Después de clases, Sasori se había dirigido al club de Arte. Deidara le había entregado una llave después de la junta en el receso para que pudiera trabajar a gusto en el horario que más le apeteciera, incluso si no había actividades del club ese día. La aceptó por el mero ofrecimiento, no creyó que la usaría más pronto de lo pensado.

Ese día en especial no se sentía con ánimo de regresar a su casa temprano, su mente se encontraba en otro lugar. Repasaba las conversaciones que había tenido con Sakura y a la salida tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para irse a prisa del salón y no voltear atrás para mirarla. Deseaba darle su espacio, sus palabras aún podía recordarlas; ella había sido bastante clara. Sus sentimientos actualmente estaban dirigidos hacia Sasuke Uchiha, no hacía él, al menos no ahora. Y en el fondo, no la podía culpar de que ella hubiera dejado de amarlo. Tiempo atrás, él había salido de su vida sin ninguna explicación, sin jamás revelarle sus verdaderos sentimientos. Sakura no iba a amarlo por tiempo indefinido y con la zozobra de saber si él volvería.

No podía explicarle a Sakura por qué había tomado aquella decisión; no sin recuerdos. Así que antes de cualquier cosa, concentraría todos sus esfuerzos en recuperar por completo su memoria. Para ello, trazó un plan en su cabeza, uno que incluía a Deidara y necesitaba hablar con él a la brevedad. Entre más rápido recuperara la memoria, más rápido podría volver a luchar por Sakura pero…

—Estoy feliz que me estés recordando, Sasori pero temo por ti— había dicho su abuela mientras le curaba sus heridas aquella mañana.

—No te entiendo abuela, creí que te pondrías feliz de que mi memoria esté volviendo—le contestó él.

—Lo estoy. No me malentiendas sin embargo tengo miedo que cuando recuperes toda tu memoria quieras irte otra vez, que los recuerdos de esta ciudad y de tus padres sean tan desagradables para ti que te alejen nuevamente; esta vez para siempre— confesó la vieja mujer con pesar.

—No será así—

—¿Cómo estás tan seguro?—

—Porque no soy la misma persona que se fue—le había confesado posando su mano en su hombro y sosteniendole la mirada.

Era cierto, la persona que había sido antes de irse apenas podía recordarla y aunque lo hiciera, él no cambiaría o eso creía. Lo único que permanecía en él de su viejo Yo y se aferraba a no desaparecer en su corazón, eran los sentimientos por Sakura; hilos invisibles que lo mantenían unido a ella a través de la distancia y el tiempo. Los había sentido cada vez que estaban juntos, la presencia de Sakura nublaba su mente a tal grado que se movía y hablaba por inercia. En su pecho, se alojaba la necesidad de recuperar el tiempo perdido; como si su Yo del pasado gritará desde su interior suplicara no alejarse más de ella.

Sasori dejó la madera que estaba trabajando sobre la mesa que Deidara había dispuesto para él y se frotó las sienes. Se sentía cansado y aún le dolía los golpes que le habían hecho, se recostó en su silla y fijó su vista en el techo. Entrecerró sus ojos con somnolencia, cuando el sonido de un trueno atrajo su atención hacia la ventana del club.

—¿Lluvia? —pensó

—Los conejos de la lluvia salen a brincar, buscan a su amor de verdad, alguien que con ellos quiera saltar...—tarareo mirando de reojo las pequeñas gotas de agua que se estampaban contra la ventana, se quedó con la mirada fija hacia ese punto hasta que el sueño se apoderó de él. Se durmió pensando dónde había aprendido esa canción.

—Los conejos de la lluvia salen a brincar, deseando encontrar su otra mitad para que juntos regresen a su hogar— tarareo en voz baja Sakura mientras veía la lluvia caer desde el kiosco donde ella y Sasuke se habían resguardado.

—¿Sucede algo?— preguntó Sasuke notando que se encontraba distraída.

— Lo siento, la lluvia me trae recuerdos…— se disculpó ella apenada y se frotó los brazos. Comenzaba a sentir frío y exhaló una bocanada de aire caliente.

—Lo lamento, por mi culpa nos hemos quedado atrapados a la mitad de la lluvia. Además, llegarás tarde a tu otro compromiso—soltó Sasuke aproximándose a ella.

Sakura pensó en Deidara, si salía en medio de la lluvia podría alcanzarlo pero no quería dejar a Sasuke solo.

—No te preocupes—dijo Sakura regalándole una sonrisa.

—No mientas...—suspiró Sasuke y estiró su mano para acariciar las puntas de su cabello. Siempre había pensado que se le veía muy bonito cuando lo llevaba largo pero tampoco podía negar que su nuevo corte acentuaba mejor las facciones de su rostro.

—Sasuke-kun— pronunció ella viendo como los ojos de él se posaron sobre los suyos.

Sakura rehuyó su mirada apenada pero Sasuke deslizó su mano de sus cabellos a su mentón para no perder la conexión entre los dos.

—¿Por qué no quieres mirarme?— preguntó él con el sonido de la lluvia inundando el ambiente.

—No puedo mirarte, no puedo mirarte más de esa forma, no más… — pensó ella sintiéndose mal por la amabilidad de Sasuke.

—¿Es cierto lo que dijiste esta mañana?— preguntó él de repente sin soltarla y acercó su rostro a escasos centímetros del suyo.

—Yo dije cosas innecesarias...— contestó ella casi en un susurro y puso una mano en el pecho de Sasuke para apartarlo con suavidad— Lo lamento… Hable de más y dije todas esas cosas sin pensar—

Sakura se apartó de él y se giró para darle la espalda cuando sorpresivamente Sasuke la atrapo en un abrazo y recargo su mentón en el hombro de ella. Podía percibir su vaho tibio acariciando su oído y la calidez de su cuerpo pero inexplicablemente no se sintió inquieta como se sentía con Sasori.

—¿Sasuke-kun?—preguntó ella sin entender lo que pasaba.

—Es tarde ¿Verdad?— preguntó él casi en un susurro.— Aquellas palabras que querías escuchar de mí, ya no las deseas más ¿cierto?—

—No es eso Sasuke-kun yo...— dijo Sakura e intentó girarse hacia él para explicarle pero él no se lo permitió. Así que se mantuvo donde estaba y lo dejó continuar.

—Incluso cuando sabía que tus ojos no paraban de seguirme, hice como si no me diera cuenta hasta que finalmente tu atención la obtuvo él…— finalizó Sasuke y Sakura supo de inmediato a quien se refería.

Sakura no dijo nada, era cierto lo que decía, tan solo bajó la cabeza y guardó silencio. Cualquier palabra sobraba ante la verdad.

—Entiendo más no puedo decir que lo acepto—dijo Sasuke suavizando su agarre y se apartó de ella.—Sé que él te hará llorar más de lo que ya lo ha hecho, te lastimara— aseguró y aporreó su puño a una de las vigas del kiosko.

Las palabras de Sasuke estaban cargadas de verdad pero Sakura no titubeó, era momento de sincerarse con él y sobre todo, consigo misma. Tomó aire para infundirse valor y se giró para mirarlo.

—Puede que tengas razón— dijo sintiendo como la confianza crecía en ella— Ya no lloraré más. En el pasado, Sasori era quien siempre me protegía pero cuando él necesitó ser protegido, yo no pude alcanzarlo; no tenía la entereza para lograrlo. Esta vez lo lograré, estoy segura— dijo ella irradiando una confianza que hizo a Sasuke sonreír por lo hermosa que lucía en ese momento. Sus ojos adquirieron un brillo que jamás le había visto y se sintió mal de que él no hubiera podido despertar esa llama en ella. Dio media vuelta, incapaz de seguir mirándola y se sintió terriblemente celoso de Sasori.

—Espero que sea amor y no culpa lo que sientes por él—soltó de manera fría, haciendo que Sakura lo viera sorprendida.

—¿A qué te refieres?— preguntó ella sin creer lo que había dicho.

Sasuke chasqueó los dientes y meneó la cabeza, intentó no pronunciar lo primero que se le vino a la mente pero sus emociones estaban fuera de sí. Había esperado mucho tiempo para aclarar sus sentimientos por Sakura pero solo pudo confirmarlos cuando ella comenzó a prestarle atención a Sasori y escuchó su confesión. Por un momento, al escuchar esas palabras de sus labios se había sentido seguro y aliviado pero ahora todo resultaba confuso.

—A que esperare. Si de verdad sientes amor por él, me daré por vencido—dijo él y salió de la protección del Kyosko para alejarse caminando bajo la lluvia.

Sakura lo vio irse en silencio, sus palabras la habían tomado desprevenida pero estaba segura de lo que sentía Estaba decidida, esta vez, lucharía con más fuerza para acercarse a Sasori.

—Sasori, espera un poco. Arreglaré las cosas, lo prometo— dijo tomando sus cosas y salió corriendo en dirección a la casa de té.

Deidara había estado esperando a Sakura por más de veinte minutos cuando estuvo seguro de que ella no se presentaría. Tal vez sus sentimientos por Sasori cambiaron con el tiempo y él no lo había tomado en cuenta. Tan solo supuso que como de niños, esos dos eran muy unidos, Sakura estaría dispuesto ayudarlo. Deidara no supo si sentirse bien por no tener que confesarle que le había mentido o mal porque ahora Sasori solo podía contar con él. Como fuera, él ayudaría a su amigo a recuperar sus recuerdos aunque eso significara recordarle el dolor de sus pérdidas.

—Estaba seguro que vendría— pensó Deidara antes de retirarse cuando recordó que con la prisa había olvidado en el club de arte, el pin de Nube Escarlata que usaban los miembros de Akatsuki.

—¡Maldición! Si vuelvo a ir a otra reunión sin él, Pain esta vez si me va a reñir—dijo y corrió de regreso a la escuela. No se dio cuenta que en ese mismo instante se cruzó con Sakura en el camino.

En poco tiempo, Deidara llegó a la escuela. Afortunadamente había dejado de llover y la calle se encontraba despejada. Algunos de los clubes deportivos que ocupaban la cancha ese día habían suspendido la práctica por la lluvia y solo rondaban los alumnos de aquellos clubes que trabajaban dentro del edificio.

Al verlo pasar, algunos de sus compañeros lo saludaron. Sacó su llave del club pero descubrió que el salón ya se encontraba abierto. Levantó una ceja preocupado, si no mal recordaba él había cerrado antes de ir a ver a Sakura. Se preguntó si alguien se había metido a robar o hacer algún estropicio; no sería raro. Había varios clubes que buscaban un salón para sus actividades y usaban cualquier artimaña para cerrar otros que mantuvieran pocos miembros. Se habían abstenido de atacar el club de arte por bastante tiempo, exactamente, desde que se convirtió en Akatsuki; a nadie le gustaba estar en malos términos con la élite de la escuela. Eran tan respetados como odiados, la mayoría de los miembros tenían una reputación intachable, bueno, a excepción de dos miembros, Hidan, el típico mujeriego y los gemelos Zetsu, los stalkers. Si querías saber algo sobre alguien, lo que fuera, los Zetsus eran tu fuente más confiable.

—¡Eso es!— gritó Deidara y olvidó completamente lo del pin y el asunto de la puerta abierta. Cerró el salón con llave y corrió hacia la casa de los Zetsus.

Si alguien podía ayudarle eran los gemelos, podrían investigar todo acerca de Sasori y su antigua escuela. Por fin, una luz al misterio que cubría a su querido amigo a quien sin darse cuenta dejó encerrado en el club de arte...