Una vez le dijeron al único hijo de la familia que simplemente él era perfecto para intermediar entre sus hermanas. Tal vez por el hecho de ser el único chico entre diez chicas fuera la causa. Pero este chico siempre había sido amable y querido por todos, no solo por parte de su familia.
No importaba qué clase de actividad hicieran sus hermanas: él era el compañero ideal para hacerlas con ellas.
Su vida en la casa Loud no era para nada normal: siempre había algo nuevo que ver, sobre todo por tener diez hermanas que soportar. Cada una de ellas lo buscaba por diferentes razones, pero la lucha por estar con él era una discusión frecuente.
Otras historias u otras personas se encargarán de escribir sobre otros personajes que se ganen el amor de este albino, pero aquí hablaremos específicamente de una... O tal vez no.
Sin embargo, además de pedirle que fuera con ella para visitar a su novio Bobby, Lori Loud casi no lo veía ni solicitaba, aunque siempre habían sabido llevarse bien entre ellos. No era la más abierta de sus hermanas, ya que por lo mismo, pasaba mucho tiempo en su celular.
Como siempre, la mayor de las Loud era la encargada de mantener el orden entre sus hermanos menores, pero a diferencia del peliblanco, ella lo hacía con demasiada dureza, haciendo que muchas de sus hermanas se sintieran impotentes ante ella. Aunque era responsable y confiable, podía llegar a ser realmente mandona, y eso era lo que molestaba. La respetaban y temían por partes iguales. Sin embargo...
- ¡No te vayas!
Curiosamente, quien decía esto no era una de las hermanas menores de los Loud, sino el padre de familia, Lynn Sr.
- ¡Quédate aquí, te daremos lo que sea, pero no te vayas!
Era raro ver como un hombre crecido y maduro lloraba como un niño, pero así era su personalidad: era muy buena persona, aunque si lo hacían enojar, podía llegar a ser muy amenazante. En esos momentos, sin embargo, no parecía querer gritarle a nadie.
- Papá, ya hablamos de esto muchas veces -decía Lori- En algún momento me tendría que ir a la universidad y tendría que irme de la casa... como... las... aves -gruñía de esfuerzo, mientras su padre agarraba con fuerza su pie, y la obligaba a arrastrarlo.
- ¡No eres un ave! Eres mi hija. ¡Quédate!
Era lógico que el señor Loud se sintiera devastado. Había tenido siempre a su hija mayor consigo, la primera de muchas que lo hicieron sentir por primera vez lo que se sentía ser padre. Desde que era una bebé, hasta los veintitrés años cuidó de su primogénita. Ahora que Lori por fin tenía una beca en la universidad, un lugar donde quedarse y un prometedor novio con quien tal vez se casaría, era momento de irse. No era extraño que el señor Loud quisiera pasar el máximo tiempo posible con la mayor de sus hijas, pero no era solo por ella que lloraba.
El caso era que la señora Loud consideraba conveniente que algunos otros de sus hijos acompañaran a Lori. Tendrían la escuela y tiendas o lo que necesitaran más cerca que antes, por lo tanto no tendrían que pedir transporte. Además, el tener aún a varios de sus hijos consigo complicaría las cosas ya que una de las tres figuras de autoridad se iba, así que algunos de los hijos tendrían que irse con Lori. Incluso podrían ayudar a Lori a adaptarse a su nueva vida, ya que, por mucho que Lori hubiera crecido, seguía sin tener mucha experiencia al estar completamente sola. Tener unos dos o tres hermano viviendo con ella sería más que suficiente. Para Rita Loud, la única cuestión restante era decidir quiénes serían los que se irían con Lori, motivo por el cual ya le había pedido a otros de sus retoños que fueran preparando sus maletas.
En ese instante, muchas de las hermanas Loud, quienes presenciaban como el señor Loud suplicaba a Lori que se quedara, oyeron que alguien bajaba con algo pesado por las escaleras. ¿Quién más iba a ser si no? Era Lincoln. Su maleta era demasiado grande y pesada para él, pero no tenía opción.
- ¿En serio me tengo que ir contigo, Lori? -rezongó el albino.
- Sí, a mí tampoco me agrada tanto la idea -se quejó Luan, quien por un momento no estaba haciendo bromas.
- Sí que es necesario -explicó por enésima vez la señora Loud- Tanto tú como Lincoln son los que causan menos desastres en la casa, y se llevan lo suficientemente bien como para no pelearse tanto. Además, así podrán ayudar a su hermana en su nueva casa. Estaba pensando que tal vez fuera buena idea que Lucy fuera también, pero por sus costumbres, quién sabe donde se metería con sus actividades. Es indispensable que Lori sepa donde están para que los cuide y ustedes la cuiden a ella.
En realidad esa nueva casa no era mucho mayor que un apartamento, pero Lori esperaba que Bobby por fin la apoyara y se fuera a vivir con él. Por el momento vivirían en una "casita", donde podrían acostumbrarse y hacer lo necesario antes de cualquier cambio.
Tanto Lincoln como Luan se sintieron tristes. Dejar la casa en la que siempre habían vivido era duro. Sin embargo, después de que Lori sacara sobresalientes en todas sus materias, se graduara, todos la festejaran, le ofrecieran ese departamento y aceptara, además de las necesidades y argumentos que tenía su madre en ese caso; poco podían hacer para rehusarse.
Aún así, a nadie le hacía mucha gracia su partida. Era cierto que muchas de las hermanas pensaban en cómo le harían con sus actividades y diversiones una vez que Lincoln se fuera, pero en realidad lo querían por como era, y no solo por las cosas que él hacía por ellas.
Sin embargo, era momento de partir. Mientras la señora Loud metía las maletas en la cajuela del nuevo coche de Lori, todos se estaban despidiendo de Lori, Luan y Lincoln. Hubo lágrimas, abrazos, besos y por supuesto, muchas palabras de consuelo.
Leni y Luna eran de las más afectadas, pues se sentirían muy solas sin su compañera de cuarto. Nadie entendía muy bien la necesidad de que Luan y Lincoln tuvieran que irse también, pero su madre las convencía de lo indispensable que era.
- ¿Podremos visitarlos? -preguntó tímidamente Leni.
- Claro, Leni. Mientras más veces mejor -la alegró Lori, abrazando fuertemente a su hermana más cercana.
- Cuida esto por mí, hermana -dijo Luna, dándole a Luan una foto de ambas saltando en un pasado fin de año.
Luan casi lloró. Quiso hacerse la fuerte con Luna, pero no pudo contener el llanto. Ambas hermanas se abrazaron con fuerza. Las demás hermanas se acercaron al abrazo de sus hermanas, dejando a Lincoln de lado. A este solo le dieron un cepillo de dientes extra, con lo que se sintió completamente eclipsado y olvidado. Sin embargo, cuando se subieron al carro, entre toda su familia levantaron una pancarta, donde aparecía como todas abrazaban a Lincoln, en el centro de un amoroso abrazo familiar.
Lincoln no pudo contenerse. Salió del coche y abrazó a su familia. Pero como en cada momento de la vida, ésta no tiene compasión y continúa sin detenerse. Volvieron a subirse al auto, despidiéndose por la ventana trasera. Lori arrancó y comenzaron a irse. Mientras se alejaban lentamente de la casa, los hermanos voltearon a ver por última vez a su antigua casa y familia. Todos agitaban la mano en señal de despedida, gritando y lanzando besos. Luego doblaron la esquina y no los vieron más.
Lincoln y Luan se vieron, temerosos de iniciar esa nueva vida. Lori, conociendo a sus hermanos de memoria, les dijo:
- Chicos, les agradezco de todo corazón que me acompañen. Sinceramente no creo que haya podido hacer todo esto sola. Quiero que todo salga bien, y espero contar con su apoyo. Ustedes tendrán el mío, pase lo que pase. Los amo.
- Ay, Lori -se quejó Luan, divertida- ¿Por qué no decías más de esas cosas antes? Sonó taaaaan lindo.
- Tampoco te burles, Luan -le dijo Lori, aunque se rió un poco.
- Pues aquí vamos -se dijo Lincoln para sus adentros.
No sabía qué pasaría, pero estaba seguro de que todo saldría bien. Era doloroso separarse de su familia, de Clyde y de sus amigos, pero Ronnie Anne lo esperaba en su nueva escuela, y no todo eran desventajas. En su nueva escuela había más cosas que no había en la otra, no tendría que pasar problemas al ir a donde quisiera, tendría más libertad y tiempo libre. Simplemente estaba ansioso de ver todo. Además, incluso podía irse caminando a la escuela, sin temor a llegar tarde.
Con esas expectativas en mente, Lincoln se acomodó en su asiento, preparándose para un largo viaje.
