Umbara era el punto de encuentro de todas las naves sobrevivientes desde que Taris cayó en manos enemigas.
Silliq estaba en el camarote privado en el acorazado Sueño Rebelde, aún conmocionado de lo que acaba de pasar solo unas horas antes y ahora parecían que todo se detuvo. Miró por la ventanilla, donde vio a otras naves, reconociendo al Rogue One y la nave capital Princesa Leia; como también otras naves calamaris.
Respiró hondamente y recordó las palabras de Borks Fey'lya, quien se había quedado en el palacio y no fu con ellos a la lanzadera de evacuación. El quarren asumió que el Jefe de Estado murió en el planeta y era hora de asumir el control.
Se puso de pie y avanzó hacia la puerta de duracero, ya con la decisión tomada: buscar la manera de contactarse con un grysk de alto rango para firmar la rendición, porque ya no valía la pena seguir luchando. Al menos se quedaría con los territorios sin conquistar, siendo Malastare, la nueva capital del Resto de la AG. Era solo cuestión de tiempo para que los enemigos conquisten el Núcleo Profundo.
Salió al pasillo y caminó sin interrupciones hasta llegar al puente de mando del Sueño Rebelde, donde estaba el almirante Frokko Shabis, un zabrak macho.
—Senador Silliq—saludó el zabrak con una venia mientras se acercaba para estrecharle la mano.
—¿Alguna noticia, almirante Shabis?
—Estamos recibiendo noticias del resto de los senadores que estaban en Taris y Coruscant. Afortunadamente, la gran mayoría lograron salir.
—¿Coruscant también está bajo control enemigo?
—Aún no señor, pero la noticia llegó al planeta y están saliendo en tropel—exclamó un poco incómodo Shabis, ya que sabía que solo los que podían costear un yate o una nave estelar, tenían más posibilidades de escapar mientras que el resto de la gente, tendrían que esconderse en los subterráneos. No hizo ese comentario al senador.
—Fey'lya me nombró Jefe de Estado si algo le sucediera. ¿Alguna noticia si está en alguna nave de los que escaparon del planeta Taris?
Shabis empezó a buscar en su datapad.
—No, señor. Ninguno ha visto al Jefe de Estado—exclamó el zabrak negando con la cabeza—Si hubiera estado en nuestras naves, ya se hubiese anunciado.
—Lamentablemente, el Jefe de Estado se quedó en Taris—exclamó Silliq—Tarde o temprano, los enemigos anunciarán que lo asesinaron o le implantaron ese chip. Antes de salir, me reuní con él y me nombró Jefe de Estado. Ahora tengo el absoluto control de la Alianza…o de lo que queda de ella.
—Entendido, señor—exclamó Shabis elevando una ceja, pero no hizo ningún comentario, al fin al cabo, no había un líder de facto.
—Tenemos poco tiempo. Por favor, reúna a todos los líderes militares a una reunión urgente en la oficina de este acorazado. Estoy seguro de que el resto de la galaxia aún no recibe la noticia de la caída de Taris, debemos adelantarnos y no permitir que caigan en el caos absoluto.
—A la orden.
Mientras tanto, el crucero estelar Rey Lee-Char, orbitaba sobre Umbara, estaba el comandante Aftab Ackbar totalmente contrariado. Aún le dolía la dolorosa derrota ante los grysk y ser testigo como la capital de la Alianza, caía en manos enemigas.
Había pasado horas del suceso, estaba al tanto que el Jefe de Estado no estaba en ninguna de las naves que sobrevolaban Umbara e incluso, las que llegaban al sitio, no tenían noticias de él.
Entonces, asumió que el bothano se habría quedado en el planeta y era hora de contactar con Dac. Se puso de pie y se aseguró que nadie ingresase a la oficina donde estaba, luego se acercó al Holo proyector, buscando contactar con la oficina de Gian Ackdan.
—¿Ackbar?—preguntó la forma azul del antiguo Jefe de Estado, el envejecido Ackdan entrecerraba los ojos.
—Sí, soy Aftab, señor Ackdan.
—Ah, qué bueno oírte. La última vez hablamos sobre…bueno, deponer al bothano.
—Sí, señor, pero todo ha cambiado desde la última vez que hablamos. ¿Le ha llegado noticias de Taris?
—No, aún no—preguntó curioso—¿Qué es lo que ha pasado?
—Los grysk nos sorprendieron. Atacaron al planeta y ahora está en manos de ellos; todos tuvimos que escapar y sé que es cuestión de tiempo para se divulgue la información.
—¡Que tragedia!—exclamó Ackdan, luego tosió un poco.
—No lo veo de buen semblante—exclamó Aftab, un poco preocupado—Señor, puedo yo asumir el control si siente que no puede ejercer su liderazgo a la AG, o al menos, lo que queda de ella.
—Puedo hacerlo, Ackbar—exclamó Ackdan sonriendo—Quiero ayudar nuevamente a la galaxia, ahora en esta hora tan oscura. ¿Recuerda que yo asumí cuando todos estaban asustados para tomar el "fierro caliente"? Lo hice y nuevamente lo hare, hasta que este cuerpo me lo permita.
—Claro, señor—exclamó Aftab sonriendo—Mi padre siempre lo tenía en alta estima.
—Su padre fue un gran calamari, Aftab. Lo recuerdo con mucho cariño—exclamó el anciano calamari, Aftab asintió orgulloso.
—Me alegra oír que está dispuesto a asumir. Informaré al resto de las tropas sobre que usted será nuestro nuevo Jefe de Estado y que en Dac será centro de nuestras operaciones.
—Entonces, nos vemos pronto, comandante.
La transmisión finalizó, Aftab se enderezó cuando escuchó que tocaban la puerta, así que se acercó con calma hasta desbloquear la seguridad y abrió la puerta. Un joven alférez estaba de pie.
—Comandante, el senador Silliq requiere su presencia en el Sueño Rebelde. He alistado su nave.
Aftab se preguntó qué era lo que quería el senador cuando recordó que ese quarren solía reunirse mucho con el bothano.
—De acuerdo, iré sin demoras.
El joven alférez se inclinó y se retiró.
No hubo muchos problemas cuando el calamari llegó al Sueño Rebelde, vio los Ala X en el hangar y a los pilotos, cabizbajos, entre ellos estaba Zay Versio, entonces se acercó a ella.
—No veo al teniente Dameron.
—Poe se desvió—exclamó Zay—No me explicó porque, solo me dijo que se iba a Miktraland.
Aftab Ackbar se preguntó por qué su mejor piloto se iba al Consorcio, ya que lo necesitaba a su lado, pero notó que también faltaba alguien más.
—¿Connix? ¿Sabes algo de ella? —preguntó mientras su vista se desviaba hacia Jess Pava, quien abrazaba con efusividad a su hija Tallie.
—No lo sé—exclamó Zay alzando la vista—Pero he visto agentes de la IG aquí, en esta nave. Tal vez uno de ellos tenga noticias de ella.
—Gracias, Versio.
Se dio la vuelta y prosiguió su camino, abandonando el hangar. Cuando estaba cruzando los pasillos de duracero, se encontró con el general corelliano, Ferus Sunspot.
—Escuché que llegaste, comandante—exclamó el hombre al llegar a la misma altura donde estaba el calamari. Estaba un poco más calmado al verlo.
—Escuché que Silliq quiere reunirnos.
—Asi es—exclamó Sunspot mirando el pasillo—Me he enterado de que es el nuevo Jefe de Estado.
—¿Qué?
—Aparentemente, Fey'lya lo nombró su sucesor—negó con la cabeza—Connix se ha desviado de su rumbo. Ella está Miktraland, pero no me dio más información.
—Qué curioso, Dameron está también en ese lugar—exclamó el calamari, cruzándose de brazos—Vamos, quiero escuchar lo que tiene que decir Silliq.
—Pero, ya sabes…lo que íbamos a hacer—susurró.
—Lo haremos cuando esté Connix y Dameron. Además, quiero ver que militares lo apoyan para neutralizarlos.
—Buen punto.
Ambos reanudaron el paso, en silencio, hacia la sala donde se estarían celebrando la reunión donde Silliq daría algunos anuncios.
No era muy amplia, la sala solo tenía una gran mesa con un centro donde estaba el generador de holos y algunas sillas. Silliq estaba a la cabeza de esa mesa, había cuatro militares en ambos lados de la mesa de cedro.
—Comandante y general—saludó Silliq, un poco nervioso—Por favor, siéntense.
Los ojos de Ackbar se pasearon por los ocho militares, reconociendo a dos que perfectamente se unirían a él: el zabrak Frokko Shabis y una zeltron llamada Lawra Carik.
Una vez que los recién llegados se sentaron, el quarren observó a los presentes.
—Pensé que Ko Connix estaría aquí.
—Ella no podrá estar aquí—explicó el corelliano—Ha desviado su curso hacia otro sistema, pero vendrá. Esto me lo informó su agente de la Inteligencia.
Silliq nunca pudo confiar en la IG, eran espías y no le gustaba la idea que ellos hubiesen aterrizado en el Sueño Rebelde.
—Bueno, empecemos—exclamó Silliq, cuyos tentáculos faciales se agitaron—Estuve con Fey'lya cuando los grysk irrumpieron en nuestro planeta. Hablé con él y me nombró sucesor natural, y tengo la potestad de tomar una decisión. Quiero anunciarles que soy el nuevo Jefe de Estado de la Alianza Galáctica.
—¿Ha informado al resto de la galaxia?—preguntó Sunspot.
—No, lo haré desde luego. Como saben, si el resto de nuestros ciudadanos se enteran de que la capital está en manos de los enemigos, nos sumiremos en un caos que no podremos controlar.
—Eso puede ser cierto—exclamó la zeltron Lawra—Cuando la Primera Orden destruyó Hosnian Prime, dejó a la galaxia sin cabeza y con el enemigo tomando más fuerza.
—Sí—exclamó Silliq—Mi primera medida es anunciar que la capital será en Malastare.
Hubo algunas miradas.
—Yag'Dhul es mejor opción—exclamó un almirante anciano—¿Por qué Malastare?
—Yo te lo diré, Kovak—soltó Lawra—Porque ahí tiene sus cinco mansiones y esconderse en algunos de ellos.
Sunspot le dirigió una sonrisa a la zeltron, pero hubo miradas desaprobatorias en otros, Silliq la miró ofendido.
—Malastare está alejado del Núcleo Profundo.
—De acuerdo, Malastare—exclamó Ackbar y movió la mano—Continúe.
—Además quiero anunciar que hemos perdido la guerra—exclamó Silliq, colocando sus manos en la mesa, mirando a cada militar, Sunspot no mostró ninguna emoción—Los grysk han logrado un triunfo importante en Taris y será cuestión de horas para que lleguen a Coruscant. ¿De vale resistirse si vamos a perder igual? Estamos malgastando recursos. Por ello, he decidido la manera de contactarme con el Maestro Bélico o con el Ejecutor para negociar un tratado de rendición y trazar nuestros límites. Se quedarán con los territorios que han tomado y nos quedamos con los territorios que aún están en la AG.
Ackbar observó que el resto de los militares parecían estar conformes, a excepción del zabrak y la zeltron. Frokko apretó los dientes, ya que su planeta estaba bajo poder de los grysk y no tenía la intención de cederlos.
—¿Dejará que Iridonia se quede con ellos, senador?—preguntó Frokko Shabis.
—Siento mucho por su planeta, almirante Shabis—exclamó Silliq—Es mi última palabra.
Frokko se quedó en silencio, Ackbar iba a tomar la palabra cuando Sunspot se le adelantó.
—Veo algunos desacuerdos ¿No podemos esperar a que llegue Connix para someter a una votación? Estoy seguro de que ella también tiene algo que decir.
—Sabemos lo que va a decir Connix—exclamó Kovak, frunciendo el ceño.
—Pero que salga de su boca, Kovak—exclamó Sunspot—Cuando aterrice, hacemos la reunión nuevamente.
—Pero debemos anunciar—exclamó el general rodiano—No podemos dejar a la galaxia en la incertidumbre.
—Princesa Leia y Rogue One pueden moverse a Dac para reabastecerse—exclamó Ackbar—Luego pueden unirse a Malastare. Mientras tanto, digamos que Fey'lya ha resultado herido y que usted está al mando, por si nos preguntan. Si no nos dicen nada, no decimos nada.
—De acuerdo, daré la orden. Mientras tanto, doy por finalizada y reanudaremos cuando Connix llegue.
Todos se pusieron de pie, Sunspot agarró del brazo a Lawra y le susurró en el oído que lo siga, e igualmente, Ackbar hizo lo mismo con el zabrak.
Fueron a una sala más apartada, y una vez que el calamari se aseguró que estaban solos, se acercó al grupo.
—¿Qué es lo que pasa?—susurró la zeltron de brazos cruzados.
—Parece que somos nosotros que no reconoce a Silliq como Jefe de Estado—exclamó Sunspot—¿Me equivoco?
—No te equivocas—exclamó Frokko—Dice que Fey'lya habló con él. Lo siento, no compro eso.
—Cuando llegue Connix, hablaremos con ella. Y ella usará a sus agentes para reducir a los leales del quarren.
—Y ¿Quién estará al mando? ¿Tú? —preguntó Lawra.
—Ackdan.
—Bien, ahora volvamos a lo nuestro mientras esperamos a Connix—exclamó Sunspot.
El grupo se dispersó, cada uno fue por su lado.
Las horas pasaban y Aftab se impacientaba, él estaba en la pasarela donde por medio del vidrio de transpiacero observaba el hangar desde lo alto. No tenía noticias de la llegada de Connix y sentía que el tiempo se le agotaba, por el rabillo del ojo vio que se acercaba Sunspot, entonces, se giró hacia el corelliano, quien se veía lúgubremente.
—¿Pasó algo?
—Es oficial—exclamó Sunspot—He recibido noticias del Núcleo Profundo. Los grysk han tomado Coruscant sin disparar.
—¿Sin disparar?¿No hay defensas en ese planeta?
—Esa es la cuestión—exclamó amargamente—Las tropas Coruscant, al parecer recibieron órdenes de no atacar a los grysk y dejaron que ellos aterricen sin problemas en el planeta. Actualmente deben estar desfilando por sus calles.
—Kriff, estamos al borde la derrota ¿verdad?
—Corellia aún puede luchar, pero al caer Coruscant, hemos quedado rodeados de ellos. Debemos actuar cuanto antes.
—Igualmente Dar—exclamó Aftab mirando el hangar—Corellia y Dac son por ahora los últimos bastiones que nos quedan. Y ambos, muy cerca del enemigo.
Ambos vieron al Halcón Milenario aterrizar en el hangar del Sueño Rebelde, intrigados, se quedaron a observar cuando descendió de ella, Kaydel con su familia.
—Informe a Silliq que convoque otra reunión, Connix ha llegado—exclamó Ackbar, Sunspot asintió y se retiró raudamente. Minutos después, el viejo carguero corelliano se retiró del hangar y tras él, la solitaria Ala X aterrizó, siendo esta vez, el piloto Poe Dameron.
Kaydel dejó que sus hijos se reunieran con la hija de Jess, Tallie. Y estando Connix reunida en una sala junto con Poe, su esposo Rafan, Sunspot, Ackbar y un agente de la IG de alto rango; la mujer contó toda su experiencia en Taris y del escape a Miktraland, donde mencionó que se quedó ahí para asistir al funeral del hijo menor de Poe, Kai.
Una vez que se quedó en silencio, Ackbar y los presentes ofrecieron sus condolencias al veterano piloto, quien agradeció con un asentimiento.
—Por cierto ¿Qué fue de la traidora Sesh? —preguntó Sunspot.
Connix miró al capitán de la Inteligencia Galáctica, quien no mostró ninguna emoción en su rostro.
—Nuestro convoy fue atacado sorpresivamente por los grysk. Estábamos rodeados y el general ordenó retirada pero no pudimos llevarnos a la traidora, ya que estaba rodeada por los grysk. Asi que, especulo que está con ellos.
—Asi que la traidora está con los grysk—exclamó Poe— ¿Cuál es el siguiente paso?
—Elegir a Ackdan como nuestro Jefe de Estado—exclamó Aftab—Fey'lya ha muerto en Taris. Pero antes de morir, ha nombrado a Silliq como su sucesor. Este quarren quiere firmar la rendición.
—Inaceptable—exclamó Poe, frunciendo el ceño y cerrando los puños, como si desease golpear a alguien.
—Creo que vi una hilera de humo negro espeso por donde estaba el Palacio de los cristales. Tiene sentido—exclamó Kaydel.
—Connix, en cuestión de minutos, Silliq nos llamará para una reunión—exclamó Sunspot—Vamos a trazar el plan de cómo sacarlo de encima.
La reunión fue en la misma sala de antes, pero estaba Connix estaba muy cerca de Silliq, quien estaba nervioso al ver ingresar a cada uno de los militares en la sala.
Kaydel consultó con su crono, colocando su mano en la pantalla, los tentáculos faciales se agitaron en el rostro del quarren.
—Supongo que está al tanto de lo que está pasando ¿verdad?
—Sí, lo estoy—contestó Kaydel—Vergonzosa la manera que Coruscant se arrodilló ante los grysk.
—Era arrodillarse o ser bombardeada como Taris. ¿Sabe que Coruscant tiene una arquitectura milenaria que no merece ser destruida? Buscaré la manera de buscar un tratado de rendición. Hemos perdido, Connix, asúmelo.
—No, aún podemos pelear—exclamó Connix—Lucharemos hasta morir de pie.
Kovak iba a contestar algo, pero calló cuando vio que un grupo de agentes, con Poe a la cabeza, ingresaban a la sala. Silliq estaba confuso cuando sus ojos se abrieron de la sorpresa al ver que ellos sacaban sus blaster y apuntaban a la cabeza de los militares, exceptuando a los que estaban a favor de Ackbar. Rafan Harik, colocó el cañón muy cerca de la espalda baja del quarren.
—Se terminó Silliq—exclamó Ackbar y al igual que él, Connix, Shabis, Lawra y Sunspot se pusieron de pie.
—Hay una gran parte de la armada que no está de acuerdo con el plan de rendirnos. Además, los mismos que no querían a Fey'lya como líder.
Kovak sentía el cañón de Poe apuntándole en la cabeza, su mano se deslizó hacia su guantera.
—No lo haga—susurró Poe—No tengo nada que perder.
—No me amenace, Dameron—exclamó Kovak, y en cuestión de segundos, se puso de pie rápidamente y movió la cabeza hacia atrás, partiéndole la nariz al piloto y corrió hacia la entrada.
—¡Ayuda! ¡Traidores! ¡Insubordinación!
Entonces Rafan tiró al suelo a Silliq, inmovilizando mientras Poe salía a perseguir a Kovak, quien se giró rápidamente, apuntando a Poe. Detrás del hombre anciano, aparecieron pilotos de uniforme verde, quien Kovak los vio.
—¡Refuerzos! ¡Tenemos traidores en la sala!
Los agentes de la sala arrinconaron a los militares leales a Silliq contra la pared mientras Kaydel, corrió al umbral.
Los pilotos de uniforme verde apuntaban a Poe, quien miraba furioso a Kovak.
—Diles que bajen las armas, Dameron. Luego se entregarán, enfrentarán a un juicio sumario y finalmente serás ejecutado. ¿No quieres reunirte con tus "retoños"?
Poe, ciego de la rabia se lanzó contra Kovak, quien abrió fuego y el láser rozó su oreja izquierda, luego le dio en el brazo, pero tenía la adrenalina por las nubes, por ello, no retrocedió, tumbando al suelo a Kovak, propinándole un golpe a la cara.
Kaydel, Lawra y Sunspot salieron al pasillo cuando los pilotos de verde dispararon luces circulares para aturdirlos. Ellos también le devolvían el fuego que pasaban por encima de la cabeza de Poe.
Zay, Jess y C'ai aparecieron por la esquina, sacaron sus blasters, colocándolos en modo de aturdir y dispararon a los pilotos de verde. Sunspot cayó aturdido mientras Kaydel aturdió a uno.
El humo se disipó, Kaydel se acercó a Poe, quien miraba sus nudillos sangrantes.
—Poe.
El piloto se giró hacia Kaydel y entonces, ella levantó su blaster, disparando al piloto, quien cayó al suelo, aturdido.
Ackbar se acercó al pasillo una vez que todo el jaleo terminó.
—Vaya, no contaba que el hombre se iba a oponerse.
—No, yo tampoco—exclamó Kaydel, luego se dio la vuelta, observando a sus agentes—Quiero que estén bien amordazados. Que sus manos estén visibles a sus ojos para que no haya intento de escape. Que Silliq esté en su camarote y que uno de ustedes esté afuera de su habitación, en la puerta—y luego vio a los pilotos de Poe acercarse al pasillo—Les agradezco por la ayuda.
—Escuchamos disparos y venimos a ayudar—exclamó Zay, observando a Poe mientras Jess se arrodillaba cerca de su amigo. Kaydel miró a otros dos agentes.
—Lleva a Poe y a Kovak a la bahía médica. Ambos con grilletes de plasma.
—A la orden.
.
A Poe le dolía la cabeza cuando despertó. Aún aturdido, intentó orientarse en donde estaba, que, en segundos, se percató que estaba en la bahía médica y que sus manos tenían estaban con grilletes. Al moverse, sintió un pinchazo doloroso en su brazo derecho.
—Qué bueno que estás despierto.
Giró la cabeza hacia la izquierda de donde estaba echado en la cama, Kaydel estaba sentada, muy cerca de la cabecera. Estaba de brazos cruzados y el semblante muy serio.
—¿Kaydel?
—¿Estás mejor?
—No—exclamó Poe, tumbándose después de intentar de enderezarse sin éxito, sin poder evitar el pinchazo en su brazo.
—Tienes que cuidar ese brazo, Poe.
—Lo sé, me dispararon en este brazo cuando estuve en ese destructor estelar—exclamó Poe, recordando ese momento cuando él, Finn y Rey se infiltraron en la nave de la Primera Orden para rescatar a Chewie.
—Sé que aún estas afectado por la pérdida de tus chicos, Poe—exclamó Kaydel—Fue un error contar contigo.
—Me afectó, lo sé—exclamó Poe mirando el techo—Duele, Kaydel. No se sí pueda superarlo.
—Creo que algo así es difícil superarlo, Poe. No tengo palabras para describirlo y siento mucho tu tristeza. Pero actuar impulsivamente y dejándote llevar por tus sentimientos, los grysk te mataran—dijo Kaydel, pero al ver que el piloto estaba en silencio, respiró hondamente—Sé que has discutido con Rey. Hablé con ella en el Halcón, creo yo que deberías hablar con ella. Ella también está sufriendo y alejarte no es la solución, Poe. Justo en estos momentos, es cuando deben estar unidos.
Poe se quedó en silencio, Kaydel colocó su mano sobre la de Poe, quien giró su cabeza para verla.
—Eres valioso para mí, Poe. No como soldado, si no como amigo. Pero si vuelves a perder la cabeza de esta manera, no tendré más remedio que separarte.
—Entiendo—exclamó el piloto—Cuando vea a Rey, me disculparé con ella.
—Bien, te dejaré descansar—se puso de pie y antes de abandonar la bahía médica, miró al piloto—Todo está en marcha, los leales de Silliq irán a Malastare, luego iremos a Dac. Ackdan está al tanto y nos recibirá cuando lleguemos.
Poe asintió, y luego de ello, Kaydel se acercó solo para retirarle los grilletes, luego se retiró de la habitación, sumiendo al veterano piloto en sus pensamientos.
El sonido de alarma sacó a Finn de su trance de la Fuerza, y cuando su vista fue hacia la ventana de transpiacero, observó el planeta Ultaar ante ellos. Se puso de pie y fue hacia el camarote donde Rey dormía.
La puerta estaba semi abierta, entonces el maestro Jedi se asomó, observando a su amigo en posición fetal y abrazando una túnica Jedi.
—¿Rey?
La maestra Jedi se movió, girándose en la cama y sentándose en el borde, Finn notó que sus pestañas estaban húmedas, además, sentía una pesadez en la Fuerza en ella.
Rey dobló la túnica de Kai y miró a su amigo.
— ¿Hemos llegado? —preguntó mientras se secaba los ojos, Finn se quedó en silencio por unos segundos. Ella notó que Finn miraba la túnica—Aún tiene su olor, Finn—forzó una sonrisa.
—Estabas llorando.
—Lo sé—exclamó Rey—Soñé con él. Soñé cuando nació y lo tenía en mis brazos. Luego, cuando era un niño muy pequeño, solía aferrarse a mis piernas.
—Rey, puedo hacer esta misión solo si no estás lista.
—Lo estoy, Finn. ¿Por qué habría de irme a Zeffo? Necesito algo para distraerme—exclamó la maestra Jedi—Entonces ¿hemos llegado?
—Sí, estamos por aterrizar en Ultaar.
—Bien, en marcha.
Rey colocó la túnica en la cama con cuidado y salió del camarote, Finn se quedó en el umbral mirando a su amiga con preocupación.
Negó con la cabeza, ahora debían concentrarse en una misión muy difícil: infiltrarse en Wobani, donde descubrieron que había una fábrica de dovin basal y unos mandalorianos los ayudarían para infiltrarse.
Cuando llegó a la cabina, vio a Rey meditando y la Fuerza arremolinándose sobre ella, buscando disipar el dolor que sentía. Y entonces, Finn enrumbó el Halcón hacia Ultaar.
