Mientras escolto a Candy, la retengo antes de entrar a su habitación.
- Candy no tienes que seguir el juego de mi tía, nadie puede decidir sobre este asunto más que nosotros dos, por favor deja esa idea y sigamos con nuestros planes ¿quieres?
- Albert, sé que te parece raro, pero de veras hago esto por los dos, quiero la bendición de tu tía, de tu familia, pero; sobre todo quiero la aprobación de tu tía, siempre lo he querido, desde que vivía con los Leganz, quería que me vea con algo de cariño, quizás respeto, no sé; quiero que por una vez me aprecie y vea que me esfuerzo por la familia, que de verás deseo ser parte de ella, que merezco ser parte de los Ardlay.
Mientras la escucho sollozar bajito, siento su pena y angustia en mi alma y aunque no quiera aceptar su loca idea, quiero ayudarla y estar ahí para ella, sólo pude abrazarla y darle un beso en la frente.
- Esta bien, estaré aquí para ti y por ahora te apoyare en esta locura, pero a la mínima provocación o si veo que esto te lástima, doy por terminado todo esto ¿estamos de acuerdo?
- Esta bien Albert, disculpa por ponerte en esta situación.
- No importa ¿confiaras en mi verdad?
- Si, lo prometo, príncipe.
- Bien, ahora a descansar, hasta mañana mi pequeña.
Mientras nos damos un pequeño beso en la puerta de su alcoba, Doroty tan oportuna nos interrumpe con una ligera tos de lo más fingida.
-Disculpe señor y señorita, pero ya es tarde y no es propio hablar en el corredor.
Mientras nos reímos en forma bajita, entiendo la advertencia de Doroty, por eso quiero que este cerca de mi Candy, sé que la ayudara y la protegerá y no estará sola en esta prueba autoimpuesta.
Con un casto beso la veo irse, es hora de entrar a mi cuarto, me doy un baño corto, el sueño me evade aunque mi cuerpo se sienta cansado, después de dar vueltas en mi amplia cama me levanto y voy en pos de mi portafolio a tratar de avanzar algunas cosas pendientes, al abrir la tapa de este veo el diario que le di a Candy , recorro el borde ajado y aunque me propuse no volver a leerlo.- no quería saber "todo" sobre el pasado de Candy en El Real Colegio San Pablo.-quizá haya cosas que no quisiera saber, si bien son cosas que pasaron hace mucho, pero he desarrollado una actitud muy posesiva y celosa con respecto a mi pequeña y eso es tan raro en mí; cuando me fui a África, aunque sentía algo de celos, preferí irme porque la sabía enamorada de él y no creía que lo nuestro fuera posible; pero ahora no podría alejarme de ella, es mi mundo, mi vida, no sabría cómo vivir sin ella, estuve tan ensimismado que sin querer tire el diario al piso, me apresuro a recogerlo y mientras mis ojos vagan por las páginas expuestas, no puedo evitar enterarme de su contenido.
Londres
mayo
Hoy, aunque quise levantarme tarde, con toda la algarabía y movimiento que hay en el colegio se me hace imposible, así que me senté en la cama y me quede observando por la ventana, todos están de aquí para allá, dando los últimos toques ya que en breve empieza el recorrido de las carrozas decoradas de flores, me da algo de envidia y pena, también pude haber estado ahí y lucir un vestido hermoso y un lindo peinado (aunque no sé cómo lo hubiese hecho ya que lo único que se hacer es dos coletas, prácticas y sencillas) el señor Albert hubiese venido a verme y quizá hubiésemos bailado una o dos piezas, pero como siempre mi boca tiene vida propia y no pude dejar de decir lo que dije y termine aquí encerrada, pero lo que más me dolió es decirle al señor Albert que ya no iba a asistir a la celebración, hubo algo en su mirada que hizo que me doliera aquí en mi pecho.
Hubiese estado muy triste, pero, ah, ah, mi querido tío abuelo Williams me envió una hermosa caja con un lazo enorme ¿adivina que contiene?: ta, ta, tan; ¡dos disfraces! y nada más y nada menos que de Romeo y Julieta, con pelucas incluidas, antifaces, todo (¿será que el tío abuelo William no recuerda si soy chica o chico?) podré participar de la fiesta, ¡Sí! ...Ya te cuento más tarde.
Sabes querido diario, si bien es cierto me divertí y la pase bien con mis amigos; hoy paso algo que me dejo un poco asustada, nerviosa, colérica, triste y feliz a la vez, no estoy loca, pero; después que me cambie por el segundo disfraz de Julieta ya que quería bailar con los chicos y estando vestida de hombre se vería raro que le pida bailar a Stear y Archy, ¡además que la entrometida de Eliza andaba buscándome a mí! para que le invite a bailar! Me interne en el bosquecillo que está cerca al colegio, ahí había guardado la caja con el segundo disfraz en el hueco de un árbol viejo, después que me cambie estaba toda emocionada pensando, si al tío abuelo le gustaría como me luce mi disfraz, si se me veía linda, además que me puse a levantar mis piernas para ver si estas se enredaba en la tela de la falda del vestido, quería estar lo más cómoda posible, por si tenía que salir corriendo hacia el cuarto de castigo, estaba a punto de enrumbar hacia la celebración, cuando sentí un tirón y alguien que me jalaba en dirección contraria, estaba a punto de gritar o golpear y echar a correr, pero escuche la voz de Terry, como siempre con sus comentarios sarcásticos, a veces me duelen sus palabras cuando me llama mona pecosa, que no soy tan bonita como las demás chicas, pero la sangre se dreno de mí, cuando caí en cuenta que él me podría haber visto cambiarme, aunque le reclame el muy ladino me dijo: te vi, pero no te mire, ¡es un idiota! Quise decirle muchas cosas, pero el tomo mi mano y me dijo que Eliza me había descubierto y era mejor irnos, corrimos con dirección a la segunda colina de pony, luego de tomar aliento por la carrera, empezamos a hablar y hasta ahí se podía escuchar la música del festival, estaba muy emocionada porque empezó a sonar un vals que me evocaba a otra época, Anthony vestido con su traje tradicional escoses, su dulce mirada… cuando escuche a Terry decir: ¿me concede este baile princesa? Su voz sonó como la de Anthony.
Hasta ahí todo era perfecto, bailar con Terry el chico que me empieza a gustar, cuando la canción tan familiar me llevo a días felices, la luz se filtraba entre las hojas de los árboles, la brisa fresca, estuve muy ensimismada supongo, que no note que derramaba lágrimas, que cuando él me pregunto en que pienso, le dije esta es la primera canción que bailé con Anthony, se detuvo tan abruptamente que terminé chocando contra su pecho, mire sus ojos llenos de cólera, le pregunte por qué estaba enojado, pero me acerco hacia él con violencia , me apretó con sus brazos, sus labios cayeron sobre los míos con enfado, resentimiento, trate de apartarlo, le dije ¡ para!, que era un bruto, mis ojos se llenaron de lágrimas de ira que sentía hacia él, después de forcejear y librarme de su abrazo; le di una cachetada, tuve miedo porque me miro con una ira tan profunda, recuerdo haberle dicho que era una persona horrible, mala, un sinvergüenza.
Me dijo que no sabía nada de él, mientras me devolvió la cachetada, es la segunda vez que un hombre me golpeaba, pero a diferencia de la que Anthony me dio que estaba cargada de dolor, preocupación y miedo, la de Terry … sentí que él me odiaba, que se desquitaba conmigo por algo en ese momento, me lleve la mano a mi rostro y volví a insultarle, decirle bruto por pegarle a una mujer y le di otra cachetada, mi mano dolía pero más me dolía el alma, cometí el error de decir que era mi primer beso, mientras lloraba y decía si tu hubieses sido Anthony; creo que eso fue lo que lo irrito más, porque sentí como sus uñas, se clavaban en mis hombros, sus manos fuertes lastimaban mis hombros mientras me decía que él no era Anthony, que él estaba muerto…..
Después de leer sobre como la obligo a subirse al caballo, para quitarle sus miedos y muchas cosas más que este idiota le hizo mi pequeña, me siento como un gran estúpido, yo se la deje a él para que la cuidara y protegiera, pero la lastimo, la abandono para seguir su camino, para logar sus sueños, como pude confiar en él. - estuve con tanta ira que empecé a dar de golpes en la mesa con mi puño, pero pare en seco cuando escuche la voz de Candy.
- ¡Para! no lo hagas ¿porque te lastimas Albert? ¿Qué paso para que estés así?
A pesar de la tenue luz de la lámpara de mi escritorio, veo sus ojos verdes llenos de miedo y tristeza, mientras sus lágrimas empiezan a caer, la cólera que sentía hacia Terry, se volcó hacia mí mismo, ahora era yo la hacía llorar, mis acciones recientes la lastimaban, bajo su mirada y sus ojos se centraron en su diario.
-Hay algo tan grave escrito en el que te haya puesto en ese estado? - mientras señalaba con su dedo el escritorio donde estaba su diario. – Dime que fue, para poder explicarte, pero cuando te lo volví a dar en Lakewood, lo hice con la intensión que sepas todo de mi pasado, presente, no hay nada en el por lo que yo debo de avergonzarme, ni para que pongas tan colérico, pero si hice algo, discúlpame.
- Tu no debes disculparte de nada, perdóname a mí por asustarte pequeña. - mientras la abrazo y acaricio su espalda, tratando que se calme y deje de llorar. – es solo que leí tu diario, sobre el festival de mayo y si tuviese a Terry frente mío yo… no sé qué le haría, como pudo él, ponerte un dedo encima, yo le encargue que te cuidase, me fui pensando que estarías bien con él, porque no me contaste, si lo hubiese sabido, no me iba.
- Albert, no te lo conté porque tuve un poco de vergüenza, ustedes parecía que se llevaban bien, eras su único amigo en esa época, además creía que Terry no sabía cómo demostrar cariño o el gusto que sentía por mí, pensé que como su familia estaba tan fragmentada no sabía ser cariñoso, tierno, era como un animal herido. Yo misma no tenía un modelo a seguir, sola abandonada, primero mis padres, Anny, Anthony, no me di cuenta que me aferraba a quien me demostrara un poco de cariño, cuidado, si lees el diario veras que también me defendió cuando Niel y sus amigos me golpearon, no todo fue malo.
- ¿Niel te golpeo?
- Tranquilo Albert, paso hace mucho tiempo, ya no vale la pena.
- Si por mi fuese saldría a darle de golpes a todos los que te lastimaron y de paso a mí mismo, por dejarte sola, discúlpame. Candy entiendes que el amor no es egoísta ¿verdad? Cuando uno ama quiere que esa persona esté siempre feliz, contenta, la ayudas para que logre sus metas, cuida de ella y harías hasta lo imposible para que siempre sonriera y no ver en sus ojos miedo o tristeza. Entiendo que el no tuvo una vida fácil, pero no justifico su actitud y menos que te lastimara por un arranque de celos, eso no es cariño, ni amor, fue agresión.
- Ahora lo se Albert, cuando vivimos en el Magnolia aprendí muchas cosas, sin querer compare las actitudes de ambos, mientras él era explosivo, burlón, nunca dejaba de ponerme apodos que me molestaban, entre otras cosas, tú eras calmado, nunca me ponías motes y si algo me molestaba tratabas de no volver a hacerlo, fuiste paciencioso con mi forma tan desorganizada de ser, tuviste mil oportunidades para gritarme por los errores que cometía, pero solo me explicabas con paciencia, donde con él reprimía mis sentimientos y mis demostraciones, contigo podía contarte mis penas, alegrías, tus brazos eran refugios en mis tormentas y tu voz calmaba mi alma, para ti siempre estuve antes de nadie, para él, no lo era.
- También cometí muchos errores Candy, en aras de tu bien, te abandone dos veces, no sabes cómo me arrepiento, yo quería que seas feliz, aunque no fuese conmigo.
- Todos cometemos errores Albert, somos humanos, lo importante es que los corrijamos y aprendamos de ellos, prométeme de ahora en adelante que antes de tomar decisiones por mí y viceversa hablaremos y juntos llegaremos a una sola solución ¿lo prometes?
- Si, lo prometo. - mientras compartimos un tierno beso. - Candy … adoro tenerte a mi lado, pero me puedes decir que haces en mi alcoba a estas horas y por dónde entraste?
- Entre por la ventana y vine a verte porque estaba inquieta y sin sueño, quería hablar contigo antes de irme a dormir, te veías algo incómodo con la decisión que tomé con respecto a no hacer pública nuestra relación, que quise venir ¿hice muy mal?
Mientras dice esto último se encoge de hombros, por suerte se escabullo a mi cuarto con ropa más "decente" esta vez, soy un libidinoso que anda fantaseando con su ropa de dormir.
-Bueno ya es tarde, vamos regresa a tu alcoba cariño.
- Esta bien ¿pero hay algo que quieras preguntar o aclarar con respecto a lo que has leído?
- No me lo recuerdes que leer que tus brazos quedaron todo morados y con marcas de sus uñas hace que pierda la cordura.
- Hay señor Ardlay ya paso, ya fue, no sabes el dicho que dice: lo que no fue tu año, no es tu daño; además para mí todo empezó hace poco, tú fuiste quien me dio mi primer beso, ese con el que toda chiquilla sueña, lleno de fantasía y emoción, aquel beso inexperto, que te hace sentir tan torpe, pero a la vez que te eleva al cielo.
- Te amo pequeña. - mientras la atraigo hacia mí y veo sus hermosos ojos. – para mí también fuiste mi primer beso.
- Que mentiroso eres Albert, tú si sabias besar; besas muy bien, no era tu primer beso.
- Así que ¿beso muy bien?
- No seas tan arrogante.
- Candy no te voy a negar tengo un pasado y ha habido…- mi voz se apaga abruptamente, ya que los dedos de Candy me impiden hablar. –
- No lo digas Albert, sé que tienes un pasado, que eres mayor que yo, pero no quiero saber nada de ellas, no las menciones.
- Cariño. - beso sus dedos antes de alejarlos de mis labios. – para mí tú eres la primera y la única a la que he besado con amor.
- Te amo Albert.
- También yo pequeña, pero igual le daré un puñetazo a Terry en cuanto lo vea, por todo lo que te hizo y por qué estoy celoso.
- Celoso, ¿de él?
- Si, por verte mientras te cambiabas.
- Hay Albert, tú me viste infinidad de veces y solo éramos amigos, ya déjalo por la paz.
- Pero eso fueron porque el departamento era pequeño y nuestra privacidad era un poco complicada.
- ¡Ajá, ósea lo admites! ¡Me mirabas! ¡Eres un mirón!
- Eso suena muy feo, pero si te miraba, eres hermosa, para mi perfecta, no hay nadie más bella a mis ojos.
- Que yo recuerde, no creo haberte visto en paños menores, solo tu pijama. - que mentirosa que soy, es lo que grita mi conciencia, mientras me sonroso un poco. –
- Querida tú eres muy despistada, en esa época creo que ni me hubieses visto, aunque me hubiese paseado desnudo delate tuyo, tu solo soñabas con TERRY.
- Eso no es verdad! si hubieses leído en el diario sobre el día que nos vimos en Londres no dirías eso, también recuerdo que cuando te vi en el hospital, cuando te trajeron del frente italiano, a pesar que estabas un tanto delgado y demacrado, pensé que te veías mucho mas muy guapo sin esa barba espesa y los lentes oscuros.
- Si leí esa parte en Lakewood, así que esa vez me viste muy atractivo y no me parecía al señor Albert que te salvo en la cascada, ¿aquel que parecía de más edad y que por la barba espesa parecía un oso?
Las bromas, las palabras casi susurradas, hace que la atmósfera cambie, nuestros cuerpos se acercaron y nuestros labios trasmiten la necesidad de nuestros cuerpos, mis manos vagan por su espalda, siento sus temblores y su aroma me embriaga.
- Candy, vete ahora, sino no podré detenerme y voy a tener que buscar un cura que nos case de madrugada, bueno mejor mañana a primera hora y no vas a poder seguir con tu plan de congraciarte con mi tía.
- Hay Albert, porque hay tantas reglas que seguir, pero si mejor me voy, tengo que "madrugar" si quiero desayunar con ustedes, así que hasta mañana príncipe.
Mientras la veo escabullirse por la ventana, siento que cada vez es más difícil estar lejos de ella.
La suerte no siempre está del lado de los enamorados y no fueron los únicos ojos que la ven salir de mi habitación.
-Parece que hay costumbres que nunca se olvidan, maldita, voy a hacer que te arrepientas, voy a verte llorar lágrimas de sangre y me regocijare de eso.
- ¡Candy! despierta llegarás tarde a desayunar y la señora Elroy se enojará; además tienes que verte linda, recuerda que hay invitados y sobre todo no querrás estar por debajo de esa señorita que quiere casarse con el señor Albert ¿cierto?
Basto esa advertencia, para salir disparada de mi cama, como si un resorte me impulsara salí corriendo con dirección al cuarto de baño.
- Doroty, ayúdame a elegir el vestido y los complementos de este, sé que escogerás bien, hoy quiero verme lo más linda posible, Albert es solo mío y no me dejaré que nadie me lo quite.
- Perfecto, esa es la actitud.
Mientras voy a darme una ducha rápida, para estar bien despierta, me digo a mi misma que esta vez seré la primera en mi lista de prioridades, no me dejaré de nada ni nadie, mientras mi camisón cae al piso, igual siento que mis miedos se caen y frente al espejo veo a una mejor versión de mí.
Lástima que las cosas muchas veces no se dan como una las cree…
Bueno chicas hasta aquí este capítulo, súper disculpas, pero hay mil cosas que hacer que no puedo actualizar con la rapidez que quisiera.
Gracias por sus reviuw, sus mensajes, sus like, las leo,
Cuídense mucho, un beso.
