La carne educada


"...Su rostro se tornó demacrado y sus pupilas adquirieron un brillo vidrioso; sólo mostraba cierto reconocimiento y afecto cuando entraba su hermana a visitarlo. A veces se sobresaltaba, y tomándole las manos, con unas miradas que afligían intensamente a la joven, deseaba que el monstruo no la hubiese tocado ni rozado siquiera.

¡Oh, hermana querida, no lo toques! ¡Si de veras me quieres, no te acerques a él!"

John William Polidori - El vampiro


—¿Hoy también, Mutsuki?

Haise Sasaki le sonrió y cerró su libro aquella tarde. La estancia por fin estaba a solas o casi. Urie tenía una investigación pendiente, Shirazu lo acompañaba, Saiko fue de compras...

Tooru había pedido ese día libre.

Haise Sasaki trabajaba mucho pero aquella vez le hizo un hueco a ella.

(Le dijo a Tooru que cuando fuese necesario, así lo haría, por ella).

—L-lo sien-siento, Maestro, yo...

—No tienes que disculparte. Estoy para satisfacer tus necesidades, Tooru. Las de todos en esta casa —le explicó Haise, sin inmutar su sonrisa, apretando contra su estómago el libro de ese día. Algo de Sacher Masoch. Probablemente, una lectura inteligente, pero Tooru no tenía tiempo de revisarla, no en el momento.

Su corazón dolía de tan fuerte que latía.

—Haise Sasaki...Maestro...

—¿Me darás lo que acordamos?

Tooru asintió. Haise le tocó el hombro y la impulsó a acompañarlo con un cabeceo. A su habitación.

(Su colchón y frazadas se limpiaban con mayor facilidad, como si el material estuviera pensado para semejante devenir, pero Tooru no quiso analizar mucho el tema).

Haise puso jazz en su equipo de música. Era...casi romántico.

(Tooru no debía pensar así de aquellos encuentros, pero no podía evitarlo, jamás había estado con nadie de esa manera, era lo más parecido a la ternura que había experimentado).

Él no se desvestiría. No era necesario, Tooru lo sabía. Haise solo se aflojó más la corbata y se la quitó, ya tenía algunos botones de la camisa desabrochados.

Tooru se sacó el jersey. Abajo solo tenía el sostén de vendas, aplastándole los senos. Quitó los alfileres y se tomó un momento para deshacer la prenda improvisada. Estaba ya sonrojada.

Sasaki era muy profesional, sin embargo. Él se tomaba todo en serio. No era algo morboso para su Maestro, claro que no.

Probablemente ni siquiera había placer ahí para él.

Salvo en...

—¿Tooru? ¿Cuál quieres usar hoy?

...Estuvo a punto de pedirle a él que eligiera. Pero...

Ya habían tenido esa conversación decepcionante y muchas otras. Sasaki no hacía eso por sí mismo, sino por ella.

—Yo...pues...q-quiero el que es...los que son...p-para...arriba. Y el que...succiona...aparte de...—Dijo, moviendo los dedos temblorosos con nerviosismo y evitando mirar a Sasaki, su Maestro, quien solo le sonrió, comprensivo como era.

—Vale...ya recuerdo cuáles te gustan más.

Tooru se obligó a sí misma a no pensar mucho en el hecho de que él se acordaba. No significaba nada.

...No quería emocionarse. Eso solo le estorbaría a él.

Tooru ya tenía los pezones duros cuando guardó sus vendas y se desabrochó para bajarse el pantalón. Hubiera querido dejarse los boxers pero...

Su Maestro ya le había dicho que tenía que aprender a decir lo que deseaba y a prepararse para dárselo a sí misma.

De ser necesario.

Ella se bajó los boxers, los puso doblados con su pantalón y sonrojada, fue hasta la cama para sentarse en la misma, abriendo las piernas, dejando su sexo expuesto.

Haise Sasaki se sentó a su lado, sonriendo con cierto orgullo y tranquilidad.

Él iba a ayudarla. Siempre lo hacía. Aunque solo la guiara. Y revisara sus progresos.

...Tooru se admitía para sus adentros que estaba decepcionada. Que cuando todo eso empezó, en verdad esperaba más de aquellos encuentros. Creyó que tarde o temprano él...

Pero no podía darse el lujo de despreciar la experiencia. Haise Sasaki le prometió ayuda y se la daba.

—¿Necesitas lubricante? —le preguntó él, mientras que le alcanzaba los...elementos. Que Haise guardaba en una caja bajo la cama, pues era discreto.

Tooru se sonrojó incluso más. Desvió la mirada.

—Yo...Voy a usar mi saliva. Como me enseñó usted...

—Si...es sano que ya no te reprimas tanto. Voy a incluír eso en mi informe.

Tooru asintió. La conversación sonaba cordial y profesional. No se correspondía con lo que ella iba a hacer...

Pero dentro de esos extraños parámetros, era lógico. Él...no veía sus encuentros como algo placentero.

Solo aceptaba porque ella lo necesitaba.

Tooru se mojó los dedos en la lengua y pasó a frotarse los pezones que ya tenía endurecidos por el frío de descubrirse el pecho. Contó algunos segundos, mirando a Haise Sasaki de reojo.

Su Maestro sonrió, sentado a su lado, esperando a que ella asintiera para alcanzarle el primer juguete.

Por supuesto que él no se lo colocó. Tooru lo tomó de su mano, sintiendo que se desmayaba de calor.

El aparato no se caería ni la lastimaría. Era bastante liviano, estaba equipado con una batería pequeña y recargable. Haise se encargaba de eso.

Tooru solo lo prendió contra su pezón izquierdo y se estremeció cuando comenzó la succión automática, conteniendo la respiración por las terminaciones nerviosas estimuladas hacia la dureza.

—Me gusta verte tan satisfecha con estas adquisiciones, Tooru. Y con el tratamiento para tu ansiedad. Pronto podrás llevarlo a cabo tú, sin mi colaboración.

No, nunca, por favor, no...

—Maestro...

—Aquí está el otro.

Tooru asintió y con la mano temblorosa, imitó el primer procedimiento en la dureza de su pezón mojado restante. Con la vibración en sus pechos, comenzó a jadear, viendo más borroso.

Pero aún faltaba algo.

—Este es la liebre, creo que dijiste que te gustaba. Vibra y succiona. Pero allá abajo tiene que estar mojado para que te lo pongas.

—...Lo está.

—Bien...¿Te importa si me sirvo un trago?

—No hay problema...

Tooru tomó el consolador y separó sus labios vaginales para colocarlo. Era más difícil, tal vez debió lubricarlo más. Pero se recordó que Haise Sasaki estaba ahí, con ella. Mirándola.

Solo tuvo que fantasear un poco al penetrarse a sí misma con el objeto de plástico y silicona.

—La última vez habías comenzado con una velocidad de tres, ¿por qué no lo colocas en cinco directamente?

...Sería muy intenso. La boca de succión estaba en sí contra su clítoris. Pero no podía decir que no a ninguna sugerencia de Sasaki.

Era como una petición.

Él no la estaba mirando con atención o fingía no hacerlo, tenía una botella y dos vasos sobre la mesa de luz, junto a su libro de Sacher Masoch, que solo había dejado momentos atrás.

—¿No quieres nada, Mutsuki?

Ella sacudió la cabeza, suspiró y encendió el aparato en su quinta velocidad. Todo se nubló en seguida, como normalmente sucedía.

La succión en sus pechos, en su clitoris, la penetración en su vagina mojada, Haise sonriéndole y sirviéndose una copa de vodka. Tooru jadeó y jadeó, con sus zonas erógenas duras y húmedas, sintiendo que se derretía por los artificios de "la liebre" y las succiones en sus senos. Se retorció contra las almohadas de su Maestro. No pasaría mucho antes de que llegara al límite, aunque el mismo estaba esfumado ahí, en esa habitación.

—¿Te molesta si sigo leyendo, Mutsuki?

Haise Sasaki se acostó a su lado nuevamente, acarició el muslo de Tooru, como invitándola a mirarlo.

Ella tomó sus últimas fuerzas para asentir y soltó un gemido incisivo. Temía molestar a Haise. Pero...su Maestro solo le frotó la mejilla, enternecido.

—¿Tuviste un orgasmo ya, Mutsuki?

—Dos...Tres con los de...mis senos...es muy intenso.

—Lo es, ¿verdad? Bueno...Sacher Masoch tendrá que esperar —suspiró Haise Sasaki, bebiendo de un sorbo su trago y volviendo a dejar en la mesa de luz, su libro.

Tooru no quería abusar más de aquello. Pero conocía el ritual. Era algo que compartían. Así que se mordió el labio inferior y procedió a sacarse el juguete sexual de la abertura caliente en la que le daba placer. Finalmente, hizo lo mismo con los aparatos que estimulaban sus senos enrojecidos y duros.

Haise Sasaki guardó los juguetes en una caja con varios más. Tooru sabía que él los limpiaba, aunque ella se había ofrecido a hacerlo, luego, cuando la cabeza dejara de darle vueltas. Haise se tomaba en serio lo de ayudarla y monitorear sus progresos.

De verdad.

—El doctor Shiba me comentó que te resistes a exámenes ginecológicos y que estos son fundamentales para aprender el efecto del conteo de células RC a ciencia cierta en partes del cuerpo...propensas a cambios físicos.

"Mucho me temo, Mutsuki, que tendría que revisarte, si estás de acuerdo, antes de que sellemos nuestro trato original.

Tooru asintió, trató de contener sus temblores, su emoción. Su Maestro la tocaría. Incluso si usaba guantes quirúrgicos.

Nunca podía contenerse. Era parte de su placer bochornoso.

Se preguntaba si su Maestro realmente no experimentaba nada al respecto. Ella era muy tímida para tocarlo, ni siquiera se atrevía a observar el bulto de su pantalón por cambios.

Sin estudiarlo debidamente, por pena, estaba segura de que Haise Sasaki mantenía su cuerpo mucho más frío que el de ella.

Por desgracia.

—Mutsuki...tengo que tocarte un poco, solo suficiente como para tomar notas y entregarlas a Shiba. No te asustes.

—Yo...nunca tengo miedo de nada con usted, Maestro.

—Me alegra. Ahora...—indicó él, colocando sus dedos sobre los pezones de Tooru y pellizcándolos con fuerza, hasta enrojecerlos aún más y casi sacarles sangre.

Tooru se arqueó, mordiéndose el labio hasta abrirse una cortada.

—¡Dios! Haise...Sasaki...

—Está bien, perfecto, Mutsuki. Solo reviso que no haya secreciones hormonales extrañas.

—Si...—murmuró Tooru, al borde del colapso, cuando Haise Sasaki soltó sus senos.

—Me pondré algo de lubricante en las manos para no lastimarte...—le avisó Haise y tras hacerlo, pasó a colocar sus dedos en los labios vaginales de Tooru, abriéndolos, presionándolos y finalmente...probando la cavidad.

—¡Ah! Maestro...Por favor...

—Solo un momento, Mutsuki, no voy a herirte.

...Tal vez no era su intención, pero Tooru se arqueó de nuevo como si acaso...

—¡Lo siento! Maestro...su cama...

—No te preocupes, Mutsuki. Lavaré todo luego. La...eyaculación femenina, en estos casos, es normal. Tu clitoris no ha tomado proporciones atípicas. Lo que pude ver del cuello del útero tampoco. Incluso tus orgasmos parecen sanos. Tal vez la próxima vez deba grabarte, para fines médicos, por supuesto.

—Si...Haise Sasaki, lo que usted diga. Gracias...Yo...

Él se quitó los guantes manchados, aún sonriendo. No lucía asqueado. Ni enojado. Eso alivió a Tooru, aunque ella hubiera deseado, por supuesto...

Encontrar algo más que profesionalidad en su amado Maestro.

Mutsuki Tooru no era sino una especie de mariposa entre los alfileres de sus muestras. La hacía enojar, pero...

Lo importante era que él la tenía a ella consigo. Continuaban. Nada más.

Nadie lo estaba apartando de su lado.

Así que...

—Por favor, Maestro...Es su turno.

Haise Sasaki puso a un lado los guantes, Tooru creyó apreciar que los colocaba en la misma caja que los juguetes, bajo la cama. Luego sus dedos desnudos sonaron, hizo un gesto...extraño, ajeno a él.

—Tu cerebro ahora mismo...está lleno de hormonas. Endorfinas, dopamina y oxitocina—comentó él, buscando uno de los vasos, vertiendo vodka en su interior, como si hablara solo consigo mismo y su consciencia. No con Tooru.

No tenía caso decirle nada más al respecto a ella.

Aceptaría todo.

Y más.

—Desearía poder darte algo de anestesia, Mutsuki. De verdad. Yo...

—No la necesito —suspiró ella, acostada en la cama, con una expresión de tranquilidad. Resignada a lo que ya había vivido y que era inevitable. Como su placer.

Haise Sasaki se sacó la pañoleta de seda en su bolsillo de la camisa y la remojó en la bebida blanca.

Tooru mantuvo su calma. Cerró su ojo descubierto mientras que duró aquella "caricia". El alcohol en la tela solo le hizo algunas cosquillas cuando su Maestro lo pasó por encima de su vientre para limpiarla.

Era lo mejor, para evitar infecciones. Aunque ella fuese Quinx.

Había que cuidar la extracción. Tooru no iba a ser egoísta. No quería serlo...

De un cajón de la mesa en la que descansaba el vodka, Haise Sasaki sacó una daga, de tamaño similar a aquellas con las que Tooru entrenaba. Puso a un lado la pañoleta húmeda.

—Respira hondo, Mutsuki...—pidió él, apoyando la punta del arma contra la piel del vientre de Mutsuki.

...Tooru no pudo evitar notar que la pierna de Haise Sasaki en aquellas circunstancias se rozaba contra la suya. Y que había, de repente, algo duro encima de ella.

Aquel conocimiento hizo que fuera más soportable. Incluso si Haise se concentraba en algo más.

...Mi Maestro piensa en mí. En una parte de mí, al menos...en algo que es para él, solo para él...

—Voy a contar en reversa, Mutsuki. Será rápido, lo prometo. Casi no vas a sentirlo.

Ella lo permitió. Cerró el ojo de nuevo. Se dejó ir.

La punta de la daga se presionó contra su estómago.

—Tooru...ahí va...Tres...Dos...


—Uno extra para ti, Mutsuki, necesitas comer. Estás algo pálido.

—Me siento bien, Maestro, de verdad. Con los vegetales tengo suficiente.

—Claro que no, los dos sabemos que puedes guardar mucha carne dentro de ti...—le sonrió Haise, sirviéndole otro filete.

Tooru se sonrojó. Hubiera agradecido y cambiado el tema, luego de que su plato se volviera más pesado.

De no ser por el golpe que hizo temblar la mesa.

Urie lo había dado. Y se puso de pie, indignado.

—Es increíble, Sassan, ¿verdad? No tienen suministros para los prisioneros en Cochlea, hay una hambruna generalizada por los cuidados pandémicos, los enviados de Arima no te han traído nada en semanas pero sigues muy bien de salud, como si tragaras todos los días.

Sasaki forzó una mueca incómoda en una sonrisa ante aquella mención, que por parte de Kuki Urie, constituía casi una acusación.

Tooru solo miró hacia el suelo, apenada.

—Me las arreglo aquí, la compañía de ustedes, mis discípulos, me sirve de paliativo.

—¿Por qué no admites lo que estás haciendo? Maldita sea —resopló Urie, secundado por los jadeos de Shirazu y Saiko, que a penas y entendían qué sucedía durante la cena.

—La voluntad de alguien es sagrada, ¿no lo crees, Urie? Deberíamos ser libres de elegir —explicó Sasaki, encogiéndose de hombros.

—No se puede elegir cuando vives con un monstruo que te está consumiendo. Jódete, Sassan —replicó Urie, ya marchándose de la cena, sin haber probado bocado.

Tal vez perseguirlo por los pasillos no fue inteligente por parte de Tooru. Seguía débil. A Urie no le costó nada empujarla contra la pared, levantarle la camiseta y exponer la herida mal tapada en su vientre, ya casi cicatrizada por completo.

Haise Sasaki arrancaba un pedazo de Tooru día por medio desde la escasez. En sus límites, a ella se le dificultaba sanar a escondidas.

—¿Por qué? Te trata como a comida.

Tooru se sobó los labios. Sonrió con tristeza y fue con la verdad.

—Prefiero ser solo eso para Haise Sasaki antes que nada.

Esa noche, como tantas otras, Kuki Urie deseó al menos no saberlo.