Kaydel ingresó a una sala de reuniones, pero solo estaba Ackbar y un holo encendido, donde se veía el busto del Jefe de Estado. Saludó con un asentimiento, luego miró al comandante Ackbar.
—Me informaron que me estaban llamando.
—Sí, yo lo hice—exclamó Ackdan, el lugar estaba poco iluminado, a excepción del holograma que teñía de azul el ambiente—¿Han llegado los Jedi?
—Sí, e igualmente el Consorcio está aquí.
Ackdan asintió, Ackbar miró con tristeza a Kaydel, quien luego se dio cuenta que esa no era la razón porque estaba allí.
—Pero estoy aquí por otra cosa ¿verdad?
—Sí—suspiró Ackdan—Todos están aquí y confío en una gran victoria que los haga retroceder por primera vez desde que empezó la guerra. No veré el final de la guerra, Kaydel.
—¿A qué te refieres?
—Pensé que superaría esta dolencia, Kaydel, pero el sanador solo me informó que ponga en orden mis asuntos. Perderé esta batalla, pero no la guerra con los grysk—luego su vista fue a Ackbar—Hablé con Aftab y el resto de la comitiva militar. Estuvieron de acuerdo que tú seas la que asuma la antorcha una vez que me haya ido.
Kaydel empalideció, y nuevamente sintió el peso de la responsabilidad en su espalda, el mismo peso que cargó cuando asumió el control de la Resistencia.
—Ackdan…no sé qué decir.
—Podrías aceptarlo—exclamó Ackbar.
—Eras joven cuando asumiste el control de la Resistencia. Ahora, con experiencia, sé que lo harás mejor.
—No contaba con esto.
—Yo tampoco, Kaydel—dijo Ackdan—Yo disfrutaba mi tiempo en mi apartamento cuando los grysk atacaron y realmente, sentí mucha presión cuando Ackbar me lo contó. Acepte porque sentía que debía ser yo quien tome las riendas del asunto, pero esta enfermedad, me ha consumido y no veré el final del horizonte.
Kaydel respiró hondamente, aun sintiendo un poco de nervios.
—Lo haré.
—Gracias, Connix Harik. Sé que lo harás bien.
"Oh tal vez, ganemos aun cuando estés vivo" pensó mientras se despedía con una venia y se retiraba de la sala.
Caminó unos metros y luego se detuvo para tomar aire.
"¿Asi te sentías, general Leia?" se preguntó mientras volvía a reanudar su camino—"¿Sentías este peso sobre tus hombros? ¿Cómo lo hiciste?"
Se detuvo muy cerca del comedor cuando vio a Rey en una mesa con Poe, ambos se veían de mejor humor. Luego recordó una vez, hace ya un tiempo, cuando Rey le contó que Leia habló con ella como fantasma de la Fuerza, una vez que terminó la guerra con la Primera Orden. En ese entonces, tuvo una pizca de celos y ahora, deseaba, aunque sea por un minuto, ser sensible a la Fuerza para hablar con ella.
"Puedo hacerlo" pensó mientras sentía a Rafan a sus espaldas.
—¿Pasó algo en la reunión con Ackdan? —preguntó el hombre.—No digas nada, pero él…está muriendo, Rafan—susurró—Posiblemente no llegue al final de todo esto y entonces—levantó la vista—Me nombró su sucesora.
—¿Cómo te sientes?
—Nerviosa, a pesar de que no lo soy todavía.
—Lo harás, bien, Kaydel. Tu liderazgo después de Exegol fue vital para nuestra victoria. Confío en que lo harás lo mismo.
—Pero ¿Si no llego a ser como la general Leia?
—La general Leia fue ella misma y no habrá otra igual a ella. Pero tú eres Kaydel, una persona genuina y no otra Leia.
—Tienes razón—sonrió con pesar—Puedo hacerlo.
Un grupo de cazas Ala Y, y un desgarrador chiss, quien se unió cuando se detuvieron previamente en Duro; salieron del hiper espacio y lentamente, se dirigieron al crucero estelar Sueño Rebelde.
Una vez que los pilotos descendieron de sus cazas, Tallie se acercó al grupo. Luke se lanzó sobre su hermana antes que ella pudiera decir algo.
—¡Tallie! Te he echado de menos.
—Bueno, yo también…pero me estás dejando sin aire.
—Je, lo siento—exclamó Luke, sonriendo con jovialidad, recibiendo una palmada en la espalda de parte de su hermana menor. Shara se acercó.
—¿Asi que esta es la banda que has formado? —preguntó Tallie, asintiendo—Creo que solo conozco a Rori—sonrió a la mencionada.
—Me alegra verte de nuevo, Tallie.
—Chicos, quiero presentarles a Tallie, la última de nuestro escuadrón. Es hija de Jess Pava, una de las heroínas de la Resistencia y amiga de mi papá—luego miró a Tallie—Te presento a Lowie—el wookie levantó la mano con un rugido amistoso—El que está a la derecha es Ken Sollmana; el siguiente es Kaity Katz; ya conoces a Rori; a su espalda está Alema Rar y el chico del traje negro es Jatson Irard, un amigo que conocí en Ithor.
El mencionado asintió.
—Bien, gusto de conocerlos a todos—exclamó Tallie—Ahora es mi turno de mostrarles la nave. Vengan, vamos a caminar un rato.
Rori se colocó al costado de la joven piloto, mientras el resto iban a la espalda de ella, a excepción de Alema, quien rodó los ojos y argumentó que iba a estar en su nave.
Tallie les mostró algunos lugares del crucero, el paseó no les tomó más de quince minutos cuando decidieron regresar al hangar, a excepción de los hermanos Syndulla y Shara; quienes fueron hacia el pequeño comedor donde estaban sus padres.
Jess abrazó a su hijo con efusividad, mientras Shara se acercaba a Poe, quien se había puesto de pie, junto con Rey.
—Qué bueno verte—exclamó Rey.
—Hola, papá—exclamó Shara, Poe se acercó a su hija, y la abrazó.
—Qué bueno verte.
—Formé mi escuadrón, tiene el nombre de Soles Gemelos.
— ¿Soles Gemelos?
—Lo hice en honor al maestro Luke—exclamó Shara—Ya sabes, el legendario Jedi.
—Sí, él lo hubiera apreciado.
—Cuídate, Shara. Yo estaré ahí también para ayudarte.
—De acuerdo, papá. Ahora debo regresar al hangar.
El veterano piloto abrazó a su hija nuevamente, luego ella, junto con Luke, abandonaron el lugar.
—Aún no me acostumbro de tener a mis dos hijos en el frente—exclamó Jess, abatida.
—Igualmente, Jess.
Tanto Luke como Shara, llegaron al hangar donde encontraron a sus compañeros del escuadrón, arremolinados debajo de un caza estelar Ala Y. Una vez que los dos se sentaron, Tallie empezó a contar algunas historias.
No pasó mucho tiempo para que las alarmas saltasen y una voz en el parlante, ordenaba a los pilotos a subirse a los cazas. Los grysk habían llegado al campo de batalla.
Shara se colocó el casco y junto con los demás, se subieron a los Ala Y.
Sus mentes se unificaron como la única manera de comunicarse, a excepción de Jats, quien conectó su radio con la de su amiga Jedi.
Sunspot vio como llegaban cada nave grysk, incluyó llegó a contar tres mundonaves. No había ninguna duda que los invasores buscaban tomar el planeta como suyo. El corelliano levantó la mano, chasqueando los dedos y un joven se acercó con un proyector holográfico del tamaño de la palma de su mano.
—Descanse, alférez.
Cuando encendió el proyector, una imagen azul parpadeante se apareció, mostrando el busto de un hombre adulto.
—Capitán Oniho Zaya, es muy probable que los grysk intenten hacer una invasión terrestre. Las mundonaves están aquí y he captado lanzaderas porta tropas.
—Entendido, general Sunspot.
—¿Los droides están listos?
—Están desplegados y preparados para recibir a nuestros invitados.
—Muy bien. Recuerde, capitán Zaya: No prisioneros ni heridos. Acabe con todos ellos, sin excepción.
—Lo haremos.
Cortó la transmisión, y tal como lo había informado al capitán, podía ver las naves transporte dirigiéndose al planeta, se acercó a sus analistas.
—No los ataquen. Nuestros droides de combate les dará la bienvenida.
No estaba preocupado por los corellianos de a pie, ya que habían tenido semanas para evacuarlos a la mayoría mientras otros, se refugiaban en los subterráneos.
El alférez se acercó al general corelliano.
—El capitán del Punto Central ha informado que sus cañones están cargados.
—Muy bien. Dile que apunte a las mundonaves.
El alférez asintió, y sin alejarse, acercó su comunicador, dando la orden del general Sunspot. De un momento a otro, el poderoso láser expulsado por el Punto Central destrozó a dos mundonaves y agitando al tercero, dando vueltas sin control.
—Muy bien. Es ahora cuando soltaran a los dovin basals y aquí termina la posición ofensiva del Punto Central. Dígale que adopte posición defensiva, será el escudo del planeta.
—A la orden.
Ar'lat Losh, comandante supremo grysk, observó horrorizado como aquella estación de batalla pulverizaba en su camino a dos mundonaves. Estaba al tanto de la existencia de la estación y su participación en Fondor.
—¡Suelten a los dovin basals!
Los AG habían dado el primer golpe, y sería el ultimo. Las ocho naves de batalla grysk estaban expulsando los dovin basals, además ordenó que el tercer mundonave se retirase de la zona de combate.
Las cazas coralitas salieron de forma disparada hacia el campo de batalla, empezando a luchar contra los escuadrones enemigos. También notó la presencia de los miktralanos y naves calamaris.
Desde la nave dragón capital de Miktraland, Tara se sentó en la pasarela, alarmando al capitán que estaba a su costado.
—No te preocupes, no me pasará como a mi mamá.
—¿Cómo puede estar segura, condesa?
—Los corellianos aprendieron la lección de la otra vez—exclamó Tara cerrando los ojos—No sabían que los dovin basals podían desviar la trayectoria del disparo. Ya dispararon y los dovin estaban sobrevolando el espacio.
El hombre no quedó muy conforme pero no replicó nada, Tara respiró hondamente. En el fondo estaba un poco nerviosa en hacer lo mismo que hizo su madre, pero al abrirse a la Fuerza, sintió la presencia de la maestra Rey y de Shara. Un poco más calmada, buscó la mente de sus pilotos de caza.
—Despliega al escuadrón Dorado, que el resto se mantengan en espera. Que los dragones Sivoria y Farnica adopten posiciones defensivas. Que el Selab ataque a ese destructor que se está acercando.
—A la orden, condesa.
El escuadrón Picoacero solo sobrevolaba por encima del crucero Sueño Rebelde, Rey analizaba la zona de combate mientras los maestros Jedi esperaban pacientemente. Mediante el enlace mental de la Fuerza, podía comunicarse con sus compañeros.
—Han soltado los dovin basals. Iremos a por ese crucero antes que arroje más—exclamó Rey mentalmente. Vamos.
El escuadrón Jedi volaron con gran rapidez, sin ser detectados y esquivando a los coralitas. Rey siguió adelante junto con Teyni y Jacen hacia el destructor grysk mientras el resto les abrían el camino.
Vio el generador de escudos, Jacen captó el pensamiento de la maestra Jedi, disparando contra ella y el escuadrón en conjunto, se reunificaron juntaron nuevamente, y en cuestión de segundos, lanzaron las bombas de plasma hacia el crucero. Esta empezó a sufrir explosiones continuas, partiéndose en tres pedazos mientras Rey y su equipo se alejaban de la escena.
El comandante Losh estaba perplejo al ver como un destructor estallaba de un momento a otro.
—Señor, algo está disparando contra las naves, pero no lo podemos ver en el radar.
—Suelten los coralitas. Que salgan todos.
Rey seguía destruyendo los escudos protectores de los enemigos mientras las naves miktralanas disparaban contra otra.
Tara abrió los ojos cuando sintió una nave dragón destruirse y algunos cazas desaparecer de un golpe. Su ayudante le informó que los dovin basals estaban provocando algunos problemas a los pilotos.
—Manténgase firme—exclamó Tara, pero esta vez no cerró los ojos, manteniéndolos abiertos, pero con la Fuerza fluyendo sobre ella—Aléjense del centro donde están la mayoría de los dovin y atacarlos por los flancos. Que se dividan en dos grupos, uno de ellos debe ser el que los distraiga.
—A la orden.
Shara estaba un poco nerviosa pero ya habían logrado destruir dos coralitas. Su escuadrón respondía muy bien a pesar de que solo dos de ellos se comunicaban por radio mientras el resto tenían sus mentes enlazadas en uno. Echaba de menos su viejo Ala X, pero el caza Y no estaba mal pero no estaba acostumbrada a ello.
El escuadrón Soles Gemelos se dividieron en dos grupos, el primer grupo fue liderado por Alema, dirigiéndose al planeta para apoyar al escuadrón de Poe, quien ingresó a la atmosfera para interceptar a los coralitas y transportes de tropas.
Mientras el otro grupo, dirigido por Shara, esquivaba los dovin basals mientras atacaban a los coralitas. Caity y Lowie se alejaron de los dovin que se acercaban a ellos.
—¡Tengo uno a la cola! —exclamó Jats por medio de la radio, Caity se quitó de encima de un coralita y destruyó al perseguidor de Jats.
—Aléjense de los dovin. Los Picoacero se encargarán de ellos—exclamó Shara. Giró su caza para disparar a otro coralita mientras Luke giraba para esquivar los disparos de un caza enemigo que empezó a hostigarlo, pero esta vez, Jats logró ayudarlo, pero no había visto a dos enemigos que aparecieron tras dar una vuelta completa del crucero Sueño Rebelde.
Abrieron fuego, Jats maniobró el caza a duras penas para salir airoso del ataque, pero uno de ellos, logró darle superficialmente en el ala de su desgarrador chiss.
El motor empezó a humear, Jats se dio cuenta que estaba en peligro, pero estaba rodeado de tres coralitas que empezaban a rodearlo como nexus hambrientos.
Luke y Lowie iban a ayudarlo en su problema, pero los grysk interrumpieron su camino, pero Shara tenía un nudo en la garganta al ver a su amigo siendo perseguido por aquellas cazas enemigas. No estaba segura de cuánto tiempo podía aguantar en el espacio antes de ir al crucero.
—Te ayudaré, Jats. Mantente en movimiento.
—Shara, no. Ya me las arreglaré, necesito que lleves a Lowie al destructor enemigo.
—No te dejaré lidiar con ellos, Jats. Fin de la conversación.
Shara aceleró el caza, sintiendo los dedos entumecidos por presionar el timón fuertemente. Kai, Anni, sus compañeros del escuadrón de Zay. Tantas personas que le importaban habían muerto en la guerra y no iba a permitir que otro muriese. Le importa Jats, con la sola idea de perderlo…no quería ni pensar. Había perdido el control cuando sus hermanos murieron, pero si él moría, tal vez cruzaría un camino que nunca regresaría.
Disparó contra un coralita, el otro disparaba contra Jats mientras el otro coralita se alejaba para atacar a la joven Jedi, pero ella apretó los dientes y giró con gran rapidez para disparar dando vueltas como una peonza.
Jats se elevó, su sistema le informaba que un disparo más seria su fin, y entonces se percató que Shara destruía a otro a bocajarro y se colocaba a la misma altura.
—Shara, te dije…
—No te iba a dejar solo, Jats. Silencio, te ayudaré a escoltar al Sueño Rebelde. Luego regresaré al combate.
Jats se humedeció los labios y respiró hondamente mientras seguía el Ala Y de Shara hacia el crucero.
—Gracias, Shara—musitó en la radio, pero no recibió ninguna respuesta.
Luke y Lowie recibieron las ordenes de Shara de atacar directamente al destructor grysk, y entonces ambos Jedi, volaron velozmente hacia la nave enemiga, junto con otras cazas corellianas.
Ar'lat Losh, por primera vez, se mostró impaciente y bastante nervioso al ver como otro destructor se partía en dos, en medio de explosiones magnas. Se acercó al alférez.
—Informe del planeta ¿Han logrado tocar tierra?
—Sí, pero fueron contrarrestados por la artillería antiaérea y los cazas enemigos. Los que llegaron a tocar tierra fueron ultimados por droides de guerra.
—¿Droides de guerra? —preguntó contrariado.
—Apenas sabemos de ellos, señor. Ya no responden a los mensajes.
Ar'lat se humedeció los labios ¿el enemigo había conseguido mejorar a sus tropas? Desconocía la nueva maquinaria enemiga y si ellos provocaban bajas altísimas, entonces estaba de más exponer a sus soldados. El comandante supremo se masajeó el puente de la nariz, sin tener ninguna idea de cómo revertir el curso de la batalla, que, por primera vez, sentía que iba a perder.
Los grysk nunca se habían rendido, rendirse era algo punible en su cultura y el comandante supremo estaba dispuesto a asumir la culpa y el castigo. No iba a sacrificar a más vidas grysk.
—Prepare el salto hacia Exodeen.
—¿Hacia la base del Comandante Kresh?
—Sí— y miró al alférez con dignidad—Perdimos, y no permitiré que más soldados mueran en una batalla que ya está perdida. Prepare el salto y asumiré el castigo que me pueda dar el Maestro Bélico.
El alférez grysk estaba estupefacto y casi ofendido al escuchar las palabras del comandante.
—No nos importa morir aquí.
—Es una orden, alférez. E incluso el mismo Yammka ve la retirada como una opción estratégica.
Su rostro se contorsionó del desprecio absoluto hacia el comandante, perdiendo todo el respeto que le tenía, pero no habló más. Sin inclinarse como ordenaba el protocolo, se giró y fue directamente hacia la tripulación que manejaba los controles del destructor, ordenando una retirada hacia el planeta Exodeen.
Sunspot exhibía una sonrisa de suficiencia al ver las pocas naves enemigas saltar al hiper espacio, Kaydel se acercó, colocándose a su costado izquierdo.
—Gran victoria, Sunspot.
—Gracias, exdirectora Connix—exclamó el corelliano mientras sacaba su holo, donde una figura azulada apareció.
—General Sunspot—exclamó el capitán Oniho—Corellia está a salvo. Toda nave enemiga fue destruida por nuestros droides CG.
—Fantástico—exclamó Sunspot—Dígale al encargado de tierra que la batalla se terminó. Corellia está a salvo, gran trabajo.
—Me alegra oírlo, general.
Se cortó la transmisión, la vista de Sunspot se encontró con la de Kaydel.
—Parece que los droides han mostrado su eficacia. Envíale mis felicitaciones a la empresa.
—Se lo haré llegar.
—Me alegra que, a pesar de las derrotas previas, se hayan mantenido a nuestro lado.
—Nuestra lealtad está con la AG, no con Fey'lya. Ahora está con Ackdan.
Kaydel asintió y abandonó la pasarela, dejando al hombre, quien volvía su vista hacia el espacio, mientras el planeta se asomaba ante él y los analistas se abrazaban eufóricamente.
El hangar estaba repleto de pilotos jubilosos, todos se abrazaban y cantaban de alegría, además también lo hacia el personal mecánico. Rey bajó de su nave junto con su escuadrón al completo, con una gran sonrisa en el rostro.
—Buen trabajo.
—Esto les subirá la moral—exclamó Jacen mientras miraba entre el público que festejaban—Ya necesitaban una victoria como esta.
Rey notó que el escuadrón de su hija acaba de aterrizar, seguidamente junto con el escuadrón de Poe.
—Bueno, descansen un momento antes de partir a la base—exclamó la maestra Jedi, pero a diferencia de los pilotos, no se unieron a las celebraciones, alejándose un poco del bullicio generalizado.
Jacen abrazó a su esposa Jess, seguidamente Tallie y Luke; quienes se acercaron rápidamente hacia ellos, abrazándolos efusivamente. Mientras Poe sorprendía a Rey por la espalda.
—Estas bien—exclamó Rey—Completo y a salvo.
—Igualmente tú—exclamó el piloto mientras BB—8 emitía pitidos de alegría mientras R2 D2 se acercaba a ellos, emitiendo pitidos a BB—8; dejando en claro que le molestaba los pitidos altos de la droide bola.
Rey sonrió divertida mientras Poe la abrazaba, luego su vista empezó a buscar a Shara entre el gentío. La maestra Jedi vio a su hija con Jats, dirigiéndose a un lugar más apartado de lugar. Poe intentó captar la atención de su hija, pero la maestra Jedi, lo llevó a otro lado.
—¿Qué? Quiero saludar a mi hija.
—Ella está bien—exclamó Rey—Pero dejémosla un rato con su amigo.
Shara llevó a Jats a la espalda de unas cajas enormes, tapando la visión de los pilotos, y un poco alejado de las naves y del bullicio. Ella se cruzó de brazos.
—Gracias, nuevamente—exclamó el piloto, restregándose la cabeza.
—No quiero perderte, Jats—exclamó Shara, agarrando ambas manos del chico—Pero no vuelvas a decirme que te abandone cuando estés en peligro.
—Pensé que lograría zafarme de ellos.
—¿Zafarte? No podrías llegar al crucero con un motor dañado.
—Lo sé, error mío. No soy un Jedi.
—No es cuestión de ser un Jedi. Un Jedi también hubiese muerto con un motor dañado y siendo rodeado de grysk—exclamó Shara—No quiero perderte.
Shara bajó la vista, Jats se sintió apesadumbrado.
—Yo hubiese hecho lo mismo—exclamó Jats—Ahora que lo pienso, yo te hubiera sacado del lio…si las cosas fueran al revés.
—Lo sé—exclamó Shara, mirando al piloto con intensidad—Me gustas, Jats. Me gustas mucho.
Jatson Irard parpadeó de la sorpresa, podía ver el rubor en sus mejillas. Y sonrió con timidez, sintiendo calor en el cuello. Su corazón se aceleraba y presionó con suavidad las manos de ella, tan cálidas como podía sentirla.
—También me gustas, Shara.
Shara sonrió con timidez, y los siguientes segundos fueron solo miradas de dos tortolos adolescentes, sin decir algo más. Entonces, la joven Jedi abrazó la cintura del piloto, quedando muy cerca de él. Jats podía ver las pecas de la chica del que estaba enamorado desde que la vio en Ithor, sus ojos avellanos recorrían sus labios y cerró los ojos. Los labios de Shara fueron lentamente hacia los labios del piloto, fusionándose y rozando con suavidad.
Parecía que el tiempo se había detenido y que los ruidos de la celebración habían terminado abruptamente, pero ellos estaban concentrados en el beso. Lo que pareció una eternidad, fue solo unos segundos cuando se separaron.
—Shara.
—Vamos, vamos a celebrar con el resto del equipo—exclamó Shara, tan roja como su uniforme de piloto. Jats asintió con torpeza y juntos salieron detrás de las cajas, corriendo hacia su grupo de pilotos, que se habían reunido no muy lejos de ahí.
Un solitario transporte grysk superó el bloqueo de tres destructores para cruzar el camino hacia el planeta que tenía enfrente.
No tenía apuro, el transporte avanzó sin más problemas, atravesando la atmosfera y luego, aterrizó en un terreno seco y descampado, bajo un cielo rojizo.
El piloto, un grysk, se giró nerviosamente, con las manos en alto e implorando en su idioma. Tedney, que estaba a su espalda, lo miraba con desdén. El sable de luz lo tenía en su mano sin encenderla, no entendía ni una palabra que le decía el grysk, pero podía sentir el miedo y el terror en él, sus ojos estaban húmedos, casi al borde del llanto.
—Supongo que me ruegas por tu vida, pero ¿Qué pasa con los que ustedes mataron? ¿Acaso ellos no merecían vivir? ¿Por qué debería dejarte vivo, alimaña?
Las pistas le decían que posiblemente, Han Dameron podría encontrarse en el planeta y por ello, robó el transporte de este grysk y que lo ayudó a superar el bloqueo. Solo faltaba confirmar.
Encendió su sable de luz, y con un giro de su muñeca, la cabeza del grysk rodó hasta perderse de vista. Sentía que perdía el rumbo, sabía que las cosas que estaba haciendo no eran algo que haría un Jedi, pero estaba a punto de perder la paciencia. Necesitaba algo para que los demás Jedi dejen de verlo como un rebelde que rompe las reglas. Si recuperaba a Han, tal vez ellos dejarían de verlo así y seria visto como alguien respetable.
Salió del transporte, caminó un largo trecho hasta llegar al borde de la meseta donde había aterrizado. Lo que una vez los edificios altos se erigían imponentes en el lugar, ahora yacían destruidos y ocupados por torres de coral. Algunos cazas coralitas sobrevolaban con rapidez hasta perderse en las nubes.
Rogó que Han no se haya convertido en un esclavo, deseando con todas sus fuerzas que el chico solo esté escondido en algún lugar.
Tedney empezó a descender al infierno.
