¿Lo había soñado o realmente le había sucedido todo eso...?

Sentía su cuerpo arder como si se estuviera quemando por dentro y su cabeza le dolía como si fuera a explotar. Dentro de su mente tenía una maraña de recuerdos a los que no podía darle un sentido lógico. Todo estaba sucediendo tan rápido que imaginó que caía en una profunda oscuridad sin que nadie pudiera ayudarla.

—Ayuda— pensó alzando su mano hacia la nada.

Entonces, como si alguien hubiera respondido a su súplica, sintió que la envolvían en un abrazo que la relajó hasta tranquilizarse; un dulce aroma se coló a su nariz ¿Era flor de Azahar? No supo decirlo, solo que le resultaba familiar y agradable. En alguna parte, era un aroma que le recordaba a alguien de su niñez.

Dejó que aquellas sensaciones la reconfortaron y su mente aprovechó para alejarse del dolor en los tranquilos campos de los sueños, liberando los recuerdos que aquel aroma le trajo.

Se vio así misma más joven, aproximadamente de unos 11 años. Reconoció el lugar donde se encontraba: era su casa. Alcanzó a escuchar los fragmentos de una conversación que mantenían unas voces y supo distinguir que se trataba de sus padres que hablaban con alguien por el teléfono. Por la entonación de sus voces supo que algo iba mal...

— ¿Qué sucede?—les preguntó a sus padres al pie de la escalera, ellos estaban a punto de salir por la puerta principal.

Era de noche, casi de madrugada, hacía demasiado frío y no había podido conciliar el sueño. Se sentía ansiosa y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina para beber un vaso con agua cuando escuchó las voces de sus padres que se encontraban alterados por algo; no supo qué tan grave era el asunto hasta que escuchó el nombre de sus tíos y el de Sasori.

—Sakura, cariño...— dijo su madre bajando la mirada apenada.

— ¿Algo le pasó a Sasori?— la interrumpió Sakura impaciente de preocupación. — ¿Qué sucede? Diganmelo. —

Su madre le dirigió una mirada de soslayo a su padre y suspiró.

—Cariño, escúchame bien— dijo su padre bajando la voz en un tono comprensivo. —Tus tíos tuvieron un accidente y se encuentran en el hospital...—

— ¿Cómo se encuentran? ¿Están bien?—Sakura volvió a interrumpir, imaginando lo peor.

Su padre estaba a punto de decirle algo pero su madre se adelantó y se acercó a ella para abrazarla.

— ¿Qué sucede, mamá?— preguntó Sakura sintiendo como el miedo se apoderaba de ella a pesar del cálido abrazo de su madre.

—Tus tíos murieron...—soltó su madre y al escucharla Sakura empezó a llorar.

—Presta atención— continuó su madre—Chiyo-san se encuentra en el hospital, al parecer Sasori fue el único que sobrevivió. No sabemos cómo se encuentra y Chiyo-san nos necesita...—le explicó.

—¡Llévenme con ustedes, por favor!—chilló Sakura aferrándose al abrigo de su madre.

Su madre volteó a ver a su padre y éste asintió. Ella corrió a su habitación a cambiarse el pijama y ponerse algo más abrigador para la noche que les esperaba.

En su mente, repetía sin cesar el nombre de Sasori. Los recuerdos de esa noche revivieron: el viaje en coche de su casa al hospital, el dolor de Chiyo-obasama al saber que su hijo y su nuera habían muerto, la terrible espera de saber qué pasaría con Sasori. Hasta el día lluvioso en el que enterraron a sus tíos sin la presencia de Sasori que aún continuaba convaleciente. Cuando le autorizaron las visitas, Sakura no faltó ningún día a verlo; cosa que le agradecieron sus padres y en especial, Chiyo- obasama que se encontraba preocupada, ya que desde el accidente Sasori no había pronunciado palabra alguna.

Sakura corría diariamente de la escuela al hospital para verlo y aprovechaba para leerle, llevarle fruta y entregarle las muestras de cariño de sus compañeros que le deseaban una pronta recuperación. Esperaba que con sus pequeñas acciones pudiera aliviar de alguna forma su dolor pero por más que se esforzaba, Sasori no reaccionaba ante sus intenciones. Era como si su mente estuviera en otro lugar, muy lejos para poder alcanzarlo, como si su cuerpo se hubiera convertido en una carcasa vacía, incapaz de sentir algo.

Aquel día, Sakura había ido como siempre a animarlo. En su regazo cargaba un ramo de flores, fresco y colorido, pronto le darían la alta a Sasori y quería cambiar las flores de su cuarto que comenzaban a marchitarse. Al verla caminar por los pasillos, las enfermeras la saludaron afectuosamente, les parecía tierna la forma en que iba y venía diariamente por lo que comenzaron a llamarla "Hana no hanayome" o lo que significaba lo mismo la novia de las flores. Desde que Sasori se encontraba en tratamiento, ella cambiaba con mucho ahínco la decoración floral de su cuarto.

Entró al cuarto y lo saludo como de costumbre sin esperar respuesta; el silencio se había vuelto algo habitual entre ellos desde el día del accidente, así que procuraba llenarlo con su voz mientras le relataba lo que sucedía en la escuela y en su día a día. No pensaba darse por vencida, no lo abandonaría.

—Supe que te dan el alta pasado mañana ¿No estás contento?— le preguntó mientras cambiaba el agua del jarrón y colocaba las flores que había traído.

—Mis padres querían venir a verte pero su trabajo se ha vuelto demasiado demandante, los ascendieron... Pero acompañaré a Chiyo obasama a recogerte y haremos una fiesta. La pasaremos bien, ya lo veras, ayudaré a la abuela Chiyo a preparar todo lo que te gusta y...—

—No es necesario que vengas—la cortó secamente Sasori.

—Sa-sori...— pronunció ella soltando el jarrón con flores que se hizo añicos contra el piso. Estaba tan sorprendida de escuchar su voz que no tuvo tiempo para reaccionar.

—Tampoco traigas flores… Las detesto, mueren tan rápidamente… No soporto verlas — musitó cabizbajo con una mirada ensombrecida que estremeció el corazón de Sakura, sus palabras la hirieron.

— ¡¿Por qué no quieres que venga más?!—preguntó confundida pero le pareció más que lo había soltado como un reclamo.

— Si no quieres flores, no te regalaré más pero no me digas que me vaya...—dijo ella a punto de llorar.

Sasori no respondió y el ambiente en la habitación se tornó en un incómodo silencio.

—Espere tanto, tanto que no creí que volvería a oír tu voz— Por primera vez, desde el accidente él mantenía una conversación y Sakura no podía creer que las primeras palabras que le dirigía era para pedirle que se fuera.

— La vida es tan corta como la vida de esas flores, tienen un solo momento de belleza y al final se marchitan como las personas...—dijo Sasori alzando ligeramente su rostro para clavar su vista en las flores regadas en el piso. Era como si hablara consigo mismo y luego de un largo silencio, continuó— Mis padres, Komushi; un día tú también morirás. No quiero ver como lo haces, prefiero no verte más. —sentenció.

Ella apretó sus puños molesta sin creer lo que oía y caminó pasos agigantados hasta quedar frente a su cama. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, alzó su mano derecha con actitud molesta y amenazante;parecía dispuesta a pegarle. Sasori la miró sorprendido. Nunca había visto a Sakura de esa forma, de sus ojos corrían lágrimas y se quedó mirándola atónito hasta que ella bajó su mano que creyó la estamparía contra su mejilla pero para su sorpresa, ella se aferró a él en un abrazo.

— ¡Idiota! ¡No digas esas cosas! ¡Que si la vida es corta, es peor vivirla en soledad! ¡Cuando morimos.. al final... Al final, solo nos quedan los recuerdos que hicimos con la gente que amamos! ¡¿Quieres olvidar a tus padres, a Komushi, a Chiyo-obasma? ¿A mí?!— gritó ella sin soltarse de él.

—Sakura—pronunció él como si hubiera salido de un trance. Sasori no se había dado cuenta de lo mucho que la había lastimado con sus palabras, hasta que la escuchó llorar desconsoladamente sobre su hombro. Trató de reconfortar colocando su mano sobre la de ella y para su sorpresa, Sakura al sentir su contacto entrelazo sus dedos con los de él sin apartarse de su lado.

— No quiero dejar de verte. Quiero seguir haciendo recuerdos contigo mientras viva, así cuando muera nunca te olvidaré. ¡Te quedarás grabado en mi memoria por la eternidad!— dijo ella pegando su frente con la de él.

Sasori al oír sus palabras se sintió afortunado de estar vivo. Su corazón le dolió y descubrió que también lloraba, ni siquiera en el funeral de sus padres había derramado una lágrima pero ver a Sakura llorando por él de esa forma, lo había desarmado; había alguien que le importaba lo suficiente como para quedarse a su lado.

—Lo siento...— susurró apenado.

No tengas miedo, estoy aquí contigo—Sakura escuchó su propia voz y la de Sasori como si fueran una sola.

Era cierto, le había prometido algo así. ¿Cómo lo había olvidado? De pronto, sintió como si su mente se aclarara y le hubieran revelado una gran verdad. Ahora sabía bien lo que tenía que hacer.

Esta vez ninguno de los dos lo olvidará…—susurró.

Lo primero que vio al abrir los ojos fue a Deidara y a un sujeto con máscara naranja detrás de él, si no mal recordaba su nombre era Tobi Uchiha, primo de Sasuke. Lo había visto un par de veces husmeando en la puerta de su salón.

Intentó incorporarse pero Deidara se lo impidió apretando suavemente su hombro para hacer que se recostara de nuevo.

—Quédate tranquila, te desmayaste— le informó Deidara con semblante preocupado.

— ¿Deidara? ¿Qué haces aquí?—preguntó ella confundida.

—Veo que me recuerdas...je. Ah, pues veras, Tobi te encontró desmayada y te trajimos a la enfermería…— explicó Deidara con una nerviosa sonrisa y con el recuerdo de lo que había pasado unos minutos atrás. Aún seguía sin entender por qué Sasori se había negado a quedarse.

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— ¿Por qué no te quedas con ella hasta que despierte Sasori no Danna?— le preguntó Deidara al ver que se marchaba.

—De eso nada. Lo menos que quiero es que se sienta presionada, así que no le digas que estuve aquí—dijo Sasori dándole la espalda.

— ¿Estás bien con eso?— le cuestionó Deidara.

—Probablemente, es lo mejor. Ya la he importunado bastante, por ahora solo hay una cosa que me interesa y necesito tu ayuda para ello—

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—Nunca creí que lo vería tan decidido en recuperar los recuerdos que lo atormentaban pero creo que la razón por la que los quiere de vuelta se debe a ti— pensó Deidara mientras miraba a Sakura platicar con Tobi.

—Ustedes dos solo deberían quedarse juntos y dejar de preocupar a los demás—musitó en voz baja para sí mismo, soltando un cansado suspiro.

Mientras tanto, Karin iba hecha una furia por el pasillo luego de su desagradable derrota.

—Maldita Sakura, maldita tipa. ¿Quién se cree?— repetía exaltada en su mente. Yugo caminaba a su lado con dificultad, Sakura lo había dejado muy mal con aquella patada en su entrepierna. Necesitaba llevarlo a un lugar apartado para que pudiera descansar y también para aclarar sus pensamientos. Se vengaría de ella y su estúpido novio pelirrojo; no los dejaría irse tan campantes. Estaba tan ensimismada que no notó cuando Yugo frenó intempestivamente.

—¿Ah? ¿Por qué te detienes así?— le preguntó molesta pero no hizo falta que le contestara. Sasori estaba frente a ellos, tenía mal aspecto. En su rostro estaban marcados los golpes que le habían propinado el día anterior. Karin sintió como un sudor frío le recorrió la sien pero no estaba dispuesta a acobardarse, seguramente la zorra de Sakura había ido llorando con él, haciéndose la víctima de nuevo para que aquel estúpido volviera a salir en su defensa.

—¿Buscas pelea?—preguntó Karin con actitud prepotente. —Porque si es así, mi amigo puede darte otra paliza sin ningún problema. — agregó no del todo convencida. Yugo aún estaba adolorido como para poder pelear de nuevo.

—Pierdanse—se limitó a decir Sasori con indiferencia. No tenía ganas de lidiar con ellos, así que siguió su camino sin detenerse..

—Cobarde— Susurró Karin con una risa burlona entre sus labios cuando ambos se cruzaron. Iba a retirarse cuando la mano de Sasori la asió fuertemente de la pañoleta de su uniforme y la atrajo hacia él. Yugo intentó ayudarla pero Sasori se lo impidió empujándolo lejos, el enorme chico cayó contra la pared, quedando adolorido en el piso.

—¡Karin!— gritó Yugo con un dolor punzante en su pecho y se apoyó débilmente contra la pared para reincorporarse.

— Eres increíblemente atrevida ¿No?— dijo Sasori dirigiendole una sarcástica sonrisa. Sus rostros estaban demasiado cerca, tanto que Karin podía sentir su vaho tibio acariciándole la cara.

— Sé que las personas como tú son cobardes, usan a otros para resolver sus problemas. Eres de esas que jamás se ensucian las manos creyendo que tienen el poder de manipular a cualquiera con su encanto pero que, cuando están solas tienen miedo. En esos momentos, te das cuenta de lo hueca y vacía que estás porque nadie está realmente de tu lado. Todo es interés, un intercambio y entonces te ves tal cual eres: una pobre niña solitaria que quieren que la amen. ¿No es así?—

Karin lo miró con recelo, no podía moverse ni decir nada, las palabras de Sasori estaban cargadas de verdad y le habían hecho más daño que un golpe. Recordó algunas escenas de su pasado y sintió como un sudor frío le recorrió la sien cuando los ojos dorados de Sasori brillaron de forma maligna mientras escudriñaba su rostro en busca de alguna reacción que le revelará que la había herido.

—Suéltame… Tú no sabes nada de mí...— musitó ella tratando de zafarse de su agarre presionando su muñeca.

—Claro que lo sé. — dijo él jalandola más para susurrarle al oído. — Eres una cobarde que ni siquiera puede luchar por el amor del chico que le gusta y prefieres amedrentar a cualquier chica que se le acerque. Si, se que todo es por Uchiha Sasuke. Cegatona miedosa— río y la soltó para retomar su camino hacia el salón.

Karin temblaba por la fría expresión de su rostro, parecía un muñeco sin ápice de alma humana. Se quedó de pie con el corazón encogido y se recompuso para voltear hacia él y perseguirlo. ¿Qué se creían Sakura y él para decirle que podía o no hacer? ¿Acaso Sakura no lo manipulaba a su antojo como ella a Suigetsu? ¿No era su títere? No era como si ella no hubiera luchado por gustarle a Sasuke, lo había intentado más que cualquiera de las otras chicas que lo asediaban, incluso era la líder de su club de fans pero no podía hacer nada si él no correspondía a sus sentimientos.

—¿Por qué defiendes a Sakura a pesar de que ella es igual a mí y juega con Sasuke y contigo?! ¿Eh?— Le gritó Karin molesta con los ojos hinchados por las lágrimas que intentaba reprimir.

—No trates de comparar a Sakura contigo— le contestó de manera tajante Sasori con la mirada oscurecida.

—¿Entonces por qué lo haces?— le preguntó Karin a manera de reclamo.

Sasori se quedó un momento en silencio antes de contestar. Realmente Karin lo había sacado de sus casillas pero tenía razón ¿Por qué lo hacía? Sakura le había dejado en claro que Sasuke era quien le gustaba ahora, incluso había recibido golpes por tratar de defenderla y ahí estaba nuevamente en la misma situación. ¿Por qué lo hacía? Recordó lo que ella le había revelado en la enfermería. Sakura lo había amado cinco años atrás.

¿Cuánto tiempo había esperado ella por él, antes de darse por vencida creyendo que él nunca regresaría? ¿Cuántas veces había llorado por su culpa? Lo que él estaba aguantando no podía compararse con lo que ella había pasado; entonces supo la respuesta. Era tan sencilla que le hizo sonreír.

—Creo que yo también…. la amaba antes de perder la memoria, incluso ahora...—pensó Sasori.

— No es asunto tuyo—le contestó a Karin una confiada sonrisa. —Aunque...— hizo una pausa—Tal vez sea por las mismas razones por las que Suigetsu te procura… —

Dicho eso Sasori continuó su camino, dejando a una desolada y confundida Karin atrás. Ahora estaba en paz, lo había decidido, que sin importar con quien estuviera Sakura, él la protegería con o sin memoria, ya no la haría importunar más, respetaría su decisión, incluso, si al final ella decidía que Sasuke era la persona que ella realmente quería. Sin más , se dirigió a su salón sin percatarse que detrás de una pared Sasuke Uchiha había escuchado toda su conversación con Karin.