Pov Raven

A decir verdad, la frase de "nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes" siempre me pareció estúpida. En mi caso en particular, sabía lo que tenia, lo que valía, lo que lo amaba… nunca pensé tener que sufrir una perdida tan dolorosa.

Era una mañana de invierno, aproximadamente las seis de la mañana. El sol apenas se filtraba por los grandes ventanales de la habitación de Robin, él estaba a mi lado abrazándome por la cintura con su pecho pegado a mi espalda. Hace poco habíamos tomado el hábito de dormir juntos todas las noches, antes solo lo hacíamos cuando alguno de los dos se sentía lo bastante exhausto como para regresar a su habitación. Dormir al lado de Robin se sentía reconfortante y cómodo, su calor me hacía sentir segura entre los mares de pesadillas que me azotaban mientras dormía. Me sentía tan bien con él, tan feliz… mis pesadillas, mis miedos y mis dudas se fueron con el viento, como si jamás hubieran existido. Ya pasando media hora de estar despierta decidí que hoy le daría una sorpresa, ¿por qué no empezar por el desayuno? (no porque la ultima vez haya sido un desastre, significa que esta también); así que con mucho cuidado logre salir del fuerte brazo de Robín. Se veía tan tranquilo, tan en paz que me llenaba de felicidad ver que lograba hacerlo disfrutar, que yo lograba hacerlo tan pleno como él me hacía sentir a mí, así que sin más demora me puse unos shorts y una de sus camisas y salí a comenzar mi sorpresa.

Al cabo de un rato, ya tenía mi sorpresa lista para todos, esforzándome en preparar más comida para Robin. Cuando empecé a servir la comida, sentí que alguien entró a la cocina

-Hola Rae, ¿Qué haces? - dijo BeastBoy, bostezando y rascando su cabeza.

- ¿Qué te parece que estoy haciendo? - lo dije como si fuera lógico.

BeastBoy se sentó a mis espaldas, bostezando tan fuerte que logró hacerme enojar un poco.

Como él, fueron entrando Cy, Star y Robin.

-Hola amor, ¿Qué haces tan temprano despierta? – preguntó Robin dándome un beso en la cabeza y sentándose en la mesa.

Sin decir más voltee con el plato de avena para servirles a los titanes (la avena era chiclosa y de un gris marcado). No me quedo tan mal, suponía. Apenas les serví, me senté al lado de Robín con una taza de té esperando a ver su reacción.

Metiéndose una gran cucharada a la boca, me dijo:

- Gracias por este detalle, amor. Está rico -. Pero sabía que mentía al ver la dificultad con la que tragaba

- Lo arruiné otra vez, perdón chicos, perdón Rob - dije levantándome a recoger los platos.

-Amor, tranquila, estas mejorando, la próxima lo haremos juntos - me lo dijo con un pequeño beso, pero muy dulce en mis labios.

Incluso en mis días más oscuros él logra sacarme la más sincera sonrisa.

El día transcurrió normalmente, calmado, sin alertas de crimen ni peligros inminentes. Es más, en la tarde vimos un par de películas y Robin y yo tuvimos un momento a solas, algo que por los crímenes no habíamos podido hacer últimamente.

Entrada la noche cada quien ya estaba listo para ir a dormir, pero justo en ese momento sonó una alerta de crimen. Tragué en seco al descubrir que era Slade, tenía rehenes en una fabrica cerca de los muelles; como era lógico fuimos de inmediato a la batalla, pero, algo se sentía diferente esta vez, tenía un muy mal presentimiento…

No me gustaba el vacío de terror en mi estómago y la opresión de preocupación en mi pecho.

La batalla fue extenuante. El equipo estaba lastimado y habíamos activado algunos explosivos con la esperanza de liberar a los rehenes y prevenir que Slade escapara. Nosotros no contamos con tanta suerte como la gente que pudimos liberar. Miré a mi alrededor con pánico. Los explosivos habían sido manipulados por Slade y ahora estábamos atrapados. No íbamos a poder salir, el tiempo estaba en nuestra contra, el corazón me latía tan rápido como el de un ratón. Al mirar hacia arriba, lo supe. La única esperanza era que yo hiciera algo, así que con mis últimas fuerzas y deseando tener suficiente poder me puse de pie e hice un escudo alrededor de nosotros. Tendríamos que buscar una salida, pero al menos Slade ya no podría lastimarnos más.

Eso quería creer, al menos.

Slade al vernos empezó a golpear con su espada el escudo. Mis piernas temblaron y mis manos ardieron, no tenía la fuerza para detenerlo mucho tiempo. Grité de dolor cuando Slade logró hacerme retroceder.

Fue entonces cuando nuestros ojos se encontraron y vi debajo de su máscara una mirada de tristeza, Robin corrió hacia donde estaba parada y me besó con tanta dulzura que por poco pierdo mi concentración.

Te amo Raven - susurrándome una última vez en el oído, salió del escudo a derribar a Slade -. No lo olvides.

¡Robin! – grite con mi voz ahogada - ¡Robin, no vayas!

Lo último que pude ver entre las llamaradas de las explosiones, entre las lágrimas rodando por mis mejillas y entre la oscuridad infinita, fue la silueta de Robin y Slade desaparecer. Antes de desmayarme, ya sentía que estaba muriendo.

Bueno chicos y chicas este capítulo como los anteriores lo escribí con ayuda para hacer una trama aun mejor, esperamos que lo disfruten y no nos maten.