La noche caía en Mandalore, en calma y solo iluminada por la luna llena, los vigías mandalorianos estaban en las afueras, vigilando cualquier intromisión de los grysk, pero no había nada que reportar por ahora.
En los campos de cultivo, en una cabaña, Ezra Bridger se despertó sobresaltado y con sudores; temblando con una hoja, miraba la pared con los ojos asustados.
— ¿Qué pasa? —preguntó soñolienta Sabine, quien estaba su lado.
—No, nada—exclamó el anciano Ezra, volviendo a echar, mirando al techo, casi con la mirada perdida, pero Sabine no iba a rendirse.
—Por favor, dime. Estoy aquí para ayudarte—exclamó, Ezra tragó saliva y tembló una vez más.
—Una pesadilla.
—Cuéntame.
—Fuego, muerte, destrucción. Un planeta azotado por ¿asteroides? Una ecumenópolis bajo fuego mientras seres oscuros con armaduras punzantes asesinan a su paso. Una figura de gran tamaño…sobre una pila de cadáveres— se llevó una mano a la cara— Sabine, he visto el fin de la galaxia. Creo que…perdemos.
—Solo es una pesadilla—exclamó Sabine, mirándolo con miedo y se acurrucó bajo su brazo. Quería creerlo, pero sabía que era posiblemente cierto.
La semana transcurrió sin ningún tipo de incidente entre la Alianza y los grysk, y este era el último día de la tregua, y también, el día final para la infiltración en Myrkr.
Rey y Jacen se acercaron al grupo de ataque conformado por los hermanos Dameron, Tara Chal, Zath, el Jedi más alto del grupo; Halden Alessie, Ava Brek, Alema Rar, la twi'lek familiarizada con los subterráneos; Tedney Altmik, caballero Jedi y comandante señuelo; Yox Rij, maestro Jedi barabel; Tekli, aprendiz sanadora chandra fan; Lowbacca, un macho wookie, experto en mecánica; Jovan Drank, un macho rodiano, experto en armas de largo alcance; Biros Meed, un macho nautolano, al igual que Shara, experto en navegación; los hermanos Bela y Krasov Hara, barabeles y Ulaha Kore, una bith, experta en análisis táctico.
Detrás de los maestros Jedi, estaba la nave de Maz Kanata, la Reina, donde ella los esperaba en la rampa, con las manos en la espalda.
—Hoy es el día decisivo—exclamó Jacen—No quiero ponerles más presión de lo que ya tienen. Solo sientan la Fuerza y confíen en ella. Sé que los análisis tácticos de Kore no es tan prometedor a excepción de esta última, pero confío en que podrán salir todos ilesos y cumplir con la misión: Destruir el nido voxyn. Que la Fuerza los acompañe.
Yox Rij se acercó a Jacen, quien se dieron un apretón de manos, luego miró a Rey.
—Pase lo que pase, maestra Skywalker; fue un honor ser un Jedi. Que la Fuerza estén con ustedes,
—Igualmente, maestro Rij—exclamó Rey, el barabel inclinó su reptil cabeza a modo de respeto, luego fue directamente a la nave de la pirata, luego el resto del equipo siguió su ejemplo.
—No se preocupe por sus hijos, maestra Skywalker. Yo los protegeré—exclamó Tedney—Siento que aún debo expiar mi culpa. Esta es mi redención.
—De acuerdo, Altmik. Que la Fuerza te acompañe.
Tedney Altmik, asintió y su vista fue hacia Eoni, Dama Jedi zeltron, lamentó que el resto de sus compañeros de sus días como aprendiz no estuviesen presentes, pero siguió hacia la nave.
Los hermanos Dameron llegaron a donde estaba Rey, quien los abrazó con fuerza.
—Cuídense, chicos—exclamó Rey.
—Estaremos bien, mamá—exclamó Kai—Regresaremos todos. Te lo prometo.
—Destruiremos a la Reina Voxyn y estaremos de vuelta—exclamó Han.
—Te queremos, mamá—exclamó Shara, Rey sentía como las lágrimas se acumulaban en sus ojos, y nuevamente, los abrazó y a cada uno, les besó en la cabeza.
—Que la Fuerza esté con ustedes.
—Igualmente—exclamaron en coro, y sonriendo como para infundir ánimo a su madre, se subieron a la nave de Maz Kanata.
Las miradas de ambas se cruzaron, Maz Kanata asintió y se subió al transporte. El corazón de la maestra Jedi latía muy fuerte cuando veía como la Reina abandonaba el hangar y desaparecía de su vista.
— ¡Rey!
La mencionada se giró, encontrándose con Rose quien corría hacia ella, Jacen la siguió en silencio.
—¿Qué pasa?
—Quiero mostrarte mi avance con el Proyecto Invisible.
Rose tiró del brazo de su vieja amiga hasta llegar a la zona de Ala X, no muy lejos de donde estaba. Kaz, con el uniforme sucio, saludó a Rey con un movimiento de su mano.
—He logrado crear un motor furtivo, que logrará que nuestras naves, se adapten el entorno. Kaz, has los honores.
Kazuda Xiono asintió y cerró la cabina de pilotaje, de un momento a otro, el color blanco con azul del Ala X se tornó de un negro más oscuro, pero tenía puntos blancos, diminutos en toda la nave. Un perfecto camuflaje en el espacio estrellado.
— ¿Vantablack?
—Sí ¿Te imaginas volar este Ala X con este color en el espacio? Puede tener el doble de carga de protones. De acuerdo con lo que me dijo Rose, no incluí la radio ya que ustedes se pueden comunicar por medio de la Fuerza. Además, los escudos son más resistentes que el Ala normal. Y, por si fuera poco, son resistentes a la gravedad y son indetectables por medio de radares.
—Guau—exclamó sorprendida Rey, acercándose a la nave que tenía adelante mientras Jacen quedaba boquiabierto.
—Lo he bautizado como InvisibleX. Aunque el mecanismo está solo en este a modo de prueba.
Rey quería probarlo, pero su comunicador sonó y tuvo que contestar. Era C3PO, quien le informaba que tenía un mensaje Kaydel.
—Anda, Rey. Yo puedo probar esta maravilla—exclamó Jacen sonriendo.
—De acuerdo— y miró a Rose—Fantástico trabajo, Rose. Nos servirá de mucho.
Cuando Rey ingresó a la sala de comando, encontró a Finn en el generador de holos, la maestra Jedi se acercó hacia donde estaba su amigo y encendió el generador, donde se mostró la mitad superior de Kaydel.
—¿Qué es lo que pasa?
—Tengo malas noticias—exclamó Kaydel, con el ceño levemente fruncido—Tenemos dos traidores en la Alianza: Viqi Sesh y Pedric Cuff. Hemos captado conversaciones de Viqi con un desconocido que hemos identificado como un grysk además de sus constantes reuniones con Pedric Cuff, a quien hemos enviado un equipo para registrar su vivienda. Todo ordenado e inquietamente limpio, además hemos encontrado un villip.
—¿El artefacto que se comunican entre ellos?
—Sí, pero su casero ha informado que Pedric lleva muchos días fuera de su apartamento, eso quiere decir que está fuera del planeta, pero Viqi aún está en Taris. Rey, me gustaría que vengas a ayudarme a interrogarla. Aún no la hemos capturado.
—Iré—exclamó Rey.
—Yo también.
—De acuerdo, los estoy esperando—exclamó Kaydel, desapareciendo luego de cortar la transmisión.
—Viqi Sesh y Pedric Cuff—exclamó Rey apretando los puños—Bueno, a ella la sentí que ocultaba algo. Solo espero que pueda informarnos una vez que la arrestemos.
Ambos amigos se subieron al Halcón Milenario una vez que llegaron al hangar, Rey encendió la nave mientras Finn se sentaba en el sitio de copiloto; y una vez más el legendario carguero corelliano se ponía en marcha, tambaleó para luego salir del planeta y finalmente, saltó al hiperespacio.
El escuadrón de Poe regresaba después de una misión de reconocimiento en Dadrus e iban directamente hacia el hangar del acorazado de la Alianza, la Princesa Leia; a cargo del comandante Aftab Ackbar, quien reemplazaba a Kaydel.
Alrededor del planeta Taris había numerosos cruceros estelares, incluyendo las calamari y corellianas, como una forma de protección mientras vigilaban los sistemas más cercanos.
Una vez que las Ala X aterrizaron y los pilotos descendieron de sus naves, cada uno fue por su lado, ya sea para limpiarse o buscar algo para comer, pero Poe tenía que enviar su informe al comandante Ackbar.
Mientras avanzaba vio a Zay Versio hablar con Jess, quien asintió y luego, esta primera, avisó al piloto con un movimiento de su mano. Intrigado fue hacia ella, con su droide BB-8 rodando cerca de él.
—Zay ¿Qué es lo que pasa?
Zay Versio, una mujer de cuarenta y cinco años, cabello castaño recogido en un moño y con su traje de piloto gris, lo esperaba con los brazos cruzados.
—Ackbar quiere hablar contigo. Es un tema personal y confidencial—susurró tapándose superficialmente la boca—Sígueme.
Siguió a la piloto junto con Jess Pava por los pasillos de duracero, cruzándose con los otros pilotos y generales en su camino, no pronunciaron más palabras hasta que llegaron a una sala.
Poe vio a Ackbar y a un hombre que no conocía, pero parecía que Jess si lo reconoció.
—¿General Sunspot?
—Adelante—exclamó Ackbar, moviendo la mano, los pilotos se acercaron a la mesa de reuniones—Por favor, siéntense.
Zay aseguró la puerta, luego, en el pequeño tablero holográfico que estaba solo al costado de la puerta de duracero, la piloto colocó un código de insonorización.
—Antes de empezar, para los que no lo conocen, él es el general Ferus Sunspot. Un colega y amigo cercano. Y claro, está a cargo de la armada corelliana.
Corellia tenía su propia armada y como era parte de la Alianza, tenía que "prestarles" todo su armamento en defensa de la galaxia.
—Sunspot—continuó Ackbar—Te presentó al general Poe Dameron, la general Jessika Pava y la capitana Zay Versio—mientras los presentaba, cada mencionado asentía.
—Pensé que la exdirectora Kaydel Ko Connix estaría aquí—exclamó Sunspot.
—Ella ha descubierto que la senadora Viqi Sesh es una traidora a la Alianza, así que está en el planeta, buscándola para arrestarla—explicó el calamari Ackbar.
—Oh, de acuerdo.
—Bien, los he reunido porque confío en ustedes. Sé que ustedes han jurado fidelidad a la Alianza y a todo lo que significa, no al Jefe de Estado.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Poe.
—Borks Fey'lya ha demostrado tener un pésimo liderazgo. Sé que aún tiene un par de fieles seguidores pero la otra mitad, ha perdido la fe en él. Esto se tiene que acabar, la Alianza necesita un nuevo líder.
Poe, al igual que las dos mujeres, se quedaron sin habla por unos segundos. El piloto recordaba que había liderado un motín en contra de Holdo por su falta de un plan, aunque luego se había enterado de que tenía uno, pero esto era diferente, Ackbar estaba proponiendo un golpe de estado.
—Tienes razón, Ackbar—exclamó Jess, juntando los dedos—Si están planeando sacar al bothano, cuenten conmigo.
—Y conmigo—exclamó Zay, Poe observó por unos segundos, no estaba conforme como lo estaba manejando el Jefe de Estado y el hecho que haya ofrecido a sus hijos para aceptar la tregua.
—Y conmigo, también.
—¿Y hemos elegido a un líder que ocupará el lugar de Fey'lya? —preguntó Zay.
—Hemos hablado con Gial Ackdan. Yo y Kaydel—explicó Ackbar—Está dispuesto a tomar el mando a pesar de su enfermedad.
—¿Y cómo se ejecutará? —preguntó Poe.
—Los guardias y personal de seguridad de Fey'lya son corellianos, aquí entra Sunspot; gradualmente cambiará su guardia personal por guardias elegidos por él mismo para que en la noche, muy entrada en la noche; los agentes de Inteligencia de Kaydel ingresen sin problemas, a su residencia y lo apresemos. Dameron, Versio y Pava, como representantes de la armada; vigilaran los cielos para evitar que se escape o intente contactar con sus leales. Una vez terminado el golpe, Kaydel se contactará con Ackdan para que se anuncie como el nuevo Jefe de Estado y la capital de la Alianza se trasladará a Mon Calamari.
—Suena sencillo—exclamó Jess.
—Sí, lo sé, pero será complicado. En esta semana los guardias fueron cambiados gradualmente, Fey'lya no tiene idea.
—¿Cuándo se realizará el golpe?
—Si Kaydel no tarda en la captura de Sesh, será esta noche—Ackbar respiró hondamente—Conozco los riesgos, sé lo que significa si esta operación falla.
—Enjuiciados o ejecutados por traición—exclamó Zay—Pero, hay que correr riesgos ¿verdad? Por mi parte, no quiero ver más al bothano.
—Bien ¿no hay preguntas? —preguntó, pero el resto negaron las cabezas—Bien, vuelvan a sus puestos.
Todos se pusieron de pie mientras Zay desactivaba la seguridad de la puerta, Poe se acercó a Ackbar y le informó sobre Dadrus. Una vez que terminó, se dio la media vuelta y salió del lugar; sin saber que pensar, pero no estaba nervioso; estaba seguro de que el golpe sería un éxito y el lugar estaría ocupado por alguien competente como Ackdan.
BB-8 estaba esperándolo afuera de la sala, sus pitidos lo sacaron de sus pensamientos.
—Hey amigo—exclamó el piloto avanzando por el pasillo mientras su fiel droide le seguía, con pitidos—No, nada especial. Solo informes aburridos.
El Halcón Milenario aterrizó en el espacio puerto público de Taris, el más grande que tenía la ecumenópolis del planeta, además, había muchas naves que aterrizaban y se retiraban.
Una vez que los maestros Jedi descendieron del viejo carguero corelliano, fueron al exterior donde encontraron a Kaydel, de pie junto a su deslizador terrestre.
—Hola de nuevo—exclamó Kaydel—Me informan que está en su oficina.
—Entonces, vamos a por ella—exclamó Finn y los dos se subieron al deslizador terrestre, Kaydel encendió el transporte y arrancó.
Cuando Viqi Sesh cortó la comunicación con Vanuuri Nar, temblaba como una hoja además de los nervios que empezaban a dominarla, pero sabía que tenía que irse cuanto antes, tenía que irse a Kuat donde estaría a salvo.
Se puso de pie y, destruyó su datapad arrojando una jarra de agua y lo guardó debajo de su escritorio, luego miró el villip, pero daba igual destruirlo así que solo lo guardó debajo de la pared. Agarró su cartera y salió de su oficina; aún con la espalda en la puerta, observó el pasillo: había gente, no muchas, pero caminaban y entraban a las oficinas de manera despreocupada, un conserje que trapeaba, a quien Viqi le pareció que la observaba, pero tuvo que sacarse eso de la cabeza.
"Te estas volviendo paranoica" pensó mientras avanzaba con despreocupación por los pasillos, conteniendo las ganas de echarse a correr.
Se aferró a su cartera, fue a un turboascensor donde la llevó al rellano principal, donde había muchas personas, algunas conversaban y otros subían a los pisos superiores, así que, con calma, salió.
Respiró hondamente mientras el sol le daba en la cara, de un momento a otro, sintió que dos personas le agarraban el brazo, bajó la vista y vio a los Jedi Finn y Rey.
—Viqi Sesh, senadora de Kuat, vendrás con nosotros—exclamó Kaydel a su lado derecho, la senadora vio a la mujer uniformada con su traje de la Inteligencia Galáctica.
—¿Desde cuanto volviste a la Inteligencia? —preguntó con desdén.
—Las preguntas las haré yo, traidora.
—No difames.
—Vamos, súbanla al transporte—exclamó Kaydel señalando un aero miniván, donde había más agentes de la IG.
—¡Tengo derecho a un abogado! —gritó Viqi mientras se oponía al arresto, mirando al grupo y arrastrando los pies, Kaydel no podía evitar algunas miradas curiosas.
Rey tuvo un mal presentimiento, como una sombra que envolvía el ambiente, un sonido retumbante en el ambiente y una gran explosión, los Jedi se giraron y vieron a un edificio lejano, cayendo en pedazos, y todos se quedaron inmóviles, sorprendidos.
Y un grito desgarrador de una hembra rodiana, quien señaló al cielo: naves grysk aparecían una detrás de otra, mientras más esferas rocosas caían en la lejanía.
—¡Los grysk están aquí!
—¡Llevan a un lugar seguro! —gritó Kaydel, el planeta empezó a temblar debido a los impactos de los dovin basals, Rey y Finn tuvieron que calmar a la gente y evacuar hacia el aero transporte.
—Debemos irnos, Kaydel—exclamó Finn acercándose a la mujer, quien rebuscaba algo en su chaqueta.
—Rafan ¡Rafan! ¿Me escuchas? ¡Saca a los niños llévalos al espacio puerto!
—¡Vamos al Halcón! —gritó Rey, y volvió a mirar al cielo, donde reconoció naves transportes. La invasión comenzaba.
—Kuat está bajo control, Maestro Bélico. La invasión fue un éxito, que el Verdadero Camino lo ilumine.
—Buen trabajo, comandante Kresh. Lo mismo para ti, que Yammka esté de tu lado.
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Reign Kray cortó la comunicación con su comandante supremo y alzó la vista, Taris estaba delante de él, brillante pero vital para la conquista del Núcleo Profundo.
—Maestro Bélico, nuestro transporte está listo—exclamó el comandante supremo Jurak Nil, mirando el suelo, pero sin inclinarse.
—Muy bien, ahora vayamos por el Jefe de Estado.
Los dos abandonaron la pasarela, avanzando rápidamente mientras el capitán grysk asumía el mando del destructor.
Borks Fey'lya estaba en su oficina del Palacio de los Cristales, observando por la ventana, como las naves transportes aterrizaban y los coralitas luchaban contra los Ala X por los cielos de Taris. No iba a huir, ya estaba cansado de correr, lo único que lo alegraba era que su familia estaba en Bothawui y acaba de despedirse de ellos. Solo un par de días atrás habló con Pedric Cuff y le pidió, que si aún mantenía conversaciones con los grysk, que si hubiese un momento para hablar con el Supremo Soberano, pero ahora como veía los transportes enemigos, cruzó los dedos que el líder de los grysk esté ahí.
—¡Jefe de Estado! ¡Debemos irnos! —vociferó exaltado Silliq—Todos están escapando.
Borks no se giró, notó también que los lujosos yates de transporte eran los primeros en salir del planeta.
—No me iré, Silliq—exclamó Borks sin girarse, Silliq avanzó, totalmente nervioso— ¿No recuerdas lo que te dije la otra vez?
—Señor, aun podemos replegarnos.
—No, Silliq, es tarde. Ahora es tu turno de liderar a la Alianza, puedes hacerlo y el curso de la guerra ahora recae en tus hombros. Elige bien tu próximo movimiento. Evacua a todos del edificio.
—De acuerdo, Fey'lya—exclamó el quarren alejándose de la oficina, el bothano, aun mirando a la ventana, no se giró, pero aún tenía la granada térmica bajo su bolsillo.
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Aftab Ackbar estaba lívido en la pasarela, una detrás de otra, naves grysk salían del hiper espacio; nunca había visto tanta cantidad de naves enemigos, superándolo en números.
—¿Qué tan lejos están los corellianos? —preguntó a Sunspot, quien se hallaba a su espalda.
—No llegarán—exclamó lúgubremente—Debemos ayudar a escapar a los que puedan y dejar el planeta a manos del enemigo.
—Lucharemos.
Tras decir esto, notó como tres acorazados calamaris terminaban estallando debido a los dovin basal, que atravesaron sus escudos.
Poe notó que apenas tenía espacio para maniobrar su nave, su droide no dejaba de pitar de manera desesperada, los coralitas empezaban a hostigarlo por todos lados y el piloto, tenía que esquivarlos y dispararlos cuando daba una vuelta completa.
—¿Los escudos aún están activos? —preguntó Poe, luego recibió la confirmación de su droide, observó que más naves llegaban, escuchó a Jess decirle que iba a emboscar las naves de transporte grysk.
Asi que con la ayuda de Jess y de Karé, fueron directamente a la nave que ingresaba, pero apenas pudieron dispararle, que un coralita empezó a disparar contra Karé y el piloto tuvo que desviarse para hacerlo estallar, pero Pava iba directamente.
—Jess, vuelve…es tarde.
Jess se frustró y desvió, esquivando por los pelos otro coralita que se acercaba demasiado. Poe notó que solo los Ala Y corellianas ingresaban a Taris, persiguiendo a las naves transportes, pero estas, al final terminaban abandonando el objetivo, debido a los coralitas.
—Esto es demasiado para nosotros, vamos a tener que proteger a los que están escapando—exclamó Poe, golpeando el timón de manera frustrada—Vamos, debemos sobrevivir a esto.
Su vista fue rápidamente hacia la holo foto, y luego a la escena de combate, Taris estaba asediada y era cuestión de tiempo para darlo por perdido.
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El Jefe de Estado, Borks miraba horrorizado como los edificios colapsaban y los Ala B caían, estrellándose en el pavimento, tropas de la Alianza, retrocediendo mientras disparaban contra las fuerzas terrestres grysk, los cuerpos caían una tras otra, incluyendo a civiles, quienes se vieron involucrados en el cruce de fuego, era un auténtico caos, un caos que los grysk sacaban provecho.
El edificio tembló, estaba seguro de que estaba solo y todos fueron evacuados, escuchaba pasos y disparos, ordenes en un idioma que desconocía, hasta que la puerta estalló en mil pedazos; y entonces, por primera vez, se giró.
Un grysk, de capa negra larga, estaba en el umbral, detrás de él, soldados y otro grysk, un poco más alto pero su capa era azul oscuro.
—¿Eres el Supremo Soberano? ¿Al menos entiendes básico estándar?
—No, no lo soy—exclamó Reign Kray—Soy el Maestro Bélico. Pero nuestro líder no vendrá aquí, irá directamente a Coruscant.
—¿Coruscant?
—Coruscant es el planeta que nos prometió Yungrisk—exclamó Jurak Nil, dando un paso adelante—Si te acercas con los brazos en alto, te daremos un poco de dignidad y no te azotaremos.
—Vaya, eso es decepcionante—exclamó Borks con las manos en los bolsillos, jugueteando con las esferas térmicas—Esperaba al Supremo Soberano aquí, pero, con ustedes basta. Supongo que son los líderes que están llevando esta invasión.
Jurak sacó su couffe y apuntó hacia el corazón de Borks Fey'lya, quien sonrió.
—Deja de hablar y acércate.
Y entonces, el Jefe de Estado sacó las manos de los bolsillos, y con las bombas térmicas en ambas manos, activándolas. Jurak abrió los ojos de la sorpresa y lanzó su couffe hacia el pecho de Borks, quien sintió el acero, dejando caer la esfera.
—¡Sáquenlo! —gritó Jurak Nil retrocediendo mientras los grysk, tiraban hacia atrás al Maestro Bélico, quien se tiró a un lado de la puerta, en el pasillo.
El ruido explosivo y el movimiento agitado que remeció el lugar, por poco lo deja sordo, sintiendo los pedazos de madera, tierra y polvo caer sobre él, además de varios cuerpos de sus soldados, que lo cubrían.
Se puso de pie con dificultad, sus soldados, adoloridos, lo ayudan a estabilizarse mientras se agitaba la ropa debido al polvo.
Estaba aturdido, la cabeza le daba vueltas y los huesos le crujían por todo el cuerpo, reconociendo que estuvo muy cerca, pero, aun así, ingresó a la oficina totalmente destruida, pudiendo ver los edificios del enfrente. Caminó entre los escombros, el piso estaba partido, así que podía ver el piso inferior, así que anduvo con cuidado. Vio la parte superior de Jurak Nil, le faltaba un brazo y la parte superior de la cabeza, no aguantó y vomitó delante de sus tropas, quienes se dieron la vuelta.
Una vez que se recompuso, aún furioso, no encontró a Borks, pero vio trozos de tela de la ropa que vestía, algunos trozos de carne, así que concluyó que estaba muerto también.
Avanzó hacia el filo de la oficina, donde podía ver con claridad la calle, ocupada por soldados grysk y el aire agitaba su capa.
Sonrió, ahora Taris era suya, la Alianza Galáctica había caído.
El caos no permitía que el auto transporte no pudiese avanzar hacia el espacio puerto, Rey podía ver gente corriendo en las calles, mientras Finn estaba al volante. Kaydel escribía frenéticamente en su comunicado.
Finn se elevó y avanzó rápidamente, esquivando a cada aero transporte, los ruidos de los transportes se escuchaba lejanos y las explosiones, igualmente y cuando doblaron la esquina, vieron una gran humareda en el horizonte, Kaydel alzó la vista.
—Creo que ese es el Palacio de los Cristales.
— ¿Lo están atacando?
—Lo más probable que Borks Fey'lya haya sido evacuado—exclamó Kaydel, nerviosa—Posiblemente, los grysk hayan atacado ese edificio para mostrar su poder. Vamos, mi esposo y mis hijos están en el espacio puerto.
Finn aceleró, esquivó mientras sentía los disparos e incluso, se cruzó con varios convoyes de la Alianza.
Hasta que llegó al espacio puerto, atestado de gente, los tres bajaron del transporte e ingresaron al lugar. Rey notó que había muchas peleas, golpes e incluso, un hombre gordo, evidentemente de dinero, golpeaba otro para subirse a su nave.
—¡Kaydel! —gritó Rafan, agitado y despeinado, con el blaster en mano, Kaydel corrió hacia su marido y lo abrazó, luego besó a sus hijos, que temblaban de miedo.
—Vamos, el Halcón está aquí—exclamó Rey, quien encendió su sable de luz al ver un grupo de delincuentes, armados con blasteres y con vibra bastones.
Finn activó el Halcón y la rampa descendió, subiendo por ella, seguido por la familia de Kaydel mientras Rey retrocedía mientras los delincuentes se acercaban.
—¡Danos la nave!
Rey usó la Fuerza para lanzarlos lejos de su alcance, desactivó su arma una vez que subió la rampa. Finn se sentó en el asiento de piloto, encendiendo el viejo carguero mientras Kaydel, en el sitio de copiloto, Rafan, sentado en la bodega, abrazaba a sus hijos, su hija, sollozaba bajo su hombro.
—Tranquilos, tranquilos…saldremos de esta—susurraba.
Rey avanzó a la cabina de pilotaje, mientras el Halcón alzaba vuelo, esquivando a cada coralita que se cruzaba en su camino.
Aftab Ackbar fue notificado que la mayoría de los líderes políticos y gente poderosa habían logrado salir del planeta, sintiéndose mal por aquellos que no lo iban a lograr, ordenó la retirada.
Poe y los demás escuadrones recibieron la notificación, entonces enrumbó el Ala X, dirigiéndose al punto donde se hallaba el acorazado Princesa Leia.
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El Halcón sobrevoló el espacio, Rey notó varias naves de la Alianza retrocediendo mientras los pocos cruceros estelares cubrían el escape.
—Están en retirada—exclamó Finn, Rey asintió, luego se llevó una mano al pecho, sintiendo un dolor, un dolor que crecía cada vez y un golpe como si algo se desgarrara dentro de ella.
Gritó agónicamente en el suelo, aún con la mano aferrada al corazón, quedó en posición fetal mientras lloraba de tristeza y dolor.
El dolor no era físico, era emocional, como si se le desgarrase el alma, apenas era consciente de su alrededor.
—¡Rey! —gritaba Kaydel, sentada a su lado—¡Rey! ¡¿Qué te sucede?! ¡Rafan!
Rey volvió en sí, dándose cuenta de las copiosas lágrimas que tenía en su rostro, respiró con dificultad mientras Kaydel tocaba sus brazos.
—¿Rey?—preguntó Finn, sin poder ver a su amiga, quien yacía bajo el regazo de Kaydel, respirando con dificultad.
—Mi…mi chico…mi bebé…esta—le dolía decirlo en voz alta, no podía soportarlo—Esta muerto, Finn…mi hijo está muerto.
Lloró en el regazo de Kaydel, quien estaba lívida, Rafan, en el umbral, sin saber que hacer mientras las naves de la Alianza, saltaban al hiper espacio, huyendo del campo de batalla.
