Advertencias: OoC. Lo típico. Yaoi. Ortografía. Errores de cohesión.
La creación de escenarios de las Facultades se hizo con el siguiente soundtrack recomendado:
- Crystal Castles - Reckless
-Crystal Castles - Untrus Us
- Pursuit of Happiness (Steve Aoki Remix). - Especialmente escrito con la Facultad de Derecho.
-Marry the night - Lady Gaga
Forasteros & viajes
Dio otro sorbo a su taza, donde tenía chocolate caliente.
En otras circunstancias habría optado por café, pero tomando en cuenta que llevaba varias noches de terrible descanso, ahora no quería tener taquicardia y eterno cansancio.
Tenía la televisión encendida pero no podía escuchar nada, la torrencial lluvia afuera era más audible.
Konan, Yahiko y Nagato fueron a clases, pero Deidara se rehusó a asistir.
Su plan era simple, encerrarse en su habitación para siempre.
Lo que sea necesario para no ver jamás a ningún Uchiha. Se sentía abrumado, alborotado y confundido. Aun procesando cómo demonios permitió lo de anoche.
Él estaba más que de acuerdo en continuar el encuentro, estaba dispuesto a complacer todo lo que el Uchiha le pidiera, pero… él se detuvo.
Quizá fue lo mejor.
Tenerlo cerca era una tentación demasiado grande.
Y no podía permitirse perder el control cada que lo tuviera cerca.
Comenzó a sentir que quizá quedarse en casa no era buena idea. ¿Y si Itachi volvía?
Maldición. El pánico se apoderó de él.
Tenía que escapar ¿de qué? No lo sabía. A donde pudiera descansar, quizá.
Hizo una rápida llamada y pronto encontró un refugio a donde pasar esa mañana. Tomó una cazadora impermeable y botas de lluvia, aun cuando seguía lloviendo con fuerza no deseaba continuar ahí.
Afuera los charcos de agua eran inmensos y la luz era escasa.
Tomó el autobús y minutos después llegó a su destino, con la lluvia aún más fuerte.
Se abrigó aún más, comenzó a caminar, con los nervios de punta, no quería encontrarse a nadie, absolutamente a nadie.
Sentía el aire helado golpear lo poco visible de su rostro. Y una parte de él, sólo deseo desaparecer.
Esto era mala idea, de verdad era muy mala idea. Debería estar en clases, Sasori le estuvo marcando entre clases y por supuesto prefirió poner silencio al aparato. No podía esconderse para siempre. Ahora se encontraba solo, bajo la lluvia y sumamente cansado. Ah y ahora se encontraba empapado, por el inconsciente conductor que no bajo la velocidad de su auto al pasar frente a los enormes charcos y mojó por completo a Deidara, interrumpiendo sus pensamientos.
—¡Maldito imbécil! — Gritó sin nada de control, demonios, ahora sentía que moría de frío.
Para su sorpresa, el auto se detuvo y bajó un hombre de abundante cabello negro y vestía un traje perfectamente pulcro y negro.
—¡Oh no! Lamento tanto este infortunio, ¿estás bien? — Respondió con un tono de voz profundo y masculino, que de hecho, de forma muy extraña, le parecía familiar.
El ojiazul pudo notar de inmediato un falso sentimiento de culpa. ¿Esto era una burla?
—¡Por supuesto que no estoy bien, idiota! ¿No pudiste verme? Es una maldita zona de baja velocidad, no había necesidad de ir tan rápido. ¡¿O acaso tu asquerosamente rico auto no llama lo suficiente la atención?! —
Aquel hombre estaba… ¿maravillado? Debía sentirse ofendido, porque bueno, porque el ojiazul lo estaba ofendiendo, pero parecía extrañamente fascinado. Bien, quizá lo estaba malinterpretando, ya no estaba seguro, quizá el maldito frío ya no lo dejaba pensar bien.
—Ha sido un terrible error. ¿A dónde te diriges? Al menos para que llegues pronto a casa y tomes un baño caliente lo más rápido posible. —
Deidara observó con extrañeza a aquel hombre. Le parecía… extrañamente familiar. Demasiado. Sí, vale, era muy atractivo, pero ignorando eso, sentía que ya lo conocía.
La casa de su madre era cercana, pero en ese estado, se sentía bastante lejos caminando, y bajo la lluvia, más.
—¿Vas a secuestrarme? — Preguntó a modo de insulto, de nuevo, contra el hombre.
—Ganas no me faltan, pero no; además, que encuentres taxis es difícil, y así de empapado, menos. —
¡Maldito!
Aun cuando era un sinvergüenza, aquel sentimiento tan familiar le transmitía… confianza. ¡Pero era un extraño cínico!
—Está bien, pero no pongas el maldito seguro y yo iré atrás, en caso de que tenga que estrangularte. — Espetó Deidara.
—Eso es mucho para la primera cita. Necesitamos una palabra de seguridad. —
Se sonrojo de inmediato por semejante doble sentido.
¡Era un maldito descarado!
Ese hombre no tenía el más mínimo sentido de la decencia y no quería tenerlo cerca. El ojiazul sólo quería dejar de escucharlo.
—¿Vamos a ir o no? Para saber si debo irme corriendo de ti ahora. —
El hombre se acercó a la puerta trasera y la abrió invitando al ojiazul a pasar.
Con un aire bastante orgulloso, lo miro con desconfianza y entró cubriéndose de la lluvia. El hombre regresó tras el volante y después de rápidas instrucciones, avanzó con lentitud.
Por extraño que parecía, la sonrisa extraña de aquel hombre era… divertida. Aquel hombre se estaba divirtiendo y bastante. Deidara sentía un ambiente extraño, se supone que debería desconfiar de un hombre que conoció hace un par de minutos, pero él estaba muy entretenido con la situación y ya no parecía que llegaría más lejos.
Avanzaron algunas cuadras y finalmente llegaron. De nuevo, el hombre de cabello negro salió de automóvil para abrir la puerta de su invitado.
—Servido. —
El ojiazul se negaba a darle las gracias.
—Es lo mínimo que pudiste hacer. — Dijo con desdén.
—Espero poder compensarlo como es debido eventualmente. —
Ese maldito ya pactaba una segunda visita y por supuesto que eso jamás pasaría.
—Con no verte de nuevo es más de lo que merezco. — Repitió de nuevo con desprecio.
La sonrisa de ese descarado era imborrable. El rubio pasó al lado de él con prisa y altanería, en dirección a la banqueta.
Escuchó como el hombre regresaba a su lugar detrás del volante.
—Un placer conocerte. — Se despidió, antes de encender el motor.
El ojiazul, entonces, volteó a verlo justo antes de que arrancara el auto y se perdiera por las calles. Fue un vistazo rápido, pero de verdad sentía que ya lo había visto, sobre todo cuando vio por breves instantes sus ojos.
Una vez llegó a su destino, tocó la puerta, donde su madre lo recibió con gusto, creyendo las mentiras de que sus primeras clases se habían suspendido, y por la lluvia, la casa compartida le quedaba lejos.
Negándose a comer algo para desayunar, entró a la habitación para echarse en la cama y se quedó profundamente dormido. Pretendiendo que esos breves momentos de sueño podía dejar de vivir todo al agobio por aquel joven de apellido Uchiha.
[…]
Obito ahora tenía la atención de sus compañeros en la hora del descanso. Seguía con su relato de experiencias vividas en el extranjero, no obstante, Itachi no podía prestarle la atención necesaria.
Volvió a tomar medicación para dormir y aun así no era del todo efectivo. Se encontraba no sólo estresado por la falta de sueño, ahora también porque se preguntaba como casi pudo perder el control anoche.
Sus clases parecían durar aún más de lo usual, pero por suerte, ya tenían esa hora libre, así que una vez terminado el relato, se disculpó y se retiró al área de fumadores.
Tomó su celular y marcó.
—Madre, he pedido permiso para salir un poco más temprano el día de hoy. Deidara enfermó y por precaución, yo cuidaré a Sasuke y a Naruto. — Mintió Itachi.
—¡Oh! Hijo, ¿Deidara está bien? ¿Ya fue al médico? — Preguntó con preocupación la mujer.
—Si madre, todo está bien. Sólo fue una intoxicación. Así que estaré el día de hoy con él y Naruto. Descuida. —
—Está bien cielo, te veré más tarde. Dile a Deidara que por favor se recupere y espero mejore pronto. —
Vale, no era nada nuevo mentirle a su madre, pero ahora tenía que decirle a Deidara una excusa muy válida del porque no debía ir a trabajar.
Sinceramente se moría por verlo, tenerlo cerca de él, oler y sentir lo precioso de su cabello rubio… Y por todos esos motivos, debía tenerlo lejos.
Esto no era apropiado.
Sólo quería acostarse con él, nada más. ¿Cómo pudo pasar algo como esto?
Nunca había nada emocional de por medio, solo una atracción física. Como lo que sentía por Deidara, sólo algo sexual, sólo algo para el estrés, para no seguir con tanta monotonía.
Sí, por eso ahora su atención se fijó en un explosivo artista con rasgos andróginos.
Pero entre más le conocía, más le encantaba.
Y eso le molestaba.
Le molestaba que su necesidad de ver y estar cerca del artista era cada vez más grande. Y eso era inconcebible.
Esto se le había ido de las manos, y de una forma muy extraña.
Quizás... huir de esto no era la solución.
Acaso… ¿era tan terrible si renunciaba a su soltería?
Nunca le agradó la idea de exclusividad... pero la exclusividad con Deidara sonaba realmente atrayente.
—Hermano, ¿estás bien? Te veo distraído. — Preguntó Shisui, llegando al área de fumadores.
—Estoy bien, ¿qué clase sigue? —
[…]
Horas de inmenso placer estaban terminando ahora.
La lluvia era audible, sólo que más suave, menos torrencial.
Ahora llegaba el increíble aroma de la comida de su madre, también la amable voz de Minato entrando a la casa. Recibió un mensaje a su teléfono, era Shisui, diciéndole que hoy tampoco tendría que ir a trabajar.
Era muy extraño que fuera avisado por mensaje, por él y a esta hora del día. Pero no indagó más, un descanso era lo que necesitaba ahora.
Fue al baño a mojar su rostro con agua fría en un intento para espabilarse, durmió una cantidad descarada de horas, pero fueron un alivio increíble. Salió de la habitación, siendo recibido con gusto por Minato, ahora sólo pensaba en comer y el sazón de su madre era simplemente indescriptible.
La comida estaba servida y tomó asiento al lado de su madre, quién se notaba más animada de lo usual.
—Cielo, tu padre ha encontrado espacios preciosos para la nueva casa. Además, está más cerca de su trabajo. ¿Qué opinas? — Dijo Kushina, pasando a su hijo varias fotografías de la inmobiliaria.
El ojiazul tomó los folletos encontrándose con arquitecturas preciosas y bastante rusticas, como les gustan a sus padres, quienes poco a poco se acomodaban en su nueva vida en la capital y todo salía maravillosamente.
—Madre, son preciosas. ¿A cuál se mudarán? —
—Hay una casa en particular divina, pero aún faltan detalles interiores para habitarla. — Guio a su hijo a la propiedad, describiendo con emoción como se veía en persona.
Deidara se sentía relajado y después Minato comenzó a decirle lo increíble que le iba en el trabajo y pronto tendría un ascenso. Estaba tranquilo aquella tarde y todo malestar parecía irse poco a poco.
Las horas pasaron y Mikoto aviso a Kushina que Itachi llevaría a Naruto antes de que anocheciera.
El ojiazul al escuchar esto, supo que llegó el momento de retirarse y se despidió de sus padres. Al menos para ese momento ya no llovía e incluso el cielo se encontraba despejado, empezando a pintarse de arrebolados colores.
En el autobús volvió a resentir el cansancio que ya se le estaba acumulando, definitivamente agradecía la libertad del día de hoy y sólo quería llegar a su habitación y dormir, al menos agradecía que era viernes y podía darse una noche reconfortante, no había visto a Itachi en todo el día de hoy y eso no le alborotó más de la cuenta.
Llegó a la casa y para su fortuna había sido el primero en llegar, durmió de nuevo un par de horas, y al despertar se dio un baño y bajó a cenar algo.
Cuando ya se preguntaba por la ausencia de todos, fue audible el auto de Yahiko estacionándose.
—¿Disfrutaste tu día libre? — Preguntó Yahiko en cuanto entró al hogar y captó a Deidara con la cabeza recargada en la mesa con sus brazos cruzados, ocultando su rostro.
—Hmm. — Respondió. Yahiko ya conocía que era una forma de decirle que no le hiciera más preguntas. Sin embargo, ignoró su petición
—Arréglate, Deidara, se nos hará tarde. — Invitó Konan para después retirarse a su habitación-
Deidara se incorporó con una mirada de evidente fastidio.
—Es el primer viernes del nuevo semestre. — Respondió Nagato, mientras buscaba comida en el refrigerador.
Claro, como pudo olvidarlo. La fiesta de bienvenida en Las Facultades era un evento magistral.
Curiosamente, después de aquel día completamente aislado y prácticamente huyendo de Itachi, ahora se sentía avergonzado por eso.
Subió a su habitación y buscó ropa de noche. Con curiosidad encontró un traje negro que su padre le había regalado, pero al encontrar asfixiante aquella elegante prenda, optó por dejar en el closet el saco y corbata.
Vistió sólo el pantalón y una camisa de vestir completamente negro, encima de eso, un elegante chaleco color azul Oxford que resaltaba con encanto sus ojos azules. Retocó su cabello, y espero a que el resto estuviera igual de presentable, listos para partir.
Esta noche pintaba ser épica.
Facultad de Psicología. 9:15 pm.
Ninguno de los presentes estudiaba en esa Facultad pero al encontrarse en un punto medio, lo acordaron como punto de reunión y no vendría mal entrar en ambiente.
Genial, ya se encontraban ahí Kisame, Kakuzu, Zetsu y Hidan.
La fiesta era en un enorme jardín, se podía ver una piscina al fondo del lugar y una barra al aire libre.
Encontraron el rincón de una mesa ligeramente despejada y acomodaron la hielera que Hidan solía cargar para siempre procurar llenarla de alcohol.
—¡Ey! ¿Dónde están los demás? ¡Con un demonio! Si no alcanzamos alcohol, me voy a emputar con todos ustedes. — Gritó Hidan, como de costumbre.
—Cállate, aún es temprano. — Intercedió Kakuzu, también como era de costumbre al ser el único que toleraba al peliblanco.
—¡Descuida! Pasamos por alcohol antes. — Dijo Yahiko a modo de saludo, con una hielera en menor tamaño y con la posibilidad de mover ya que tenía ruedas traseras.
—¡Genial! — Hidan lo interpretó como mayor espacio para llevar más de las bebidas.
—¿Dónde está los demás? — Preguntó Deidara, nervioso, aún sin saber qué decir o qué hacer cuando viera al Uchiha.
—¡Ey, Nagato, el día de hoy aprenderás a tomar como un jodido hombre! — Vociferó el peliblanco, ya que siempre era una constante como quería prácticamente obligar a Nagato a probar el alcohol.
—¡Hidan! No todos tiene que ponerse como tú, recuerda que esas cosas no le caen bien. — Respondió Konan, sabiendo que su a tímido amigo le era muy difícil decir no.
—Es tarde. Le estoy marcando a Itachi. — Respondió Kisame en una risa ahogada, vaya que ver a Hidan así podía ser toda una experiencia.
Deidara sintió mariposas en el estómago.
—No tardan. — Respondió Kisame, una vez colgó la llamada.
Y el ojiazul de repente se sintió vulnerable.
—Ya vuelvo. — Dijo sin pensarlo. — Acabo de ver a una amiga que tengo tiempo sin ver. — Mintió el ojiazul por segunda vez en el día y por la misma persona.
Sin esperar respuesta, se dirigió a la barra de aquel inmenso jardín. Su corazón iba deprisa y no sabía qué hacer. ¿Esto había sido buena idea?
Pero su mente se distrajo; sus sentidos captaron un aroma que le era profundamente familiar. Sí, un bouquet afrutado, floral blanco, dulce, acuático. *
Unos delicados brazos se ciñeron alrededor de él. Una cabellera en castaño claro y aquel delicioso aroma se vieron aumentados.
—Deidara-san. Cuanto tiempo. —
El abrazó de prolongó bastante, era afectuoso y cálido.
Aquella joven se separó para ver con detenimiento al rubio. Y vio aquellos hermosos ojos verdes, seguía teniendo facciones delicadas, una piel inmaculada, labios gruesos y perfectas proporciones.
—Alisa. —
—Es increíble, no has cambiado nada. Sigues igual de perfecto. — Respondió la joven, con suma confianza tocó la mejilla del ojiazul, que aceptó con gusto el halago.
—Tú sigues igual de preciosa. — Regresó el halago. Confirmando que la confianza entre ambos jamás se perdió.
—¿Sigues en la Faculta de Arte, cierto? — Comenzó preguntando la chica.
—Sí. ¿Pero tú que haces por aquí? —
—Oh My, tenemos tanto tiempo sin hablar. Decidí estudiar Psicología y este es mi primer año, pero aún soy bailarina activa en la Academia de Ballet. Esto es fantástico. —
La conversación continuaba siendo tan fluida como hace años, ahora el ojiazul se preguntaba porque había dejado de frecuentarla. Pero Alisa también tuvo sus ocupaciones en ese tiempo.
Deidara había olvidado por completo su malestar inicial y ella se retiró un momento para volver con dos cervezas, invitó una al ojiazul y continuó la plática casual.
Alisa veía con detenimiento al artista, encantada de volver a verlo, para ese momento de la fiesta había cada vez más personas y se encontraban sentados frente a frente de la barra. Entonces, la mirada de la joven se desvió por unos minutos. Cambió de tema.
—También recuerdo… Que me contaron como entraste a la misma fraternidad que el novio de Julia. —
& el ojiazul casi escupe su bebida. ¿Cómo por dónde tendría que empezar a contarle?
La risa contagiosa de Alisa mostraba complicidad. Parecía que se perdió gran parte de la historia.
De repente, Shisui apareció detrás de Deidara, llamando su atención tocando su hombro.
—¡Deidara! Llevó rato buscándote, desde que llegué no te había visto. Creí que estabas con Hidan y Kisame. — Saludó Shisui, colocándose cerca de él.
—¿Hidan y Kisame? —
—Al parecer se perdieron hace minutos y los buscamos para irnos todos juntos. —
—Shisui, quiero presentarte a Alisa, una buena amiga que tenía años sin ver. —
—¡Un gusto! Siempre es genial conocer amigos de Deidara, ¿también eres artista? Mi nombre es Shisui. — El Uchiha saludó con educación y efusividad a la invitada.
—El placer es mío, Shisui. sí dulzura, soy bailarina profesional. — Saludó la cautivadora chica.
—¡Eso es increíble! ¿Y qué haces por esta Facultad? —
—Nuevo ingreso, cielo. Por cierto, ¿ya te llevas a mi Dei? Acaba de llegar, déjame unos minutos con él. —
—Lo siento, pero tenemos que llevarlo a su casa más tarde. —
—Oh no, ¿A dónde lo llevarás? ¿Planeas robármelo? —
—Claro que no Alisa, pero nos esperan afuera. —
La excéntrica chica se levantó del taburete donde descansaba en la barra, sacó un cigarrillo con suave aroma a menta violeta, lo puso en sus labios en búsqueda de un encendedor, sin éxito. El cigarrillo volvió a sus dedos.
—Querido, ¿tienes fuego? —
El Uchiha acató de inmediato, buscó en sus bolsillo hasta dar con él, lo extendió hacia ella con la llama encendida.
—Gracias~. — Respondió en el mismo tono seductor, aunado a la belleza que representaba esa mujer, Shisui se sintió maravillado. Se acercó con lentitud hacia el fuego, cuando tocó el tabaco aspiró con profundidad y de repente sus ojos verdes vieron con suma determinación al pelinegro.
Aquel joven frente a ella desprendía una extraña sensación que no podía describir del todo, pero quería descubrirlo.
—Te… ¿conozco de algún otro lugar, acaso? — Preguntó Alisa.
—Estoy seguro de que no. No suelo venir aquí. Estoy en la Facultad de Leyes. —
—Ah, abogado, eso explica muchas cosas. —
El ojiazul no se inmutaba de la actitud condescendiente y amorosa de su amiga, Alisa siempre fue demasiado dulce y excéntrica con todos a su alrededor y esa noche no era la excepción. Se disculpó y llegó a un enorme lavabo del otro lado de la barra que ahora estaba inundada en hielo y debajo descansaba más alcohol. Estuvo a punto de tomar una lata entre el agua congelada, pero le fue tendida una frente a sus ojos; era Itachi quien le ofrecía la bebida.
Su corazón se detuvo un segundo, pero de repente se tranquilizó. Se veía tan impecable y perfecto como siempre.
Haciendo un atrayente juego con sus ojos, vestía una camisa color rojo vino, remangado antes de llegar a sus codos y un pantalón negro que Deidara veía exquisitamente ajustado al cuerpo de Itachi.
Ese chico era todo un sueño, moría por lanzarse encima y volver a sentir sus manos tocándole.
Lanzó un suspiró audible mientras aceptaba la cerveza.
—Gracias. — Susurró el ojiazul.
—Siempre es un placer verte. — Respondió Itachi.
Fue como si por un instante todo alrededor desapareciera. El Uchiha continuó.
—¿Dónde está Shisui? —
Deidara hizo un amago indicándole una dirección, no muy lejos se encontraba hablando con alguien.
Se acercó.
—Hermano, lamento interrumpirte, encontramos al resto, ya nos esperan en los autos. —
—Itachi, sigues tan idílico como desde hace años. — Respondió en su lugar Alisa.
El Uchiha se sorprendió por aquella familiaridad con la que era tratado. Pero no tuvo que indagar demasiado en esa joven.
Su belleza tan deslumbrante seguía intacta, sólo que ahora era distinto verla con… ropa.
Un ajustado vestido negro de mangas largas, medias y zapatos de ligero tacón. Un precioso moño alto y maquillaje impecable. Seguía siendo preciosa.
—Alisa, es increíble volver a verte. — Correspondió el Uchiha.
—Lo mismo digo, cielo. Me parece una pena que te lleves a mi Dei, pero ahora que conozco a tu amigo Shisui, me lamento aún más. —
—¡Ven con nosotros! — Exclamó Shisui, emocionado de conocer a otro artista y lucía tan fascinante como Deidara.
Itachi sonrió con discreción, a veces olvidaba que Shisui no era tan formal y serio como el resto de los Uchihas.
—Lo que sea para estar cerca de mi Dei. — Respondió la joven.
Sin embargo, el confianzudo y risueño de Shisui se la llevó jalando del brazo hacia el auto.
El ojiazul se quedó absorto.
—¿Por qué no eres más como él? — Preguntó al Uchiha.
Itachi observó curioso la escena, su casi hermano parecía fascinado por conocer personas tan ajenas a las acostumbradas en la Facultad y en la familia. Parecía extasiado de salir de todo aquel mundo conservador y extasiado de lujos pretenciosos.
Se tardó en darse cuenta, pero ese era el motivo del porque estaba tan fascinado con Deidara.
—Vamos, Sasori y Obito también te están buscando. — Respondió Itachi, yendo tras Shisui y Alisa.
Salieron del jardín trasero por un enorme pasillo. En la calle ya se encontraban todos y como pudieron se distribuyeron en los autos disponibles. Por supuesto Shisui peleó estar cerca de Deidara y Alisa, Obito iba de copiloto e Itachi era con conductor designado.
Vaya, vaya. Así como volvió Julia, también aquella anónima joven que pasarían años hasta conocer su nombre.
Esta sería una extraña noche.
Facultad de Ingeniería. 11:52 pm.
La fiesta se realizaba en un salón de eventos de tamaño considerable, afuera había una fuente y más adelante un kiosko con romántica iluminación.
Deidara y Alisa escaparon deprisa a un lugar menos escandaloso, se sentaron en el kiosko mientras el ojiazul daba un extraño recuento de las cosas acontecidas después de la última vez que se vieron.
—Tú… e Itachi. Jamás me lo hubiera imaginado. Creí que ese hombre era un estirado heterosexual con terribles gustos, al juzgar por Julia. — Exclamó Alisa, sorprendida por los extraños sucesos que el ojiazul le contaba.
—Es extraño, pero… después de terminar, Itachi cambió bastante. Se hizo mujeriego e insoportable, aunque insoportable lo fue siempre. —
—Honey, lo que ahora me interesa saber, es si la familia de Itachi es igual a él. —
Deidara río al recordar eso, también tenía una curiosidad inmensa. Y antes era fácil decirlo "igual a ellos", pero poco a poco, iba sacando actitud que nunca esperaba ver de él. El que definitivamente parecía fuera de lugar era Shisui. Pero Itachi, entre más se acercaba a Shisui, irónicamente se alejaba más de su familia.
—Su madre, es agente de relaciones públicas de la empresa familiar. Su padre, solo he visto una sola vez, trabaja y viaja demasiado, él es empresario. Ambos son accionistas y por eso se caen en dinero. Aún así, la señora Uchiha es amable, cálida y muy amorosa, te das cuenta de que sólo quiere pasar tiempo con sus hijos, pero el trabajo no lo permite. Su padre, lo poco que he visto y me ha contado Sasuke, es estricto y muy conservador. —
—Es bueno saber que disfrutas tu trabajo y te pagan bien mi Dei. —
El ojiazul también se sentía afortunado.
De repente, llegó otro invitado.
—¡Sasori! Que fascinante verte — Saludó efusivamente la chica.
—Lo mismo digo. No pude saludarte hace rato, creí que quizás estarías apartado con Deidara, en ocasiones él no soporta la humanidad y simplemente se esconde. —
—Yo sé cielo, mi Dei se negó a bailar conmigo. ¡Aún sabiendo cuanto amo el baile! — Se quejó Alisa.
—Y también faltó hoy a la escuela. — Acusó el pelirrojo.
—¡Deidara! Apenas es la primera semana. —
El ojiazul puso un evidente rostro de fastidio.
—Danna, lo siento, me intoxique con comida y me quede a descansar. — Mintió.
De repente, llegaron Zetsu y Obito corriendo y casi sin aire.
—¡Vámonos! — Gritaron prácticamente al unísono.
Desde el kiosko, podía verse el estacionamiento y los autos saliendo con prisa. Uno en particular se quedó para esperando al resto.
—¿Qué está pasando? No llevamos ni una hora aquí. — Preguntó Sasori ante el extraño evento. Más cuando prácticamente eran empujados al auto.
—El idiota de Hidan se peleó con otros idiotas tan ebrios como él, los golpeó y se fueron, pero están volviendo con más personas. El muy masoquista los sigue provocado y tuvimos que sacarlo entre todos. — Respondió Zetsu mientras abría las puertas y como podían entraron el auto sin perder más tiempo.
Lo poco que entendieron, fue que debían huir si no querían ser linchados por un montón de universitarios ebrios porque Hidan les asesto varios golpes, porque… porque simplemente quiso hacerlo.
Facultad de Leyes. 12:39 am.
Era de esperarse el lugar que los estudiantes de Derecho optaron para su fiesta de bienvenida, un antro rentado exclusivamente para esa noche. Increíblemente, y sólo porque Itachi y Shisui iban con ellos, les permitieron entrar con alcohol.
Adentro era un espectáculo estrambótico y alborotado.
Los juegos con claro oscuro entre los tantos rincones del lugar junto con las luces de neón eran exorbitantes. La música electrónica era estimulante y bastante alta. Se veían cerca de 4 jaulas estratégicamente colocadas y colgando del techo, en su interior estaban jóvenes de delicadas proporciones con un talento increíble para el baile electro. Cada una vestía bodys completos y entallados a sus delgadas figuras.
Vaya que gran ambiente.
La hostess pidió el nombre de los estudiantes y de inmediato accedieron a un cubículo semi circular, con elegantes sillones rodeándole, y ya esperaba una botella de champaña y cerca de 10 copas.
Algo esperado, era una mesa reservada exclusivamente para los alumnos Uchiha.
Alisa y Konan disfrutaron la barra libre para decantarse por un coctel.
El resto comenzaba a desperdigarse por todo el antro – bar.
—¡Deidara! Este lugar es increíble para bailar, y ahora no me vas a negar el momento. — Gritó Alisa.
—Alisa, ¡yo no sé bailar! Sasori no Danna lo hace mejor que yo. — Exclamó, tratando de arrinconarse más en el diván.
El pelirrojo de inmediato rechazó la invitación obligada del rubio.
—Atiende a tu invitada. — Soltó mordaz.
Y ya sin poder negarse, la chica prácticamente lo arrastró al centro de la pista, invadida de luces neón y personas bailando.
La joven colocó sus manos en las caderas de Deidara, muy pegada a él, se contorneaba con ellas y hacia un compás en conjunto de sus manos, guiándole, siguiendo el ritmo de la música. **
—Relájate, siente la música. — Exclamó Alisa, sin moderar su tono de voz, algo necesario por la música tan alta.
—Eso intento. — Dijo en un tono tenso.
—Dulzura, saliste a divertirte, no puedo con este nivel de tensión que te cargas. Eres muy joven para estar tan estresado. — Intentó animar Alisa, mientras sacaba del bolsillo de su pantalón un pastillero muy pequeño, sacó una píldora de ligero tono amarillento que introdujo a su boca y sin recato alguno, se acercó al ojiazul.
—Diviértete conmigo. —
Y después besó sus labios para meter con descaro la pastilla con su lengua. Se separaron nuevamente.
—Olvidaba lo que era salir contigo. — Respondió Deidara, riendo por el contacto.
—Eres toda una maravilla mi Dei, no dejes que un hombre te abrume así. Nada de eso, él debería sentirse abrumado por ti. — Halagó Alisa.
—Es fácil para ti decirlo, siempre fuiste buena para estas cosas. — Intentó animar el ojiazul.
—Si tú quieres darte el lujo de disfrutar a Itachi, hazlo. Entiendo porque te fijaste en él, es exquisitamente atractivo, una fantasía de hombre, pero no me atrevería a intentar algo con él, ya es tu presa, ve por él. Disfruta a ese pedazo de muchacho y enséñale lo que eres capaz de hacer. — Insinuó Alisa de forma directa, casi petitoria.
—Alisa, entiendo lo que dices, no sabes como quisiera intentar algo con él, y nunca he tenido problema en tener una relación basada en sexo. Pero con Itachi no, no quiero eso. He visto chicas ir y venir de su habitación, nunca es la misma, nunca les vuelve a hablar, nunca repite encuentros y eso es lo que más me temo. No quiero convertirme en su objeto. — Respondía, sincerándose por primera vez con alguien respecto al tema.
Eventualmente, ahora que Alisa logró sincronizar sus movimientos con los del ojiazul, le dio la espalda para pegarse a su pecho, y sin dejar el sensual movimiento, Alisa lo seguía guiando desde su posición.
—Vida mía, nunca has vivido por la aprobación de ese hombre. Ni vas a empezar a hacerlo ahora. Disfrútalo, gózalo, y si obtienes lo que quieres, que mejor. Pero si el infeliz se atreve a tirarte, no le des el gusto de sentirte mal. Sólo es sexo, cielo, no me has hablado de sentimientos en toda la noche, así que simplemente disfruta del increíble placer carnal. Dios sabe lo poderoso de un buen sexo. Mereces los mejores orgasmos del mundo, y sé que tú eres capaz de dárselos a Itachi, también. — Aconsejó la chica.
El ojiazul quiso responder, pero se sintió incapaz.
No sabía si eran los nuevos movimientos que experimentaba con Alisa, la erótica cercanía con ella, la música o fuera lo que fuera. Estaba experimentando un extraño calor, excitante y vibrante. Era exacerbante, no recordaba sentir algo así.
—Dame un momento. — El ojiazul salió de la pista de baile a refrescarse, entro al baño para mojar su rostro en agua fría, extrañado por el calor. Retiró el exceso de agua para ver su rostro, no entendía que estaba observando, tocó su rostro y era como si sus manos soltaran corrientes eléctricas a su piel ante el mínimo contacto. Era impresionante.
Empezó a reír él solo, esos toques lejos de darle incomodad le provocan intensas cosquillas que no sabía bien de dónde venían.
Estaba fascinado.
Necesitaba un trago. Regresó a la mesa asignada e ignorando a los que se encontraban ahí, volvió a servirse champaña en una copa que ya ni siquiera sabía si era suya. No se sirvió una vez, si no tres.
Esos breves toquecitos que había sentido con el contacto de sus yemas crecían exponencialmente. Era maravilloso. Esto definitivamente se alejaba de sentirse ebrio. Era una sensación de euforia impresionante. Su cuerpo tenía que sacar toda esa energía, y sin dudarlo, entro de nuevo a la pista de baile.
Era algo increíble, ahora las luces eran extraordinarias, parecían que estas tuvieran vida y lo acariciaran en cada rincón de su cuerpo. Sintió que alguien le tocaba la espalda, pero fue como ser acariciado por potente chorro de agua helada o ser acariciado por la seda, no sabía cómo sensaciones tan diferentes y opuestas podían sentirse las dos al mismo tiempo, pero las sentía; era Alisa, sonriéndole. La música era ahora tan alta que no importara que dijera, no sería escuchado, así que Alisa lo volvió a jalar hacia él, moviendo las caderas de forma deslumbrante, flexionando las rodillas y dándose media vuelta, se restregaba con erotismo con su amigo y fue cuando el ojiazul empezó a imitarla, encontradose maravillado porque ahora era como ver la música a través de sus poros y le dijera como moverse.
Entre más se movía, más tenía la impetuosa necesidad de seguir haciéndolo, su cuerpo entró en un frenesí y simplemente no quería detenerse jamás. Siguió imitando a Alisa, encontrando extraordinario cada vez que su cuerpo bajaba al suelo para subir y empezar nuevamente el extasiado y sensual movimiento. De repente, frente a Alisa apareció Shisui, haciendo un amago de acercarse a él y ella no rechazó para la invitación.
Y detrás de Deidara, encontró a Itachi, tratando de decirle algo pero simplemente las palabras no eran audibles. El ojiazul sólo se dio a entender como mejor podía y ahora comenzó a restregarse con Itachi, recibiéndolo con gusto y comenzando a tomar su ritmo. Tácitamente, sin dejar el sensual cortejo, el rubio comenzaba a apartar a Itachi de la pista de baile, a un espacio todavía más discreto.
Deidara ahora se acercó a su cuello, restregando sus mejillas en el contrario, tratando de captar el increíble aroma del Uchiha. Sentía las manos de él descender por su espalda, delineando su cintura con delicia.
Aquello era explosivo. Era como si todo alrededor de él le acariciase, le estimulara y le sedujera. La música, las manos de Itachi, los movimientos que su cuerpo necesitaba sacar. Todo era fascinante y sensacional.
Se sentía uno solo con la música y ahora quería fusionarse con Itachi.
El ritmo de la música electrónica invitaba a la perdición física y mental. Era glorioso aquella noche y la sentía aún más vivida cuando puso sus manos detrás de la cabeza del Uchiha en clara invitación de acercarlo a él. La respiración de ambos era agitada, sudados por la actividad física. Y ante la poca visibilidad que ofrecían las luces, todo se disparaba al sentido del tacto, por lo que la caricia mutua de ambos cuerpos era demasiado estimulante.
Sin previo aviso, Deidara tomó un esfuerzo para alzar su cuerpo y con delicadeza mordió el lóbulo del pelinegro, para después pasar a pequeños besos candentes y húmedos repartidos por su oreja, ahora bajando y besando por la mandíbula tan marcada de Itachi, sentir su piel en sus labios, y con sus manos acariciando aquella esculpida espalda era delicioso.
Sentía que su mente volaba a extraños y placenteros rincones. Besaba sus clavículas, y con sus manos pasando al cuello de la camisa, se permitió abrirlo ligeramente, para aventurarse a besar, succionar y lamer aquella piel perfecta y caliente piel.
Sin darse cuenta, el Uchiha se recargó en la pared disfrutando las atenciones. El ojiazul sabía cómo volverlo loco y era excitante saberse en un lugar público, disfrutando de estos encuentros prohibidos.
Por el rabillo del ojo y sin detener al contrario, el pelinegro se percató de que Obito ahora iba moviéndose en el lugar buscando a gente conocida, con pesar, recogió su mano izquierda que acariciaba las piernas del menor, vio la hora en su reloj y se dio cuenta que era momento de irse.
Bajó su cabeza, en un amago para alcanzar los labios del rubio, quien se retiró de su cuello para besar los contrarios, fue un beso fogoso, mordidas salvajes de por medio y respiración divinamente agitada. El pelinegro tuvo que separarse.
—Es hora de movernos. —
Otro pequeño y tortuosamente lento beso antes de separarse y fueron en dirección a la salida.
Una vez afuera, volvieron a intentar distribuirse entre los autos.
Deidara no comprendía muy bien que ocurría ni a que auto fue subido, sólo sabía que Alisa fue a su encuentro, asegurándose que su amigo estuviera bien. Risas contagiosas, vitalidad y buen sentido del humor le indicaban que sí.
Facultad de Artes. 3:29 am.
El ojiazul estaba extasiado por aquella nueva perspectiva que ofrecían sus sentidos.
No tenía idea de que había consumido con ayuda de Alisa, pero no importaba, era una experiencia fantástica. Tampoco sabía cómo ni cuándo llegó ahí, pero parecía ser su casa de estudios.
De repente, fue jalado por Sasori, lo llevo a un jardín externo, lejos del bullicio.
—Ey, Sasori no Danna, quiero bailar. — Realmente quería decir que su deseo era el restriego descarado con Itachi, pero la idea era básicamente la misma.
—Estás drogado. —
—Tú también has tomado alcohol. —
—No me compares. ¿Te encuentras bien? — Sasori se acercó para apreciar con detalle sus ojos, encontrando sus pupilas increíblemente dilatadas.
Deidara chistó por el gesto y trató de apartarlo de un torpe manotazo.
—Danna, estoy increíble. Déjame ir. —
—Cálmate. Primero dejaré que comas algo, ya después podrás hacer lo que quieras. —
El ojiazul estaba molesto, estuvo a punto de correr en la otra dirección cuando se topó con un enorme y corpulento cuerpo. ¿Qué estaba ocurriendo?
—¡Maldita sea Kisame! Sólo quería escapar. —
—Escaparas, pero nosotros contigo. Sasori, nos vamos. —
El ojiazul debió perderse una parte de la conversación, era evidente que ellos don sabían de que hablaban. Vaya, quizá si estaba muy drogado.
De nuevo fue llevado a los autos, teniendo breves lapsos en que tomaban tanta velocidad que Deidara sentía que volaba aún más.
En el auto estaban Zetsu, Sasori, Kisame y Kakuzu, donde era demasiado interesantes discutir de la nueva amiga del ojiazul y como terminó con todos ellos.
A donde iban no tenía idea, sólo añoraba volver a sentir a Itachi en sus brazos.
Facultad de Ciencias 4:15 am.
Vale, ya definitivamente no sabía dónde y qué hora era pero no importaba.
Ahora la fiesta era en una casa privada, ignorando quien era el dueño se adentró de inmediato a tomar la bebida que tuviera enfrente, la sed era abrumadora y necesitaba apagarla.
El resto se perdió por toda la casa y ahora recordaba que su amiga Alisa estaba con ellos. Ah, estaba hablando con Shisui, bien, estaba en buenas manos.
—¡Rubia! Maldita sea, eres una perra. ¿Por qué no me dijiste que tenías drogas? ¡Necesito, puta madre! — Se acercó Hidan con violencia y ebrio, que novedad y… pidiendo algo.
—¿Qué? — Respondió Deidara
—¡Qué me des drogas, estás hasta la puta madre rubia! ¡Dame el puñetero ácido que te echaste! —
El ojiazul empezó a reír extasiado. No estaba seguro si era ácido lo que había consumido pero llevó a Hidan a la proveedora. Sí, seguía sentada en el sofá hablando con Shisui. Ahora Deidara se sentó al lado de ella, o esa era su intención porque terminó prácticamente echado encima de la chica.
—¡Alisaaaaaaaaaa! ¿Qué mierda me diste? — Gritó Deidara, para después intentar quitarse de ahí y sentarse de lleno en el sofá.
—¡Sí Alisa! ¿Qué mierda le diste? — Ahora gritó el peliblanco.
—Ah, tú debes ser Hidan. Vaya, eres todo un encanto, como me contó mi Dei, ¿Estás ebrio? —
—Sí, pero bueno no, mierda, se me está bajando y tenemos que pasar a comprar más alcohol. ¿Tienes la porquería? —
Alisa asintió divertida, se levantó del sofá para llegar a los últimos rincones de su bolsillo delantero. Sacó una bolsita ziploc de tamaño diminuto y podía verse una píldora.
—Cariño, que suertes tienes. Es la última. —
—¡Mierda! Eres la mejor. Deberías venir más seguido. — Agradeció para después ingerirla con un trago de cerveza. Soltó un grito de bienestar y felicidad.
—¡Ey, gracias rubia! — Exclamó el peliblanco a modo de despedida, ahora en dirección a la sala que ahora fungía como pista de baile.
—Dei, tus amigos son encantadores, Yahiko es todo un líder, Konan es preciosa y Kisame no deja de hacerme reír. —
—Alisa, a todos los conocí por entrar a la fraternidad Akatsuki, ¿no te parece increíble? —
—Mi Dei, definitivamente entrar a esa hermandad ha sido impresionante. —
El ojiazul se levantó de inmediato, finalmente encontró a Itachi y fue tras él. Él Uchiha ahora se movía en dirección a las escaleras principales, a la segunda planta del hogar. Subió tras él con prisa, resintiendo como poco a poco el sonido y la aglomeración se iban despejando.
—Itachi. — Gritó prácticamente, casi parecía que escapaba de él.
El pelinegro lo volteó a ver de una forma… preocupada.
—¿A dónde vas? — Preguntó Deidara en un tono conciliador.
—¿No estás molesto? —
El ojiazul volvió a reír como por doceava vez en la noche.
—¿Por qué lo estaría? —
Esa reacción fue inesperada para Itachi, recordando que se encontraba drogado, y por lo tanto, más conversador y extrovertido de lo normal, pero ahora todo su orgullo y altanería no tenía cabida en su persona. Era todavía más encantador.
Este Deidara no intentaba agredirlo ni tampoco pretendía insultarlo, como usualmente ocurría en estas fiestas, cuando se encontraba en un estado alcoholizado era intenso, agresivo y siempre lo usaba de excusa para recordarle cuanto le despreciaba.
Pero ahora… Deidara era vehemente, apasionado, como también tranquilo, conciliador e incluso afectuoso.
Creía conocer todas sus facetas, pero esta era… nueva, diferente y se sentía profundamente pleno por saber que aquel explosivo artista nunca dejaba de sorprenderlo. Así que para su propia sorpresa, decidió ser honesto con él, temía que quizá demasiado, pero de verdad tenía que intentarlo.
—Julia estaba en la Facultad de Artes, por eso nos fuimos tan pronto. —
Ah, era eso.
—¿La extrañas? — Preguntó Deidara.
Itachi se sorprendió. El ojiazul no se mostraba molesto o a la defensiva. Al contrario, tenía un interés real en conocer sus sentimientos.
—No. — Respondió, sabiendo que no mentía, pero aun así, temía que el artista no le creyera.
—¿Quieres volver con ella? — De nuevo, aquella sorpresa porque Deidara tumbaba una y otra vez sus prejuicios.
—No. —
—¿Quieres estar conmigo? — Preguntó nuevamente, ya sin indagar más en un tema que ni siquiera entendía porque estaban hablando.
—Siempre. —
Y finalmente, volvió a los labios que añoraba tanto.
El beso era caliente, estimulante y bien recibido por ambos. Salvajes mordidas y gemidos sensuales, ahora los dos buscaban una habitación libre en aquella propiedad, entrando a la primera puerta que tuvieron cerca.
Era un estudio, que conveniente. Aún cuando había un sofá funcional, el escritorio frente a la ventana lucía todavía más atractivo.
El ojiazul empujó con fuerza al mayor para hacerlo pasar, coloco seguro a la puerta y volvió a besarlo, asegurándose de disfrutarlo lo más posible. Ahora lo arrinconó contra el escritorio.
Después de tanto fantasear con él, empezó a retirar los botones de la camisa, aquella preciosa camisa color vino, ahora tan impregnada por el aroma de Itachi. Uno a uno, quitaba los botones, el Uchiha solo colocó sus manos en el escritorio detrás de él para darle mayor libertad al ojiazul. Le auxilió cuando la dejó caer tras sus hombros, sintiendo deliciosos escalofríos.
Deidara retomó los besos a sus clavículas, besaba con dulzura y un disfrute indescriptible. Ahora pasaba a sus hombros, sin poder creer lo perfectamente marcados que estaban, sus manos tocaban sus oblicuos, su cintura, ahora su espalda. Aquello era divino. Ahora recorría su pecho, travieso y curioso por delinear cada rincón de su cuerpo con sus labios, regresó por su cuello, su mandíbula, mejilla y retomaron los besos.
Primero suaves y cortos, para después pasar a estamparlos con suavidad, moviéndose de forma concienzuda con los contrarios, sintiendo su textura, el grosor y ahora abrió paso entre sus labios y ahora los dientes, metiendo la lengua con disfrute. Las manos de Itachi no resistieron más y apresó al menor contra su cuerpo, poniendo sus manos en su cintura, tocando, acariciando y ahora llegó a sus glúteos para apretarlos contra él. Lo sintió.
Sintió su erección contra la suya, los dos tan duros, tan calientes y tan fogosos.
Se detuvo. Se separó y se quitó entre Deidara y el escritorio.
¿Qué ocurría?
El ojiazul reaccionó de inmediato.
—¿Es mentira eso de que querías acostarte conmigo?! — Gritó Deidara, no comprendiendo su actuar. Le molestaba estos dobles señales del Uchiha y bastante.
—Así no. — Respondió, poniéndose su camisa nuevamente.
—Yo lo deseo. — Dijo Deidara, no podía con la intensidad del momento.
—Así no. Estás drogado. —
—¡Deja de decidir por mí! — Gritó de nuevo, exasperado. Sabía que él tampoco quería esto.
—Quiero hacerlo con tu consentimiento cuando estés completamente consciente. — Insistió Itachi.
—¡Yo decido ahora! — Deidara no quería las opciones que le brindaba, así que empezó a construir las suyas.
Aprovechando que Itachi estaba distraído colocándose la prenda, lo empujó de inmediato sentándolo en el sillón. Trepó sobre él y se sentó en su regazo.
—Yo decido ahora y decido que quiero complacerte. — Fantaseó sobre sus labios, dando pequeños y húmedos besos.
El Uchiha se moría por dentro por aquella determinación, esa que conocía tanto del sobrio y consciente Deidara. Se excitó nuevamente, esto era nuevo, él siempre era quien tenía el control en los encuentros sexuales, pero ahora… era Deidara quien estaba al mando y era fascinante.
Dejó aquella lucha sin tregua y se rindió a la petición del rubio.
De nuevo, el ojiazul abrió la camisa y retomó las caricias, besos y mordidas. Ahora más intensas y vehementes. Sin perder más tiempo, trazaba una línea imaginaria justo en el centro de su abdomen, aquel perfecto y escultural abdomen.
Tomó a Itachi de las caderas y de forma tácita le pidió que extendiera más su cuerpo en el sofá, una vez atendida su petición, Deidara comenzó a tocar su impresionante paquete a través del pantalón.
Itachi soltaba gemidos estimulantes y sonoros. Y el ojiazul se sentía profundamente halagado de saber que él los provocaba.
Se sentían tan duro, y con nervios empezaba a desabotonar el pantalón, temiendo de nuevo el rechazo del Uchiha, pero este parecía sumamente excitado por el momento.
Se atrevió a apretar el trozo de carne con sus labios encima del bóxer, obteniendo en respuesta una caricia a su cabello y gemidos más profundos.
Finalmente retiró el resto de las prendas y bajo el pantalón hasta sus tobillos.
Increíble, tenía una erección esplendida. De un grosor indiscutible y extensión vasta, realmente Itachi estaba bien dotado.
Comenzó a masturbarlo, obteniendo más gemidos del contrario, era glorioso sentir tu textura tan suave y delicada, al mismo tiempo que tan duro y firme.
Con timidez, posó sus labios justo en la punta, donde la uretra goteaba pequeñas gotas de líquido preseminal, aquello le excitaba demasiado, los besos se animaban cada vez más, sacaba su lengua, percibiendo nuevamente la textura tan delicada del prepucio, las lamidas abarcaban cada vez más extensión, ahora a lo largo, interrumpiendo el vaivén de su mano para dar paso a su lengua hasta finalmente, meterlo por completo a su boca.
Itachi echó su cabeza hacia atrás y soltó un profundo suspiro de placer, de nuevo acarició la cabeza del ojiazul, apremiándole por aquello.
Ahora Deidara buscaba el ritmo apropiado para estimularlo. Asegurándose que sus labios formasen un perfecto circulo para no meter los dientes, empezaba a marcar un regulado movimiento de arriba hacia abajo, no logrando meterlo por completo a su boca por la gran extensión que tenía su erección. No obstante, decidió aventurarse a intentar llegar a lo más profundo, ahora hacía uso de su mano que complementaba el ritmo de su boca. Los gemidos del contrario jamás cesaron.
Habiendo encontrado una buena posición y ya sintiéndose cómodo por la práctica, ubico su mano en la base del pene, masturbándolo ahora completamente empapado y pasó sus labios a los testículos, intentando llevarse uno a la boca, también asegurándose de mojarlos por completo.
Sintió la palma de la mano de Itachi cerrarse de placer, atrapando su cabello y jalándolo, no pudiendo encontrar como descargarse de todo el placer que estaba sintiendo.
Ahora, pasándose hacia el otro testículo, continúo chupando, lamiendo y mojando.
Sus labios ya le ardían de tanto uso que le daba, omitiendo ese detalle, volvió a retirar su mano y regresó a devorar aquel trozo de carne. Nuevamente, retomaba un movimiento lento, pero el Uchiha simplemente no podía contenerse y volvió a encerrar su cabello rubio y con furia, introdujo su miembro hasta los rincones de su garganta. Deidara se sorprendió por el gesto y dio un par de arcadas temiendo vomitar, sin embargo, aquello provoco que escurrieran cantidades sorprendentes de saliva, empapando todavía más a Itachi.
Detuvo su fuerte agarre y de inmediato el ojiazul retrocedió para tomar el mayor aire posible, ante la sensación de ahogamiento.
—Todo lo que haces es arte, Deidara. — Halagó Itachi, con suma dificultad, la respiración se le iba y sentía que el ojiazul intentaba sacar su alma haciendo uso de su boca.
Deidara regresó a su posición y volvió a esas atenciones, la mano de Itachi en su cabeza le guiaba para marcar un ritmo más aprisa o más lento.
Deidara aprendía cada vez más de la forma y tamaño del pelinegro y le excitaba en sobremanera cuando su cabello era jalado.
Nuevamente, el rubio se atrevió a llegar cada vez más lejos, más profundo, ahora estableciendo sus propios límites, otra vez introducía la punta hasta la entrada de su garganta, aun cuando sentía que el aire no podía pasar por su esófago, no se detuvo, no cuando los gemidos de Itachi eran más graves, su cabeza hacia atrás y le sentía retorcerse de placer.
El cuerpo reaccionaba al sentir un cuerpo extraño invadiendo su tracto, así que empezaba a evocar sus propios reflejos, el reflejo de devolver, no obstante, Deidara no lo permitía, creando así nuevamente la necesidad de salivar más de la cuenta, en espera de retirar aquello que le invadía.
Ahora Itachi estaba completamente mojado, las manos del Deidara que de vez en cuando llevaba a la base para complementar el placer, sus labios, su rostro, todo estaba empapado en caliente y espesa saliva.
El Uchiha no podía concebir lo magnifico de aquel sexo oral, de nuevo jalo su perfecto cabello al sentir como Deidara lo empapaba cada vez más, llegaba más profundo, más estimulante, era inconcebible todo el placer que sentía.
Ya no gemía, estaba hiperventilando, estaba gritando cada vez más profundo. Volvió a imitar la acción anterior, ya no importándole si al artista le incomodaba, no podía con tanto. Tomó su cabeza y nuevamente enterró su erección hasta el fondo, gritando con profunda furia en un gutural gemido, sentía una interminable oleada de placer recorrer todo su cuerpo para terminar de descargarse en la garganta de Deidara y aún sin poder asimilarlo, así como voló hacia el cielo, ahora bajaba con suavidad hacia una satisfacción que hacía años no recordaba sentir.
Su vista se perdió en el techo, sus brazos tirados hacia los lados y un maldito regocijo glorioso le inundó por completo. Recuperaba el aire, preguntándose si aquel indescriptible gozo había sido real, si en verdad aquel celestial orgasmo lo acababa de sentir.
Su vista se posó hacia debajo de nuevo, Deidara limpiaba el exceso de saliva, que aún tenía su pene e incluso su ropa interior. Sorprendente.
—Lo siento. — Dijo entre débiles suspiros, por aquel arrebato en que prácticamente estaba ahogando a su compañero.
El ojiazul, le dedico una encantadora sonrisa, sus labios estaban rojos, hinchados, adormecidos, su cabello despeinado, nudos en ciertos apartados y también recuperaba el aire.
—Está bien. — Respondió amablemente.
Todo aquella experiencia era memorable y daría lo que fuera por guardar semejante bienestar por siempre.
Así era como se sentía, pleno, rebosante en jubilo, sus labios se curveaban en una sonrisa. Recogió sus pantalones junto a su ropa interior, acomodo su ropa y empezaba a recordar donde se encontraba.
Tendió una mano frente al ojiazul, ayudándole a levantarse y le guio a sentarse en sus piernas.
Beso nuevamente aquella misma boca que lo llevó por un desbordante viaje carnal, sintiéndolos tan hinchados, que los beso con cuidado, suavidad y dulzura.
—Itachi. — Llamó el artista.
—¿Qué pasa? —
—No falta mucho para el amanecer. — Respondió, para luego retirarse.
El pelinegro río, había perdido por completo la noción del tiempo. Quizá ya lo buscaban, quizá todos estaban demasiado ebrios para moverse, quizá ya todos se habían ido, no lo sabía.
No quería que Deidara se fuera, él tampoco quería salir de ahí. Era como un espacio sagrado, íntimo, donde el único lenguaje era el placer y el bienestar no era sólo físico, también mental.
Tomó su camisa, encontrándose con marcas de dientes en su cuerpo.
Trató de pensar en que hacer a partir de ahora, y no era tanto por el magnifico encuentro con Deidara, más bien, se preguntaba si su vida podía continuar normalmente después de conocer semejante gozo, tanta dicha, tanta… felicidad.
Porque una vez que conoces el cielo, te preguntas si puedes continuar tu vida en la tierra.
* Tomé la descripción del perfume J'adore de DIOR. Porque ese perfume huele hermoso y así huele Alisa.
** Alisa tiene un estilo de enseñar como en una escena de la pelicula Dirty Dancing, para ayuda visual, recomiendo ver el video de Hungry Eyes de Dirty Dancing, la escena que la toman de la cadera para enseñarle a bailar.
Legalmente ya me está amaneciendo, pero con el cambio de horario, siento que engañe una hora más a mi hora de dormir(?). Estoy muy emocionada porque es el capitulo mas largo que he escrito alguna vez. El primer encuentro sexual ItaDei y mucho muy explicito, por lo que he cambiado el rated a M.
¿Porqué sigo metiendo OC's en lugar de usar los tantos personajes del universo Naruto?
Porqué me encanta crear personajes con características muy particulares que me van a auxiliar para crear ciertos eventos, ciertos escenarios y apoyar a ciertos personajes. Prefiero un OC's al OoC, personalmente, espero no les moleste la inclusión de estos nuevos personajes que aparentemente, no tendrán relevancia en la historia (si tiene).
El título por eso se llama forasteros por la inclusión de nuevos personajes a la dinamica y viajes, por el viaje que Deidara y también el viaje que tuvo Itachi xD
Después de pedir bastante retroalimentación e investigación aclaro algunos puntos que no tenia claros.
¿Qué estudian cada uno de los miembros de Akatsuki?
Yahiko, Konan y Nagato: Ciencias políticas. Por revolucionarios.
Kakuzu: Economía
Hidan: Ciencia forense
Kisame: Biología Marina
Zetsu: Agronomía.
Estoy segura que no necesita ninguna aclaración el porqué esas carreras xD
Y obviamente, Dei y Sasori: Artes
Todos los Uchiha: Derecho.
¿Qué hace la empresa Akatsuki? Tuve severas dificultades para encontrar un bien para producir, o vender. Considerando la materia prima de Japón y las necesidades de su población, no encontré algo que me convenciera. Sinceramente, lo dejó a su criterio.
manu: me parece interesante la petición, mandame inbox! Gracias !
Hatake-Seikatsu: Un placer leerte! Es correcto, estos dos tiene mucha quimica porque se complementan perfecto! Gracias por tus comentarios, ojala el episodio de hoy te haya dejado satisfecha. Este fue el doble de intenso xD Gracias por leer! La mala noticia es que no tengo trabajo todavia:( La buena es que ya estoy trabajando en unos proyectos para levantar el evento;D Gracias por tus comentarios! ; v ; Un gran abrazo y mucha fuerza!
Roms: Sí, me doy una idea de quien puede ser. Pero es solo una teoria. Gracias por darle una oportunidad a esta pareja y por tus comentarios;D Nos leemos pronto Roms, espero lo hayas disfrutado tanto como yo de leerlo! Éxito en lo que viene:'D
Muchas gracias por leer! Nos leemos en el siguiente cap;)
