Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Behind Golden Eyes

Capítulo 17

-... esperar que haga algo diferente. - Termino de explicar el hombre de pelo gris, tratando de no demostrar lo molesto que estaba.

Y fallando épicamente.

- Hmmm… - Su cachorro ni siquiera levanto la mirada de lo que sea que estuviera viendo en esos papeles, rascando detrás de sus orejas con su mano libre.

La sonrisa forzada que estaba a medio camino de derrumbarse y los puños apretados era todo lo necesario para saber que el humano estaba tratando de esconder lo que en verdad sentía sobre lo que estaba informando. Su hijo, por otro lado… no lo estaba intentando.

- ¿Tsunayoshi-sama? - El silencio y la actitud de "no pasa nada" de parte de su hijo afectaba más al otro humano que a ella. Vaya.

En lugar de responder, su hijo solo paso la hoja, ignorando su presencia. Levanto la vista, dedos hundiéndose entre el pelaje de su cuello, dando con ojos muy fríos y para nada amigables. No entendía cuál era el problema, la verdad.

- "Eres el alfa, solo expúlsalos." - Le informo algo que era demasiado obvio.

Padres, ¿siquiera podían ser considerados tal cosa cuando su hijo los veía rara vez?, ¿y en ninguna estaba en verdad feliz de verlos?, solo a su madre y no del todo. Su pequeño rara vez hablaba de ellos, y cada vez que se los nombraban pasaba esto. Si no quería verlos, no tenía por qué hacerlo. Era el alfa, el jefe. Nadie podía obligarlo.

- ¿Quién les informo? - La pregunta fue engañosamente tranquila, tal y como estar a un paso del abismo. - ¿Hayato-kun? - Incentivo al no obtener respuesta los primeros segundos, finalmente levantando la vista de esos papeles para dar con el humano que había venido a informar.

- "Sabes que no los quiere aquí." - Recordó como si tratara con un cachorro pequeño algo tonto. - "Te estarías ahorrando esto si fueras un chico listo y hubieras hecho lo que cualquier ser con medio cerebro haría: echarlos." - Solo un idiota traería noticias que sabía que su alfa no apreciaría teniendo la oportunidad de corregirlo y evitar tal situación.

- No estoy seguro. - Mala respuesta.

- ¿No estás seguro? - El tono paso de ser amigable a uno peligroso, uno que encendía varias alarmas.

- No. - Al menos este humano era lo suficientemente valiente como para no correr y mantener la mirada con su alfa. No muchos eran capaces de ello, por alguna razón. Su hijo era el alfa más amable y apacible que hubiera conocido, era más como un omega que un alfa, a primera vista.

- ¿Muku-

- Están trabajando en eso, deberían de dar con un nombre antes del final del día. - Su cachorro sonrió en esto, ambas manos posándose en ella ahora. - ¿Que desea que se haga mientras tanto?

- "Si es como los últimos años, solo complacerlos." - Por más que no quisiera verlos, y eso incluía que lo vieran, lo tocaran y le dijeran cosas que no quería oír.

Aún estaba furiosa con él por dejar que su padre criticara su forma de liderar y que de paso dicho humano tuviera las agallas de aconsejarlo. No sabía si eso era normal o no entre humanos, un comportamiento aceptable, pero entre ellos era una grave falta de respeto y usualmente terminaba en una pelea de dominio.

Ahora que lo pensaba, su hijo terminaba en muchas situaciones que ameritaban una de esas peleas. No lo hacía, no a las primeras provocaciones. Cuando daba las señales de una pelea próxima, se acababa el problema. Otro simplemente saltaría a la pelea directamente, en lugar de dar advertencias y comenzar a recordar quién diablos era el alfa.

- "Definitivamente eres de esos que se ven inofensivos, muy lindos de ver, pero no quieres conocer." - Le informo a su hijo, quien solo le sonrió y le jalo las orejas en juego. - "Nadie sabe lo peligroso que eres y ese es tu truco." - Por supuesto que no obtuvo respuesta, por supuesto que no.

- Anda preciosa, estoy seguro que no querrás acompañarme hoy. - ¿Y por qué no lo haría? - Mas vale que haya nombres al final de esto. Es un evento privado, no se supone que nadie fuera de Vongola lo sepa. - Y allí estaba, la muestra de colmillos y garras que todo cazador utilizaba para asegurarse de que el mensaje fuera bien recibido.

Los humanos quizás no tuvieran garras o colmillos, o nada útil para defenderse o atacar en realidad. Pero eso no quería decir que no compartieran esta clase de comportamientos. Eran raros, pero no inentendibles. Y el otro humano presente, uno que era más sencillo de entender que su cachorro por ser un cazador como ella y los demás, entendió perfectamente.

- Por supuesto, Tsunayoshi-sama. - La retirada táctica no fue disimulada en lo absoluto.

Ese humano no jugaba con su presa, atacaba e iba directo al cuello como cualquier cazador respetable. Había varios tipos, cada uno con su técnica, pero seguían siendo todos cazadores, depredadores. Ese era el humano más similar a su clase. Al menos entre los humanos que más se la pasaban cerca de su hijo. El mejor cazador como ellos era el humano vestido de negro, y de eso cualquiera podía darse cuenta casi inmediatamente.

El más raro era el humano que estaba debajo de ella, jugando con su pelaje en silencio. El más raro, porque por más que miraran no pensarían en él como un cazador. Pensarían que era una presa, probablemente como uno de estos seres grandes con astas en la cabeza. Elegantes, rápidos, pero despistados. Peligrosos rara vez, y era por defensa personal.

Ni Joker tenía idea. Ni siquiera Teddy sabia, y Teddy comía casi cualquier cosa, en especial miel y salmón. Era altamente irónico, porque más que la curiosidad era buscar una comparativa con que enseñarlo y tener una idea más clara de cómo entender su comportamiento. No ayudaba que no había visto otro humano como el, no realmente.

Completamente inofensivo a primera vista. Un completo engaño, Tsunayoshi no era inofensivo en lo más mínimo. Físicamente no tenía nada que lo hiciera ver peligroso. Sin garras, sin colmillos, bajo comparado con otros humanos de su mismo sexo, delgado y de aspecto débil. Una presa. Solo que no era una.

No iba al cuello, no iba a ningún lugar específico como un cazador haría, no generalmente. Hasta el tipo que decía que mordería todo hasta la muerte, y no usaba los dientes en lo absoluto, tenía sus partes preferidas para atacar. Tenía un patrón. Tsunayoshi no.

La verdad, con su hijo la víctima no sabría que estaba en peligro hasta que su hijo lo quisiera. Cuando se viera, la victima ya habría salido lastimada y puede que ni se enterara. Tal y como estos seres coloridos, hermosos de ver, pero que solo los tontos se acercaban a ellos.

Una mordida, a veces solo un simple toque. Y los días estaban contados. Así era su hijo. El problema era que, a diferencia de estos seres…

- Te vas aburrir, y sabes que mis padres no van ahorrarse los comentarios irrespetuosos contigo mi reina. - Bufo por lo bajo, sin molestarse en bajarse. No iba a dejarlo solo con gente que lo irrespetaba. Su hijo era el alfa de la manada, tenían que respetar eso por encima de la sangre.

Tsunayoshi no era colorido, o al menos no lo mostraba hasta que así lo quisiera, al igual que mostraba el peligro que era cuando así lo quisiera. Usualmente, esto sucedía como advertencia, y no pasaba nada. Pero no siempre.

- Realmente no quería verlos… - Se lamento su hijo, irritado por tal hecho.

- "Aun no sé por qué no simplemente los echas." - Era una de las múltiples cosas que no entendía de su hijo. No ayudaba que su hijo no podía entenderla.

Su hijo era demasiado dulce, demasiado amable, así que rara vez lo veía demostrar el peligro que en verdad era. Rara vez lo veía dejar múltiples cuerpos en el suelo, inmóviles, sangre en diversos lugares. Rara vez lo veía intimidar y asustar a alguien al punto de hacerlos correr con la cola entre las piernas. Rara vez lo veía acabar con el problema con simples movimientos que denotaban más aburrimiento que otra cosa, dejando un cadáver a su paso que luego lanzaría por la ventana o ignoraría por completo.

Lo que si era usual era ver a los humanos que más se la pasaban con el reconocer las mínimas señales y tensarse, para luego buscar calmar a su alfa antes de que su mira pasara a ellos. No por miedo realmente, ninguno le tenía miedo. Solo un par le gustaba pelear con él, pero no en esas condiciones. No podía entender muy bien las razones, pero creía que era más por respeto o por darle malas señales a su alfa.

Tsunayoshi era algo emocional, sensible en ese aspecto. Como una presa. Había tantos de ellos, Tsunayoshi había traído y seguía trayendo otros animales, pero ninguno se parecía mucho a él.

- Espero que no me salgan con ninguna estupidez hoy, se supone que solo era una reunión para celebrar los últimos proyectos logrados… - Lo jalo de la manga, asegurándose de no rasgar la tela por una vez. Que luego no dijera que era desconsiderada.

Y no contaba al idiota de Natsu. Nadie contaba al idiota de Natsu. Eso de "lo conozco mejor que nadie, tengo sus flamas, somos muy similares" eran solo pamplinas.

Un león, porque aparentemente ese era el nombre de esa especie según los humanos, era un cazador como ella. Natsu podría ser un perezoso que prefería no cazar y realmente no necesitaba hacerlo porque podía consumir las llamas de su hijo como un parásito, pero no se parecía a su hijo en nada más que la forma de ser juguetón. Nada más.

Natsu era tan peligroso como lo era ella, y se volvía aún más peligroso cuando entraba en lo no-natural y su hijo lo utilizaba, pero no por sí mismo. Natsu era un compañero, uno de caza, el que cubría la espalda de su hijo. Pero no era un león cazando con otro, como Natsu daba a entender. Sea cual fuera el animal que más se parecía a su hijo sin duda alguna no era Natsu.

Quizás alguna vez, pero ya no. Y lo peor del caso, porque esa en verdad era su preocupación y no estaba sola en ello, era que lo aprendió por sí solo. Dudaba mucho que fuera exactamente enseñado. El idiota que iba por allí llamándose el tutor de su hijo no tenía ese estilo, sino uno como el de ella, solo mucho menos elegante y refinado. Y no había otro humano que hubiera visto que se pareciera.

Y había visto unos cuantos, algunos siendo como estos seres coloridos y venenosos que había mencionado antes. Ninguno como su hijo, lastimosamente. Esos humanos no eran los mejores seres, de paso. La mayoría no duraba mucho tiempo en el territorio de su hijo, por fortuna. Suponía que, para su hijo, notarlos era sencillo. Ahora, no sabría si esto era por la peculiar forma de ser de su hijo, o por experiencia. No sabría cual prefería, ninguna era bonita de considerar.

- Sabes, esperaba acabar con todo antes de las 7 e irme a la cama. - Levanto la vista y no fue sorprendida de dar con una expresión tan limpia como el tono de voz.

- "Aun puedes hacerlo mi pequeño idiota." - Murmuro para sí, conteniéndose de jalar su pantalón. Su cachorro no estaría feliz de que le arruinara lo que tenía encima luego de recibir tan mala noticia.

En un rato ya sería otro tema, al igual que en otro lugar. Sería una bonita distracción, por no hablar que no estaba demás afilar sus garras en cosas que no servían de mucho. Esa piel falsa, o pelaje o lo que fuera no ofrecía protección alguna. Solo tenía que levantar una pata, posarla sobre la misma, y extender sus garras. En segundos y bajo el más mínimo movimiento el material cedería más rápido que papel tocando agua.

- "Resaltan dolorosamente…" - Murmuro para sí, preguntándose como estaban tan tranquilos.

No era algo precisamente nuevo, y no era la primera vez que se preguntaba si acaso tenían algún problema de visión, o si acaso solo eran buenos ignorando cosas. No eran los únicos, por desgracia, pero generalmente había alguien que les daba una mala pasada. Esta pareja, desafortunadamente o afortunadamente, se veían exceptos de esto gracias a la misma persona que no los quería ver.

Igual, se le increíble que la pareja no notara que no eran bienvenidos. Solo para comenzar, en esta ocasión eran los únicos fuera de la temática de piel, pelaje, lo que sea, falso. Todos estaban de traje, de uniforme, formal. Si bien ambos estaban con buen aspecto y compartían lo serio de la temática, era obvio que no seguían las mismas reglas. Una que otra persona trataba con ellos, más por obligación que otra cosa. La mayoría prefería mantener su distancia y eso no era nada nuevo.

- "Todos se dan cuentan…" - No completo la frase, observando por el rabillo del ojo a su pequeño hacer un pequeño desvió para tomar un vaso con un líquido amarillento. Iba a usar esa táctica otra vez, ¿no es así? - "Supongo que de ellos es que sagas esa negación absoluta cuando no quieres lidiar con algo, ¿eh bebé?"

- Se amable, Reborn. - Gruño ante esto, pero no respondió. La sonrisa engreída de su pequeño solo duro unos segundos.

- "Agradezco que solo la uses en pequeñas dosis…" - Y mayormente por salud mental, suponía. De otra forma ya hubiera ejecutado al tipo con olor a uva, sangre y ceniza encima. Al igual que el señor que no podía dejar pasar una oportunidad para apalear gente. O al idiota que…

En realidad, a media existencia en todo su territorio. Mínimo.

- "Tsunayoshi." - Llamo, sin ánimo de juegos. - "No vas a llorar a puerta cerrada otra vez por estos infelices, ¿verdad?" - No era una respuesta, ni siquiera una conducta apropiada, que debiera de dar. Así fuera privada.

A pesar de que su hijo no podía entenderla, la mitad del tiempo estaba segura de que, de alguna forma u otra, Tsunayoshi la entendía a la perfección.

- Quien sabe… - Lo suficientemente bajo como para no ser oído por nadie más, evasión de la mirada, y un gran trago de esa sustancia.

Odiaba esta táctica. La mitad era para drogarse, para "relajarse", y la otra mitad era para tener la excusa para no hablar o responder inmediatamente. Ah, y tener la excusa de ir por otra. A lo mucho hablaría 15 minutos antes de irse, desaparecer por un buen rato. Si es posible, no volver nunca más.

No sabría mucho de humanos, no sabría mucho de la historia detrás de su hijo y quienes lo trajeron al mundo, pero estaba completamente segura de que todos los que tuvieran ojos sabían lo que pasaba aquí. Lo quisieran o no ya era otro tema.

Todos menos, claro, los padres que no deberían de estar aquí, y el alfa que muy probablemente estaba ignorando que nadie sabía que tanto quería que sus padres no estuvieran allí. ¿Por qué otra cosa mantendrían la distancia?, ¿por qué otra cosa evitaban nombrarle, preguntarle, lo más mínimo del tema a su alfa?, ¿incluso quienes no habían sufrido la ira como el idiota de pelo gris o los otros que Vivian visitando a su hijo, trabajo o no?

Los humanos eran sumamente raros. Cualquiera pensaría que resolverían estas problemáticas con peleas de dominancia, buscando el cuello para matar, o largándose. Esas eran las respuestas más simples y típicas… pero no para los humanos aparentemente.

-... con esa mascota. - No se molestó en hacer nada más que sentarse y darles su completa expresión de desinterés en su existencia.

No había dicho absolutamente nada, no había siquiera interrumpido, en el abrazo de la mujer que olía raro aun ahora, ni en los saludos algo tensos. La cosa era mayormente con el padre. Al principio había creído que era algo relacionado con el hecho de que muy posiblemente el padre fuera el anterior alfa o hubiera sido una presencia pesada para su hijo durante su crecimiento… si no estuviera casi segura de que ese humano estuvo lejos en gran parte de su descendencia.

- "Habla el idiota que no estuvo allí para su cría y ahora desea la atención que nunca dio." - Era una burla, una verdadera burla.

Fue ignorada, obviamente. Menos por su hijo, quien palmeo su cabeza sin dar más indicativo de haberla escuchado, sin mover la mirada de sus padres. Si no supiera mejor, diría que su hijo consideraba estos dos enemigos o intrusos.

-... circo! - "Vaya, que rápido."

- "¿Ni siquiera vas a preguntarle como esta?" - Le dijo al humano, para luego pasar a su pareja: - "¿Y tú permites eso?, aunque tampoco has preguntado…" - No era nada nuevo, y la verdad es que quería usar sus garras y dejar lindas decoraciones…

- Solo están aburridos. - Solo fue un vistazo rápido, uno que ella también dio.

- Aburridos. - Incredulidad pura.

- Todos están aquí, menos el personal de seguridad. - Cualquiera creería que su hijo solo estaba hablando del clima con ese tono de voz neutro y actitud pasiva. Ella sabía mejor, pero también sabía que estas personas no recibirían ni siquiera el susto de darse cuenta que su hijo no era una presa. - No tienen a quien molestar, y además-

- ¿Molestar? - Ladeo la cabeza un poco, solo para recordarle a su hijo que no estaba solo. - Tsunafish, esto no es ningún juego, un día de estos te vas a meter en un problema por creer que son inofensivos, o algo peor. - Su hijo odiaba con pasión ese sobrenombre. Y aun así el único indicador de que fue afectado fue que tomara un trago de su bebida.

No sabía cómo diantres su hijo le hacía para lucir como algo que no era, parafingir algo que no sentía, para ocultar lo que pensaba y sentía con algo completamente distinto.

- Tu padre tiene razón cariño, son animales salvajes. - No era la primera que se tocaba el tema. Al menos no estaban tocando algo más delicado, suponía. - Ni siquiera los tienes en jaulas, pensé que eras más considerado…

- "Oh no, no otra vez…" - Pero por más que le recordara, por más que pidiera… Tsunayoshi no haría nada más que actuar como el perfecto omega oyendo a sus superiores.

Tal cosa era destructiva en la manada, tal cosa era una señal de debilidad-

- En lugar de tener aquí, deberías de haberlos dejado libres, donde pertenecen. - "Tomando en cuenta que la elección de todos fue quedarse a como dé lugar y podemos irnos cuando queramos…", estaba errada. - Se que nunca te dejamos tener mascotas, ¿pero no crees que esto es exagerado?

- "¿Reborn?" - Movió la cola varias veces contra el suelo, sin moverse y tratando de que estos dos humanos no lo vieran. - "Ah…"

Con eso no deberían de acercarse. Todos, por desgracia, sabían en diferentes niveles que estos humanos eran problemáticos. Por su hijo era mejor no acercarse. En especial en momentos tensos como estos.

- Además, Tsu-kun, me preocupa que estés gastando tanto en… - Una pausa corta, buscando las palabras. - Aun no has hecho el intento de seguir tus estudios, ¿no es así?

- No, no lo ha hecho querida. - Confirmo el humano sin darle tiempo a su hijo de responder.

La decepción de ambos humanos no fue para nada disimulada. No, fue con toda intención. Habrían lagrimas esta noche, estaba asegurado ya.

- No es como si necesitara un título. - Era un simple comentario, uno sin importancia. Una mentira.

Esta mentira, por supuesto, inicio un sermón. Realmente no sabía cómo su hijo podía quedarse tan tranquilo, siguiéndoles la corriente, por fuera. ¿Estudios?, si tan solo supieran…

Tsunayoshi no iba a decirle a nadie, estaba casi segura de ello. Para que no hubiera forma de que estos dos, principalmente estos dos, fueran a aparecerse o entrometerse en su acto de graduación. O detenerlo, a pesar de estar a más de media carrera como era. Si no mal recordaba, le quedaba un par de años, fuera lo que fuera el periodo de tiempo de un año.

-... bueno, supongo que es de esperarse. - Gruño por lo bajo, sin estar feliz ante la abundancia de decepción.

- Si, es verdad. - ¿En dónde estaban los idiotas estos que destruían sitios completos ahora?, ah, cierto, se le olvido. Nadie se mete en estas situaciones, cobardes todos ellos. - Fue un milagro que te graduaras de secundaria como es, y ha sido una gran suerte que tu padre pudiera meterte en esto… - Definitivamente no le gusto la combinación de palabras con la actitud de "es mucho más de que espere".

- Lo malo es que si sigue así puede que lo pierda. - "¿Ah?, ¿disculpen?" - Ya no sé cómo decirte que estas tomando esto muy a la ligera, no tendrás otra oportunidad, ¿cuántas veces se te ha dicho? - Si realmente estaban esperando una respuesta…

Muy bien, esto había tomando un rumbo para peor. No había oído ni visto tanta manipulación y degradación emocional en su vida

- "¿Es esto normal?" - Ninguno de sus encuentros era lindo, pero este se estaba llevando los demás por los cuernos. - "Tsunayoshi, dime que esto no es normal, que no ha sido normal desde que puedes recordar…" - Porque si era así-

- Dame-Tsuna hasta el final. - Un gran suspiro de decepción y pesadumbre. - Si no fuera por ese tutor… - La humana no completo la frase, era innecesario.

- "Tsunayoshi." - Lo empujo con una de sus patas, ansiosa, olvidando el problema de sus garras.

En lugar de una respuesta verbal, se vio cara a cara con su hijo. Lo que encontró la congelo en el sitio, algo perfecto para el ser que le sonrió y le rasco detrás de las orejas, ignorando todo por unos segundos. Cuando se enderezo esa sonrisa no se había ido.

- Pues sí, tienen toda la razón. - Sonó perfectamente normal, inusualmente pacifico. La sonrisa era amable, pero…

Esa era la sonrisa amable unido a un par de ojos oscuros, creando una ilusión perfectamente pacifica para quien no mirara a los ojos. De otra forma, se convertía en la sonrisa venenosamente dulce que pronto revelaría colmillos que no se sabía que existían.

- Si no fuera por Reborn no me hubiera graduado. - "Estos desgraciados no tienen idea de lo que les viene…", pensó para sí, aun fría, incrédula, viendo cómo se estaban tragando la mentira de que habían logrado algo. Esto, claro, iba desinflarse como los juguetes de goma al conocer sus colmillos. - Tampoco estaría aquí. - Había un doble significado aquí. Uno que no se notó.

- Si, Reborn-chan fue un excelente tutor, sé que no se la pusiste fácil… - Si, definitivamente no sabían lo que se venía…

- Hmm-hmm… - Lo que siguió fue el inicio: - Ni en deportes podía hacer nada bien, pero Reborn no se quejó. - Definitivamente el inicio. - Fue paciente conmigo y no solo me ayudo en los estudios, cualquier cosa en que tuviera problemas. ¡Incluso me dio ayuda con el romance!

- "Confusión, paso 1…" - Murmuro para sí, tratando de no llamar la atención de su pequeño gracias a su emoción. Su pequeño era especial destrozando a sus presas. Y justo ahora la dinámica había cambiado, no podía perdérselo.

- ¿En-

- A diferencia de algunas personas que conozco, Reborn siempre está allí para . - Finalmente el tono normal, apacible, había cambiado a uno muy dulce, dulce y acido. Pronto, si no se equivocaba, pasaría a ser dulce, con la oscuridad y la amargura justo detrás, como el veneno que no se podía reconocer hasta que ya era demasiado tarde. - Quien se sentó conmigo a explicarme las cosas, quien me ayudo con las tareas, quien me aconsejo en todo, quien me saco de cualquier aprieto, quien me dio la charla. Todo eso fue Reborn. - Pues no se equivocó, solo… también había ira, ira e indignación a baja escala detrás de todo.

- "Eso explica porque le dices papá a él…" - No era de extrañar oyendo esto, pero no se lo espero. - "¿Cuánto llevas guardándote todo-

- No me ayudaste, me tiraste a los lobos porque no querías ser tú en mi puesto. - Sin dar pausa alguna, su hijo se afinco: - No creas que te considero más que un donador de esperma, solo te tolero por ella. - Ella siendo su pareja. Ay. - Ignorando las tristezas y llantos de mi madre, ¿crees que fue lindo ser el niño burlado porque su padre nunca estuvo y que le dijeran que fue abandonado por ser inútil?, ¿crees que te agradezco tu intervención enmi vida? - Dio una mirada de reojo, solo porque no oía nada más que su hijo ahora. - Por favor, no me hagas reír. Puedes tomar tu opinión y metértela por donde el sol no brilla. Lo que haga o no haga con mi vida no te incumbe en lo más mínimo, no eres nadie para mí solo un desgraciado infeliz que desafortunamente comparte vínculos de sangre conmigo y se cree que tiene derecho de algo que nunca quiso.

Había muchos ojos, muchísimos ojos. Al menos no era la única sin creerse lo que estaba pasando. El hecho de que quería que su hijo no siguiera fingiendo una sonrisa y buen trato con gente que no quería ver no significaba que espero que finalmente pasara…

La sonrisa seguía allí, ahora que lo veía. No era una feliz o dulce, y no se queda fija tampoco. Era una amarga.

- Y tú no te atrevas a decirme nada. - La humana cerro la boca inmediatamente, el regaño o lo que sea que iba a salir muriendo allí. - Nunca te dije nada malo sobre el idiota que tienes de marido que vi… ¿cómo 5 veces antes de mis 15?, ¿por unos días o un par de horas y de paso contigo? - "Definitivamente esto tenía mucho guardado…" - ¡Y ni siquiera voy a tocar las estupideces de construir solo Dios sabe que en el Polo Norte ni las llamadas que ocurrían cada tanto y nunca para mí! - "Mucho, mucho tiempo…" - Si, si, tu marido me quiere mucho cuando ni siquiera pedía unos minutos para hablarme por un desgraciado teléfono. No voy a escuchar nada de lo que digas al respecto, así que no pierdas tu aliento.

- "Esos son los peores padres que he oído en mi vida…" - Robin comento con voz fina, y solo lo oyó por el silencio que había.

- Es muy fácil simplemente decir que soy un bueno para nada, ¿cierto? - Acido, completamente acido. Las serpientes estarían más que encantadas de presenciar a Dulzura sisear como ellas. - Sabes que odiaba ir a la escuela, ¿pero sabias por qué? - No lo creía, y por la expresión de la mujer, eso era una novedad. - Si, odiaba la escuela. No tenía amigos, se metían conmigo de cada rato, era el peor de la clase. El chico cuyo padre nunca estuvo, cuya madre debía de estar avergonzada por tener a un bueno para nada como hijo y cuyo marido la abandono debido a la vergüenza. Genial, ¿no es así?

- "No vas ni por la mitad, ¿verdad?" - Nunca lo había visto así, pero… jamás había visto a su hijo verdaderamente molesto. Enojado, sí. Furioso, sí. Pero era fugaz. Jamás tan amargo, jamás tan molesto.

- En lugar de sentarte conmigo con las tareas y eso, preferías preguntarme porque no sacaba mejores notas o que saliera de la casa y me divirtiera. Si, ya me iba a divertir cuando no había sitio en donde no fuera Dame-Tsuna. - Lo que siguió fue aún más fuerte: - Me presentabas como tu hijo inútil y no hacías nada cuando me llamaban así, ¿crees que quise llevar amigos a casa?, ¿crees que quería un tutor, a otra persona, darse cuenta de quien era y vivir con eso?, tener que lidiar con alguien más que me consideraba un bueno para nada y de paso que viviera en la misma… - Hasta Golosina no se creería nada de esto. Nada. No lo dicho, sino la forma. - Ni siquiera voy a tocar que fue un papel que vino en el correo y de inmediato organizaste todo sin pedir mi opinión, podrías haber metido a un asesino serial en la casa por todo lo que sabias. - Siseo, sin perder un ápice de la amargura y rabia que parecían haber quedado fijos en su ser.

- "¿Asesino…?" - Pobre Robin. - "El único que sabemos es el tipo de este que viste de negro y ese si es un asesino." - En realidad…

- "Si es ese entonces la humana de verdad metió un asesino en su casa." - Como si nada. Caray.

De repente podía entender el siseo de su hijo.

- Si, me gradué debido a ese tutor, obtuve amigos gracias a él, y todas las charlas que debí de tener por parte de mis padres fueron dadas por él. Lo mismo con los problemas románticos, y hasta de trabajo. ¿Quién demonios crees que me aconseja y es mi avizor? - Esta fue una acusación que desbordaba amargura, amargura y resentimiento. - Esta es una reunión privada, interna de la empresa. No los invite y no deberían de estar aquí. Si ni siquiera pueden respetar una simple formalidad, ¿qué puedo esperar de ustedes?

- "Cielos, recuérdame no buscarle el lado malo a Dulzura. Si eso son solo ladridos, no quiero conocer la mordida." - Batman sabía perfectamente que la mordida de Dulzura era letal cuando así Dulzura quería. Y no llamaría esto "ladridos".

- Para su información, los animales están aquí porque desean estar aquí. Viví contigo más de una década, desde bebé, ¿debo sentirme ofendido de que creas que tengo un circo o un zoológico por diversión? - Antes de que hubiera una respuesta: - Oh, espera, se me olvido, estoy hablando con la misma persona que me presento a mi primer amor como su hijo bueno para nada. - Jamás había visto a un humano tan pálido. El otro estaba rojo, muy rojo. - Aunque no me creas, no tengo animales exóticos por placer. No estoy aquí por ti o por él. No he perseguido estudios superiores porque sea un milagro que Reborn lograra que me graduara de bachillerato. - Finalmente, con más cansancio que otra cosa: - Estoy aquí, como el jefe de esta compañía, porque me lo gane, la gente que jalo las cuerdas solo lo hizo para ponerme como candidato. Si no me crees, puedes hablar con Xanxus, o Emma, o Byakuran. Con infinidad de otros jefes. El mundo es un lugar muy competitivo, después de todo…

- Tsu-

- Los quiero a ambos fuera de la propiedad. - Y al igual que Arbok: - Ahora. - Su hijo no estaba de ánimo para juegos, en lo absoluto: - A menos que tengan una invitación, no son bienvenidos en estas instalaciones. Sin importar quienes sean. - La última frase fue dirigida al humano que tenía la cara roja, de la furia.

Por supuesto que nada de lo dicho fue tomado bien por parte de la pareja de humanos. Por supuesto que no. ¿Quién lo haría?, ¿en especial en público?

- "No te lo recomendaría…" – Murmuro con un gruñido bajo, dando un paso al frente. No solo porque le daba la excusa perfecta para atacarlo, nadie tocaba a su niño justo delante de ella sin salir impugne.

Mas que eso, porque estaba plenamente consciente, estaban todos plenamente conscientes, de que Dulzura no necesitaba protección alguna la gran parte del tiempo, Dulzura ya había mostrado los colmillos y extendido las garras. Un paso en falso y las cosas pasarían a una pelea física, y no creía que su cachorrito fuera a perder. Incluso si el otro humano fuera musculoso y mucho mas grande que su hijo, su pequeño había mas que demostrado que su tamaño no era impedimento alguno para aplastar a alguien y arrastrarlo por el suelo como un simple saco de papas.

- "Te lo dije." – Comento con suficiencia, luego de un par de segundos en procesar porque el humano se había detenido a medio de ponerle una mano encima a su pequeño.

No necesitaba ver a su hijo, no necesitaba hacerlo para saber que estaba con la frente en alto, cuerpo relajado y alerta para moverse en segundos. No necesitaba verlo para saber que esos ojos debían de ser de un color naranja, y no necesitaba considerar que su cachorro debía de estar desafiando a ambos humanos solo con la mirada. Esto era un enfrentamiento, el que medio se moviera lo convertiría en una pelea posiblemente a muerte. Tal vez exageraba, esperaba, en este caso. Era un alfa que ya había advertido, que había mostrado colmillos y garras, y estaba dando todas las señales de que iba a remover las presencias justo en frente a como diera lugar. Si eso era pacíficamente o no dependía de estos dos.

Viendo las estacas de hielo, solo dos, debajo de uno de los pies del humano que reconoció la amenaza justo a tiempo, se lo confirmaba.

- No digas ninguna tontería. – Corto su cachorro con la misma amargura de antes, cortando lo que fuera que fuera a decir la humana que parecía querer llorar y tal vez hacer algo estúpido. Tomo otro paso hacia adelante y se acomodo perfectamente delante de su hijo, mirándola atentamente. – Ninguno estaba invitado, ninguno debería estar aquí. – Fríamente: - No es la primera vez que hago la vista gorda por este detalle, mas no implica que hago lo mismo con el hecho que ninguno esta conforme con mis decesiones. Lastima, porque no necesito la opinión de nadie. – No por primera vez agradeció no haber estado nunca del otro lado de esa fiera.

La humana no le tenia miedo a su hijo, pero si a ella. El humano no le tenia miedo a ninguno y por lo rojo que estaba… bueno, no veía nada bueno saliendo de esto. Excepto que su hijo no iba a aceptar más este trato-

- ¿Y tu que demonios esperabas? - ¿Aun no había terminado de masticarlos?, caray. - ¿Un abrazo y un "hola papá" o algo así?, por favor. – "Como si te lo fuera a dar" se escucho perfectamente entre líneas. Esto no ayudo a apaciguar la rabia del otro humano. – Ese barco se hundió hace mucho tiempo, e incluso si no lo hubiera hecho, no soy ningún masoquista en querer a alguien que viene creyéndose la gran cosa y dejándome en mal delante de todo mi personal. Cualquiera creería que te preocupas por la compañía, bastante. – Esto fue sarcasmo, de eso no tenía duda.

- ¿Y no lo eres? – Desafío el "padre". Consiguiendo algún punto débil o por fin teniendo una idea. Ella solo sabia que estaba cavando su propia tumba. Aún más. – Con esos amiguitos y con ese tutor uno pensa-

- Lo sea o no, no es de tu incumbencia, y si lo fuera al menos ellos no son abusivos como con quien hablo. – Finalmente miro a su hijo, y trago.

Este era el alfa que hacia masacres en un pestañeo, que callaba multitudes con una sola sonrisa (la misma sonrisa que tenia justo ahora, dulce a primera instancia) mas sádica que cualquiera de los otros humanos que se la pasaban con él. El mismo alfa que la gente parecía olvidar que era altamente peligroso fingiendo ser inofensivo gran parte del tiempo. El mismo alfa que no dudaría en recordar tal hecho cuando la ocasión lo ameritaba.

- ¿Abusivos…? – Era una lastima que este humano no entendiera el problema, o no tuviera idea del peligro que tenia justo en frente. Hasta Natsu huía de Tsunayoshi cuando se ponía así. – Escúchame bien moco-

¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!

- ¿Puede alguien decirme por que no han escoltado a estos fuera de las instalaciones cuando no deberían ni de estar aquí en primer lugar y cuando su jefe mas que sentencio que debían de hacerlo? – La voz no tenia cuerpo a la vista, y realmente el único que no reacciono a los disparos fue el mismo alfa que estaba mas que listo para arrancarle la cabeza a alguien. – Tsk, ¿supongo que al fin presionaron mucho tus botones Tsu? – De la ventana, ¿por qué no la sorprendía?, a ese humano le encantaba usar los techos y lugares mas raros… para los humanos, al menos. – Ahora, agradecería que dejaran de molestar al Decimo, estoy seguro de que nadie quiere limpiar sangre hoy, ¿cierto…?

Traducción: Nadie quería lidiar con un alfa increíblemente molesto los próximos días, uno que no querría tratar con nadie a menos que fuera para usarlo de saco de boxeo. Las idas a la enfermería y la posible sangre derramada no era precisamente un problema…

Ante la primera pregunta, por fin algunos humanos se movieron. No es que hicieran mucho, la verdad:

- No vamos a ir a ningún lado, no con esta falta de respeto. – Que alguien le recordara porque su hijo los había dejado entrar. Estos humanos… - Mi hijo no-

- No me estaba refiriendo a su sangre, honestamente. – Corto con un comentario casual el asesino, acercándose como si nada y pasando un brazo por los hombros de su niño. – ¿Debo recordarte quien fue el que lo entreno Iemitsu? – Ronroneo el asesino con suficiencia, sonriendo engreídamente. – Te diré un pequeño secreto que veo que nadie de Vongola se ha molestado en compartir contigo: Nunca hagas enojar al Decimo, y si lo haces mas te vale haber hecho los arreglos para tu funeral.

Ah. Oooppppsssss.

- "Porque si mi hijo no te teca, lo hará alguien más. Y si te toca y no te mata, lo hará alguien más." – Recito para si misma, preguntándose si siquiera eso seria necesario esta vez.

Los otros chicos posiblemente no tendrían que hacer nada por una vez.

- ¿Y de donde salió eso? – El "Decimo" no estaba realmente sorprendido por la noticia. – Te juro que les gusta exagerar, solo mate a uno, a UNO. – No, no fue solo a uno. – Y fue un accidente, bien podría ser considerado un suicidio porque no fui yo quien lo hizo saltar por la ventana…

Miro de reojo a su hijo, por una vez agradeciendo que nadie quisiera corregirlo. Esa noche había sido una de las peores noches para dormir, y quizás la peor noche de la vida del asesino que apareció. No fue necesario que hiciera nada, así que tuvo un asiento de primera fila para ver como si hijo se levanto con cara de pocos amigos por haber sido despertado cuando llevaba un par de días sin dormir la gran cosa y proceder a confundir y asustar al pobre diablo inmediatamente.

Confundir, porque su hijo lo primero que hizo fue sonreír dulcemente y preguntar si el idiota acaso se había perdido y si necesitaba un escolta. Luego se sentó, tomando un vaso de agua, y comenzar a preguntarle sobre su día como si no pasara nada del otro mundo, ignorando por completo la luna que se asomaba por la ventana. E ignorando por completo la daga, el traje oscuro, y la cara cubierta.

Asustar, porque nada de eso era remotamente normal. Por como su cachorro converso y actuó, eso era algo de todos los días. Cualquiera hubiera pensado que era algo normal que un asesino se apareciera en su cuarto durante las noches y fuera perfectamente razonable ofrecer agua y aperitivos y una conversación amistosa.

Luego de allí vino el horror. Para el asesino, obviamente. Fue relativamente rápido, su cachorro finalmente dejando de jugar el que no notaba que estaban tratando de matarlo en medio de una conversación normal.

Lo malo de estar falta de sueño, completamente irritado por ser despertado, en especial por un mero asesino que no tenia gran habilidad en combate y su fuerte era el sigilo (inservible, según su cachorro, algo acerca de que el tipo con peinado de piña era mil veces mejor), y finalmente el hecho de que había al menos dos personas sádicas que convivían con su cachorro a dosis diarias…

Aun recordaba la cara de estupefacción de su hijo cuando el hombre salto por la ventana y luego se oyó el sonido similar a una sandia estrellarse contra el suelo. Su hijo a penas comenzaba a divertirse, como quien dice. No golpeo, no como el idiota del padre de Dai-chan, y tampoco fue un completo desgraciado como el del peinado de piña que solía atar a sus victimas como medida preventiva antes de mostrarles horrores a sus víctimas para que hablaran.

Solo fue leves sustos de ser quemado vivo, ser desarmado de todas sus armas en minutos, ser brutalmente derrotado un par de veces en una situación que claramente decía que si su hijo lo deseaba más que podría haberlo matado… Nada del otro mundo, ni siquiera la había visto, y en eso si que la gente salía corriendo.

Lo ultimo que había estado haciendo su hijo antes de que el idiota corriera como alma que lleva el diablo y se lanzara por la ventana era juguetear con una de las navajas. Y cuando decía juguetear, se refería a hacer trucos con el arma, en plena oscuridad, en donde se veía claramente dicha arma gracias a la luz de la luna y a las llamas que acariciaban su filo juguetonamente.

Tenia el presentimiento de que el asesino creyó que lo iban a cortar y/o quemar vivo.

- ¿Y vas a decirme que no quieres saldar cuentas con él? – El asesino ignoro por completo la queja de antes, señalando al rubio como si solo se tratara de una pintura o algo sin mucha importancia.

Quizás, para bien o para mal, la respuesta fue lo que hizo que el conflicto acabara y nadie, absolutamente nadie, deseara comentarle nada al Decimo sobre lo ocurrido. Excepto el asesino vestido de negro, recordándole que esas cosas no se hacían en público, y que, si tanto los quería lejos, ni siquiera era necesario que los viera para decírselos.

¿Y cuál fue?

Una sonrisa que creció mucho y que dos manos se juntaran, casi haciendo un aplauso.