Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 3

Sonidos raros llamaron su atención, pero no lo suficiente para dejar comer. Había cazado un ciervo, lo cual a su edad ya no era tan fácil como solía ser, así que debía de disfrutar su premio todo lo que pudiera. Si alguien trataba de hacerse el listo, un zarpazo seria lo de menos. Si el otro felino cojeando fuera de la zona con una cara extremadamente molesta decía algo, nadie debería de tener ideas graciosas otra vez.

-… pasa por no traerme un mapa… - No era más que un murmullo, pero sus sensibles orejas podían captarlo sin problemas. -…paz y lo hubiera perdido, o se hubiera quemado, o cualquier…

No le dio mucha atención, más centrada en disfrutar lo que quedaba de su presa. No es que podía comerse todo esto ella sola de una sentada, eran varias comidas que podía tener de allí. El problema estaba en que era una posibilidad que no pudiera gozar de más de una porque otros animales tratarían de robarle mientras dormía y no estaba en buena zona para esconder a su presa.

Igual lo intentaría. Llevarlo a casa sería un dolor en el costado, estaba bastante lejos, pero comida era comida y no planeaba compartirla con nadie y mucho menos dejarla para que sabandijas buenas para nada hicieran de las suyas. Si tenían las agallas de robarle a ella, pues… les daría una buena razón para nunca hacerlo de nuevo. Convertirse en su bocadillo era una buena razón, ¿no es así?

Tomo una de las extremidades de su comida y comenzó a andar, dando gruñidos y miradas de advertencia a cada alimaña que se atrevía asomarse, pensando seguramente en robarle. El que ya no fuera tan joven como solía no quería decir que fuera menos hábil o peligrosa, tampoco era-

-… mejores situaciones que... ay cielos. - ¿Un humano?, ¿aquí? – Lo siento, lo siento, ya me voy, olvida que estuve aquí, ¿sí? – El humano le mostro los dientes, y si no fuera por el olor nervioso y miedo que despedía lo hubiera tomado como un reto.

Había visto humanos antes, tontos humanos que había espantado o comido. Muchos de ellos eran osados, egocéntricos, con extraños objetos y armas sin igual. Eso no quitaba que fueran tontos, y que fueran presas. Su sabor no era malo tampoco, solo tenían muchos huesos y extrañas cosas encima.

Por sus anteriores encuentros con estos seres, sabía que los humanos enseñaban los dientes por motivos diferentes a una amenaza, como muchas criaturas hacían. Era fácil de malinterpretar, era el único ser que conocía que mostraba los dientes y no lo hacían por amenazar.

Por un momento debatió seguirlo, por curiosidad. Los humanos eran algo raros de ver, en especial uno que no parecía tener armas ni intenciones de ser un cazador. ¿Por qué otra razón había venido si no era para cazar?

Siguió su camino a casa, desechando la idea de seguirlo luego de un momento. Probablemente hubiera más humanos, o se iría pronto sino se lo comían. ¿Perder su comida y su tiempo por algo pasajero?, no valía la pena. Probablemente ni siquiera sería muy interesante.

Con eso en mente llego a su casa, escondió a su presa lo mejor posible, y procedió a descansar. No había apuros, estaba cansada, y era mejor dormir cuando pudiera. Cuando la luna saliera y la oscuridad cayera por completo, sería otra historia.

Cuando el sol salió, fue al arroyo a tomar un trago. Sin prisas, y en completo silencio. Su comida estaba intacta, y esperaba que lo estuviera cuando regresara. Por más preocupada que estuviera por su comida, era mejor siempre ser precavidos. Además, era una distancia relativamente corta, sin tener que arrastrar nada.

Al llegar al arroyo hizo una pausa. No porque fuera necesario, sino por sorpresa. Allí estaba el humano de antes, debajo de un árbol, sin moverse, la cabeza hacia abajo. Lentamente se acercó, sus sentidos alerta porque nunca se sabía con nada.

El humano no se movió, no dio indicios de haberla detectado. El ave atacando algo en su pecho salió volando rápidamente, llevándose algo colorido, grande y ligero con él. De seguro para su nido, tenía que hacer mucho si quería impresionar a alguna dama para tener pareja en esta ocasión.

- "Muerto no estas." – Murmuro para sí, lo suficientemente cerca como para que el humano sintiera su presencia, su respiración. Pero no había reacción a esto.

Se acercó más, solo para olfatearlo mejor y adquirir su esencia. Vainilla, y algo que desconocía, pero era dulce y firme al mismo tiempo. Había algo en su aroma que era atrayente, como las flores blancas que le gustaba oler cuando tenía la oportunidad. Eran raras de aparecer, en especial cuando hacía mucho calor, como ahora.

Era masculino, sin duda alguna. Era joven también, no una cría como tal, pero era joven. Muy joven. En el borde de entrar a la adultez, diría. No sabía cómo era con los humanos, pero por su olor no diría que fuera un adulto. No aún. No tenía los olores marcados que indicaban que estaba listo para buscar pareja y reproducirse, pero los poseía a baja escala. Eran olores inconfundibles para ella, a veces algo amargos, otros ácidos, pero en general potentes y en su base agridulces. Esa era la diferencia, la base agridulce, lo que diferenciaba a un ser femenino en la adultez con su contraparte masculina. Eso, claro, sin nombrar los periodos de celo en donde estos se volvían potentes juntos con los instintos de buscar una pareja.

Este humano no estaba allí, por tanto, para ella, aun no era un adulto. Y ya que no era adulto, se le presentaba una problemática. Por más que buscaba con su refinada nariz, no importa en qué parte del cuerpo, no podía hallar la esencia de otros humanos. Si fuera un adulto, no sería preocupante, no sería extraño. Pero no lo era, y por tanto debería estar con sus padres, o con otros miembros de su especie, quienes debían de cuidarlo.

A lo mucho tenía esencias pasajeras, nada profundo o lo suficientemente acentuadas como para decir que estaba en un grupo, mucho identificar a otros miembros de su manada. ¿Acaso este humano había tenido que valerse por sí mismo?, no era un imposible a la edad que tenía, pero si era desde antes…

- "¿Cómo no estás muerto niño?" – El humano, por supuesto, no le respondió. Probablemente ni siquiera la escucho.

No sabía casi nada del crecimiento de los humanos, o su crianza, o sus formas de cazar y protegerse. Lo que si sabía era que, sea quienes fueran sus padres, o sus cuidadores, le habían fallado a este niño a un nivel fundamental. Era impresionante, y no en el buen sentido. Ella tendría que estar muerta antes de que sus bebés pasaran por esto, eso era seguro.

Se apartó rápidamente al sentir movimiento de parte del humano. No era la gran cosa, no era para preocuparse, no aún. En todo caso:

- "¿Durmiendo?, ¿al aire libre?" – Murmuro para si con irritación, su cola de un lado a otro, mostrando el sentimiento al mundo. – "Tienes valor, o eres muy, muy tonto." – Creía mas la segunda, pero le daría el beneficio de la duda solo por ser educada.

Incluso hubo un bostezo y un estiramiento antes de que el humano se dejara ir contra el árbol otra vez. Estaba llegando a pensar que el humano no la iba a notar, a pesar que estaba tan cerca que si no tenía cuidado la tocaría, cuando de la nada el humano giro su cara en su dirección.

- "Tienes bonitos ojos." – A pesar de que eran del color de la tierra, era más vivo y más precioso que la misma tierra.

El humano no le respondió, los ojos muy abiertos.

- ¡HHHIIIIIEEEEEEEE! – Fue el grito que acabo con todo buen humor y le dio un incesante dolor de cabeza, por no hablar de sus pobres oídos.

No obstante, cuando finalmente logro reaccionar, logro pasar de estar aturdida con el gran dolor de sus pobres oídos ante tal sonido, se encontró sola. Sola.

Rugió con molesta, gruñido e incluso pateo agua. Tardo más de lo que quisiera admitir en calmarse, en el que el dolor pasara a ser uno leve. Y en apreciar que el humano no solo poseía un chillido increíble, uno que deseaba nunca jamás volver a oír en su vida, sino que también era increíblemente rápido.

A lo mucho le habría quitado la vista por un segundo o dos, gracias al dolor, pero en ese tiempo se le perdió por completo de la vista. No hace falta decir que eso era impresionante, en su opinión. No tenía idea de que los humanos pudieran hacer eso, no a esa velocidad. En su árbol, en su casa, mientras comía, no podía evitar preguntarse si acaso esa era la forma en la que ese humano había sobrevivido todo este tiempo. A la final, no era su problema.

O al menos eso trato de decirse, de convencerse a sí misma, hasta que se le fue imposible. En medio de la noche, cuando la luna estaba en lo más alto, salió de su casa. Comió un poco más, ¿por qué no?, buscando distraerse y recordar que ese humano no era su problema y desaparecería en cualquier momento.

De todos modos, termino caminando, yendo al arroyo, en donde había visto al humano por accidente. Luego de allí fue cuestión de usar su nariz y seguir la esencia que había capturado antes. No solo era reciente en su memoria y tuvo tiempo de apreciarla debidamente, sino que era peculiar. Toda esencia era única, pero esta era bastante diferente en más de un sentido. No tenía competencia, no podía confundirla.

Hallar el rastro no fue difícil. Seguirlo, por otro lado, no fue sencillo. El humano había recorrido bastante camino, bastante. Conocía el lugar bien, había vivido allí toda su vida, pero con todo y todo, se encontró en lugares nuevos gracias al humano.

- "Tonto humano." – Murmuro para sí, moviendo la cola en irritación pura, tratando de no mostrar su preocupación. – "Mas te vale no haber muerto." – Murmuro para sí, apretando el paso y fundiéndose en la oscuridad de la noche.

¿La razón de esto?, olía a sangre. Mucha sangre. Eso no decía nada bueno, y ese humano no lucía como un cazador. Era más posible que alguien lo hiciera su comida a que el humano hiciera a alguien la suya. No era tan fresca, pero no era tan vieja tampoco. Si algo paso, fue hace poco. No quería pensar en que había llegado tarde…

Una extraña fuente de luz, una amarilla, llamo su atención luego de muchos minutos siguiendo el rastro lo mejor posible, tratando de ignorar la sangre. Aprehensiva, porque eso no era normal y jamás lo había visto antes, procedió como suma cautela, tensa y lista para correr si hacia falta.

Se ocultó entre las hojas de la vegetación y en la oscuridad de la noche que podía, ya que esa luz no ayudaba, y se acercó cuidadosamente procurando no hacer notar su presencia, mientras que la fuente de luz prácticamente quemaba sus ojos con su intensidad y aun no sabía que lo provocaba.

Dio con una cosa extraña, alimentándose de ramas secas, en el suelo. La cosa lamia el aire, y producía calor. Ese era el origen de la luz. No era muy grande, pero vaya que llamaba la atención. También producía un olor bastante extraño, y desagradable si podía decirlo.

El sonido de patitas dar con el suelo a gran velocidad llamo su atención, justo a tiempo para dar con un par de lagartijas que habían perdido- Oh. Seguía vivo, el humano seguía vivo…

A punto de llevarse unas bayas a la boca, unas bayas rojas, el humano se detuvo, dos lagartijas subiendo a su regazo y dándole miradas suplicantes. Resoplo suavemente, queriendo rodar los ojos. Podían buscarse su propia comida, ni siquiera-

- "¿Acaso eres tonto?" – Pregunto sin poder creerse lo que había hecho el humano.

Su boca había adquirido una extraña curva, hacia arriba, leve, y había bajado la mano con las pocas bayas que tenía. Las lagartijas no dudaron, lo dejaron sin nada, y partieron a los arboles tan rápido como llegaron. El humano no fue sorprendido por esto, ni siquiera los siguió con la vista.

Agarrando un par de ramas con una mano, el humano las coloco en la cosa extraña que producía luz y calor. Varias veces. Esta cosa se hizo más fuerte, más grande, más luminoso. Eso no pareció preocupar al humano. No obstante, gracias a sus acciones, se preguntó porque no uso ambas manos. Tenía dos, ¿no hubiera sido mucho más fácil usar ambas en lugar de una?

Su respuesta fue dada mucho después, cuando el humano sin querer se quedó dormido, círculos violetas comenzando a mostrarse bajo sus ojos. Se quedó dormido sentado, cabeza cayendo hacia adelante. Solo necesito usar su nariz para dar con el problema, no necesito más que unos segundos.

Tenía su brazo lastimado. De allí venia el fuerte olor a sangre. No podía verla, pero podía olerla. Tenía algo enrollado con fuerza en la fuente del olor, de color canela. ¿Acaso esto era un truco humano?, ¿tal vez había sido atacado y uso su chillido para escapar?

Recordando tal cosa, algo que no quería volver a vivir, se escondió otra vez. No tuvo que esperar mucho para que el humano despertara, pero dudaba mucho que eso fuera bueno. No conocía ninguna criatura que durmiera tan poco, y menos que despertaran con la respiración acelerada y miraran a todos lados con el olor de miedo en ellos.

El humano recorría grandes distancias. Seguía el sol, esa dirección. Tomaba pequeñas pausas. No hacia otra cosa, lo cual era preocupante. Le dolían sus piernas, su único consuelo eran esas pausas. Si fuera más joven, no sería un problema, estaba segura.

- "¿No piensas comer nada niño?" – Porque definitivamente eso era, un niño. Ya no tenía duda alguna.

Solo un niño podía regalar comida, compadecerse de quienes podían perfectamente conseguir lo que necesitaban por su cuenta. Había encontrado unas nueces por accidente, y venían un par de ardillas y las ardillas se quedaban con las nueces.

No fue lo único. Fue así con cada cosa. Algunos tenían la osadía de quedarse en su cabeza o dejarse tocar por el humano, pero eso no cambiaba los hechos. Resoplo, molesta, a duras penas absteniéndose de regañar al humano por tales tontas acciones. Nadie iba a pagarle esas acciones. Nadie iba a hacer lo que él estaba haciendo por él. Moriría de hambre.

Gracias al cielo dieron con un rio antes del anochecer. El humano, para su gran curiosidad, mudo de piel. Sabía que no era piel, pero no sabía cómo llamar a todo eso que tenía encima. ¿Capa protectora falsa tal vez?

Este humano no tenía pelaje, como quien dice. Los otros humanos que había podido ver tenían pelaje en el pecho, los brazos, e incluso en las piernas. Este no, lo que tenía no era notable. A menos que contara lo que tenía en la cabeza, porque ni en la cara tenía nada, solo quedaría entre sus piernas. No sabía si eso era normal o no. Los humanos eran raros, ¿por qué no tenían pelaje?, ¿o plumas o escamas?, ni siquiera tenía una coraza, nada.

Aprovechando que el humano estaba distraído metido en el agua, prestando especial atención a su brazo herido, salió a tomar un trago. Estaba sedienta. Pasar todo el día siguiendo a un tonto humano sin descanso no era fácil.

Al levantar la vista, buscando asegurarse de que el humano seguía allí, una vez que su sed había pasado, dio con la mirada casi aterrada del humano, quien había quedado muy quieto. Esperaba que no fuera a chillar. Realmente esperaba que no fuera a hacerlo…

No había salido más que a tomar un trago, que suerte, pensó para si con irritación. Bueno, ya que la había visto, no hacía falta esconderse todo el rato, ¿cierto?

Estaba bastante segura de que los humanos no pertenecían en el agua, muy segura. Tampoco le agradaba ver al humano hacerse el tonto para ir al otro lado. Gracias al cielo no chillo horriblemente cuando se lanzó al agua. Eso no quería decir que lo tomo muy bien.

- "Eres un niño tonto." – Le dijo con suma sinceridad, sin ser sorprendida ante el intenso olor a miedo que podía percibir de él. – "Si quisiera comerte ya más que lo hubiera hecho, niño." – Ni siquiera se hubiera dado cuenta de cómo murió. – " Tienes que estar de broma…" - ¿Ahora como diantres hacia?, se iba ahogar.

Suponía que era de esperarse. Era temible, era hermosa, era hábil, poderosa, fuerte. Todos tenían miedo de ella, debían tenerlo. Esta era la primera vez que alguien perdía el conocimiento sin haberle hecho nada. Siempre había una primera vez. Rescatar a alguien de ahogarse no era algo que quisiera repetir, honestamente.

- "¿De vuelta al mundo de los vivos niño?" – Pregunto al poco tiempo, para su sorpresa, al oír ruido y sentir movimiento cercano.

El humano la miro con grandes ojos. Muy grandes ojos. Había dejado de respirar incluso. Tenía un muy mal presentimiento de lo que ocurriría y por desgracia no se equivocó:

- ¡HHHIIIIIEEEEEE! – La única razón por la cual no perdió al humano es que reacciono primero que él.

Primero antes que el grito que hacia doler hasta su alma, y eso era decir algo.

- "Respira niño tonto, respira…" – Luego lo castigaría. Ese chillido no era aceptable. – "No te voy a comer, así que respira, vamos, no es tan difícil…"

No se levantó hasta que el chico dejo de temblar debajo de ella, para entonces la luna estaba en lo alto. Eso no quería decir que el humano no dejara de mirarla como si se lo fuera a comer.

-… faltaba, una pantera de todas las cosas… - Y había agarrado la extraña tendencia de mecerse hacia delante y hacia atrás, haciéndose una bola y mirándola con grandes ojos. -… una pantera, una bendita pantera… - Murmuraba una y otra vez.

Rodo los ojos con exasperación. No se lo iba a comer, ¿Cuántas veces tenía que decirlo?

- "Es tarde, estamos cansados y es hora de dormir." – Si con esto no entendía, nada lo haría. Humano tonto.

Ya que los humanos no tenían pelaje, eran susceptibles al frio. Eso lo sabía bien, era lógico. El tonto humano se tensó, mas no se movió, así que pudo acomodarse a su alrededor para asegurarse de que no fuera a pasar mucho frio esta noche. No estaba la cosa extraña que producía calor, y ni siquiera tenía su capa falsa. O como se llamará.

- "Buenas noches, niño." – Esperaba que no fuera a despertarla por alguna tontería, o un chillido. Lo castigaría si lo hacía.

En el amanecer, gracias a que los rayos del sol le dieron en la cara, se despertó. Y de buen humor, había tenido un descanso maravilloso. El buen humor no demoro en desvanecerse, dándose cuenta de que faltaba alguien.

- "Si, estas más que castigado cachorrito." – Se dijo para sí, viendo que el humano se había llevado hasta su capa protectora y no había dejado nada de nada.

No sabía cómo diantres logro irse sin despertarla, tenía buen oído y luego de tantos cachorros que tuvo, prácticamente dormía con un ojo abierto. En cualquier caso, si el humano quería jugar así…

Lastima. Concia bien su olor. No iba a escapar, no de ella. Nadie escapa de ella, nadie.

En otro lugar, un humano sumamente cansado, que llevaba horas de horas caminando tratando de poner la mayor distancia posible entre la bestia y él mismo por razones obvias, se detuvo porque sus piernas fallaron. Lo quisiera o no, su cuerpo necesitaba un descanso. No había dormido en toda la noche y había caminado por horas, y eso sin mencionar los días anteriores.

Fue despertado rudamente por algo peludo empujándolo, seguido de un olor repugnante. Despertar para conseguirse con la pantera, quien dejó caer lo que creía que era un pavo muerto en frente de su cara, y de paso darle la mirada con más suficiencia y "será mejor que no vuelvas a hacerlo" que había visto en su vida, excepto por… Reborn…

- ¿No tienes otras cosas que hacer?, ¿presas que casar o territorio que proteger por casualidad? – La pantera, si hubiera sido capaz, le hubiera arqueado una ceja, estaba seguro.

- "Come niño, tienes hambre, ¿no?" – Se quejó, sin entender porque el humano se alejaba y negaba la presa que había capturado para él.

Ya había tenido su parte, había atrapado dos. Uno para ella y uno para él, ya que era obvio que el tonto humano no iba a comer nada este día tampoco. Se lo había traído incluso, ¿qué más quería?

- Ewwww… - Que no fuera a decirle ninguna tontería de que no comía carne. Los humanos comían carne.

Espera, tal vez este humano no sabía que tenía que comer carne. Eso explicaría su comportamiento raro. ¡No sabía mejor!

Le había tocado un trabajo difícil, ¿no es así?

- No voy a comer eso, no. – Si, un trabajo muy, muy difícil.

Más tarde, tuvo el mal susto de que el humano podía llamar a la cosa extraña que producía calor y luz a voluntad. Y también que los humanos eran, aparentemente, quisquillosos con la comida.

- No me mires así, no puedo comer carne cruda. - ¿Pero si podías cortarlo en pedazos y empalarlos con ramas?, ¿y dárselos a cosa extraña?

- "¿Y qué diantres piensas comer?, has regalado todo niño idiota." – Tenia que comer algo, lo quisiera o no.

La cosa extraña convertía la comida. Tenía que hacerlo, el olor era esplendido~

- Puedes comerte esto. – Iba a preguntarle que diantres estaba pensando, que tenía en esa cabeza, pero lo que siguió la hizo pausar: - No puedo comerme todo eso, ni queriendo.

Honestamente hubiera creído que le estaba mintiendo, pero su olor no decía tal cosa. Se salvó solo por eso. Y si, la cosa extraña definitivamente transformaba la comida. No era tan jugosa como debía, pero sabía delicioso igualmente. Aun así, no le veía porque el humano tenía que hacer esto para comer, era raro

- Gracias…

- "De nada, niño." – Lo empujo con una pata y le dio mala cara. – "Ni se te ocurra dejarme así otra vez, ¿me oyes niño?"

Desgraciadamente era un niño muy, muy tonto.