Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Behind Golden Eyes
Capítulo 18
Oscuridad la saludo tan pronto toco el suelo. No era algo nuevo, en especial cuando la luna y las estrellas habían tomado el mando. No era ningún problema para ella, la oscuridad era una gran amiga y nunca decepcionaba.
- ¿Mi reina? - El llamado llego a sus oídos justo a un paso de saltar sobre la cama y confirmar si su víctima estaba despierta o no.
Con su hijo era casi imposible tomarlo por la guardia baja. No había hecho ruido, no había dado señal alguna de su presencia, y su hijo la había descubierto de todos modos. A veces le hacía creer que estaba perdiendo su toque debido a la edad, pero esto solo pasaba con él.
- Cualquiera pensaría hablas de tu esposa, novia, o quizás tu hija. - La voz termino con una pequeña risa, un tanto apagada.
No era de extrañar, pensó para sí. Bufo por lo bajo, terminando de subir a la cama y posar medio cuerpo sobre su hijo, buscando no solo ver lo que sea que tenía su atención sino darle a entender que debía de dársela toda a ella ahora. Era su reina, lo que sea que significaba para los humanos, ¿no es así?
- O tu madre. - Esto lo murmuro el ser que, por más que lo intentara, no podía tocar. Su tono fue cuidadosamente neutral.
- "Tu pareja no debe de ser buena madre si produce tal mirar triste en ti." - Le comunico al ser que, a su parecer, no estaba vivo y cuyo rostro era notablemente triste. Todo porque Dulzura no le estaba dando atención en el momento, de otra forma su rostro estaría limpio de tal expresión. - "Deberías de haber elegido una mejor madre para tu descendencia." - Porque jamás había visto a la "madre" de su niño.
Sus ojos podrían asegurarle todo lo que quisieran que este ser, increíblemente similar a su hijo tanto en físico como en personalidad, estaba vivo. Eso no quería decir que fuera a creer tal cuando sus otros sentidos daban con nada. No podía tocarlo, sus garras lo traspasaban al igual que sus dientes. A menos que ese ser quisiera tocarla, daba con aire. Su nariz no percibía nada de nada. No había olor alguno que pudiera distinguir de tal ser.
Finalmente, podía oír su voz, podía oír sus palabras, pero no podía oír latidos de corazón o su respiración. Allí, en donde el ser tan similar a su hijo que podía ser hermanos de camada, no había nadie.
Francamente no entendía lo que pasaba, no entendía como esto era posible, al igual que no entendía porque los ojos de su hijo podían cambiar de color o de donde salían esas llamas naranjas o que hacían. Era igual al hecho de que su hijo era el alfa del lugar y nadie parecía respetar tal cosa como era debido. Lo mismo ocurría con el comportamiento anormal de su hijo, tanto como alfa como fuera de su posición en la manada.
- ¿Importa? - Resoplo en descontento ante los dedos sobre su nariz. El mensaje fue recibido, porque hubo una leve risa. - Ella es mi reina, una bastante demandante. - Finalmente su hijo se giró lo suficiente como para mirarla, su mano parando a sus orejas. Pero no ambas.
Su vista tomo rápidamente los ojos rojos y las mejillas húmedas, cosa tristemente común para ella, y paso a la mano que debía de estar con la otra sobre ella. Un trozo de papel, con colores, con…
- "¿Tu madre?" - Pregunto en voz baja, bajando la cabeza para ver mejor y sin querer apoyando más peso de lo que quería sobre Dulzura. - "Se parece a ti…" - Miro al otro ser, quien estaba sentado de una forma que indicaba que no era un cualquiera.
Dos alfas. Uno mucho más dócil que el otro. Quizás no viera más que un par de veces al padre, cuyas diferencias eran minúsculas y tontas con respecto a su cría, pero la diferencia en comportamiento era como el día y la noche en lo que se refería a su posición.
Su cría pasaba como un omega sin dificultad alguna. Un alfa con un comportamiento poco común, extraño, y sin razón de ser. Si había una razón, pues no la conocía. Eso no quería decir que no tuviera las capacidades de un alfa, y mucho menos que fuera indefenso. El padre, un dócil alfa, se comportaba como uno. Usualmente tranquilo, muy dócil, pero su postura, su forma de expresarse, hablaban de alguien que no debía ser subestimado y que no dudaría en poner a cada quien en su lugar si era necesario.
Lo dócil, estaba casi segura, era porque estaba en presencia de su cría y porque dicha cría no estaba para nada bien. A falta de otras presencias mejor para una cría en malas condiciones, no era extraño un alfa sumamente dócil. Era mayormente un intento de confort, en especial con sus propias crías. Un recordatorio de como en verdad eran las cosas no ocurriría en estas condiciones, en especial a solas.
El alfa solo quería ayudar a su cría. Nada más. No era necesario ser un alfa para tal cosa, tal posición era innecesaria en esta situación.
- "De ella fue que sacaste ese color de pelaje." - Comento, tanteando la foto con una pata.
- ¿Curiosa? - Mas que la humana, su vista estaba en el otro humano, mucho más pequeño, que lucía casi igual a su hijo. No está feliz, no realmente. Incomodo, a pesar de estar con quien lo trajo al mundo. - Te presento a mi madre, o una foto de ella más bien… - No sabía que diantres era una foto, pero con esto se lo confirmaba.
- "Te pareces más a tu padre." - Mucho más a él.
Hablando del padre, el otro alfa los estaba mirando con una pequeña sonrisa serena, aun visiblemente preocupado y triste. Esos ojos azueles eran tan expresivos como los marrones que tanto conocía. Aparte de los ojos, el pelo color canario era la única otra característica física que los separaba. No estaba muy segura de la altura, pero estaba dispuesta a dar su comida del día si no era la misma para ambos.
La vestimenta era distinta, obviamente. El humano de pelo color canario siempre usaba esa vestimenta rara que, a estas alturas, estaba segura que era alguna clase de símbolo para identificar quien era el alfa actual. Era probable que este ser hubiera muerto usando tal vestimenta…
Su hijo lo usaba, a veces, casi siempre que sabía que iba a tratar con alguien. Cuando esto pasaba, en especial cuando los ojos se tornaban naranja fuego, era casi imposible decir quién era quien solo con sus pobres ojos.
- ¿Como se llama? - Los ojos azules estaban en ella. ¿Acaso no le había dicho…?
- "Azura." - Ese era su nombre real. ¿Qué podía decir?, su madre se había inspirado en historias humanas. Y se los había comido también, suponía.
- ¿Y luego dices que no eres flojo? - El papel fue dejado a un lado, olvidado, y eso le trajo alivio. Aparte de la atención completa de su hijo, claro. Como debía ser. - Reborn. - Anuncio su hijo sin mirar a su padre, su vista en ella, un extraño sentimiento unido a la admiración de su nombre.
- "Es bueno saber que no lo abandonaste, sino que fuiste removido antes de tiempo." - Murmuro para sí, ignorando las leves risas del humano de ojos azules.
Era bueno saber que al menos uno de sus padres no quiso dejarlo solo, y que aun ahora quería ayudar a su cría. No debía de ser algo fácil de hacer, sino muchos padres harían lo mismo, ¿no es así?
Ahora, si tan solo este padre fuera más útil y al menos hiciera comer más seguido a su cría… Ver a ambos juntos hacía difícil perder las señales de pérdida de peso y poco cuidado personal. Quien no pudiera verlo, bien podría no poseer ojos.
