Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 16

- "Ojalá tuviera esa energía…" - Murmuro para sí, sin moverse en lo absoluto, solo observando.

No había mucho que hacer, y su pequeño estaba jugando. Si no tuviera que tener un ojo en su pequeño, usaría este tiempo para dormir. O no, era divertido ver a su pequeño pasarla bien y tener uno que otro momento de sorpresa. Al menos no se había resbalado por andar corriendo tanto, aunque la última vez fue culpa de alguien más por asustar a su pequeño accidentalmente.

- ¡Espera que te atrape! - Bufo por lo bajo al oír esto. El renacuajo tendría más suerte tratando de vencerla a ella que atrapando a su cachorro.

Al menos su orgullo no había sido herido, suponía. Su pequeño no pensaba decirle la verdad, y ninguno de ellos podía ser entendido por el humano. De otra forma, estaba segura que el chico no estaría feliz de saber que su cachorro solo lo dejaba ganar cuando quería o se cansaba. Si se divertían no había problema, niños eran niños después de todo.

-... estar aquí. - ¿Huh?, esa voz no la conocía. ¿Visita?

Visitas no venían por aquí, casi nadie venia por aquí. No era la única que encontraba la nueva presencia extraña y tal vez fuera de lugar, porque justo a su lado Joker levanto la cabeza y se acercó lo más posible a la cerca. No solo Joker, Batman y compañía se movilizaron rápidamente, dejando atrás a un empleado que había estado a punto de perder más que su cartera.

- "No los reconozco." - Informo una presencia nueva, pero no desconocida.

- "¿En nada?" - Pregunto sin quitar la vista de los seres desconocidos, que llamaría intrusos por los momentos.

- "En lo absoluto." - Colmillos resoplo, caminando más cerca. Usualmente no salía mucho, pero cuando su pequeño estaba aquí le gustaba que estuvieran libres.

No hace falta decir que más de uno aprovechaba la ocasión para secuestrarlo un rato y bañar al pequeño de afecto. Entre otras cosas. En esta ocasión, si en verdad estos desconocidos eran unos intrusos, era una buena cosa que estuvieran libres. En cualquier momento saldría Joker, quien prefería no moverse tanto porque… bueno, aparte de su edad tenía problemas con sus piernas y prefería no moverse mucho. Eso no lo detendría de hacer destrozos si había que hacer destrozos…

- "Ya veo." - Se limitó a decir, levantándose y acercándose rápidamente. No se dejaría ver aun, no hacía falta amenazar y no iba a arruinar por completo el elemento sorpresa.

Nadie iba a lastimar o meterse con su pequeño en su presencia. Tendrían que hacerlo sobre su cadáver. No estaba feliz de que estos desconocidos estuvieran aquí, y no iba a estar feliz si seguían acercándose a su pequeño, eso era seguro.

Ah, una pareja. Un macho y una hembra. Interesante. ¿Qué diantres hacia una pareja humana desconocida allí?, ¿en dónde estaban los otros humanos que la mitad del tiempo eran unos inútiles?

-... despilfarro de dinero, estoy seguro de que no le dio el tiempo para venir a ver a todo este… - Muy bien, ahora más que segura de que no le agradaba el humano masculino. Como se atrevía a hablar mal de este lugar, del hogar de muchos… - zoológico.

"¿Acaba de llamarnos un zoológico?" - Siseo alguien más alto de lo que se quisiera, ofendido de muchas formas.

No era de extrañar por qué. Hasta ella misma sabía lo que era un zoológico. Su cachorrito había sido… un tanto idiota, pero uno con buenas intenciones así que nadie se lo había tomado a pecho. Zoológicos, diría más jaulas en donde los humanos iban a verlos y a divertirse a sus expensas. No era un hogar, era una prisión. Si, le daban comida y agua, pero por lo demás…

Esto no era un zoológico. Era mucho más grande, y si bien muchos estaban en jaulas, era por protección y para evitar que se comieran entre sí, y evitar malentendidos. Podían salir, les daban juguetes y cualquier cosa que pidieran. Los respetaban, los humanos no venían aquí para verlos por diversión. Quizás no era lo mejor, quizás no era igual a la vida en su lugar de nacimiento, pero era un lugar al que muchos podían considerar un hogar. No era una prisión, y la persona que había hecho este lugar una realidad lo hizo puramente por ellos…

- "¿Crees que Dulzura se moleste si espantamos a este infeliz?" - Era muy tentador…

- "Si no lo sabe no podrá sentirse mal." - Porque por más que intentaran explicar y por más que su cachorrito los pusiera de primero ante otros humanos, igual le afectaba. Probablemente era solo porque era un cachorrito, pero no lo creía. Su cachorrito siempre fue así, por alguna razón u otra.

Cualquier cosa se lo dejarían a Anzuelo, ningún humano quería volver luego de verse cara a cara con Anzuelo. Y ya que Anzuelo no hacía nada, y su pequeño no entendía como alguien podía asustarse de Anzuelo…

- No seas así querido. - El humano de antes era mayor, pero en buen estado físico. No estaba segura de que tan peligroso pudiera ser, pero dudaba que estuviera a la altura de lo que alguna vez fue su pequeño. Esta humana, por otro lado, solo compartía la aparente edad. De resto no tenía que indicar cuidado. - Es un tanto infantil que haya hecho esto, de seguro es porque no lo deje tener mascotas… - ¿Infantil?, ¿esto?, ¿cómo un lugar así podía ser infantil?, era un hogar. ¿Y a quien estaba llamando infantil exactamente…? - Aun no puedo creer que mi Tsu-kun se convirtiera en un éxito empresario… - Termino la dama con una sonrisa triste, como si dijera algo mas allá de la imaginación y al mismo tiempo lamentara algo.

"¿Acaba de decir Tsu-kun?", ese era… ese era…

- Si… - Un gruñido bajo cobro vida antes de poder verlo venir, indignación ante el tono condescendiente del humano.

Algunos humanos llamaban a su pequeño "Tsu-kun" por alguna razón. Natsu lo llamaba solo Tsu. No había oído a otra persona siendo llamada de tal forma, no en todo el tiempo que llevaba allí. Entonces, era altamente probable que estos humanos estuvieran refiriéndose a su pequeño, y no de buena manera.

Su hijo podía ser un idiota, pero era un buen cachorro y eso nadie se lo podía quitar. Además, solo ella podía insultarlo, solo ella. No iba a permitírselo a nadie, a absolutamente nadie. Los demás no estarían felices si en verdad estos humanos se referían a Dulzura, para nada felices. ¿En dónde estaban los demás humanos cuando hacían falta?, era todo un problema librarse de ellos y ahora que hacían falta no estaban.

Tendría que darles una lección más tarde.

-... más considerado, estos animales deberían estar en libertad. - Los lagartos con grandes mandíbulas no estaban para nada felices ante los humanos mirándolos desde arriba. La única forma de saberlo era por su quietud, y estaba casi segura que más que la forma en la que los miraban, era lo que decían estos humanos.

Ella estaba igual. Pero ahora que estaba lo suficientemente cerca como para solo necesitar unos segundos para tenerlos a su merced antes de que se dieran cuenta, tenía otro problema. Un problema que, lo quisiera o no, respondía algunas cosas y le daba más preguntas. Todas provenientes de hace mucho. Lo peor era que nada de esto hacia mejor las cosas, solo la molestaba más, mucho más.

Cuando había conocido a su pequeño, tenía sus dudas, estaba casi segura de que no tenía padres. Con el tiempo, había supuesto que en verdad no tenía. Erróneamente, si el olor de estos dos no mentía.

- "Que clase de padres tienes cachorrito…" - Murmuro para si con amargura, sin quitar la mirada de ambos humanos.

No tenían el olor familiar de su pequeño, pero si tenían similitudes. La primera no era necesaria, era solo una confirmación a lo que ya sabía desde que conoció a su pequeño por primera vez. No había contacto entre ellos. Ninguno tenía el olor del otro, el hijo no tenía parte de la esencia de sus padres sobre él y ellos no tenían el de su hijo, indicando falta de contacto entre los nombrados.

Recordaba con dolorosa claridad que no su pequeño no había tenido casi esencias de otros sobre él, que por todos los sentidos y propósitos su pequeño no tenía un grupo al que pertenecía. No realmente. Al menos, no bajo las reglas y conocimiento fuera de su especie. Eso, tristemente, en verdad no cambio por mucho tiempo…

Y aquí estaba, en presencia de los dos seres que habían traído a su pequeño al mundo, sin que tuvieran un ápice de la esencia de dicho pequeño encima. Solo sabía que eran sus padres por las similitudes. El humano masculino no se parecía casi en nada, al menos no visualmente, pero tenía aquel olor amargo que no sabía con qué compararlo y también tenía el olor picoso que había asociado con veneno, a falta de una comparación mejor.

Su pequeño tenía un leve olor amargo que usualmente no reconocía si no prestaba atención, o surgía cuando se molestaba. Jamás al nivel de este humano adulto, ni siquiera a la mitad de la potencia. La similitud era suficiente, por más leve que sea. Si no era el padre, tenía que ser un pariente cercano.

El otro humano… ese era otro tema. Visualmente, si lo comparaba con los primeros años con su pequeño, se parecían mucho. La figura, venia de su madre al igual que el tono de piel. Si su hijo hubiera sido una niña, de seguro hubiera lucido muy similar, quizás casi idéntica, a su madre. De por sí, la altura no era tan diferente. Su hijo fue solo casi una cabeza más alto, pero por lo que había visto en los humanos los machos tendían a ser más altos y con menos curvas.

En cierto modo, su hijo tuvo una figura femenina. Delgado, de aspecto delicado, no muy alto y casi sin músculos en comparación con otros humanos masculinos. No fue rudo, o intento lucirse como muchos tendían a hacer en busca de pareja. Aparte de eso, la elegancia, ¿en dónde podía dejarla?, no era típico de otros humanos masculinos.

Eso no quería decir que fue frágil, o tenía un comportamiento anormal dado su género. No es que fuera una experta en el tema, pero entre sus compañeros toda esa imagen equivalía a un cazador mortífero y fuera de eso un ser tranquilo que no le veía sentido pelear ni lucirse sin razón. Inteligente. Los humanos no valoraban mucho eso, por lo poco que había visto.

En fin, madre e hijo se parecían mucho físicamente. Solo con eso podía verse que estaban relacionados sin decir nada. Los olores no eran muy distintos, pero eran menos de lo que hubiera esperado dado la similitud física que había/hubo entre ambos. Podría empezar con el hecho de que ambos no poseían una esencia como tal fuerte, pero había una diferencia notoria igualmente. La esencia de la humana era mucho más débil que la de su hizo, tenue, y aun con la de su pareja.

La esencia de su hijo no era fuerte, podía pasar desapercibido entre otros la mayor parte del tiempo. Para ella eso era como un reflejo a la personalidad de su pequeño. Si se enfocaba, si la reconocía, o si la tenía una muestra de la esencia no tendría problemas en dar con él. Lo suficientemente suave como para ser pasado por alto, pero lo suficientemente estable y fuerte como para no ser confundido u opacado por otro.

Eso siempre y cuando no tuviera emociones fuertes, como miedo o furia. Allí, esa esencia se mezclaba con los otros olores que señalaban el cambio y allí ya no podía ser pasado por alto, aunque se deseara. Era una de las causas por las que casi siempre todos sabían cuando su pequeño venía a verlos, más feliz no podía estar en esos momentos.

Los otros dos olores similares eran más suaves toques a la principal que otra cosa. La que casi siempre su pequeño emitía con su aroma natural, la que era apacible, dulce, que invitaba la compañía. Y aquella que aparecía cuando su pequeño quería hacer sentir bien a alguien, darle seguridad, y se manifestaba como el olor de la lluvia en primavera: suave, tranquilo, apacible, y aromático de diferentes formas como las flores en dicha estación.

En la humana, la primera se sentía falsa, mucho más dulce al punto de ser empalagoso. Era increíblemente más intenso, mucho más que su hijo. La segunda no era muy diferente, no se sentía del todo natural o cierto. Era algo amargo, algo fuerte, como si las flores estuvieran marchitándose. No había olor a lluvia.

Finalmente, entre ambos humanos, no sabía a cuál debería llamar peligroso. El humano masculino diría que era un alfa, uno retirado, y era peligroso físicamente. Era fuerte. Su pareja la pondría como un beta, porque no podía imaginarla como un omega cuando no cuido a su pequeño debidamente. Los omegas eran un caso especial con las crías, así que no podía imaginarla como uno cuando su hijo…

La falta de olores, de indicadores, que indicaran más emociones que leve curiosidad y tristeza no le daban buena señal. Por eso no sabía si debía considerarla un peligro o no. Sin importar la categoría, alfa, beta u omega, el peligro que podría representar un ser era el mismo. ¿Qué debía pensar de padres que no se molestaron en cuidar debidamente de su cría?

Tsunayoshi apenas pasaba como un joven adulto cuando lo conoció, y no tenía sus esencias encima. Casi ninguna, lo cual lo hacía peor. ¿Qué clase de padres eran estos?, y mira que aparecer ahora, luego de tanto tiempo…

Miro de reojo a los cocodrilos, y ellos no se habían movido. Joker estaba justo a su lado, mostrando los dientes y su vista en ambos humanos. No tuvo que mirar muy lejos para dar con los otros cazadores, escondidos y esperando, sin perder la vista de sus presas. Huh, no era la única que había atado cabos sueltos, ¿no es así?

- ¡Cuando te atrape no te me volverás a escapar Chaparrin! - Ante el grito de molestia y emoción movió la vista, recordando tardíamente la presencia de su pequeño.

Era demasiado tarde para ocultar su presencia de ambos humanos, en especial con esas risas. En otro momento oír tales risas alegres y las pisadas rápidas de su cachorro al correr solo la hubieran relajado, sabiendo que su pequeño se estaba divirtiendo y pasándola bien. Ahora era completamente diferente.

- ¡Vaya! - La exclamación de sorpresa de la humana no ayudo a sus nervios, mucho menos la sonrisa ni que el otro humano quedara quieto mirando a su pequeño.

Lo que más le preocupo fue el cambio y no cambio de emociones, de olores, en ambos humanos. Uno cambio a sorpresa, alegría, y creciente furia. El otro no tuvo más que un leve cambio, y era solo grata sorpresa. La segunda le daba mucho más temor que la primera, aunque no lo admitiría.

La madre era como aquellas presas que, por todas las apariencias, eran fáciles de atrapar mas no querías hacerlo. Las mismas presas que no temían a los depredadores, como si les diera igual. Presas que tenían problemas en la cabeza o estaban enfermas. Por esta razón era que ningún cazador inteligente quería cazarlos.

La humana tenía problemas, de que clase o forma no le importaba en lo más mínimo. Podría ser nuevo, podría ser viejo, no importaba. No era buena cosa, en especial cuando lo único que parecía sentir ante la presencia de su pequeño, tan similar a lo que alguna vez fue, era solo un poco de sorpresa. Hasta completos extraños tenían más emoción que ella al ver a su pequeño por primera vez.

El padre era un alfa retirado que no había aceptado tal cosa, un alfa posiblemente revocado. ¿Como lo sabía o por qué lo decía?

- Niño. Aquí. AHORA. - Era una intimidante orden con furia apenas contenida.

El humano estaba alegra por la sorpresa, pero no estaba feliz de haberse enterado así. No debía de haber sabido nada, y sea quien sea que tomo esa decisión de ocultárselos tenía su aprobación. Ignorante o sin importarle que había aterrorizado a un cachorrito a muerte con tal orden y tal forma de darla, pidiendo obediencia de un miembro de la manada a su superior…

- "No es miembro de su manada." - Murmuro Joker casi rechinando los dientes, listo para tirar todo al viento y atacar al infeliz.

- "No." - Esto podría considerarse una declaración de guerra. - "No lo es." - Su pequeño era solo un niño, una cría, de una manada ajena a este humano. No tenía derecho a nada sobre el pequeño. Solo acercarse sin permiso, en especial sin la presencia de otro miembro de la manada del pequeño equivalía a ser atacado a muerte.

Nadie se metía con las crías de nadie, no sin buscar una respuesta diferente. Después de todo, muchos buscaban lastimar, matar, o comerse a las crías cuando se acercaban así. Las crías no podían protegerse a sí mismas, mucho menos ante depredadores mucho más fuertes y con más experiencia que ellos. Y esta era justo tal situación.

- Cariño, no seas así, lo estas asustando. - "Y lo dices como si nada, sonriendo, y sin preocuparte." - Hey pequeño, ¿cómo te llamas?, somos familia de tu papa así que no tengas miedo. - "Lo dudo muchísimo…"

- "¿Reborn?" - ¿Desde cuándo le pedían permiso para algo?

- ¡Chaparrin! - Hiro se detuvo a unos segundos de atrapar a su pequeño en un abrazo de eso. Esa era la mejor forma que había conseguido para que su pequeño no quisiera escaparse. - ¿Ustedes son…? - Manos de inmediato a los bolsillos, por no hablar de colocarse delante de su pequeño.

Un mal movimiento, una mala respuesta, y algo estallaría. No es como si esos dos encontraran la situación amenazante, eso era seguro…

- Ah, el mocoso del vicepresidente… - Esto iba a terminar en una pelea… iba a morderlo en donde más le dolía solo para empezar. - Gokudera Hiro, ¿me equivoco?

- Ya, ya, no los asustes. - "El que alguien supiera quién eres de buenas a primeras… por supuesto que va a asustarse. ¿Quién no lo haría?" - Somos los Sawada, tu padre era buen amigo de mi hijo. - En este punto, Hiro había quedado como piedra, su pequeño aferrándose a Hiro con más fuerza. - No sabíamos que teníamos un nieto, así que si nos permites-

- ¡No! - Hiro negó inmediatamente con la cabeza. - No sin los demás. - Agrego casi inmediatamente, temiendo un problema mayor.

- Ese es nuestro nieto, creo que tenemos derecho a conocerlo. - Lo que no se dijo más se implicó: "con o sin el permiso de nadie."

Y este tenía que ser cuando no había más humanos cerca. Increíble. Al humano no le importaba las posibles consecuencias de espantar a su nieto, y la pareja… ¿acaso estaba ciega o en verdad no le importaba…?

Hiro no necesito atacar, al menos no de primero. Antes de que lo vieran venir, sangre estaba en su mandíbula, insultos volaron, y aprendió de primera mano porque sentía que este humano era peligroso.

- ¡Reborn! - El llamado de su cachorrito detuvo las cosas por unos segundos. El tiempo suficiente para poder levantarse y esconder a su pequeño detrás de ella y gruñirles a los humanos.

Joker y los demás cazadores no demoraron en unirse, protegiendo al otro niño gracias al cielo, y conteniéndose a duras penas de saltarle a los intrusos. Debía ser por como el humano la derribo con solo un golpe, sin perturbarse por la mordida. Era peligroso, muy peligroso.

Ojos naranjas vacíos de casi toda emoción, piel pálida cubierta de una sustancia roja oscura escurriendo por la misma sin prisas, silencio opresivo, y cuerpos arrojados por doquier que no tenían movimiento alguno pasaron por su mente en un flash.

Este humano no era ni la mitad de peligroso que eso, a pesar de que fura mucho más grande e intimidante. Sin poder evitarlo bufo con fuerza.

- "¿Reborn?" - Susurro alguien, incrédulo.

- "No es ni la mitad de peligroso que Dulzura." - Explico con simpleza, intentando que no se mostrara el orgullo, la soberbia, y la ira y la tristeza que tal recuerdo le traía.

Estos humanos no merecían estar aquí, no luego de permitir la existencia de tales ojos muertos, vacíos... Estaba casi segura que no lo sabían, y si acaso lo hacían no les importaba. Ni les importaría.

- "No te preocupes, mamá está aquí." - Busco consolar al pequeño que no quería soltarla, su agarre demasiado apretado para ser cómodo o indoloro.

Estaba asustado, confundido, y molesto. Podía trabajar con eso, su pequeño no se apartaría de su lado y tan pronto viniera alguien, su hijo armaría un alboroto. Siempre lo hacía, ya sea de forma linda y pacífica, con lágrimas y ruegos cuando estaba abrumado, o con una magnifica amenaza tierna que era una promesa.

- "Colmillos." - Era uno de los pocos que no podrían remover así no más. - "Inmovilícenlo." - Ordeno a los lagartos que habían venido silenciosamente con ánimos horribles de lastimar a alguien.

Colmillos lo que en verdad necesitaba hacer era interponerse y hacer ruido. Solo había que hacer tiempo. Los otros humanos vendrían. Si las cosas se ponían muy feas, había varios que tenían veneno a su disposición. Estos no eran humanos comunes, por desgracia.

- ¿Qué demonios creen que están haciendo? - Finalmente, finalmente.

- "Llegas tarde bueno para nada." - Comento irritada, y no fue la única en quejarse.

- "Lo lamentamos chicos, tomo rato encontrarlos." - Se disculpo la familia de mapaches, junto con un leopardo, todos casi echando humo por las orejas.

- Tratando de conocer a nuestro nieto. - "Nieto no es. Hijo mucho menos infelices." - No sé qué clase de tontería estuvo pensando mi Tsunafish, pero estas bestias tienen que irse-

- No se van a ir. - Sentencio el humano vestido de negro que parecía querer matar todo lo que se moviera. - Y no te estarían molestando si no hubieras molestado a Tsu. - Esto fue dicho rechinando los dientes.

- No hicimos nada. - "¿No?, puff." - Nunca entenderé la estupidez de mi hijo haciendo un zoológico de todas las-

- Es una reserva. - Estallo otro de los recién llegados. - Todos estos animales vienen siendo guardianes de tu hijo, papanatas. - Hubo una maldición dicha en voz baja, algo acerca de idiotas sin remedio. - Molestas a su dueño, te atacaran, así de simple. - Y para variar:

- Miren el desastre que han hecho, lo hicieron llorar miserables basuras. - "Incluso el vino. Si el alfa está aquí…"

Definitivamente estos dos eran intrusos. No había error en eso.

- El hecho de que sean familiares del ultimo jefe y asociado de Vongola no quiere decir que se deba abusar de la confianza. Este sector está prohibido, ¿o acaso ni siquiera saben leer? - El señor de la espada no grito. Eso solo significaba que estaba hirviendo en furia. Bien.

Se despreocupo de los humanos, dando toda su atención a su pequeño. Llorando a mares, llamas naranjas por doquier, muy diferentes a las que había visto hace tanto. Aquellas llamas habían sido tranquilas, serenas, mientras que estas prácticamente eran chispas de lo intranquilas que eran. Suponía que era normal, su pequeño estaba asustado, y estaba llorando a mares. Nada calmado.

- "Ssshhh, todo está bien ahora, ssshhhh…" - Murmuro contra su pelaje. Bueno, lo único que en verdad tenían los humanos de pelaje. Le dio un par de lamidas, intentando alegrarlo, pero solo saco unas leves risas y su nombre. O el nombre que su hijo le había dado, específicamente.

- ¿Vas a ignorarlo? - "¿Y ahora por qué tan furioso infeliz?, mi hijo es mi hijo y de nadie más."

No compartía. Y menos lo haría con seres miserables como estos que no podían cuidar a una simple cría.

- No es a mí a quien llama. - El humano de negro sonrió socarronamente, acomodando su sombrero y pasando a algo mucho más importante: - Tsu, mírame. - Era como un giro de 180 grados.

Tomo un poco más de persuasión, pero su pequeño alzo la vista al único humano digno de permitirle cuidar a su pequeño de vez en cuando en su lugar. Era el único que al menos hacia algo bien. Y era a quien su pequeño llamaba papa. Nada de eso cambiaria que, si un rasguño llegaba a aparecer en su pequeño por culpa de este humano, nada la detendría que desaparecerlo de la existencia.

- Reborn está bien, un poco golpeada, pero nada que no pueda sanar en un momento, ¿ves? - Eso en verdad no le importaba. Su pequeño era mucho más importante, y cualquier ayuda para que dejara de llorar y se calmara…

- ¡Hirieron a Reborn! - Pero a cambio había dejado la perfecta marca de sus colmillos y sus garras. Esas heridas tardarían en sanar y dolerían hasta decir basta. - ¡A Joker también!, y Mordisquitos y a… - Los nombro uno a uno, volviendo a llorar a lagrima viva.

- "Awww Dulzura…" - Se derritieron unos cuantos. Esa era una de las habilidades innatas de su pequeño, derretir a otros sin proponérselo. - "Estamos bien, todos estamos bien, no tienes por qué preocuparte…" - Era una verdadera lástima que su pequeño no los pudiera entender. Una verdadera lástima.

- Tienes suerte de que Natsu este tomando la siesta en su habitación. - Comento como quien no quiere la cosa el humano que ahora estaba emitiendo un brillo amarillo en sus manos, calmado todos sus dolores de forma mágica. Ese era una de las pocas cosas buenas que dicho humano ofrecía. Cuando quería, el ingrato infeliz. - Mira, como nueva.

- "Mamá está bien, ya nada va a pasar…" - Pues luego de eso no tomo mucho calmar las lágrimas, aunque no por completo.

La pelea de los otros humanos lo hacía imposible. Su hijo odiaba las peleas, los gritos, y eso era justo lo que pasaba…

- Iemitsu, Nana. - El ser que compartía su nombre llamo como quien no quiere la cosa, sonriendo como el gato que comió al canario y como si estuviera a punto de destripar a alguien. - El no dejo ningún descendiente, ni siquiera se buscó una novia. - Termino la oración casi con un ronroneo, uno oscuro.

Dio un par de segundos para dejar digerir esta información, dándoles la espalda solo para agregar:

- Podemos discutir todo lo que quieran, pero no será aquí. - Comenzando a andar, le siguió el paso inmediatamente. Nadie iba a apartarla de su hijo y mucho menos cuando la necesitaba. - El nombre de la pantera es Reborn, y es uno de los animales más amados por su hijo en vida… y este pequeño se aferró a ese nombre desde que tiene memoria. ¿Debo deletrearles lo que eso significa? - Ronroneo la pregunta, satisfacción y gratificación goteando de cada palabra.

- "Solo te quiso a ti." - Murmuro, cayendo en cuenta de lo que quiso decir este humano.

Sabía que su nombre nunca fue una coincidencia. Todas las comparaciones, todas las historias, más que se lo habían dicho los primeros meses de estar con su niño. No veía en que se parecía a este humano infeliz, no era ni la mitad de hermosa o inteligente que ella, pero al menos podía hacer algunas cosas bien. Tenía que darle eso.

Nunca hablo de sus padres, no realmente. Pero si de este humano. Este humano había sido escogido como la figura paternal de su hijo desde hace mucho, y aunque no le viera porque…

- "¿Este es el humano que admiras?, ¿el que mejor te trato?, ¿o el que estuvo allí para ti cuando tus padres no lo estuvieron?" - Por supuesto que no obtuvo más respuestas que leves caricias y que alguien no quisiera soltarla.

No era la mejor figura paterna, eso era seguro. Pero si este humano tenía algo, era que se aseguraba de cuidar del bienestar de su pequeño, estaba pendiente de él y lo amaba. Eso era muy importante.

Eso no quería decir que podía perdonar el que su pequeño hubiera estado solo por tanto tiempo, incluso desde mucho antes de conocerlo. No merecía esta oportunidad, no merecía que este niño corriera a sus brazos y le sonriera con tanta felicidad. Ninguno de los humanos, al menos los adultos.

Ella no era un reemplazo o sustituto de este ser.

- Me matara si se entera, pero no lo veré más nunca y de verdad te pareces a él… - Dulces manos rascaron detrás de sus orejas antes de bajar a su mentón y subir, su dueño agachándose para mirarla frente a frente. Ojos chocolate dando con amarillos. - Espero que sepas que eres mi reina, y el nombre que voy a darte pertenece a una de las personas más peligrosas en existencia, podrías decir que es tan peligroso que solo susurrar su nombre podría matarte… - Susurro con triste melancolía, sonriendo amablemente, con complicidad. - Reborn, de ahora en adelante serás Reborn, mi Reborn.

- "Tsunayoshi es enteramente mío, idiota." - Y eso nada lo cambiaria.

Ella era quien había estado allí, quien había presenciado las lágrimas, los momentos en donde Tsunayoshi dejo de responder al mundo, la figura solitaria con ojos vacíos en medio de cadáveres de personas que solo querían lastimar dicha figura, de las horas solitarias y terriblemente silenciosas en una oficina haciendo lo mismo una y otra vez, de las pesadillas.

Ella era quien había sido la que intento convencer a Tsunayoshi de comer, de dormir, fallando al menos la mitad de las veces, quien se había quedado a su lado cuando gente salía corriendo fuera de su vista, temiendo por cosas estúpidas que jamás ocurrirían, y quien le recordaba que no estaba solo y le ofrecía lo que a nadie más le permitiría: su pelaje, ya sea para llorar o tocar.

Ella era quien había sido la que estuvo allí durante todo eso, cuando nadie más estuvo. Y eso era algo que nadie podría quitarle. Nadie.

Ella era la reina. Lo que pidiera, lo que ordenara se cumpliría. Eso era algo que Tsunayoshi no había olvidado, y dudaba que lo hiciera.