Ciel muy triste lloraba por esta nueva humillación solo pensaba en como irse de ahí pronto, las opciones eran arriesgarse a salir al mundo aunque no tuviera nada o seguir allí sufriendo tantas ofensas que no merecía.
—No llores… Ella no merece tus lágrimas.
Le trataban de animar sus amigos, mientras consolándolo le acariciaban el cabello.
—No quiero ver a nadie… Déjenme solo. —Les pedía entre sollozos, sus amigos se negaron al principio pero después cumplieron su petición.
El joven trataba de no llorar pero en este momento sentía que extrañaba a sus padres, no entendía por qué lo dejaron solo entonces una extraña risilla interrumpió sus deprimentes pensamientos.
—Ji ji ji —Era el eco de esa rara risilla.
—¿Quién anda ahí? —Murmuró atemorizado aunque pretendía hacerse el valiente.
—¡Hola querido!
Era el saludo de un hombre de larga cabellera platinada que tenía el rostro cubierto por un largo flequillo además parecía flotar un poco mientras brillitos aparecían a su alrededor.
—¿Quien eres? ¿Qué haces aquí? —Nervioso cuestionó tomando uno de sus zapatos se lo lanzaba pero este lo esquivó.
—¿Por qué tan agresivo? —Dijo a lo que Ciel lo miró mal y sin responder su pregunta se prestaba a lanzarle el otro zapato— No deberías maltratar a tu hada madrina… Vengo a ayudarte…
—¿Mi hada madrina? Eso no existe…
—Y los ratones que hablan es muy normal… ¿No? —Con sarcasmo decía este extraño ser— Todo aquí es mágico y yo solo vine a ayudarte con mis brillitos.
Ciel acertó a mirarle mal por su forma tan descarada de hablarle junto con esa sonrisa burlona que no se borraba de sus labios hasta había olvidado que estaba llorando por lo acontecido.
—Haré que vayas a la fiestita que tanto querías ir. Ji ji ji
—No quiero ir a ningún lado ahora… Estoy cansado de soñar y luego rompan mis ilusiones con humillaciones y burlas perversas. Seguramente tu harás lo mismo.
—Oh querido, sé que no has tenido buena suerte te he observado todo este tiempo. Solo que no se me permite intervenir pero esta noche, esa fiesta, es importante de esto dependerá tu futuro… Por eso debes ir…
Con un poco más de seriedad le decía mientras el joven incrédulo le oía atento, en el fondo de su ser sentía que debía asistir a esa fiesta lo intuía desde que escuchó lo de la invitación entonces comenzó a dudar.
—Y si voy ¿Cómo iré todo harapiento? —Con una sarcástica sonrisa aclaró enseñaba su vestido roto.
—Eso se resuelve fácil…
Dijo sacando de entre sus ropas una extraña varita mágica con forma de esqueleto provocando algo de miedo al joven porque parecía que iba a invocar a la muerte o algo así, acercándose comenzó a sacudir su varita.
—¿E- eso… no va… a matarme…? —Temeroso Ciel le cuestionó.
—Claro que no… Cambiaré tus harapos en un distinguido traje.
Envuelto en una especie de torbellino con brillitos, la ropa rota del joven se transformaba en un hermoso vestido junto con unos zapatos bajos de cristal azul oscuro.
—Quedaste muy linda… ji ji ji
—¿Por que me pusiste vestido? Podías bien vestirme como hombre. —Le reprochó molesto sentía verse bien así pero hubiera preferido ir de chico.
—La varita presintió que te iría mejor así, detectó tu aura travesti.
—Estúpida varita…
—Pero una dama tan distinguida debe tener algo más… —Decía su hada madrina con una sonrisa mientras lo miraba de pies a cabeza, Ciel dudoso lo veía sin saber que le faltaba— Un carruaje… Lo único malo es que no tengo caballos y un cochero.
Mientras decía eso tomando una fruta la transformaba en un hermoso y brillante carruaje azul, sus amigos los ratones aparecían sorprendidos miraban lo que sucedía.
—Creo que lo tenemos solucionado. —Murmuró el hada al verlos, tomó a dos transformándolos en caballos y a la ratoncita la humanizó para que condujera el carruaje.
—¿Por qué ella es una persona y nosotros caballos? —Replicó molesto Bard.
—No sé, me pareció buena idea que fuera una chica que condujera el carruaje. Ahora si no quieres ser caballo llamo a una cucaracha para que te reemplace. —Burlón el hada le decía.
—Ya déjalo así… —Resignado se acomodaba, Finny muy contento también se quedaba quieto después de dar vueltas corriendo en forma de caballo.
—Me siento rara siendo una persona, tengo curvas muchas curvas… —Murmuró apenada Meyrin viendo su cuerpo bien proporcionado en ese traje.
—Bueno debemos irnos…
Aclaró Ciel con una sonrisa emocionada por toda la magia de esa noche pero a la vez se sentía nervioso por ir a la fiesta y no saber lo que pasaría en ella. Sus amigos vieron lo lindo que estaba, mucho más que antes, halagaban su belleza con dulces palabras. El joven subió a su carruaje, se sentía extraño porque hace mucho tiempo no subía a uno, hacerlo le recordó su niñez cuando iba con sus padres a la ciudad.
—Querido… Debo decirte algo importante. —Advertía con algo de seriedad el hada— La magia de todo esto acabará a media noche, ni un minuto más ni un minuto menos sino volverás a lo que eras antes, trata de regresar antes.
—Tan poco tiempo. —Replicó Ciel.
—Es más que suficiente para atrapar un corazón.
Al decir aquello el hada echó a andar el carruaje que iba rápido, Ciel se puso nervioso ante sus palabras dichas anteriormente, no entendió eso de atrapar un corazón, sonrojado no dejó de pensar en ello en el camino. Mientras tanto en el castillo empezó todo el apogeo de la fiesta, invitados que llegaban, que disfrutaban bebiendo y bailando
—Príncipe debería estar más animado en su fiesta. —Le aconsejaba su sirviente al verlo desanimado— Los antifaces fueron una buena idea, casi nadie lo ha reconocido.
—Es lo único bueno al no sospechar quien soy, las chicas que se me han insinuado se alejan porque soy antipático. Seguramente si supieran que soy el príncipe hasta todo antipático no se me despegarían.
Decía malhumorado el príncipe mirando su alrededor entonces sus ojos se iluminaron al ver a una linda chica cruzando a paso tambaleante la entrada principal, era toda una belleza que sin duda alguna opacaba al resto de doncellas. Mirando atento cada movimiento de ella sentía su corazón acelerarse.
—¿Qué sucede príncipe? Se quedó callado de repente.
—Creo que acabo de ver a alguien interesante muy interesante.
Con una sonrisa emocionada hablaba sin apartar la mirada de tan tímida joven, su sirviente dirigió la mirada a ella sorprendido volvió a verlo.
—Príncipe pero no es de su gusto usual… Sabe que es una chica. ¿No? —Confundido su sirviente le advertía.
—Bueno tal vez me gustan ambos géneros… Tráela para mi, no quiero que nadie más la tenga.
Ordenó con firmeza el príncipe a su sirviente quien obediente se dirigía a Ciel que apenas entraba y estaba algo desconcertado por tanto lujo, tantas personas y las luces lo deslumbraban mientras se acomodaba el antifaz vio que un hombre de tez morena estaba frente suyo.
—Mi lady… Mi amo quiere invitarle a bailar. ¿Se lo permite? —Muy galante le decía.
—¿Su amo?
—Si, el caballero de ahí, él que la está saludando como… —Le decía al ver como Sebastian emocionado movía su mano saludándolo.
—¿Cómo idiota? —Dijo divertido Ciel que a la vez se le hacia tiernamente estúpido su saludo— Iré a saludarlo y que el mismo me pida bailar.
Con una sonrisa el sirviente le oía al sentir que le había robado la palabra de la boca, pensaba que una chica así era lo que su amo necesitaba. Caminaron juntos hasta llegar al príncipe quien con una sonrisa se fascinaba al tener tal belleza en frente, esos hermosos ojos color zafiro lo atraparon de inmediato.
—Usted es la más hermosa dama que mis ojos hayan mirado. —Diciendo tal halago le besaba la mano a manera de saludo.
—No es cierto…
Apenado Ciel murmuró muy sonrojado al sentir ese beso. Tenerlo cerca lo estremecía aunque parecía un idiota era atractivo y galante. Los dos en silencio sin dejar de verse se regalaban tímidas sonrisas de forma mutua.
