NOTAS DE LA AUTORA: Debido a que muchos me pidieron una continuación, escribí una muy pequeña continuación para dar concluido este fic, les agradezco mucho su apoyo y ánimos, cada review lo he atesorado y espero disfruten leerlo tanto como yo al escribirlo.

CAPITULO 2

Solo había oscuridad, el profundo silencio a su alrededor, envolviéndolo.

¿Sasuke-kun? –Abrió los ojos, un par de brillantes jades le recibieron, su dueña, una chica de cabellos rosas enfundada en una capa negra de lana y con una bufanda roja y dorada alrededor de su cuello, le sonreía con las mejillas sonrojadas –levántate ya, llegaremos tarde a la clase

Sakura…

No pudo moverse, el panorama se oscureció de golpe, ahora con el sonido de la lluvia constante, los rayos iluminaron la silueta frente a él, la misma pelirrosa, cansada, magullada, con las ropas rotas y sucias, sosteniendo la sangrante herida en su brazo.

- Te amo Sasuke… –murmuró simulando una sonrisa mientras las lágrimas bajaban de sus ojos

- No… Sakura… basta, basta… Sakura!

Oscureció nuevamente, el estruendo de la puerta chocando contra el muro taladró sus oídos, el sonido de la lluvia, más fuerte debido a una ventana recién abierta, múltiples pisadas chocando contra el suelo de madera, abriéndose paso escaleras arriba. Un rayo de luz verde cegándolo y los gritos de sufrimiento a su alrededor, bajó la vista a su mano, que sostenía con fuerza su varita.

- No… ¡!SAKURA!

.

.

Abrió los ojos de golpe, jadeando en búsqueda de aire, se levantó, casi tirando el sillón donde estaba sentado y con la varita en alto, dispuesto a lanzar una maldición a quien tuviera en frente; el repiqueo de la puerta le hizo dar un salto, trayéndolo a la realidad, se encontraba en su habitación, solo.

- Creo no está…

- No digas tonterías, él nunca sale

Escuchó un par de murmullos detrás de su puerta, que reconoció de inmediato, bajó su varita y limpió el sudor de su frente, tratando de recuperar su respiración; se dejó caer sobre el sillón mientras su vista se desvió a la mesilla a su lado, donde reposaba un vaso de wiski de fuego que bebió de un solo trago, nuevamente los pequeños golpes en la puerta se escucharon, insistentes.

- Adelante – soltó en un gruñido

- ¡Al fin! –la puerta se abrió de golpe -¿Te despertamos tío Sasuke?

Por la puerta se adentró rápidamente un chico de aproximadamente 12 años, de cabellos rubios y unos enormes ojos azules.

- ¡Tío, tenemos noticias que darte! –exclamó emocionado mientras tomaba asiento justo en el sofá al frente del sillón donde Sasuke se encontraba –¡Entramos al equipo de quidditch!

- ¡Boruto! ¡Te dije que no era un buen momento!

Detrás del rubio apareció una pequeña niña, de aparentemente su misma edad, Sasuke le observó con atención, sus cabellos, negros y cortos iban perfectamente peinados y sus ojos grandes, negros y brillantes se encontraban adornados con unas gafas de pasta roja, la niña se acercó hasta acomodarse al lado de rubio.

- Sentimos molestar, pero Boruto estaba ansioso por contártelo y hemos venido de inmediato –le murmuró con la mirada apenada, causándole ternura

- Lo siento Sasuke

Una voz más llamó su atención, desvió su mirada de la niña hacia la puerta, en el marco se encontraba una mujer, alta, de cabellos marrones oscuros y ojos negros, con un pequeño y coqueto lunar debajo del ojo, que le veía azorada

- Sé que teníamos que avisarte antes de llegar pero…

- No hay problema Izumi –le interrumpió –esta también es su casa –la mujer le sonrió cálidamente

- Gracias, iré a ver que prepararán los elfos de cena… niños no sean muy molestos

- ¡No tía! –negó de inmediato el rubio

- No te preocupes mamá

La mujer asintió con una sonrisa y dio vuelta para caminar por el pasillo, alejándose, él volvió la mirada al sillón al frente, ambos niños le observaban atentos

- Así que… entraron al equipo de quidditch eh…

- ¡Así es tío! –asintió enérgico el rubio –Según nuestro jefe de casa, somos los más jóvenes en años ¿Verdad Sarada?

- ¡Si! según Konohamaru-sensei desde que tío Naruto y tú acudieron a Hogwarts –sonrió orgullosa la chica

- Papá dice que él y tú eran los mejores jugadores de quidditch, yo no creo él lo haya sido, pero estoy seguro que tú si, a que si tío –brincoteó el rubio, sacándole una sonrisa

- Tienes razón, tu padre solo sabía huir de las bludger –bromeó

- ¡Ya lo sabía! –El rubio estalló en una carcajada, mientras Sarada bufó y se cruzó de brazos

- ¡Que malvados son! Estoy segura de que tío Naruto fue un gran jugador

- Eso dices porque no lo has visto en casa Sarada –Boruto rodó los ojos –pero tío Sasuke ¿Si nos enseñaras nuevos movimientos? ¡Tenemos que apalear a esos Slyterins!

- Él era un Slytherin, Boruto –negó divertida la niña

- Sí, pero tío Sasuke es genial –levantó los hombros, como si eso explicara todo

Sasuke observaba la discusión entre los chicos y sonrió levemente, Sarada siempre trataba de fingir sobriedad y sumando su apariencia, todos podían ubicar a que familia pertenecía, "es toda una Uchiha", le habían repetido infinidad de veces, tal vez por eso había causado un gran revuelco cuando fue elegida para Gryffindor y no para Slytherin, como todos los suyos. Sin embargo, debajo de esa actitud madura, se encontraba una pequeña niña, dulce y tierna que jugueteaba y discutía por un simple juego. Observar a ambos niños le trajo un recuerdo, de dos chicos bastante parecidos a ellos, un rubio y una pelirrosa, que discutían por quien ganaría la copa de la casa o por la correcta pronunciación de un hechizo. De inmediato sacudió la cabeza, tratando de alejar ese pensamiento.

- Bien –interrumpió a los chicos –Ya que entraron al equipo, supongo que puedo darles algunos consejos

- ¡Si! ¡Genial tío! –el rubio se levantó de un salto, Sasuke dirigió la mirada a Sarada, que sonreía hacia el otro niño

- Sarada –llamó su atención –Tengo un regalo para ti… pensé en dártelo en tu cumpleaños, pero creo es un buen momento ahora –los ojos de la niña se abrieron con ilusión

- ¡¿En verdad?! ¿Un regalo?

- Así es –sonrió –ve con Trinki y dile que te dé el paquete del armario, ella sabrá cuál es… los veo en el jardín en unos minutos –se levantó del sofá

- ¡Genial! ¡Vamos! ¡Vamos Sarada! –el rubio brincoteó también emocionado

- ¡Si! –la niña asintió y se acercó rápidamente a Sasuke, abrazándose a sus piernas –¡Gracias! ¡Gracias tío Sasuke!

Él apenas pudo responder, antes de que la niña lo soltara y saliera corriendo detrás de Boruto. Se quedó de pie por un momento, observándola irse, sus ojos cristalizándose poco a poco, tomó su varita y la agitó, cerrando la puerta de golpe, dirigió sus manos a su rostro, enterrándolas en sus cabellos dejándose caer sobre el sofá, deshecho. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué Sarada tenía esa amplia frente que se empecinaba en esconder con su cabello? ¿Por qué tenía sus mismos ojos, brillantes y nítidos? ¿Por qué tenía esa sonrisa? ¿Por qué carajos se tenía que parecer tanto a ella? Jadeó en busca de aire, volteó hacia la mesilla, tomando la botella y sirviéndose un vaso más de licor, que bebió de un solo trago, y tomó un largo respiro, tratando de regular su respiración, tranquilizándolo, después de todo, Sarada lo esperaba afuera.

Bajó las escaleras lentamente, tratando de ganar el mayor tiempo posible, y se dirigió al patio de la mansión, desde donde provenían un montón de risas y voces infantiles, se recargó en el marco de la puerta observándolos, ambos niños desenvolvían el paquete con emoción.

- ¡Woo! ¡Es genial! Una Nimbus 2001

La pelinegra abrió los ojos emocionada, mientras observaba la madera oscura de su nueva escoba, volteó hacia la puerta, encontrándose con Sasuke, que le sonreía, murmuró un gracias con los labios y tomó la escoba.

- ¡Vamos Sarada! ¡Hay que probarla! –el rubio ya tenía en sus manos su escoba, una Nimbus 2000

- ¡Si! –la pelinegra subió a ella y comenzaron a dar vueltas, jugueteando en el aire

Sasuke se acercó con ellos, tomando una quaffle de su caja de quidditch, el par de niños bajaron de inmediato, observándolo atento, mientras les daba indicaciones de cómo moverse en el aire y como evadir correctamente. Pasaron un buen rato, practicando, mientras Sasuke les observaba, sentado en los escalones del pórtico, de pronto una presencia detrás de él le alertó, de inmediato tomó su varita, apretándola con fuerza bajo su chaqueta, pero desistió al reconocer su presencia.

Detrás de él se encontraba Naruto, luciendo el cabello corto y un traje de etiqueta, lo más formal que jamás lo haya visto, Sasuke le vio de reojo para volver su vista nuevamente hacia el par de niños.

- Naruto –murmuró un escueto saludo

- Hola Sasuke…

Ambos observaron a los dos niños, mientras el ambiente se tensaba cada vez más, Naruto, quien era bien conocido por no poder mantener el silencio, se aclaró la garganta.

- Y… cómo has estado?... –soltó lo mejor que pudo, el pelinegro le dio una rápida mirada, antes de volverla al frente

- Supongo que bien…

- Me… alegro…

El tenso ambiente los envolvió nuevamente, hace algunos años ellos dos podían platicar y pelear sobre quidditc, justo como los pequeños de enfrente, platicarian sobre quien ganaría la copa o cual era el mejor equipo, ahora no podían siquiera verse, no importaba cuanto se esforzara Naruto, ellos no eran amigos, no importaba su buen corazón, hasta para él había cosas imperdonables. Para suerte de ambos, el incómodo momento se rompió cuando el par de niños se percataron de la presencia del rubio, que de inmediato descendieron y corrieron hacia él.

- ¡Papá, tío Sasuke nos enseñó unos nuevos movimientos! –sonrió emocionado Boruto

- Eso veo –sonrió el rubio, bajando por los escalones y acercándose a ellos

- Tío Naruto mira lo que tío Sasuke me regaló –la pelinegra le mostró su escoba

- ¡Oh vaya! ¡Una Nimbus 2001! –exclamó exagerando emoción, haciendo que las mejillas de Sarada se sonrojaran

- ¡A que es genial! –Boruto corrió aferrándose a las piernas de su padre -¡Papá quiero una! ¡La necesito ahora que estoy en el equipo!

- ¿U-una? Pero no tiene mucho que te compre la Nimbus 2000…

- Pero la 2001 es mucho más rápida –el pequeño le vio con ojos de cachorro, acorralando a su padre, que suspiró derrotado

- Ahora tendré que gastar más en escobas… Gracias Sasuke –el rubio le mandó una mirada al pelinegro

- Eres un tacaño –murmuró Boruto inflando los mofletes

- ¡¿Que has dicho?!

Naruto fingió molestia, causando risa en el par de niños y que huyeran corriendo, jalando sus escobas, mientras el mayor corria tras ellos, tratando de atraparlos juguetonamente. Sasuke los observó desde su sitio y un suspiro salió de sus labios; Naruto ahora era el nuevo ministro de magia, pero parecía que no había madurado ni un poco y le hubiera gustado sonreír con burla al verlo actuar como un crío, de no ser por los recuerdos que atormentaban su mente,. La presencia de Izumi, que acababa de salir por la puerta, llamó su atención.

- ¡Hey chicos, la cena está lista! –la castaña veía con una sonrisa la escena, los tres en el patio voltearon de inmediato –¿Naruto-kun quieres acompañarnos?

- ¡Si papá! Hay que comer con Sarada y tío Sasuke –Boruto emocionado volteó hacia su padre

- Me encantaría Izumi, pero tenemos que irnos –sostuvo los hombros de Boruto –Hinata-chan ya ha preparado la cena y tú prometiste a Himawari que jugarías con ella –el chico soltó un suspiro resignado

- Es cierto… -volteó hacia el pelinegro -tío Sasuke ¿Puedo venir a practicar contigo quidditch? Antes de que terminen las vacaciones y tengamos que regresar a Hogwarts

Naruto levantó la vista hacia el pelinegro, que no había pronunciado palabra alguna en todo ese rato.

- Esta bien, puedes venir con Sarada

- ¡Genial! –el chico asintió más animado y Naruto sonrió levemente

- Tal vez podamos reunirnos en casa, prepararemos una cena y podrán practicar ahí –Naruto sonrió a ambos niños –¿Que dices Sasuke? –el pelinegro lo observó por unos segundos, antes de tomar un respiro

- Tal vez… en otra ocasión…

- …Si… -medio sonrió el rubio –espero que sea pronto… -dirigió al mirada a su hijo- vámonos ya, Boruto

- ¡Si! ¡Nos vemos Sarada, tía Izumi, tío Sasuke! –sonrió despidiendose

Sarada se acercó rápidamente al mayor y le abrazó con fuerza, Naruto no dudó en responder levantándola del suelo,

- ¡Nos vemos tío! –la niña se separó no sin que antes Naruto revolviera su cabello

- ¡Claro que sí Sarada-chan! Te esperamos en casa cuando quieras

Se despidió Naruto y después de un asentimiento de la niña, desapareció del jardín junto a con su hijo. Izumi sonrió y llamó a la niña.

- Sarada, cariño ve a lavarte las manos

- ¡Voy mamá!

Sarada corrió hacia la castaña, sonrió al pasar al lado de Sasuke y se adentró a la casa, Izumi se quedó un momento más, observando la espalda del Uchiha.

- Sasuke... ¿Nos acompañas? –preguntó tímidamente

- No tengo mucha hambre… -dio vuelta y pasó a su lado –iré a mi habitación –murmuró mientras se adentraba en la casa, en dirección a las escaleras

Sasuke regresó a la soledad de su habitación, caminó hasta el sillón, del cual casi nunca se levantaba, mientras servía otro vaso de wisky, no importa cuanto lo intentaba, siempre terminaba recordando todo y haciéndolo más difícil, tal vez simplemente debía aceptar que nada cambiaría que todo sería igual, que nada lograría hacerlo feliz, iba a dar un trago a su vaso, cuando pequeños golpes en su puerta le interrumpieron, la puerta se abrió lentamente mostrando a Sarada

- ¿Tío? –la niña sonrió al verlo –Mamá dijo que comerías en tu habitación, así que he venido a acompañarte –la niña se adentró a la habitación, detrás de ella levitaban dos bandejas con comida, siendo sostenidas con magia de la pequeña elfo que le seguía –le he pedido a Trinki me ayudara

La pequeña elfina se adentró a la habitación y con un chasqueo de sus dedos colocó las bandejas en la mesa frente Sasuke; bajó la mirada, un tanto nerviosa ante su amo, Sasuke por su parte, soltó un suspiro cuando vio a la pelinegra acomodarse en el sofá frente a él y sabiendo de antemano, que nada podía negarle a la pequeña niña, hizo un asentimiento con la cabeza hacia la elfina, que se le escapó una sonrisa y salió rápidamente cerrando la puerta. Sasuke observó su vaso en su mano, suspiró nuevamente y lo dejó a un lado, antes de tomar sus cubiertos y comenzar a comer junto con la niña frente a él.

Adoraba comer con Sarada, la niña le mencionaba lo maravilloso que era estar en Hogwarts, lo divertido que se la pasaba con Boruto en Gryffindor y como hechizó a alguno que otro que había osado decirle que no pertenecía a tal casa; también mencionó sus clases y, con un poco de soberbia, presumió lo buena que era en ellas. Después de una cena, que para él parecía haber sido más corta de lo que en realidad fue, debido a la comodidad que sentía, Trinki había vuelto para llevarse las bandejas, mientras Sarada recorría su habitación con sus ojos curiosos.

- ¿Cómo sabías tío? –murmuró distraída, mientras observaba el librero

- ¿Hn? –murmuró mientras bebía de la pequeña taza de té

- Lo de quidditch –la pelinegra tomó un libro de Herbología, evitando su mirada

- ¿Que ibas a quedar en el equipo? –la pelinegra dio un ligero asentimiento –Es obvio, lo llevas en la sangre

La pelinegra volteo a él sorprendida y con las mejillas sonrojadas, Sasuke la observaba con una sonrisa de lado y la mirada llena de orgullo, Sarada se sacudió emocionada y soltó una pequeña risita, antes de voltear para continuar con su inspección de libros. Sasuke sonrió levemente, aunque no lo supiera, él estaba pendiente de todo lo que tuviera que ver con ella, de sus clases, sus profesores, desde las cosas que le aquejaban hasta sus logros y por supuesto que le habían avisado de su reciente ingreso al equipo.

Sarada paseó su mirada por los libros, hasta detenerse en un grupo de fotografías que se encontraba al centro del enorme librero, prestó atención a la primera, en ella se observaban a tres chicos, dos de ellos usaban el uniforme de quidditch de Gryffindor y Slytherin, los reconoció de inmediato, sus tíos no habían cambiado mucho en todos esos años, sin embargo su atención se centró en la chica pelirrosa y de ojos verdes que sonreía a la cámara y guiñaba un ojo, mientras los otros dos discutían entre ellos, la escena se repetía una y otra vez.

- He visto esta antes… -Sasuke bajó su taza y volteó hacia ella, abrió los ojos con sorpresa, mientras la veía de puntas observando la fotografía–Tío Naruto también la tiene…

Sasuke desvió la mirada, recordando el momento en que la habían tomado, fue su primer partido de quidditch, Gryffindor contra Slytherin y donde su equipo había ganado por muy poco, la pelirrosa apoyaba a ambos y en cuanto terminó el partido, corrió hacia ellos con cámara en mano para tomarse la foto, su primera foto como amigos y de la cual había hecho copias, una para cada uno.

- La chica pelirrosa… es muy bonita –Sarada sonreía observando la fotografía –Tío Naruto dice que era una de sus mejores amigas –volteó hacia Sasuke –¿También era tu amiga tío?

Él guardó silencio, observando la fotografía, recordando aquellos tiempos cuando todo era fácil, cuando su mayor discusión era quien ganaría un partido de quiddicht y no que bando elegirían y quien cazaría a quien

- Algo así… -contestó al fín, con un pequeño murmullo.

Sarada ladeó la cabeza confundida, pero le restó importancia y continuó con su inspección, de pronto sus ojos se abrieron con sorpresa, en la siguiente fotografía su tío se encontraba con la misma chica; reconoció de inmediato el sitio, uno de los patios del castillo, ambos usaban ropa abrigadora, ella un gorro de gruesa lana roja y él una bufanda verde y plata, los pequeños copos de nieve caían sobre ellos, mientras la chica abrazaba a su tío con una enorme sonrisa y él, ligeramente incómodo la tomaba de la cintura, tratando de seguir el ritmo del pequeño baile que ella realizaba. Sarada la observaba con atención, su tío lucía diferente, más joven, con el cabello más corto y con una sonrisa que nunca antes había visto. Dirigió su mirada a la última foto, que también protagonizaba la de cabellos rosas, se encontraba en una de las mesas de la biblioteca, leyendo un grueso libro de tapa verde que sostenía en sus manos, de pronto algo llamó su atención y volteó hacia la cámara, abrió los ojos con una ligera sorpresa, antes de que sus mejillas se sonrojaron y soltara una cálida sonrisa, mientras sus labios murmuraban algo, que ella no pudo entender, inmediatamente después la imagen volvía a repetirse.

Sarada tomó el retrato con cuidado y pasó sus dedos por la fotografía, aquella peculiar chica le había llamado la atención desde el día que encontró aquella fotografía en casa de su tío Naruto y aún recordaba su extraña mueca cuanto le preguntó por ella. Soltó un suspiro, se sentía extrañamente atraída hacia ella, le encantaba el exótico color de su cabello y en cuanto la veía sonreír en aquellas fotos, no podía evitar imitarle, sin embargo, era la primera vez que notaba la cercanía que había mantenido con su tío Sasuke, dirigió su mirada a él, que aún observaba la primera fotografía

- Tío Sasuke… ¿Ella… era especial para ti?

La pregunta lo tomó por sorpresa, dirigió su mirada a la niña, Sarada sostenía el portarretrato mostrándoselo, y él lo tomó vacilante, ella lo observó con aquellos enormes y curiosos ojos negros

- ¿Ella… ya no está? ¿Murió en la guerra?... –ladeó la cabeza curiosa –tío Naruto dijo que perdió muchos amigos ahí pero…

- Sarada, cariño

Una voz le interrumpió su pequeño monólogo, desde la puerta les observaba un pelinegro de largos cabellos atados en una coleta baja, Sarada sonrió al verlo y corrió a abrazarlo.

- ¡Papá!

Itachi sonrió y se agachó a su altura para abrazarla, al separarse acarició sus cabellos acomodándolos.

- Tu madre te habla, ve a la estancia

- ¡Si! –asintió de inmediato y volteó hacia Sasuke –Ahora regreso tío

Y sin esperar respuesta salió corriendo escaleras abajo, Itachi se mantuvo un momento en silencio, observando a su hermano, que tomaba el portarretrato con fuerza, mientras el temblor de sus manos se hacía más notable y su cabello cubría sus ojos. Itachi soltó un suspiro.

- ¿Estás bien?

Sasuke tragó saliva y respiró hondamente, mientras asentía con la cabeza, colocando la fotografía en su sitio y dirigiéndose nuevamente a su sillón, donde se tumbó, tomando el vaso de wisky que antes se había servido.

- Si… lo estoy… -bebió un trago -Son solo fotos…

- Ya veo… -el mayor entró a la habitación y tomó asiento frente a él, justo donde Sarada había estado –¿Cómo has estado? –Sasuke enarcó una ceja

- Como siempre Itachi ¿Por qué la pregunta?

- Bueno, he notado que gran parte de nuestra herencia se ha gastado en wiski de fuego… –Sasuke rodó los ojos mientras se servía un vaso nuevamente, Itachi soltó un suspiro –Deberías de tomar el sol de vez en cuando, luces enfermo, esto no es Azkaban…

- Sasuke desvió la mirada e Itachi se golpeó mentalmente ante su error, tomó aire y pasó una mano por sus cabellos

- Sasuke, han pasado 12 años…

.

12 años. 12 años desde que una de las mayores guerras mágicas había terminado. El mago oscuro Ororchimaru, había obtenido la aprobación y apoyo de antiguas y poderosas familias mágicas que formaron parte de su ejército, los mortífagos; los magos oscuros aterrorizaron a mestizos e hijos de muggles, reclamando su superioridad por su "sangre pura"; los días más oscuros asolaron al mundo mágico, al menos hasta que un pequeño grupo se opuso a ellos, la Orden del Fénix, magos que sin importar sus diferencias, ni su sangre, se unieron contra ellos, y la guerra comenzó. Los ataques entre ambos bandos fueron más frecuentes y más invasivos, los mortífagos buscando que el grupo olvidara sus ideales y desistieran de oponérseles, su peor ataque, la casa Uzumaki.

Aquel día Itachi había vuelto de su exilio, y no lo había hecho solo, durante su huida no había perdido el tiempo y había logrado reunir un grupo de magos rebeldes, quienes no simpatizaban con la ideología del señor oscuro y se unieron a la causa de la Orden, llegaron a la casa Uzumaki, justo en el momento en el que estaba bajo ataque.

Sasuke recordaba el momento exacto de su llegada, recordó como el sonido de la lluvia se intensificaba, como su hermano gritaba su nombre, como Naruto se adentraba a la habitación… pero era demasiado tarde… todo había ocurrido demasiado tarde… él sostenía su varita, que había lanzado su ultimo hechizo, un Avada kedavra y frente a él, se encontraba el cuerpo inerte de la mujer que más amó en el mundo.

Abajo, los recién llegados habían rodeado la casa, habían acabado con los 5 del sonido, rompiendo su barrera antimagia y los mortífagos, al verse rodeados, se vieron obligados a huir, dejando atrás a solo a uno de ellos, Sasuke; Naruto había corrido hacia el pelinegro y olvidando su sangre mágica, botó su varita a un lado para arremeter contra él a puño limpio, golpe tras golpe gritándole cuanto lo odiaba, mientras Sasuke se dejaba hacer sin oponer ninguna resistencia, hasta que Itachi intervino, logrando al fin separarlos…

Apenas unas semanas después, el contraataque de la Orden se realizaba, tras algunas investigaciones habían ubicado el escondite de Orochimaru y sus mortífagos, y tal cual como les habían cazado a ellos, les devolvieron el ataque. La Orden reconstituida y aún más fuerte había rodeado la enorme mansión donde se escondían, cubriendo todas las salidas, esperando las órdenes de sus líderes; Itachi apareció frente a ellos, siendo seguido de cerca por su hermano, que para sorpresa de todos y desacuerdo de muchos, se unía a sus filas.

La batalla fue intensa, el lugar quedó destruido, cientos de maldiciones fueron lanzadas, y muchas vidas perdidas, demasiadas, de ambos lados. El fín se obtuvo cuando Naruto y Sasuke se enfrentaron al señor oscuro y con sus varitas uniéndose en un poderoso hechizo, lograron arrebatarle la vida; regresando a paz al mundo mágico.

Con la muerte de su líder, los mortífagos se disolvieron, sin embargo, aquellas familias más allegadas al mago oscuro tuvieron fuertes consecuencias perdieron su estatus: su poder y sus riquezas; mientras que los miembros más leales fueron castigados y encerrados; Sasuke fue uno de ellos, al terminar la guerra fue apresado, juzgado por sus crímenes, y al igual que el resto, encarcelado en Azkaban.

Durante los siguientes meses, Itachi había expuesto su caso frente el Wizengamot, y después de largas charlas y un intenso debate, al fin el grupo de magos habían cedido ante su insistencia, y la de dos héroes de guerra, Naruto y Kakashi, quienes también aludieron a la cooperación del menor de los Uchihas en el último ataque y la muerte de Orochimaru.

Así, un día al fin, Sasuke había sido liberado de una de las celdas más custodiada de la cárcel mágica, siendo apenas una sombra de aquel poderoso mago que pudo llegar a ser; Itachi lo llevó a la antigua mansión Uchiha, una de las pocas posesiones que su familia logró conservar, y que también había visto tiempos mejores; apenas llegó, Sasuke se internó en la mansión, para nunca más volver a salir, solo siendo acompañado por la presencia de su hermano y su pareja, Izumi; o al menos hasta ese día…

.

Sasuke se encontraba en su habitación, como todos los días y observaba por su ventana, distrayéndose un poco de su miseria, cuando de pronto un par de personas aparecieron en el patio de mansión, no tardó mucho en reconocerlos, el chico rubio usando una capa y a su lado una mujer de cabellos negros, Naruto y Hinata, el chico caminaba cargando un pequeño bulto en sus manos, mientras la mujer le tomaba del brazo, mostrando su pequeño y abultado vientre; Sasuke desvió la mirada y volvió a su sofá, no era usual ver a Naruto ahí, no podían llamarse amigos, ya no, y ambos preferían mantener su distancia, por lo que supuso pronto se iría, como en otras ocasiones, sirvió un poco de licor en un vaso, cuando los golpes en su puerta le interrumpieron.

- ¿Qué sucede? –gruñó por lo bajo, Itachi abrió la puerta sin esperar su permiso

- Sasuke… debes venir –exigió, sin obtener reacción en el menor, que no volteó siquiera a verle

- Es solo Naruto, dile que no estoy disponible

- En verdad debes venir, ahora

La insistencia y el tono de su hermano llamó su atención y Sasuke volteó hacia el extrañado, Itachi solía dejarle cuando se lo pedía, por lo que no era normal el empeño en sacarle de su habitación, soltó un suspiro y se levantó para seguirlo escaleras abajo, hacia la estancia; en uno de los sofás, el matrimonio Namikaze les esperaba, con Hinata luciendo un pequeño y abultado vientre, mientras Naruto lo veía renuente y movía de un lado a otro el pequeño bulto en sus brazos, Sasuke levantó la ceja confuso y tomó asiento al lado de Itachi, justo frente a ellos.

- ¿Qué quieres Naruto? –decidió romper los minutos de incómodo silencio

- Tsk… -el rubio chasqueó la lengua y tomó aire – Necesitas ver algo –murmuró inseguro mientras destapaba al pequeño bulto, mostrando a una pequeña niña de cabellos negros quien dormía -Su nombre es Sarada… -habló Naruto ante la falta de interés de Sasuke –es hija de Sakura…

Al fín Sasuke reaccionó, abrió los ojos con sorpresa observando con mayor detalle al bebé que Naruto cargaba, un escalofrío recorrió su cuerpo ¿La hija de Sakura? ¿Acaso Sakura se había acostado con alguien más? Sacudió su cabeza de inmediato, No, eso era imposible, Sakura lo amaba, lo amaba tanto como él a ella y jamás hubiese sido capaz de algo como eso, pero eso solo podía significar una cosa

- Así es, también es tuya Sasuke… -continuo él ante el debate interno que observa en quien fue su mejor amigo.

Sasuke sintió un escalofrío que atravesó su cuerpo y bajó la cabeza jadeando en busca de aire, sostuvo sus rodillas con ambas manos buscando un apoyo cuando un fuerte mareo invadió su cuerpo, su hermano se apresuró a tomar su hombro, tratando de tranquilizarle; pero su estómago se retorció y le obligó a levantarse, tan rápido como pudo, avanzando a tropezones hasta el baño, vomitando todo el alcohol que había consumido; Itachi y Hinata lo observaron, con lastima y preocupación, cuando tambaleante y pálido regresaba a donde antes estaba sentado

- ¿S-sasuke-kun estas bien? –preguntó con preocupación la mujer, pero él pareció no escucharla

- ¿Es verdad eso? –se aventuró a preguntar, esperando fuera una mala pasada

- Tiene 6 meses… nació apenas un mes antes de… ese día… -Naruto se negó a pronunciarlo- pensé mucho en traerla, Sakura la dejó a mi cargo… pero, después de todo, también es tuya y aun con lo que ha pasado… eres mi amigo y Sakura te amaba, creo tienes derecho a tenerla… ella hubiera querido eso…

Naruto observaba con una sonrisa y ojos llenos de cariño a la pequeña, se levantó lentamente y caminó hacia él, para entregársela; Sasuke retrocedió ligeramente, asustado ante la idea, pero le tomó apenas unos segundos armarse de valor y coger el pequeño bulto enredado en la manta roja, la observó con cuidado, con esa mata de cabellos negros adornando su coronilla, la piel tan clara como la suya, pero la forma de su nariz y los labios idénticos a la pelirrosa, de pronto, la bebé abrió los ojos, unos enormes ojos negros le recibieron mientras una sonrisa y un ligero ruido, que pareció ser una risa, escapaba de sus pequeños labios; él la abrazó de inmediato contra su pecho, temblando, con lágrimas en los ojos, era su hija, definitiva suya y de Sakura.

.

Sarada llegó para ser una pequeña luz en la lúgubre mansión Uchiha, Sasuke se había hecho cargo de ella en cuanto llegó, por lo que había dejado de encerrarse en su habitación y no había bebido ni un vaso de licor en todo ese tiempo. Tanto Itachi como Izumi había visto un enorme cambio en él, se podía ver siempre acompañando a la pequeña niña, incluso notaron sonrisas reales mientras jugaba con ella y le daba de comer, por lo que fue una sorpresa la petición que Sasuke le hizo apenas unos meses después…

- ¿Sasuke estás hablando enserio?

Itachi veía sorprendido a su hermano, ambos se encontraban en la estancia, Sasuke había acostado a Sarada en su cuna y la mecía suavemente, sin apartar su mirada de ella.

- Así es

- No entiendo, pensé que todo iba bien –replicó con un tono molesto

Sasuke bajó la mirada, ¿Todo iba bien? ¿Podía definirlo así? Dio una última mirada a la pequeña, antes de dejarla y tomar asiento frente a Itachi.

- No puede seguir conmigo

- Es tuya, es tu hija

- Lo sé, pero eso ya es suficiente

- ¿Suficiente? ¡No te entiendo! Tu vida al fin parece tener sentido, esa niña te ha sacado del agujero que estabas y ahora… ¡¿simplemente la alejas?!

- ¡Entiéndelo Itachi! ¡Es por ella! –levantó la voz, dejándolo atónito

- ¿De… que hablas?

Sasuke suspiró y levantó la mirada hacia el techo, tratando de tomar valor, después de unos segundos volvió su vista hacia Itachi

- Sabes lo que significa ser una Uchiha, la familia de mortífagos, los traidores del mundo mágico, desde ese momento nuestra familia cayó en desgracia Itachi, nos lo han recalcado a cada momento, y ella también cargará con eso durante toda su vida. –suspiró levantando su antebrazo, observando donde la marca quedó en su piel –Y como si eso no fuese suficiente... ella es mi hija, la hija del traidor Sasuke Uchiha ¿Qué tipo de vida llevará? ¿Cuántas veces será señalada? ¿Qué pasará cuando…? –calló por un momento, tratando de darse valor –¿Cuándo pregunte por su madre? ¿Po qué le sucedió? ¿Por quién la mato? –Itachi soltó un suspiro, ahora entendía a lo que se refería, a su temor

- Calma Sasuke, ya habíamos discutido sobre eso, ella no…

- No puedo Itachi –murmuró por lo bajo, con el flequillo cubriéndole los ojos –no puedo condenarla a esto…

El mayor buscó en su cabeza un millón de opciones, de alternativas para no separar a padre e hija, pero sabía sería en vano, no podría hacerle cambiar de opinión, estaba más que decidido.

- ¿Entonces?

- Quiero tú cuides de ella, tú e Izumi, sé que es un problema que sea una Uchiha, pero… al menos será la hija del hermano héroe y no del traidor –murmuró con una sonrisa seca –ella crecerá con ustedes, la criarán como suya, Sarada solo sabrá que tú eres su padre e Izumi su madre, y debes prometerme que jamás sabrá lo que ocurrió aquel día…

- Pero…

- Promételo Itachi –le interrumpió de inmediato –necesito lo hagas

Su última petición, sonando como un ruego, Itachi se pasó la mano por los cabellos, azorado ante la petición y en como repercutiría en su hermano.

- De acuerdo, lo haré –murmuró derrotado, él sonrió y suspiró

- Y por último… vivirán lejos de aquí

- ¿Que? –Itachi se levantó de su asiento –Esto es demasiado Sasuke, ¿Acaso no quieres tener cotacto con ella? Desde que Sarada está aquí…

- ¡No puedo! –le interrumpió levantando la voz –Itachi, no puedo tenerla al lado, no quiero mancharla con lo que soy, después de todo lo que he hecho, no merezco tenerla cerca… no merezco a Sarada… solo llévatela Itachi, llévatela de una vez

Ese mismo día, Itachi había cargado con Sarada e Izumi y se dirigieron a otro hogar, una casa en la lejanía, a las afueras de Tinworth, Cornwall, tal vez un poco más austera que la mansión principal, pero más tranquila, cerca de la costa y de otras familias mágicas. Itachi lo recordaba perfectamente, él cargando aquel bulto en sabanas azules, tomando a Izumi de la mano y Sasuke observándolos desde la ventaba de su habitación, mientras desaparecían.

.

.

- Las cosas han cambiado Sasuke, no te verán diferente, desde que Naruto es el ministro de magia, ha logrado que los criminales de guerra como tú...

- Naruto ha hecho bastante, no pensé que llegaría a tanto –medio sonrió –pero eso no exilia todas las culpas Itachi, no es como una bandita que puedes arrancar y te sentirás mejor –Itachi soltó un suspiro

- Al menos deberías dejar que Sarada pase más tiempo aquí, por lo menos en vacaciones que es cuando sale del colegio; a ella le encanta, cuando está en casa solo pregunta cuando podrá venir a verte

Sasuke observó su vaso un momento y dirigió su mirada al estante, donde anteriormente la pequeña niña rebuscaba entre sus fotos.

- Yo creo que ella no debería estar más tiempo conmigo –murmuró volviendo su vista a Itachi –Es demasiado lista

- Y también muy madura, Sasuke, increíblemente madura y estoy seguro entenderá lo que sucedió ese día

Sasuke soltó un gruñido por lo bajo y sirvió nuevamente un vaso de licor al que le dio un profundo trago

- ¿A si Itachi? ¿Cómo se lo diré? –bufó –Sarada, cariño, en realidad tu vida ha sido una mentira, Itachi no es tu padre… en realidad soy yo. A si, y tu madre… Tu madre en realidad es la chica pelirrosa, esa que tanto observas en fotos… ¿y donde esta? Bueno poco después de que nacieras, ataqué la casa donde estaba, junto a tu amado tío Naruto y tu tía Hinata… levanté mi varita… y la asesiné… -terminó levantando la varita jugando con ella desinteresado, Itachi le observó en silencio, Sasuke suspiró y guardó su varita para tomar nuevamente su vaso –No me hagas reir Itachi…

Itachi suspiró viendo la botella de licor en la mesa, tomó uno de los vasos y se sirvió un poco, bebió un pequeño sorbo antes de dirigirse a su hermano

- Sabes… Sarada tiene esas cualidades que a papá y a mamá le encantarían, es fuerte y hábil en la magia, y aunque me cueste admitirlo… tiene ese toque de arrogancia y soberbia que nos distingue… -se detuvo un momento, para sonreír levemente –Pero fue elegida para Gryffindor, como su madre, porque es valiente, noble y al igual que Sakura… sabe perdonar

Sasuke guardó silencio, mandándole una mirada seria, Itachi bebió el resto de su trago y se levantó del asiento.

- Iré abajo, Izumi y Sarada ya deben estar listas

Y sin esperar respuesta, el mayor salió de la habitación, dejando a su hermano solo, perdido en sus pensamientos y con cierta pelirrosa rondando en su cabeza.

.

Al final del día, era hora de volver a casa, Itachi salió de la mansión, con Izumi a su lado y tomando la mano de Sarada, la pequeña volteó, apretando en su otra mano su nueva escoba y echando un último vistazo a la casa, Sasuke jamás se despedía de ella, y le gustaba pensar que era porque entristecía con su partida, tanto como ella entristecía al no verlo. Soltó un suspiro y volteó dispuesta a irse.

-Sarada

Escuchó su nombre detrás de ella, volteó rápidamente, Sasuke le observaba desde la puerta.

Si quieres puedes venir las siguiente vacaciones… Puedes hacerlo… podríamos practicar quidditch –rascó los cabellos de su nuca –Incluso puedes invitar al molesto hijo de Naruto…

La pelinegra sonrió emocionada, con las mejillas sonrojadas y asintió una y otra vez.

- ¡Si! ¡Vendré en vacaciones! ¡Gracias tío!

Itachi volteó y sonrió levemente dándole un asentimiento con la cabeza, mientras la pequeña se despedía con la mano.

- ¡T-te quiero!

Le gritó antes de desaparecer a la par que sus padres, o quienes creía que lo era. Sasuke abrió los ojos con sorpresa y se formó una pequeña sonrisa, tal vez, aunque sabía no era lo correcto, necesitaba verla y estar cerca de ella. Dio vuelta y se adentró a la mansión, aquella que se había iluminado esa tarde ahora se oscurecía nuevamente, subió las escaleras cansado y se adentró en su oscura habitación, tomó asiento en su sofá, con un wiski en la mano, mientras observaba aquella foto que le tomó a Sakura de improviso, aquella en la que le había atrapado distraída mientras leía en la biblioteca, en esa época donde nada importaba, donde ella le podía decir "te amo" sin ninguna complicación, donde él era feliz.