Sara pensó que luego de lo que había pasado con su madre y con Malcolm, su semana iba a ser terrible. Pero para su sorpresa, esta mejoró notablemente gracias a dos regalos que recibió.

Primero, Rip, su entrenador de baile, le había regalado un celular. Sara había estado tan asombrada ante ese detalle que le costó mucho aceptarlo, pensaba que no se lo merecía. Su entrenador no tenía que gastar dinero en ella, ni hacerle semejante regalo importante. Pero finalmente lo terminó aceptando. La realidad es que lo necesitaba, y Rip la hizo sentir que se estaba haciendo un favor a sí mismo y al equipo dándole eso. Además, el mantenimiento y el gasto del celular quedaba a cargo de Sara, lo cual era lo correcto para ella. Suficiente con que le regalara un aparato, el mantenimiento de la línea no lo iba a permitir.

Segundo, el skate que Zari le había prometido. Luego de dar la prueba de baile y comenzar a sentirse a gusto en el equipo de las Leyendas, se dio cuenta que Zari no necesitaba darle ningún skate. Ella había hecho eso para hacerla sentir mejor, para hacer que se animará a volver a hacer algo que la hacía sentir bien. Así que los días pasaron, y el skate nunca apareció. Sara asumió que era un tema olvidado, y estaba de acuerdo con ello por más que no lo habían hablado.

— Sara. este regalo es para vos. — Informó Zari, dándole un paquete.

— Pero no es mi cumpleaños. — Dijo confundida, el paquete casi cayéndose al piso porque no había querido agarrarlo en un principio.

— Pero es algo que te había prometido. — Le aseguró Zari. — Sé que tardó en llegar, pero al parecer había olvidado que mi primo la había pedido prestada. — Justificó.

Sara abrió el paquete y se sorprendió al ver que era un skate, ella había creído que ese tema había quedado olvidado. Se notaba que el skate estaba viejo, tenía la pintura gastada y en algunas partes del metal había manchas de óxido. Pero era un skate, y sin importar cómo fuera el estado en que se encontraba la función era la misma, ella iba a poder patinar. Ella no podía aceptar ese regalo.

— Gracias Zari, pero yo no puedo aceptarlo. — Dijo e intentó devolverle el skate, pero la otra se negó.

— Si, podés y vas a aceptarlo. No sólo porque te lo había prometido, sino porque le vas a dar mucho más uso que el que yo le doy y te va a hacer feliz. — Retrucó, cruzándose de brazos para no poder agarrar el skate.

— Entonces que la use tu primo, yo no puedo sacársela a él. — Intentó buscar una excusa.

— En verdad es tierno que te preocupes por mi primo. — Comentó y rió al ver la cara de disgusto que puso la otra al ser relacionada con la palabra tierna. — Pero él ya no usa este skate porque hace tiempo le regalaron una nueva, la tenía guardada en el garaje de su casa. — Explicó con calma.

— ¿Vas a seguir insistiendo hasta que acepte? — Cuestionó, después de dar un largo suspiro.

— Si. — Afirmó con determinación.

— ¿Quién es la tierna ahora? — Preguntó con una pequeña sonrisa.

— Si me vuelves a decir tierna romperé el skate contra tu cabeza. — Bromeó y ambas rieron.

Esa era una de las cualidades que más le gustaba de Zari, su humor y su ironía. Ella era una de las personas con las que mejor se llevaba del equipo, y probablemente se debía a que ambas tenían una actitud un poco brusca y no les gustaba hablar sobre sus sentimientos.

Después de probarla, y recibir la aprobación de la otra luego de mostrarle un par de saltos, le preguntó si podía pintarla. Obviamente Zari le dijo que sí, que podía hacer lo que ella quería con el skate, porque ahora ese skate era de ella. Sara pintó el skate color negro y con blanco le hizo varios dibujos de caras con distintas expresiones: felices, tristes, sacando la lengua; también hizo algunas naves espaciales, planetas, estrellas, flores, y escribió algunas frases. La estética era un lío, pero era su lío, y todo junto tenía sentido.

— ¿Qué te parece? — Le mostró el skate a Zari.

— Increíble. — Apreció maravillada. — Parece uno totalmente nuevo. — Dijo ella con sinceridad.

— Mejor que nueva, es como un modelo propio. — Halagó Behrad su arte.

— Quizás podrías diseñar una a cada uno. — Sugirió Jax.

— Mmm depende. — Dijo ella pensativamente.

— ¿De qué? — Preguntó Mick.

— De que me darían a cambio. — Comentó ella divertida.

— A mi se me ocurren unas cuantas ideas. — Dijo Charlie, acercándosele de manera insinuadora.

— ¡Sal de aquí! — Rió ella ante la broma y la apartó de su lado.

— Eeyy tu eres bisexual, te gustan las chicas. — Se quejó Charlie.

— Si, aunque todavía no entiendo la diferencia entre nuestras etiquetas. — Le recordó. Charlie era pansexual. Ya habían tenido conversaciones sobre eso, pero seguía sin entender del todo en qué se diferenciaban.

— No tendremos muchas diferencias, pero las tenemos. Y cada uno es libre de identificarse como quiere. — Aseguró Charlie. Nunca se había sentido muy cómoda al hablar de sexualidad, pero desde que Sara se había unido al grupo sentía que podía hacerlo más libremente.

La siguiente semana todo volvió a empeorar. Su madre y Malcolm volvieron a quitarle el dinero de sus turnos en Danver's Dinner. Eso la estaba haciendo cuestionar si merecía la pena seguir trabajando. Si ella no iba a ver nada de ese dinero, tal vez lo mejor era dejarlo para no sentirse doblemente explotada. Pero antes de hacerlo quería asegurarse de agotar todas sus opciones, tenía que pensar una forma de ingeniárselas para que no le quiten el dinero, o por lo menos no todo… Pero necesitaba dinero, porque si no más de una vez no tenía comida, ni tenía los útiles para el colegio.

En fin, fue una semana estresante, porque casi todos los días su casa se llenaba de amigos de su Dinah y Malcolm para tener fiestas. Ella estaba cansada de dormir poco, tener que limpiar, y de su ropa estuviera todo el tiempo oliendo a alcohol y drogas. Seguro por eso daba una imagen bastante mala en su colegio, aunque siempre lograba sorprender a sus profesores porque estudiaba y sacaba buenas notas. Ella tenía que sacar buenas notas, era su única manera de escapar de allí, irse a una universidad lejos de Starling. Pero todavía faltaba casi dos años para eso...

Otra semana más, y parecía que las cosas iban a ir mejor porque todo de a poco se iba acomodando o ella se iba acostumbrando. Pero Martin decidió que ella y Ava iban a ser equipo para el trabajo de física. Sara no sabía qué esperar de eso, ellas se habían estado ignorando desde que la otra había hecho que la profesora Zelda le quitara sus dibujos. La realidad era que no conocía a esa chica, lo único que sabía era que era hermosa, buena bailarina, buena capitana y buena estudiante. Pero sabía que a la otra no le caía bien y eso la ponía nerviosa, ella no estaba acostumbrada a caerle mal a las personas de su edad y no sabía cómo reaccionar del todo. Y más cuando ella no le había hecho nada personal, por lo que no comprendía cómo podía simplemente su presencia molestar a la otra. Tanto que hasta le pidió al profesor tener que la ponga con otra persona, tanto que había intentado que la deje hacer todo el trabajo sola…

— Si pensas tanto se te va a quemar el cerebro. — Comentó Zari, intentado llamar su atención.

— Perdón, solo estaba perdida en mi cabeza. — Se disculpó al darse cuenta que no había estado prestando atención al almuerzo, ni a la conversación que estaban teniendo las Leyendas.

— Nos dimos cuenta. — Dijo Jax, divertido con la situación.

— ¿Qué te tiene así amor? — Preguntó John.

— No me digas amor. — Advirtió ella, aunque sabía que lo decía en broma, le decía así a todas. Y por más que había pasado algo entre ellos y Guinevere cuando recién se conocieron, había quedado todo bien.

— Suelta, te va a hacer sentir mejor. — Aconsejó Amaya.

Sara pensó por un instante si era buena idea hablar de eso con ellos. Finalmente decidió que iba a hacerlo. Total, ¿Qué tenía para perder?

— Ava y yo tenemos que hacer el trabajo de física juntas. — Admitió lo que la tenía distraída.

— Ahh, ¿era eso? — Dijo Nate quitándole importancia al asunto, y liberó una pequeña risa.

— Ava me odia. — Aclaró, aunque tenía la sospecha que no era necesario y todos lo sabían.

— Ella no te odia. — Negó Ray.

— Le pidió a Martin que la ponga con otra persona, y como él no aceptó intentó convencerme de que iba a hacer el trabajo ella sola. — Argumentó, sintiéndose frustrada.

— Bueno, tal vez hacer el trabajo juntas les de la posibilidad de conocerse y llevarse mejor. — Intentó animarla Ray, viendo el lado positivo.

— Ava es una gran persona, ya vas a ver. — Aseguró Nate.

— Y cuando Ava te conozca le vas a gustar, porque vos también eres una gran persona. — Agregó Amaya con confianza.

— Por ahora, lo único que sé es que es sexy y si no le caería tan mal tal vez podría convencerla de que pasemos el rato dándonos besos mientras hacemos el trabajo. — Bromeó ella, porque no quería que la conversación fuera tan seria.

— Eeyy ojo que estás hablando de nuestra capitana. — La retó Charlie, dándole un pequeño golpe en el brazo.

— ¿Me van a decir que ninguno de ustedes piensa que ella es linda? — Preguntó ella y todos se quedaron callados. — Eso creía. — Dijo con una sonrisa.

A pesar de las bromas y de haber quitado la tensión al momento, Sara quería creer que ellos tenían razón. Porque en verdad Sara no había hecho nada para que la otra chica la detestara tanto. Había querido descifrar los motivos más de una vez, pero no lo había logrado. Tal vez tenía que confiar y pensar positivamente, tal vez esa era la oportunidad que tenían Ava y ella para conocerse mejor. Solo esperaba no darle más motivos para caerle mal, sino no sabía cómo iban hacer que funcione lo de estar en el equipo de baile juntas.

El viernes llegó más rápido de lo que le habría gustado. Y aunque le gustaba su trabajo, y se llevaba bien con sus compañeras, estaba cansada de tener que depender de ella misma para todo lo que necesitaba. Una adolescente no tendría que estar pensando en esa clase de cosas. Además, ahora no sabía si tenía sentido porque ni siquiera se estaba quedando con su propio sueldo. Necesitaba una solución. Por suerte una idea llegó a ella por parte de Lena, así que fue a hablar con Eliza.

— Eliza, ¿Puedo pedirte algo por más raro que suene? — Le pidió a su jefa.

— Claro, ven así hablamos tranquilas. — Aceptó y la guió hacia la oficina que tenía arriba del bar. — ¿Qué necesitas? — Preguntó con curiosidad.

— ¿Hay posibilidades de que pueda recibir el sueldo en una cuenta bancaria? — Expusó la idea que Lena le había le dado.

— Si, claro, cuando ya sos mayor de quince años podes sacar una cuenta en cualquier banco. — Respondió pensativamente. — ¿Querés que envíe tu sueldo a una cuenta personal tuya o de alguno de tus padres? — Pidió saber.

— Una mía, propia. — Se apresuró a responder.

— ¿Tenes una cuenta? — Preguntó, sacando un anotador para poder escribir los datos que necesitaba.

— No. — Respondió ella.

— Bueno, entonces primero deberías hacerte una. — Indicó, dejando a un lado el anotador. — Y por cierto, puedo enviar el sueldo a tu cuenta, pero las propinas no, eso va en mano. — Le dejo saber.

— Está bien, gracias. — Aceptó ella sintiendo alivio, eso era aún mejor. Tener las propinas en mano le podía servir en caso de que Dinah o Malcolm le pidieran dinero.

— Avisame cuando tengas la cuenta y arreglamos todo. — Le aseguró. — Y si alguna vez tienes problemas con el dinero de tu sueldo porque alguien que no debería se está quedando con este, avisame así vemos cómo podemos intentar solucionarlo. — Agregó con algo de preocupación, sospechando que había algún motivo por el pedido de la otra.

— Gracias. — Agradeció con una sonrisa sincera.

Sara trabajó toda la noche del viernes y la mañana del sábado. Ya era el mediodía y era la hora a la que necesitaba irse para encontrarse con Ava a empezar a hacer el trabajo de física. Pero la compañera que venía a reemplazarla no llegaba, así que decidió mandarle un mensaje de whatsapp para que no haya malos entendidos, ni darle más motivos para seguir cayéndole mal.

Ava

Sara:

Voy a llegar un poco tarde

Mi compañera de trabajo todavía no llegó para reemplazarme.

Ava:

No hay problema, estaré esperando en la biblioteca.

Nia llegó diez minutos después de que enviará el mensaje a Ava. Ella se disculpó por llegar tarde, cuando iba en camino al trabajo se dio cuenta que había olvidado los patines del uniforme y había tenido que regresar a su casa a buscarlos. Sara aceptó las disculpas y se fue camino al colegio. Decidió llevar suficiente comida para dos personas, por si Ava tampoco había almorzado.

Entró a la biblioteca y encontró a Ava enseguida, era una de las pocas personas que estaban allí. Fue a la mesa donde ella había elegido ubicarse, la saludó y se sentó frente a ella.

— Perdón por llegar tarde. — Se disculpó ella.

— No hay problema, lo entiendo. — Aceptó Ava con sinceridad. — Había olvidado que trabajabas. — Admitió, algo avergonzada.

— Si, estuve trabajando toda la noche y la mañana, por eso traje café y el almuerzo. — Informó, colocando la bolsa con comida en la mesa. — Puedes agarrar lo que quieras. — Dijo, como si fuera obvio que la comida se compartía.

— Gracias. — Agradeció y agarró uno de los cafés. — ¿Estuviste avanzando sobre algunas de las ideas como habíamos quedado? — Pidió saber.

— Si, de hecho si. — Respondió y sacó su cuaderno de la mochila.

Sara le entregó el cuaderno a Ava para que pueda ver las ideas que ella había estado pensando respecto a los saltos de skate para el trabajo. Le daba ciertos nervios mostrárselo porque Ava era la mejor alumna de su año y era hiper responsable, por lo que seguramente iba a juzgar sus ideas de alguna manera. Para calmar sus nervios sacó uno de los sandwiches de la bolsa y se puso a comer.

— Esto es realmente bueno, es una gran idea. — Apreció.

— Gracias. — Agradeció sorprendida.

Sara sintió felicidad de poder haber causado en la otra chica algo nuevo. Hasta el momento solo había logrado fastidiarla o molestarla con las cosas que hacía, pero ahora, en ese instante, había logrado su aprobación. Ese instante pareció importante, pareció como si algo fuera a cambiar en la relación, y eso significó mucho para Sara. Y así empezaron a intercambiar y dialogar sobre diferentes ideas, y comenzaron a trabajar como si trabajaran hace mucho tiempo juntas e incluso se conocieran.