Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 15

Algo que no diría en voz alta era que esos ojos hacían cosas extrañas en sus entrañas. Y no cosas buenas. Sentía miedo, terror. La hacía sentir muy mal, así como también la hacía sentir furiosa. No sabía a quién debía despedazar hasta dejarlo irreconocible, no sabía quién rayos era el culpable de esto, no sabía ni siquiera la razón…

Cuando esos ojos se posaban en ella, le quitaba el aliento por unos segundos, olvidaba respirar. No eran amenazantes, si al menos tuvieran eso no le caería tan mal. Eran vacíos, carentes de emoción. Era como si viera a través de ella, como si ella no estuviera allí. O, más concretamente, como si él no tuviera alma. Como si no estuviera allí, como si no existiera.

Por más preciosos que fueran siendo de ese color tan poco natural, nada podía opacar lo vacío que eran. Tal y como ahora.

- "No hay nadie más, solo estamos tu y yo." – Trato de ignorar lo mejor posible el olor a sangre, los cuerpos en el suelo, la vista en general. Era imposible de hacer, al menos totalmente. – "No hay nadie más, todo está bien ahora, todo está bien…" – Odiaba que su cachorro no pudiera entender ni una palabra justo ahora. Si tan solo…

Ignoro lo mejor posible esa mirada vacía, a pesar de que duro solo unos segundos en ella antes de recorrer el lugar en, posiblemente, búsqueda de más humanos que no tenían buenas intenciones. Esta vez había visto de inicio a fin, esta vez había llegado a tiempo, aunque no fue a propósito. Ni siquiera sabía que pasaría hoy de todos los días. Gracias a esto sabía que su hijo no iniciaba la pelea, porque eso era lo que era: una pelea.

No sabía si era por territorio, por tomar el puesto de alfa, o por algún recurso. Cualquiera o todo era posible. En cualquier caso, era increíblemente injusto. ¿Tantos en contra de uno solo?, no era una pelea de alfas, era una cacería. No era una cacería por alimento, los humanos no se comían entre sí, y para ser una cacería… era muy poco refinada.

Como sea, el problema era que el objetivo era su cachorro. Un omega, un cuidador, no era un peleador. O eso había creído hace mucho. Aun no sabía exactamente qué demonios pasaba aquí, pero su hijo no era un omega. No con esto, no viéndolo destrozar a quienes merecían ser destrozados. Era perfectamente normal defenderse así mismo, pero su cachorro había sido más… determinado en acabar con sus oponentes de manera permanente. Si bien tal cosa era algo que aprobaba, no era algo que se esperara de su pequeño y menos de tal forma.

- "Todo está bien, acabaste con todos." – Volvió a caminar, de prisa, frotándose contra su cuerpo tan pronto lo alcanzo. – "¿Ves?, todo está bien ahora." – Desearía mucho poder ser entendida por su hijo por una vez.

Fue ignorada nuevamente, y aunque esto no la sorprendió, le dolió. Su aroma no decía mucho, similar a sus ojos. No sabía que podría estar pasando por su cabeza, no sabía que podría estar sintiendo. Nada. Eso no le gustaba, en lo más mínimo.

No le quedó más remedio que seguirlo, porque él no la escuchaba y la estaba mayormente ignorando. Tardo mucho más de lo que quisiera admitir darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, y no se refería a los pocos humanos que salieron despavoridos tan pronto vieron a su hijo. Algo muy, muy tonto en su humilde opinión. Su hijo no les haría nada, no sin motivo y más bien su hijo los estaba protegiendo. Era tonto huir de quien te estaba cuidando, pero los humanos eran sumamente tontos de por sí.

Su hijo estaba recorriendo su territorio, en busca de amenazas. Eso era lo que estaba ocurriendo. Omegas se centraban en lo que cuidaban, si acaso tenían la necesidad de asegurarse de que todo estuviera bien. Betas iban en grupos, mixtos o no, bajo las órdenes del líder del grupo, del alfa.

Y aquí estaba, siguiendo a quien había considerado como un omega por su forma de ser y su comportamiento, recorriendo su territorio, o parte del mismo, revisando con la vista que nada estuviera fuera de lugar. Sin pedir permiso, sin dudar, como si todo fuese suyo. Silencioso, mortal, como el perfecto cazador.

Tuvo la mala sorpresa de que no estaban tan solos como había creído, todo gracias a otro grupo de cuerpos uniéndose al suelo en poco tiempo, incapaces de escapar ante un cazador que era extremadamente diestro en pelear. Tal y como un lobo experimentado tratando con novatos. Solo que de forma permanente.

- "¿Tsu?" – Ya los había eliminado a todos, ¿no es así? – "¿Dulzura?" – Esta vez no se conformó solo con frotarse, se apoyó en sus patas traseras y subió lo más posible, garras anclándose a la ropa e ignorando la sangre que tendría que quitarse de encima después. – "¿Cachorrito?, mírame, no hay-

Un sonido no muy digno salió de ella sin permiso al verse apresada en un fuerte agarre antes de verlo venir. Tomando en cuenta que su hijo la había estado ignorando hasta ahora, no era de extrañar tal cosa.

La única razón por la cual su hijo no termino con "decoraciones" extras, fue porque no demoro nada en el percibir el cambio de aroma. El sonido, como si hiciera falta un comprobante, no tardo. Tampoco era necesaria la sensación húmeda de su pelaje de algo que no era sangre para saber que ocurría.

- "Supongo que no estás acostumbrado a tomar vidas, por más que sea natural de hacer en tu puesto…" – Esto lo dijo más para sí misma que para él, antes de solo suspirar y morderlo de la camisa para que se separara de ella.

Este no era un buen lugar para estar, mucho menos cuando su pequeño estaba afligido y mostraba una de esas peculiares características de los humanos.

- "¿Ves?, ¿no está mejor aquí?" – Pregunto solo para volver a jalarlo. No lo iba a soltar.

Aquí arriba las cosas eran más amenas. Aunque el olor de la sangre, de las vidas tomadas, aun podía sentirse, era leve. No se podía apreciar nada de ese desastre. Aquí solo estaban las aves, los insectos, el sol y la brisa. Era un ambiente acogedor, incluso si el lugar era incómodo.

Dejo a su cachorro desahogarse, sin decirle nada, solo se conformó con darle una lamida aquí y allá, haciéndolo reír, y atraerlo con sus patas. De todas las cosas que se esperó no fue que su cachorro fuera el alfa del lugar. Aun no era un adulto, así que solo podía preguntarse en donde estaba el alfa anterior, si es que había uno. Tampoco podía evitar preguntarse que había mal en todo este lugar.

No era normal ni aceptable el comportamiento tan apacible, tan sumiso, para un alfa. Comportarse como un omega cuando eras el alfa mayor… Había más que un par de cosas mal con eso. El comportamiento de los demás humanos dejaba mucho que desear.

Miro al ser apoyado en ella, dándose cuenta de que se había quedado dormido, los ojos rojos gracias al llanto.

Era más que una anomalía. Era más que un problema. Tenían aun alfa que aún no alcanzaba la adultez, actuaba como un omega la mayoría del tiempo, era muy agradable y poco autoritario, y por lo que acababa de ver era una verdadera fiera como todo buen protector debía ser cuando debía serlo.

Entonces, ¿por qué estos humanos huían del ser que los cuidaba, los protegía, y se aseguraba de su bienestar?

- "¿Por qué no buscas otra manada?" – Le pregunto a la figura dormida, muy confundida ante todos los hechos que se le habían sido presentados. – "¿Por qué sigues aquí, perdiendo tu tiempo con tantos ingratos?"

En cualquier otro lugar lo apreciarían mucho mejor que aquí, incluso si no era el alfa mayor. En especial porque era un alfa que se centraba en cuidar. Incluso si actuaba anormalmente, en otro lugar estaba segura de que eso no sería un problema.