Los personajes de Candy Candy no me pertenecen.

CANDY

La semana que siguió después de aceptar nuestros mutuos sentimientos , fue lo más lindo que he vivido en los 20 años que tengo,

Estos días hemos paseado a caballo al amanecer.- si!, aunque parece mentira, parece que el amor a echo que yo me levante mucho antes de mi hora habitual y sin ser tan remolona, hemos recorrido cada uno de los lugares que más nos agradan, el me mostro los suyos y en muchos casos también fueron los míos.-

El portal de las rosas, es uno de nuestros favoritos; a mi me recuerda a Anthony, las dulce Candy están en plena floración en esta época nos traen tantos recuerdos; felices, tristes, recuerdos al fin al cabo. A él, le recuerda a su hermana y su único sobrino directo, pero con esa practicidad con que ve la vida y que todo pasa por algo, me recuerda que hay que seguir adelante y vivir, ya que a ellos no les gustarían vernos tristes.

Pareciese que vivo en un cuento de hadas, mi Bert, si! es mi Bert; es todo lo que una muchacha puede desear, no solo es hermoso por fuera

con ese cabello rubio tan sedoso que cae tan rebelde por un lado de su varonil rostro, sus hermosos ojos celestes iguales a un cielo despejado, sus labios tan adictivos, pero también lo es por dentro, me podría pasar el día entero enumerando cada una de sus cualidades que hacen que lo quiera cada vez más; es como si la felicidad que siento fuese una pastilla efervescente que se desborda dentro de mi.

También hemos recorrido la mansión, desde el invernadero hasta las galerías, donde he podido ver a varios antepasados de los Andley, volver a ver las pinturas de Stear y Anthony; fue un poco duro para mí, no pude asistir a ninguno de sus funerales, cuando paso lo de Anthony me la pase inconsciente, con fiebre y para lo de Stear aparte que no hubo cuerpo para las exequias, la tía abuela me prohibió estar presente.

Mientras vemos los distintos cuadros, me va contando un poco de la historia familiar, hasta que llegamos a un cuadro en el centro de la estancia, puedo ver a una pareja de edad media, rubios, muy atractivos, ella tiene una mirada dulce y una sonrisa afable; él por su parte se le ve orgulloso y de mirada calma, muy parecido a Albert, es como verlo en su futuro próximo; sé que son sus padres.

- Me hubiese gustado que te conocieran pequeña.- me susurra mientras fija su mirada en mi.-

Puedo sentir su tristeza añeja, esa que siente de haber perdido a sus padres tan joven.

Estoy seguro que les hubieras gustado mucho, al igual que a Rosmery.

- Bueno eso tiene remedio.- siento que me mira sorprendido y antes que articule alguna palabra hago una graciosa reverencia a la par que los saludo y me presento.- buenas tardes señores Ardlay, señora Rosmery; mi nombre es Candy white, amiga de su nieto e hijo Anthony, además de ser la novia de Albert, espero estar a la altura que se espera de llegar a ser su esposa, pondré todo mi esfuerzo para dar lo mejor de mi, pero sobre todo ser la compañera ideal , estar ahí en los momentos complicados ayudándole a sobrellevar los problemas y compartir las alegrías, tristezas y sobre todo amarlo, no dejarlo solo, siempre juntos ; lo prometo.

Me hubiera gustado que estuvieran con nosotros aquí para guiarnos, pero se que estarán en nuestros corazones, Sra. Rosmery, su pequeño Bert ya no estará más sólo, ahora estaré para él siempre.

- Candy...- escucho que susurra mi nombre, mientras una lágrima indiscreta rueda por su mejilla, veo como me mira a la par que sus ojos se agrandan al verme.-

- Albert yo... lo siento, no debí, perdóname, no lo hice por burlarme.

- Pequeña! no hiciste nada malo mi amor; es sólo que me conmovió lo que dijiste, ciertamente eres la mujer más maravillosa; debí ser yo quien te presentará, te pido disculpas.

- Bert - mientras lo abrazo tratando de transmitirle todo el amor que siento por él.

- Vamos corazón, aún hay mucho por ver, además tengo una sorpresa para ti.

- ¿Cómo me dijiste?

- Que tengo una sorpresa...

- No, eso no; me dijiste corazón, se siente tan bonito que me digas así, es uno más a la lista,- mientras rompo en risa contagiosa.- hasta ahora me has dicho pequeña, princesa, amor y corazón.

- Y habrá muchos más ya verás.- mientras besa mi rubia coronilla.-

Mientras voy avanzando por el pasillo, me doy cuenta que Albert aún sigue parado frente a los retratos de su padres y hermana, como si quisiera decirles algo, doy la vuelta dándole la privacidad que necesita.

Nunca he estado en esta ala de la mansión y mi curiosidad es grande, sin esperar a Albert, voy en post de "aventuras", mientras me río de mis locas ideas.

Recorro un poco cuando una puerta llama mi atención, al abrirla, mis ojos recorren el espacio, mis ojos se agrandan a más no poder, quien diría que aquí encontraría pinturas, óleos de ángeles, arcángeles, pintura de los ángeles caídos y personas semidesnudas, son tan vívidas las esculturas, que apareciesen ser personas congeladas en el tiempo, las observo con detenimiento, por mi profesión he visto el cuerpo humano tanto femenino y masculino, pero estas estatuas son tan sugerentes sin llegar a ser vulgares que incitan a observarlas, me pregunto ¿quien las adquiriría? No imagino a la tía abuela Elroy comparándolas, sin querer esbozo una sonrisa de mis alocados pensamientos.

Recorro el lugar viendo las distintas obras de arte, pensando que muchas deberían de estar en un museo para que la gente las pudiese observar, son tan bellas, cuando una en particular llama mi atención, es la de un hombre sentado aunque son de mármol trasmite una mirada triste, por un momento mis pensamientos me llevan a la época en que vivía en el Magnolia, recuerdo haber visto esa mirada cuando Albert no tenía memoria y se sentaba en la ventana con la mirada perdida cuando creía que yo estaba ocupada, para cambiarla por una dulce sonrisa, si se daba cuenta que lo observaba.

Dejó los pensamientos tristes de lado, sigo observando dicha "obra", el cuerpo es tan definido.- que sin querer lo comparo con cierto rubio.- creo que Albert es más atlético, más amplio de espaldas, aquella vez que vende su torso y hombro después que lo ataco el león pude apreciar que había subido de peso y se le marcaban más los músculos, comparado cuando llego de Italia, la enfermedad y el estrés de su amnesia aunado al trato que le profesaron hicieron que fuera una sombra del hombre que volví a ver en Inglaterra y que partió al África, en el hospital lo ayude a cambiarse en varias ocasiones, pero a pesar de su falta de memoria, siempre fue muy caballero y me pedía que me diese la vuelta cuando se cambiaba la parte inferior y del baño ni hablar nunca quiso que lo ayudase aunque estuvo por caerse en varias oportunidades, por lo débil que estaba.

Si supiera que llegue a verlo desnudo cuando el león le dio el zarpazo, recuerdo que entre corriendo al cuarto de baño que no estaba totalmente cerrado, por lo que pensé que aún no se había desvestido para indicarle que no moje la herida para evitar que esta se abriese, con lo impulsiva que soy ni me anuncié y menuda sorpresa me llevé, el estaba de espaldas a mi, pude observar su varonil y definida espalda, así como un poco más abajo y esas piernas largas, fuertes, se me subieron los colores al rostro y con la respiración agita, salí a la carrera tratando de no hacer ruido, creo que el sonido de la ducha evito que se diese cuenta que había una intrusa en medio de su baño.

Menos mal que nunca asocio eso a mis contantes rubores cada que curaba sus heridas, si supiese que era un tanto frustrante "tocarle" de forma profesional, cuando en realidad quería deslizar mi mano para sentir la calidez de su piel.- mientras me río.- al recordar mis no tan santos pensamientos, siento que algo se posa en mi hombro, mientras doy un respingo que hace que mi corazón quiera salirse de mi pecho, escucho un...

- Quién sola se ríe de sus pecados se acuerda... -mientras rompe en una sonora carcajada.-

- Albert!, me asustaste- mientras pongo cara de enfado-.

- Perdón, te vi ahí parada viendo fijamente esta escultura, haciendo muecas graciosas como recordando alguna travesura y riéndote sola que no pensé que estarías tan ensimismada.

Gracias a Dios que Albert no lee la mente que si no... mientras el rubor me traiciona otra vez.

- Estas bien Candy?

- E.. sí, que te parece si vamos por un vaso de limonada.- es lo único que atino a decir, para salir de este momento tan incómodo.-

- Esta bien, además que quiero que te cambies, quiero que salgamos a cabalgar.

- Entonces mejor me voy a cambiar.

- Hay tiempo, vamos por tu limonada.

- Limonada?- digo de forma cómica, para volver a ruborizarme por lo tonta de mi pregunta, me mira fijamente con esos ojos que hacen que me quiera perder en ellos, de manera divertida, por Dios que yo no sea tan evidente!-

- ¿Quieres decirme porque estas tan distraída y tan nerviosa?

- No es nada, de verás.

- Esta bien señorita no insistiré, por esta vez..- mientras sonríe de medio lado.-

- A donde iremos Bert?

- Es una sorpresa mi amor, una sorpresa.. tendrás que esperar pequeña curiosa.

Mientras le sonrió, él cierra con cuidado esa puerta dejando atrás mis no tan castos pensamientos, para avanzar tomados de la mano hacia la cocina, muero por saber que sorpresa me tiene...

Espero les guste, disculpen que no suba tan seguido, pero entre el trabajo, estudio y mi hijo, no he tenido tiempo.

Un beso.

Gracias por sus comentarios y sus reviuw.