"Sara Lance"

Su nombre fue mencionado para que subiera al escenario a recibir su diploma.

Después de vivir casi durante dos años en Starling, finalmente llegó el momento que Sara había estado esperando. Su graduación. No podía creer que había logrado llegar a esta instancia, que había sobrevivido, y que de hecho ahora era feliz.

Mientras subía al escenario podía escuchar los aplausos y los gritos de aliento de sus amigos, y eso lo hizo sonreír. Ella los amaba y no podría haber llegado a esto sin ellos. También estaban Maze, Eliza, Pam, May -la mamá de Jax-, Rip, Gideon, Jen y Nico. Se sentía bien tener el apoyo de todas esas personas, que ellas si supieran valorarla a diferencia de su madre, y que se sintieran orgullosas de ella.

Sara estaba segura de que si Lauren y Quentin estuvieran aquí, vivos, también estarían orgullosos de ella. Y aunque le daba cierta melancolía pensarlo, también le daba felicidad. Porque esa era la manera que tenía para sentirlos cerca.

Cuando tuvo su diploma en sus manos, lo levantó en el aire para mostrárselo a sus amigos y se ganó otros gritos de alegría por parte de ellos.

Que ellos compartieran su alegría era una sensación increíble. Esos eran los verdaderos amigos, los que compartían las derrotas y las victorias, los que compartían los buenos y malos momentos, los que compartían todo.

Una vez que todas las personas del curso tuvieron sus diplomas se sacaron una foto grupal y luego festejaron revoleando los sombreros de graduación al aire.

— Lo logramos. — Dijo Zari felizmente.

— Eso hicimos. — Asintió ella. — Todavía no puedo creerlo. — Admitió, sintiendo como la adrenalina se iba de su cuerpo.

— ¿Listas para esta nueva etapa? — Les preguntó Jax.

— Listas. — Afirmaron Zari y ella a la vez.

Se abrazaron y volvieron hacia sus amigos para festejar todos juntos.

Una vez que finalizó el acto fueron a cenar todos juntos. Uno de los temas favoritos de conversación fue el baile de graduación, ya que era al día siguiente.

— ¿Puedes creer que nunca más volveremos a pisar la secundaría? — Le preguntó Ava, en un momento de la noche.

— Bueno, tampoco nunca más, mañana estaremos en el gimnasio. — Le recordó ella.

— Sara. — Protestó Ava. — Sabes a lo que me refiero. — Se defendió.

— Si, lo sé. — Aceptó ella, para no estresar más a su novia. — Supongo que para vos debe ser más raro porque siempre fuiste al mismo colegio, ¿np? — Comentó pensativamente.

— Si, es raro. — Afirmó Ava. — Pase tantos momentos de mi vida allí, y no continuar viendo a mis amigos mientras seguimos estudiando en la Universidad va a ser muy extraño. — Expresó lo que sentía.

— Los verdaderos amigos van a seguir estando siempre, sin importar que estudiemos en distintas universidades y ciudades. — Dijo ella con convicción.

— Si, eso espero. — Asintió Ava, llena de esperanza.

Sara la abrazó y Ava se relajó por completo en sus brazos. En ese abrazo ambas buscaron tomar fuerzas y ofrecerse un refugio. Por momentos crecer podía resultar raro y las nuevas etapas eran abrumadoras, daban cierto miedo. Pero ambas estaban listas para enfrentar esa nueva etapa, para empezar algo nuevo para sus vidas. Y mientras tanto, era reconfortante saber que ambas iban a estar viviendo y estudiando en la misma ciudad.

Al otro día, Sara se reunió con Amaya, Charlie y Zari. Las cuatro juntas se prepararon para el baile de graduación, se cambiaron y se maquillaron. Sara se vistió con un mono corto de encaje color rojo y medias largas negras.

Después de divertirse por un largo rato, Amaya y ella se fueron. Charlie y Zari iban a ir juntas al baile porque eran pareja. Amaya iba a ir con Nate, así que fue a su casa a esperar a que él la fuera a buscar. Y Sara, ella fue a buscar a Ava a su casa, ya que ella era su cita.

Sara nunca había ido a buscar a una cita a su casa para algo tan formal como un baile de graduación. Se sentía como un hecho importante y quería hacerlo bien, quería dar una buena impresión. No entendía porqué estaba tan nerviosa. Ava y ella eran novias y se amaban. Ella conocía a la familia de Ava, y esta la aceptaban a ella y aceptaban la relación que tenían. Todo iba a estar bien.

Al llegar a la puerta se tomó un par de segundos para calmarse y respirar profundamente. Luego, tocó timbre.

— ¡Sara! — Dijo Amy alegremente, abriéndole la puerta. — Estás hermosa. — La halagó.

— Gracias Amy. — Agradeció ella, con una sonrisa sincera.

Amy la hizo pasar a la sala y ella la siguió. Allí estaba Pam, quien la recibió con un abrazo y también la halagó por lo hermosa que estaba. Sara sintió como se sonrojaba ante los cumplidos, pero a la vez los agradeció. Hace mucho que no recibía comentarios que la hicieran sentir linda, y todos necesitamos un poco de eso de vez en cuando.

A los minutos apareció Ava. Sara la miró bajar las escaleras maravillada. Estaba vistiendo un vestido azul que le quedaba hermoso y su cabello estaba suelto. Se tomó un momento para apreciarla, su novia era realmente preciosa y cada vez que pensaba en eso se quedaba sin aliento.

— Estás… — Comenzó a decir ella a Ava, pero no pudo terminar su idea porque todavía estaba observando a la otra con fascinación.

— Lo sé. — Asintió Ava, soltando una pequeña risa. — Vos también estás hermosa. — Dijo, también apreciándola.

Eso la hizo sonreír y le dio un pequeño beso en señal de agradecimiento. Lo hizo con cuidado para no arruinar el labial de ninguna de las dos, ya que todavía tenían una larga noche por delante.

— ¿Les puedo sacar un par de fotos antes de que se vayan? — Preguntó Randy, apareciendo sorpresivamente.

Sara miró a su novia para hacerle entender con una simple mirada que todo quedaba en su poder, que era decisión de ella si darle el gusto o no a su padre. Ella iba a apoyar cualquier decisión que la otra eligiera. Después de todo esta era su familia y Randy era su padre, no el de ella.

— Claro. — Aceptó finalmente Ava, luego de pensarlo por un momento.

Randy les sacó un par de fotos. Amy se dedicó a ayudarlo, porque según ella su padre era muy mal fotógrafo. Una vez que terminaron la sesión de fotos se despidieron de la familia de Ava y emprendieron camino hacia el colegio.

Se encontraron en la entrada del colegio con las Leyendas y los amigos de Ava. Habían quedado en entrar todos juntos a la fiesta de graduación y eso hicieron. Se sintió bien entrar en grupo, acompañados. Demostrando que no solo era importante el ir en pareja, sino en grupo, con amigos.

Las personas muchas veces se olvidaban de eso, de lo importante que era tener relaciones de amistad con otras personas. Pero Sara no. Ella siempre había sido una persona que atesoraba a cada uno de sus amigos. Sara consideraba que eso era lo más lindo que le había traído el estar en Starling, un nuevo grupo de amigos al que quería con todo su ser.

— No puedo creer que este sea el final, que haya llegado el momento de nuestra fiesta de graduación. — Comentó Zari, observando todas las decoraciones.

— Este no es el final Z, vamos a ser amigas por siempre. — Aseguró ella con confianza.

— ¿Lo prometes? — Preguntó Zari.

— Lo prometo. — Le prometió ella.

Zari la abrazó y ella correspondió el abrazo. Sara estaba completamente agradecida por la presencia de Zari en su vida, ella era una gran amiga. Y todo el cariño que le tenía le hacía sentir que la amistad de ellas iba a permanecer en el tiempo. O al menos, eso era lo que ella deseaba. Por eso estaba dispuesta a prometerlo. Amigas para toda la vida.

— Realmente agradezco que hayas venido a Starling, eres una de mis mejores amigas. — Le dijo Zari con cariño.

— El sentimiento es mutuo. — Coincidió ella.

— Me van a derretir con tanta dulzura. — Bromeó Jax, uniéndose a la conversación que estaban teniendo.

— Como si vos no fueras cursi. — Protestó Zari, dándole un pequeño golpe en el brazo y luego lo trajo hacia ellas para unirlo al abrazo. — ¿Nos sacamos fotos? — Les pidió, señalando la cabina de fotos instantáneas que había.

— Si, dale. — Afirmó ella.

Sara entró a la cabina con Ava, Charlie, Zari y Jax. Los cinco se sacaron muchas fotos, todas muy divertidas. Se rieron mucho durante esos minutos.

Una vez que se sintieron satisfechos se repartieron las fotos, para que cada uno tuviera alguna de recuerdo. Y después fueron a la pista de baile para disfrutar de la fiesta con el resto de sus amigos.

Bailaron toda la noche, divirtiéndose entre todos.

En un momento de la fiesta, cuando llegó la tanda de música lenta, Sara sintió que necesitaba tener un rato con Ava que fuera para ellas solas.

— ¿Vamos? — Propuso ella a Ava, agarrándola de la mano.

— ¿A dónde? — Preguntó Ava, algo confundida.

— A tener un momento para nosotras, tengo una idea. — Respondió ella. — ¿Confías en mí? — Pidió saber.

— Siempre. — Asintió Ava.

Se tomaron de la mano y Sara la guió por el gimnasio, hasta que finalmente llegaron a la salida. Había una parte del parque del colegio que había sido decorada con luces de colores. Así que Sara eligió ese lugar. La música apenas podía escucharse desde allí, pero por lo menos se escuchaba.

— ¿Qué hacemos acá? — Preguntó Ava, con curiosidad.

— Tenemos un momento para nosotras solas. — Respondió ella. — ¿Bailamos? — Dijo, ofreciendo su mano.

Ava tomó su mano y ella la hizo girar. Ambas rieron y comenzaron a bailar. Disfrutaron de estar solas y tener ese momento para ellas. Bailaron y se dieron un par de besos, aprovechando ese pequeño instante, el cual pareció sacado de alguna película cliché adolescente.

— Gracias por esto. — Agradeció Ava, conmovida por la idea que la otra había tenido. — Te amo. — Dijo, haciendo que sus narices se rozaran suavemente.

— Y yo te amo a vos. — Dijo ella, con una gran sonrisa.

Se dieron un largo beso, y mientras lo hacían Sara estaba segura de que esa noche iba a quedar guardada en su memoria para siempre.

Luego regresaron a la fiesta, para pasar el resto de la noche con sus amigos.

Las vacaciones de verano pasaron más rápido de lo que a cualquiera le habría gustado. Varios fines de semana los aprovecharon para ir a la playa junto con todos sus amigos, agradeciendo que Ava tuviera una casa donde ofrecer estadía a todos. Disfrutaron de estar juntos, sin presiones y sin compromisos. Simplemente ellos, siendo adolescentes.

Y de a poco, a medida que el verano llegaba a su fin, todos empezaron a partir hacia las distintas ciudades donde estaban las universidades donde iban a estudiar. Las despedidas eran raras, tenían un sabor agridulce y se sentían melancólicas. Pero había que confiar. El futuro los iba a reunir nuevamente, en algún lugar, en algún momento. Las verdaderas amistades se mantienen a pesar de la distancia.

Sara respiró hondo y miró la prisión. Era hora de enfrentar a su madre. Antes de irse de Starling y empezar una nueva etapa en su vida, necesitaba cerrar esta.

— ¿Estás segura qué querés hacer esto? — Le preguntó Ava, trayéndola de regreso al presente.

— Si. — Afirmó ella. — ¿Me esperarás aquí? — Pidió saber.

— Por supuesto, aquí estaré. — Aseguró Ava.

Saber que Ava la iba a estar esperando le daba tranquilidad. Así que tomó confianza, entró a la prisión y pidió visitar a Dinah Merlyn.

Su madre había pedido verla antes de que la llevaran a prisión, pero Sara no había estado lista en ese entonces. Ahora tampoco sabía si estaba lista, pero tenía la necesidad de hacerlo. Sara quería empezar la nueva etapa de su vida sin tener ninguna presión respecto a su pasado, y que le quedará una conversación pendiente con su madre era algo con lo que no quería cargar porque cada vez que lo pensaba le pesaba en cada parte de cuerpo. Así que lo mejor era enfrentar este momento y sacárselo de encima, para así poder continuar.

Sara entró a la sala de visitas y se sentó en una mesa vacía. Mientras esperaba, se dedicó a observar las otras mesas donde había otras personas visitando a otros presos. A los minutos apareció un guardia con su madre. Dinah se sentó frente a ella y el guardia se fue.

— Hola. — La saludó Dinah.

— Hola. — Le devolvió ella el saludo.

— Me sorprende que estés acá. — Comentó Dinah, observándola con cierta curiosidad.

— A mi también. — Coincidió ella. — Pero antes de venir acá, habías pedido verme. No estaba lista en ese entonces, pero creo que ahora lo estoy. — Explicó lo mejor que pudo.

— Hiciste bien en no venirme a ver en ese entonces, no estaba en un buen lugar y solamente iba a culparte por todo. — Admitió Dinah.

Sara sintió su corazón romperse ante eso. Al parecer su intuición había estado en lo correcto, así que agradeció no haberla visitado antes. Su madre tenía siempre el poder de hacerla sentir mal. No sabía cómo lo hacía, pero siempre conseguía la forma de hacerlo. Y que ahora finalmente lo estuviera admitiendo, eso era como otro golpe más, porque le estaba dando la razón. Y en este caso, esta verdad dolía.

— El tiempo que estuve acá, la desintoxicación y el estar sobria me hizo volver a pensar con claridad y replantearme muchas cosas. — Le dejó saber Dinah, llamando su atención. — Malcolm y yo nos separamos. — Informó.

— De acuerdo. — Asintió ella, sorprendida.

No sabía cómo sentirse ante esa nueva información. Esperaba que a su madre le sirviera la separación con Malcolm, y que fuera verdad que la sobriedad le estuviera dando ganas de remendar su vida. Lo esperaba porque eso era lo mejor para ella. Pero, a pesar de eso, Sara sabía que no quería a su madre en su vida.

— Sé que probablemente es muy tarde, pero quiero pedirte perdón por todo. Por todo lo de Malcolm, la lucha libre, por cómo ignoré y manejé todo el dolor que te dejó la experiencia con Darhk. — Se disculpó Dinah honestamente. — Nunca quise tener una segunda hija y eso no es tu culpa, no te mereces toda la manera en que te trate estos años solamente porque estaba resentida por haber elegido algo que no quería. — Expresó sus sentimientos, con cierto arrepentimiento.

Ella ya sabía todo eso. Lo sabía desde hace mucho tiempo. Y ahora, finalmente tenía la confirmación de que había estado en lo correcto. Dolía mucho, pero por lo menos podía comprobar que no estaba loca. Que su madre siempre había tenido ese resentimiento e indiferencia hacia ella, y que no había sido algo inventado de su parte.

— No sé qué decir. — Admitió ella.

Todo esto la estaba haciendo sentir una profunda tristeza y no quería romperse delante de su madre. Ya lo había hecho muchas veces, pero no quería hacerlo una vez más, no quería darle ese gusto.

— No hace falta que digas nada. — Aseguró Dinah. — Lo que más lamento es que a pesar de que no quería tenerte, nunca supe apreciar y valorar la gran persona que eres. — Expresó su mayor remordimiento.

Un guardia interrumpió la conversación ya que el horario de visita había terminado. Su madre se levantó de la silla, le dio la mano en señal de despedida y luego siguió al guardia para regresar a su celda.

— Entonces, ¿vas a ser detective? — Pidió saber Dinah antes de salir de la sala de visitas, volviéndose otra vez hacia ella.

— No. — Respondió ella. — Finalmente me decidí a seguir bellas artes. — Dijo, decidiendo ir con la verdad.

— Espero que te vaya bien, buena suerte. — Le deseó Dinah.

Sara observó a su madre irse, sintiendo una mezcla de alivio y liberación. Fue al baño de visitas que había en la prisión y lloró por unos cuantos minutos, hasta que pudo terminar de sacar hacia fuera todo ese dolor que tenía acumulado. Cuando se sintió a gusto, se lavó la cara y salió a reencontrarse nuevamente con Ava.

— ¿Cómo estás? — Preguntó Ava, uniendo sus manos con las de ella.

— No sé, creo que bien. — Contestó ella, con sinceridad.

Ava la abrazó y ella se dejó abrazar, disfrutando de la calma que los brazos de su novia siempre le proveían. Se quedaron por unos cuantos minutos simplemente así, abrazadas, paradas en medio del estacionamiento que tenía la prisión al aire libre.

— ¿Lista para empezar esta nueva etapa? — Pidió saber Ava, una vez que ella se salió del abrazo.

— Estando juntas estoy lista para lo que sea. — Dijo ella con confianza, haciendo que la otra ría.

Ava le dio la mano y la guió hacia el auto. Ya tenían todo listo. Ya tenían el equipaje y las pertenencias personales que querían llevar con ellas, ya se habían despedido de sus familias y amigos.

Era momento de ir a Nueva York y comenzar esa nueva etapa juntas.

Todo había empezado cuando Sara vino a vivir a Starling, y ahora terminaba con ella yéndose de Starling. Pero, ¿en verdad terminaba? ¿O los comienzos y los finales dependían según desde dónde los mirábamos?

Ava iba a estar en Julliard y Sara en la Universidad de Nueva York. Cada una iba a seguir su propio camino. Ava iba a vivir en la pensión de estudiantes de Julliard y Sara iba a vivir con Maia y Zari.

Pero a la vez lo iban a hacer juntas. La relación que tenían era cada día más fuerte, y sabían que cualquier cosa que enfrentarán en esa nueva ciudad y en esa nueva etapa, estaban listas para hacerlo juntas.

Sara estaba lista para empezar esta nueva etapa de su vida.

Fin.