Una vez que el Halcón Milenario aterrizó en Ultaar, los esperaba otra nave de aspecto rocoso, que era más un tipo de transporte. Muy cerca de la rampa estaban Goran Beviin y Grogu, quien levantó su mano para captar la atención de Rey y Finn, quienes se acercaban rápidamente.
—Qué bueno verlos, maestros—exclamó Grogu sonriendo al ver a los Jedi llegar a donde estaban ellos, detrás de Beviin había una caja de madera.
—¿Ese es una transporte grysk?—preguntó Finn.
—Fue difícil capturarlo y los dueños están muertos, así que no reportarán una nave desaparecida—explicó Beviin—Grogu y yo los monitorearemos desde aquí.

Grogu accionó un mapa holográfico portátil, donde mostró el planeta Wobani ante ellos.
—En este punto hay una fábrica de dovin basals—explicó el pequeño alien verde, los Jedi se cruzaron de brazos—El plan es robar una nave cargada de estas rocas de coral. Su salida es la parte trasera de la fábrica. No sabemos si tienen esclavos como mano de obra o si son grysk, pero tengan cuidado. No hablen con nadie.
Beviin abrió la caja, los Jedi se acercaron para ver el contenido: dos armaduras y disfraces.
Rey asintió.
—Es suficiente, gracias por el apoyo, Grogu.
—Bien, es hora de empezar—exclamó Beviin mientras sacaba un datapad.

Rey y Finn sacaron las armaduras y los disfraces, luego se fueron hacia a unos arbustos donde empezaron a cambiarse. Una vez que terminaron, los dos salieron en diferentes extremos y guardaron las ropas Jedi en el baúl.
—Pareces genuino—exclamó Rey.
—Genial.
—Notarán también que en la garganta tiene un modulador de voz—exclamó Beviin, quien luego, les pasó dos audífonos—Pónganse estos, les ayudará a entender el idioma que hablan estos. Un gran trabajo de uno de los nuestros.
—Sus identificaciones. Les pertenecían a los grysk de esta nave—exclamó Beviin.

Agradeciendo, los dos maestros Jedi fueron hacia la nave grysk, Finn se sentó en la cabina de pilotaje, encendiéndolo.
Beviin y Grogu estaban un poco alejados cuando observaron a la nave de carga grysk alzar vuelo y desaparecer en medio de las nubes.
—Que la Fuerza los acompañe—susurró Grogu.

.

Rey cerró los ojos, dejando que la Fuerza la rodease, sumiéndose en un trance, buscando reparar algunas heridas emocionales por la pérdida de su hijo. Era muy complicado, aún dolía, pero necesitaba intentarlo.
En un momento a otro, la nave transporte grysk saltó al hiper espacio y en cuestión de minutos, salieron del hiper espacio.
Wobani se hallaba ante ellos como un óvalo gris, con una nave más grande de lo que ellos estaban, orbitando sobre ella. Finn observó varias naves de carga saliendo de allí, similares al suyo.
—Veo que hemos llegado—exclamó Rey, saliendo del trance—Mantén el curso.
La nave no iba muy rápido, pero se camufló con otras naves transporte que iban hacia el planeta. Atravesaron la atmósfera y vieron la fábrica ante ellos. Pero las naves recién llegadas tomaban otro rumbo, así que tuvieron que seguirlas para no levantar sospechas, tomando una ruta algo alejada de la fábrica.

Aterrizaron en una explanada llena de naves transporte, bastante transitadas y muchos grysk que iban y venían de un punto a otro.
La mayoría de ellos no tenían pinta de soldados, a excepción de algunos guardias que estaban en los techos y en la plataforma. Un grysk se acercó a los Jedi, que bajaban del transporte.
—¿Su bitácora? —exigió en su idioma natal, Rey le extendió un librillo gastado, el guardia asintió y les entregó a los dos, unas fichas, luego se fue.
—¿A qué se refiere con "quince"?—preguntó Finn al ver el número en su ficha.
—Posiblemente los días que estaremos aquí pero obviamente, no le haremos caso. Vamos, debemos entrar a la fábrica.

Los dos empezaron a borrar el cinco mientras caminaban, había un transporte a unos cinco metros de ellos, así que empezaron a caminar rápidamente hacia ellos cuando fue abordado por otro grysk, más viejo y fuera de forma.
—Deténgase—exclamó mientras extendía la mano, pero ellos al no comprender el idioma, pero si el gesto se detuvo, muy cerca de la fila de otros pilotos grysk— ¿Cuál es la prisa? Recién se está abordando.
—Lo siento, pensé que lo perdíamos—exclamó Finn.
—¿Viajan juntos? —preguntó entrecerrando los ojos.
—Sí.
—¿Sus fichas?
Finn le entregó la ficha.
—¿Cuándo llegaron?
—Ayer.
—Extraño. No los he visto.
—Claro que nos viste—exclamó Rey, hablando pausadamente y haciendo contacto visual con el grysk, quien parpadeó.
—Sí, creo que los vi.
Se quedó con las fichas, los dos avanzaron, pero el viejo agarró el hombro de Rey.
—Tú vas a esa fila.

Había otra fila de donde estaba, así que Rey, en silencio se cambió de sitio. Finn cerró los ojos y su mente se conectó con la de Rey, así poder encontrarse una vez que esté en la fábrica.
Se subió al aero transporte, donde se sentó en medio de dos jóvenes grysk. Era muy parecido a una porta tropas, con asientos de algas y paredes rocosas, había muchos grysk, con aspecto de estar aburridos o cansados. Finn notó que la mayoría de ellos solo eran pilotos y no soldados, había rostros jóvenes como también adultos.
—No te he visto aquí ¿Eres de la fábrica de Vjun? —preguntó un grysk de mediana edad.
—Sí—mintió, anotando el nombre del planeta en su mente.
—Tengo a un hermano ahí—exclamó el grysk soltando un bufido de cansancio—Nos dan días de descanso, pero eso no quiere decir que no nos llamen.
—¿Estabas de descanso y te llamaron a volar?
—Claro. Iba a verme con mi hermano en Shedu Maad, pero estos idiotas querían que transporte estos dovin basals.
—¿Shedu Maad? —preguntó Finn, con un encogimiento en su corazón, pero el grysk sonrió genuinamente.
—Es increíble lo que hicieron con ese lugar. Destruyeron esas pirámides para construir casas de coral para nosotros. Ahí vivo con mi familia, pero hace semanas que no los veo. Maldita guerra.
—Sí, la guerra nos impide hacer algunas cosas.
—¿Tienes familia?
—Sí, tengo una esposa e hija.
—Qué bueno—exclamó el grysk—Tengo tres hijas preciosas y una esposa amorosa. Lo que más deseo es que se termine la guerra…
—¡Deja de decir eso! —vociferó un joven—Deja blasfemar contra la guerra. Están limpiando la galaxia y el Supremo Soberano nos llevará a un nuevo hogar.
—Mi hogar está en Shedu Maad, jovencito. Solo me importa estar con mi familia.
—Deberías saber que ese planeta es temporal. Pronto arribaremos al nuevo hogar que está en el Núcleo.
—Pero no digas esas cosas—exclamó otro grysk—Si llegasen a oídos equivocados, pueden denunciarte y convertirte en Avergonzado.
El grysk se mordió los labios, Finn recordó el relato de Kai cuando escapó de Shedu Maad, donde un Avergonzado le ayudó.
—Solo porque eres un piloto conocido en el gremio, no te denunciaré—exclamó el joven, cruzándose de brazos. El otro grysk se inclinó hacia Finn, susurrándole.
—Te recomiendo que no cuentes a nadie más sobre tu familia—exclamó entristecido—Usarán eso para extorsionarte.
—De acuerdo—exclamó el primer grysk que habló que Finn—¿Cuál es tu nombre, nuevo? Soy Blaskir.
—Cuzklang—recordó Finn, el nombre que estaba en su identificación, el grysk asintió.

El transporte se detuvo, y eso significaba que habían llegado. Descendieron en tropel, Finn notó que había un buen número de pilotos y la Fuerza le decía que no estaban felices de estar ahí. Sentía un descontento y temor entre ellos, temor que los grysk de mayor poder tomen represalias con contra ellos o con sus familias.

Usando la Fuerza, se deslizó en medio de la muchedumbre, buscando a Rey, pero no la veía por ningún lado. Caminó por una pasarela donde había un gran ventanal donde en el piso inferior, se creaban y cultivaban dovin basals.
Se detuvo, observando horrorizado las condiciones que trabajaban los esclavos, entre humanos y otras especies de la galaxia. Controlados mentalmente, Finn podía sentir la angustia en ellos, no podían hablar, pero podía sentir sus emociones, ellos sufrían y deseaban morir.
Los guardias grysk, pasaban entre ellos, con látigos y con miradas de desprecio. Volvió su vista hacia el pasillo, notando que se acercaba un grysk y usando la Fuerza, sintió la conexión con Rey. Y una vez que llegó hacia ella, se detuvieron.
—¿Lo viste?—susurró Finn—No imaginé que sería tan terrible.
—Lo sé—Apenas puedo soportar toda esta energía negativa, el aire está muy denso.
—Sé lo que sienten—exclamó Finn mientras avanzaban por el pasillo rumbo a la zona de embarque—Tener tu mente secuestrada y seguir ordenes sin cuestionar. Con la diferencia, es que a mi no me implantaron un chip.
—Deténganse.

Los dos se detuvieron bruscamente, dándose la vuelta lentamente. Delante de ellos, se acercaba un grysk tan alto como un wookie y bastante fornido. Parecía que no estaba de humor y miraba a los pilotos con ojos acusatorios.
—¿A dónde se dirigen? Este pasillo está restringido para ustedes.
—Lo sentimos, nos perdimos—exclamó Finn—Somos nuevos.
—Se suponen que deben seguir al tropel hacia la sala de reuniones y no saltarse—exclamó el grysk, cuya capa verde ocultaba su fornido cuerpo, Finn vio la insignia e intuyó que debía tratarse de un soldado de alto rango. Sacó su couffe, colocando la hoja en el centro del pecho de Finn.
—Dense la vuelta y tomen otra ruta. Si los vuelvo a ver por otro camino restringido, los azotaré.

Guardó el couffe, luego se cruzó de brazos. Rey Finn se miraron entre sí y se dieron la media vuelta, regresando sobre sus pasos.
Después de dar tantas vueltas y seguir algunos pilotos grysk, llegaron a la zona de embarque, un lugar amplio y de techo abierto, había numerosas naves transporte y pilotos caminando por todo el lugar.
—Habrá que tomar uno al azar ¿verdad? —se preguntó Rey en voz baja.
—Vamos a ese.
—Pilotos.

Se dieron la vuelta, donde otro grysk se acercaba, pero este era delgado y alto, de rostro alargado y ojos cansados, se acercó con una libreta.
—¿Qué es lo que desea?—preguntó Rey, el grysk la miró y carraspeó.
—¿Tienen su autorización?
—Eh…
—Ya me lo imaginaba—exclamó frunciendo el ceño—No pueden tomar un avión sin pasar por la agencia—exclamó el grysk, señalando una pequeña oficina, no muy lejos de ahí. —¿Viajan en la misma nave?
—Sí.
—Entonces, díganle al encargado que viajan dos y se les dará el permiso para salir del planeta y el destino al que llevarán la mercadería.

Finn fue el que se acercó a la pequeña oficina, donde estaba una anciana grysk en medio de un papeleo, alzó su cansada vista al Jedi disfrazado.
—Vengo por…
—Sí, sí, ya sé—exclamó de mala gana mientras sellaba una delgada hoja de alga, luego lo firmó y alzó la vista hacia Finn—¿Viajas solo?
—No. Tengo un acompañante.
—Entonces, dime tu nombre y el de tu acompañante.
—Cuzklang y Zanhjar.
La anciana escribía casi con desgana en el formulario, luego abrió una libreta y nuevamente apuntó algunos datos y le entregó el papel a Finn, sin decirle nada más, agitó la mano invitándolo a salir.

Avanzó rápidamente hacia Rey, quien se había apoyado en la pared, ambos usaban la Fuerza para serenarse y no impacientarse, luego se acercaron raudamente hacia el grysk alto, quien se giró, mirándolos con cierta altivez.
—Los formularios.
—Muy bien—exclamó el encargado y señaló una nave carguera, muy cerca de ellos—De acuerdo con el permiso, se le asigna esa nave. Tendrán que ir a Kuat para descargar los dovin basals. ¡A moverse!

Esta vez corrieron hacia el carguero, subiendo por la rampa, avanzaron rápidamente hacia la cabina de pilotaje. Esta vez fue Rey quien se sentó en el sitio del piloto mientras Finn, presionaba algunos botones.
—Parece que transportamos unos ocho dovin basals.
—Suficiente para que Danni los analice, al menos que el mandaloriano desee quedarse con un par—exclamó Rey encendiendo la nave.

El carguero se elevó junto con otros, Rey se sumergió en medio de las numerosas naves, saliendo al espacio, esperando pacientemente el momento para tomar otro rumbo y no levantar sospechas.
—Las coordenadas están listas—exclamó Finn, Rey estaba concentrada, observando como cada nave saltaba al hiper espacio y cuando llegó su momento, lo hizo junto con otra nave.
Respiraron con alivio cuando las líneas plateadas figuraban en su transpiacero, quitándose solo las máscaras.
—Pensé que nunca se acabaría—exclamó Finn.
—Acabo de recordar que el Imperio bombardeó una fábrica hace unos meses—exclamó Rey con tristeza—Y hoy he visto a los esclavos. ¿Cuántos sufrieron una muerte atroz?
—Sí, lo sé—exclamó Finn—Pero fue al menos piadoso ¿no? Quiero decir, ellos estaban sufriendo y no hay manera para que vuelvan a ser ellos mismos.
—Por la Fuerza, espero que Han no sea como ellos.
—Sé que Han está escondido en algún lado—la consoló Finn—Es fuerte como tú. Sé que está buscando la manera de regresar.

Cuando el carguero salió del hiper espacio, estaba el planeta Ultaar ante ellos.
Una vez que aterrizaron, Beviin los ayudó a descargar un dovin basal para transportarlos al Halcón Milenario. Luego, el mandaloriano se acercó a la maestra Jedi.
—¿Hubo problemas? Han tardado un poco.
—Solo unos encuentros y papeleos, pero nada grave.
—Bien— Me llevaré los dovin para usarlos contra los enemigos—explicó Beviin—Gracias por ofrecerme algunos.
—Solo uno basta para estudiarlo—exclamó Finn—Que la Fuerza los acompañe.
Tomando caminos distintos, Rey vio a Grogu irse con el mandaloriano hacia la nave carguero, luego se subió al legendario Halcón Milenario.

Y una vez que los Jedi tenían sus uniformes puestos, fueron a la cabina de pilotaje. Rey encendió la vieja nave y el Halcón se elevó lentamente, deslizándose en medio de las nubes y saltó al hiper espacio.
Lo único que pensaba Finn era en esos grysk pilotos, que solo querían descansar. No estaban contentos y podría usar eso a su favor. Tendría que mencionarlo en la reunión de maestros.


Dac, un planeta acuático, aunque también con unos pocos islotes y atolones en su superficie, hogar de los Mon calamari y quarren. Aunque en la superficie no había nada más que agua, solo en las profundidades había una gran cúpula que albergaba la ciudad submarina de Mon Cala.
Una gran plataforma emergió en la superficie donde lanzaderas y Ala X aterrizaron sin problemas, luego, un gran domo cubrió la plataforma de aterrizaje y este descendió hacia el hangar del gran domo de las profundidades.
Alrededor de Dac, orbitaban los cruceros, tanto de la AG que habían llegado como los del tipo calamari.

Una vez que las lanzaderas ingresaron en el hangar del domo acuático, el rey Vear Akin los esperaba con las manos a la espalda, protegido con un séquito de guardias calamaris.
Los pilotos y los ocupantes de las lanzaderas empezaron a bajar de la nave.
Los nuevos tiempos ahora permitían que los visitantes no necesitasen usar cascos de oxígeno para caminar por la ciudad acuática, libre de agua, debido a que el líquido elemento solo estaba en los exteriores. Pero aún así, los calamari tenían ambientes acuáticos como los centros de comando y de inteligencia.
Kaydel, Rafan y Aftab se acercaron al rey Akin, quien extendió la mano para saludarlos.
—Bienvenidos a Dac—luego sus bulbosos ojos fueron hacia Aftab—Bienvenido de vuelta, comandante Ackbar.
—Gracias por acogernos—exclamó Kaydel—Tenemos poco tiempo ¿está Ackdan aquí? Perdone mi insistencia.
—Lo está, los guiaré. Por cierto, sé que no tenemos tiempo, así que hemos armado un estrado para dar el anuncio.

Tanto Kaydel como su esposo Rafan, así como también Ackbar, Sunspot y Lawra Carik siguieron al rey al interior.
Poe se quedó en el lugar, muy cerca de la nave y con su droide pitándole desde el suelo.
—Sí, nos quedaremos un rato aquí—exclamó el piloto, soltando un suspiro de cansancio, luego su vista fue hacia los hijos de Kaydel, Iella y Adran, dos adolescentes, quienes estaban con Tallie.
—Poe ¿vamos a por un caf? —preguntó Jess, el piloto volteó a mirarla. Ella también tenia un semblante cansado y ojeroso, pero, aun así, se esforzaba para sonreír—Estoy a cargo de los chicos de Kaydel e íbamos al comedor por un caf ¿Te unes?
—Sí, necesito un caf cargado—exclamó Poe asintiendo.
Poe siguió a su amiga y compañera de escuadrón a la cafetería, con BB—8 rodando a su lado.

.

Era una sala iluminada de azul, Ackdan estaba sentado cuando se acercaron Kaydel y el resto de los militares al lugar. El anciano calamari se puso de pie, ayudado por un bastón y volvió a toser. Ackbar se preguntaba si hacia lo correcto nombrar a Ackdan como nuevo líder, viéndolo enfermo y algo débil.
— ¿Está seguro, ex Jefe de Estado? —preguntó el rey Vear, preocupado.
—Nunca estuve más seguro—exclamó Ackdan—Sé lo que piensan ¿Cómo este enfermo y débil puede dirigirnos? Pero esa es la cara no mostraré al público. Sí, reconozco que estoy débil pero mi espíritu es más fuerte que el coral enemigo.
—Confiamos en usted, señor Ackdan—exclamó Rafan Harik—Podemos dar vuelta a esto.
—Entonces, hagámoslo. Que los grysk sepan que no nos han derrotado.

Una vez que salieron del hangar y llegaron en minutos a la Cámara de diputados, Ackdan se acercó al estrado, sin bastón y apoyándose en el atril. Los diputados calamaris y quarren se pusieron de pie cuando el rey Vear se sentó a la espalda de Ackdan.
Kaydel, Ackbar y el resto de los militares miraban en una puerta lateral, alejados del estrado.
La sala era enorme y de forma cóncava, al fondo estaban los holo reporteros y las cámaras que registrarían el momento, la transmisión seria pasada por la holored donde el resto de la Alianza los vería.
—Estoy seguro de que han escuchado los rumores sobre Taris y Coruscant—exclamó Ackdan paseando su vista hacia la multitud—Es cierto, los grysk han conquistado el Núcleo Profundo, algo que sabíamos que pasaría y ha pasado. Fey'lya ha muerto en Taris, dejando un vacío de poder. El comandante Ackbar me ha elegido para levantar la antorcha e iluminar el camino oscuro que se avecina. Ciudadanos, no nos rindamos, los grysk no han ganado la guerra. Si ellos buscaban un hogar donde asentarse, podíamos haberles buscado un lugar inhabitado, pero con un clima que puedan adaptarse. Podríamos haberles ofrecido una mano, pero en lugar de eso, han decidido destruir nuestros mundos, asesinando y destruyendo nuestro estilo de vida. Yo asumí cuando la galaxia necesitaba un líder que los llevará a la victoria cuando se ganó la batalla en Exegol y nuevamente, asumo este rol para iluminar el camino. Dac no solo es mi hogar, también es el hogar y el corazón de la galaxia que se resiste a caer. No nos rendiremos, seguiremos avanzando, hasta derrotar a nuestros enemigos.

Cuando terminó su discurso, el resto de los presentes se pusieron de pie, rompiendo en aplausos y vítores, coreando el nombre del nuevo Jefe de Estado, algunos quarren se quedaron sentados, con los brazos cruzados.
Ackdan sentía como cedían sus piernas, pero se mantuvo firme y levantó una mano para saludar a los diputados.
Kaydel sonrió.
—Lo logramos ¿verdad? —susurró Ackbar—Ahora creo que se tomarán las decisiones correctas, solo espero que no sea demasiado tarde.
—¿Tarde? Esto recién empieza—susurró Kaydel—Conocí a Ackdan cuando tuve que tomar el control de la Resistencia. Creo en él.


Coruscant, otrora capital de la Antigua y Nueva República, estaba rodeada de mundonaves y naves grysk. Sus calles estaban inundadas de tropas enemigas que conducían a los ciudadanos grysk a sus nuevos hogares.

El Supremo Soberano, veía toda la ciudad desde el ventanal de su nuevo palacio capturado, su sonrisa era amplia mientras sus ojos centellaban de júbilo.
—Hemos encontrado nuestro hogar ¿verdad, señor? —exclamó Onimi, el bufón grysk que estaba subordinado a Vol Arun.
Detrás de él, hizo su aparición el Ejecutor Vanuuri Nar, Vol Arun se giró para observar al recién llegado.
—¿Han encontrado al científico? —preguntó Onimi, arrastrándose en el suelo, luego colocó ambas manos en su rostro.
—No—miró con desprecio al grysk de menor tamaño.
—Eso no importa—exclamó Vol Arun acercándose un poco y pateando a un costado a Onimi—Hemos tomado el centro de la galaxia. Este planeta es ahora nuestro hogar.
—El hogar que nos profetizó Yungrysk.
—Informa a toda la galaxia, que dejen de referirse con su nombre anterior. Ahora es Grysk'tar, tal como se llamó nuestro hogar primigenio.
—Lo haré, mi señor—exclamó Vanuuri inclinándose levemente.
—Y ahora, dirige tus operaciones en Taris. Ahí será el abastecimiento de las tropas. Ahora vete.

Vanuuri se fue sin decir nada más, entonces Vol Arun volvió a su atención hacia la ciudad. Era su nuevo hogar y eso les estaba diciendo a su pueblo. Era el salvador, era el líder, casi cercano al dios Yungrysk, pero había un detalle que omitía a propósito, para mantener cautivada a su gente. No estaba vivo, no se movía, pero era solo un mito.
Su rostro se relajó, y Onimi se puso de pie, avanzando al ventanal, sonriendo con absoluta locura mientras Vol Arun, tenía la mirada perdida.