Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 9

- "Si realmente crees que voy a quedarme en una de estas pocilgas, estas muy equivocado cachorro." – Soltó tan pronto el idiota de su hijo giro la cara hacia ella, abriendo la boca para preguntarle qué le parecía el lugar.

Su cola era el único indicativo de su profundo desencanto, y era porque ya no podía contenerla más. Eso y su cara de pocos amigos, si la forma en la que el resto de los seres que había se alejaban lo más posible de ella. Una sabia decisión.

La boca de su cachorro se cerró de inmediato, su sonrisa desapareciendo por completo. Pensaba que no había notado su falta de "entusiasmo" o el hecho de que estaba más que irritada de estar paseando por lugares… indignos. Luego de estar en una "cama" muy suave y con comida deliciosa siendo llevada a ella en lugar de tener que levantarse a irla a buscar, el solo hecho de tener que poner una pata en estos lugares era… degradante.

- "No, no voy a posar para nadie, no importa si me dan banquetes por ello." – Repitió lentamente, esperando que al menos su tonto cachorro entendiera que no apreciaba estar allí. – "Tampoco voy a tratar con mal educados e inferiores en todo aspecto con respecto a mi persona." – Primero habría un baño de sangre, asegurado. – "¿Ya podemos volver a mis aposentos cachorro mío?" – Ignoro por completo los pocos que se rieron o murmuraron cosas ante lo último.

¿Que importaba si tenía una cría humana?, ellos vivían en espacios controlados y eran solo entretención humana. Así que si, eran seres deplorables, mal educados, indignos. No debían ni de saber cazar, lo cual era una verdadera desgracia.

¿Y su hijo quería meterla en una de estas cosas?, primero muerta.

- ¿Que esperabas preciosa? – Ah, no sé, ¿ir a casa con su cachorro? – Nada va a ser como la jungla, te lo advertí, ¿recuerdas? – Lastimosamente:

- "Eres mi cachorro, mío, más bien te estoy dando la opción de elegir un mejor hábitat para ti porque eres muy tonto." - ¿Quién rayos regalaba toda su comida y no sabía cazar?, ¿y quién más tenía un parasito consigo y no lo reconocía por lo que era? – "¿Acaso piensas vivir en unas de esas cárceles conmigo?" – Por supuesto que no. No había compromiso alguno. – "Eres mi hijo, ¿cuántas veces tengo que repetírtelo para que lo entiendas?"

Entre los humanos, su hijo no era uno cualquiera. De eso se dio cuanta casi inmediatamente. Las primeras veces lo tomo como una tontería, porque su cachorro no daba miedo en lo absoluto y no hizo ningún gesto amenazante, y aun así gente corrió. Era algo que, por lo que pudo intuir de la falta de reacción de su hijo, no era inesperado. Los humanos eran raros, así que no pensó mucho de ello. Luego vinieron a estos lugares, y una vez que nombres volaron los demás humanos bien podrían haberse arrodillado ante su hijo. La atención que le daban, atentos a cada cosa que decía o pedía, era… desconcertante.

Su hijo no era poderoso, no tenía ninguna característica sobresaliente de los demás humanos. Y, aun así, una vez que nombres volaban, lo trataban totalmente diferente. Por los olores, podía definir que la gente temía disgustar a su hijo, como cualquier miembro de una manada ante su superior. ¿Tal vez eso era?, ¿su hijo tenía un puesto alto y esta era su manada?

No, no podía ser. La esencia de su hijo era… singular. No tenía más que leves rastros de otras esencias sobre él. Eso indicaba que no pertenecía a una manada, no tenía marca, o distinción. Tal y como estaba, su aroma solo decía que era un humano relativamente saludable (no sabía cuidarse solo, así que su salud estaba decayendo incluso con su ayuda), masculino, aun sin entrar en la adultez, no tenía pareja, y sus últimas actividades habían sido ir al baño y trasladarse de un lugar a otro. No había nada destacable de esa información. Ni siquiera contaba al parasito, su esencia era bastante similar a su hijo, así que podrían pasar por el mismo ser si no se tenía cuidado.

- "Tienes mucha suerte de que sea tan paciente y comprensiva, niño tonto." – Eso no quería decir que no iba a hacerlo caer otra vez o darle un zarpazo leve y agregar a la colección de rasguños si seguía haciendo estas estupideces.

- Gracias por la hospitalidad. – Su niño no la miro, y su sonrisa era forzada.

No tomo más que eso para que su cachorro comenzara a caminar con largos pasos. No era difícil seguirlo, pero sabía que su hijo estaba molesto solo por eso sin necesidad de leerlo de sus aromas.

- ¿Eh?, ¡Decimo! – Sea lo que sea que iba a decir el hombre fumando en contra de la puerta del vehículo, fue cortado por una expresión forzada.

- Vamos a casa, termina tu cigarrillo si gustas. – Una puerta fue abierta diciendo esto, y no podía evitar resoplar ante el nerviosismo del fumador.

Su hijo no le haría nada, era demasiado bondadoso. No entendía porque la gente se asustaba, su hijo no haría nada. Muy bien, quizás no era un humano cualquiera, pero no había que exagerar. Los humanos eran muy raros y complicados…

- "Esto está mejor." – Comento con un suspiro contento, enrollándose entre su suave lugar de descanso.

Esta vez, solo hubo silencio en todo el camino, completo y puro silencio. Eso, en sí, no le molestaba, pero se le era raro no oír a su cachorro decirle cosas aquí y allá o tarareando algo. Estaba molesto, pero había tratado con muchos tontos cachorritos y con su furia tonta también.

- "Esto ya es exagerar." – Murmuro para sí, bajando del vehículo, siguiendo a su cachorro, a un lugar exageradamente grande.

Piedras decoradas, múltiples fuentes de agua, arboles decorados, arbustos, flores, y animales. De hecho, tuvo un mal susto que no admitiría ante una repentina serie de golpes contra algo metálico, seguido por:

- "¡Intruso!, ¡intruso!" – Hizo una doble toma luego del salto no muy elegante que dio, dando con criaturas similares a lobos. Eran un montón.

- "¡Esperen!" – Uno de ellos declaro, deteniéndose de amenazar con morder y golpearse contra lo que sea que fuera lo metálico. – "Esta con amo."

- "¿Con amo?" – Repitieron varios, a distintos tiempos.

Rápidamente, luego de que la mirada de los seres diera con algo en específico, dejaron de hacer ruido y se sentaron obedientemente frente a la cosa metálica. Sin disculparse.

- ¿Reborn? – Tardo más de lo debido, un par de segundos, en darse cuenta de que los seres tenían su atención en su cachorro. – No vayas a comértelos, ¿sí? – Ignorándola otra vez: - Buenos días chicos, ¿cómo se han portado?

Hubiera creído que solo le hablaba al aire o simplemente a otro humano que no podía ver, sino fuera por el bullicio que se formó:

- "¡Amo pregunta por nosotros!"

- "¡Amo por fin nos visita!"

- "¿Amo querrá jugar con nosotros?, ¡hemos sido buenos chicos!"

¡Por supuesto que el tonto de su cachorro tenía que ser un dador de comida incluso en la sociedad humana!