Advertencias: OoC. Lo típico. Yaoi. Ortografía. Errores de cohesión.


Performance.

Huir de aquello era una tontería.

Vale, Itachi lo tomó bastante desprevenido. Pero podía manejarlo.

No era la primera vez que estaban detrás de él y sabía que no sería la última.

Así que podía asistir a aquella elegante cena sin ceder a nada de lo que Itachi le describía con lujo de detalles lo que quería hacerle. Sólo debía ignorarlo, ya después él se encontraría a otra chica dispuesta a complacerlo, y vaya que de esas había de sobra.

Deidara sabía muy bien con quien deseaba acostarse, pero sabía todavía más con quién no lo haría.

Aun cuando Itachi era irremediablemente hermoso, su actitud era de todo menos atractiva.

Arribaron al lugar y el simple ambiente de aquel punto de la ciudad era cegador.

Deidara, por supuesto, para ir a juego del elegante espacio se puso una camisa azul marino con pantalón negro, usar sutiles colores azules había resaltar aún más sus ojos. Itachi, vestía un elegante traje omitiendo por completo el saco de vestir y en su lugar un chaleco negro con detalles grises y una corbata azul marino. Dejando la formalidad, subió las mangas de su camisa a la altura de sus codos dando una espectacular vista de su blanca piel.

El lugar era encantador.

Se encontraba en el centro de la ciudad. El hotel West albergaba en una sus terrazas al Koto, ofreciendo una panorámica vista de la ciudad al encontrarse en sus pisos más altos.

Al bajar del auto, fue recibido por un valet parking quien tomó las llaves para mover el auto de la entrada principal.

Itachi señalo el nombre de la reservación a la hostess, quien los llevo a través del ascensor escalando cerca de 30 pisos.

Cuando las puertas se abrieron, Deidara estaba más que anonadado.

El lugar estaba divido en tres partes. Una barra enorme, el restaurante en toda la zona interior y la terraza, con incontables mesas exteriores. Deidara pudo notar una cantina con tanto alcohol que sus ojos se perdían en los coloridos licores.

Lo primero que sintió al entrar fue la impecable alfombra en color rojo, a través de un brillante marmoleo en colores cálidos y ocres. El tono que más predominaba en aquel escenario era el dorado y rojo, entre las luces con filtros naranjas y los largos manteles color vino.

Fueron escoltados a una de las mesas exteriores, donde el cielo ya comenzaba a oscurecer. El artista estaba fascinado por la vista que tenían, justo el cielo se pintaba de colores rojos por el crepúsculo que adornaba aquel encuentro.

Una vez ubicada su mesa en el instante en que se sentaron Itachi respondió.

—Permíteme pedir esta entrada, es pan foccacia horneado con aderezo balsámico. —

—¿Está bien confiar en tu juicio? —

El Uchiha río ante su comentario y ordenó aquello como entrada, acompañado de cerveza oscura artesanal.

Deidara pediría agua mineral y sopa miso acompañada con salsa ponzu.

—¿Qué opinas? ¿Es cómo siempre lo pensaste? —

—No… es mejor. —

—La exposición de fotografía está en el piso inferior, podemos ir cuando gustes. —

—Sólo si no te aburres y me presionas para irte. —

—Deidara, me ofendes. No porque esté arraigado a las leyes no significa que no sé apreciar arte cuando lo veo, como en este momento que lo tengo enfrente. — Halagó.

—Cállate y déjame disfrutar esta noche pretendiendo que no eres un atrevido. —

—Descuida, puedo ser lo que tú quieres que sea. —

—No me refiero a eso. —

—Ahora que es verano, supongo que la pasaré muy mal ahora que ya no tendré el gusto de ver tu encantador rostro. —

Deidara lo captó de inmediato.

—Él único que la va a pasar mal soy yo por verte tanto. Este verano mi familia decidió venir. —

—Me parece una noticia más que bien recibida. —

La mesera llegó, sirviendo las bebidas y entradas compartidas. El rubio, encantado por el menú, ordeno ahora teppanyaki de salmón. Itachi se decantó por un Okonomiyaki.

En el ambiente, comenzaba a escucharse una pieza de música clásica más que conocida.

Itachi y Deidara guardaron silencio para captar todavía más a Pachelbel y su canon en D mayor.

—¿Te gustaría ir a la inauguración de la exposición de arte contemporánea? —

Deidara lanzó una poderosa mirada de rabia ante ese comentario, entendiendo perfectamente el doble sentido. Con seriedad y furia mal disimulada, comenzó a sacar un cigarrillo de su bolso.

—Eres el mismísimo diablo, enviado para hacer de mi vida un infierno. —

—Deidara, dijimos que nada de rencores por aquello, sabes tan bien que yo que siempre fue un beneficio aquella decisión. —

Tenía toda la razón, pero jamás se la daría.

Colocó el cigarrillo en sus labios buscando inútilmente un encendedor, de inmediato, el mesero le ofreció fuego. Acercando con desinterés el cenicero, dio una profunda calada pretendiendo calmarse.

—Nunca te vio hacer tanto por alguien, sólo cuando estuviste con ella. —

Notó de inmediato a incomodad de Itachi. Algo que lo sorprendió, ya que aquel hombre era quien siempre tenía el control de la situación.

—Me sorprende que todavía la recuerdes. — Respondió, para de inmediato recuperar la compostura.

Claro que la recordaba.

Julia, mujer alta, piel blanco y cabello teñido en tono rubio. Siempre resaltó el intenso lápiz labial de un profundo color rojo. Esbelta, extrovertida, hermosa; embelesando a todo hombre que tenía enfrente. Era muy bella, pero también aspiraba a cosas en las que nunca fue buena.

Había estudiado ingeniería computacional, llevándose más de un suspiro por ser la única mujer de la generación. Desde siempre fue buena con los cálculos, más no con el arte.

Actualmente trabajaba en bases de datos, o eso escucho Deidara hace tiempo.

Pero sus hobbies eran… hacer arte.

Y era mala.

Muy mala.

Por no decir mediocre.

Gustaba de comprar lienzos del tamaño de una hoja de papel regular y realizaba simples trazos sobre él.

Deidara conocía bien su trabajo. Claro que sí. Bueno, pseudo-trabajo. Nunca estudio artes ni siquiera un pequeño curso. Más bien, ella abrió su propia página de blog dónde era posible encontrar, lo que Deidara describía como atrocidades.

Solo había trazos en su trabajo, machas y líneas. Que por cierto, todo era calcado. No poseía estilo propio, mucho menos técnica. No había nunca un concepto original, sólo dibujos aleatorios que ya tenían un autor detrás de él.

Por eso Deidara la odiaba.

Era precisamente todo lo que el arte no era.

Ella no tenía conocimiento alguno sobre técnica o teoría del arte, ni siquiera conocía sobre la historia, y aunque en ocasiones eso se compensa con talento, ni siquiera Julia poseía aquello. Sólo tenía dinero y alcance de esos materiales.

Le asqueaba como ella se hacía llamar a sí misma artista. La conoció desde el bachiller cuando gritó a los cuatro viento lo mucho que amaba el arte. El rubio se acercó, emocionado de conocer a alguien con sus mismas aficiones y terminó huyendo bastante espantado porque ella no tenía la más mínima idea de lo que estaba hablando.

Entre más escuchaba de ella, más la despreciaba. Y era difícil porque estaba inmersa en cada actividad académica del bachiller.

Cada año en la semana cultural, participaba activamente como organizadora de los eventos, incluyendo concurso de poesía, fotografía, arte y otras tantas disciplinas. Ella sólo hacía trabajo voluntario, le permitían hacer exhibiciones pero por supuesto, nunca tuvo siquiera un reconocimiento.

Ahí Deidara también conoció a Sasori, por su experiencia tan envidiable en la fotografía. Y así como Sasori siempre se llevaba el primer lugar en fotografía, Deidara lo mismo en la categoría de arte.

No importaba que presentaba, si no era pintura era escultura pero siempre ganaba cuando era concursante.

A excepción del último año. En la última semana cultural que presenciaría como alumno y la primera que hubo devastadores cambios por caprichos de gente ignorante.

La convocatoria fue la misma por años. El proceso de selección fue el mismo también. Hasta que Julia opinó que debía existir más participación de un jurado más variado en todas las disciplinas. Más que opinar, insistió con fuerza en que sería lo ideal.

Bien, quizá valdría la pena conocer la opinión del alumno común y se vea más interesado en distintas manifestaciones de las bellas artes.

Pero luego Julia comenzó a insistir que debía cambiar los criterios de evaluación. No suficiente con eso, ahora comenzaba a insistir en que debía modernizarse y mejor cambiar del arte clásico al arte pop y sus subsecuentes disciplinas.

Maldita sea.

Ya entendía a qué iba todo.

Julia quería que fuera cambiado a arte contemporáneo.

El maldito, insípido y nada creativo arte contemporáneo.

Sólo así tendría remotas posibilidades de obtener un lugar.

Llegó la junta de consejo académico, aquella que daría el veredicto final respecto a si se efectuarían los nuevos cambios o no. Con furia apelo a aquella decisión cuando fue tomada en cuenta y aplicada.

¿Por qué se había aprobado?

Entre los jueces, siempre era la opinión del Doctor Yoshitomo la más importante, aquel excéntrico hombre era el único con doctorado en bellas artes y una curricular impecable como artista. Él hubiera sido el primero en negarse al permitir jueces que no fueran artistas con experiencia.

Fue en aquella sala cuando conoció al presidente de la Sociedad de Alumnos, quien convenció al comité de que el cambio sería refrescante y atraería mayor participación del alumnado. Aquel fue el motivo principal de que el cambio se efectuara. Claro. El presidente era un maldito genio justo para persuadir a cualquier persona y su capacidad de argumentación era más que digna. Dejó de ser un asunto de las materias de arte, había una crisis de participación en todas las disciplinas por un exceso de requerimientos y por ser demasiado exigente.

Dichos cambios tuvieron éxito. Las listas de participación se llenaron de inmediato y ahora, entregaban reconocimientos sólo por entrar.

Premios a la mediocridad era como lo llamaba el rubio.

El ojiazul pasó días enteros gritando a Sasori la maldita situación en la que estaba.

Pero el culpable nunca fue Julia, ella sola nunca pudo lograr algo así.

Era su novio.

Sí, el presidente de la Asociación de alumnos, el que realmente tuvo el poder de lograr un cambio en el programa oficial junto con su criterio, evaluación y mesa de jueces.

Itachi Uchiha había sido el verdadero culpable de todo esto.

Todo por complacer al horrible ser humano que era Julia.

Finalmente se hizo oficial que la nueva temática del concurso era sólo arte moderno.

Deidara explotó.

Sasori no encontraba un modo sensato de calmarlo y quizá lo mejor sería no intentar hacerlo.

A pesar de las incontables quejas, Deidara se presentó como si nada hubiera pasado. Incluso iba bastante formal, con una yukata en elegante tono azul que resaltaba aún más sus ojos.

Fue una grata sorpresa verlo ahí, excepto para Julia, por supuesto. El jurado estaba conformado no sólo por el Doctor Yoshitomo, también por otros tantos profesores, alumnos, la secretaria académica, subdirectora y por supuesto, el director de la institución.

El momento del concurso fue una maravilla, al menos los primeros 20 minutos.

Los jueces se presentaron ante cada alumno y llegó el turno del ojiazul. Antes de que cualquier cosa ocurriera, Deidara encendió una bocina que estaba cerca de su espacio designado y puso en reproducción Canon in D. La suavidad de la música amenizo a los jueces, que esperaban impacientes.

—Deidara, ¿qué nos traes este año? —

—Es un performance. Mi invitada es Alisa, será quien lo efectúe. —

Ante él se encontraba una joven de belleza impresionante.

Piel de porcelana sin ninguna imperfección, pómulos perfectamente marcados y mejillas muy rosadas hacían un llamativo contraste con sus ojos profundamente verdes. Su cabello en tono color miel, casi rubio, se encontraba recogido por completo en un elegante y pulcro moño.

Vestía un elegante abrigo negro de piel sintética bastante abundante, lo que destacaba aún más su presencia y le cubría casi por completo desde el cuello hasta la mitad de los muslos, mostrando su satinada piel y pies descalzos. Sus manos se cerraban sobre su pecho, cuidando que la prenda que vestía no se abriera, permaneciendo perfectamente hermético.

La joven era demasiado hermosa y sólo aquel abrigo tan ostentoso y esponjado podía hacer juego con aquella belleza.

Había bastante expectativa de esta obra. Sobre todo cuando un lienzo se encontraba en el suelo, completamente en blanco. Justo enfrente de Alisa.

—Ella es mi arte. —

Comenzó a explicar Deidara y como si ella no pudiera verse más radiante, mostró una sonrisa enmarcando aún más sus facciones y sus perfectos dientes no hacían más que agregarle aún más encanto. El artista complementó.

—Y éste, es el arte que hacen ustedes. —

Sus delicadas manos abrieron aquel gabán y este se deslizó por sus hombros, mostrando en todo su esplendor su fino y desnudo cuerpo.

Podía ser una vista espectacular ante los ojos de quien era testigo de aquella belleza desnuda, pero todo, de repente, todo se hizo bastante perturbador.

Dio un paso al frente para descansar sus pies encima del lienzo.

Entre sus piernas, se asomaba un hilo grueso, que ella tomó para jalar con fuerza sacando un tampón empapado en sangre, al mismo tiempo una cantidad bestial de sangre salió expulsada recorriendo sin ningún pudor sus delicadas piernas, y siendo su piel tan blanca era un espectáculo grotesco. El resto de pintura -o sangre menstrual- restante cayó de lleno al lienzo sobre el que estaba. Una risa descontrolada salió de sus labios, erizando la piel de los presentes. Sin embargo, el artista continuaba con su semblante bastante seguro de sí mismo.

—Cielo, le falta color. —

La hermosa chica elevó ambos brazos tomando de su cabeza una aguja para el cabello, deshaciendo su perfecto peinado y haciendo que su cabello cayera de forma grácil sobre sus hombros. Con su mano contraria, y para asombro de todos, metió con furia sus dedos hasta el fondo de su garganta, provocando un gutural sonido y con violencia su cuerpo se contorsiono para expulsar con fuerza un líquido abundante y en extraño tono azul y vomitó directamente sobre el lienzo. Ahora su mandíbula se empapo de aquel tono y se creó un camino descendiente hasta su ombligo. Finalmente, y con movimientos propios de una bailarina, encajó la aguja justo en el centro del lienzo, en claro amago de apuñalarlo con fuerza y desprecio. Con la misma gracia, se levantó, descendió del cuadro fresco y con sus dedos empapados en saliva tomó la mano del artista, quién la recibió, para ambos dar una profunda reverencia.

Y todos los presenten estaban en shock.

Ni una palabra, ni un respiro siquiera.

La cara de pánico y asco de los jueces era más que impresionante, Deidara moría por sacar su teléfono y tomar una foto, pero lo había dejado en su mochila.

Kenny, fan a morir del ojiazul comenzó a aplaudir frenéticamente.

—¡Maravilloso Deidara Sempai! —

Tímidamente, los pocos aventurados aplaudieron con bastante inseguridad por hacerlo. El Doctor Yoshitomo fue el único que tenía una impecable sonrisa, familiarizado con este concepto. Aquello fue como estar en casa y aplaudió con energía.

Era un momento confuso.

Porque Deidara había cumplido con la cláusula estipulada.

Pero todo aquel enfermizo espectáculo fue demasiado.

Y para empeorar la situación, aquella chica seguía desnuda, sonriendo coquetamente, satisfecha por el espectáculo brindado.

—¡DEIDARA! —

Se escuchó un grito salvaje e irritado. Sin previo aviso, entró Julia empujando al rubio, en sus manos tenía un enorme suéter que uso para cubrir deprisa a la joven, atrás de ella venía Itachi y se la llevó de inmediato a la enfermería, en espera de que aquello no le hubiera hecho daño. En cambio, Julia estaba completamente enfurecida. Los jueces no sabían siquiera qué decir y aquellos con experiencia en el arte sabían que el performance había sido una crítica brillante. Pero la ambivalencia por haber presenciado semejante escena era demasiado por digerir.

Tenían primero el escándalo de que no sabían quién había sido esa chica y tampoco su edad, sólo rezaban que no fuera menor de edad, de lo contrario toda la Facultad estaría en un terrible predicamento legal. Los jueces expertos estaban de acuerdo en que ese performance merecía el primer lugar pero otros más puritanos no podían permitir semejante atrocidad. La noticia de que una mujer desnuda menstruó y vomitó sobre un cuadro en el suelo frente a los directivos de la escuela voló como pólvora. Los que ya conocían a Deidara sabían que haría algo como esto, pero no esperaban que fuese tan impetuoso. Otros tantos estudiantes hicieron notar que había un artista loco en el bachiller y finalmente la academia comenzaban a ver posible la expulsión de Deidara por haber montado semejante teatro.

El Consejo admitió su error en permitir algo tan subjetivo, moldeable y abstracto como el arte contemporáneo. Técnicamente Deidara no cometió ninguna falta. Pero tampoco podían darle el primer lugar, ya que eso daría apertura a que nuevas generaciones hicieran cosas cada vez más insensatas.

—¡Esto es inadmisible! Su obra fue mordaz, caótica, transgresora y brillante. — Gritaba el Doctor Yoshitomo.

Fue aplaudido y alabado por muchos expertos, pero esto no era la escuela de arte. El director le retiro su participación en el concurso. También creó reglas aún más estrictas y específicas sobre el concurso, que continúo siendo de arte contemporáneo, sin embargo ahora se especificaba bastante que estaba prohibido: el performance, desnudos parciales o completos, uso de armas de fuego y/o punzocortantes y la participación de menores de edad.

Para la creación de un nuevo documento legal que enmarcaba las nuevas reglas se necesitaba una mano experta en leyes.

Nuevamente Itachi Uchiha fue quién creó dicho documento.

Deidara no podía odiarlo más.

Y por extrañas decisiones que no estaban en manos del jurado ni los directivos, Deidara no fue expulsado.

Cuando firmó una carta de consentimiento para avalar su baja en el certamen, también se enteró que un aficionado al arte supo de su rebelde acto, con la curiosidad de que era un rector universitario… o algo así. Sólo sabía que tenía el poder suficiente para no expulsarlo y también, de ofrecerle una plaza asegurada en la Fraternidad Akatsuki.

La noticia fue más que bienvenida. Entrar a la Fraternidad aseguraba prácticamente la entrada a las universidades más prestigiosas con preferencia aún con sus filtros tan meticulosos.

Estar en la fraternidad fue el motivo por el que conoció a sus amigos, casi su familia, el motivo por el que ahora estudiaba arte en una universidad de tan elevada reputación, y quizás… debía darle las gracias a Itachi por eso.

Y aunque le pregunto quién fue el autor anónimo de todo eso, el nombre nunca salió a la luz.

[…]

Quizá fue asunto del alcohol o recordar con lujo de detalle aquella anécdota, pero Deidara reía sin mucho control sobre la mesa.

—¡Maldita sea Uchiha! Mi performance fue una obra de arte y todos lo sabían. Si Julia odió mi arte fue, porque como siempre, fui mejor que ella. —

—Sabes que Julia deseó tu aprobación y como nunca lo obtuvo, comenzó a odiarte. —

—Julia quería la aprobación de todo el mundo. Pero lo peor fue cuando obtuvo la tuya. —

—Créeme, pienso igual que tú. —

—No puede ser… Casi parece que tienes alma. Itachi, siempre quise preguntarte, ¿por qué fuiste pareja de Julia? Era una mujer demasiado intensa. —

Itachi sonrió con verdadero nerviosismo. Aquella era tema prohibido, pero al alcohol ya lo tenía de tan buen humor que era como si pudiera recordarlo con claridad.

—Te diré si tú me respondes quién fue aquella chica de aquel día. —

—Vaya, Itachi Uchiha ya busca a su siguiente presa. — Se burló el ojiazul.

—En lo absoluto, no es secreto que era una chica preciosa, pero siempre me pregunte como pudo prestarse para acompañarte en semejante locura. —

—Bueno, de hecho, fue idea de Alisa. Yo pensaba hacerlo yo mismo pero ella se anotó. Ella fue mi compañera en la Academia de Arte en Akita, estuve ahí en secundaria pero ya no pude seguir pagándola, ambos nos mudaríamos a Tokio después, pero ella para estudiar en la Academia de Danza Clásica, ahora es una bailarina profesional y es, de hecho, muy buena. Ella es una artista, como yo. Pero su personalidad, la que nos hizo llevarnos tan bien, siempre fue agresiva, intensa y extrovertida. Siempre la vi como una diva. Llevo tiempo sin verla pero aún hablamos. —

—Alisa, tú gran amiga Alisa. Estoy sorprendido porque fue idea de ella. —

—Lo que tiene de hermosa lo tiene de transgresora. Definitivamente su idea fue buena, causó más impacto que alguien tan bello realizara semejantes actos vandálicos. —

—Descuida Dei, no tienes nada que envidiarle, tú belleza también es admirable. —

—No me cambies el tema, no me has respondido lo de Julia. —

—Julia, Julia… claro, Julia. Seré breve, es una larga historia y no quisiera volver a recordarla. Fue demasiado caótico. —

—Itachi Uchiha… ¿Relacionándose con alguien tan nefasta como ella? —

—Ella era… no fue así todo el tiempo. Realmente era una chica lista y bastante cariñosa al principio. Primero se ganó la confianza de mi madre y era muy dulce con Sasuke, quién tenía poco tiempo de nacido. —

—Parece que me hablas de otra persona. ¿Por qué terminaron? —

Itachi dio una profunda calada a su cigarrillo, recordando con amargura.

—Ella me dejó. —

Y Deidara casi se ahoga con su bebida.

El ojiazul fue consciente de aquella respuesta. El semblante del Uchiha se tornó serio y completamente extraño. Era como un desconocido ante él, debido a que nunca fue testigo de semejante actitud. Itachi siempre proyectaba distinción, porte, educación pero sobre todo, elegancia. Pero en esta ocasión sólo resintió una terrible experiencia que estaba a punto de salir a flote y sabía que no deseaba ver algo así.

De inmediato cambió la conversación, preguntando ahora por su amistad con Shisui, su relación con su ausente padre y Deidara explicando lo significativo que fue para él su entrada a Akatsuki. Sin darse cuenta siquiera, las horas transcurrieron y después de la cena asistieron a la Galería que exponía aquella noche.

Deidara se encontraba de tan buen humor, que no hizo el usual escandalo cuando el pelinegro lo llevaba a su nuevo hogar. Incluso no le importó ser acompañado por Itachi hasta la puerta.

Y finalmente se despidieron aquella noche.

—Eres hermoso, Deidara. Lo sabes bien. Y necesito al menos tocar esa belleza que siempre has sido. Es inexplicable lo loco que me vuelvo únicamente con mirarte. Poseerte es un extraordinario privilegio que deseo me otorgues. Sentirte, tocarte, experimentar todo lo que tú eres porque sé que es más que una perpetua obra de arte. — Itachi dio varios pasos al frente y su acompañante, para tratar de mantener la distancia, retrocedía, hasta que se topó con la puerta de la casa.

El ojiazul, paralizado por aquellas palabras, sólo sintió el corazón desbocado, sus piernas temblar y la respiración entraba con dificultad.

Su ahora cálida mejilla fue acariciada con devoción. De forma inexplicable, aun cuando el toque del Uchiha era delicado, Deidara sentía tantas sensaciones inexplicables, quizá era precisamente la sutileza lo que engrandecía aquel tacto. Sus hermosos ojos azules voltearon a ver por unos segundos los detalles de esas manos que lo acariciaban.

Las venas sobresaltaban en su piel y aquello lo deleitó por completo, tanto que su mente dejó de funcionar y todo fue una simple reacción física que se tradujo en el momento en que el ojiazul puso su mano encima de la de Itachi. En cuanto sintió aquel deseado tacto, sus dedos comenzaron a acariciar delicadamente aquellas venas que recorrían por completo su brazo, y poco a poco comenzó a trazar sobre ellas, llegando a su muñeca y pasando a su antebrazo, encantado por el entramado de textura que formaban sus brazos. De la impresión soltó un profundo suspiró. Se encontraba hipnotizado por tocar y palpar todo lo que sentía.

Itachi, se sintió halagado, Deidara lo observaba con la misma mirada y pasión que usaba cuando creaba arte. Estaba bajo el completo escrutinio de un artista y aquel talentoso artista se encontraba embelesado por lo que sus ojos veían.

Las manos del ojiazul continuaron tocando, ahora sintiendo la tela de su camisa, pero a través de ella podía sentir sus fuertes brazos tan bien trabajados. Llegó a sus hombros tan anchos, preguntándose qué forma tendría su espalda desnuda, así que para calarla se pegó por completo a su cuerpo, debajo de sus brazos y sin ningún pudor se deslizaba y sentía plenamente sus costados. Sus manos danzaron por la espalda tan ancha, tocando como se iba estrechando al llegar a la cintura, era tan perfectamente definida que se preguntó si ese hombre había sido esculpido.

El Uchiha, disfrutando de esas atenciones, colocó ahora su pulgar en sus labios, delineándolos con cuidado. Deidara ahora sentía por completo su espalda, disfrutando la curvatura natural de su cuerpo, lograda por esos hombros tan anchos y cintura pequeña. Sin darse cuenta, cerró sus ojos e Itachi besó con suavidad sus párpados, pasando por sus mejillas, quijada y se aventuró a llegar a su cuello.

Deidara, se atrevió a abrir ligeramente sus labios, ejerciendo presión a su dedo pulgar entre ellos, para después dar un par de besos en él y después tomarlo con sus dientes sin hacerle daño. Hábilmente, sólo usando su boca, sacó su dedo pulgar para empezar a besar la palma de su mano, pero fue interrumpido cuando Itachi la retiró para ahora posarla en su cintura, en claro amago de acercar su rostro al del ojiazul, extendiendo sus labios en espera de tocar los contrarios.

Sin embargo, el artista abrió abruptamente sus ojos y reaccionando con rapidez, coloco una barrera con su mano cuando Itachi estuvo a punto de tocarlo.

La respiración comenzó a regularizarse, aún su cuerpo temblaba de nervios y aun sentía su corazón en su garganta palpitando con fuerza. Y aún con su cuerpo gritando, respondió:

—Ya había dicho que no. — Sentenció, separándose de inmediato del peligro, rompiendo aquel sensual ambiente creado.

Le dio la espalda y abrió la puerta para después cerrarla tras él.

Itachi río con complicidad y suma satisfacción, vaya que ese rubio era difícil.

Y eso le encantaba.


Tuve una devastadora crisis que casi me hace borrar esto. Llevo tiempo en fandoms más muertos que mi alma y por eso mi deseo de contribuir un poco.

Nunca he recibido demasiado feedback por lo mismo de ser fandoms muy tranquilos y eso nunca me ha parecido un problema, pero al encontrar tanta diferencia entre los views y sus comentarios, de inmediato pensé lo peor, cada capitulo es mucha consulta e investigación detrás y pensé que era todo en vano debido a que esto no les esta gustando para nada ; _ ;

Los animo con toda el alma a darme su retroalimentación, créanme que es bien recibida la critica constructiva. No quiero abandonar esta historia, pero a veces me gana el pánico y sólo puedo pensar lo peor. Y en este caso es que no es de su agrado, y eso me deja devastada D':

Equis, pasando a los comentarios sustanciales:

Este episodio fue muy bonito de escribir, finalmente encontré algo muy Deidei que sentí lo suficiente para que sea excusa de conocer a Itachi. Decidí usar personales propios debido a que sentía que tanto Alisa como Julia no cabían en algún personaje ya establecido de Naruto.

Indagando en fb encontré una página, llamada y cito: "Morritos con manos ricas", son fotos de apreciación de manos masculinas muy estéticas, fotografías que me inspiraron para imaginar como serían las de Itachi y lo maravilloso que sería tocarlas uvu

Hatake-Seikatsu: I know, Itachi es bello y sobre todo listo uvu y como puedes ver, paciente también;D Gracias por tu review, espero te haya gustado el episodio de hoy, nos leemos. Muchas gracias!

Gracias por sus comments, me animan mucho a seguir aquí:) Nos leemos pronto.