El Jefe de Estado escuchaba de pie los informes de Kaydel Co Connix vía holograma, y cuando se dio por terminada el informe, la transmisión se apagó.
El bothano se paseó una mano sobre su cabellera, el quarren Silliq, quien era el único que estaba en la oficina, se acercó.
—¿Crees que se acerquen al Núcleo, tal como dice Connix? —sus tentáculos faciales se agitaron del nerviosismo, Borks Fey'lya se giró, aún con las manos en la espalda.
—Si tienen planeado ir al Núcleo Profundo, eso quiere decir que pasarán por Taris.
—Debemos reforzar Taris—exclamó—Taris no debe caer o estaremos perdidos.
—Sería el fin de la Alianza si estos llegan a Coruscant—exclamó Borks sentándose y observando la ventana—Se nos acaba el tiempo.
Silliq se paseó nerviosamente por la habitación hasta buscar el sillón que estaba adelante del Jefe de Estado.
—¿La flota bothana? ¿No los usará?
—No quiero que Bothawui sea un objetivo de los grysk—exclamó Borks frunciendo el ceño—No quiero arriesgar mi mundo natal.
—Bueno, no quiero obligarlo a usar armamento bothano, es su decisión—exclamó Silliq, juntando los dedos—Sin el Sector Corporativo…
—Lo sé—exclamó Borks—Si esto se alarga, nuestros recursos almacenados se agotarán y estaremos a merced de ellos.
—Entonces…¿nos rendimos?
—No, aún no—exclamó Borks—Me "colgarán" si insinúo tal cosa en el Senado. Solo debemos reforzar Taris ¿Puedes hablar con Sesh para que nos apoye con los cruceros kuati?
—Lo haré, señor.
—Aún tenemos a Bespin y Kessell para los suministros de nuestros cruceros y acorazados—reflexionó el bothano—Hay que subir los impuestos. Si no quieren que los grysk invadan sus casas, deben entregar su dinero al gobierno.
—No nos queda más opción—exclamó Silliq—Informaré al senado.
—Has sido un buen senador, Silliq—exclamó el bothano—¿Serás mi segundo si me pasara algo?

Silliq quedó estupefacto al escuchar al bothano, los segundos pasaban y el quarren asintió torpemente.
—No seamos negativos, señor— Lo superaremos.
—¿Pero lo serás?
—Sí, si ese es su deseo—exclamó el quarren poniéndose de pie, se inclinó respetuosamente y salió por la puerta. El bothano se recostó en su sillón, mirando al techo.


En Boz Pity, un planeta de llanuras verdes y grandes desiertos, se encontraba un almacén de armas. Una lanzadera salió del hiper espacio, teniendo a la esfera esmeralda ante ellos.
—Hemos llegado—anunció la maestra Riina Aldabay, sus acompañantes eran los jóvenes aprendices Kai y Ava, sentados muy cerca de ella.
Y antes que Kai abriese la boca, apareció de un salto una nave pequeña de aspecto rugoso, Riina frunció los labios.
—¿Esa nave grysk? —preguntó Ava.
—Del tipo exploratorio—exclamó Kai—Shara me explicó algunas diferencias de las naves cuando nos hablamos por última vez.
—Bueno, al parecer nunca nos van a dejar las cosas fáciles—dijo Riina presionando algunos botones.
—¿Cuál es la misión, maestra Aldabay?
—Allá hay un almacén de armamento y equipos de rastreo. La Alianza quiere asegurarse que las cosas sigan ahí. Si no están saqueadas, entonces informaremos y nos enviarán naves grandes para llevarlos a otro sitio más vigilado.

Los Jedi se ocultaron tras una luna, observando como la nave exploratoria grysk ingresaba al planeta y una vez que lo perdieron de vista, fueron directamente a Boz Pity.
Kai miró a Ava, sintiéndola un poco ansiosa por medio de la Fuerza, así que colocó su mano en el dorso de la mano de su amiga. Ella volteó a mirarlo y él la sonrió, infundiéndole ánimo.
Una vez que la lanzadera aterrizó en el valle, los tres Jedi descendieron de la nave, incluyendo un deslizador.
—Este es el mapa holográfico donde está el almacén—explicó Riina, entregándole un objeto circular del tamaño de la palma a Kai—Tienen las radios, así que una vez que lo encuentren, me informan y yo avisaré al Rogue One, como saben, está en Cyborrea.
—¿Qué hacemos con los grysk exploradores? —preguntó Ava.
—Traten de que no los vean. No intenten espiarlos, no sabemos si alertarán a otros grysk.
—De acuerdo, maestra Aldabay—exclamó Kai.
—Bien, recuerden lo que les dije antes de venir, es probable que los grysk tengan algún tipo de criatura. Estén alertas y que la Fuerza los acompañe.
—Entendido, maestra.
Los dos jóvenes Jedi se subieron al deslizador, Kai y Ava se colocaron los cascos, luego la adolescente se aferró a la cintura del piloto y arrancó.
Aldabay los observó hasta verlos desaparecer en el horizonte, luego regresó a la nave donde activó el sistema de radar y mantuvo activo el enlace con el acorazado Rogue One.

.

Pasaron por una extraña escultura de huesos, pastizales que se extendían al horizonte hasta llegar a un desfiladero de tierra, levantando polvo a su camino hasta salir de la sombra de las montañas.
Era una pradera amplia, el edificio estaba muy cerca de ellos, pero Kai sintió la presencia de los grysk así que se detuvo en medio de la hierba alta.
Presuroso, se ocultó entre la hierba rojiza, seguido de Ava, quien estaba confusa.

El edificio estaba bastante descuidado, pero tenía las ventanas intactas, la verja de plasma estaba abierta en par en par, y al costado estaba un deslizador, mucho más grande de lo manejaba el adolescente.
—¿Has sentido a los grysk? —susurró Ava, Kai sacó su sable de luz, pero no lo encendió, el cristal lambent le indicaba que en el almacén habían grysk.
—Si, se nos adelantaron.
—¿Qué haremos? ¿No podemos informar a la maestra que encontramos el almacén?
—Tenemos que ver si las armas están ahí.
—Es posible que ellos estén adentro—exclamó Ava—Desde aquí no podemos saber cuántos exploradores están ahí.
—Sé que la maestra Aldabay no quiere que…
—Mira, están saliendo.

Los dos se callaron, notaron que los grysk salían por la puerta de atrás pero aún estaban adentro del perímetro del almacén, los dos parecían que conversaban entre ellos e incluso, parecían estar bromeando.
—Son dos, pero siento que en el almacén hay otros, no puedo saber cuántos.
—Por la entrada hay unas cajas de duracero, podemos treparnos y subirnos por el techo. Estoy segura de que hay un tragaluz.

Cautelosamente, aún inclinados fueron directamente por el lado derecho del almacén, donde podrían colarse e ir directamente hacia la entrada.
Sacaron sus sables de luz e hicieron un hueco en la verja, cruzaron el terreno de hierba seca y avanzaron rápidamente hacia las cajas de duracero, apagaron sus armas y el adolescente ayudó a su mejor amiga a subirse.

Ava se encaramó por una saliente de madera y trepó, y cuando se giraba vio como la puerta principal reventaba en pedazos, saliendo disparada una bestia de gran tamaño, sus enormes colmillos se abrieron en dirección de Kai, quien retrocedió.
—¡Kai!—gritó Ava, aprestándose a bajar para ayudarlo.
—¡Quédate! ¡Averigua! ¡Yo me encargo de este!
Kai rodó hacia atrás, agitó su sable de luz mientras la bestia golpeaba el terreno con su pata delantera, gruñendo furiosamente. El joven Jedi extendió la mano para empujarlo, pero nada salió de allí, no podía usar la Fuerza y no podía sentir a nadie más, e incluso el cristal lambent no lo ayudaba nada.

Ava, nerviosa, se encaramó en un trozo saliente de roca y de un salto, se arrastró por el techo. Encorvada, vio el tragaluz, abierto.
Con dificultad, se colgó del borde, avanzó con cautela y sus pies tocaron la barra de duracero. En el suelo estaba dos grysk, pero estos parecían acercarse a la entrada, curiosos. Ava estudió el lugar, había contenedores, totalmente sellados; cajas entreabiertas, objetos cubiertos con toldos, que podían ser artillería pesada. En cada uno ellos, había objetos redondos, de aspecto rugoso; la adolescente especuló que se trataba de un explosivo, posiblemente, ellos querían volar el almacén.

Los grysk que estaban en el patio ingresaron al almacén, una bestia se apareció detrás de ellos, y empezó a mover la cabeza, como si oliese algo. Ava contuvo la respiración y empezó a moverse. Las armas estaban bien aparentemente, pero necesitaba ayudar a Kai.
¡Deténganse, el voxyn está oliendo algo!

Ava no entendió lo que decía, pero necesitaba descender y atacarlos de manera sorpresiva, el voxyn levantó la cabeza y empezó a rugir con gran fuerza.
¡Ahí arriba!

Se detuvo bruscamente, pegada a una columna, los tres grysk abrieron fuego hacia el techo. La adolescente estaba nerviosa y sin saber que hacer, el espacio estaba reducido para repeler así que se dio la vuelta y se lanzó hacia una lampara colgante, bajó la vista y vio al grysk recargando su arma así que se soltó y encendió su sable de luz.
Intentó usar la Fuerza para aligerar la caída, pero se alarmó al ver que no podía usarlo, así que el golpe fue fuerte, cayendo encima de él.

El grysk golpeó su cabeza en el suelo, quedando muerto mientras el otro apuntó con su arma a la Jedi, quien se arrastró con rapidez, sintiendo los disparos bajo sus pies.
Otro Jeedaii.
Los tres grysk se olvidaron de Ava y fueron tras Kai, cuyo uniforme Jedi estaba llena de sangre y tela quemada. Movía su sable de luz para esquivar los disparos, Ava intentó ponerse de pie, pero el tobillo le dolía, apretó los dientes y encendió su sable de luz.
Apuñaló a uno, pero el voxyn se acercaba con gran dificultad, así que intentó correr, pero se tropezó.
Avisa al piloto, necesitamos refuerzos.
Entendido.

Kai lanzó una granada de humo y corrió hacia el grysk que estaba de pie, cubriéndose la cara, cortándole media cara, luego le hizo un placaje al grysk que corría para escapar y antes que empezasen a golpear, hundió su sable en el pecho.
Ava se apoyó en la pared, sujetando el rifle láser del primer grysk caído y empezó a disparar con el voxyn, quien se acercaba con gran velocidad, Kai se puso de pie, luego corrió hacia el voxyn, la joven Jedi se tiró a su derecha, provocando que el voxyn se estampase en la pared.
Confundido, movió la cabeza y Kai blandió su sable, apuñalando su lomo, pero la bestia rugió con fiereza, agitando las patas con grandes garras y el joven aprendiz saltó hacia atrás.
—¡Llama a la maestra Aldabay!

Ava, nerviosa, buscó la radio mientras Kai esquivaba con rapidez, lanzó un grito de rabia mientras se tiraba al suelo para esquivar un golpe certero del voxyn.
—¡Maestra Aldabay, las armas están aquí, pero estamos bajo ataque!
—¡Manténgase seguros, iré ahora mismo!

Kai le lanzaba objetos al voxyn, pero la bestia se giró hacia Ava, sin poder moverse.
—¡Concéntrate en mí, peludo!
El voxyn gruñó, y Kai se colocó de rodillas, no podía usar la Fuerza por una extraña razón, pero tenía que usar la inteligencia. El voxyn cogió velocidad y saltó hacia el joven Jedi, quien se tiró al suelo y se giró, cuya hoja de su sable, abrió la panza del voxyn, empapándolo de sangre y tripas.
La bestia terminó por estrellarse en una artillera con toldo, totalmente muerto y destripado.

Y con los voxyn muerto, Kai notó que volvía su sensibilidad a la Fuerza, pero no se detuvo para pensarlo, así que corrió hacia Ava, quien se había apoyado sentada a la pared, respirando agitadamente.
— ¿Estas…herido? —exclamó Ava al ver la sangre en su uniforme.
—No, estoy bien, golpeado, pero bien—exclamó Kai intentando sonreír sin éxito— ¿Puedes ponerte de pie?
—Me duele el tobillo, intenté caer sobre el grysk usando la Fuerza, pero no. Fue como si me lo hubieran quitado.

Kai ayudó a ponerse de pie, apoyando su hombro sobre el suyo, luego ayudó a sentarla sobre una caja, ya que necesitaba inspeccionar el lugar.
—Es extraño. Yo tampoco podía usar la Fuerza cuando me enfrenté a esa bestia gigante. Una vez que estuvieron muertas, la puedo sentir.
—¿Crees que ellos bloquean la Fuerza?
—Es probable—exclamó Kai—Ojalá pueda preguntar a mamá.
Kai empezó a caminar por el lugar, retiró con los toldos, levantando polvo al hacerlo, y con la tela se limpió la sangre de la cara y del cabello, luego abrió las cajas donde podía observar rifles laser y detonadores térmicos.
—Todo parece estar en su sitio ¿verdad?
—Sí—exclamó Kai acercándose a Ava, le extendió la mano para ayudarla a ponerse de pie, y ella se apoyó en su hombro, y juntos salieron del almacén.

Una vez que estuvieron en el exterior, la lanzadera aterrizó cerca de la verja, y la maestra Riina descendió rápidamente con el sable de luz en mano y al ver a los jóvenes, se acercó.
—Veo que arreglaron el problema.
—Él lo hizo—exclamó Ava—Venció a los grysk y a las bestias que estaban aquí.

Aldabay giró la vista y vio un cuerpo en el suelo, en medio de un gran charco de sangre.
—Eso explica que tu uniforme esté tan rojo—exclamó Aldabay—¿Te lesionaste el tobillo?
—Sí. Por una mala caída.
—Esas bestias parecían bloquear nuestra sensibilidad a la Fuerza—explicó Kai, Riina los observó por unos segundos.
—Debo notificar a la maestra Skywalker—musitó y su vista volvió al joven aprendiz—Busca el deslizador, yo ayudaré a Ava a subir.
Kai asintió y corrió hacia los pastizales donde estaba el deslizador, cuando llegó, se subió y llegó en segundos a la lanzadera.

Una vez que guardó el transporte en la bodega, subió al transporte, donde se encontró en el pasillo con Riina.
—¿Puedes revisar la lesión de Ava? Debo ir a la cabina.
—Sí, maestra.
Riina fue directamente hacia la cabina de piloto mientras Kai iba camino a la zona de pasajeros, donde estaba sentada Ava, quien intentaba sacarse la bota con dificultad y mordiéndose el labio inferior, Kai se acercó rápidamente para ayudarla.

Ella apoyó su pie lesionado en el asiento, mientras el aprendiz Jedi iba a buscar el equipo de primeros auxilios hasta encontrarlo en un armario.
Se sentó, Kai sabía que no tenía la habilidad de curar como el de su madre o la maestra Neespi. Asi que, sacó un pequeño aerosol, y una vez que lo usó, sacó unos parches de bacta, y para finalizar, le vendó.
Ava observaba en silencio, pensando en él y en todo lo que hizo para salvarla, no era la primera vez. No podía saber desde cuándo pero cada vez que estaba cerca de él, todo parecía flotar, se detenía el tiempo y de cómo su corazón latía a mil por hora, y al sentir su tacto cálido, la reconfortó.
—Solo necesitas reposar un momento, lo suficiente para ir a Zeffo y que Neespi te lo revise. Hice lo que pude.
—Está bien, ya no me duele tanto—exclamó Ava, Kai se sentó a su lado izquierdo, mirándose a los ojos—Gracias, Kai.
—De nada, Ava.

Ava notó los ojos cansados de Kai, se acercó y tocó su mano, y él se aferró a ella, como queriéndola no dejarla ir. Sintió la onda cálida que le enviaba a través de la Fuerza, y él volvió su vista hacia la ventana de enfrente; la joven Jedi observó su perfil, su cabello ondulado.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos? —preguntó Ava, Kai se giró para verla, observando sus ojos azules y lo hermosa que era, incluso, las tres líneas cicatrizadas en la frente no opacaban su belleza.
—Sí—sonrió—Venias de Jakku, el tío Finn te trajo.
—Fuiste el primero que conocí…sin contar a los maestros Finn y Jannah, claro.
—Parece que pasó toda una vida—exclamó Kai, y notó que ella se acercaba, quedando muy cerca—Me gusta pasar tiempo contigo, Ava. Temí perderte.
—Me salvaste dos veces, Kai—exclamó—A veces me pregunto si soy una Jedi.
—Lo eres…solo que te lastimaste de la caída y que los grysk encontraron una forma de bloquear a la Fuerza.
—¿Crees que logremos vencerlos?
—Estoy seguro de que sí—exclamó sonriendo—Confío en que lo haremos, y estaremos ahí para verlo, Ava. Mamá encontrará una manera.
—Cada vez que estoy a lado, Kai…siento algo especial. No puedo explicarlo, siento que algo se acelera dentro de mí.

Kai se ruborizó, pero no dijo nada, presionó con afecto su mano sujetada con la de Ava, cerró los ojos y ella se acercó lentamente, con los ojos cerrados; y los labios se tocaron una vez, pero Kai colocó su mano por detrás de la cabeza de Ava y volvieron a besarse.
Se separaron después de unos segundos, aturdidos por el beso y ambos se rieron tontamente.
—Vaya, eso fue…
—Raro, pero en el buen sentido.
—Fantástico—exclamó Ava, sonriendo de oreja a oreja—Te amo, Kai.
—Te amo, Ava, no tienes idea de cuanto te amo—exclamó, pero luego su sonrisa se fue apagando.
—¿Qué pasa?
—No creo que sea buena idea…tener una relación.
—No entiendo—exclamó confusa—Me amas, pero no quieres salir conmigo.
—Quiero salir contigo, Ava—exclamó Kai agarrándola de las manos—Pero la situación actual, necesitamos estar enfocados en las misiones.
—Pero lo que vemos son muertes y destrucción ¿no crees que un poco de amor nos aliviará?
—Mi amor por ti es suficiente, pero necesito tener mi mente enfocada en el conflicto. Podemos salir cuando la guerra termine, pero podemos estar juntos, resolver misiones juntos. Somos uno.
—Te entiendo—exclamó Ava, Kai sonrió y le besó en la frente.
—Descansa, Ava. Estaré aquí, siempre estaré a tu lado, pase lo que pase.

Ava se echó boca arriba y cerró los ojos, Kai se puso de pie y buscó una manta luego la cubrió con ella, cuando se giró vio a Riina en el umbral, que lo hizo pegarse un salto del susto.
—El Rogue One ya llegó, pero podemos irnos. ¿Todo está bien? —preguntó con una ceja levantada.
—Sí, todo bien.
—Bueno, los dejo solos, siento interrumpirles—exclamó con una sonrisa traviesa y se fue, dejando a Kai, más nervioso de lo que ya estaba. Se preguntó si todos sus sentimientos y los de Ava salieron a flote haciendo que la maestra lo sintiese.

Kai volvió a sentarse y se quedó mirando al techo, sintió el golpe del cansancio caerle como un bloque de permacreto. Suspiró y cerró los ojos, buscó dejar en blanco sus pensamientos, sumergiéndose en la meditación profunda.