Capitulo XXX
Después de dejar á Azula al colegio Athena fue a la mansión Kusanagi donde se encontraba Kyo, habían quedado en platicar.
— Athena estoy feliz de verte. - La voz baja de Kyo era como la noche fresca fuera de la ventana deslizándose en sus oídos, — Estás hermosa hoy..
Athena se volvió, mirando hacia los ojos esperanzados del hombre. Ella lo enfrentó con una expresión tranquila.— Kyo quiero llevar a Azula a España unas semanas. Se que te dije que te la quitaría estoy apenada solo quiero pasar tiempo con ella y que conozca a Iori- explicó ella
Los ojos de Kyo se oscurecieron como el gris por un momento. En este momento, se dio cuenta profundamente de los sentimientos de Athena habían cambiado de verdad
— No entiendo ¿ Te quieres ir?
Athena no dijo nada, el teléfono volvió a vibrar cuando se dio la vuelta, esta vez era Iori llamando, contestó. Su tono era amigable y una leve sonrisa en su rostro.
" Hola amor. Si voy apenas termine, te amo adiós "
Kyo escuchó el contenido de la conversación de Athena con su rival y sus ojos solitarios instantáneamente se llenaron de posesividad.— Solo serán unas semanas Kyo, no puedes negarte a estar con mi hija
Al ver a Athena caminar hacia la puerta de salida, Kyo ya no podía sentarse de brazos cruzados y correr directamente hacia ella quien miró hacia atrás ante el sonido de los pasos, pero en el momento en que volvió la cabeza, vio las cejas de espada de Kyo fruncidas, y el hermoso rostro digno de repente se amplió frente a sus estuvo perdida por un momento, y retrocedió rápidamente, pero golpeó la pared. Kyo extendió la palma de la mano para apoyarla contra la pared y puso a Athena "bidong" frente a él.— No te vayas. ¿En verdad quieres llevar a Azula de viaje?— Es lo que quiero..
—Pero eres mi esposa -Los delgados labios de él se apretaron con fuerza. —Si tan solo me dieras una oportunidad
— Kyo no habrá oportunidad ¿Cuantas veces debo rechazarte?
Otra vez el teléfono de Athena sonó, era Iori y cuando estaba a punto de contestar Kyo tomó su teléfono y habló.
" Yagami estoy teniendo una conversación con mi mujer, así que olvidate de ella porque no volverás a verla "
Corto la comunicación, Athena quizo sacarle su teléfono pero el lo rompió en sus manos. Lo miro enojada.
—Eres imposible Kusanagi ¿Qué pretendes?
— Athena, eres mi esposa y soy el líder de este Clan ya no voy a permitir que te sigas exhibiendo con mi rival.
Athena miró hacia otro lado disgustada, temía que esto no terminaría bien.
Iori sintió un dolor en su pecho, agudísimo, como si un calor se extendiera súbitamente partiendo de sus pulmones y amenazando con hacer arder su corazón. Entreabrió los labios, para respirar, y tal como se había detenido, el mundo volvió a la normalidad, al ritmo usual. Jadeó, llevándose una mano al cabello mientras entrecerraba los ojos tratando de calmarse. Empezó a sentirse así desde hace unos días pero cuando escuchó a Kyo diciendo que no volvería a ver a Athena lo desespero.
El estaba parado en la sala del templo Kagura, la morena venía con una bandeja cuando vio al Yagami, dejó las delicias sobre la mesa.
— ¡ Iori! ¿Estás bien?
Quizo acercarse pero Iori no se lo permitió con una mirada fría, odiaba ser el centro de lástima de la sacerdotisa, ella sabía de sus malestares y por eso ella lo ha estado ayudando con sus rezos pero era algo que no podía evitar.
— Ya no me queda tiempo ¿Verdad? - le preguntó el a lo que ella bajo la mirada, era su fin. La maldición de Orochi estaba acabando con su vida. El había rechazado el ofrecimiento de comida, y se había conformado con un simple vaso de agua.
— Oye, ¿No tienes hambre?
— No gracias ya comi —respondió Iori con tono grave y una sombra de sonrisa sarcástica en los labios, mirándola de reojo.
—Si estás tratando de ocultar lo que te pasa a Athena no no va a funcionar —señaló Chizuru.
—Estoy bien —respondió Iori, indiferente, mirando los bocadillos que estaban en el plato. Eran solamente cuatro canapés de salmón, servidos sobre pequeñas tostadas ovaladas.
El dolor que sentía a veces no le permitía alimentarse, además de la sangre que bomitaba, era obvio que su maldición se estaba presentando más que nunca. Apretó sus puños ¡No iba a permitir que el Kusanagi se quede con la única razón de su existir!
— Maldito Kyo - Se levantó y salió del templo sin despedirse típico de él.
En la mansión Kusanagi una joven pareja sostenía una acalorada discusión. Estaban solos en la amplia sala, ella sentada en el borde de un sofá de cuero oscuro, y él paseando por todo el lugar haciendo impacientes gestos con sus manos. Los padres de Kyo no estaban.
La joven apartó su cabello levantando sus ojos hacia él, que no pareció notar su mirada.
— La verdad que no entiendo que pretendes encerrarme aquí. Ya no te quiero Kusanagi
— Ya te explique. No volverás con Yagami porque eres mi mujer
— Solo en papel
— Athena.. Ven. - llamó él. Ella negó con la cabeza.
Observó con atención su cabello, y esos ojos claros que desde el primer día que la vio le habían parecido tan hermosos. Ella es una mujer hermosa y atractiva.
Y pensar que ahora Athena era suya... Unida a él por matrimonio, para siempre, su familia está completa con ella.
— No debiste decirle que no volvería a verme.
— ¿Porque te preocupas por el? Conmigo tienes una familia Athena. Los Yagami definitivamente estan destinados a desaparecer de la faz de ese mundo.
Athena sintió un pequeño dolor en su corazón, solo pensar que el pelirrojo desapareciera.
— Amo a Iori , aun más cuando estaba enamorada de ti.
Kyo frunció el ceño, fría rabia recorriéndolo al ser comparado con su rival. De pronto Athena no era su mujer, sino la prometida de Iori Yagami otra vez. Maldición.
— Ya deja de nombrarlo -, su voz severa, sus ojos castaños sosteniendo la mirada molesta de Athena. Con una mano apartó su largo cabello, luego acomodó su chaqueta negra que estaban perfectamente en su lugar.
— Porque no te buscas otro pasa tiempo Kyo o alguna otra novia como Kushinada - murmuró Athena sarcástica. — ¡No te das cuenta lo que probocaste!
Kyo bajó la mirada hacia el suelo, siguiendo los diseños de la alfombra donde estaba parado. Plateado y verde entrelazándose como serpientes en intrincados diseños.
— No me importa, ya no puedo estar sin ti. - dijo en voz baja.
— No puedes obligarme, no tienes derecho - susurró ella entre dientes, más para sí que para Kyo, que finalmente perdió la paciencia. Dio un paso hacia ella, sujetándola de los brazos y obligándola a ponerse de pie.
— ¿Cuáles son las razones por la que lo amas? El ni siquiera puede comprarse conmigo - preguntó, sin dejarla ir aunque ella intentó liberarse.
— Suéltame - murmuró Athena, forcejeando.
— Responde - fue todo lo que dijo él, y ella suspiró, perdiendo la paciencia también.
— El es la única persona que se preocupo por mi cuando estaba en desgracia, el me cuido cuando estaba en coma y me salvó de las llamas ¡Siempre estuvo ahí! Por eso lo amo.
— Lo quieres Athena, como quieres a Malin y a Kensou solo eso - corrigió Kyo — Amor es lo que sientes por mi
Athena parpadeó. Finalmente Kyo la había soltado pero ella no salía de la sorpresa.
— ¿Eso es lo que crees? - exclamó. Kyo miró hacia el techo, como si no comprendiera por qué la chica aún no aceptaba su amor.
— ¡No voy a permitir que vuelvas con el para que te siga confundiendo!
Athena habría podido jurar que vio un brillo enloquecido en las pupilas de Kyo.
— Estás enfermo - murmuró. Kyo negó con la cabeza. Toda su paciencia perdida ya.
— No has entendido nada de lo que dije - gruñó.
— ¡Te has vuelto loco! ¿Qué pensara Azula cuando vea que tienes cautiva a su madre?
— Ella estará feliz porque su madre está con ella -susurró Kyo dándole la espalda.
— ¿Eso es lo que quieres ? ¡ Forzarme a jugar a la familia feliz! No quiero ese destino para mi hija
— Tendrás que hacerlo porque ya estoy colmando la paciencia contigo Athena - gritó, más que respondió, Kyo.
Y hubieran seguido discutiendo de no haber sido por un sirviente que entró jadeando y tropezando a la sala, sin ni siquiera detenerse a tocar la puerta. Kyo y Athena se volvieron hacia él.
— Peligro - jadeó el joven. Con sorpresa, Kyo vio que su traje negro estaba manchado de sangre, y con aun más sorpresa lo reconoció como uno de los ninjas que protegían la mansión.
— ¿Qué sucede? - preguntó, acercándosele. Athena estaba unos centímetros detrás de él.
— Ya... Yagami... - fue todo lo que pudo decir el ninja antes de caer sobre la alfombra inconsciente.
Kyo no oyó los gritos de Athena exigiéndole que no peleará con el. Corrió a través de pasillos desiertos en dirección a la sala que usaban para recibir a las visitas importantes, un enorme salón con suelo de madera clara que también podía utilizarse para pelear. Era la vieja sala de la mansión.
— Kyo, por favor... - murmuró Athena, sujetándolo de la manga de la chaqueta negra que vestía. Él se liberó con un simple movimiento. Parecía eufórico.
Guardaron silencio durante un momento, y luego los gritos de hombres al atacar y ser atacados fueron claros para ambos. Sus voces enviaban escalofríos por la espalda de Athena.
Fue cuando un par de ninjas aparecieron para proteger al líder, y Kyo los despidió con un gesto de su mano, Athena supo que las cosas irían de mal en peor. Estaban solos cuando oyeron los pasos lentos y tranquilos acercándose al salón. Un presentimiento les decía que todos los sirvientes que se habían atrevido a interponerse en el camino del dueño de esos pasos ya debían estar gravemente heridos.
Ambos de pie en medio del salón, mirando hacia la puerta entreabierta, esperando para recibir a Yagami.
Iori apartó al último ninja de su camino y entró en la mansión. Recordaba que en los tiempos de Saisyu hacer algo semejante no hubiera sido ni remotamente posible. Era más seguro terminar muerto, a llegar siquiera a la puerta de la gran casa. Sin embargo ahora estaba adentro, recorriendo los pasillos desiertos y dejando marcas de la sangre que goteaba lentamente por sus dedos. Su rostro estaba salpicado de escarlata, lo sabía, pero de alguna manera le complacía. Llevaba meses, meses tratando de controlar esas ansias de desgarrar que antes desahogaba con una simple pelea contra Kyo.
Siguiendo su instinto, supo que se acercaba al lugar donde Kusanagi esperaba. Era curioso que Kyo realmente estuviera esperando para enfrentarse a él. Con sus manos ensangrentadas empujó la puerta corrediza y se encontró ante un amplio salón, brillantemente iluminado. Las paredes blancas y el suelo pulcro y encerado parecían esperar pacientemente a ser manchados con sangre. En medio del salón estaba un joven de cabello castaño, ataviado de manera elegante. Y a su lado la psiquica que se veía un poco aterrorizada.
— Yagami - dijo el joven, Kyo, a modo de saludo — Veo que has venido a mis tierras y lastimado a mis ninjas. ¿Acaso quieres morir?
Una sonrisa burlona torció los labios de Iori de una manera que a Athena le hizo desear estar lejos, muy lejos de allí, se deshizo de esa sensación con leve movimiento de cabeza. Sin embargo Kyo la rodeó con sus brazos por detrás. Como provocando a su rival.
— ¿Ves a esta mujer? Se llama Athena Asamiya y es mi esposa - exclamó Kyo. Sus ojos estaban fijos en el pelirrojo, todo su cuerpo temblando, la adrenalina corriendo por sus venas.
— ¿Tu esposa? - repitió Iori, aún con la sonrisa burlona y sin siquiera levantar un brazo para ponerse en guardia. En vez de eso, buscó algo en los bolsillos de los pantalones rojos que vestía. Kyo lo vio sacar una gastada cajetilla de cigarrillos y dejar que el último restante cayera sobre su palma. Al instante se tiñó de rojo, pero Iori no pareció notarlo. Lo llevó a sus labios y ni siquiera alcanzó a ver la pequeña llama púrpura con la que lo encendió — Ella dejo de ser tu esposa hace tiempo Kyo, será muy fácil deshacer tu matrimonio con ella. - terminó Iori, y Kyo no pudo hacer más que apretar sus labios con bronca. Athena solo lo observaba con sorpresa hace mucho que Iori no se comportaba así.
— ¿A qué has venido? ¿A enfrentarme como en los viejos tiempos? -la voz de Kyo resonó clara, firme y arrogante.
— Tú sabes bien a que he venido. - dijo Iori mirando a Athena mientras encendía sus flamas púrpura.
Kyo apartó a Athena y levantó los brazos en un gesto que invitaba a Iori a atacar.
— ¿Qué esperas? ¡Ataca!
Iori corrió hacia el y le pego un golpe en la cara a Kyo quien lo tomó por sorpresa, pero se mantuvo esquivando a su rival durante largo rato, sintiendo la mirada de sus ninjas sobre ellos, que parecían ejecutar una complicada coreografía en medio de aquel salón.
— ¡Pelea como se debe! - exclamó Iori al cabo de un rato. Apartando su largo cabello hacia un lado. Kyo lo esperaba, mirándolo fijamente, con ojos oscurecidos. Ya había sido suficiente de medir la fuerza de su rival. Como era de esperarse, no había gran diferencia entre su estilo ahora y el que había enfrentado hacía años. No sería un gran problema vencerlo.
Sonrió, asintiendo, se puso en guardia al ver a Iori corriendo hacia él, chispas púrpura empezando a brotar de sus manos desnudas, prontas a convertirse en una gran llamarada.
—¡Muereeee.. empezó a decir Iori, lanzando su puño hacia adelante con toda su fuerza, a medida que invocaba a sus llamas.
Los segundos siguientes, fueron una gran confusión. Iori oyó el grito de Athena... y de pronto sintió el dolor como una explosión en su interior... ¿O fue primero el dolor y luego el grito? Pero no fue sólo eso, sino que pronto sintió un dolor más común que lo hizo volver a la realidad. Era Kyo, que había aprovechado su momento de duda para hundir su puño en su estómago. Iori jadeó, tratando de recuperar el aliento, mientras caía de rodillas a los pies de su rival, que rió.
— ¿Qué pasó, Yagami? - se burló Kyo suavemente —¿Acaso ya no sabes pelear?
Al oírlo, la rabia inundó el cuerpo de Iori, que se impulsó hacia adelante dispuesto a volar la sonrisa del rostro de Kyo. Sin embargo, cuando pensó que estaba de pie y a punto de cobrar velocidad, sus piernas temblaron y cayó de nuevo, con un gemido. Kyo lo mandó lejos de una patada que él no pudo evitar. Rodó sobre las esteras, tratando de tragarse el dolor, no del golpe, sino el que ardía en su interior.
Sintió claramente como su cuerpo temblaba y no le obedecía. No podía moverse, parecía como si toda su fuerza lo hubiera abandonado de repente. Abrió los labios para respirar, y con temor notó el sabor salado a sangre.
— Iori. - la suave voz lo hizo levantar la mirada, vio entre brumas el rostro angustiado de Athena. Unos de los ninjas Kusanagi la sujetaban para que no interviniera en la pelea. Ese no era el poder de Iori Yagami, sabía que había algo que el sabía y ella no. El pelirrojo no se veía bien, estaba más pálido de lo normal. Ella se deshizo del agarre del ninja y fue hacia el pelirrojo arrodillandose hacia el — No pelees... - susurró, para que sólo él la oyera. — Estás en desventaja... y Kyo está dispuesto a matarte... No pelees... ¡Por favor!
La cabeza de Iori daba vueltas. Kyo se acerco y la tomó del brazo y la alejó de él
— ¿Eso es todo ? Que decepción, no eres ni la mitad de lo que eras antes -Kyo se echó a reír. Se inclinó sobre Iori, y, sujetándolo del cabello, lo obligó a ponerse de pie — Eres débil o tal vez... ya te llego la hora de que la maldición acabe con tu vida
La mano de Kyo empezó a arder, Iori forcejeó para soltarse. Lo logró dándole un codazo en el pecho y cortándole la respiración. Se alejó algunos pasos, para ganar tiempo mientras trataba que el dolor amainara. Empezó a jadear. Kyo continuó riendo.
— Me parece que vas por ese camino Yagami - dijo y, saltando hacia Iori, encendió sus llamas en medio del aire, cayendo sobre él con una explosión escarlata que destruyó parte del suelo del salón. Athena estaba asustada Kyo se comportaba de una manera tan despiadada
Cuando el fuego se apartó, vio que una de ellas brillaba con intensidad, extendiendo su aura negra que se encendía al entrar en contacto con el ambiente y ardía en llamaradas púrpura. Kyo retrocedió algunos pasos ante semejante demostración de poder.
— Maldita sea...- gruñó Iori, clavando en él su mirada furiosa — ¿Crees que eso me iba a vencer? ¡Arde! ¡Ardee!
Con un movimiento veloz, Iori lanzó una llamarada al suelo, una pequeña llama que se convirtió en una columna de fuego púrpura y cegador. El estremecimiento que sacudió a todos los presentes mientras saltaba dentro de la columna de fuego y hundía su puño dos, tres, cuatro veces en el cuerpo de su rival. Esquivó un golpe errático y terminó el movimiento golpeando a Kyo desde el pecho a la barbilla, arañando su piel y lanzándolo por los aires.
Un murmullo de admiración se oyó en el salón cuando Kyo cayó pesadamente al suelo. Sin embargo, antes de que nadie pudiera reaccionar, el grito de dolor del pelirrojo desgarró el ambiente.
— ¡Iori!- Athena no pudo evitarlo, corrió hacia el, pero se detuvo a unos pasos, cuando oyó un fuerte gemido proveniente de él. Se había llevado las manos al pecho, y estaba de rodillas, encogido en sí mismo. De sus labios goteaba sangre, y lágrimas rojas brotaban de sus ojos cerrados.
Kyo la apartó de allí justo en el momento en que el fuego volvió a envolver al pelirrojo, ardiendo descontrolado. Iori gritó, intentando mantenerlo bajo su voluntad, pero le era imposible. Más sangre cayó, y, por primera vez en años, sintió que las llamas le hacían daño.
— Yagami, te doy la oportunidad para que te vayas - dijo Kyo desde algún lugar. Iori no podía ubicarlo, no podía moverse. —Seré amable contigo
Utilizó una de las frases celebres del pelirrojo a quien enfureció e hizo el esfuerzo. Apoyó las manos frente a él, viendo, entre lágrimas sanguinolentas, que estaban cubiertas de sangre. Su sangre. Kyo estaba jugando con él, y lo sabía. Lo estaba humillando frente a sus ninjas frente a Athena. Pero... ante esto, Iori no pudo evitar que sus ojos se nublaran con verdaderas lágrimas. ¡No podía hacer nada! Sus brazos no tenían la fuerza para levantarse !
No quería ver la expresión de sorpresa de los ninjas y la de Kyo. La angustia de Athena. No quería... reconocer que había sido vencido de no haber sido por la voz, clara y firme.
— Ya basta, esta pelea terminó
Y sin comprender qué sucedía, Iori sintió que unos brazos lo sujetaban y lo ayudaban a sentarse. Iori se levantó a duras penas abriendo los ojos, reconoció a la morena ¿Nuevamente vencido por Kyo? Eso era imposible. ¡Imposible!
— Chizuru no intervengas. - hablo Kyo apretando sus puños.
— Kyo ¿Acaso no tienes honor? -le respondió la morena con enojo.
Pasos ligeros se acercaron a él, y luego una mano gentil acarició su cabello rojo y desordenado.
— Iori. - escucho a la psiquica, sintió que lo movían despacio, con cuidado ayudándolo junto con Chizuru.
— No te vayas con el - dijo Kyo entre dientes a Athena quien lo miraba con decepción
— Si intentas detenerme terminaré odiandote - dijo ella antes de salir del lugar con el pelirrojo y Chizuru.
El silencio que envolvió al salón y Kyo no tubo el valor de detenerlos, sabia que Yagami estaba muriendo y le quedaba muy poco ¿Lo sabrá ella también?
Luego en la mansión Athena veía a Iori sobre su cama delirando de fiebre produciéndole tanto dolor, ella tomó un pañuelo para limpiar la sangre de los labios del pelirrojo .
— ¡Iori! - llamó, al ver que empezaba a perder la consciencia, los agudos gemidos de Iori, que luchaba por respirar, sintiendo que se ahogaba en el dolor y la sangre.
Apretó los puños, sintiendo un odio irracional hacia Orochi. ¡Era culpa de ese maldito dios el que Iori estuviera así! Estas eran las consecuencias de la maldición. Abrazó protectoramente a Iori contra su pecho, mientras con una mirada de sus ojos lila miraba a Chizuru parada sobre el marco de la puerta.
— Por favor ayudalo- murmuró en voz baja.
— Voy por algo de agua helada - fue todo lo que dijo la morena antes de salir a la cocina
Athena seguía limpiando con un paño la sangre que ensuciaba el rostro de Iori. Luego de unos minutos llegó con una olla de agua fría y lo dejó al lado del velador. Observó a la psiquica comprensiva.
— Él no va a morir. No lo hará. Pero yo necesito que me ayudes, ¿está bien? Vamos a bajarle la fiebre.
Athena asintió, apretando su sus manos para evitar las lágrimas, tomando la mano helada del joven y acercándola a sus labios. Su frialdad le impresionaba
— Iori.. no te rindas, resiste por favor - susurró ella.
Dejo que Chizuru se ocupará la fiebre, mojo un paño en el agua fría y se lo paso por la frente del pelirrojo
Athena se quedó observándolo, viendo como su pecho subía y bajaba sin ritmo alguno. Y fue en esos momentos en que notó que el abría los ojos lentamente. Su mirada le produjo un escalofrío. Sus ojos agotados, manchados de rojo que tomaban tintes escarlata.
— Athena - dijo, despacio. Entre jadeos.
Ella asintió, aliviado al oír su nombre siendo pronunciado por esos labios. Se apresuró a arropar bien al pelirrojo, cubriéndolo gentilmente con las sábanas ligeras, tratando de no rozar sus heridas ni quemaduras.
— No puedo moverme - gimió, luego de intentarlo. Chizuru negó con la cabeza.
— Tu cuerpo está agotado, no te esfuerce, por favor - dijo en voz baja la morena — Estás herido, y debes descansar.
El pelirrojo clavó su mirada en Chizuru. Asintió de mala gana.
— ¿Perdi tan fácilmente frente a Kyo? - se preguntó luego, reprochándose, frunciendo el ceño con frustración.— ¿Moriré gracias a la maldición de Orochi? - Ahora empezaba a recordar. Su padre le habían hablado al respecto, pero él nunca pensó que sería tan pronto. Después de todo era él, el único heredero de su Clan ¿Cómo era posible que le estuviera sucediendo eso ahora?
Nuevamente intentó incorporarse, pero se encontró con que Chizuru lo sujetaba del pecho, impidiéndole moverse. Iori, sacó su brazo de entre las sábanas e intentó apartar esa mano intrusa con un golpe, pero se dio cuenta que sus movimientos eran torpes, y que ni siquiera tenía la fuerza para sujetar la delgada muñeca de la morena. Los ojos de Chizuru reflejaron pesar por un momento, pero al siguiente segundo esta expresión había desaparecido. Sus ojos negros se volvieron severos.
— No te permitiré - empezó, pero una mirada furiosa de parte del pelirrojo la hizo callar.
— ¿Quién te crees tú para decirme lo que debo hacer? - le gritó. Iori estaba realmente molesto, y la frustración al verse tan débil lo estaba alterando. Eso, sin contar que la morena a su lado lo trataba como si fuera un pobre niño desvalido — ¡Sal de aquí, nadie te ha llamado...!
Iori hubiera seguido gritando, cuando de pronto el dolor que había estado latiendo en su interior explotó en toda su intensidad. No pudo evitar un grito, e, inconscientemente, su cuerpo se arqueó, haciéndolo levantarse, abrazándose a sí mismo, mientras las oleadas de dolor recorrían todo su ser.
Athena se apresuró a sostenerlo, pero cuando sus manos iban a tocar los brazos desnudos de su novio, el fuego empezó a brotar. Iori entreabrió los ojos, viendo que el fuego salía de él, sin control. Su piel ardía, aunque las llamas no se extendían más allá, no invadían las sábanas, sólo ardían brotando de él. Quiso controlarlas, pero todo lo que sentía era el dolor, una y otra vez. Nuevamente una lágrima de sangre brotó de sus ojos rojos, nublados. Se sacudió en la cama, como si ese fútil movimiento fuera a alejar el dolor.
— Iori - escuchó la voz de su amada Athena en su oído, profunda. Y luego sintió aquellos brazos que ya le eran familiares rodeándolo, posándose sobre la piel de su espalda y su pecho, sobre las llamas. Esta mujer... ¿qué pretendía? ¿Quemarse viva junto con él? Quiso apartarla, pero estaba demasiado débil.
Otro grito escapó de su garganta, y Athena lo estrechó con más fuerza, cerrando los ojos. Recordando su primer encuentro.
....
Sabía que no era buena idea, Kensou le había dicho que no se acercara a ese joven, estaba parado solo con las manos en su bolsillo, lucía fuerte y su mirada decía que no era amigable aun así lo hizo.
— Soy Athena Asamiya - dijo algo nerviosa inclinándose un poco como saludo. — ¿Cuál es su nombre?
El pelirrojo se sorprendió al ver a esa niña de traje rojo presentándose cortez, iba a ignorarla como hacía con los demás, pero por extraño que le pareciera no lo hizo.
— Iori Yagami- balbuceo a lo que ella sonrió al ver que no le era indiferente.
— ¿También es tu primer torneo? Mi equipo se llama psicho soiders ¿y el tuyo?
El estaba a punto de responder cuando una voz la llamo de lejos, era Kyo a lo que ella se despidió rápidamente de el y fue a su encuentro. Al parecer se conocían, ella resultó ser la amiga de la persona de la cual debía matar. No iba a ser considerado con nadie. Él Kusanagi era todo lo que le importaba, no iba a dejar que nadie se interpusiera. Aunque esa niña de catorce años haya captado su atención.
...
Chizuru contuvo el aliento al ver a Athena sujetando a Iori inconsciente que yacía fláccido en sus brazos y se acercó, temiendo lo peor. Había sangre en el rostro del Yagami, sangre en las manos de Athena, y una expresión de profundo dolor en sus ojos lilas. Vio que sus ojos estaban nublados, como si quisiera controlar las lágrimas.
— Hay que llamar a su padre. - le dijo la morena a Athena
— No conozco a su padre ¿Qué sucede? - quiso saber Athena, temiendo lo peor.
— Creo que todo terminará ahora... manda a un mensajero a llamarlo.
Athena asintió levantándose y salió de la habitación mientras caminaba por los pasillos sus lágrimas salían libremente. Pasó una hora cuando llegó el padre de Iori, Kaoru. La psiquica lo vio entrar a la habitación de Iori. Era un hombre de cabello corto y rojo bien peinado hacia atrás de unos cincuenta años caminaba con ayuda de un bastón. Athena se acercó a este.
— Soy...
— Sé quien eres tú mujer, la nueva obsesión de mi hijo. - la interrumpió el mayor mirándola seriamente.
— iba a decirle que soy la prometida de Iori.
— ¿Cómo puedes ser su prometida cuando eres la esposa de nuestro Clan rival? - le preguntó con enfadó. — ¿Sabes cuantas reglas rompió por ti?
— No, no lo se. - le cortó Athena, volviéndose hacia él pero no viendo más que la cansada silueta de Kaoru, — Pero para que existen las reglas sino son para romperlas.
— Insolente- habló el hombre apretando sus dientes. — Si mi hijo no fuera el lider de nuestro Clan jamás lo hubiera permitido.
Claro, ahora Athena entendía porque Iori nunca se lo había presentado. Otros recuerdos pasaron por su mente.
.....
Después de cenar la pareja fueron a una feria en la ciudad, disfrutando bajo el cielo nocturno azul oscuro, la próspera calle larga está llena de pequeños puestos, y los puestos están llenos de recuerdos y delicias diversas.
De repente florecieron grandes fuegos artificiales frente a ellos.
Luego vino el sonido de "pop, bang, bang, bang, bang, bang", y brillantes fuegos artificiales florecieron en el cielo nocturno uno tras otro.
— ¿Cuál es tu mayor deseo? - le preguntó Iori de repente a lo que ella sonrió.
— Formar una familia contigo.
Iori acarició su rostro con suavidad mientras se acercaba a su boca.
— También es mi mayor deseo - terminó diciendo mientras la besaba.
...
Los gemidos eran todo lo que se oía en la habitación, Athena volvió a la realidad. ¿Cómo le puede estar pasando esto? Amaba a Iori pero aún les faltaba tiempo juntos, más salidas juntos y para eso había planeado el viaje.
Las luces estaban apagadas, y la única iluminación provenía del fuego crepitante de la chimenea y una débil lámpara en el velador. Era mejor así. Las tres figuras reunidas en el lugar preferían no verse entre sí.
Athena estaba sentada al lado de la cama, sujetando entre sus manos los dedos helados de la mano de Iori. Chizuru estaba de pie tras ella, con la mirada fija en el suelo y sintiendo una gran pena hacia Iori, a pesar de todo siempre le tuvo afecto a pesar de su mal humor y habían peleado juntos en varias batallas, sentía que en cualquier momento las lágrimas iban a volver a caer. Más apartados de la cama, Kaoru fumaba reclinado en el sofá.
— El líder del Clan vencido - habló Kaoru de pronto, para su completa furia — Por un Kusanagi
— cierre la boca. - respondió Athena, secamente. — Su hijo esta delirando y ¿Es eso lo que le preocupa?
Kaoru se volvió hacia ella, sorprendido ante esa muestra de valentía.
— Su deber era terminar con ese infeliz.
— ¿Su deber? ¿Y el suyo como padre? Lo único que conoció de usted fue el sufrimiento
— ¡Silencio! - Kaoru se puso de pie, enfrentando a la mujer. Sus miradas se encontraron. Athena se encontró observando unos ojos idénticos a los de Iori. — Tú no sabes nada ¡Vete de aquí!
— ¡No lo haré! - gritó Athena, enfurecida -. ¡Si estoy aquí es porque amo a su hijo, y no me moveré de su lado hasta que todo termine!
Sus palabras resonaron en el silencio de la amplia habitación. Chizuru se sintió conmovida ante la muestra de amor de Athena.
— ¿Desde hace cuanto tiempo esta pasando por esto? - preguntó la psiquica
— Toda su vida - dijo severo Kaoru
— Pero hace un tiempo la maldición se está presentando más fuerte - terminó diciendo Chizuru.
Iori comenzó a toser tomándose del pecho.
— Iori... - llamó, apartando el cabello desordenado de sus ojos. No lo quería despertar, y al mismo tiempo, no quería verlo así; como si durmiera y pasara por un mal sueño, como si pudiera morir en cualquier momento y él no lo fuera a notar.
Lentamente, Iori abrió los ojos. Al hacerlo, su cuerpo pareció ponerse en tensión, en los brazos de Athena, y el pelirrojo contuvo un respiro entrecortado. El dolor... Ahora era tan fuerte... Su pecho ardiéndole, la sensación de fuego en su interior extendiéndose por sus brazos y piernas. Tosió, sintiendo que su garganta se inundaba de sangre. Hizo la cabeza a un lado, dejando que un hilo rojo bajara por la comisura de sus labios.
— Athena - susurró.
— Te recordaré siempre cuando mire la luna - la voz de Athena era amarga, sino un tono para que Iori comprendiera que ya todo había terminado.
El abrió los ojos, el brillo escarlata atrapando un rayo de luz, vidrioso. Esbozó una sonrisa, débil.
— Te llevaré a donde vaya mi amor .. - dijo en un susurro. Athena se quedó perpleja ante sus palabras, pero su mirada sorprendida se suavizó de pronto. Iori tenía razón. El único lazo que le quedaba con lo que una vez fue su vida, era ella... pero... el deseo de no dejarlo ir se incrementaba cada vez más. ¿Qué sucedería si utilizaba el poder, su poder, para darle un poco de energía? Un par de días, y luego un poco más, y así...
— ¿Athena? - la voz de Iori la trajo de nuevo a la realidad.
— Aquí estoy... - la voz de Athena también era baja. No podía hablar más fuerte, no quería hacerlo. No quería que Iori oyera cuando su voz se quebrara.
— Athena. - había ansiedad en el tono de Iori, un leve toque de desesperación — ¿Athena? - la segunda vez había sido pronunciada tan suavemente... pensó Athena. De pronto Iori abrió completamente los ojos, había lágrimas en ellos, que no tardaron en caer. — Te amo... - susurró Iori, levantando una mano en al aire, y luego cubriendo su rostro mientras continuaba — siempre lo hice..
Athena se sorprendió al oírlo hablar así. ¿Siempre la amo? ¿Acaso la amaba en secreto?
— ¡Iori! - llamó, intentando hacerlo reaccionar. Con una mano acarició la mejilla del pelirrojo, apartando los mechones de cabello, llevándose las lágrimas rojas. — ¿Iori? - dijo en un murmullo — También te amo..
Vio que el se volvía hacia ella como si no pudiera mantenerse más tiempo consciente.
— Duele... - susurró, mientras Athena sentía que un estremecimiento recorría su espalda. ¿Porque tenía que sufrir tanto? — Duele... tanto... Athena...
— Descansa mi amor. -Lo estrechó contra sí, observándolo, en silencio. Finalmente, Iori susurró débilmente:
— Quiero que seas feliz ... por favor... Y... - Athena negó con la cabeza, no quería oírlo despedirse. No quería que eso acabara, no quería que sufriera, no quería que eso sucediera, ¡no quería tantas cosas! — Y... - Iori levantó una mano, buscando a Athena, para rozar con la punta de sus dedos helados, ofreciéndole una última caricia. — Gracias... - una débil sonrisa apareció en sus labios.
Athena se inclinó para rozar esos labios y hacerlo callar, no quería oír nada en ese momento. Lo único que deseaba era que el olvidara todo, y que descansara. Si aún no era su momento, si aún debía sufrir que la maldición terminara de consumir su cuerpo, entonces no tenía nada más que hacer. En vez de eso, cerró los ojos, mientras, en ese suave beso, tomaba consigo la sangre, y el último aliento de la persona que la salvó.
Claramente percibió cómo el cuerpo de Iori se relajaba, y de pronto se encontró besando unos labios que ya no le correspondían. Se alejó unos milímetros, manteniendo los ojos cerrados esperando, en su interior, sentir la débil respiración del joven otra vez contra su mejilla, pero esperó, y esperó, y nada sucedió. Un débil sonido se ahogó en su garganta, comenzó a llorar mientas se aferraba a Iori. Se sentía tan mal... no podía explicarlo, pero le dolía. Imaginar que no volvería a verlo, a oír su voz, sentir su calor, su amor.
Kaoru no pudo evitar derramar unas lágrimas apartándose un poco más del lugar. La esperanza de que viviera era una tontería... Una manera de negar la realidad. Pero ahí terminaba todo. Vio que Iori aún tenía los ojos entreabiertos, mientras lágrimas rojas terminaban de caer de ellos. Su expresión era triste, como si le doliera, aun más que su cuerpo malherido, dejar a Athena.
Chizuru se quedó observándolo largo rato, escuchando el llanto de Athena. Orochi había destruido más vidas esta noche ¿Qué pretendía ese maldito dios? Pero el sufrimiento que había experimentado en esos últimos días era demasiado para una persona sola. ¿Por qué?
Mientras tanto en la mansión Kusanagi un mensajero le comunico a su líder de la muerte de Iori Yagami ¿Lloraría por su enemigo? No se creía capaz, sin embargo, allí estaba, el dolor en el pecho que encogía su garganta y no le permitía respirar. Luchó contra eso, y contra las imágenes y recuerdos que había tenido de Iori. Pareciera irónico que llorara por el después de humillarlo hace unas horas.
Cerró los ojos, negándose a sí mismo la cálida humedad que comenzaba a acumularse tras sus párpados. Esas lágrimas, por Iori... No. Era imposible que él las derramara. Imposible. ¿Acaso no era lo que quería? Verlo muerto para dejé a Athena, ella lo amaba como a nadie en el mundo... Eso le había dicho mucho sobre lo que valía el Yagami. Por increíble que fuera, Iori estaba rodeado de gente que realmente lo quería como Athena y Chizuru. Y ahora Kyo se daba cuenta que valía la pena. Iori era más que su enemigo predestinado, más que un maldito idiota en un estúpido torneo de peleas. Pero era un poco tarde para darse cuenta. Tomó los papeles del divorcio que tenia en sus manos y los firmo de inmediato, ya Athena tenía la libertad que quería.
Continuará...
Para los fans de Iori y Athena puedo hacer un final alterno si lo desean
