Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 13

Oyó pasos cercanos, rompiendo la quietud del momento, pero no giro la cabeza o siquiera abrió los ojos. No se movió en todo caso, no había necesidad de tal cosa.

- No puedo creer lo que veo. – Incredulidad, eso era lo más destacable de la voz. – Esta plenamente consciente de que es una pantera y no uno de sus perritos, ¿no? – Había nervios, algo de miedo, y una extraña alegría también.

- Reborn no le hará nada, a lo mucho solo lo molesta o le da sustos aquí y allá. – El hombre se ahogó con aire, o con saliva, no lo sabía y no le interesaba saber, ante esta información. – Tsu-kun no la invito, Reborn rara vez lo deja solo como es, ¿no es así preciosa? – Abrió un ojo con desgano, solo para indicar que estaba oyendo y que no encontraba molesto que le rascaran el lomo.

- "Si lo despiertan ninguno se va a salvar de que los muerda en el trasero." – Advirtió con aburrimiento, porque era una verdadera lástima que no pudieran entender ni una palabra de algo tan sencillo.

Había aprendido gracias a su hijo que una mordida allá atrás no era asunto de risas, y aunque no era el peor o el mejor lugar para morder, a los humanos no le gustaba y era humillante para ellos. Claro que, para bien o para mal, su cachorro no tenía ningún problema en enseñarle a los perros en donde tenían que morder si alguien "sospechoso" aparecía cerca de ellos.

No podía negar que era divertido ver a las víctimas de tales mordidas lloriquear, salir corriendo, y decir de todo un poco, aun mas cuando lagrimas salían. Era simplemente tan estúpido, las mordidas que daban los perros eran leves, todo a instrucción de su hijo. En cualquier otro lugar no tenían tales… consideraciones.

- ¿Reborn?, ¿lo llamo Reborn? – Movió la cabeza, solo para ver al hombre de pelo rubio palidecer abruptamente, en horror.

- Es un ella, y si, se llama Reborn. – La mujer, que no tenía mucho tiempo de haber llegado, sonrió divertida diciendo esto.

- ¿Por qué…? – Para ser un adulto en toda regla sí que era patético, cielos. ¿Quién rayos se asustaba por un simple nombre?

- Eso tendrías que preguntárselo a él. – Enseño los dientes tan pronto la sugerencia toco el aire, moviéndose para dar a entender que su cachorro era suyo y nadie se lo iba a quitar ni a hacer ninguna estupidez sin su permiso. O al menos una herida severa. – En otro momento, claro, jejeje… - La risa nerviosa de la chica y la palidez más acentuada del hombre la alegro. Por si las dudas, por si aún no habían entendido, movió la cabeza y dio un lametón a su cachorro.

Si no entendían con eso, con nada lo harían.

- ¿Supongo que no es buen momento para decirle que su mano izquierda llegara en cualquier momento? - ¿Por qué estos humanos hacían todo tan incómodo?, todo había estado perfecto hasta que llegaron.

Se salvaban de que no los correteara, no los cazara y los agarrara de bocadillo, porque no se podía levantar sin despertar a su bebé sin querer. Ella lo estaba usando de almohada, había llegado luego de que su hijo se acomodara en la pradera. Eso no quería decir que su hijo no estuviera… acaparándola. La tenia abrazada, así fuera con un solo brazo, e incluso si no fuera así su hijo no estaba tan cansado u agotado como para no sentir el movimiento.

En todo caso, ¿cómo no había despertado con tanto ruido?, el silencio pacifico se había perdido tan pronto estos humanos llegaron, sinceramente. Al menos la brisa era refrescante y era un lugar bastante amplio y hermoso. No le sorprendía que su hijo hubiera querido venir aquí a dormir. O a pasar el rato.

- ¿Mano izquierda? – Había cosas más raras que eso, pero bueno, cada quien con lo suyo, suponía. No era como si pudiera decirles que encontraba su mera presencia molesta, no de una forma que pudieran entender a la perfección, aparentemente.

Se salvaban de una buena mordida cada uno a duras penas. A duras penas.

- Ma Ma, creo que se refiere a mí. – Gruño profundamente sin poder evitarlo. ¿Es que nadie entendía que estaban de sobra y debían de-

- ¿Reborn…? – Ahora si nada la detuvo de gruñir y rugir con todo el enojo que poseía, preparándose para levantarse y darles una merecida lección a todos estos infelices idiotas que no tenían consideración alguna con su pequeño. Y decían que lo amaban, ¡no eran más que mentirosos! - ¿Quién te molesto ahora?

- "¡Los imbéciles que tienes de manada!, ¿quién más?" – Y no solo a ella. – "Esto no estaría pasando si fueras más autoritario con los estúpidos cabeza de chorlito, y ni se te ocurra tirarme toda la culpa a mi cachorro tonto." – De hecho: - "No creas que con eso vas a evitar que los agarre de bocadillo." – Caricias no iban a convencerla ni a distraerla de su nueva misión.

- Uh… - Para su desdicha su hijo se abrazó a ella con fuerza. Si no la soltaba pronto terminaría con rasguños y mordidas y un largo castigo que a ninguno de sus cachorros apreciaba. Él no era la excepción, lo tomaba peor que todos sus otros cachorros. – Tu no deberías estar aquí.

- "¿Como que no debería-

- Tu tampoco, y menos sin tus subordinados. – Dejo de reclamar al entender que no había sido con ella. Interesante. ¿A quién se estaba dirigiendo su hijo? – No me digas que le pisaste la cola, odia tal cosa y no hay nada que te salve si lo hiciste… - No, no lo había hecho. Nadie lo había hecho, esta vez.

- Eh, no, por-

- Y tu menos deberías de estar aquí. – El recién llegado no dejo de sonreír. De hecho, era descarado:

- Tu tampoco, ¡ni siquiera dejaste una nota! – Estaba muerto, si su hijo no lo hacia lo haría ella. - ¿Tienes idea-

Con un gran rugido se abalanzo sobre su primera presa, siendo liberada en un dos por tres. No desaprovecho la oportunidad, aunque honestamente no se esperó la aprobación de sus deseos de tener bocadillos frescos.

- Diviértanse. – Su cachorro no estaba feliz. Excelente, eso solo significaba una sola cosa… - Ah, y si le hacen algo a Reborn, me temo que yo mismo tendré que hacer los honores y, a diferencia de ella, no dudare en convertirlos en paletas de hielo. Tal vez así no nos molestaran… - Termino casi con voz sedosa, apreciando una o varias ideas para hacer que su punto se entendiera.

- ¡No vine a llevarte de vuelta o a decirte-

- No aprecio niñeras Takeshi~ - Si, su cachorrito estaba muy, muy molesto. ¡Qué gran noticia! – Me temo que no fuiste invitado, al igual que nadie presente. Debemos arreglar tal desobediencia, ¿no crees~?

Un alarido increíble sonó tan pronto logro atrapar a su primera víctima, en un área un tanto… precaria. No entendía porque el idiota de pelo rubio se había caído con aire y le había puesto la retaguardia en bandeja de plata, ¿pero quién era ella para no otorgarle la primera de múltiples mordidas y rasguños?

Nadie se metía con su cachorro y con sus decisiones maternas. Más aun, desobedecer o meterse con el alfa de la manada no era algo muy inteligente de hacer. Su cachorro podía ser vicioso y sanguinario cuando quería, ¿y qué mejor cuando necesitaba imponer respeto y obediencia en su manada?

Además, era muy entretenido ver lo que su pequeño hacia cuando estaba de tales… ánimos.

- ¡Tsuna!

- Reborn no va a matarte. – Quisiera, pero no. Que desgracia. - ¿Preferirías que fuera yo quien-

- Me quedo con la pantera, ella no nos va incendiar o a congelar en el sitio Dino. – Hubo una patada para su sorpresa. Esto la ayudo a saltar sobre su próxima víctima. - ¡Esto es lo que me gano por salvarte de que Hayato viniera por ti!, que des-

- Termina esa frase y me asegurare de que no puedas ir a tu próximo campeonato.

Nunca discutas con un alfa cuando esta de malhumor. Uno pensaría que sería algo fácil de recordar, honestamente.