Fue mi culpa, desde un principio.
Nunca debí haberte aceptado aquella noche, cuando llegaste a mí implorando que te enseñara mejores técnicas, para así llegar a mi nivel y poder protegerlo mejor.

No debí llevarte a entrenar a mi lugar preferido, lejos de los demás.
No debí observarte entrenar tan duro ni verme reflejado en ti.
No debí apoyarte, no debí estrechar lazos contigo.
Debí haberte tratado como a todos los demás, como nada especial.

Pero no pude, porque me hiciste caer.
Y es que esos ojos retadores en tal cara angelical pueden obtener a cualquiera, lo reafirmo.
No debí correr a auxiliarte aquella vez, no debí tomar tu rostro y por supuesto nunca debí besarte.
Pero tú tampoco debiste corresponderme.

Por supuesto no debímos seguir viéndonos después de eso.
No debí llevarte a mi habitación y no debí haberte hecho el amor como lo hice.
No debí embriagarme de tus gemidos y fluidos.
No debí descansar mi rostro en tus pechos, porque ahí me dí por perdido.

Porque no importa la manera en que te trate, tu objetivo es el mismo.
Solo en la cama me obedeces, pero para mí eso no es suficiente.
Quiero tus ojos en las mañanas, tus sonrisas en las tardes y tus caricias por las noches.
Quiero tu cuerpo, tu mente y tu alma.

Te quiero para mí, pero nunca será.
Porque no me perteneces, lo sé cuando te veo, portando orgullosa tu bufanda.
Perdóname Mikasa.
No debí enamorarme de ti.