El sol recién se asomaba en el horizonte, Shara se había alejado al hangar ya que necesitaba entrenar y perfeccionar sus movimientos con el sable de luz. Cuando llegó al
salón del palacio, no estaba muy segura donde podría encontrarse con la sala de entrenamiento, así que solo subió las escaleras, buscando a Tara.
Tocó la puerta y su amiga se asomó con un camisón verde, soñolienta, se esforzó en sonreír, pero fallando en el intento, restregándose los ojos.
—Perdona, Tara.
—No importa ¿buscas la sala? —preguntó Tara mientras Shara solo asintió. —Dame un momento para vestirme.
Shara solo esperó unos minutos y su amiga de la academia salió con una capa escarlata, y en silencio, la siguió hacia el piso inferior y un pasadizo iluminado hasta llegar a una sala.
—Tenemos droides de entrenamiento y no me refiero a los remotos que entrenábamos en Shedu Maad.

Con nombrar el planeta, Shara nuevamente sintió un pinchazo de tristeza, al recordar su infancia en aquel lugar, con sus hermanos. Se había ido, junto con ellos. Tara bajó la cabeza, también recordando el lugar, Shara abrazó a su amiga.
—Lo siento, pensé que Han era solo un amigo.
—Me gustaba Han—susurró mientras se separaban del abrazo—Tantos recuerdos de Shedu Maad.
—Gracias por dejarme entrenar—exclamó Shara, cambiando de tema.
— ¿Te irás esta tarde? —preguntó mientras su amiga se giraba para verla—No pienses que intento despedirte de aquí. Me alegra tenerte, Shara, eres mi mejor amiga, pero escuché que Ta'chume va a organizar una cena donde hablarán con mis tíos paternos sobre el puesto de Condesa. Percibo que la anciana te nombrará una sugerencia para ocupar el lugar de mi madre.
—Pensé que el cargo solo asumía los nobles nacidos en cualquier sitio que pertenezca al Consorcio. Claro, exceptuando el caso de tu mamá.
—Creo que lo pasará por alto…como lo fue con mi mamá—acotó muy triste.
—Tara, tienes que asumir—exclamó Shara acercándose a Tara y colocando ambas manos en sus hombros—Mira adelante. Me quedaré y si esa vieja me invita a la cena, iré de todas formas.
Tara se alejó raudamente, dejando a Shara de pie en el umbral, pensando si la ofendió de alguna manera. Se encogió de hombros, volviendo a lo que iba hacer.

Era bastante grande, con el suelo estaba acolchado, las ventanas abiertas donde se filtraba los rayos solares, al frente había droides desactivados, muñecos y al lado derecho, una repisa donde estaban guardados todo tipo de bastones.
Shara agarró un bastón, luego lo giró entre sus manos, cerró los ojos, concentrando toda la Fuerza en su interior. Sus pensamientos fueron hacia sus hermanos fallecidos, dejando el odio la envolviera y cuando abrió los ojos, se lanzó contra el muñeco, propinándole golpes certeros, de pura rabia, luego su vista fue hacia los droides, activándolos mediante la Fuerza y estos fueron directamente hacia la Jedi, con bastones electrificados de baja potencia, siendo tres de ellos quienes se dirigían a Shara. A uno lo empujó con la Fuerza, luego esquivó a tiempo y le propinó un puñetazo, luego giró su bastón para golpear al otro droide, tumbándolo al suelo. Se imaginó el rostro de Vanuuri en él, así que levantó su bastón y lo bajó con violencia, golpeándolo repetidas veces; deseando matarlo, dejando el odio la envolviera y el deseo de venganza crecía aún más. Pero ella olvidó que dos droides se acercaban a su espalda, golpeándola y haciéndola tropezar, cayendo encima del droide. Se giró, pero estos volvieron a golpearla nuevamente, así que totalmente furiosa, creó un escudó de la Fuerza y lo reventó, ocasionando una onda que los lanzó a diferentes puntos de la sala, remeciendo el lugar de paso.

Respiraba agitadamente, escuchó aplausos entrecortados, volteó a ver quién estaba en la puerta. Temiri Blagg ingresó a la sala, acercándose a la joven Jedi, quien lo miraba al borde de la molestia.
—No está mal. Lo único que te digo es que no te centres toda tu furia en un objetivo.
—¿A qué vienes? —preguntó de malas maneras, Temiri estuvo muy lejos de ofenderse.
—A entrenar, claro. Le pregunté a un guardia donde estaba y amablemente me señaló aquí.
—¿Un guardia te ayudó? —preguntó mientras se cruzaba de brazos—Tengo entendido que la Ta'chume ordenó que no ayuden a los Jedi.
—Ay, Shara. Que poco me conoces, yo suelo ser muy persuasivo—exclamó con una sonrisa mientras movía la mano. Shara alzó una ceja, pero su molestia de tenerlo ahí bajó un poco.
—De acuerdo ¿Quieres entrenar? Agarra un bastón y empecemos de una vez.

Temiri se retiró la capa, dejándola a un lado, luego agarró un bastón, colocándose en posición defensiva, mientras Shara colocó el bastón hacia adelante.
—No te reprimas, Shara. Dale con todo, intenta romper mis defensas.
Shara se aferró al bastón, usando la Fuerza para impulsarse, movió su arma hacia el lado derecho del Jedi, bloqueándolo. Temiri retrocedía, bloqueando los embates agresivos de Shara, ella se giró y movió el bastón al lado izquierdo, pero al bloquear, usó una mano libre para empujarlo con la Fuerza, pero el Jedi le devolvió el ataque.

Retrocedió, y levantó su bastón, golpeando con furia, sin contenerse como dijo Temiri, pero él se veía calmado, repeliendo y bloqueando, luego de un momento a otro, sin que ella se percatase, se encontraba retrocediendo mientras Temiri seguía moviendo el bastón a gran velocidad que parecía un borrón. Shara saltó a la espalda del hombre, pero él bloqueó girándose sobre sus talones, luego giró su muñeca, golpeando la base del bastón, sacándola de las manos de su contrincante, entonces Shara alzó la mano para atraerla mientras estaba en el aire, pero recibió un golpe en el lado derecho de su abdomen.
—Estás muerta, Shara.
Furiosa, agarró el bastón que cayó al suelo y nuevamente, se deslizó en el suelo luego dio una gran volea para golpear a la cabeza de Temiri, quien se inclinó hacia atrás, golpeando solo aire. Cuando cayó con las rodillas flexionadas, se giró, pero sintió una onda de la Fuerza, lanzándola al suelo.
—Puedo sentir tu furia, Shara. No estás pensando, solo atacas con la intención de hacer daño, pero te descuidas en tus defensas.
—¿Me darás un sermón?
—No—exclamó Temiri—Siéntate, hablaremos.
Shara soltó un bufido, pero estaba adolorida y cansada por el esfuerzo, así que se sentó al frente de Temiri.
—¿No me juzgarás por usar la ira?
—No, no te juzgaré—explicó Temiri—Todo lo que estás sintiendo ahora, es normal. Perdiste a tus hermanos. La furia, la rabia y el odio que sientes es válido, porque al fin somos seres vivos, nos hace humanos. Pero debes tener cuidado, porque estás caminando muy cerca del Lado Oscuro.
—Pero, duele.
—Lo sé—exclamó Temiri—Concéntrate en los buenos recuerdos. Nosotros somos seres luminosos, ellos no te han dejado, porque viven en ti. Tomará tiempo, lo sé, no es tan sencillo.
—¿Qué debo hacer? —musió, bajando la mirada, Temiri se puso de pie para sentarse a su lado.
—Medita. O puedes hablarme de Kai y de Han.
—Kai fue asesinado por Vanuuri Nar—exclamó, apretando los dientes—Quiero vengarme, Tem. Cada vez que pienso en él, me enerva.
—De acuerdo. Él es el Ejecutor, ¿verdad? —preguntó, y ella asintió, aún cabizbaja—No te preocupes por él. Déjamelo a mí, Shara; yo me encargo del Ejecutor.
—Pero…
—Recuerda que los conocí a ustedes cuando eran niños. Los vi crecer e incluso, comimos en la misma mesa. Kai era un chico que me caía bien; listo y que le gustaba arreglar algunos artefactos electrónicos, mientras Han, compartíamos esa habilidad de captar emociones y pensamientos de los animales. Eran buenos, chicos, Shara; estoy seguro de que ellos no querrían verte tomar un camino que no hay vuelta atrás.
—¿Tú no odiaste a alguien?
—Sí, claro—sonrió levemente—Bargwill Tomder, un cloddogran abusivo y un explotador. Nos hacían trabajar en condiciones inhumanas, pero logré escapar.
—¿Ahora?
—No, ya no tanto. Después de que me secuestrara y Rey me rescatara, no dejé que el odio me consuma la cabeza. Medité.
—Lo siento—exclamó Shara—Fui grosera con mis padres.
—Pero no es tarde para disculparse ¿verdad?
—Sí, es cierto—exclamó Shara y miró al caballero Jedi—¿No quieres ser mi maestro, Tem? Creo que contigo aprendería mucho.
—¿Qué podría enseñarte, Shara? Creo que Jannah te habrá enseñado lo suficiente como para estudiar por ti misma.
—El Camino del Vornskr—exclamó Shara—Quiero cambiar mi forma de lucha.
Temiri se quedó en silencio, mirando mientras meditaba. Shara bajó la vista, pensando en el duelo que tuvieron. Había usado toda su ira ciega pero no tenían intención de ser una luchadora defensiva.
—Usaste la ira para dar golpes certeros, pero descuidaste muchos espacios. Rompí tus defensas, pero esa ira—exclamó Temiri observándola—Una ira ciega no te llevará a ningún lado, pero si la controlases, si mantuvieras firme tu furia, podrías ser un verdadero vendaval de la Fuerza.
—¿Es posible? Jannah dice que solo debemos luchar defensivamente y no usar la ira en combate porque caeremos en el Lado Oscuro.
—Tiene razón, pero requiere entrenamiento. ¿Fuiste a la Biblioteca de Ossus?
—Sí.
—¿Entraste a la bóveda? —preguntó, Shara negó— Bueno, Xayon si ingresó a la bóveda, como bien sabes, ahí están almacenados diferentes holocrones. Descubrió uno donde enseñaba una forma que Rey lo descartó porque no lo consideró apta para un Jedi. Esta forma no busca herir o incapacitar, sino destruir al rival. Y vale todo tipo de movimiento, incluso devolver los rayos de la Fuerza al otro. Esta forma conocida como el Camino del Vornskr es peligrosa pero mi buen amigo logró dominarla después de un tiempo considerable.
—Me gustaría aprenderlo—exclamó, sonriendo por primera vez, Temiri se puso de pie y le extendió una mano, lo cual la joven Jedi lo sostuvo y se puso de pie.
—¿Practicamos nuevamente?
—Sí—exclamó entusiasmada, Temiri asintió y ambos nuevamente, con los bastones en mano, reanudaron el entrenamiento.


El día pasó muy rápido y el entrenamiento llegó a su fin; aunque ella quería continuar, pero Temiri necesitaba darlo por finalizado para relajar la mente y recuperar la energía.
Cuando los dos Jedi llegaron al hangar, vieron a Lowie sentado en una caja, muy cerca de la nave grysk. El wookie los llamaba agitando la mano, así que se acercaron hacia él.
Lowie tenía tres paquetes sellados de comida, así que Temiri y Shara, una vez que agradecieron, se sentaron y empezaron a comer.
Una vez que finalizaron, Temiri fue directamente al Ala X a descansar, mientras Shara y Lowie ingresaban a la nave grysk.
— ¿Encontraste algo nuevo? —preguntó al wookie, quien lanzó ladridos.
—¿Una bitácora de viaje? —exclamó entusiasmada mientras recibía una libreta, pero Lowie le advertía que no se emocione demasiado porque estaba escrito en lenguaje que desconocían—Vaya, es evidente—exclamó un poco decepcionada—Guárdalo, igual.

Lowie y Shara desarmaron el tablero, y nadie habló por los siguientes minutos debido a la concentración.
La joven Jedi no contaba el tiempo que pasaba revisando la nave, pero se sentía un poco agotada, así que decidió salir del transporte grysk para tomar un poco de aire.

El hangar estaba ocupado por yates estelares de aspecto brillante que podía ver el reflejo de la Mentirosa en ella, luego notó al escuadrón chiss marchando al interior del palacio, liderados por Shawnkyr. Jats la saludó con levantar la mano e igualmente ella hizo lo mismo, sonriéndole.
—¡Ahí está!

Se giró hacia donde escuchó esa voz de una mujer, era Ta'chume quien se acercaba flanqueada por dos guardias, ella esbozaba una sonrisa fingida.
—Tara me dijo que estarías aquí, revisando esta nave—dijo la Ta'chume mirando de reojo a la nave personal del Ejecutor—Necesito que vengas a la cena de hoy.
—¿Cena? Me quedaré aquí, con Lowie.
—Vendrás, chiquilla—exclamó Ta'chume, borrando la sonrisa que tenia previamente, tan fugaz como una estrella—Esta cena es importante, porque hoy elegiremos a la nueva Condesa. Este Consorcio no puede seguir con una regente.
— ¿Ya te cansaste? Pensé que te gustaba tener el poder, anciana.
—Insolente. Vas a venir o mis guardias te arrastrarán al comedor. Estará tu amiga, a ver si la convences de asumir— exclamó Ta'chume, luego su mirada fue al grupo de pilotos invitados y luego miró a Shara. Parecía que su cerebro trabajaba a toda velocidad, ya que recuperó el aplomo—También irá un representante del cuerpo de piloto del escuadrón Vanguardia.
Shara se quedó en silencio, Ta'chume le dio la espalda tan rápido como llego, dejándola sola. Shara se preguntó a que se refería y porque le interesaría si la anciana invitaba a la líder del escuadrón chiss.

Sintió a Temiri llegar a su espalda, así que se giró hacia él, quien tenía los brazos cruzados.
—¿Pasó algo? Te he visto hablar con la anciana.
—Quiere que vaya a una cena. Tal vez para hablar de la nueva condesa.
Temiri se quedó en silencio, Shara empezaba impacientarse.
—Ve. El Consorcio necesita un líder nato y fresco, que no se cierre a una alianza con los Jedi o con la AG. Estamos solos, Shara; necesitamos una mano.
—De acuerdo—exclamó desanimada, ir a una cena de gala era algo que no le gustaba.
—Te aconsejo que no seas tu misma—bromeó, mientras se daba media vuelta, Shara gruñó y volvió a meterse a la nave.


Cuando Shara salió de la nave, notó que el cielo ya estaba oscuro. A pesar de que no estaba de humor para ir a una cena, decidió presentarse para apoyar a Tara. Una vez que se aseó, se acercó a las puertas del comedor, abiertas en par en par, pudiendo escuchar algunos murmullos.
Era una sala rectangular, con lámparas colgantes en el techo, las ventanas estaban cubiertas con cortinas de seda y la mesa, grande, con un mantel fino, encima de ellas ocupaban diferentes arreglos florales y platos vacíos.

Ya había gente ocupando en las sillas, dos hombres y mujeres de mediana edad, dos chicas jóvenes, visiblemente un par de años mayor que Shara. Se ubicaban en el lado opuesto donde estaba la joven Jedi, en el extremo estaba el Conde Nahod, con ojeras y poco cabello; visiblemente estresado, pero saludó a la Jedi nada más verla entrar.
—Por favor, toma un asiento—exclamó Nahod Chal, entonces Shara agarró una silla y se sentó. Algunos minutos después, ingresó la Ta'chume, la condesa regente, sentándose en el otro extremo, mirando de frente a su hijo. Luego ingresó Jats, a quien Shara sintió sus mejillas encenderse, pero estaba sorprendida de verlo.
—Qué bueno que estás aquí, señor Irard—exclamó Ta'chume—No tenía muchas esperanzas que su líder de escuadrón no le diese el permiso para acudir esta cena.
—Bueno, agradezco la invitación—exclamó Jats, algo cohibido—A mí también me tomó de sorpresa, pero creo que ella está interesada en conocer a la nueva condesa. No me especificó la razón.
Jats se sentó al lado de Shara, ambos se sonrieron a modo de saludo.
—Que sorpresa verte aquí—susurró Shara.
—Yo diría lo mismo—musitó Jats—Pensé que preferías estar en esa nave.
—Aun quiero estar allí—musitó.

Luego de unos minutos con Ta'chume martilleando los dedos en la mesa, ingresó al comedor, Tara, con un discreto vestido largo negro, ocasionando que su abuela rodase los ojos. La joven Jedi se sentó al lado de Shara, pero muy cerca de su padre.
—Genial que todos hayan venido a esta cena—exclamó Ta'chume poniéndose de pie y miró a los invitados—Agradezco su presencia en esta cena— y luego su vista fue a los otros dos foráneos— Para los recién llegados, permítame presentarles a mi hijo segundo, Nasek, quien está acompañado por su encantadora esposa, Lerta, y la jovencita es su hija primogénita; tercera en la línea de sucesión al trono, Saleste— exclamó la anciana y el mencionado asintió, un hombre calvo, su esposa era rubia con un moño, su hija miraba a los foráneos con cierta altivez. Tara rodó los ojos al ver a su prima.
—Y mi hijo menor—prosiguió la anciana, señalando en el otro extremo, donde estaba muy cerca de Nahod—Brisdin y su amable compañera de vida, Raria; su encantadora hija mayor es Trista, segunda en la línea de sucesión, además, cadete de la Seguridad Miktralana.

El hombre llamado Brisdin aún conservaba su color castaño en su cabellera, pero solo en ambos lados de la cabeza, su esposa, miraba a los foráneos con curiosidad, pero su hija, Trista miraba con cierta pena a Tara.
Shara se preguntó a que se debían eso de las líneas sucesorias ¿acaso Tara no iba a asumir el cargo?
—Entiendo que el señor Irard esté aquí—exclamó Brisdin mirando a Shara—¿Ella que hace aquí?
—Ella también será candidata al trono de Miktraland.
Shara sintió que todas las miradas caían en ella, los nobles, a excepción de Trista, la miraban con desprecio, Nahod miró a su madre, sorprendido al igual que Tara. Shara concentró su vista en el plato.
—¡Ella no es de Miktraland! —vociferó Nasek, indignado.
—Hablaremos de política una vez que terminemos de comer—exclamó con firmeza la Ta'chume, mirando con severidad a su hijo, quien se calló. Aplaudió en el aire y los camareros se acercaron con bandejas donde estaban los platillos. Shara no disfrutó la cena.

Fue la cena más silenciosa para el grupo, solo se escuchaba el tintineo de los platos y el sonido de las bandejas. Una vez que todos finalizaron de comer, la Ta'chume se puso de pie.
—Admito que cuando les invité que se acercaran a la cena—exclamó la anciana mirando a sus hijos—No pensé que traerían a sus hijas. Sé que son las líneas directas de sucesión por si mi nieta—miró a Tara con severidad—No asume su puesto como Condesa.
—¿Por qué piensa nominar a esta chica? —preguntó Nasek.
—Esta joven tiene más energía que mi nieta. Tiene las características que buscamos en una Condesa: belleza, firmeza, determinación y un fuego interior. Además, es una Jedi ¿Se imaginan si tenemos a una condesa Jedi?
—Tara es una Jedi—soltó Shara, sintiendo todas las miradas en ellas, además de como el calor llegaba a las mejillas.
—Pero no quiere tomar el lugar de su madre—exclamó—Yo propongo a Shara Dameron como la nueva Condesa.
—¿Cómo? ¡No es noble!
—Lo sé—exclamó Ta'chume mirando a su hijo—Tal como sucedió hace algunos años atrás, mi hijo rechazó a las candidatas que le propuse para el cargo de Condesa, eligiendo a una bruja. Por supuesto, para que la señorita Dameron asuma como Condesa, debe casarse con mi hijo.

Shara quedó perpleja, nuevamente se sintió incómoda al sentir las miradas en ella.
—¿Casarme con ella, mamá?—inquirió Nahod, estupefacto—Pero si tiene la edad de mi hija. No, de ninguna manera.
—¡Lo harás, Nahod! No sumirás en la miseria al Consorcio al no tener una lideresa— y miró a sus otros dos hijos—Ella es hija de una maestra Jedi y un piloto condecorado. Suficiente razón para que asuma este cargo—y miró a Shara—¿Lo harás verdad?
Shara se quedó en silencio, miró a Nahod, quien se cubría la cara con ambas manos, pero Tara, miraba la mesa.
—Yo puedo ser condesa—exclamó Saleste mirando con desaprobación a su prima—Tara es demasiada cobarde para asumir este cargo. Que siga llorando en su recamara por su madre enferma y su amigo muerto.
Shara se enfureció, pero fue interrumpida por Trista.
—Yo apoyo a Tara. No quiero ser Condesa, ese puesto pertenece a mi prima— y miró a Saleste—Se un poco más empática.

Entonces, Shara, miró a Tara, y esta levantó su vista, cruzándose las miradas. Quería que ella hablase y se ponga de pie, necesitaba que ella se motivase. Y entonces miró a Ta'chume, seria y con fingida decisión.
—De acuerdo, asumiré el puesto de Condesa. Pero sin casarme con el señor Chal.
—¡Eso es imposible!—gritó Brisdin, Shara sintió la mirada de Jats sobre ella, sentía su estupefacción y algo de tristeza. La mirada de la joven Jedi se cruzó con Tara, quien estaba dolida, poniéndose de pie y abandonando el comedor de manera intempestiva.
—Bueno eso se puede arreglar—exclamó Ta'chume mirando la puerta por donde se fue su nieta—Señorita Dameron, serás la nueva condesa.
Shara se puso de pie, abandonando el comedor, sintiendo nuevamente las miradas en ella, tal vez Nahod, no, ya que estaba ocupado mirándose las manos.

Cuando salió y llegó al hangar, sentía las piernas flojas, y muchos nervios. Admitió que su plan había fallado, temía que Tara ya no quisiese hablar con ella. No quería ser condesa. Ella, su amiga, era la legitima heredera.
—Shara.

La mencionada se giró, Jats se acercaba apresuradamente, lívido y con preocupación, Shara se cruzó de brazos, sintiendo frio de un momento a otro.
—No puedes asumir el puesto. No puedes casarte con el conde—exclamó nerviosa y visiblemente triste—Uno de los hijos dijo algo de un noble para casarte.
—No lo haré, Jats—exclamó Shara—Sé que fue estúpido de mi parte. Pensé que decir lo que dije, haría que Tara se pusiera de pie y dijera que ella va a ser la Condesa porque le pertenece el puesto, pero no sabía que se saldría corriendo.
—¿No asumirás el cargo?—preguntó algo aliviado.
—No, no lo quiero, Jats—explicó—Ahora que recuerdo, no he hablado en profundidad con Tara. Ella y mi hermano mellizo eran muy inseparables— y miró al suelo—Estuve tan molesta que no presté atención al dolor de mi amiga.
—Puedes hablar con ella, mañana—exclamó Jats, Shara asintió.
—Sí, lo haré.
Los dos se cruzaron las miradas, Shara nuevamente sintió un cosquilleo a la altura del cuello, el piloto sonrió y se dio la media vuelta, despidiéndose de ella. Shara lo observó ingresar al palacio.


Tara, con los ojos húmedos, ingresó a la habitación donde descansaba su madre, Itessa. Solo escuchaba los sonidos de la máquina, conectada a ella. Nuevamente sintió dolor y se arrodilló frente a la cama, posando su cabeza en el vientre de su madre. Se sentía traicionada por Shara, a quien consideraba su amiga. Quería ser una Jedi, no quería asumir un cargo donde solo escuchaba criticas y desprecios hacia su madre cuando ella era la Condesa.

Nunca percibió algo de amabilidad hacia Itessa ni mucho menos, a ella, exceptuando tal vez su prima Trista.
—Tara
Alzó la cabeza, buscando el origen de esa voz. Exceptuando a su droide BD 1, quien descansaba bajo la cama, estaba sola, y los únicos ruidos era de la máquina, nuevamente escuchó la voz llamándola, pero esta vez dentro de su cabeza.
—Tara…ábrete a la Fuerza.
—¿Qué? —dijo Tara, mirando confusa la habitación, luego su vista fue hacia la puerta donde se materializó una figura fantasmal de un hombre pelirrojo, aunque bastante mayor a pesar del tono celeste que cubría toda su figura. Tara no lo conocía, pero sentía algo familiar en él.
—No te encierres en la Fuerza, Tara—habló el hombre, pero no se movió—Mi hija quiere comunicarse contigo— Ábrete…siente.
— ¿Abuelo Cal?

Tara nunca había conocido a su abuelo, pero recordaba cuando su abuela Merrin le hablaba de él en su infancia. BD 1 encendió sus fotorreceptores cuando escuchó la palabra "Cal", buscando al mencionado con algo de ansiedad. Cal Kestis miró a su droide apenado.
A veces deseo que los droides también puedan ver fantasmas de la Fuerza.

Tara se quedó sin habla, mirando a su abuelo, quien levantó su vista después que el droide volviese la cabeza hacia Tara. La joven Jedi recuperó el aplomo.
—No estoy encerrada.
El dolor que estás sintiendo está bloqueando tu enlace con tu madre—explicó Cal mirando a Itessa y por primera vez se acercó a la cama, colocó su mano, rozando la mejilla de su hija en coma.
—¿Mamá quiere hablar conmigo?
Sí. Medita, Tara; deja que el dolor se diluya como una brisa. Sé que puede ser difícil, pero eres mi nieta y sé que eres capaz.

Se desvaneció ante la atónita mirada de la heredera al trono miktralano, BD 1 volvió a su descanso, apenado y con leves pitidos de decepción.
Tara miró a su madre y respiró hondamente.
Sentándose en posición de loto, juntó los dedos y cerró los ojos, dejando que la Fuerza fluyera a su alrededor.