Sara estaba haciendo un par de dibujos sobre la mujer maravilla en el parque del colegio. Tenían hora libre ya que la profesora Stacy había faltado. Así que se relajó y se dedicó a dibujar. En algún momento se ve que empezó el recreo de la primaria, porque de repente el parque se vio lleno de niños y niñas. El colegio tenía un edificio para primaria y otro para secundaria, pero el parque era compartido, por eso tenían recreos en diferentes horarios. Sara no les prestó mucha atención, pero en un momento le ganó la curiosidad cuando vio a un par de niñas practicar una coreografía de hip hop. Ella se divirtió mucho viendo a esas niñas porque el paso que querían hacer no les salía.
— ¿Necesitan ayuda? — Pidió saber ella.
— ¿Sabes bailar? — Preguntó una de ellas con curiosidad.
— Si. — Afirmó.
Las niñas se llamaban Emily y Vanessa. Ellas estaban armando una coreografía para la clase de gimnasia. No tuvieron mucho tiempo, pero Sara pudo darles un par de ideas para la coreografía y les explicó los pasos básicos de bajo impacto: funk walk, cross walk, el relevé, el kick ball change y el pivot turn. Las niñas también le habían pedido que les muestre algunos pasos de alto impacto, los cuales Sara no dudó en hacerlos; pero les recomendó que no los intenten hasta tener más práctica y alguien que las supervise, y les sugirió que por ahora podían mezclarlo con verticales y medialunas si querían hacer algún tipo de pirueta.
Se sintió lindo volver a bailar y encima para ayudar a otras personas a aprender algunos pasos. Ella no había bailado desde que se había mudado a la ciudad de Starling. En realidad, desde que su hermana y su padre habían muerto que casi había dejado el baile en su totalidad. Había algo que se sentía mal en bailar, porque bailar la hacía sentir extremadamente feliz. Y ella no sentía que fuera justo sentir esa felicidad, cuando su hermana y su padre no estaban con ella. Las pocas veces que había bailado después se había sentido culpable y triste, como si no tendría que permitirse darse ese gusto… Algo parecido le pasaba también -a veces- con andar en skate, pero bueno, ahora tenía la excusa de que no tenía una.
— ¡Eso fue increíble! — Exclamó Zari entusiasmada.
En ese momento Sara se dio cuenta que Jax y Zari la estaban mirando con asombro y probablemente habían visto todo el intercambio que ella había tenido con Emily y Vanessa.
— Por favor tienes que presentarte a la prueba de baile. — Pidió Zari.
— No, yo no, ya no hago esto. — Negó ella.
— ¿Qué no haces? — Preguntó Jax confundido.
— Bailar. — Respondió ella. — Desde que Laurel y papá no están, no puedo hacerlo, no me siento bien haciendo algo que me hace tan feliz. — Intentó explicar, sin dar mucho detalle.
— ¿Bailar no, pero andar en skate si? ¿O ese es el motivo porque el patinas de una forma tan arriesgada, que parece que te vas a romper la cabeza? — Pidió saber Jax, pensando en como la otra siempre realizaba saltos que parecían imposibles de lograr.
— Algo así. — Admitió sintiéndose avergonzada al estar tan expuesta.
— ¿Por qué ayudaste a esas chicas si ya no bailas? — Continuó Zari el interrogatorio insistentemente.
— Porque lo necesitaban. — Respondió, sin siquiera dudarlo.
— Sara, ahora somos nosotros lo que necesitamos ayuda. — Dijo Jax.
— No sé si es buena idea, además Ava me odia. — Expresó otra de sus preocupaciones.
— Sara eres la mejor persona que hemos visto bailar desde que estamos haciendo audiciones, Ava no va a poder negarse sin importar cómo le caigas. — Aseguró Jax.
— Y tal vez sea bueno que vuelvas a bailar, que hagas algo que te haga bien y feliz, todos merecemos eso. — Expresó Zari su opinión, se sentó frente a la otra y agarró una de sus manos para ofrecerle contención.
— Sé que es difícil, pero hacer algo que te hace feliz no significa que los estás olvidando o que ya no te duela la pérdida de ellos. — Sumó Jax su opinión.
— Es que me hace sentir culpable. — Admitió con cierta timidez.
— Pero no es tu culpa. La vida sigue y no podemos vivir aferrados al pasado sin importar cuanto queramos. — Dijo Jax. — ¿O quisieras que yo deje de hacer cosas porque me siento culpable de casi ni haber conocido a mi papá y no poder recordarlo? — Preguntó, llamando la atención de la otra.
— No, vos te mereces hacer todo lo que quieras y que te haga feliz. — Respondió ella honestamente, y dejó caer su cabeza en el hombro de él.
— Vos también lo mereces. — Dijo Jax, acariciándole la espalda.
— Si te presentas a la prueba te regalo mi skate. — Propuso Zari, buscando algo que pueda hacer sentir mejor a la otra.
— ¿Tienes una skate? — Preguntó Sara sorprendida, desde que patinaba con las Leyendas nunca había visto a Zari hacerlo.
— Si, los chicos me la regalaron hace mucho tiempo, pero nunca pude tomarle gusto a patinar. Está medio vieja, pero mejor eso antes que nada, ¿No? — Explicó Zari.
— Bien, creo que tenemos un trato Tomaz. — Aceptó ella con una pequeña sonrisa.
— Un placer hacer tratos con vos Lance. — Dijo Zari devolviéndole la sonrisa.
Jax y Zari le enseñaron la coreografía que tenía que aprenderse para presentarse a la audición. Todavía no estaba segura si era buena idea volver a bailar, pero estaba dispuesta a intentarlo. Tal vez sus amigos tenían razón y ella se merecía hacer algo que la hiciera feliz… y más cuando viviendo con Dinah y Malcolm no tenía razones para serlo. De lo único que estaba segura era que nunca iba a dejar de extrañar a su hermana y su papá, ni nunca iba a dejar de dolerle sus muertes. Pero tal vez podría expresar ese dolor en su baile, dejarlo salir afuera.
Las audiciones no fueron para nada lo que había imaginado. Ava continuó pidiéndole que haga más y más cosas, y ella hizo todas. Pero nada parecía alcanzarle, era evidente que lo hacía porque no la quería en el equipo. Así que Sara decidió que lo mejor era irse. Ella no iba a quedarse en un lugar donde no la querían, porque ella sabía lo que era ser querida y no se iba a conformar con menos. Suficiente que tenía que soportar a Dinah y Malcolm. Ella no podría soportar algo más del estilo. Quizás, después de todo, ella había tenido razón y lo mejor era no bailar como castigo de haber sobrevivido.
Pero Ava la frenó, se disculpó y le aseguró que la querían en el equipo. Entonces Sara hizo algo que no hacía hace mucho tiempo, se dio una oportunidad porque tuvo la esperanza de que eso fuera algo bueno. A partir de ese momento Sara se unió al equipo de baile de las Leyendas de Beebo.
A la semana le dieron una remera con el logo y el nombre del equipo. Los entrenamientos del primer mes fueron uno mejor que el otro, Sara los disfrutaba mucho. Rip, el entrenador, era accesible y democrático; y sus compañeros la habían recibido bien.
Todo parecía acomodarse de a poco. Ella se sentía a gusto con el grupo de baile, con sus compañeros y con su trabajo. Hasta su tercer competencia de lucha libre fue para mejor, ya que logró ganar tres peleas en vez de dos. Todo parecía ir mejor y estaba comenzando a relajarse, por eso debería haber sospechado que de repente algo lo iba a arruinar.
— Danos el dinero. — Ordenó Malcolm cuando ella llegó de su trabajo.
— ¿Qué dinero? — Preguntó.
— El de tu trabajo, no te hagas la tonta que sabemos que los domingos cobras. — Respondió Dinah.
— Es mi dinero. — Defendió.
— Todo lo tuyo es nuestro. — Retrucó su madre.
— Pero vos me dijiste que si quería dinero tenía que trabajar, y eso es lo que hago. Así que este dinero es mío, el de ustedes es el de la competencia. — Intentó hacerles razonar.
— Necesitamos ese dinero, así que nos lo vas a dar. — Exigió Malcolm.
— No. — Negó ella.
Malcolm se acercó a ella de forma amenazante. Sara sabía lo que él iba a hacer, iba a pegarle. Pero ella ya estaba cansada de cómo ellos la trataban, así que se iba a defender sin importar el costo de lo que eso pueda llegar a significar. Cuando él avanzó hacia ella, Sara le pegó una piña, golpeando parte de su mejilla y su nariz. Ella se sintió satisfecha cuando vio que a Malcolm le salía sangre de la nariz gracias a su golpe.
— No le dejes marcas visibles. — Indicó su madre a su pareja, y después se marchó.
Malcolm y Sara comenzaron a pelear, dándose golpes y patadas. Sara atacaba hacia cualquier parte del cuerpo del otro que tenía a su alcance, defendiéndose lo mejor que podía. Malcolm hizo caso a su madre y tuvo cuidado de qué parte del cuerpo de ella hería, por eso sus golpes fueron más que nada dirigidos a las piernas, el estómago y la espalda de ella. De repente su madre volvió a aparecer, pero ahora tenía con ella unas fotos y un encendedor.
— Si no nos das el dinero, quemaré estas fotos. — La amenazó.
— No, por favor, no las quemes. — Rogó, notando que eran las fotos que ella había colgado en su habitación.
— Entonces danos el dinero. — Dijo seriamente.
— Bien, acá está. — Aceptó, sacando su sueldo de ese fin de semana de uno de sus bolsillos. — Ahora dame las fotos. — Pidió.
— Lo siento, pero no hay fotos. Esto es para que la próxima vez aprendas que no debes contradecirnos. — Dijo, una vez que Malcolm guardó el dinero en su pantalón.
Su madre agarró el encendedor y prendió las fotos con fuego. Sara se abalanzó contra su madre para intentar salvar las fotos, pero Malcolm la frenó dándole una patada en el estómago y agarrándola fuertemente de los brazos. Sara lloró y gritó, pero las fotos se quemaron en la pileta de la cocina hasta quedar hechas cenizas. Ver las fotos destruidas le partió el corazón, porque esas eran las únicas fotos reveladas que le habían quedado. Se sentía tan dolida que ni siquiera le importó cuando Malcolm la arrastró hasta el sótano y la encerró allí.
Otra vez la dejaron durante todo un día encerrada, por lo que el lunes no fue al colegio ni a la práctica de baile. Pero Sara ni lo registró, porque estaba demasiado dolida con todo lo que había ocurrido como para preocuparse por algo más. Pasó todo el día desconectada del mundo, y desconectada de toda noción de realidad.
Al otro día, cuando volvió al colegio y su rutina, continuaba desconectada. Su mente había decidido quedarse congelada en aquel accidente, y en revivir una y otra vez las pérdidas que tanto la afectaban. Mientras buscaba sus libros en su casillero, Ava había intentado llamar su atención. Pero por más que lo intentó más de una vez, fracasó miserablemente. O al menos lo hizo hasta que la agarró del brazo, haciendo que Sara se sobresalte ante el contacto y vuelva al presente.
— ¿Por qué no viniste ayer a clase y a la práctica de baile? — Pidió saber, sorprendida ante la reacción de la otra.
— Estaba enferma, tenía fiebre. — Respondió, informando la mentira que su madre había elegido para esta vez. Incluso le había dado un certificado médico que una amiga de ella había hecho en el hospital. Patético.
Ava continuó hablando, pero ella no pudo prestarle más atención. No era nada en contra de la chica, sino que de verdad la mente de Sara estaba en otra sintonía. Eso le pasaba mucho desde todo lo ocurrido con Damien, cuando algo la volvía a regresar al pasado se quedaba estancada allí, siéndole muy difícil volver al presente. Era raro y doloroso. Era como si su mente se estancaba allí porque todavía no terminaba de aceptar que estaba viva, pero su hermana y su padre no.
En clase tampoco pudo prestar atención, no podía concentrarse. Así que en vez de escuchar a su profesora y sus compañeros, se dedicó a dibujar. Su madre podría haberle quemado las fotos, las pocas que le habían quedado luego de que los hombres de Damien quemaron el departamento de Nueva York donde vivía con su hermana y su padre. Pero no podía quemarle las memorias, estas estaban impregnadas en la mente de Sara. Así que decidió que iba a dibujarlos, porque ella jamás quería olvidarlos. Así que dibujó a Lauren y a Quentin. Intentó recrear la foto de los tres juntos a la perfección, pero sin dibujarse a ella misma porque no se consideraba buena para los autorretratos. Estaba tan sumergida en sus recuerdos y en dibujar lo que necesitaba para recuperar un poco de paz, que no se dio cuenta que Ava había estado intentando llamar su atención.
— Señorita Sharpe, la próxima vez preste atención cuando le hago una pregunta. — Advirtió la profesora Zelda a Ava.
— Lo siento, es que Lance está dibujando, y como capitana del equipo de baile tengo que asegurarme que los integrantes de las Leyendas presten atención en clase y saquen buenas notas. — Justificó.
Sara recién reaccionó cuando escuchó su apellido ser nombrado. No podía creer que Ava haya hecho eso, que la haya mandado al frente de esa manera. Se sentía como una traición. Ava no necesitaba preocuparse por su rendimiento porque a Sara le iba bien en el colegio y en las clases sacaba buenas notas. Entonces, ¿Qué le molestaba que una vez no preste atención? ¿No se daba cuenta que a veces había cosas más importantes que una tonta clase? La profesora avanzó hacia su banco y eso la hizo ponerse nerviosa. ¿Iba a perder los dibujos también? Sara no tenía fuerzas para perder otra cosa más.
— Los dibujos Lance. — Ordenó Zelda, haciendo señas con sus manos para que se los de. — Ya sabes que esto amerita detención. — Le recordó dándole un papel con su falta, el cual debía entregar en detención.
Ella le dio los dibujos sintiendo como un nudo se formaba en su garganta. Tuvo que morderse la lengua para evitar que lágrimas empiecen a caer de sus ojos. Este día estaba resultando tan malo como el anterior, y Sara no sabía cuál era el sentido de continuar estando allí. Le habría gustado poder salir corriendo del aula, o gritar con todas sus fuerzas hasta quedarse sin voz.
Pero en vez de eso, le dedicó una mirada acusadora a Ava para demostrarle lo mucho que la situación la había enojado. Luego se dedicó a escuchar la clase, o a simular que lo hacía ya que su mente no estaba colaborando con ella en mantenerla en el momento e instante en el que se encontraba.
— Sara, espera, quiero hablar con vos. — Pidió Ava, siguiéndola cuando salieron de la clase.
— Nosotras no tenemos nada de qué hablar. — Dijo fríamente.
— Quiero pedirte perdón por lo de la clase… — Se comenzó a disculpar.
— Realmente no me importa que me hayas mandado al frente, sé que te caigo mal. — La interrumpió.
Sara tenía un nuevo sentimiento para agregar a la lista que tenía acumulada dentro de ella ese día, frustración. Ella pensaba que las cosas con Ava habían estado mejorando. Al ser ambas partes del equipo de baile habían estado interactuando más, y hasta el momento lo habían hecho bastante bien. Aunque la mayor parte del tiempo Ava la ignoraba… A Sara eso no le importaba, no mientras podían mantener la paz en los entrenamientos y las prácticas de baile. Pero esto era demasiado, esto le demostraba que todo el esfuerzo que había estado haciendo no servía. Porque aún así Ava elegía ver lo que ella hacía mal.
— Pero, ¿Sabes que sí me importa? — Preguntó y la otra negó con la cabeza. — ¡Me importa que esos dibujos eran míos y nadie tenía derecho de quitarmelos, ni vos, ni la profesora! — Exclamó enojada.
Ava dio unos pasos hacia atrás, notando toda la tensión y bronca que ella tenía acumulada. Bien, que se sienta mal, que sienta un poquito del dolor que ella tenía. Que se de cuenta que había estado mal. Sara pegó una piña a la pared para descargar todo el dolor que tenía acumulado y se fue, dejando a Ava sola y shockeada en el pasillo.
Ava había estado mal, pero tal vez ella no era quien se había merecido ser el medio de descargue de toda esa bronca que tenía acumulada. Tal vez quienes en verdad la merecían eran Dinah y Malcolm. Y Damien, siempre Damien. Pero a Sara le costaba distinguir esas cosas cuando estaba dolida. Sara se encerró en el baño y lloró, lloró mucho…
Se le fue la noción del tiempo y perdió su siguiente clase, ganándose una doble detención. Su mente recién volvió al presente a la noche, cuando se dio una ducha. Se sentó en el piso y dejó que el agua caiga sobre ella volviéndola al presente. En la ducha volvió a llorar, y mientras lo hacía pudo identificar todo lo que había sucedido en esos últimos días. Y así volvió al presente.
