Capitulo XXXI

Tú, tan solo tú

Puedes entende-e-erme así
Y aqui estoy yo, tú escudo yo
Que siempre cuidé-é-é de ti
Ah, ah

Luego en la mansión Athena veía a Iori sobre su cama delirando de fiebre produciéndole tanto dolor, ella tomó un pañuelo para limpiar la sangre de los labios del pelirrojo.

- ¡Iori! - llamó, al ver que empezaba a perder la consciencia, los agudos gemidos de Iori, que luchaba por respirar, sintiendo que se ahogaba en el dolor y la sangre.

Apretó los puños, sintiendo un odio irracional hacia Orochi. ¡Era culpa de ese maldito dios el que Iori estaba así! Estas eran las consecuencias de la maldición. Abrazó protectoramente a Iori contra su pecho, mientras con una mirada de sus ojos lila miraba a Chizuru parada sobre el marco de la puerta.

- Por favor ayudalo- murmuró en voz baja.

- Voy por algo de agua helada - fue todo lo que dijo la morena antes de salir a la cocina

Athena seguía limpiando con un paño la sangre que ensuciaba el rostro de Iori. Luego de unos minutos llegó con una olla de agua fría y lo dejó al lado del velador. Observó a la psiquica comprensiva.

- Él no va a morir. No lo hará. Pero yo necesito que me ayudes, ¿está bien? Vamos a bajarle la fiebre.

Athena asintió, apretando su sus manos para evitar las lágrimas, tomando la mano helada del joven y acercándola a sus labios. Su frialdad le impresionaba

- Iori .. no te rindas, resiste por favor - susurró ella.

Dejo que Chizuru se ocupará la fiebre, mojo un paño en el agua fría y se lo paso por la frente del pelirrojo

Athena se quedó observando, viendo como su pecho subía y bajaba sin ritmo alguno. Y fue en esos momentos en que notó que el abría los ojos lentamente. Su mirada le produjo un escalofrío. Sus ojos agotados, manchados de rojo que tomaban tintes escarlata.

- Athena dijo, despacio. Entre jadeos.

Ella asintió, aliviado al oír su nombre siendo pronunciado por esos labios. Se apresuró a arropar bien al pelirrojo, cubriéndolo gentilmente con las sábanas ligeras, tratando de no rozar sus heridas ni quemaduras.

- No puedo moverme - gimió, luego de intentarlo. Chizuru negó con la cabeza.

- Tu cuerpo está agotado, no te esfuerce, por favor - dijo en voz baja la morena - Estás herido, y debes descansar.

El pelirrojo clavó su mirada en Chizuru. Asintió de mala gana.

- ¿Perdi tan fácilmente frente a Kyo? - se preguntó luego, reprochándose, frunciendo el ceño con frustración.— ¿Moriré gracias a la maldición de Orochi? - Ahora empezaba a recordar. Su padre le hablado al respecto, pero él nunca pensó que sería tan pronto. Después de todo era él, el único heredero de su Clan ¿Cómo era posible que le estaba sucediendo eso ahora?

Nuevamente intentó incorporarse, pero se encontró con que Chizuru lo sujetaba del pecho, impidiéndole moverse. Iori, sacó su brazo de entre las sábanas e intentó apartar esa mano intrusa con un golpe, pero se dio cuenta que sus movimientos eran torpes, y que ni siquiera tenía la fuerza para sujetar la delgada muñeca de la morena. Los ojos de Chizuru reflejaron pesar por un momento, pero al siguiente segundo esta expresión había desaparecido. Sus ojos negros se volvieron severos.

- No te permitiré - comenzó, pero una mirada furiosa de parte del pelirrojo la hizo callar.

- ¿Quién te crees tú para decirme lo que debo hacer? - le gritó. Iori estaba realmente molesto, y la frustración al verse tan débil lo estaba alterando. Eso, sin contar que la morena a su lado lo trataba como si fuera un pobre niño desvalido - ¡Sal de aquí, nadie te ha llamado ...!

Iori hubiera seguido gritando, cuando de pronto el dolor que había estado latiendo en su interior explotó en toda su intensidad. No pudo evitar un grito, e, inconscientemente, su cuerpo se arqueó, haciéndolo levantarse, abrazándose a sí mismo, mientras las oleadas de dolor recorrían todo su ser.

Athena se apresuró a sostenerlo, pero cuando sus manos iban a tocar los brazos desnudos de su novio, el fuego comenzó a brotar. Iori entreabrió los ojos, viendo que el fuego salía de él, sin control. Su piel ardía, aunque las llamas no se extendían más allá, no invadían las sábanas, sólo ardían brotando de él. Quiso controlarlas, pero todo lo que sintió era el dolor, una y otra vez. Nuevamente una lágrima de sangre brotó de sus ojos rojos, nublados. Se sacudió en la cama, como si ese fútil movimiento fuera a alejar el dolor.

- Iori - escuchó la voz de su amada Athena en su oído, profunda. Y luego sintieron aquellos brazos que ya eran familiares rodeados, posándose sobre la piel de su espalda y su pecho, sobre las llamas. Esta mujer ... ¿qué pretendía? ¿Quemarse viva junto con él? Quiso apartarla, pero estaba demasiado débil.

Otro grito escapó de su garganta, y Athena lo estrechó con más fuerza, cerrando los ojos. Recordando su primer encuentro.

Disfrutemos el momento

Deja el tiempo decidir
Solo quedan los recuerdos por vivir
Ah, ah
Si te quema lo que siento es porque igual te pasa a ti
Eh, eh, eh
Solo dime que si

...

Sabía que no era buena idea, Kensou le había dicho que no se acercara a ese joven, estaba parado solo con las manos en su bolsillo, lucía fuerte y su mirada decía que no era amigable aun así lo hizo.

- Soy Athena Asamiya - dijo algo nerviosa inclinándose un poco como saludo. - ¿como te llamas?

El pelirrojo se sorprendió al ver a esa niña de traje rojo presentándose cortez, iba a ignorarla como hacía con los demás, pero por extraño que le pareciera no lo hizo.

- Iori Yagami- balbuceo a lo que ella sonrió al ver que no le era indiferente.

- ¿También es tu primer torneo? Mi equipo se llama psicho soiders ¿y el tuyo?

El estaba a punto de respondedor cuando una voz la llamo de lejos, era Kyo a lo que ella se despidió rápidamente de el y fue a su encuentro. Al parecer se conocían, ella resultó ser la amiga de la persona de la cual debe matar. No iba a ser considerado con nadie. Él Kusanagi era todo lo que le importaba, no iba a dejar que nadie se interpusiera. Aunque esa niña de catorce años haya captado su atención.

...

Es que quiero verte otra vez
Dime por qué yo nunca me enteré-é
Cuando fue ese momento en que me enamoré
Y quiero verte otra vez
Dime por qué yo nunca me enteré-é
Algo tienen tus besos que me enamoran

Chizuru contuvo el aliento al ver a Athena sujetando a Iori inconsciente que yacía fláccido en sus brazos y se acercó, temiendo lo peor. Había sangre en el rostro del Yagami, sangre en las manos de Athena, y una expresión de profundo dolor en sus ojos lilas. Vio que sus ojos estaban nublados, como si quisiera controlar las lágrimas.

- Hay que llamar a su padre. - le dijo la morena a Athena

- No conozco a su padre ¿Qué sucede? - Quiso saber Athena, temiendo lo peor.

- Creo que todo terminará ahora ... manda a un mensajero a llamarlo.

Athena asintió levantándose y salió de la habitación mientras caminaba por los pasillos sus lágrimas salían libremente. Pasó una hora cuando llegó el padre de Iori, Kaoru. La psiquica lo vio entrar a la habitación de Iori. Era un hombre de cabello corto y rojo bien peinado hacia atrás de unos cincuenta años caminaba con ayuda de un bastón. Athena se acercó a este.

- Soy ...

- Sé quien eres tú mujer, la nueva obsesión de mi hijo. - la interrumpió el mayor mirándola seriamente.

- iba a decirle que soy la prometida de Iori.

- ¿Cómo puedes ser su prometida cuando eres la esposa de nuestro Clan rival? - le preguntó con enfadó. - ¿Sabes cuantas reglas rompió por ti?

- No, no lo se. - le cortó Athena, volviéndose hacia él pero no viendo más que la cansada silueta de Kaoru, - Pero para que existen las reglas sino son para romperlas.

- Insolente- habló el hombre apretando sus dientes. - Si mi hijo no fuera el líder de nuestro Clan jamás lo hubiera permitido.

Claro, ahora Athena entendía porque Iori nunca se lo había presentado. Otros recuerdos pasaron por su mente.

...

Una na y otra vez, eh
Una na y otra vez, eh (Hmm oh oh)
Algo tienen tus besos que me enamoran
Una na y otra vez, eh
Una na y otra vez, eh (Hmm oh oh)
Algo tienen tus besos
Que me enamoran
Eh

Después de cenar la pareja fueron a una feria en la ciudad, disfrutando bajo el cielo nocturno azul oscuro, la próspera calle larga está llena de pequeños puestos, y los puestos están llenos de recuerdos y delicias diversas.

De repente florecieron grandes fuegos artificiales frente a ellos.

Luego vino el sonido de "pop, bang, bang, bang, bang, bang", y brillantes fuegos artificiales florecieron en el cielo nocturno uno tras otro.

- ¿Cuál es tu mayor deseo? - le preguntó Iori de repente a lo que ella sonrió.

- Formar una familia contigo.

Iori acarició su rostro con suavidad mientras se acercaba a su boca.

- También es mi mayor deseo - terminó diciendo mientras la besaba.

...

Tú, y solo tú
Supiste sanar mi corazón
Y aquí estoy yo
Tu risa yo
Que quiero quedarme siempre en ti
Oh oh

Los gemidos eran todo lo que se oía en la habitación, Athena volvió a la realidad. ¿Cómo le puede estar pasando esto? Amaba a Iori pero aún les faltaba tiempo juntos, más salidas juntos y para eso había planeado el viaje.

Las luces estaban apagadas, y la única iluminación provenía del fuego crepitante de la chimenea y una débil lámpara en el velador. Era mejor así. Las tres figuras reunidas en el lugar preferían no verse entre sí.

Athena estaba sentada al lado de la cama, sujetando entre sus manos los dedos helados de la mano de Iori. Chizuru estaba de pie tras ella, con la mirada fija en el suelo y sintiendo una gran pena hacia Iori, a pesar de todo siempre le tuvo afecto a pesar de su mal humor y peleado juntos en varias batallas, sent que en cualquier momento las lágrimas iban a volver a caer. Más apartados de la cama, Kaoru fumaba reclinado en el sofá.

- El líder del Clan vencido - habló Kaoru de pronto, para su completa furia - Por un Kusanagi

- cierre la boca. - respondió Atenea, secamente. - Su hijo esta delirando y ¿Es eso lo que le preocupa?

Kaoru se volvió hacia ella, sorprendido ante esa muestra de valentía.

- Su deber era terminar con ese infeliz.

- ¿Su deber? ¿Y el suyo como padre? Lo único que conoció de usted fue el sufrimiento

- ¡Silencio! - Kaoru se puso de pie, enfrentando a la mujer. Sus miradas se encontraron. Athena se encontró observando unos ojos idénticos a los de Iori. - Tú no sabes nada ¡Vete de aquí!

- ¡No lo haré! - gritó Atenea, enfurecida -. ¡Si estoy aquí es porque amo a Iori, y no me moveré de su lado hasta que todo termine!

Sus palabras resonaron en el silencio de la amplia habitación. Chizuru se sintió conmovida ante la muestra de amor de Athena.

- ¿Desde hace cuanto tiempo esta pasando por esto? - preguntó la psiquica

- Toda su vida - dijo severo Kaoru

- Pero hace un tiempo la maldición se está presentando más fuerte - terminó diciendo Chizuru.

- ¿Hay algo que se pueda hacer? - preguntó la psiquica

- Solo una cosa pero es arriesgado y tal vez no funcione.

- Haré lo que sea necesario. - hablo atenea dispuesta.

- No sabes lo que dices mujer, solo un poder superior puede deshacer la maldición que nos impuso Orochi - hablo Kaoru como si fuera lo más absurdo.

- Si ella entrega su energía a Iori tal vez ..

—¿Eso no esta prohibido Kagura? - le cuestionó Kaoru. —Esa mujer no es capaz de resistir al poder de Iori morirá sin duda.

- Es cierto no lo resistiría, hay que resirnarse, lo siento Athena

- No.- la psiquica lo miro a ambos. - Mi familia desciende de una diosa poderosa, mi madre me puso su nombre en su honor ... creo que podría invocarla y pedir su ayuda. - sugirió Athena a lo cual la morena nego con la cabeza

- Es una locura ¿Por qué piensas que te ayudar?

—¡Es lo único que queda! - dijo la psíquica con un toque de desespero. —No puedo dejarlo morir .. por favor Chizuru ayúdame a invocarla.

Iori murmuró débil.

- No, no lo hagas ... no hagas algo estúpido

- Hazlo Kagura, tal vez ella tenga razón y esa diosa la ayude. - dijo Kaoru viendo al pelirrojo delirar y susurró - Aun no estoy listo para perder a mi hijo

Athena lo miró sorprendida, el quería a su hijo, a su manera pero lo quería y luego a la morena suplicante quien asintió sin remedio.

- De acuerdo te ayudaré ...

Disfrutemos el momento
Deja el tiempo decidir
Solo queda los recuerdos por vivir
Ah ah
Si te quema lo que siento es porque igual te pasa a ti
Eh, eh, eh
Solo dime que si

Cuando Iori despertó ya era de día. No lograba ver nada, salvo una niebla blanca que lo sabía que era de día.

¿Es así como debería sentirse al estar muerto? Estar inmóvil sin saber en donde, donde solo podía pensar, observar, recordar, desear cosas que ya no valía la pena, querer ver a la persona que le interesaba y no poder. Levantó su cabeza para ver a quién pertenecía a esos brazos que lo rodeaban y estrechaban contra una calidez que le era especial ... y no poder.

Pero se sintió cansado.

En la muerte no hay cansancio, no hay nada, es mejor que sentir dolor. Aunque ya no se sintieron esos malestares de la maldición pero se sintieron agotado como después de una gran pelea. Su cuerpo pesado y entumecido.

Vaya, en el infierno no hay ventanales con cortinas descuidadamente entreabiertas, como la que sus ojos comenzaron a reconocer en medio de ese lugar. En la muerte no hay nada. Y definitivamente la mansión no podía haber ido al infierno con él.

Parpadeó lentamente, y las brumas se convirtieron en paredes claras. La niebla en que flotaba tomó la forma y contextura de un grueso colchón. Parpadeó de nuevo. Era extraño. ¿Cuántas veces se puede cerrar los ojos, estando seguro de morir, y luego volver a despertar?

No muchas.

A menos que hubiera una psiquica que todo el tiempo estaba llamándolo, obligándolo a regresar. Una y otra vez, regresar. Regresar a ella. A costa de su propia vida, o lo que fuera. Nada era suficiente para ella, mientras consiguiera lo que quisiera.

Athena..

Iori intentó volverse, pero el leve movimiento hizo que su cabeza pareciera girar vertiginosamente. La realidad de su mansión lo golpeó con fuerza. Como despertar de un sueño que no sabía que había estado soñando. Estaba sobre la cama, acostado mientras que alguien que aún lo estrechaba con fuerza. Veía manchas de sangre salpicando el suelo, las paredes, manchando su ropa.

La noche anterior volvió a él con toda su claridad. Un último ruego a Athena para que lo dejara ir ella se nego y de pronto la fuerza que había controlado su cuerpo en contra de su voluntad, no era Orochi, era otra clase de dios celestial que luchaba en contra de los malestares que le impuso Orochi . Esa energía extraña le susurraba a través de los resos de Chizuru y el olor a insenso. Era una orden.

Tienes que ser fuerte, Yagami ...

Iori sintió dolor, sólo oyó la voz femenina de ese dios en su cabeza mientras que el poder de Orochi luchaba seguir en su cuerpo pero esa vos femenina no se lo permitía finalmente su energía se apoderó completo de su cuerpo y al abrir los ojos vio a Athena manteniendo sus ojos cerrados mientras su energía fluía hacia su cuerpo, y de pronto todo rastro de Orochi desapareció. Sólo quedó su energía comenzando a aliviar el dolor, y reconfortarlo con su calidez.

Sabía lo que Athena había hecho pero era imposible que dos personas sobrevivieran compartiendo esa energía. Ella se estaba debilitando, Iori quiso protestar pero ella se había mostrado obstinada en continuar en presencia de su padre y Chizuru. Tuvo que esperar a que ella estaba tan débil para poder alejarla ..

Recordó el rostro de esa diosa que lo había ayudado, tenía un gran parecido a su novia al igual que su energía, como le susurraba ... pero de pronto nada de eso le importaba. Sólo observaba a Athena y, como un remolino, las imágenes de su violento pasado con él parpadearon en su mente. Desde que lo consideraban un desquiciado obsesionado con matar a Kyo, hasta los momentos en que se había mostrado tan gentil con Athena, salvandola, expresándo su amor. Era agradable pensar en ella, se dio cuenta. Parecía esos momentos previos a quedarse dormido, en que todo lo que se tiene son pensamientos y la calidez de suaves sábanas.

Y como todas las noches de su vida, lentamente el sueño cerró sus ojos. Sabía que esta vez debía ser para siempre. Era bueno que ese rostro tan bello con mechones lilas fuera lo último que vería ...

Él debía estar muerto.

A menos que ...

¿Podía Athena haber sido tan tonta como para sacrificarse por él? ¿Y si no sobrevivía?

Consiguió volverse sin sufrir un mareo. Lo hizo rápido, porque tenía miedo de ver a quien estaba detrás suyo, abrazándolo aún. Vio el cabello lila a su lado. Su espalda estaba apoyada la en el pecho de Athena, pero la cabeza de ella caía sobre su hombro, sus ojos cerrados, inconsciente. Quiso llamarla, seguro de que no recibiría respuesta, pero entonces notó el suave y regular ritmo de su corazón contra su espalda, y su respiración rozando su mejilla.

—¿Athena? - dijo, despacio, su voz saliendo ronca de su garganta seca. Toda la respuesta que recibió fue un leve gemido.

Tonta mujer, realmente había arriesgado su vida por el ¿Cómo pudo hacerlo? Había permitido que su cuerpo se robara toda su energía.

¿Pero a qué costo?

Se liberó de su abrazo, posando sus manos en los hombros de Athena, llamándola de nuevo. Otra vez el miedo a no obtener una reacción comenzó a crecer en su interior. ¿Y si no despertaba ...?

- Athena - volvió a llamar - ¡Athena!

Y finalmente ella entreabrió los ojos. Parecía cansada. Su mirada se posó confusa en el rostro anhelante de Iori ante ella. Se observaron largo rato, Iori vio la expresión de sorpresa de ella y sus ojos brillaron con emoción, se alegraba de verlo.

Ella levantó una mano temblorosa, como si quisiera verificar que realmente era Iori quien estaba frente a ella mirándolo con una leve sonrisa en los labios porque parecía no saber qué otra expresión debía adoptar. Rozó la mejilla del Yagami con la punta de los dedos y la sonrisa de Iori se amplió por primera vez, se volvió más sincera, iluminando esos ojos que se he tornado escarlata para siempre.

Súbitamente la mano de Iori se deslizó hacia la espalda de ella, y la atrajo hacia sí con la violencia que lo caracterizaba. Athena se encontró atrapada entre sus brazos de nuevo, sin aliento. Iori la estrechaba con tal fuerza que parecía querer ahogarla, sus largos dedos aferrándose a la ropa de Athena, su otra mano perdida entre el cabello lila, inmovilizándola por completo.

Athena escuchó su suave suspiro cerca a su oído. Iori la abrazaba con los ojos cerrados, como si buscara convencerse de que la noche había pasado y que ella estaba viva, en change ella rogaba que esa noche se había llevado la maldición de Orochi. De que todo había terminado.

Athena oculta su rostro contra el cuello de Iori, que siente su respiración ahora irregular y ardiente cosquilleando en su piel. La manera en que se aferraba a ella parecía desesperada. Pero Iori no pronunció palabra. Sólo la mantuvo así, contra él. Ella sonrió, reaccionado finalmente y levantado sus brazos para recorrer la espalda de Yagami con la punta de sus dedos.

- Gracias- dijo Iori en un murmullo. Sabía que este amanecer se lo debía a ella.

- No quería dejarte ir. - le dijo ella con suavidad. - No aún

Una na y otra vez, eh
Una na y otra vez, eh (Hmm oh oh)
Algo tienen tus besos que me enamoran
Una na y otra vez, eh
Una na y otra vez, eh (Hmm oh oh)
Algo tienen tus besos
Que me enamoran
Eh

Meses después ...

Después de la magnifica luna de miel donde estuvieron felices en familia con Azula, volvieron a Japón. Kyo finalmente había aceptado el hecho que Asamiya ya no lo amaba y dejó que ella fuera feliz. La custodia de Azula era compartida, Athena llevó a su hija a la casa del Kusanagi quien sonrió al ver a Azula

—Ya se ha tardado, te extrañé tanto hija

- Yo también te extrañé papá- expresó la niña abrazándolo. - Traído obsequios

Entro rápidamente dejando sus cosas sobre el sofá. Athena miró a Kyo con una sonrisa.

- Haz hecho un buen trabajo Kyo, es una niña muy obediente y te ama.

- Perder. Solo quiero que sea feliz respondió- el devolviendo su sonrisa.

- También debes ser feliz Kusanagi

- Lo sé, no te preocupes

Athena en verdad deseaba que encontrara la felicidad pero eso no podía depender de ella sino de él mismo.

Luego de dejar a Azula, ella fue a la clínica últimamente sintió malestares y tal vez se debe ..

- Está embarazada señora Yagami.

Le dijo el mismo doctor que once años atrás le había dicho que estaba embarazada de Azula, ella lo recordó porque fue una noticia que cambió su vida.

- ¿Se encuentra usted bien?

-¡Si si si! Estoy tan feliz ¡Gracias! - respondió saliendo con prisa del consultorio no veía la hora de decírselo a Iori.

Aun le hacía imposible creer que llevaba un pequeño en su vientre después de once años, amaba a Iori Yagami con locura y ambos después de tanto tiempo han sabido mantenerse en pie con cada golpe que azotó en su vida, el futuro es incierto y el presente lo viven al máximo, sin dejar de demostrar el gran amor que tenemos el uno por el otro.

Por otro lado al Yagami, ella con su inocencia lo cautivó y envolvió en su red, pero lo atrapó fue su corazón, que debajo de toda esa esa esa esa capa de chica molesta y llena de venganza, supo ganarse su amor, sin saberlo fue su obsesión desde que la conoció adueñándose de cada parte de su podrida alma.

Azula es su viva imagen pero con el temperamento del Kusanagi, aunque al principio fue difícil ganarse su confianza ella lo acepto al ver como su madre es feliz a su lado, eso no borra que es la hija de Kyo y tampoco quiere ocupar su lugar de padre, solo ser su amigo y obtener su confianza para ser la familia feliz que Athena necesita.

Cuando llego a la mansión al mediodía vio a su bella esposa esperándolo con ansias junto a una mesa con comida casera que ella misma había preparado, vestía un hermoso vestido rojo que se acentúa perfecto a sus curvas.

- Cariño, soy tan feliz.

- Dime..

La conocía tan bien, sabía que se debía algo, ella lo beso mientras él rodeó su cintura atrayendo su cuerpo más al suyo.

- Toma. -Dice y sacó de su vestido una pequeña caja de color azul.

- ¿Qué significa? - Inquirío algo confuso, y abrio la caja.

Al abriria lo primero que vio fue una nota.

" Amor de mi vida, hoy quiero darte la feliz noticia que serás papá, tengo dos meses de embarazo, he so ñ ado con ese bebe y ahora tengo la certeza que sera ni ñ o ¡ Lo he visto! Te amo."

Iori se quedó en completo silencio, alzó la vista y miró su rostro que mostraba preocupación y ansiedad. No sabía cómo el se lo tomaría, no tenia pensado tener un hijo. En la cara del pelirrojo se plasmó una enorme sonrisa y soltó la caja con la nota, la tomó del rostro y la beso con pasión.

- Voy a ser padre. - dijo entre besos y ella suelta un suspiro de alivio.

El amor es algo incierto y lleno de barreras, es un sentimiento el cual, no tienes control de el y no eliges a quien amar, es tu corazón quien lo hace y no se puede contradecir por más que luches en su contra. El siempre ganara en esa batalla, se sufre cuando no es corresponido y no te queda de otra que aceptar la desilusión. Pero cuando dos almas como las de Iori y Athena se juntan en una sola, brindando todo ese amor que está guardado en lo más profundo de ellos; no hay quien lo frene, no hay barrera alguna que lo detenga. Porque ese amor crece y se fortalece con cada amanecer.

Final

Próximo capítulo final Alternativo Athena y Kyo.

La canción pertenece a Lali Una Na