Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Behind Golden Eyes
Capítulo 12
- "¿Vas a visitar a Dulzura?" – Vino la pregunta esperanzada de alguien que creía que había estado durmiendo.
Se detuvo, bajando la mirada para buscar a quien había hablado. No tardó en dar con la hiena, quien no estaba de ánimo para juegos ni bromas. Si no hubiera hablado, no se hubiera fijado en que estaba despierto, no se había movido en lo absoluto.
- "Si." – Se limitó a dar como respuesta. No hacía falta explicar o agregar nada más.
Dulzura, ese era el nombre que muchos le habían dado a su hijo. Cariño, dulce, dulzura, empalagoso, miel, sangre propia, leche, niño, inocente, curioso, flor, néctar, salvador y amigo. Más o menos, podía haber un par más que no conocía. En general, Dulzura era el nombre más usado, para evitar confusión y a decisión general. Ese y amo, incluso si a la final nada de eso importaba ya que, como fuera que lo llamaran, siempre era con la misma emoción detrás del nombre.
Estaba casi segura de que si su cachorro supiera como lo llamaban, se avergonzaría de sobremanera y negaría tales nombres, en vano. Después de todo, ¿cómo podía intentar negar algo que era verdad?, no sería la primera vez, pero era estúpido. No ayudaba que confirmaba lo que trataba de negar cuando esas cosas pasaban.
- "¿Podrías llevarle algunas flores?" - ¿Flores?, ¿para qué rayos le llevaría flores a su pequeño?, no comía tales cosas, y era todo un problema… - "Algo lindo, no vayas a llevarle una pierna o una comida, hoy no." – La hiena levanto la cabeza, y con más seriedad le ahorro preguntarle a que se refería con eso: - "Parece que hoy es un día especial para Dulzura, desearía que viniera…" – Se apagó, volviendo a bajar la cabeza contra el suelo y suspirando profundamente, orejas cayendo.
- "Veré que puedo hacer." – Prometió en lugar de indagar o cuestionar.
No hacía falta, sabía que solo haría sentir peor a la hiena, y cualquier otro si llegaba a hablarlo con alguien más. Su hijo no aparecía mucho, no iba a visitar a nadie como muchos quisieran. Solía a hacerlo frecuentemente, pero ahora…
- "Flores…" – Murmuro para sí, caminando por encima de las cercas, manteniendo un ojo para cualquier cosa llamativa y un oído atento por si alguno de los voladores tenía algo que decir. Cualquier información que pudiera obtener seria bien apreciada…
Los humanos celebraban muchas cosas, muchas de ellas sin sentido o completamente tontas. Eso lo aprendió rápidamente, algo sobre el día del amor y la amistad y todo ese cuento raro el primer mes que estuvo aquí. Todo a causa de las decoraciones y los aperitivos extras. Su cachorro no estuvo muy entusiasmado ese día, por alguna razón que desconocía.
¿Este sería el mismo caso?, esperaba que no. Estaba preocupada, su bebé no estaba siendo muy… sociable. Tomando en cuenta como era antes, su hijo brillaba por su ausencia. Tal vez tendría que jalarlo del pantalón y arrastrarlo acá, en donde más de uno lo esperaba y con ansias. No sabía que diantres había poseído a su pequeño a traer tantas criaturas…
Señor, temía preguntar como había sacado el espacio, las comodidades, la comida… Comodidades, porque hasta camas y listas de lo que quisieran comer había. Para un pequeño omega, porque por la forma de actuar y ser de su cachorro tenía que ser un omega, tenía bastante libertad. ¿Tal vez era uno de los hijos de un alfa?, aun así, se veía raro toda la libertad y poder que parecía tener.
Decía esto porque no había visto a otros humanos comandar a su pequeño. Su pequeño, cuando rara vez hablaba con alguien, era quien hacia las "sugerencias" o el simple "lo quiero así" y el resto obedecía. Eso era un tanto raro, no porque un omega no pudiera mandar, sino porque no había nadie demandando nada u ordenándole nada a dicho omega.
- "Esto debería de bastar." – Murmuro para sí, sin preocuparse por el pobre humano que no encontraría su caja de… comida. Su perdida, quien no cuidaba su comida probablemente la perdería. Dudaba mucho que a su cachorro no fuera a gustarle. Era comida humana, debía de gustarle, ¿no es así?, y debía de apreciarlo más que unas simples flores que tomaría un tiempo en recolectar sin dañarlas. Ese trabajo era más para Batman, Robin y familia.
Su cachorro era un omega, era demasiado cariñoso y dado como para ser otra cosa. Los omegas eran los más ideales para cuidar crías, y solo viendo el montón de criaturas que su hijo había traído y se aseguraba de que tuvieran toda esta comodidad… Además, su hijo era muy miedoso y muy tímido para ser al menos un beta. Los betas eran prácticos, siempre atentos y a la orden del alfa y la manada, rara vez dudando en entrar a la acción.
Habían muchos betas en este lugar. Los reconocía más por actitud, por comportamiento, que por olor o características visuales. No es que no tuvieran muchas características visuales, la mayoría vestía similar, era solo que no entendía mucho sobre la vestimenta humana. Por olor no podía guiarse en casi nada con los humanos, desgraciadamente. Podrían oler de una forma, como un par de alfas que había captado hace tiempo, pero se comportaban de otra y eso no tenía sentido para ella.
Desearía decir que había otro alfa más alto en la cadena de comando, pero no lo había por todo lo que sabía. Tenía a su hijo, a quien la mayoría solía obedecer, siendo alfas o betas u omegas. Los humanos no tenían mucho-
- "¿Y esto…?" – Murmuro lo mejor posible con la caja de por medio. Con curiosidad, horror e inquietud, siguió su nariz.
El olor a sangre se hizo cada vez más potente conforme se acercaba, cosa que no le sentaba bien. Estaba en la edificación, estaba a un poco más de medio camino a donde su hijo solía pasar el tiempo haciendo algo que llamaba "trabajo", pero que para ella parecía perder el tiempo. ¿Por qué olía a sangre, y humana, aquí adentro?
Su respuesta vino en la forma de pasos pesados, rápidos, y jadeos de alguien como si le faltara el aliento, apareciendo en su campo de visión a los segundos. Tan pronto como apareció, un hombre ensangrentado e increíblemente asustado por su aroma, dejo de moverse, golpeando de forma seca la pared antes de girar en su dirección y seguir huyendo. Cayo como un saco de papas, un charco de sangre comenzando a escurrir debajo del cuerpo. Justo en espalda estaba lo que parecía ser una roca picuda muy extraña, jamás había visto algo-
Tardo un segundo o dos en reaccionar y correr detrás del cuerpo antes de que desapareciera por completo de su vista, ignorando el carcho de sangre, el rastro de sangre, que se estaba creando a sus pies.
- "¿Que diantres crees que estás haciendo?" – La verdad es que no le importaba, un humano más o un humano menos le valía un colmillo, pero si este ser se le acercaba a su cachorro…
Ojos de un color naranja precioso se le fueron mostrados por un momento, el poseedor de tales ojos deteniéndose por un par de segundos, girando el rostro lo suficiente para verla. No había sonrisa, no había nada. Era una expresión tan vacía como la falta de emoción, de vida, en esos ojos. No hubo palabras, nada.
Ese corto tiempo fue suficiente para que viera el cabello marrón chocolate, parte del rostro, y pudiera tomar nota de algunas características de este ser.
Este humano no le dio atención, arrastrando el cadáver con él como si no fuera importante, rastros de sangre siendo dejados a su paso. Paredes manchadas con la misma sustancia, lugares desgarrados, otros quemados, como si hubiera habido alguna pelea de la que no estaba consciente.
Mas cuerpos cayeron, más cuerpos fueron arrastrados para finalmente ser lanzados por una ventana por un humano que no reaccionaba más allá para realizar las acciones antes nombradas.
Para bien o para mal, no fue la única que se encontró con esto, pero fue la única que no salió corriendo oliendo a miedo. Fue la única que presencio a ese humano llegar a una habitación conocida para ella, sin molestarse en cerrar la puerta, y desvestirse, dejando la ropa desgarrada y ensangrentada en el suelo. No tenía pinta de que la volviera a usar.
La dejo entrar, no le dijo nada, pero este humano estaba plenamente consciente de su presencia si las miradas sin emoción que le daba decían algo. En todo caso, la ignoro.
Limpio y con una nueva vestimenta, era como si nada hubiera pasado. Como si la sangre en el pasillo, en los alrededores, no existiera. Como si su esencia no estuviera mezclada con tal sustancia.
El humano, su cachorro, tuvo la osadía de palmearle la cabeza y rascar detrás de sus orejas como cualquier otro día. La sonrisa que le dio no llego a sus ojos, y no dijo nada incluso cuando salió del lugar.
Los omegas podían ser tan viciosos como cualquier otro miembro de la manada, pero no por cualquier razón. Y esto no fue simplemente ser vicioso, esto no fue… normal.
