Veo las lámparas colgar de las ramas y las antorchas hacer una figura en forma de corazón, me parece tan maravilloso y romántico, hace que mi pobre corazón, compañero alborotado de mi pecho lata más fuerte, de lo emocionada que estoy, pero ver a mi adorado Albert, hincarse frente a mi después de darme un resumen del porqué se alejo de mi en dos oportunidades después de descubrir que sentía amor por mí, ya no ese deseo de proteger, cuidar, a esa niña llorona que conoció años atrás, de darme aquello que se me fue negado a modo de compensación al ser una de las hijas adoptivas de los Ardlay, lo que comenzó con esos sentimientos creció y floreció en amor, amor que no vi en su momento o lo creí imposible y volqué mis sentimientos en otra persona, que ciega y necia fui, pude haber sido feliz desde mucho antes, pero soy firme creyente que las cosas pasan por algo, tuvo que pasar tantas cosas para que hoy con más años encima y experiencias vividas, nos una en un amor más sólido y fuerte, que se que resistirá lo que se nos venga en un futuro próximo, ando tan sumida en esas revelaciones que por un momento no supe donde estaba hasta que lo veo hincarse frente de mi, mientras saca una caja de terciopelo azul del bolsillo de su chaqueta de montar, para luego escucharlo decir : Candy White Villers, ¿me harías el honor de ser mi novia y futura esposa?! Solo atine a llevarme las manos a mis labios para acallar el jadeo que se escapaba de ellos y sentir como las lágrimas se acumulan en mis ojos, si bien es cierto que no es la primera vez que me lo propone, esta vez es como siempre lo espere no lo digo por el anillo, pero si a la propuesta en si y no una echa en el calor del momento, toda apresurada.
Todo empezó cuando conocí a Albert en la colina de Ponny, fueron años esperando volver a verlo, mi corazón se rompía un poco con el paso de las estaciones, fue una ilusión tan limpia, tan infantil, mi amor platónico, que cuando decidí irme con los Legan fue porque su insignia se parecía al del príncipe de la colina, claro que nunca fui adoptada por ellos, en fin no quiero revolver cosas pasadas y llenarme de tristes recuerdos; hoy es un día que recordaré por siempre, volviendo a la realidad veo a un Albert con cara preocupada, esperando que diga algo, iba a darle mi respuesta cuando escucho que me habla en un idioma que no entiendo bien, pero se que es la lengua escocesa.
- A bheil thu airson a bhith nad leannan agus mo bhean san àm ri teachd, mo nighean bheag?
Supongo que habrá leído la incertidumbre en mi rostro, que tradujo para mi.
- ¿quieres ser mi novia y mi futura esposa, mi pequeña?
Con lo impulsiva e intensa que soy, termine lanzándome a sus brazos y por la fuerza de mis actos fuimos a parar al suelo entre risas.
- Candy, Candy; mi dulce pequeña no cambies nunca, eres esa luz que ilumina mi mundo y el solo pensarte dibuja una sonrisa en mis labios.
Escucharle decir esas cosas hacen que solloce con más fuerza.
- ¿tha thu nas fheàrr nuair a bhios tu a 'gàireachdainn na nuair a bhios tu a' caoineadh, Nach eil mo mholadh gad dhèanamh toilichte?
(eres mas linda cuando ríes, que cuando lloras,
¿no te hace feliz mi propuesta?).
- Albert! Sí, sí quiero ser tu novia, tu futura esposa, compañera, cómplice y muchas cosas más en tu vida.
Lo veo buscar la dichosa cajita en el pasto, ya que con mi impulsividad hice que escapara de sus manos, hasta que lo encuentra y al abrirla veo el más bello anillo, tiene una piedra verde y unos de color azul a cada lado de la piedra principal.
- Este anillo lo compre en Brasil, un día que paseaba por una joyería, me encanto la esmeralda, se parecían a tus ojos y pedí que le adicionen los zafiros, que se parecen a los míos, para estar cerca de ti siempre, espero que te guste, Tha gaol cho mòr agam ort, an tè bheag agam (te amo mucho, mi pequeña). - después de deslizar la sortija en su dedo anular le doy un beso en sus delicados dedos, mi corazón rebosa de alegría, estoy con la persona que amo y me ama y pronto estaremos juntos, ya no habrá más despedidas, ni una vida solitaria. - ¿Te gusta? Podría darte el de mi madre u otro de la colección de joyas familiares, pero quería algo especial, algo más nuestro, que tuviese algo que nos representara.
- Es hermoso Albert y muy ostentoso, es mucho para mi, temo perderlo.
- Nada es demasiado para ti querida, acostúmbrate que eso y más te mereces, una vez casados te serán heredadas las joyas de la familia y no serán pocas, aunque no las necesitas para ser hermosa, serán un lindo aderezo cuando tengamos que acudir presentaciones como representantes de los Andlay. -veo un toque de aprensión en sus ojos que por un momento temo que se eche para atrás. Estaré a tu lado siempre, pequeña no tengas miedo.
- No tendré miedo Albert, si estas a mi lado, prometo poner todo de mi parte para no defraudarte y estar a tu altura.
- Sólo quiero que seas feliz a mi lado, que sigas siendo tú, nunca cambiaría tu esencia.
- Albert ¿no crees que falta algo a tu pedida? - digo mientras pongo cara de enojo.
- Creo que con tanta plática se me olvido lo más importante, ¿verdad? - digo esto mientras la atraigo a mi pecho para darle un beso cargado de amor y promesas en sus dulces labios color cereza. -
- creó que ya recordaste mi querido príncipe de la colina. - al estar Tan cerca de él, siento su aroma que tanto me gusta a maderas, sol y su almizcle tan conocido, hace que desee fundirme en sus brazos, me reconforta, es una necesidad que me atrae como la flor a la luz; mi cerebro hace un corte al sentir sus cálidos labios que solo puedo pensar en besarlo.
- Tener a Candy en mis brazos es un sueño echo realidad, no se en que momento fue, pero lo siguiente que sentí es el cuerpo de mi pequeña debajo del mío, el tibio calor de su cuerpo y la redondez de sus atributos, mi mano hizo un recorrido suave desde su muñeca hasta su cuello, un suspiro o fue un gemido, suyo o mío, quien sabe, pero fue lo que me trajo a la realidad, mientras me separo de ella, veo sus párpados cerrados y sus mejillas arreboladas, Dios! es tan hermosa, quisiera seguir disfrutando de este momento tan nuestro, pero ver en sus ojos algo de temor y vergüenza después de abrirlos, me dejo frío, como pude ser tan descuidado y tan impulsivo, es mejor volver pronto.
- Candy mi amor, yo; este... discúlpame, no me dejare llevar otra ves, seré más cuidadoso con mis demostraciones.
- Albert, no te preocupes, no pasa nada- mientras suelto esas palabras mientras siento que mi rostro no puede estar más rojo. -
- Vamos te ayudo a montar pequeña- mientras veo su incomodidad y vuelve mi sentimiento de culpa. -
- Pero Albert las lámparas y velas se quedarán sin apagar?
- Claro que no podría iniciarse un incendio, pero tus hermanos quedaron en desmontarlo, ya deben estar llegando. - espero por mi bien que no estén ahora mismo observándonos o creo que seré usado como saco de box. -
- siendo así, volvamos, que muero de hambre- mientras trato de que la incomodidad se valla, porque Albert, está tan serio? ¿Habré hecho algo mal? -
- Está bien regresemos.
Después de una cena en la que la "normalidad" reino, como si lo pasado en la cascada fuese algo tan malo, ¿será que me porte de una forma muy descarada? La distancia que Albert puso desde entonces es palpable, quisiera preguntarle, pero la vergüenza me detiene, ojalá fuese más fácil hablar de estos temas con él, con alguien, con Anny hay algo que no me permite ser abierta del todo con ella, Patty ni hablar, más aún después de lo de Stear, ¿la hermana María? ¡Hay! ni pensarlo me mandaría a rezar de rodillas en la capilla por horas, ¿quizá la señorita Pony? hay no lo creo, me moriría de pena...
- Candy! Candy! ¿Pasa algo? Desde hace un momento atrás no me haces caso, ¿algo te molesta? ¿Puedes compartirlo conmigo si gustas?
- No es nada Bert, ¿qué me decías?
- Me gustaría que me acompañaras a la biblioteca hay algo que quisiera darte, antes de Ir a descansar, supongo que Doroty ya hizo las maletas para partir sin demora.
- Seguro, ella se toma muy en serio su trabajo, ¿no crees que se merece un buen incentivo? ¡Ya pronto es su cumpleaños! - digo esto mientras le doy un guiño y saco mi lengua. -
- Lo pensaré señorita.
- No pensé que el tío abuelo William, era un tacaño.
- Hay niña me vas a matar si sigues diciendo eso, no ves que ya no estoy para esas bromas. - lo escucho decir mientras rompemos en sonoras carcajadas, cosa que le quita lo acartonada a la velada. -
- Pasa pequeña. - me dice mientras pone su mano en mi cintura, instándome a avanzar, su toque hace que sienta cosquillas en mi vientre. -
Hay algo que te pertenece y hace mucho que lo tengo en mi poder y quisiera devolverte.
- ¿Mío? ¿Y eso que sería?
- Cuando recupere la memoria y volví a ver a George, tú ahora padre; me entregó algo que dejaste en el real colegio San Pablo, la hermana Grey se lo entregó junto con una carta dirigida al tío abuelo William, me sorprendió que me lo devolvieras, cuando lo compre, lo hice con la idea que lo llenaras con lindas experiencias de tu estadía en Londres, quería regalarte un mundo diferente, como hija adoptiva de los Ardlay, siempre eres tan risueña y nunca te quejas de lo mal que se portan los otros contigo y sólo muestras lo que tú quieres que veamos, debí alejar los problemas de ti.
- No digas nada Albert, gracias a ti conocí lugares y gente a la que quise y quiero mucho, no me arrepiento de nada, no cambiaría nada de mi pasado, porqué gracias a ello soy la persona que soy ahora y mucho de eso te lo debo a ti.- mientras lo veo, me pregunto si leyó todo lo que escribí en el, aunque por un momento me sentí avergonzada por aquella chiquilla que lleno esas páginas, me doy cuenta que en realidad Albert sabe todo sobre mi, sólo con él he podido ser tan abierta en mis pensamientos y sentimientos.
- Llegaste a leerlo en su totalidad? -le pregunto de manera calmada. -
- No, no pude leerlo todo, apenas unas hojas de aquí y allá, si bien es cierto soy William A. Ardlay no siento que deba leerlo, tú lo escribiste y se lo dejaste para que lo lea a alguien diferente a mi, siento que invado tus pensamientos, secretos y sentimientos.
- No pasa nada Albert, si lo lees o no; todo lo que está escrito lo sabes porque yo misma te lo platique cuando vivíamos en el Magnolia, recuerda que esa época próxima a viajar a New York, me la pasaba hablando de él todo el tiempo, ¿debió ser incómodo cierto? disculpa por eso, estaba obnubilada con ese viaje que no paraba de hablar sobre mis anécdotas en Londres, sin pensar en otra cosa.
- Cierto que para mí fue incómodo, pero te veías tan feliz, que sólo por eso en cierta forma lo era yo.
Candy por lo que leí en esas pocas hojas yo... estás segura de esto... disculpa ya ni se que pienso, pero quiero tanto tu felicidad...
- Tú lo eres Bert, nunca lo dudes, todos tenemos un pasado, pero es justamente eso pasado, no voy a negar que en su momento lo quise, hay diferentes maneras de querer Anthony fue ese sentimiento dulce , tierno e inocente que jamás olvidaré, Terry fue una ruleta rusa de emociones, a veces me sentía confundida por sus actitudes, pensé que yo podría ayudarlo, que sólo trate de seguir a su lado, claro que eso llevo a otras cosas y termine por encontrar mi verdadero camino, pero en esa época me la pasaba persiguiendo un futuro incierto, nunca hubo nada concreto, nos sentíamos bien juntos, quizás el sentirnos solos y abandonados por aquellos que debieron amarnos nos hizo afines, pero con el correr de estos años me di cuenta que nuestros caminos no iban en la misma dirección, sólo se cruzaron en un corto tiempo, pero ahora tu eres mi destino, esa parada final, después de tanto buscar, no lo dudes Albert sólo contigo puedo ser feliz.
- Y tú el mío Candy, eres lo más preciado en estos años, que hasta da miedo ser tan feliz, te amo no lo dudes nunca. - mientras me pierdo en ese verde de su mirar.
- Bueno querido tío abuelo William, lo dejo sólo por si quiere leer mi diario, se puede sorprender si lee a mediados de enero en Londres, por esas fechas me encontré con alguien especial para mi, el me salvó de morir ahogada sabe?- mientras lo beso en la mejilla y salgo de la biblioteca rumbo a mi habitación, Al entrar puedo ver mis maletas hechas, Solo esta mi camisón sobre mi cama y la ropa para el viaje y los enseres personales, tengo algo de nostalgia dejar Lakewood, estoy viviendo los mejores momentos de mi vida, soy tan feliz aquí, que tengo miedo a que llegue mañana y llegar a Chicago aunque la tía abuela Elroy , me está ayudando para que sea una señorita de sociedad, siento que lo hace para congraciarse con Albert, se siente su agradecimiento de su parte por cuidar del patriarca cuando estuvo mal y luego su amnesia, pero no siento su cariño, me ha costado bastante llegar aquí y más aún verla después de escribirle esa carta cuando no querían que Archí y Anny se casaran, sentí que me vio con ojos de que entrometida eres muchachita, Dios ayúdame para poder ser feliz y dame fuerza para poder con todo lo que nos viene, por favor. Preparo mi baño mientras ahuyento mis temores, menos mal que Doroty me hace caso y ya no me agobia con su presencia queriendo ayudarme con mi rutina de limpieza, por lo menos estos días puedo ser más yo misma y no tratar todo el tiempo de hacer lo que "se espera que haga una dama".
- Hace un buen rato que escuche la puerta de Albert cerrarse ¿qué tanto hacia en la biblioteca?, ¿serán pendientes o estuvo leyendo mi diario?, en fin, serán mis nervios o no sé, pero por más que le doy vueltas a mi cama no puedo dormir, será que puedo hablar con Albert ¿lo tomara a mal? Pero en el Magnolia nos quedábamos horas de horas conversando, extraño esos días…
Veo la noche llena de estrellas y el paisaje bañado por la luz de la luna, me encanta estar aquí a pesar de ser una contradicción de emociones.
- Rosemary, tú que siempre me cuidas por favor ayúdame que lo que venga sea llevadero y pueda ser feliz, porque al igual que tu si tengo que elegir, elegiré mi corazón, a pesar de todo, esta vez no voy a dejar que decidan por mí. -mientras lanzo un suspiro cargado de incertidumbre, me dirijo a mi lecho a tratar de dormir unas horas, no puedo dejar que ella me vea algo preocupado. –
Estoy tan cansado que siento que mi cuerpo se va adormeciendo, voy muy feliz al encuentro del adormecimiento sin prestar atención a mi cabello mojado por el baño tardío que tome, siento que alguien toca mi rostro y susurra: Albert te vas a enfermar, si duermes así, pensando que es un sueño, contesto no importa ya secara, mejor ven y acuéstate a mi lado, siento como la cama se hunde y el tibio y pequeño cuerpo que se aferra a mi costado, que lo único que hago es apegarla a mi pecho y recorrer mis manos por sus brazos, se siente tan real, debo estar muy enamorado para verla hasta en mis sueños, mientras lanzo una risilla,.- de que te ríes Albert.- escucho su voz esta vez más clara, abro los ojos de golpe, lo que no me esperaba es que el sueño no sea sueño y la causante de mis desvelos estuviese entre mis brazos y en camisón, mismo que es de una tela tan diáfana (bueno no tanto), y se resbala por uno de sus delicados hombros, cuando se sentó en mi cama, después que me levante de un brinco, por el susto que me lleve y encima está viéndome con cara de te pasa, ¿por Dios, quien inventa esas prendas, que son una tortura y porque esta ella en mi cama?, un poco más y me hubiese dejado llevar por mi "sueño "y hubiera hecho algo que la hubiese ofendido.
- ¿Qué te pasa Albert?, porqué te pones así?
Juro que la inocencia de Candy me va a dar un sinfín de problemas, si alguien se entera que está aquí en mi alcoba, a estas horas, su reputación quedaría devastada, supongo que ella diría:" no me importa lo que piense los demás", debo cuidar de ella, aunque me obligarían a casarme con ella de inmediato para resarcir el "daño", lo cual no sería ningún sacrificio, que estás pensando Albert, nunca dañaría a Candy en ningún sentido.
-Candy, debemos hablar…
