Advertencias: OoC. Lo típico. Yaoi. Ortografía. Errores de cohesión.


Vorágine

Odiaba admitirlo, pero el tacto con los labios de Itachi era glorioso. Un impulso no planeado ni premeditado, de repente tuvo enfrente su perfecto y níveo rostro aunado a esa terrible sensación de que cada vez más se sentía alejado de él. Era inevitable. Así que sólo le quedaba disfrutar de la sensación.

Era un toque delicado, casto y breve.

Sintió la suavidad de los labios ajenos por sólo unos segundos. Segundos que dispararon su corazón y un disparo de adrenalina le recorrió la espalda en forma de escalofrío.

Se sentía listo para disfrutar del cielo… pero Itachi dio media vuelta y se fue.

Poco a poco regresaba a la realidad, vaya, un celular llevaba segundos sonando.

Itachi vio la pantalla y reconoció el número. Para su asombro, silencio el aparato y lo arrojó al sofá. Se le notaba… molesto. ¿Molesto con él?

La normalidad comenzaba a llegar a su cuerpo, no encontrando que decir o qué hacer. Itachi, de nuevo, permanecía impasible. Ahora eso le molestaba al ojiazul. Al parecer, el pelinegro no compartía la emoción del contacto de hace minutos atrás.

Deidara se encontraba nervioso, maldita sea.

Enojado, nervioso y ahora insultado. Quizá el beso no fue buena idea, sí, se veía mejor en su mente.

—Yo no me acosté con nadie. — Pronuncio el ojiazul, en un intento de romper el silencio.

El teléfono volvió a sonar.

Itachi continuaba molesto, ahora por mentirle de esa forma en su cara. Muy adentro de él, trataba de calmar todo la revolución ocurrida en su mente. Ignoraba el hecho de ver a Deidara tan… permisivo. ¿Porqué? No entendía.

—¿Esto fue una revancha por decirte que quería acostarme contigo? — Cuestionó el Uchiha.

Deidara estaba cada vez más nervioso, no sabía porque Itachi lo ponía así, tenía que calmarse, cosa que le sorprendió. El impulso siempre solía acompañar al artista, pero ahora, no podía con tanta tensión.

—Itachi, ¿de dónde sacaste que me acosté con Shisui? —

—¡Yo los vi! —

—¡Pues no entiendo que viste porque no fue así! —

El teléfono no dejaba de sonar. Por increíble que parecía, Itachi sentía una impetuosa necesidad de alzar cada vez más la voz. Esto era tan impropio de él.

Sabiendo que los nervios lo traicionarían una vez más, optó por dar media vuelta y dejar de mirar al ojiazul. Recordaba que Sasuke descansaba en su habitación y que fuera visto por su hermano en ese estado, sería terrible.

El celular dejó de sonar. Creía que era porque la insistencia de Shisui al fin había cedido, pero sin saber interpretar que sintió, vio con horror a Deidara contestar la llamada.

—Shisui. — Respondió el ojiazul.

¿Por qué había tomado la llamada?

"Ah, Deidara… ¿Está Itachi ahí contigo?"

Pensaba de inmediato ir a tomar el aparato y colgar. Sin embargo, lo que dijo Deidara a continuación, lo dejó en shock.

—Shisui… ¿sabías que Itachi piensa que tú y yo tuvimos sexo? —

[…]

El pequeño Sasuke agradecía una enormidad la pequeña siesta de aquella tarde. Su padre siempre las tenía prohibidas, junto con la ingesta de dulces y esa necesidad de que su hijo tome la mayor cantidad de actividad extraescolares posible.

Pero su sensei le brindaba una libertad que poco a poco sentía cada vez mejor. Conocer a su sensei y a su hermano era una apertura a nuevas experiencias muy divertidas.

Tal vez por eso no se extrañó por el escándalo en la planta de abajo. Ni un cristal haciéndose pedazos, ni la puerta siendo abierta con violencia, tampoco gritos, sí, parecía la voz de Shisui.

La irreverencia comenzaba a hacerse parte de su día a día tras conocer a Naruto.

No habiendo encontrado nada extraño en todo ese bullicio, no abrió los ojos en ningún momento. La comodidad de su sagrada siesta nadie se lo quitaría.

[…]

El silencio reinaba ahora en la sala.

Shisui estaba sentado observando la chimenea, preguntándose cuando llegaría la fecha indicada para encenderla, Deidara veía con su único ojo visible sus pies e Itachi daba la espalda a todos, observando de pie hacia la ventana.

Todos se encontraban expectantes, tratando de asimilar lo que pasó.

No era posible que jóvenes tan responsables y adultos se comportasen de aquella forma. Había sido inconcebible.

Minutos atrás, Shisui llegó a casa de su hermano sin avisar. Se comenzaba a preocupar del aislamiento de Itachi y no podía permitir que la visita de su ex lo dejara tan abatido. Conociéndolo, era capaz de poner llave a la puerta y decirle que no se encontraba ahí, por ese motivo llamó para confirmar su ubicación.

Pero no se esperaba que Deidara respondiera, mucho menos que le dijera algo semejante.

Del otro lado del teléfono, Itachi sentía como escapaba el alma de su cuerpo, no podía creer lo que estaba presenciando, y después se culpó a sí mismo. ¿Cómo que no podía creerlo? Claro que sí. Y debía creerlo. Estaba tratando con Deidara, aquel que fue capaz de llevar a una menor de edad menstruando y vomitando frente a toda la comunidad académica, semejante osadía era de hecho, algo muy propio de él.

Lo impropio fue a Itachi lanzándose para quitarle el teléfono, el ojiazul reaccionó de inmediato y trató de pasar por encima del sofá en dirección al jardín.

El Uchiha, en respuesta, jaló su suéter con fuerza, provocando que Deidara no tuviera equilibrio y se fue prácticamente encima de Itachi, cayendo ambos al suelo. El pelinegro creyó encontrar una apertura e intento tomar el celular pero Deidara lo arrojó a la chimenea sin pensarlo mucho. Al menos en pleno agosto no era necesario tenerla encendida, por lo que el aparato sólo cayó sobre una pila de cenizas. Itachi reaccionó con molestia y se levantó con rapidez hacia allá, Deidara se molestó nuevamente y justo antes de que Itachi llegara tomó su tobillo, desestabilizando y cayendo otra vez al suelo. Deidara prácticamente trepó sobre él, tratando de tomar sus brazos para que no pudiera estirarlos más, Itachi comenzó a forcejearlo para evitarlo y esos movimientos comenzaron a salirse de control. Tanto que se tambaleo la mesa del centro cayéndose el florero de cristal y provocando un sonoro estruendo, lo suficiente para distraer a Itachi, momento que Deidara aprovecho y sin ningún control tomó el celular, provocando que las cenizas se levantaran y se regaran afuera de la chimenea, Deidara se manchó por completo sus manos y aún con el aparato lleno de restos hizo un llamativo camino de polvo.

Su intención era llegar a la cocina, pero de repente se topó con Shisui, quien había entrado a la casa alarmado por el sonido, el rudo choque levantó aún más cenizas y también roció a Shisui con ellas.

Todos se quedaron en silencio. Todo esto era una visión muy extraña, Itachi aún seguía tirado en el suelo y el impecable rostro, cabello y la ropa del ojiazul se encontraba llena de hollín. Vaya, también había en el suelo y cristales rotos junto con charcos de agua que se usaba para hidratar la flores del ya desaparecido florero.

El silencio se rompió por la estridente risa de Shisui. Era relajada y hasta contagiosa.

Jamás, en su vida creía posible ver semejante desastre acompañado de uno de sus familiares, donde todo era siempre tan pulcro e impecable.

Pero desde que Deidara llegó, la tan aburrida vida Uchiha empezaba a cambiar bastante.

—Hermano, ¿dónde está Sasuke? — Preguntó Shisui entre risas nerviosas, también preocupado por el pequeño. Se supone que para estas horas ya estaría en clases con su sensei.

Para Itachi fue como un golpe de realidad, así que ignorando todo ese extraño escenario corrió escaleras arriba.

Deidara, comenzó a darse cuenta de aquel desastre, sus manos estaban prácticamente grises y el celular, al menos no había sufrido ningún golpe. Shisui comenzó a sacudirse las cenizas, manchándose aún más en el proceso. Ahora Deidara reía con complicidad.

—Lo siento. — Respondió Deidara, percatándose de todo eso. Vaya.

—¿Era cierto lo que dijiste por teléfono? —

La risa de ambos fue aún más audible.

—Está convencido de eso. — Y volvieron a reír con mayor fuerza.

Itachi hizo acto de presencia, pero su semblante era tan serio que los dos guardaron silencio de inmediato.

El terrible desastre continuaba en el hogar y nadie parecía querer romper el silencio. El ojiazul se veía fatal, cabello, ropa y parte de su cuerpo inundadas de las partículas, parte de aquellas manchas terminaron en la ropa de ambos Uchihas. Ni hablar del suelo que por fortuna, en esa época del año no estaba alfombrada. Ahora se hicieron extrañas manchas por el agua mezclada con cenizas.

Finalmente, Itachi soltó un gran suspiro. Caminó en dirección al artista y le tendió un pañuelo que sacó de sus bolsillos internos del saco. Deidara lo tomó extrañado, ese chico era demasiado joven para ser tan anticuado.

—Lávate, las cenizas manchan y se deshacen al tacto. Tendrás que bañarte, hazlo en mi habitación, te prestaré un cambio de ropa. Shisui, ayúdame a limpiar la sala. —

Ambos obedecieron de inmediato y pronto ambos Uchihas se ocupaban de los restos de la batalla campal. Faltaba solo una hora para la llegada de Mikoto.

Itachi fue a la cocina para llenar un cubo con agua, Shisui, tras él, trató de ayudarle a relajarse al menos un poco.

—Hermano. Me preocupo por ti. Yo comprendo más que nadie como fue terminar con Julia, el día que pudiste superarlo me sentí inmensamente feliz por ti, pero ahora, no puedo permitir que todo tu progreso se tire a la basura. —

Ahora Itachi se sentía culpable por eso. Siempre sintió una inmensa confianza de decirle a Shisui absolutamente todo, pero… ni siquiera sabía que tenía que decirle respecto al artista. Sólo que ni siquiera él mismo comprendía su malestar, Shisui pensaba en los motivos más probables, pero eran equivocados.

—Hermano, te agradezco siempre tu inmenso apoyo. — Se sinceró Itachi.

—Ahora, déjame adivinar. Julia inventó ahora que me acosté con Deidara. — Indagó Shisui, sabiendo muy bien que Julia tenía el extraño hábito de disparar rumores.

Itachi pudo haber explotado nuevamente en colera por aquello, pero ya suficiente tenía con limpiar la sala por haber sido tan impulsivo, así que no negó ni afirmó la suposición de su hermano.

—Jajajaja, demonios, eres demasiado inteligente para creer esas tonterías. — Respondió Shisui, levantando las mangas de su camisa para comenzar a levantar los cristales que seguían en la sala.

Itachi cerró la toma de agua y tomó un par de paños para ir detrás de Shisui.

Él tenía la razón, así como también lo conocía lo suficiente para saber que no mentía y tampoco tenía porque hacerlo.

Pero sí, fue tan idiota como para creer algo así.

El pequeño Sasuke ya había despertado y con duda preguntó porque su sensei tenía ahora ropa distinta, inventando cualquier cosa podía ser convincente para un niño de 7 años, pero no para Mikoto, así que todos acordaron que el artista se fuera antes de que ella llegara, de cualquier forma, con Shisui e Itachi, su hermano estaría en buenas manos.

Deidara tuvo tiempo suficiente para cenar junto a Konan, Itachi y Nagato. Compartiendo el terrible primer día de clases, pero el artista no podía prestar demasiada atención a la conversación. Vestir la ropa de Itachi le distraía demasiado.

Se fue a su habitación, retirándose al fin esas prendas. Una camisa y pantalón, ambos de algodón completamente negros. En todo momento sintió encima suyo, el profundo perfume de Itachi y eso era bastante… estimulante.

Sus mejillas se bañaron ligeramente en carmín, inhalando tan profundamente como le fue posible, trayendo consigo ese perfume increíble y el recuerdo de la sensación de sus labios.

No hablaron en lo absoluto de aquello y quizá lo mejor era no hacerlo.

Lo que quería era volver a repetirlo.

[…]

—Gracias, cielo, por tomarte la molestia de cuidar unos minutos a tu hermano. — Agradeció Mikoto, mientras daba un casto beso en la frente de Itachi y retirarse a dormir.

Hace un par de horas Shisui se había retirado también, no sin antes recibir la disculpa de Itachi por lo ocurrido y en parte, por haber pensado algo así de su hermano. Shisui realmente no entendía porque se disculpaba, pero tampoco preguntó.

Itachi se recostó, tratando de averiguar qué ocurrió el día de hoy. Sí, fue algo muy inapropiado la batalla campal contra Deidara, pero… ¿qué había sido lo de antes?

¡Maldita sea!

Ahora se sentía contrariado.

Un beso, eso había sido, nada más. No tenía por qué rebuscar tanto, ni siquiera era para tanto. Sí, se lo quería tirar, nada más. Solo sexo casual, algo de una noche. Ni más, ni menos. Así siempre lo había querido desde el principio y seguía deseando únicamente un acostón.

¿Entonces por qué lo rechazó? ¿Por qué le enfermaba la idea de saber que estuvo con Shisui? Bueno, ahora se daba cuenta que en realidad eso nunca pasó.

¿Y porque ahora se sentía con tanta dicha de saber aquello?

Maldición, no quería volver a tomar medicación para dormir, pero presentía que no lograría hacerlo, menos después de todo el actuar del artista de ojos azules.

[…]

—¿El trabajo de nuevo? —

Deidara sintió una punzada en su cabeza, escondía su cabeza entre sus brazos, descansando.

—Sí. — Mintió el ojiazul.

Sabiendo que Deidara tenía el terrible habito de malpasarse, tendió frente a él una bandeja de comida.

—Supe que Julia regresó. — Acompañó Sasori en la mesa.

Deidara hizo una mueca de disgusto.

—Parece que en infierno tampoco la soportaban. —

—¿Se supone que debo preocuparme si te la encuentras? — Preguntó el pelirrojo, comenzando a tantear todas las posibilidades, algo que solía hacer desde que empezó a conocer el explosivo carácter del ojiazul.

—Sasori no Danna, ¿por qué debería ser así? —

—¿Quieres que te recuerde la última vez que te viste con ella? —

—¡Danna! Ella inventó que me acosté con un maldito extraño. Sólo porque yo pude entrar a una de las mejores fraternidades de la Universidad y ella no. —

—Te subiste a su auto e intentaste destrozarlo con un bate. El maldito rico que te pudo ingresar fue capaz de arreglar eso también y casi como un milagro no fuiste detenido. —

Una extraña y orgullosa sonrisa se dibujó en el artista.

—Ey Danna, imagínate si realmente me hubiera tirado a ese hombre como Julia aseguró. Ahora mismo sería el presidente del Consejo Estudiantil. —

El pelirrojo no se inmutó ante el sentido del humor que podía tener su amigo.

—Asegúrame que no volverás a hacer una maldita locura. Tienes un trabajo que cuidar y tus padres ya están aquí. Compórtate. —

—Sí, mamá. ¿Qué clase sigue? — Respondió el ojiazul a modo de sarcasmo.

El sutil timbre hizo eco en los pasillos y Sasori se retiró al salón, no obstante, Deidara tomó el camino opuesto bajo la promesa de "llegaré en 5 minutos, Danna."

Sabiendo que las cosas se estaban volviendo cada vez más extrañas, tomó su teléfono celular y mando un mensaje de auxilio.

En espera de tener la respuesta, buscaba a donde escapar, sabiendo que sería en vano, ya que la desesperación lo perseguiría.

¿Pero por qué?

La distancia que empezaba a poner Itachi entre ellos no era demasiado, pero sin entender por qué, el ojiazul lo sintió abismal.

Maldición.

Pero el regreso de Julia definitivamente lo puso en un estado de vulnerabilidad impensable. Disfrutaba este tira y afloja con Itachi, odiaba admitirlo, pero realmente era una dinámica interesante.

Itachi era asombrosamente atractivo, nunca se lo dijo abiertamente, pero también sentía una increíble física hacía él.

¿Por qué tuvo que esperar a la llegada de Julia para aceptarlo?

Con vergüenza podía decirlo; estaba celoso.

Sentía enormes celos por Julia, sentía enorme molestia porque Itachi puso una distancia entre ellos y ahora odiaba profundamente como se iba tras ella sin poder hacer nada por evitarlo.

Debía hacer algo, definitivamente necesitaba hacer algo.

Bueno, aunque ya lo había hecho.

Con el inexplicable beso del día de ayer.

Bien, ¿y ahora qué?

Espero cerca de 10 minutos hasta que llegó la respuesta, y sabiendo que no iba a regresar a la última clase, se dirigió a la Facultad de Economía, un punto medio entre la Facultad de Arte y de Derecho, siendo esta última, la que más quería evitar.

Llegando a la cafetería, tomó asiento hasta que minutos después llegó Obito.

El ojiazul dio un suspiro de alivio y lo invitó a tomar asiento.

—Sempai, ¿no deberías estar en clase? —

El artista trató de buscar cómo empezar. No sabía exactamente que decirle ahora que lo tenía enfrente, pero él ya sabía una parte de la historia, así que era un poco sencillo. O eso pensaba, porque seguía sin saber qué decir ante aquel extraño ultimo acontecimiento en la casa de Itachi.

[…]

La situación con Itachi era más alentadora. Podía notarlo más concentrado en los estudios, y menos ocupado con el tema de Julia. Estaba feliz de ver a su hermano más tranquilo, pero también era miserable por volver a esa maldita pesadilla llamada Universidad.

No quería escuchar más de toda esa basura, y salió de las clases, dejando un mensaje de texto al teléfono de Itachi, inventando cualquier tontería para salir de ahí.

Afuera acudió al área de fumadores, tomando un cigarrillo, aliviado de al menos pretender que en ese momento su vida no era miserable.

Para su sorpresa, Itachi llegó.

Tomó asiento al lado de él, pidiendo de forma silenciosa un cigarrillo.

—Ahora me siento como un idiota por creer algo así. —

Shisui recordó el rumor de acostarse con Deidara. El humo del cigarro salió entre risas mal disimuladas.

—¿Por qué Julia inventaría algo así? Estoy seguro de que ella no sabe que Deidara trabaja en tu casa. —

Vaya, olvidaba el detalle de que Julia no le dijo nada. Pero era hasta cierto punto… vergonzoso, decirle que fueron sus prejuicios los que llegaron a esa conclusión.

—Ella también estaba un poco entrada en alcohol, muy seguramente no sabe lo que dijo y lo olvidó. — Mintió Itachi, no quería entrar en innecesarios detalles.

—¿No te ha vuelto a buscar? — Preguntó Shisui.

—No, pero creo que volverá a hacerlo pronto. —

—Hermano, ¿quisieras salir temprano hoy? —

Una mirada de complicidad fue lanzada, claro que quería. Después de todo las primeras clases del año solo estaban plagadas de la evaluación y temario de las materias, Itachi tampoco quería regresar a ese tedio y acordaron salir de la Facultad de Derecho.

Apenas acordaban a donde retirarse hasta que llegó un mensaje de texto al teléfono de Itachi. Era Yahiko preguntando su paradero, no tardó en llegar junto con Kisame, Hidan, Zetsu y Nagato.

—Itachi, vamos a mi casa. ¿Vienes? — Preguntó Yahiko.

—Nadie quiere estar en la maldita escuela y muero de hambre. — Vociferó Hidan, como de costumbre.

—Vale, pero tenemos que ir por Kakuzu a la Facultad, también está buscando como escapar de las clases. — Decía Zetsu, ahora recibiendo el mensaje del antes mencionado.

—¡No! Ese maldito avaro nunca es puntual y yo necesito comer, con un carajo. —

—Ya cállate Hidan, su escuela está muy cerca de aquí. —

[…]

—Sempai, necesitas relajarte, la llegada de Julia no significa nada. —

—Sabes que no es así, Obito, ella nunca hace nada porque sí. Sé que tiene algo. —

—¿Por qué te molesta tanto que esté buscando a Itachi? —

Ahora Deidara sentía el rubor en su rostro, ocultándolo entre sus manos. No, no le molestaba, claro que no. Obito detuvo la conversación de inmediato.

—Sempai, mejor relájese, porque ya vienen todos. —

El ojiazul dio vuelta y encontró con espanto como Itachi, acompañado, entraban a la cafetería del campus. Y detrás de Obito, estaba Kakuzu, y ahí estaban ellos dos, sin poder negarse a la invitación de irse todos juntos.

[…]

Todos escaparon ahora a la casa compartida de Nagato, Hidan nunca dejó de gritar cómo se moría de hambre y entre todos se adentraron a la cocina y preparar algo para comer.

El ojiazul trata de calmarse más, siendo auxiliado por Shisui, como siempre.

Llegó el terrible momento en que el indiscreto de Hidan sacó el tema de Julia, todos preguntándole a Itachi porque había regresado y también preguntando a Deidara, que haría cuando la viera.

"¡Absolutamente nada!" respondía con vehemencia, aunque tal vez se respondía más bien consigo mismo.

Finalmente dejaron el tema por la paz y ahora discutían con mucha prisa cuando y donde sería el siguiente evento masivo, y por supuesto, asegurándose que no volverían a tener invitados no deseados.

Deidara mandó un mensaje a Itachi, pidiéndole de forma silenciosa que le acompañase a la habitación. Primero fue el artista y después el Uchiha tras él.

El ojiazul sacó del clóset las prendas envueltas en un paño de algodón para que mantuvieran su forma.

Itachi, curioso, observaba como lucía la habitación de un artista. Comparando de inmediato con las decoración acostumbradas en su hogar. Colores neutros, pulcros y coordinados, era el día a día en la habitación del Uchiha, pero ahora encontrarse con tanta explosión de contrastes, colores y combinaciones que no sabía que eran capaz de hacerse.

Era un espacio desconcertante y confuso, pero no porque fuera extraño, si no, porque era un mundo que sabía que existía, pero nunca se dio el tiempo de conocerle mejor.

De verdad que Deidara era extraordinario.

El ojiazul sacó las prendas y las tendió frente a él.

—Gracias. —

Itachi miró sus ojos profundamente azules, repasando sus delicados rasgos, su piel perfecta y labios atrayentes. Sin perderlo de vista, lo jalo de la muñeca, cayéndose la ropa al suelo y finalmente pudo quitar lo que evitaba que pudiera acercarse más a su rostro.

No pensó en nada más cuando estampó sus labios con los del artista.

El día anterior rechazó el beso que le fue otorgado y definitivamente fue un pecado enorme que no volvería a cometer. No quería explicaciones del porque pasó, solo quería terminar lo que había comenzado.

Y para su sorpresa, Deidara no lo rechazó.

Itachi acarició sus perfecto pómulos, para después pasar sus manos por su perfecto cabello rubio. La suavidad que poseía era indescriptible, el contacto era delicado y se repartían fugaces y húmedos besos por breves instantes. El ojiazul mandó al diablo su maldita conciencia y coloco sus manos atrás de su cuello. Se aventuró a aumentar la intensidad, ahora moviendo con gracia sus labios encima de los contrarios, y casi como un reflejo, Itachi lo tomó de la cintura, acariciando su espalda y ahora mordía con delicadeza los labios. Deidara sentía derretirse por aquel gesto, era increíble, Itachi besaba endemoniadamente bien, así que sin pensarlo, metió su lengua en la cavidad contraria, siendo recibida con gusto. Ahora era un completo disfrute el sentir las suaves mordidas y besos. Ni siquiera pedir aire era motivo para separarse, la respiración se agitaba cada vez más y Deidara ahora acaricia sus suaves hebras tan oscuras como la noche, estuvo a punto de empezar a abrir su saco para acariciar su pecho, cuando, entonces; el teléfono del ojiazul sonó.

Para su pesar, Itachi se separó, labios hinchados, respiración agitada de ambos. ¿Qué había pasado?

Tratando de recuperarse, Deidara se alejó y vio la pantalla de su teléfono. Vaya, que inoportuno.

Itachi tomó de nuevo las prendas, vio su reflejo rápidamente en el espejo tratando de aparentar indiferencia y salió de la habitación.

Deidara atendió con sumo nerviosismo la llamada, era la mismísima Mikoto, diciendo que el día de hoy no requería su presencia, ya que ella iría a la escuela por Naruto y su hijo.

Afortunadamente él no tenía que hablar demasiado para confirmar la información, así que la llamada terminó.

Su corazón era una bomba adentro de su pecho. Iba a toda prisa y no sabía que hacer ni que decir. El Uchiha ya había salido de la habitación, algo preferible, no quería que los vieran salir juntos.

Se tomó un par de minutos más, para volver con el resto y pretender que nada había ocurrido.

[…]

—¡Deidara! —

—¿Ah? —

—Cielo, estás muy distraído hoy. ¿El primer día ha sido tan difícil? — Preguntó Kushina preocupada al notar a su hijo tan absorto en sus pensamientos.

Aunque todos seguían escondiéndose de la escuela en la casa compartida, Kushina llamó a su adorado bebé para que fuera a comer ese día, el ojiazul aprovechó la invitación para prácticamente salir huyendo de ahí.

Sabiendo que Deidara veía pocas veces a su familia, sus amigos no hicieron un escándalo por su retirada… por ahora.

—Madre… lo siento, no he dormido bien. — Mintió, aceptando la taza de té que su madre servía.

—¿Te encuentras bien cariño? Puedes irte a descansar. —

—No, estoy bien. Puedo descansar mejor aquí que en mi casa. — Al menos en eso no mentía para nada.

Minutos después llegaría Minato al hogar, saludando con gusto a su hijo mayor. Ahora que estaban casi todos, a excepción de Naruto que estaba el cuidado de Mikoto junto con Sasuke, Kushina sirvió la comida.

Y Deidara sintió un confort inmenso, ahora con la vida universitaria, extrañaba demasiado la comida de su madre.

En la hora de la comida se le fue informado que ahora buscaban un espacio más grande para vivir. El pequeño departamento que solía ser de su hijo fue de gran ayuda pero seguía siendo espacio para una sola persona. El trabajo de Minato era cada vez más flexible y ya podía costearse algo más cómodo.

O eso le decían, el ojiazul no podía poner la atención que sus padre merecían.

La sobremesa duró un par de horas hasta que Minato se disculpó para retirarse a descansar a la habitación.

El ojiazul tomó asiento en el sofá, observando a través de la ventana, extrañando sus tranquilos días en aquel departamento. Cuando Itachi no era tan… extrañamente cercano.

—¿Qué ocurre, bebé? — Preguntó Kushina, notando lo distraído que estaba su hijo.

El ojiazul observó a su madre, su cálida mirada y cabello precioso.

Suspiró, pensando como plantear su malestar.

[…]

Horas antes del anochecer, el clima descendió rápidamente y se formaron densas nubes cayendo leves gotas de agua.

Deidara se retiró de nuevo a su hogar, procurando llegar tarde para garantizar que no se encontraría con nadie.

Llegó de inmediato a su habitación, tomó un cálido baño y se recostó esperando relajarse, pero aquella quietud jamás llegó.

La lluvia era leve y su confusión era abrumadora.

Deidara sentía un punzante dolor en su cabeza, producto de la falta de sueño. No podía permitirse perder valiosas horas de descanso, pero su mente simplemente no podía apagarse.

Era un martirio.

¿Cómo pudo terminar en todo esto? ¿Qué debía hacer?

Con vergüenza recordaba los celos que llegó a sentir por Julia. ¿Porqué?

Itachi podía terminar con quien quisiera y no tenía porqué importarle.

Sólo le importaba que fuera con él.

Ahora recordaba las propuestas indecorosas, ligeros roces y miradas lascivas que solía lanzarle. Siempre se las reprochaba y deseaba que terminasen. Y ahora que Itachi había dejado de hacerlo, moría de ganas que se le insinuara de la forma más mínima posible, para aceptarlo y lanzarle a sus brazos.

Agh. Maldita hormonas. Él siempre fue bastante ecuánime respecto a todo lo que involucra placer carnal, pero el maldito Uchiha era demasiado sensual para ser ignorado.

No quería aceptarlo, pero disfrutaba los halagos que Itachi le hacía. Pero tenía que regresar Julia a arruinar todo.

Ahora sentía que luchaba por la atención de Itachi y eso le molestaba bastante.

Su vida era fantástica. La señora Mikoto le pagaba bien, sus notas eran excelentes, cada vez su arte se cotizaba más y su reconocimiento se alzaba cada vez más.

Todo se fue al caño en el momento en que Itachi empezó a cortejarlo.

Y no podía más. Él vivía por y para su arte. No por un muchacho de Derecha que le alborotaban las hormonas.

La lluvia se intensificó en el exterior.

Tomó su teléfono celular, comenzando a marcar un número bien conocido para él, bajó las escaleras con prisa, quizá sintiendo como huía de todo aquel mar de atosigantes pensamientos.

Debía detener esto ya. De inmediato.

Claro que sí, le llamaría en ese momento, para exigirle que esto se detuviera. Tenía una agenda ocupada y no tenía tiempo para estas tonterías. Disfruto el extraño juego que tuvieron pero ya era momento de terminarlo.

Tomó asiento en el sofá de la sala, en la penumbra de la habitación, ahora el teléfono marcaba y los nervios se hacían presentes, pero ya sabía muy bien que hacer cuando el tono en espera dejase de sonar y la llamada fuera contestada. La lluvia era cada vez más audible, sin embargo, pudo escuchar con detenimiento, un celular ajeno sonando justo detrás de la puerta principal.

¿Qué?

Pensó en todos los jóvenes con quien vivía en la casa, pero era imposible.

La llamada fue contestada. Deidara estuvo a punto de soltar todo su motivador y conclusivo discurso.

—Ábreme. —

Pero fue interrumpido.

Esto era una broma.

Con temor, se dirigió a la puerta. Sí, definitivamente había alguien del otro lado.

Deseo con todas fuerzas que no era quien contestó la llamada. Deseo con todas sus fuerzas no ver a nadie cuando la abrió. Deseó aun más que fuera una pesadilla ver a Itachi del otro lado, con el teléfono en su oreja, algo empapado por la lluvia y a altas horas de la noche. Y más aún, deseó decir todo aquello que ya había mentalizado.

Pero las palabras no salieron.

Sin decir absolutamente nada, retiró el celular de su oreja, colgando la llamada.

¿Qué tenía que decirle? Sí, para algo le había llamado.

—No podía dormir sin verte antes. — Dijo Itachi.

Su corazón dio un vuelco.

Todo podía irse al demonio.

Alzó sus manos a las mejillas de Itachi para asegurarse que no huyera y besó sus labios.

El Uchiha lo aceptó con gusto. Correspondiendo con calma, ambos sabían que los inquilinos podían despertar, pero no importaba eso. La lluvia se hizo aún más fuerte, así que Deidara jaló en silencio al Uchiha, entraron a la casa y sin separarse, cerraron la puerta. Ahora el Uchiha enterró sus dedos en el cabello rubio, permitiendo mayor acceso a sus labios, que ahora mordía con sumo cuidado. El ojiazul, sentía una insana necesidad de arrancar su ropa, pero quería disfrutar con calma todo lo que sentía. Todo su cuerpo estaba sumergido en una cálida sensación de éxtasis, ahora las manos de Itachi bajan con lentitud por su espalda, y no entendía por qué, pero aquel toque tan sutil le estaba volviendo loco.

Itachi lo recostó en el sillón, tanteando entre la poca visibilidad y la ubicación de los muebles. Se separaron ligeramente para tomar aire y ubicarse mejor en el espacio disponible. Sin previo aviso, el ojiazul prácticamente se arrojó sobre el Uchiha nuevamente, devorando sus labios, mordiendo, chupando y saboreando cada parte de su boca, sin piedad introdujo su lengua, siendo audible gemidos ahogados por parte de ambos, respiración agitada y caricias de por medio.

Deidara se sentó en el regazo de Itachi, estimulado por lo que veía, aún cuando no era demasiado. El cabello de Itachi, siempre en perfecto orden, ahora se encontraba agitado, sutiles gotas de sudor lo adornaban y sus labios hinchados e inflamados.

Era demasiado hermoso para dejarlo ir.

Retomó los besos, aventurados y curiosos por conocer a través de su boca al Uchiha que tenía enfrente. Sus manos volvieron a su cabello profundamente oscuro, ahora bajando hacia sus hombros, disfrutando la maravillosa textura de su camisa, deseando sentir la piel que se encontraba debajo de esta. Ahora sentía sus brazos y poco a poco fue pasando hacia los botones de su camisa, dudando de si retirarlos o no.

Fue cuando sintió las manos de Itachi, guiándole a quitarlos, uno por uno, fue entonces cuando el beso de nuevo se cortó y ahora deseaba observar cómo le quitaba la ropa. El deseo en los ojos de Itachi era demasiado, era halagador sentirse tan deseado como en ese momento. Y lo confirmo de nuevo, al sentir las manos de Itachi en sus piernas, acariciándolas, ya que ahora se encontraban rodeándolo encima de él, el acceso era increíble, pasando ahora con discreción sobre sus glúteos, sacando un suspiro de placer en el ojiazul.

Entonces, alguien, salió de las habitaciones y la luz del pasillo se encendió.

Fue como volver a la realidad.

No era apropiado aquel encuentro y a modo de despedida, Itachi besó sus labios de nuevo, disfrutando cada toque, para después separarse. Fue cuando Deidara se bajó de su regazo, para tomar asiento a su lado.

Trataban de calmar la respiración, Deidara buscaba como bajar la hinchazón de sus labios y la calentura de su cuerpo.

Itachi se levantó, procurando no hacer ruido.

—Siempre es un placer verte. —

Pronunció, para después abrir la puerta y retirarse.

Un impulso surcó su mente, quizá debía detenerlo. Se apresuró hacia la puerta, pero, sabía que sería inútil. Tocó la perilla y abrió ligeramente la puerta, sintiendo el aire helado y húmedo por la lluvia. El auto de Itachi ya no estaba. Otro profundo suspiro. Maldición.

Escucho a alguien bajando las escaleras.

—Deidara, ¿estás bien? — Preguntó Yahiko. Curioso al jurar que escuchó la puerta principal abrirse, al menos ya se sentía tranquilo al ver quién fue.

—Sí, no puedo dormir y quería caminar un rato, pero… está lloviendo bastante. —

—Entra, puedes enfermar. ¿Te gustaría cenar algo? Ya que tampoco puedo descansar, me vendría bien comer. — Invitó Yahiko, ignorando por completo las visitas previas.

—Me gustaría mucho, gracias. — Respondió el ojiazul.

Algo le decía que antes de intentar dormir, necesitaría de una ducha muy, pero muy fría.


Con mucha vergüenza me di cuenta que he tenido semanas terribles. Me quedé sin trabajo y siento feo que me rechacen porque no tengo tanta experiencia:(

Pero no la he pasado tan mal, tengo una familia muy nice y linda que me cuida y me apoya.

Espero volver con la buena noticia de que ya habré encontrado trabajo:)

Quiero creer que con mayor tiempo libre tendré más tiempo de actualizar.

El título de este episodio fue una palabra pretenciosa y muy linda que encontré en un diccionario de sinónimos y me gustó mucho. Realmente iba a ser la segunda parte del episodio anterior (Rumores), pero no quería un episodio tan corto y deseaba que fuera más extenso y ojala les haya gustado:)

Es tarde, mi alma ha vuelvo a ver Dr House y se me fue el tiempo sin darme cuenta, igual, usualmente actualizo en las madrugadas, jiji.

Hatake-Seikatsu: No tengo palabras para describir el sentimiento que me provocó leerte. Un sentimiento de protección me inundó de inmediato, no me alcanzan las palabras para darte las gracias por todo lo que estás haciendo, no me puedo imaginar el inmenso trabajo que tienes, por favor, cuidate muchisimo, muchas gracias por tu labor, te mando un gran abrazo y que te encuentres más tranquila. Espero te haya gustado el episodio de hoy y nos leemos en el siguiente!

savechara1819: Eres muy amable! Gracias por tu review, espero también te haya gustado el episodio de hoy, un placer leerte y nos leemos en el siguiente episodio!

Gracias por sus reviews, su retroalimentación e ideas. Nos leemos pronto!