Sara no había esperado tener un fin de semana diferente, pero cuando Jax le informó que iban a ir a Freeland, una ciudad cercana, para participar de una competencia de skates aceptó sumarse a ellos. Aceptó porque el ganador recibía un premio de 1.000 dólares, y ella quería intentarlo porque necesitaba el dinero. La última vez que había averiguado cuánto estaba un pasaje de avión a Nueva York estaba 3.500 dólares, así que esos mil -en caso de ganarlos- le iban a venir bien para sus ahorros. También había estado averiguando de ir en micro porque era más barato, pero de esa manera iba a tener que hacer varias combinaciones porque no había nada directo desde Starling.
Ella se llevó una sorpresa cuando la pasaron a buscar y vio que sus amigos habían elegido que ella viaje en la camioneta de Ava, pero no lo cuestionó. Desde que habían estado haciendo el trabajo de física juntas sentía que se estaban llevando mejor.
Sin buscarlo, en algún momento del viaje, se quedó dormida.
Todo se puso oscuro, ella se encontraba nuevamente atrapada en algún lugar sucio y desolado con Damien. Él la torturó una y otra vez, hiriendo y gastando cada centímetro de su cuerpo. Luego, a su hermana y a su padre. Los torturó frente a sus ojos, y ella no podía hacer nada para detenerlo. Les pegó un tiro a cada uno, y una vez que estuvieron muertos empezó a abrir sus cuerpos y sacar los órganos que todas las personas tenemos dentro.
Su propio grito la despertó. Esa pesadilla la atormentaba más de una vez. Sintió como el pánico se apoderaba de ella al sentir el gusto metálico de la sangre en su boca, así que pidió que frenen. Casi se tiró de la camioneta para poder salir al exterior y vaciar su estómago en algún costado de la ruta. No sabía cómo controlar la situación y pensaba que iba a perder la cabeza, pero Ava la ayudó.
Ava la hizo salir de su estado de pánico, y Ava le compró algo para comer cuando llegaron a Freeland para que tuviera energías durante la competencia de patinaje. Sara apreció mucho los gestos que estaba teniendo esa chica con ella. ¿Era posible que haya dejado atrás el odio hacia ella? ¿Era posible que ahora le cayera mejor y se haya ganado algo de su consideración?
En un instinto algo caótico y emotivo, le preguntó si la iba a ver competir y ella respondió que sí.
Sara sonrió. Siempre era bueno tener alguna motivación para participar. Y para ella no solo era el dinero, sino que ahora también quería ganar para impresionar a Ava.
— Ten, esto es para vos. — Le dijo Behrad dándole una remera.
La remera era color gris oscuro y tenía escrito en letras multicolores "Las Leyendas de Starling".
— Sabemos que la competencia es individual, pero a nosotros nos gusta competir con remeras que también demuestren que somos un equipo. — Explicó Charlie, al ver la cara de confusión de la otra.
— Gracias. — Agradeció con una sonrisa, se sentía asombroso cuando la incluían en esos detalles.
— ¿Cómo vas a hacer con el tema de tu banda? — Preguntó Jax a Charlie.
— La competencia de skates es a las tres de la tarde, y la banda toca a la una y media. No voy a tener problemas. — Respondió Charlie.
Sara se fue a cambiar su remera al baño. Charlie bromeó con que lo hiciera allí al aire libre, pero ella no podía hacerlo. No quería que todos vieran sus cicatrices. Así que le continuó la broma preguntándole si gustaba de ella o si era una pervertida, y se fue al baño. Cuando salió a reencontrarse con sus amigos, Charlie ya no estaba con ellos.
— Vamos rubia, hora de ir a ver a nuestra Charlie rockear. — Dijo Mick agarrando del brazo a Sara, para guiarla hacia donde estaba el escenario.
La banda en la que estaba Charlie se llamaba "The Smelll" y tocaban música punk/rock. Sara ya los había visto en una ocasión, pero esta vez sintió que hasta fue más divertido escucharlos que la otra vez. Tal vez porque ya conocía algunas de sus canciones, o porque estaban al aire libre y a ella le encantaban los festivales de ese estilo.
El rato pasó rápido y sin darse cuenta ya era hora de la competencia.
La competencia implicaba cinco rondas. Había 50 inscriptos. De estos, 12 pasarían a octavos de finales, 9 a cuartos de finales, 6 a semifinales, hasta quedar 3 para la final. Cada participante tenía un tiempo de tres minutos para patinar, en este tiempo deberían hacer los saltos que eran obligatorios y agregar otros que fueran elección de ellos, estilo libre.
A octavos de finales pasó todo el equipo. Fue una sorpresa para ellos, porque según le contaron nunca habían pasado todos la primera ronda.
A cuartos de finales pasaron Jax, Mick y ella.
A semifinales Jax y ella.
Y finalmente llegó solamente ella a la final.
Le tocaba competir contra otros dos chicos. Por lo que habían dicho uno de ellos era de allí mismo, Freeland, y el otro era de Gotham.
Para la final les pedían obligatoriamente realizar por lo menos tres ollies, un nollie, un slide, un lip, un grab y un flip -sin importar si fuera 180 o 360, kickflip o heelflip. El resto y las combinaciones eran libres.
Llegó el turno de Sara y salió a la pista con confianza, en combinar piruetas y saltos libremente era en lo que más cómoda se sentía. A ella lo que más le gustaba era improvisar en el momento lo qué tenía ganas de hacer. Realizó todos los trucos obligatorios a la perfección y hasta hizo todos los tipos de flip, en vez de elegir uno solo. Entre truco y truco, hizo trucos propios, inventados por ella. Sus trucos más que nada consistían en combinar sus movimientos de hip-hop y artes marciales con su skate. El público festejó cada una de sus innovaciones y eso la llenó de adrenalina. Cuando se terminó el tiempo de su turno, cada integrante del jurado le dio su puntaje: 9, 9, 10, 9, 10.
Cuando escuchó su nombre cuando mencionaron al ganador de la competencia, se sintió feliz. Por primera vez, desde que había llegado a Starling, sintió que el universo realizaba algo en su favor.
La tarde fue muy divertida y antes de que pudiera darse cuenta, ya estaban en la camioneta de Ava emprendiendo el regreso a Starling. A los veinte minutos de viaje Sara se sorprendió al ver el océano. Al parecer en el viaje de ida no lo había notado, porque había quedado muy resentida de su pesadilla y su ataque de pánico.
— Que lindo el mar, extraño nadar y surfear. — Comentó ella, mirando el paisaje a través de la ventanilla con una sonrisa.
— Podemos venir en el verano. — Sugirió Ray. — Ava puede recibirnos en su casa. — Sumó a su propuesta, agarrando el brazo de la chica que nombraba en modo de aprobación, y ella asintió con su cabeza.
— Sí, y de paso nos podés enseñar a surfear. — Agregó Jax, entusiasmado ante esa idea.
— Yo no sé si voy a estar acá en el verano, quiero ir a Nueva York. — Informó con sinceridad.
— ¿El premio de la competencia va para los ahorros del pasaje? — Preguntó Ava con curiosidad, ya que por lo poco que sabía de Sara, ella no tenía dinero; y por deducción su familia tampoco.
— Si. — Afirmó.
— Bueno, el verano es largo, tampoco que fueras a pasarlo entero en Nueva York con el asco que debe ser esa ciudad con calor, ¿No? — Dijo Jax pensativamente.
Sara no quería mentirle a su amigo, así que no respondió. Por suerte Nora cambió el tema de conversación antes que otra persona pueda continuar agregando más a ese asunto. El viaje fue tranquilo y tipo ocho de la noche Ava los dejó en el colegio. Los dejó allí porque tenía que dejarle la camioneta a su hermana Ashley, quien estaba haciendo algún tipo de evento con las porristas. Ava se sumó al auto de Amaya. Nora al de Konane y Ray a la camioneta de Mick.
Jax y Sara decidieron que iban a regresar caminando. Sara todavía no había decidido si iba a hacer el turno de la noche en Danver's Dinners porque primero quería llegar a su casa, esconder el dinero en algún lado, ducharse y cambiarse con ropa limpia. Caminaron tranquilos, mientras hablaban tonterías y escuchaban música rap que él tenía en su celular.
— Cuando hablaste de irte a Nueva York sonó medio terminal, ¿estás pensando en irte y no regresar? — Después de pensarlo largo rato, finalmente se animó a preguntarle.
— Si. — Asistió ella, decidiendo ser honesta.
— ¿Por qué? — Pidió saber él, irradiando algo de tristeza.
— Porque las cosas en casa no están bien, mamá y su pareja… — Dijo y se cortó a ella misma sacudiendo su cabeza. — No creo que ese sea el lugar adecuado para mí, creo que incluso estaría mejor en el sistema de adopciones. — Intentó explicar.
— No hace falta que te vayas a Nueva York para eso, en todo el país funciona el sistema. — Le recordó él.
— Lo sé, pero aquí eso no funcionaría porque continuaría viendo a Dinah y Malcolm, en Nueva York en cambio no. — Dijo ella, esperando que eso fuera suficiente para hacerlo entender.
— ¿Te están lastimando o algo? — Preguntó preocupado. Sabía que ella no tenía buena relación con su madre, pero no pensaba que era tan extremo como para que ella quisiera irse.
— Hasta el momento no me han dado nada que no pueda manejar o soportar. — Dijo ella.
— Esa no es una respuesta. — Dio cuenta de la evasión de la otra.
— Lo sé, pero es la única que puedo darte. — Admitió ella con amargura.
Continuaron caminando hasta llegar a la esquina de la casa de ella. Sara le dijo que la deje allí porque vio que estaba el auto de Malcolm en la entrada, y prefería que no la vieran llegar con nadie.
Sara entró a su casa y se dirigió a su cuarto, pero antes que pudiera atravesar la puerta de este su madre agarró uno de sus brazos y la empujó con ella hacia el comedor.
— ¿De dónde venís? — Preguntó.
— Del trabajo. — Respondió ella automáticamente.
— Mentira, fui con una amiga a tomar el té y vos no estabas trabajando. — Dijo enojada al intento de la otra de mentir.
— ¿Qué te importa dónde estaba si hasta ahora nunca te importó? — Cuestionó ella defensivamente.
— Me importa porque soy tu madre. — Respondió y atinó a pegarle una cachetada, pero los reflejos de la otra respondieron velozmente y se corrió a tiempo. — Dime dónde estabas. — Ordenó.
— En una competencia de skates. — Admitió.
— ¿Ganaste? — Pidió saber.
— No. — Negó ella.
— ¡Malcolm! — Llamó a su pareja a los gritos, hasta que él apareció. — Revisala, quiero comprobar que no tenga dinero en ella. — Indicó.
Sara intentó escapar, pero entre ambos la retuvieron. Malcolm empezó a revisarla, tocando partes de su cuerpo y haciéndola sentir totalmente incómoda. Sentir las manos de él sobre su cuerpo fue un limite roto para ella, porque se sentía como una traición. La única persona que mandaba en su cuerpo y decidía quién o no la tocaba, era ella. Por eso reaccionó violentamente, apartándose y revolénadole su mochila a aquel hombre.
— El dinero está ahí. — Confesó ella. — No vuelvas a tocarme. — Advirtió.
Malcolm revisó su mochila y encontró el sobre con el dinero. Se lo dió a Dinah y ellos festejaron dándose un beso y un abrazo. Sara aprovechó ese momento para agarrar nuevamente su mochila y retirarse. Por suerte no la había continuado revisando, sino habría encontrado su celular. ¿Tendría permitido eso ella? ¿O se lo quitarían para venderlo? ¿O lo romperían para hacerla sentir mal?
— La próxima vez recuerda esto si no quieres que te toquen. — Gritó su madre a la distancia, para que ella pudiera escucharla antes de entrar a su habitación.
Esa noche Sara no fue a trabajar, sino que se acostó en la cama y lloró un largo rato.
Era evidente que todo le salía mal. Y que mientras viviera con esas personas iba a tener que soportar que todo fuera en su contra. Su día y el buen rato que había pasado con sus amigos quedó arruinado, incluso hasta la alegría de haber ganado la competencia de skates. Su talento hacía ese hobbie, que tanto amaba, no servía de nada si era usado en su contra. Se sintió derrotada e impotente. Y así se quedó dormida.
El domingo trabajó todo el día para estar lejos de su casa, de Dinah y Malcolm. Durante el día estuvo en un estado semi presente y apagado, y ni siquiera los intentos de sus compañeras para animarla funcionaron.
Es solo que realmente estaba cansada de que las cosas fueran en su contra.
¿Cuánto podría soportar una persona?
Ella no sabía si podía seguir soportando los golpes bajos y las caídas libres. Desde todo lo ocurrido con Damien que sentía que su vida iba de mal en peor. Y cada vez que pensaba que tal vez algo bueno podía pasar, que estaba bien tener un poco de esperanza y continuar; ocurría nuevamente algo malo, que le recordaba que tenía que bajar los cables a la tierra.
El lunes continuó en ese estado también. Le era muy difícil salir de este cuando se le pegaba. Notó la preocupación de sus amigos, pero ni siquiera tuvo las fuerzas para intentar simular un grado de buen humor. Lo único que logró sacarla de su estado de ausencia fue el entrenamiento de baile. Ella se perdió en la música y dejó que cada músculo de su cuerpo se relajara al conectar con esta.
— Tengo algo que contarles. — Dijo Rip con alegría, cuando finalizaron la coreografía que estaban practicando. — Tenemos fecha para el comienzo de la competencia, el 12 de octubre viajaremos a la ciudad de Gotham para la competencia estatal de Star. — Informó y todos festejaron.
Rip les explicó que la competencia tenía tres fases.
Primero elegir el grupo de baile ganador de cada Estado, en el caso de ellos: Star.
Segundo elegir el grupo de baile de cada región, en el caso de ellos: la costa sur central.
Por último, y tercero, elegir el grupo de baile ganador del país.
— Así que entre esta semana y la próxima vayan trayendo las autorizaciones de sus padres. — Pidió Rip.
— ¿Necesitamos autorizaciones? — Preguntó Sara, no que no lo supiera, pero hasta el momento no lo había pensando y al hacerlo sintió como si le acabara de caer un balde de agua helada en la cabeza.
— Si, por supuesto que necesitan autorizaciones, ustedes son menores de edad. — Explicó Rip. — ¿Algún problema? — Pidió saber al notar cierta tensión presente en la chica,
— No, ninguno. — Negó ella. — ¿Y qué hay del dinero, tenemos que pagar algo? ¿Y el vestuario? ¿Vamos a tener uno o usar cada uno lo que quiere? — Explotó, soltando miles de preocupaciones que surgieron en ella en un simple abrir y cerrar de ojos.
— Dinero sólo para el micro, el resto se encarga el colegio. El vestuario lo dejo a decisión de ustedes. — Contestó Rip con tranquilidad.
Sara sintió pánico por un momento. La autorización podía hacerla ella, falsificar la firma de su madre. El dinero podía ponerlo de los pocos ahorros que estaba logrando guardar gracias a su trabajo. Pero el vestuario… eso no era algo que pudiera solucionar. Sara no sabía si iba a poder bailar si elegían algo que deje expuesta sus cicatrices, si estaba lista para revelar esa parte de ella.
