Capitulo XXX
Después de dejar á Azula al colegio Athena fue a la mansión Kusanagi donde se encontró Kyo, para platicar.
- Athena estoy feliz de verte. - La voz baja de Kyo era como la noche fresca fuera de la ventana deslizándose en sus oídos, - Estás hermosa hoy ..
Athena se volvió, mirando hacia los ojos esperanzados del hombre. Ella lo enfrentó con una expresión tranquila.
- Kyo quiero llevar a Azula a España unas semanas. Se que te dije que te la quitaría estoy apenada solo quiero pasar tiempo con ella y que conozca a Iori- explicado ella
Los ojos de Kyo se oscurecieron como el gris por un momento. En este momento, se dio cuenta profundamente de los sentimientos de Athena cambio de verdad
- No entiendo ¿Te quieres ir?
Athena no dijo nada, el teléfono de ella sonó y se dio la vuelta, esta vez era Iori llamando, contestó. Su tono era amigable y una leve sonrisa en su rostro.
"Hola amor. Si voy apenas termine, te amo adiós"
Kyo escuchó el contenido de la conversación de Athena con su rival y sus ojos solitarios instantáneamente se llenaron de posesividad.
- Solo serán unas semanas Kyo, no puedes negarte a estar con mi hija
Al ver a Athena caminar hacia la puerta de salida, Kyo ya no podía sentarse de brazos cruzados y correr directamente hacia ella quien miró hacia atrás ante el sonido de los pasos, pero en el momento en que volvió la cabeza, vio las cejas de espada de Kyo fruncidas, y el hermoso rostro digno de repente se amplió frente a sus ojos.
Ella estuvo perdida por un momento, y retrocedió rápidamente, pero golpeó la pared. Kyo extendió la palma de la mano para apoyarla contra la pared y puso a Athena "bidong" frente a él.
- No te vayas. ¿En verdad quieres llevar a Azula de viaje?
- Es lo que quiero ..
—Pero eres mi esposa -Los delgados labios de él se apretaron con fuerza. —Si tan solo me dieras una oportunidad
- Kyo no habrá oportunidad ¿Cuantas veces debo rechazarte?
Otra vez el teléfono de Athena sonó, era Iori y cuando estaba a punto de contestar Kyo tomó su teléfono y habló.
"Yagami estoy teniendo una conversación con mi mujer, así que olvidate de ella porque no volverás a verla"
Corto la comunicación, Athena quizo sacarle su teléfono pero el lo rompió en sus manos. Lo miro enojada.
—Eres imposible Kusanagi ¿Qué pretendes?
- Athena, eres mi esposa y soy el líder de este Clan ya no voy a permitir que te sigas exhibiendo con mi rival.
Athena miró hacia otro lado disgustada, temía que esto no terminaría bien.
Iori sintió un dolor en su pecho, agudísimo, como si un calor se extendiera súbitamente partiendo de sus pulmones y amenazando con hacer arder su corazón. Entreabrió los labios, para respirar, y tal como se había detenido, el mundo volvió a la normalidad, al ritmo usual. Jadeó, llevándose una mano al cabello mientras entrecerraba los ojos tratando de calmarse. Empezó a sentirse así desde hace unos días pero cuando escuchó a Kyo diciendo que no volvería a ver a Athena lo desespero.
El estaba parado en la sala del templo Kagura, la morena venía con una bandeja cuando vio al Yagami, dejó las delicias sobre la mesa.
- ¡Iori! ¿Estás bien?
Quizo acercarse pero Iori no se lo perdió con una mirada fría, odiaba ser el centro de lástima de la sacerdotisa, ella sabía de sus malestares y por eso ella lo ha estado ayudando con sus rezos pero era algo que no podía evitar.
- Ya no me queda tiempo ¿Verdad? - le preguntó el a lo que ella bajo la mirada, era su fin. La maldición de Orochi estaba acabando con su vida. El había rechazado el ofrecimiento de comida, y se había conformado con un simple vaso de agua.
- Oye, ¿No tienes hambre?
- No gracias ya comi —respondió Iori con tono grave y una sombra de sonrisa sarcástica en los labios, mirándola de reojo.
—Si estás tratando de ocultar lo que te pasa a Athena no no va a funcionar —señaló Chizuru.
—Estoy bien —respondió Iori, indiferente, mirando los bocadillos que estaban en el plato. Eran solamente cuatro canapés de salmón, servidos sobre pequeñas tostadas ovaladas.
El dolor que sintió a veces no le permitía alimentarse, además de la sangre que bomitaba, era obvio que su maldición se estaba presentando más que nunca. Apretó sus puños ¡No iba a permitir que el Kusanagi se quede con la única razón de su existir!
- Maldito Kyo - Se levantó y salió del templo sin despedirse típico de él.
En la mansión Kusanagi una joven pareja sostenía una acalorada discusión. Estaban solos en la amplia sala, ella sentada en el borde de un sofá de cuero oscuro, y él paseando por todo el lugar haciendo impacientes gestos con sus manos. Los padres de Kyo no estaban.
La joven apartó su cabello levantando sus ojos hacia él, que no pareció notar su mirada.
- La verdad que no entiendo que pretendes encerrarme aquí. Ya no te quiero Kusanagi
- Ya te explique. No volverás con Yagami porque eres mi mujer
- Solo en papel
- Atenea .. Ven. - llamó él. Ella negó con la cabeza.
Observó con atención su cabello, y esos ojos claros que desde el primer día que la vio le parecía tan hermosos. Ella es una mujer hermosa y atractiva.
Y pensar que ahora Athena era suya ... Unida a él por matrimonio, para siempre, su familia está completa con ella.
- No debiste decirle que no volvería a verme.
- ¿Porque te preocupas por el? Conmigo tienes una familia Athena. Los Yagami definitivamente están destinados a desaparecer de la faz de ese mundo.
Athena sintió un pequeño dolor en su corazón, solo pensar que el pelirrojo desapareciera.
- Amo a Iori, aun más cuando estaba enamorada de ti.
Kyo frunció el ceño, fría rabia recorriéndolo al ser comparado con su rival. De pronto Athena no era su mujer, sino la prometida de Iori Yagami otra vez. Maldición.
- Ya deja de nombrarlo -, su voz severa, sus ojos castaños sosteniendo la mirada molesta de Athena. Con una mano apartó su largo cabello, luego acomodó su chaqueta negra que estaban perfectamente en su lugar.
- Porque no te buscas otro pasa tiempo Kyo o alguna otra novia como Kushinada - murmuró Athena sarcástica. - ¡No te das cuenta lo que probocaste!
Kyo bajó la mirada hacia el suelo, siguiendo los diseños de la alfombra donde estaba parado. Plateado y verde entrelazándose como serpientes en intrincados diseños.
- No me importa, ya no puedo estar sin ti. - dijo en voz baja.
- No puedes obligarme, no tienes derecho - susurró ella entre dientes, más para sí que para Kyo, que finalmente perdió la paciencia. Dio un paso hacia ella, sujetándola de los brazos y obligándola a ponerse de pie.
- ¿Cuáles son las razones por la que lo amas? El ni siquiera puede comprarse conmigo - preguntó, sin dejarla ir aunque ella intentó liberarse.
- Suéltame - murmuró Athena, forcejeando.
- Responde - fue todo lo que dijo él, y ella suspiró, perdiendo la paciencia también.
- El es la única persona que se preocupo por mi cuando estaba en desgracia, el me cuido when estaba en coma y me salvó de las llamas ¡Siempre estuvo ahí! Por eso lo amo.
- Lo quieres Athena, como quieres a Malin ya Kensou solo eso - corrigió Kyo - Amor es lo que sientes por mi
Athena parpadeó. Finalmente Kyo la había soltado pero ella no salía de la sorpresa.
- ¿Eso es lo que crees? - exclamó. Kyo miró hacia el techo, como si no comprendiera por qué la chica aún no aceptaba su amor.
- ¡No voy a permitir que vuelvas con el para que te siga confundiendo!
Athena habría podido jurar que vio un brillo enloquecido en las pupilas de Kyo.
- Estás enfermo - murmuró. Kyo negó con la cabeza. Toda su paciencia perdida ya.
- No has entendido nada de lo que dije - gruñó.
- ¡Te has vuelto loco! ¿Qué pensara Azula cuando vea que tienes cautiva a su madre?
- Ella estará feliz porque su madre está con ella -susurró Kyo dándole la espalda.
- ¿Eso es lo que quieres? ¡Forzarme a jugar a la familia feliz! No quiero ese destino para mi hija
- Tendrás que hacerlo porque ya estoy colmando la paciencia contigo Athena - gritó, más que respond, Kyo.
Y hubieran seguido discutiendo de no haber sido por un sirviente que entró jadeando y tropezando a la sala, sin ni siquiera detenerse a tocar la puerta. Kyo y Athena se volvieron hacia él.
- Peligro - jadeó el joven. Con sorpresa, Kyo vio que su traje negro estaba manchado de sangre, y con aun más sorpresa lo reconoció como uno de los ninjas que protegían la mansión.
- ¿Qué sucede? - preguntó, acercándosele. Athena estaba unos centímetros detrás de él.
- Ya ... Yagami ... - fue todo lo que pudo decir el ninja antes de caer sobre la alfombra inconsciente.
Kyo no oyó los gritos de Athena exigiéndole que no peleará con el. Corrió a través de pasillos desiertos en dirección a la sala que usaban para recibir a las visitas importantes, un enorme salón con suelo de madera clara que también podía utilizar para pelear. Era la vieja sala de la mansión.
- Kyo, por favor ... - murmuró Athena, sujetándolo de la manga de la chaqueta negra que vestía. Él se liberó con un simple movimiento. Parecía eufórico.
Guardaron silencio durante un momento, y luego los gritos de hombres al atacar y ser atacados fueron claros para ambos. Sus voces enviaban escalofríos por la espalda de Athena.
Fue cuando un par de ninjas aparecieron para proteger al líder, y Kyo los despidió con un gesto de su mano, Athena supo que las cosas irían de mal en peor. Estaban solos cuando oyeron los pasos lentos y tranquilos acercándose al salón. Un presentimiento les decía que todos los sirvientes que se atrevido a interponerse en el camino del dueño de esos pasos ya debían estar gravemente heridos.
Ambos de pie en medio del salón, mirando hacia la puerta entreabierta, esperando para recibir a Yagami.
Iori apartó al último ninja de su camino y entró en la mansión. Recordaba que en los tiempos de Saisyu hacer algo semejante no hubiera sido ni remotamente posible. Era más seguro terminar muerto, a llegar incluso a la puerta de la gran casa. Sin embargo ahora estaba adentro, recorriendo los pasillos desiertos y dejando marcas de la sangre que goteaba lentamente por sus dedos. Su rostro estaba salpicado de escarlata, lo sabía, pero de alguna manera le complacía. Llevaba meses, meses tratando de controlar esas ansias de desgarrar que antes desahogaba con una simple pelea contra Kyo.
Siguiendo su instinto, supo que se acercaba al lugar donde Kusanagi esperaba. Era curioso que Kyo realmente estaba esperando para enfrentarse a él. Con sus manos ensangrentadas empujó la puerta corrediza y se encontró ante un amplio salón, brillantemente iluminado. Las paredes blancas y el suelo pulcro y encerado parecían esperar pacientemente a ser manchados con sangre. En medio del salón estaba un joven de cabello castaño, ataviado de manera elegante. Y a su lado la psiquica que se veía un poco aterrorizada.
- Yagami - dijo el joven, Kyo, a modo de saludo - Veo que has venido a mis tierras y lastimado a mis ninjas. ¿Acaso quieres morir?
Una sonrisa burlona torció los labios de Iori de una manera que a Athena le hizo desear estar lejos, muy lejos de allí, se deshizo de esa sensación con leve movimiento de cabeza. Sin embargo Kyo la rodeó con sus brazos por detrás. Como provocando a su rival.
- ¿Ves a esta mujer? Se llama Athena Asamiya y es mi esposa - exclamó Kyo. Sus ojos estaban fijos en el pelirrojo, todo su cuerpo temblando, la adrenalina corriendo por sus venas.
- ¿Tu esposa? - repitió Iori, aún con la sonrisa burlona y sin siquiera levantar un brazo para ponerse en guardia. En vez de eso, buscó algo en los bolsillos de los pantalones rojos que vestía. Kyo lo vio sacar una gastada cajetilla de cigarrillos y dejar que el último restante cayera sobre su palma. Al instante se tiñó de rojo, pero Iori no pareció notarlo. Lo llevó a sus labios y ni siquiera alcanzó a ver la pequeña llama púrpura con la que lo encendió - Ella dejo de ser tu esposa hace tiempo Kyo, será muy fácil deshacer tu matrimonio con ella. - terminori, y Kyo no pudo hacer más que apretar sus labios con bronca. Athena solo lo observaba con sorpresa hace mucho que Iori no se comportaba así.
- ¿A qué has venido? ¿A enfrentarme como en los viejos tiempos? -la voz de Kyo resonó clara, firme y arrogante.
- Tú sabes bien a que he venido. - dijo Iori mirando a Athena mientras encendía sus flamas púrpura.
Kyo apartó a Athena y levantó los brazos en un gesto que invitaba a Iori a atacar.
- ¿Qué esperas? ¡Ataca!
Iori corrió hacia el y le pego un golpe en la cara a Kyo quien lo tomó por sorpresa, pero se mantuvo esquivando a su rival durante largo rato, sintiendo la mirada de sus ninjas sobre ellos, que parecían ejecutar una complicada coreografía en medio de aquel salón.
- ¡Pelea como se debe! - exclamó Iori al cabo de un rato. Apartando su largo cabello hacia un lado. Kyo lo esperaba, mirándolo fijamente, con ojos oscurecidos. Ya había sido suficiente de medir la fuerza de su rival. Como era de esperarse, no había gran diferencia entre su estilo ahora y el que había enfrentado hacía años. No sería un gran problema vencerlo.
Sonrió, asintiendo, se puso en guardia al ver a Iori corriendo hacia él, chispas púrpura empezando a brotar de sus manos desnudas, prontas a convertirse en una gran llamarada.
—¡Muereeee .. comenzó a decir Iori, lanzando su puño hacia adelante con toda su fuerza, a medida que invocaba a sus llamas.
Los segundos siguientes, fueron una gran confusión. Iori oyó el grito de Athena ... y de pronto sintió el dolor como una explosión en su interior ... ¿O fue primero el dolor y luego el grito? Pero no fue sólo eso, sino que pronto hizo sentir un dolor más común que lo volver a la realidad. Era Kyo, que había aprovechado su momento de duda para hundir su puño en su estómago. Iori jadeó, tratando de recuperar el aliento, mientras caía de rodillas a los pies de su rival, que rió.
- ¿Qué pasó, Yagami? - se burló Kyo suavemente —¿Acaso ya no sabes pelear?
Al oírlo, la rabia inundó el cuerpo de Iori, que se impulsó hacia adelante dispuesto a volar la sonrisa del rostro de Kyo. Sin embargo, cuando pensó que estaba de pie ya punto de cobrar velocidad, sus piernas temblaron y cayó de nuevo, con un gemido. Kyo lo mandó lejos de una patada que él no pudo evitar. Rodó sobre las esteras, tratando de tragarse el dolor, no del golpe, sino el que ardía en su interior.
Sintió claramente como su cuerpo temblaba y no le obedecía. No podía moverse, parecía como si toda su fuerza lo hubiera abandonado de repente. Abrió los labios para respirar, y con temor notó el sabor salado a sangre.
- Iori. - la suave voz lo hizo levantar la mirada, vio entre brumas el rostro angustiado de Athena. Unos de los ninjas Kusanagi la sujetaban para que no interviniera en la pelea. Ese no era el poder de Iori Yagami, sabía que había algo que el sabía y ella no. El pelirrojo no se veía bien, estaba más pálido de lo normal. Ella se deshizo del agarre del ninja y fue hacia el pelirrojo arrodillandose hacia el - No pelees ... - susurró, para que sólo él la oyera. - Estás en desventaja ... y Kyo está dispuesto a matarte ... No pelees ... ¡Por favor!
La cabeza de Iori daba vueltas. Kyo se acerco y la tomó del brazo y la alejó de él
- ¿Eso es todo? Que decepción, no eres ni la mitad de lo que eras antes -Kyo se echó a reír. Se inclinó sobre Iori, y, sujetándolo del cabello, lo obligó a ponerse de pie - Eres débil o tal vez ... ya te llego la hora de que la maldición acabe con tu vida
La mano de Kyo empezó a arder, Iori forcejeó para soltarse. Lo logró dándole un codazo en el pecho y cortándole la respiración. Se alejó algunos pasos, para ganar tiempo mientras trataba que el dolor amainara. Empezó a jadear. Kyo continuó riendo.
- Me parece que vas por ese camino Yagami - dijo y, saltando hacia Iori, encendió sus llamas en medio del aire, cayendo sobre él con una explosión escarlata que destruyó parte del suelo del salón. Athena estaba asustada Kyo se comportaba de una manera tan despiadada
Cuando el fuego se apartó, vio que una de ellas brillaba con intensidad, extendiendo su aura negra que se encendía al entrar en contacto con el ambiente y ardía en llamaradas púrpura. Kyo retrocedió algunos pasos ante semejante demostración de poder.
- Maldita sea ...- gruñó Iori, clavando en él su mirada furiosa - ¿Crees que eso me iba a vencer? ¡Arde! ¡Ardee!
Con un movimiento veloz, Iori lanzó una llamarada al suelo, una pequeña llama que se convirtió en una columna de fuego púrpura y cegador. El estremecimiento que sacudió a todos los presentes mientras saltaba dentro de la columna de fuego y hundía su puño dos, tres, cuatro veces en el cuerpo de su rival. Esquivó un golpe errático y terminó el movimiento golpeando a Kyo desde el pecho a la barbilla, arañando su piel y lanzándolo por los aires.
Un murmullo de admiración se oyó en el salón cuando Kyo cayó pesadamente al suelo. Sin embargo, antes de que nadie pudiera reaccionar, el grito de dolor del pelirrojo desgarró el ambiente.
- ¡Iori! - Athena no pudo evitarlo, corrió hacia el, pero se detuvo a unos pasos, cuando oyó un fuerte gemido proveniente de él. Se había llevado las manos al pecho, y estaba de rodillas, encogido en sí mismo. De sus labios goteaba sangre, y lágrimas rojas brotaban de sus ojos cerrados.
Kyo la apartó de allí justo en el momento en que el fuego volvió a envolver al pelirrojo, ardiendo descontrolado. Iori gritó, intentando mantenerlo bajo su voluntad, pero le era imposible. Más sangre cayó, y, por primera vez en años, sentí que las llamas le hacían daño.
- Yagami, te doy la oportunidad para que te vayas - dijo Kyo desde algún lugar. Iori no podía ubicarlo, no podía moverse. —Seré amable contigo
Utilizó una de las frases celebres del pelirrojo a quien enfureció e hizo el esfuerzo. Apoyó las manos frente a él, viendo, entre lágrimas sanguinolentas, que estaban cubiertas de sangre. Su sangre. Kyo estaba jugando con él, y lo sabía. Lo estaba humillando frente a sus ninjas frente a Athena. Pero ... ante esto, Iori no pudo evitar que sus ojos se nublaran con verdaderas lágrimas. ¡No podía hacer nada! Sus brazos no tenían la fuerza para levantarse!
No quería ver la expresión de sorpresa de los ninjas y la de Kyo. La angustia de Athena. No quería ... reconocer que había sido vencido de no haber sido por la voz, clara y firme.
- Ya basta, esta pelea terminó
Y sin comprender qué sucedía, Iori sentó que unos brazos lo sujetaban y lo ayudaban a sentarse. Iori se levantó a duras penas abriendo los ojos, reconoció a la morena ¿Nuevamente vencido por Kyo? Eso era imposible. ¡Imposible!
- Chizuru no intervengas. - hablo Kyo apretando sus puños.
- Kyo ¿Acaso no tienes honor? -le respondió la morena con enojo.
Pasos ligeros se acercaron a él, y luego una mano gentil acarició su cabello rojo y desordenado.
- Iori. - escucho a la psiquica, sintió que lo movían despacio, con cuidado ayudándolo junto con Chizuru.
- No te vayas con el - dijo Kyo entre dientes a Athena quien lo miraba con decepción
- Si intentas detenerme terminaré odiandote - dijo ella antes de salir del lugar con el pelirrojo y Chizuru.
El silencio que envolvió al salón y Kyo no tubo el valor de detenerlos, sabia que Yagami estaba muriendo y le quedaba muy poco ¿Lo sabrá ella también?
