Si no han leído "Family of the Past" esta colección de cortos no tendrá mucho sentido.
El orden de las realidades va así:
1 - Reencarnación.
2 - Nuevo futuro.
3 - Antes de todo.
Es decir, el capítulo 1 (este capítulo) esta centrado en la realidad en donde Tsunayoshi reencarno. El siguiente capítulo será en la realidad del Tsunayoshi de 14 (solo a futuro). El capitulo que le sigue (el tercero) será en la realidad del Tsunayoshi de 24 años antes de que el deseo se cumpla y comience Family of the Past. El capitulo 4 volvería a centrarse en el Tsunayoshi reencarnado, el quinto en el del 14 años y el sexto en el de 24 años, y así sucesivamente.
Espero haberme explicado bien. En fin, que disfruten la lectura :)
Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Behind Golden Eyes
Capítulo 1
- Si viniste a decirme que quieres un trabajo desafiante otra vez me temo que no hay ninguno… - Resoplo, irritada. ¿Acaso no podían hacer silencio por un rato?, ¿o al menos hacer algo entretenido?
A su nariz llego el olor de un cachorro de león, pero eso no la motivo a mirar y mucho menos a bajar. Ese idiota no era como su cachorro, no del todo, no era lo mismo. Era un adulto, y uno con malas pulgas. No solía ser así, pero desde que su niño se había ideo… Suponía que no era una sorpresa, nadie había sido el- No podía ser…
Olfateo con interés, tratando de captar mejor la esencia dulce, a vainilla y lo que ahora conocía como chocolate, sin querer llenarse de esperanza ante algo que bien podría ser solo su imaginación. No podía detectar los olores amargos, en baja potencia, que indicaran adultez, o celo. No, podía detectar nada de eso. No podía ser su cachorro, no con eso…
Su niño era un adulto, no un bebé. Claro que era su bebé, su niño, pero físicamente era un adulto, lo había visto crecer. Y aquí estaba, dando con los toques suaves que todo bebé tenia, dulces, puros. Nada de los olores amargos, de los ácidos, ni siquiera agridulces, que surgían en las etapas que seguían a la infancia.
Aun así, aun así, por más que quisiera negarlo, por más que quisiera no creerlo, no tener la leve esperanza…
- No, no vine a eso. – Esto no le intereso. Nada de lo que pudieran decir le interesaba. – Vine a presentarte a mi hijo. – Todo su interés estaba en la pequeña criatura, humana, detrás de un hombre de negro que conocía más o menos.
Salto al suelo antes de darse cuenta, ojos fijos en esa figura. Ese olor, esa esencia, esa forma, esas características…
El bebé, porque sin importar como lo mirara eso era lo que esta pequeña criatura era, se aforro con miedo al hombre vestido de negro, pero aun así no quitaba su mirada de ella. El olor a miedo no era tan sorpresa como esperara. Era solo un bebé, y aunque le dolía y no le agradaba…
- No le tengas miedo, es como Natsu. – No, no era nada como ese león amargo y quisquilloso. Era elegancia encarnada, refinada, habilidosa, y poderosa. No había nadie tan buena y hermosa como ella. Era la muerte silenciosa que muchos no sabían que siquiera ocurrió hasta que estuvieran en su estómago. – Anda, acaríciala, dile hola. – Se estuvo de corregir al grandísimo imbécil por una vez. No quería asustar al bebé, a quien estaba casi segura que era su bebé…
Resoplo, algo irritada por lo que haría, y se aplano contra el piso lo mejor que pudo. De esa forma, esperaba no asustarlo tanto y que no se apartara de ella mientras lo olfateaba, buscando todos los detalles, toda la información posible en su olor.
Para su irritación y gran amargura, alguien elegido pasar por encima de ella. Poner sus sucias patas sobre su hermoso cuerpo…
- Con razón se llama Helado. – Le valía un colmillo como se llamaba el desgraciado. Iba a destrozarlo.
- ¿Helado?, ¿en serio? – ¿Que importaba como se llamaba? – Puedo ver por qué.
Su vista cayo en su bebé, era su bebé, de nadie más, dando con ojos grandes que recordaba con sumo anhelo y una manita…
- " ¡Lárgate renacuajo antes de que te coma!" – Ella era su madre, merecía ser la primera en todo, no ningún infeliz idiota aprovechándose de la oportunidad.
- Y ella es Reborn. – Iba a arrancarles los ojos a este felino de segunda mano. - No fuimos nosotros, y déjame decirte que se parece a ti. – Imbécil, desgraciado… ¿cómo se atrevía…?
- "¿Tregua pulgosa?" – Lo que más quería era enseñarle su lugar a este cretino…
- "Estas muerto al salir, rata de segunda." – Pero su bebé iba primero. Sus cachorros siempre irían primero.
Si había algo que había aprendido era que los humanos no podían entenderla, y no sabían usar su nariz para lo que en verdad era. Por tanto, la mejor forma de comunicación estaba entre lo que podían ver y lo que podía sentir. Y aunque le molestara de sobremanera tener que hacer equipo con quien inicio todo el problema…
- "Todo está bien papá, todo está bien…" - ¿Papá?, ¿había dicho papá? – "No tienes por qué llorar, todo está bien…"
- "No eres humano." – Ni a golpes. Era una rata.
- "Más de uno fue acogido por él cuando bebé, fui uno de ellos." – Oh. No podía matarlo ahora. Solo lo dejaría deseando nunca haber interferido.
- ¿De dónde salió? – ¿Acaso era importante?, su bebé estaba devuelta, le valía un colmillo de donde salió. Lo importante era que había vuelto. Así fuera… de extrañas formas…
- Casualidad. – ¿Casualidad?, fortuna. - Ven a saludar a tus tíos Tsunayoshi, diles hola.
- "¡Hey!" – Su cola se movió de un lado a otro en profunda irritación, y no pudo evitar mirar mal a todos los demás humanos. – " ¡Ese es mi bebé!" – No era justo que se lo quitaran tan pronto, y menos por algo tan estúpido.
- A fin de mes, a más tardar, 2 de la tarde. – Le valía un colmillo lo que sea que eso significaba. – Puede quedarse aquí, pueden quedarse aquí, si lo desean. – Ante esto, no pudo evitar tensarse.
Si decían que no, se comía a alguien. No le importaba las consecuencias, alguien seria su cena si no dejaban a su bebé cerca de ella. ¿Cómo diantres iba a cuidarlo y a criarlo si no estaba con ella?, ninguno sabia como cuidar de un bebé, y menos de un cachorro como el suyo. No podía confiar en los humanos, eran idiotas. Era por ellos que había perdido a su bebé, que su bebé se deprimiera, que pasara noches llorando y días sin querer si quiera levantarse de la cama…
Siempre podía seguirlos, siempre podía amenazar, había muchas formas de tener a su pequeño con ella. Nadie se lo iba a arrebatar, no otra vez.
