta con el brazo libre.

— ¿Me puedes llevar a la estación del tren? Me cambiaré en los baños de allí. —Hiro lo soltó cuando Kiba dio media vuelta.

—Cámbiate en algún callejón vacío y ya. —Hiro sonrojó un poco.

—Por... Por favor, Kiba-kun.

Kiba comprendió su gesto y echó a reír con fuerza, lo que sonrojó a Hiro un poco más.

—Si... ¡Si alguien que te conoce te ve por allí vestido así pensará que saliste del manicomio! —dijo entre risas— ¡Un hombre vestido de mujer! ¡Dioses, qué risa! ¡AJAJAJAJAJAJAJA...!

Una gota de vergüenza acompañó su rostro rosado. —Me... ¿Me llevarás? —preguntó dudoso.

—¡Sí, está bien! ¡Sólo porque me hiciste reír! —Kiba le dio un par de palmadas en la espalda y caminaron hasta el auto.


/Avenida principal/

Llevaban varios minutos en silencio. Hiro estuvo contemplando el camino todo el tiempo hasta que Kiba habló.

— ¿Obito descubrió tu debilidad, no es así?

Hiro volteó con simpleza, miró a Kiba por un instante y regresó los ojos a la carretera.

—Agradezco la ayuda que siempre me brindas, Kiba-kun, pero eso no es algo que debas saber.

— ¡Hey! Sólo trato de consolarte. Eres muy frío.

—Así tiene que ser... —Hiro regresó la mirada a la ventanilla hasta que un golpe en la cabeza lo sacó de ese vacío y miró a Kiba con asombro y confusión. —Por... ¿Por qué...?

—Soy un adulto responsable que ayuda a un ingrato. ¡Eso haré cada vez que me faltes el respeto! ¡Qué grosería que no me trates como un adulto!

Hiro sobó su cabeza y no supo qué responderle con exactitud, pero al menos sabía que estaba agradecido por haberlo sacado de allí.


/Distrito Tamana/Parque/Noche/

Aquella sección del parque estaba iluminada, pero no había más alma que la suya deambulando por allí. El papel en su bolsillo tenía la característica marca de los Bakuyaku. Estaba seguro que tarde o temprano aparecería Deidara desde un arbusto con esa voz chillona.

— ¡Sasuke~! —Exclamó una voz con melodía. —Tiempo de no ver tu cara. Parece que alguien perdió los modales y ya no pasa ni a saludar.

Sasuke volteó con simpleza.

— ¿Qué quieres? —preguntó para que el rubio deje de irse por las ramas.

—Quería darte un regalo. Eso es todo.

Deidara chasqueó los dedos, en su boca una sonrisa le dijo a Sasuke que no saldría bien de allí.

— ¡Aniki! —gritaron los muchachos del colegio que insistieron en que volviera a ser parte de la pandilla. Los chicos estaban muy mal heridos. Tanto que la vestimenta del colegio estaba sucia de barro y con manchas de sangre.

— ¡Es culpa tuya! —gritó uno de ellos, Deidara sonrió satisfecho mientras sus hombres salían de los arbustos para apreciar las palabras de desprecio que iban a salir de los debiluchos en el suelo. — ¡Esto pasa porque ya no eres el líder!

— ¡Sí! —exclamó otro— ¡Tsuki no Hebi ya no tiene líder y ahora terminamos como basura!

—¡Por qué nos abandonaste, aniki! —recriminó el tercero.

Sasuke sólo los contempló en silencio.

—Si tú regresas, Sasuke —interrumpió Deidara—, todo volverá a ser como antes. ¿Recuerdas? Esa época en la que todas las pandillas de Tamana, Koshi y Kikuchi estaban en tregua. ¿Volverás a ser el líder de Tsuki no Hebi?

Sasuke contempló a Deidara por varios segundos. — ¿Qué tramas?

Deidara sonrió con cinismo. —Esa no era la respuesta que quería.

— ¡Aniki, por favor! —Gritaron los tres muchachos golpeados— ¡Aniki, regrese como líder!

—No. —respondió— No volveré a pelear.

Deidara ignora aSasuke y empieza a hablar con la basura. —¿Si ven? ¿Ahora se dan cuenta? Ese líder que tanto seguían ahora sólo piensa en sí mismo. ¡ÉL! —apuntó a Sasuke con ira— ¡Él que no le importa si otra pandilla los mata sólo por su tonta creencia de "no más violencia! —Deidara volvió a chasquear los dedos y un par de sus hombres se acercaron a los asustados muchachos. —Si ninguno de ustedes desea recibir una paliza diaria de mis muchachos, entonces golpearán a Sasuke hasta que ordene que paren.

Los tres chicos observaron sus manos libres con asombro y con un ligero empujón de uno de los grandullones que seguían a Deidara, atacaron a Sasuke sin piedad. Patadas a las pantorrillas lo llevaron al suelo con rapidez, puños limpios directo al rostro empezaron a derramar sangre y cuando uno de ellos pateó sus costillas descubrió que Sasuke no mostraba rencor o tristeza en su rostro. Al contrario, Sasuke se veía... ¿feliz?

—Esperen... ¡Basta! ¡YA BASTA! —gritó el último en empezar, pero el primero en detenerse calmó a los demás quienes al ver el rostro alegre y ensangrentado de Sasuke cayeron de rodillas. —Somos unos cobardes...

— ¡Unos malditos cobardes! —gritó otro. Los puños sobre la tierra, los cabezasos contra el piso, como castigo por haber levantado la mano contra aquel que los protegió por tantos años dentro de la familia Hebi ahora sentían que debían morir.

Sasuke se levantó con lentitud, tosiendo un poco de sangre.

—Dejen de hacer eso. —Dijo Sasuke— Futai, Biki, Muda... —el dolor en su costilla lo interrumpió momentáneamente.

Los muchachos dejaron de golpearse contra el suelo y las lágrimas de culpa empezaron a rodar por las mejillas sucias e hinchadas.

—Si así prefieren. —Dijo Deidara y los sujetos que estaban cerca empezaron a acercarse a los cuatro.

Sasuke se puso de pie, ignorando el dolor de la costilla.

—Déjalos. —le dijo a Deidara— Son sólo mocosos de primer año. Déjalos ir. Su castigo lo recibiré yo.

— ¡NO, ANIKI! —gritaron. Sasuke no permitió que se pongan delante de él para protegerle.

—Si realmente quie... quieren que los perdone. Dejen este mundo. —Tanto los chicos como los hombres de Deidara quedaron atónitos ante esas palabras. —Entrar es fácil, cualquiera lo hace, pero la oscuridad poco a poco te ciega y olvidas que afuera hay más... —Sasuke tenía los ojos fijos en los chicos de su antigua pandilla, pero su mente tenía el rostro de Hiro. —Cuando descubres que afuera existe una luz intensa te... te das cuenta que vale la pena dejar esto.

A la distancia que estaban los hombre de Deidara fueron incapaces de contemplar el brillo en la mirada de Sasuke. Pero esa intensa luz de la había hablado también llegó a los muchachos a su lado.

— ¿Al fin terminaste? —expresó Deidara con tedio— Sólo los dejaré ir su tú y yo tenemos un encuentro ahora mismo.

Sasuke dejó la postura encorvada y con el orgullo que siempre mostraba con sus ojos respondió: —Perderé ante ti y cualquiera que desee luchar. No cambiaré de parecer. No pelearé.

— ¿Sin importar con qué te ataquemos? —dijo Deidara mostrando el cuchillo en la mano de uno de sus hombres.

Sasuke permaneció en silencio. Decidido.

Deidara caminó, meditando un poco en lo que le había dicho su jefe con respecto a la situación de Sasuke. ¿De verdad sería ten imbécil como para no defenderse incluso contra armas blancas? No. Sasuke no era tan estúpido como para querer morir... ¿o sí?

Deidara se detuvo a un par de pasos de él.

—Si te arrodillas delante de mí, los dejaré ir.

Sasuke lentamente colocó una rodilla en el suelo y el rostro de todos, los golpeados y los golpeadores, quedó atónito. El orgulloso Líder de los Tsuki no Hebi se había postrado delante alguien como Deidara. Era de no creer. ¿Qué era aquello que había hecho que Sasuke cambiara de una forma tan radical? ¿Valía la pena no pelear por lo que sea que le habían dicho o hecho?

—Como quieras. —respondió Deidara con notoria decepción. Ante un hombre con la convicción de morir antes que cambiar su ideal no podía hacer nada.

— ¡NO ANIKI! ¡Levántate! —dos de los tres trataron de levantarle, pero Sasuke los detuvo con la mirada.

—Si de verdad sentían admiración por mí... Si aún la tienen... Entonces esta será mi última orden. Dejen esta vida y váyanse.

—Pero... aniki...

Los chicos sintieron la impotencia recorrer sus cuerpos, pero con las palabras que había dicho, con la convicción que demostró en sus ojos, les fue imposible faltarle más el respeto después de haberlo golpeado como un trío de cobardes. Si la última orden de Sasuke, el primer líder de los Tsuki no Hebi, era dejar todo ese mundo de pesadilla entonces lo harían.

Lo harían aún cuando el sonido de los golpes a la lejanía no les volvería a dejar dormir nunca más.

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Aún cuando los golpes destrozaban su carne, desgarraban su piel... Aún sintiendo la sangre cálida salir de su boca y rodar por la mejilla hasta pintar el suelo, en la mente de Sasuke sólo había paz. Si él no se defendía su padre continuaría protegiendo a Nagato y Yahiko...

Y si esos niños eran felices, Hiro también.


Ufff! Taim no si yu~ :v

Espero que les haya gustado. Yo disfrufro (disfruto+sufro) escribir este fic. Es vuestra culpa! xD


Besos y abrazos en papel... :3