Ava era amiga de Konane desde hace muchos años. Ella sabía todo lo que él se entrenaba y esforzaba, y todo lo que en su familia le exigían para que fuera el mejor. Por eso le dió bronca cuando la chica nueva hizo de la corrida de entrada de calor a clase una competencia. A ella le impresionó el poco esfuerzo que pareció para la otra terminar la corrida en primer lugar y corriendo descalza. ¡Realmente era ridículo! ¿Quién corría descalzo tan bien? Pero lo que más le fastidio de todo fue escuchar que ella no tenía intenciones de hacer la prueba de atletismo, ¿Entonces para qué se había gastado en correr de la manera en que lo hizo? Ava no podía entenderlo, y para descargar su frustración la encaró. Lo cual no resultó muy bien, ya que la otra reaccionó mal. Pero después de todo era de esperar, ella había roto su sakte; además se excuso diciendo que ella había hecho simplemente lo que pidió el profesor, correr. Y eso Ava si podía entenderlo, porque a ella le gustaba seguir las reglas y hacer lo que los profesores decían para estar del lado de los buenos estudiantes.
— Gracias por haberme defendido, aunque creo que fuiste un poco duro con la chica nueva. — Agradeció Konane.
— Siempre, para eso estamos los amigos. — Aseguró con convicción.
— ¿Crees que voy a pasar la prueba de atletismo este año? — Preguntó sintiéndose inseguro. En el verano se había fracturado el tobillo y tenía miedo de no haberse recuperado bien.
— Claro que si, ya vas a ver que todo el esfuerzo va a valer la pena. — Expresó su opinión.
— Pero Sara, ella, ¿Viste como corrió y descalza? Así es como a mi papá le gustaría que yo corra. — Dijo, dando unas paradas al césped para descargar su enojo.
— Olvídate de Sara, ella no se va a presentar a la prueba de atletismo. Y olvídate de lo que tu padre quiere, lo que importa es lo que vos queres. — Le recordó tratando de animarlo.
— Tal vez tenga razón y me motive a mejorar tener un poco de competencia. — Dijo él pensativamente.
El tema de Sara fue olvidado, y Ava fue a casa de Nora ya que iban a estudiar juntas para el examen de matemática. La semana continuó tranquila, pero por algún motivo Ava se frustraba cada vez que veía a Sara. No sabía exactamente porqué, pero siempre había algo de la otra que la irritaba. Ella había notado que se había empezado a juntar con las Leyendas, probablemente por el tema de andar en skate. También empezó a notar detalles de ella, como que parecía no tener ningún tipo de respeto ni interés por nada, como siempre lucía cansada y alguna vez hasta podría jurar que olió alcohol en ella. En clase siempre parecía distraída, con la mente en cualquier lugar menos en el aula. Pero lo que más la frustraba, es que a pesar de eso, siempre que le llamaban la atención dejaba a todos sorprendidos.
Como por ejemplo en literatura, cuando la profesora Lois llamó su atención.
— Sara. — Dijo Lois en un tono insistente, era la tercera vez que nombraba a Sara para llamar su atención.
— ¿Si? — Preguntó Sara, finalmente reaccionando.
— Sé que eres nueva y probablemente no tuviste tiempo de ponerte al día y leer "El alcalde de Casterbridge", pero ¿Podrías prestar más atención a la clase por favor? — Pidió en un tono muy calmo y amable.
— Si leí el libro. — Respondió sorprendiendo a la profesora.
— ¿Lo leíste? ¿Entonces podes dar un ejemplo de romanticismo presente en el libro a la clase? — Preguntó mirándola atentamente, como si quisiera comprobar si la alumna estaba diciendo la verdad.
— La descripción de la ciudad es un claro ejemplo, como está narrada desde el punto de vista de una abeja que viaja de un lado a otro de ella. Es muy visual. Creo que lo que intenta de hacer Hardy -el autor- es alinear su punto de vista, no como un Dios que todo lo ve, sino como un insecto. Un insecto que es la criatura más pequeña y humilde de la naturaleza. Lo cual, me parece, es bastante romántico. — Contestó con naturalidad, era como si las palabras habrían escapado libremente de su boca antes que pueda pensarlas o detenerlas.
— Es una opinión muy crítica, creo que ya tienes el tema para realizar tu informe sobre el libro. – Aceptó, mirándola con una pequeña sonrisa de aprobación.
O en física. Todos habían estado intentando resolver la ecuación problemática que Martin les había dado, pero ya había pasado media hora y todavía nadie lo había logrado. De repente el profesor se dio cuenta que Sara había estado dibujando en su cuaderno, así que como llamado de atención la hizo pasar al pizarrón a intentar resolverlo. Ava miró detenidamente la situación, quería ver si Sara finalmente aprendía que debía prestar atención en clase. Pero Sara en vez de ponerse a hacer cuentas o cálculos, sorprendió a todos haciendo un gráfico de líneas.
— El límite no existe. — Dijo y le devolvió la fibra al profesor para volver a su lugar.
— Eso es correcto. — Afirmó con una sonrisa y se puso a explicar sobre límites.
¿Cómo hacía para ser tan buena en todo y sin un mínimo esfuerzo? Eso era lo que a Ava más le irritaba. Porque si, Ava era una de las mejores estudiantes. Pero lo era porque se esforzaba, era responsable, respetuosa. Y porque estudiaba mucho. Ella se exigía mucho a sí misma para estar al nivel que quería estar y hacer que sus padres estén orgullosos de ella. Se exigía tanto que a veces hasta estudiaba durante los fines de semana, pero este iba a ser distinto porque su hermana Ashley le había pedido que fuera a una fiesta con ella.
— ¿Por qué necesitas que te acompañe fiesta? — Preguntó sintiéndose mal humorada ante el soborno de su hermana.
— Porque mamá y papá no me van a dejar ir sola cuando hasta ayer estuve castigada. — Respondió con calma. — Además no te quejes tanto, todos tus amigos van a ir porque a las fiestas de La Liga va casi todo el colegio entero. — Le recordó para que deje de quejarse.
Ashley tenía razón en eso, sus amigos iban a ir a la fiesta. Así que por más que ir con su hermana y depender de ella para volver no era lo que más le agradaba, por lo menos sabía que iba a estar bien acompañada en el durante. A Ava no le gustaban los sobornos, pero hacer lo que su hermana le pedía era mejor a que cuente su verdad. Lo mejor iba a ser que piense una alternativa para solucionar el problema, pero mientras tanto iba a tener que consentir a su hermana. Ashley y ella llegaron a la fiesta juntas, luego cada una se fue con su grupo de amigos.
— Viniste con Ashley. — Dijo Gary sorprendido.
— Si, y ahora dependo de ella para volver. No me queda otra, me está haciendo la vida imposible. — Descargó sus frustraciones.
— Mira el lado positivo, por lo menos estás con nosotros. — La animó Nora y le convidó una cerveza.
— Eso es lo único que me agrada de la noche. — Afirmó con una sonrisa.
— Ahí está John, voy a hablar con él para ver si hoy tengo suerte. — Dijo Gary decidido.
Ava miró a su amigo hasta que saludó a John y ambos se pusieron a hablar. Gary estaba encantado con el otro chico desde hace bastante tiempo, pero hasta el momento no se había animado a confesárselo ni a hacer nada al respecto. Pero Ava admiraba que por lo menos siempre estaba dispuesto a intentarlo. John no era muy de las relaciones serias por lo que lo conocía de estar juntos en el equipo de las Leyendas, pero era sincero y buen chico. Si estaba interesado en Gary le iba a seguir la corriente, sino no.
— También está Sara. — Comentó Nora.
— ¿Y? — Preguntó, sin entender porque su amiga la mencionaba.
— Tal vez ya sea hora que le pidas perdón por lo de la skate. — Le recordó.
Nora tenía razón, ella no se había disculpado con la otra de manera apropiada hasta el momento. Ava la miró por un rato, la miró hablar cómodamente con las Leyendas, la miró bailar se forma sexy, la miró jugar al juego de pasarse el hielo de boca en boca, y la miró jugar al ping-pong de tragos. A Ava había algo de la otra que todavía la irritaba, pero no sabía exactamente qué. Y que ella no pudiera descubrir qué era, no era culpa de Sara. Tal vez la otra chica se merecía una oportunidad. Cuando vió que Sara se iba a la cocina decidió seguirla, allí la encontró preparando un trago.
— Hola. — La saludó y la otra asistió aceptando el saludo. — ¿Qué preparas? — Pidió saber.
— Fernet con coca-cola. — Respondió. — ¿Queres que te haga uno? — Ofreció.
— No, nunca probé, no sé si me gusta. — Rechazó la idea.
— ¿Queres probar del mío? — Preguntó alcanzándole su propio vaso.
— Gracias. — Agradeció y probó un sorbo. — No está mal, pero tampoco me encanta. — Expresó su gusto con sinceridad.
— Bien, entonces… — Comenzó a decir, dirigiéndose a la puerta con intención de volver a la sala.
— Espera. — La interrumpió. — Yo te quiero pedir perdón por lo de tu skate, en verdad no fue mi intención asustarte con mi camioneta, ni casi atropellarte, ni romperte el skate. — Le pidió disculpas.
— Ya me habías pedido perdón. — Dijo, haciendo hombros.
— Pero no había sonado muy sincero, ¿Cierto? — Retrucó y la otra asistió con la cabeza. — Pero de verdad lo siento, no fue a propósito, yo estaba peleando con mi hermana y perdimos el control de la camioneta. — Explicó avergonzada.
— Disculpas aceptadas. — Aceptó con una pequeña sonrisa al ver que la otra estaba sonrojada. — Después de todo podría haber sido peor, me podrías haber pisado o roto a mi. — Intentó bromear.
— Eso es terrible. — Exclamó impresionada.
Ambas rieron y luego volvieron a la fiesta. Aunque no estaban juntas, se podía decir que estaban juntas porque su grupo de amigos estaban con las Leyendas. Pero no volvieron a entablar una conversación.
Después de un largo rato, vio como Guinevere y Sara bailaban juntas y sintió algo raro. Las dos estaban bailando de una manera muy cercana e íntima, y eso le dio curiosidad. Ava se preguntaba qué se sentiría tener esa libertad de poder estar con otra chica de esa manera, sin importar lo que el resto del mundo opine o piense.
Sin embargo, toda apreciación de identificación le fue borrada de su mente cuando John se unió a ellas. Y no sólo porque a ella no le gustaban los chicos, sino porque sabía que Gary se iba a sentir herido por eso; herido porque John estuviera con dos chicas, y herido porque otra vez no se había animado a encararlo. Y no sabía porque, pero en cierta forma se sintió desilusionada por Sara. Esta noche habían dado un paso adelante, pero esto la hacía sentir que volvían a dar un paso para atrás. Se preguntó si ella siempre sería así, libre de estar con más de una persona, libre de preparar tragos y tomar alcohol, libre de ir de fiesta en fiesta.
Pero la noche traía más disgustos. Ava tuvo que lidiar con una Lily borracha, acompañarla al baño un par de veces hasta que pueda limpiar su estómago; consolar a Gary por lo de John, mediar entre una pelea entre Konane y Mona, y evitar que Jonah acosara a Nora.
— Ya la escuchaste, déjala en paz. — Advirtió parándose frente a su amiga de manera defensiva.
Al parecer esa noche todos sus amigos habían decidido emborracharse, dejándola a ella como la cuidadora oficial del grupo.
— ¿Celosa? — Preguntó él con curiosidad. — Después de todo recuerdo que hace mucho compartimos un beso. — Comentó divertido.
El chico se acercó con intenciones de besarla, pero ella se apartó de él y le pegó una fuerte cachetada en su mejilla. Ella sintió mucho asco, mucha bronca y mucha impotencia. A ella no le gustaban los chicos, y mucho menos aquellos chicos y hombres que se creían que podían hacer lo que querían con las mujeres. Milagrosamente Kuasa apareció y se unió a ella. Jonah decidió que no valía la pena pelear contra ambas y se fue. Ava se encontraba mal humorada, esa noche ya había demasiado para ella, quería irse a su casa y acostarse a dormir hasta olvidarse de todo lo ocurrido. Kuasa prometió que junto con Astra iban a encargarse de llevar a todos devuelta a su casa, ya que ellas no habían tomado alcohol, así que Ava fue en búsqueda de su hermana
— Ashley quiero irme. — Dijo a su hermana, cuando la encontró.
— No, todavía queda mucho de la noche. — Negó, sin hacerle caso.
— Está resultando una noche horrible, así que quiero y necesito irme a casa. — Explicó de manera suplicante, pero la otra volvió a negarse. — Bien, no me importa. No te voy a esperar, me voy. — Informó enojada.
Ava se fue de la fiesta y empezó a caminar de regreso a su casa. Cuando había caminado unas diez cuadras aproximadamente apareció su hermana con la camioneta. Ella se subió al asiento de acompañante, y cuando la camioneta comenzó a avanzar se permitió finalmente llorar. Cuando llegaron a la casa fue directo a su habitación, cerró la puerta y se tiró a la cama. A los minutos alguien entró, se sentó en la cama de ella y comenzó a acariciarle la espalda. Ava estaba segura que esa persona era Ashley.
— ¿Qué pasó? — Preguntó insistentemente una y otra vez, sin recibir respuesta. — Por favor Ava, me estás asustando. — Dijo, realmente preocupada.
— Es que estoy cansada, no puedo más con esto Ash. — Admitió, su cuerpo temblando al continuar llorando. — Si quieres decirle a mamá y papá que me gustan las chicas no me importa, yo solo quiero que me dejen en paz y que ningún chico intente besarme — Dijo mientras se secaba las lágrimas.
— ¿Quién intentó besarte? — Pidió saber, sorprendiendo a la otra con su pregunta.
— Jonah Hex. — Respondió.
— Ese pibe es un tonto y un machista, se piensa que es dueño de todas las mujeres, no le hagas caso. — Expresó su opinión sobre el chico. — Y Ava, tenes que estar lista para rechazar chicos en fiestas. Eres una chica muy linda y seguro siempre va a haber un chico que quiera llamar tu atención, pero tienes que hacerles frente y dejar en claro que es lo que vos queres. Y nunca dejes que alguien te haga hacer algo que no queres. Te defendes, gritas, peleas, lo que sea. — Explicó con calma.
— ¿Qué? ¿Entonces no piensas que soy rara porque me gustan las chicas? ¿No piensas que tal vez esto sea culpa mía por ser adoptada y voy a contaminar a la familia? — Cuestionó sorprendida porque la otra no estaba reaccionado como lo esperaba, dejando salir hacia fuera sus temores.
— Ava a mi no me importa que seas adoptada, ni que te gusten las chicas, ni que nos llevemos mal la mayor parte del tiempo porque ambas tenemos caracteres fuertes; siempre vas a ser mi hermana y siempre te voy a querer. — Aseguró con sinceridad.
— Yo también te quiero. — Correspondió los sentimientos de la otra y dejó que la abrace para consolarla.
— ¿Qué sabes de mis relaciones? — Preguntó, después de pasar un rato en silencio dedicándose a acariciarle el cabello a la otra de manera reconfortante.
— Sé que saliste un tiempo con Jimmy, y después estuvo el otro chico… ¿Cómo se llamaba? Lex. — Dijo pensativamente.
— Si, yo salí con ellos. — Afirmó. — Pero también salí con Cat y con Eve. — Agregó.
— ¿Me estás queriendo decir que te gustan las chicas y los chicos? — Preguntó sorprendida.
— Si, soy bisexual. — Asistió, dando a conocer la exualidad con la que sentía identificada. — Y además creo en las relaciones poliamorosas. En este momento estoy saliendo con Jimmy y Winn. — Le confesó.
— Entonces ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué me amenazaste con contarle a mamá y papá lo mío? — Cuestionó confundida, luego de asimilar todas las novedades.
— En verdad nunca tuve la intención de contarles, ni jamás lo haría. Solo lo hice por nuestra rivalidad de hermanas, es nuestra forma y no me di cuenta que en esto iba a ser diferente, que te iba a lastimar. Perdón. — Explicó con sinceridad.
Y así es como la noche finalmente terminó siendo una buena. Pasó largo rato hablando con su hermana Ashley, hablando de sexualidad y relaciones. Jamás pensó que iba a tener una conversación tan íntima con la hermana que más peleaba, pero se sintió bien. Era como si podrían entrar en una nueva etapa en su relación, una llena de entendimiento y respeto. Al rato dejaron la seriedad en sus conversaciones, porque Amy se unió a ellas y las convidó con helado. Las tres se terminaron quedando dormidas en la cama de Ava mientras miraban una película.
AN: Que en paz descanses Naya Rivera
