Sara se despertó y se sorprendió al encontrarse en un lugar que no conocía. Pestañeó un par de veces, hasta poder acostumbrarse a la luz. Y, cuando finalmente consiguió abrir los ojos del todo, pudo darse cuenta que estaba en un hospital.

Pero… ¿Qué hacía allí? ¿Cómo había llegado?

Recorrió su habitación con su vista y pudo ver las personas que probablemente eran responsables de su estadía en ese lugar. Ava, Zari y Jax. Los tres chicos estaban dormidos en el sillón que había.

Sara todavía estaba en shock por todo lo que había vivido y no sabía cómo reaccionar. Pero cuando sus amigos se despertaron, se dejó abrazar y correspondió sus abrazos. En alguna parte de su ser sentía que lo necesitaba.

Lo que no podía era hablar. Por más que lo había intentado un par de veces, no lo había logrado. Su voz simplemente no salía. Todavía estaba en shock y no podía formular sus pensamientos en palabras.

Era el segundo día que estaba internada y que venían los detectives encargados de su caso a verla. Ella todavía no les había dirigido la palabra.

— Sara, ¿Quién te hirió? ¿Quién te hizo cortes sobre tus viejas cicatrices? — Preguntó uno de los detectives.

La pregunta fue tan fuerte, tan directa... Sara sintió que las palabras la atravesaron con una gran intensidad. Ese era el límite. Ese tenía que ser el límite. Esto tenía que ser lo que las personas decían cuando hablaban de "toqué fondo", "se rebasó el vaso". Su madre la había herido de la peor forma que la podría haber herido, y por lo tanto no se merecía que ella la siguiera protegiendo.

A la mierda con las consecuencias. Y si esto generaba que la hagan irse de Starling, iba a tener que aceptarlo. Esta vez tenía que priorizar su bienestar.

— ¿Puedo hablar con la doctora Sharpe o la doctora Martin antes? — Pidió ella, su voz sonando ronca al no haber estado usándola por un par de días.

— Si, claro que sí. — Afirmó el otro detective, sorprendido al finalmente escucharla hablar.

Los detectives fueron a buscar a Pam o a Linda. Ellas eran sus doctoras, sus psicólogas del grupo de personas que habían experimentado algún tipo de tortura. En ellas confiaba. Y antes de hacer o decidir nada, necesitaba calmar su mente. Y esperaba poder lograrlo con el apoyo de alguna de ellas.

Al rato, Pam golpeó la puerta y pidió permiso para entrar.

— Los detectives me dijeron que querías hablar conmigo. — Dijo Pam, sentándose en la silla que había al lado de su cama. — ¿Cómo estás? — Le preguntó.

— No lo sé — Respondió ella rápidamente. — Creo que me siento abrumada, atosigada. — Agregó, después de pensarlo por un momento.

— Es entendible que te sientas así después de todo lo que viviste. — Asintió Pam.

— ¿Crees que está bien que hable con los detectives? ¿Qué les cuente toda la verdad? — Cuestionó ella, expresando sus preocupaciones en voz alta.

— Claro que está bien. — Aseguró Pam. — Sara, es hora de que priorices lo que te hace bien, que digas tu verdad, que dejes de protegerlos y te protejas a vos. — La intentó motivar, con determinación.

— ¿Van a ir presos si digo la verdad? — Pidió saber ella.

— Seguramente. — Dejó saber Pam lo que creía.

— ¿Iré al sistema de adopciones? ¿Me harán irme de Starling? — Continuó ella su cuestionamiento, necesitaba hacer esas preguntas para quitarse la ansiedad que sentías.

— No lo sé. — Respondió Pam con sinceridad. — Pero te prometo que haré todo lo que esté en mi alcance para que te dejen quedarte en Starling y que puedas terminar el año escolar en el colegio. — Le dijo, a modo de promesa.

— ¿Podrías quedarte mientras doy mi testimonio? — Llegó finalmente ella a hacer su última pregunta.

— Por supuesto. — Aceptó Pam.

Así que Pam se quedó con ella mientras dio su testimonio a los detectives. Sara realmente agradeció su presencia, porque estuvo para darle su mano cada vez que la necesitó. Ese contacto la hacía mantenerse en el presente y la ayudaba a apaciguar sus ansiedades.

Sara relató todo. Absolutamente todo, sin dejar nada guardado. Su llega a Starling, Amazó, los entrenamientos, la falta de dinero, el trabajo, las peleas, las amenazas, los encierros en el sótano, y el último accidente.

El siguiente mes fue difícil para Sara. Realmente no sabía cómo hizo para mantener sus buenas notas en el colegio, con todo lo que estaba sucediendo en su vida. La recuperación de sus heridas, la mudanza a un hogar para niñas y adolescentes, las preparaciones para el juicio a Dinah y Malcolm, la terapia… Todo parecía demasiado, y lo único que deseaba cuando se detenía por un segundo a pensar era poder ser una simple adolescente normal.

El tiempo pasó rápido y llegó el día del juicio. Todos sus amigas y amigos estaban con ella, acompañándola. No sabía cómo había hecho para tener personas tan fieles y constantes en su vida, cuando durante este mes los había estado casi ignorando la mayor parte del tiempo. Incluso había dejado de ir a los entrenamientos de baile. Pero, ellos estaban allí para ella, y eso la hizo sentir bien. Agradeció tenerlos, le transmitían la fuerza que estaba necesitando.

Después de leer los resultados del jurado, el Estado de Star declara lo siguiente:

En el caso de abuso verbal y físico, los acusados son encontrados culpables.

En el caso de explotación laboral e ilegal, los acusados son encontrados culpables.

En el caso de ataque violento que casi resulta en la muerte, los acusados son encontrados culpables.

El jurado falla en favor de Sara Lance, quien debe continuar viviendo lejos de los acusados. La sentencia de Dinah y Malcolm Merlyn será determinada por la jueza a cargo.

Culpables. Sara no sabía si reír o llorar, si estar contenta o enojada de haber tenido que llegar a este punto para que esto sucediera.

— ¿Puedo emanciparme? — Le preguntó ella a su abogada.

— Puedo hacer el pedido a la jueza, ahora cuando terminemos de arreglar la sentencia. — Ofreció Annalise, mientras pensaba. — Pero solo será posible si puedes demostrar que te podes mantener y tener un lugar donde vivir. — Le dejó saber.

— Tengo el trabajo de Danver's Dinner. — Respondió ella. — Y en cuanto a vivir… — Comenzó ella.

— Puedes vivir en el espacio que tengo arriba del gimnasio. — Le propuso Maze, interviniendo al haber escuchado la conversación. — Lo único que te pediré a cambio es que alguna vez me ayudes con el gimnasio. — Agregó.

— ¿De verdad? — Preguntó ella sorprendida.

— Si. — Afirmó Maze.

— Entonces acepto. — Dijo ella, logrando emitir una pequeña sonrisa.

A la siguiente semana dejó el hogar de niñas y se mudó a la torre del gimnasio de Maze. Ava la ayudó con la pequeña mudanza y ella se dejó ayudar. Las cosas estaban medio raras entre ellas, medio pausadas. Pero Sara agradecía la ayuda y la constancia de la otra chica. Todo este tiempo se había mantenido a su lado, respetando sus tiempos y espacios. Pero a la vez sentía culpa por eso, como si la estuviera limitando, como si no la estaría dejando ser, como si le estuviera irrumpiendo constantemente su vida con sus problemas… tal vez lo mejor, lo más justo, era dejarla ir.

— Tenemos que hablar. — Dijo ella de repente.

— De acuerdo. — Aceptó Ava. — En general ninguna buena conversación empieza de esa manera, pero… — Comenzó a decir.

— Lo siento. — Se disculpó ella, interrumpiéndola. — La verdad es que no sé cómo seguir después de todo y qué hacer con nosotras. — Admitió tristemente.

— Mira, no puedo pretender entender todo lo que viviste y te pasó, pero sé que eres más que eso. — Dijo Ava con empatía.

— Pero lo soy, soy todo eso. Los traumas que eso me dejó siempre van a ser parte de mí. — Discutió ella.

— Sara. — La llamó Ava por su nombre, transmitiendo cariño. — Sea lo que sea que tengas que atravesar lo podemos hacer juntas, no me importa tu pasado. — Dijo con confianza.

— Tal vez sí debería importarte. — Retrucó ella y se tomó un momento para acariciarle las mejillas. — Sos maravillosa, y nunca nadie me hizo sentir tan feliz como vos. — Dijo, su voz temblando al aguantarse las ganas de llorar.

— Pero, esto no parece feliz. — Dijo Ava, mirándola a los ojos y notando las lágrimas en ellos.

— No te merezco. — Expresó ella lo que sentía.

— Si me mereces Sara. — Peleó Ava.

— No Ava, no. Te mereces algo mejor, mucho mejor — Insistió ella. — Y yo estoy enamorada de vos, pero no puedo hacer esto, no puedo estar con vos. — Le dejó saber su decisión.

— Sara. — Intentó Ava.

— Lo siento. — Volvió a disculparse. — Solo vete por favor. — Le pidió.

Ava la miró con los ojos llenos de lágrimas por un instante, esperando a que cambiara de decisión. Al no decir ella nada más, Ava hizo lo que le había pedido y se fue. El corazón se le partió ante eso, ella no quería hacerla sufrir. Pero, esto era lo mejor, ¿No? Dejarla libre antes de lastimarla más, de cansarla y ahogarla con sus problemas.

Se acostó en la cama y lloró hasta quedarse dormida. Maze la despertó para cenar y ella aceptó ese pequeño gesto de bienvenida.

— Soltalo. — Le pidió Maze.

— ¿Qué cosa? — Preguntó ella confundida.

— Lo que te tiene así, lo que sea que te está molestando o preocupando. — Respondió Maze.

— Es que Ava y yo terminamos. — Dijo ella, esperando que eso fuera suficiente.

— Ahhh, ¿Puedo preguntar por qué? — Pidió saber Maze, con curiosidad.

Sara lo pensó por un momento. Ella sabía que Maze aceptaba todo tipo de relaciones, por lo que se sentía cómoda hablando con ella de Ava. Además sabía que Maze era pansexual y que estaba en pareja con una mujer llamada Eva.

— Porque no soy buena para ella, no la merezco. y no quiero arruinar nuestra relación con mis problemas, mis inseguridades y mis traumas. — Explicó ella lo mejor que pudo.

— ¿Ava te dijo eso? ¿Esa es su opinión? — Cuestionó Maze.

— No, ella opina que sí la merezco, pero eso no importa. — Dijo ella, sacudiendo su cabeza.

— Claro que importa. — Aseguró Maze. — Sara vos no podes elegir quien se enamora de vos. Y cuando una está enamorada, acepta a la otra persona con sus defectos y todo. — Expresó su postura.

— Pero… — Comenzó a protestar ella.

— Todos tenemos problemas Sara, no te auto boicotees. — La interrumpió Maze. — No dejes que tus problemas te hagan perder a las personas que queres, porque sino vas a terminar sola. — Aconsejó.

Sara se acostó pensando en la conversación que había tenido con Maze.

Maze tenía razón. Ella se estaba auto boicoteando. La verdad es que no sabía cómo hacer para ser feliz. La posibilidad que tenía ahora delante de ella, de poder serlo, la abrumaba. Y por eso había reaccionado de esa manera con Ava, porque después de acostumbrarse a recibir maltrato no sabía cómo recibir amor.

¿Podría explicárselo? ¿Podría entenderla? ¿Podría perdonarla?

Lo mejor iba a ser hablar en persona. Se durmió pensando en hacerlo al día siguiente, total era sábado.

Pero, al parecer, Ava le ganó de mano. De pronto Sara se encontró siendo despertada por la otra chica.

— ¿Ava? ¿Qué haces acá? — Preguntó ella, confundida y sorprendida ante su presencia.

— Vine a buscarte. — Respondió Ava.

— ¿A buscarme? ¿Para que? — Preguntó ella, aún más confundida que antes.

— Quiero llevarte a un lugar, que tengamos un momento para nosotras donde podamos pensar bien y cambiar de aire. — Explicó Ava sus intenciones.

— De acuerdo. — Aceptó ella y se quedó colgada mirándola porque no podía creer que estuviera allí.

— Dale, date una ducha y cambiate, así nos vamos. — Indicó Ava, sonriendo ante las reacciones de la otra chica.

Sara se levantó de la cama y se dirigió al baño.

— Ava. — La llamó, volviéndose hacia ella.

— ¿Si? — Preguntó Ava.

— Perdón por ayer. — Se disculpó ella tímidamente.

— Ya vamos a tener tiempo para hablar de eso. — Aseguró Ava. — Ahora anda, así no se hace más tarde. — Insistió.

Sintió como una sonrisa se formaba en sus labios. En algo si había tenido razón el día anterior, Ava era maravillosa.

— Gracias. — Agradeció ella, después de darle un beso en la mejilla.

Luego se fue a duchar para prepararse para el día, para lo que fuera que Ava tuviera planeado para ellas.